&wid Mayo 2007 | LA TECLA CON CAFÉ
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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2007.

Capturados en intento de secuestrar un avión

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En horas de la madrugada de este jueves 3 de mayo, fueron capturados dos individuos, cuando intentaron apoderarse de una aeronave civil con el objetivo de trasladarse hacia los Estados Unidos.

Una vez dentro de la aeronave, dieron muerte con cuatro disparos a uno de los rehenes, el teniente coronel de las FAR Víctor Ibo Acuña Velázquez, quien pese a estar desarmado intentó evitar el secuestro.Se trata de los últimos dos autores que permanecían en fuga desde el pasado 29 de abril, luego de herir a un combatiente y ultimar a balazos al soldado del Servicio Militar Activo Yoendris Gutiérrez Hernández, quien actuaba como centinela en una unidad de las FAR.

Los delicuentes, que cumplían el Servicio Militar Activo en la propia unidad, se fugaron con dos fusiles AK, razón que obligó un intenso operativo y adopción de medidas dirigidas a evitar nuevas víctimas.  www.granma.co.cu

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Interceptada lancha con más de 590 kg de marihuana

20070509162321-20070505023352-lancha-con-marihuana.jpgA las 12:23 horas del 30 de abril del 2007, en la zona de Boca de Jauco, municipio Maisí, Guantánamo, fue detectada la lancha rápida con número de registro en Bahamas GB 0744, de tres motores fuera de borda y con 4 tripulantes, que se desplazaba dentro de las aguas territoriales cubanas, de Sur a Norte, con rumbo hacia el Paso de los Vientos, a una velocidad aproximada de 20 nudos y a una distancia de entre 5 y 6 millas de la costa. A bordo se ocuparon 30 bultos y 13 tanquetas plásticas que contenían 590,33 kilogramos de marihuana.  El Gobierno de Cuba lamenta la pérdida de vidas humanas resultante del enfrentamiento a este grave acto delictivo, al mismo tiempo que ratifica su permanente compromiso con el combate contra el narcotráfico, para lo que utilizará los recursos que establecen las leyes cubanas y las normas internacionales.  El Gobierno de Cuba ha informado por la vía diplomática al Gobierno de Bahamas, le ha manifestado su plena disposición a aportar toda la información recopilada y a sostener los intercambios necesarios. Al mismo tiempo, el Gobierno cubano ha asegurado nuestra voluntad de continuar cooperando en la lucha común contra el narcotráfico. Los dos traficantes de droga involucrados en estos hechos serán puestos a disposición de los tribunales cubanos. http://www.granma.cu/espanol/2007/mayo/vier4/interceptada-lancha-con-más-590-kg-marihuana.html

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La tragedia que amenaza a nuestra especie

20070508144910-fidel2.jpgNo puedo hablar como economista o como científico. Lo hago simplemente como político que desea desentrañar los argumentos de los economistas y los científicos en un sentido u otro. También trato de intuir las motivaciones de cada uno de los que se pronuncian sobre estos temas. Hace solo veintidós años sostuvimos en Ciudad de La Habana gran número de reuniones con líderes políticos, sindicales, campesinos, estudiantiles, invitados a nuestro país como representantes de los sectores mencionados. A juicio de todos, el problema más importante en aquel momento era la enorme deuda externa acumulada por los países de América Latina en 1985. Esa deuda ascendía a 350 000 millones de dólares. Entonces los dólares tenían un poder adquisitivo muy superior al dólar de hoy.De los resultados de aquellas reuniones enviamos copia a todos los gobiernos del mundo, con algunas excepciones como es lógico, porque habrían parecido insultantes. En aquel periodo los petrodólares habían inundado el mercado y las grandes transnacionales bancarias prácticamente exigían a los países la aceptación de elevados préstamos. De más está decir que los responsables de la economía aceptaron tales compromisos sin consultar con nadie. Esa época coincidió con la presencia de los gobiernos más represivos y sangrientos que ha sufrido el continente, impuestos por el imperialismo. No pocas sumas se gastaron en armas, lujos y bienes de consumo. El endeudamiento posterior creció hasta 800 000 millones de dólares mientras se engendraban los catastróficos peligros actuales, que pesan sobre una población que en apenas dos décadas y media se ha duplicado y con ella el número de los condenados a vivir en extrema pobreza. En la región de América Latina la diferencia entre los sectores de la población más favorecida y los de menos ingresos es hoy la mayor del mundo.Mucho antes que lo que ahora se debate, las luchas del Tercer Mundo se centraban en problemas igualmente angustiosos como el intercambio desigual. Año tras año se fue descubriendo que las exportaciones de los países industrializados, elaboradas generalmente con nuestras materias primas, se elevaban unilateralmente de precio mientras el de nuestras exportaciones básicas se mantenía inalterable. El café y el cacao —para citar dos ejemplos— alcanzaban aproximadamente 2 000 dólares por tonelada. Una taza de café, un batido de chocolate, se podían consumir en ciudades como Nueva York por unos centavos; hoy se cobra por ellos varios dólares, quizás 30 o 40 veces lo que costaba entonces. Un tractor, un camión, un equipo médico, requieren hoy para su adquisición varias veces el volumen de productos que se necesitaba entonces para importarlos; parecida suerte corrían el yute, el henequén y otras fibras producidas en el Tercer Mundo y sustituidas por las de carácter sintético. Mientras, los cueros curtidos, el caucho y las fibras naturales que se usaban en muchos tejidos eran sustituidos por material sintético de sofisticadas industrias petroquímicas. Los precios del azúcar rodaban por el suelo, aplastados por los grandes subsidios de los países industrializados a su agricultura.Las antiguas colonias o neocolonias, a quienes se les prometió un porvenir maravilloso después de la Segunda Guerra Mundial, no despertaban todavía de las ilusiones de Bretton Woods. El sistema estaba diseñado de pies a cabeza para la explotación y el saqueo.Al inicio de esta toma de conciencia no habían aparecido todavía otros factores sumamente adversos, como el insospechado derroche de energía en que caerían los países industrializados. Estos pagaban el petróleo a menos de dos dólares el barril. La fuente de combustible, con excepción de Estados Unidos donde era muy abundante, estaba fundamentalmente en países del Tercer Mundo, principalmente en el Oriente Medio, además de México, Venezuela y ulteriormente en África. Pero no todos los países calificados en virtud de otra mentira piadosa como "países en desarrollo" eran petroleros, 82 de ellos son los más pobres y como norma necesitan importar petróleo. Les espera por tanto una situación terrible si los alimentos se transforman en biocombustibles, o agrocombustibles como prefieren llamarlos los movimientos campesinos e indígenas de nuestra región.La idea del calentamiento global como terrible espada de Damocles que pende sobre la vida de la especie, hace apenas 30 años ni siquiera era conocida por la inmensa mayoría de los habitantes del planeta; aún hoy existe gran ignorancia y confusión sobre estos temas. Si se escucha a los voceros de las transnacionales y su aparato de divulgación, vivimos en el mejor de los mundos: una economía regida por el mercado, más capital transnacional, más tecnología sofisticada, igual a crecimiento constante de la productividad, del PIB, del nivel de vida y todos los sueños del mundo para la especie humana; el Estado no debe interponerse en nada, no debiera incluso existir, excepto como instrumento del gran capital financiero. Pero las realidades son tercas. Uno de los países más industrializados del mundo, Alemania, pierde el sueño ante el hecho de que un 10 por ciento de la población está desempleada. Los trabajos más duros y menos atractivos son desempeñados por los inmigrantes que, desesperados en su creciente pobreza, penetran en la Europa industrializada por todos los agujeros posibles. Nadie saca al parecer la cuenta del número de habitantes del planeta, que crece precisamente en los países no desarrollados. Más de 700 representantes de organizaciones sociales se acaban de reunir en La Habana para discutir sobre varios de los temas que en esta reflexión se abordan. Muchos de ellos expusieron sus puntos de vista y dejaron entre nosotros imborrables impresiones. Hay material abundante sobre el cual reflexionar, además de los nuevos sucesos que ocurren cada día. Ahora mismo, como consecuencia de la puesta en libertad de un monstruo del terror, dos personas jóvenes que cumplían un deber legal en el Servicio Militar Activo, aspirando a disfrutar del consumismo en Estados Unidos, asaltaron un ómnibus, forzaron con su impacto una de las puertas de entrada de la terminal de vuelos nacionales del aeropuerto, llegaron hasta un avión civil y penetraron en él con los rehenes, exigiendo el traslado al territorio norteamericano. Días antes habían asesinado a un soldado que estaba de posta, para robar dos fusiles automáticos, y en el propio avión privaron de la vida con cuatro disparos a un valiente oficial que, desarmado y capturado como rehén en el ómnibus, intentó evitar el secuestro de la nave aérea. La impunidad y los beneficios materiales con que se premia desde hace casi medio siglo toda acción violenta contra Cuba, estimula tales hechos. Hacía muchos meses no ocurría nada parecido. Bastó la insólita liberación del conocido terrorista, y de nuevo la muerte visitó nuestros hogares. Los autores no han sido juzgados todavía, porque en el transcurso de los hechos ambos resultaron heridos, uno de ellos por los disparos que hizo el otro dentro del avión, mientras luchaban contra el heroico oficial de las fuerzas armadas. Ahora muchas personas en el exterior esperan la reacción de los Tribunales y el Consejo de Estado ante un pueblo profundamente indignado con los acontecimientos. Hace falta una gran dosis de serenidad y sangre fría para enfrentar tales problemas. http://www.granma.co.cu/secciones/ultraje/art312.htmlEl apocalíptico jefe del imperio declaró hace más de cinco años que las fuerzas de Estados Unidos debían estar listas para atacar preventiva y sorpresivamente 60 o más países del mundo. Nada menos que un tercio de la comunidad internacional. No le bastan, al parecer, la muerte, las torturas y el destierro de millones de personas para apoderarse de los recursos naturales y los frutos del sudor de otros pueblos. Mientras tanto el impresionante encuentro internacional que acaba de tener lugar en La Habana reafirmó en mí una convicción personal: toda idea siniestra debe ser sometida a críticas demoledoras sin concesión alguna.Fidel Castro Ruz 
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Periodismo estudiantil villaclareño en el oriente cubano

20070509165558-eco6.gifLa radio universitaria villaclareña suma nuevos triunfos a la Federación de estudiantes Universitarios (FEU) y en particular a la carrera de Periodismo. Hace ya un tiempo el boletín BK.Com circula con acierto entre los becarios, y no pocos docentes siguen la marcha de los acontecimientos a través de este modesto boletín, nada pretencioso pero encaprichado en hace sonar logros —y de vez en cuando— alguna crítica provocadora de cefaleas y migrañas administrativas. Por el quehacer sostenido y en ascenso de la publicación el Ministerio de Educación Superior invitó a su cuerpo de redacción para que editaran el Boletín Diario del Festival Nacional de la FEU en Bayamo, provincia de la cual regresaron con muchos éxitos y buenas opiniones.  Los resultados en esa región del oriente cubano hicieron que la organización estudiantil universitaria de Las Tunas, invitaran a los muchachos del BK.Com para una nueva colaboración: el Boletín de la VIII Universiada Nacional Deportiva, que se efectuó del 21 al 29 de abril, en ese territorio. Allí realizaron seis ediciones diarias. Los elogios llovieron. La página Web de la Unión de Periodistas tunera http://www.ecotunero.cu/nosotros/jovenes270407.htm resaltó los éxitos del reducido colectivo de dirección. ¡Felicidades para el BK.Com!, y ahora los nombres: Reynier Sanchez Jacobino (4to.), Yoelvis Lázaro Moreno Fernández (3ro.), Leydi Torres Arias (2do), Alfredo García Pimentel, (3ro.), y Duanys Hernández Torres (4to. Letras)     

 
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DESDE UN MARTÍ PRECURSOR: LA CRÓNICA, ESE HÍBRIDO

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Texto íntegro de la conferencia ofrecida por Mercedes Rodríguez García, Profesora Titular Adjunta de la Universidad Central de Las Villas, en la III Taller sobre Periodismo y Comunicación Social, efectuada en la ciudad de Camagüey. febrero 2006.

Quiero comenzar esta conferencia tomando como punto de referencia una sola definición —de las decenas que existen— sobre la crónica,  género al que algunos autores como Vivaldi, García Luis, Martínez Albertos, Gargurevich, por citar a algunos, le reconocen afinidades con otras naturalezas periodísticos; es decir, admiten su carácter híbrido, y la asocian especialmente con la información, el reportaje y el comentario. 

Hasta dónde es y no es así, lo veremos más adelante, aunque, desde mi particular experiencia profesional tal ambivalencia constituye  una característica del periodismo contemporáneo,  del que no escapan la generalidad de los textos que publican nuestros medios de prensa.  Lo que sí debo dejar sentado desde el inicio es que la crónica, no importan subclasificaciones, se articula en torno a un eje narrativo y relata en la misma medida que comenta. 

Veamos como la definió José Martí, a quien ciertos editores y lectores detractores le objetaban a su prosa el «fastuoso vuelo retórico» y  cierta «lengua parlera», amén de  la prolongada extensión de los escritos, algo que puede ser cierto pero discutible durante  sus primeras incursiones en el verdadero ambiente de la prensa, cuando se muestra demasiado esteticista, cuestión muy frecuente entre los literatos de la época, que se refugiaron en el periodismo.

Para Martí «La crónica es la novela de la historia».  Novela —pienso— en cuanto a la búsqueda de novedades y a esa cierta dosis de ficción que exige la recreación de ambientes y de hechos sin apartarse de la realidad, ni de la posible verdad, pero matizado el relato por las muchas ideas y sensaciones que, desde el «yo» de quien escribe, afloran narradas, descritas y juzgadas de manera elegante y amena. Historia en cuanto a que, en la crónica —más que en cualquier otro género periodístico—, han de latir el tiempo y sus acontecimientos.

De ahí que al ser la historia referencia a todo,  la crónica también lo sea al mostrar lo pasado, pero vivo y activo en lo presente; y lo presente, juzgado, valorado, por quien lo protagoniza, directa  o indirectamente, pero siempre de manera intensa.  Y ¿saben ustedes cómo trabajaba nuestro Apóstol? Martí adquiría los principales periódicos y revista de Nueva York y de otros estados, y se entregaba a su concentrada lectura.

Con sumo cuidado seleccionaba los temas de mayor trascendencia, los hechos de mayor actualidad.  Así escribió las crónicas para La Nación, de Buenos Aires. Pensemos solo en una, en aquella sobre la inundación en Johnstown, Pensylvania, ocurrida el 31 de mayo de 1889, pero reflejada por él nueve días después.  La cobertura que dio la prensa a la tragedia que costó la vida a 2 mil 200 personas y pérdidas materiales por más de 10 millones de dólares, fue copiosa.

Así que a Martí no le faltaron, desde su mesa en Nueva York, detalles noticiosos que le permitieron enmarcar el texto dentro de un pensamiento filosófico trascendente, y, a diferencia de otras Escenas Norteamericanas en las que agrupaba y sintetizaba numerosas y variadas noticias bajo un denominador común, en la antes referida crónica el proceso ocurrió a la inversa, es decir, el hecho de la inundación se expandió por todo el texto, tal como correspondía a la magnitud de la catástrofe. 

Veamos ahora, según cuenta a su amigo Manuel Mercado vez, cómo era su método de escritura: «Peso cada palabra y le doy vueltas y no la dejo por acuñada hasta que creo que no lleva nada de perniciosa o indiscreta [...] Entre un mundo de papeles le pongo estas líneas. Se reiría de mí si me viera. De un lado a otro, un rimero de libros políticos, para que ni una de las afirmaciones de la Historia de la Campaña vaya sin sentimiento sólido. Del otro, Historias italianas, para refrescar recuerdos de Garibaldi, sobre quien tuve que hablar ayer. Al codo Darwines y Antropologías, porque ahora hay aquí un Congreso Antropológico. Y Cuba en el corazón, pidiéndome mis mejores pensamientos...» 

Ya en este punto, pudiéramos adentrarnos en algunas valoraciones sobre la crónica, sobre todo para que aprecien como el término alcanza un grado de ensanchamiento al punto de sobrepasar los límites de su más estricto significado dentro del periodismo, hasta considerar, bajo la generalización del término, los más diversos escritos, ya sean informaciones cablegráficas de corresponsales, narraciones de sucesos políticos, sociales, noticias literarias, reseñas de espectáculos, secciones financieras, tribunales, relatos, anécdotas, etc., etc. 

Sin hacer la historia de su evolución en el tiempo, lo cierto es que el término crónica llegó a calzarse con tanta fuerza en los sistemas de comunicación, que no resulta nada extraño que existan infinidad de novelas, poemas, reportajes cinematográficos titulados: Crónicas de aquello...  Crónicas sobre esto... Crónicas para lo otro..., etc. 

El diccionario de la Enciclopedia Encarta define el término crónica como: Historia en que se observa el orden de los tiempos. Artículo periodístico o información radiofónica o televisiva sobre temas de actualidad. 

Como ven, vuelven a reiterarse los términoshistoria y actualidad. Por lo tanto no podría llamarse crónica a ninguna obra que no cuente una historia actual. Pero no basta esta sencilla definición. Para una ideal más cabal y conceptualizadora del género en nuestros tiempos, cuando el vertiginoso flujo de las telecomunicaciones vía satélite y la utilización de las llamadas Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación (NTIC) obligan a repensar todo el periodismo, resulta muy difícil esclarecer si lo que se escribe y se lee pertenece a uno u a otro género.  Se trata de una mezcolanza tremenda.

Más, en tales circunstancias, la crónica puede salir ganando gracias a la ductibilidad, interés humano y estilo personal que la distinguen. No importa si el cronista trata un asunto pasado o actual; si su lenguaje es de alto vuelo poético o de rasante dimensión informativa. Lo que describa y comente, lo que traslade y cómo lo traslade al lector, será siempre su visión íntima. Al decir de Juan Gargurevich, salido  «del pincel del pintor que interpreta la naturaleza, prestándole un acusado matiz subjetivo». 

Yo pienso que como nunca antes la crónica afianza su carácter híbrido entre la nota informativa (que dada su actualidad pasará a la historia); el reportaje (que es una historia contada con sentido de actualidad); y el comentario, que no carece de ninguno de los atributos señalados. Entonces, ¿qué rasgos básicos distinguen a la crónica del resto de los géneros?  

Según Hugo Rius Blein, «la crónica es un relato informativo de actualidad que de preferencia se ciñe al orden cronológico del tiempo, escrito con vuelo literario en el que el autor describe con vivos colores, emplea imágenes, puede desatar con cierta libertad su imaginación y se propone transmitir impresiones y puntos de vista personales con la intención de provocar emociones y reflexiones». Si la comparamos con la nota informativa, cuya estructura se basa estrictamente en los hechos objetivos más significativos, el primer elemento distintivo sería todo lo contrario, es decir, el carácter subjetivo de la crónica, en tanto que recoge únicamente los elementos que más impresionaron e interesaron al autor para sus propósitos, por supuesto, también informativos.  Con respecto al reportaje, donde el hecho es una constante, en la crónica el hecho constituye el punto de partida.

En el reportaje el material se halla en el terreno de los hechos, e invariablemente hasta ese lugar se traslada el periodista, cuestión que en la crónica no es absolutamente necesario,—ya lo veíamos en Martí— pues el escritor partirá indefectiblemente de sus impresiones y el material yacerá en su propio pensamiento.  En el reportaje el hecho es la causa misma, en la crónica, la motivación. El reportaje implica una circunstancia de actualidad con referencia a un propósito de originalidad para ofrecer las seis caras de ese  dado que es la noticia; la crónica, un propósito artístico, una obra de creación estética con referencia a una circunstancia de actualidad donde las caras las escoge el cronista. El reportaje explica, interpreta, analiza.

La crónica, fundamentalmente, propone, imagina.  Si graficáramos el asunto un tanto a lo Gargurevich, diríamos que el reportaje sería una fotografía fidedigna, y la crónica, una personalísima pintura impresionista. ¿Y con respecto al comentario? Bien, según Julio García Luis, el comentario puede apelar eventualmente y para su bien, a la imaginación del su autor, a cierto desenfado y toques coloridos, pero para triunfar en su empeño tendrá que recurrir a una gruesa y certera batería de argumentos persuasivos. 

¿Y la  entrevista? ¿Podríamos prescindir de ella, ya no como género, sino como un recurso más para redactar una buena crónica?  A mi juicio la entrevista constituye un ingrediente previo —a veces imprescindible— para la elaboración de una crónica, concebida esta última a partir del protagonismo visible de personajes que se mueven en torno a la acción, a la historia de que se trata. Ya no el editorial, que si bien trata de abarcar un problema dado con la mayor amplitud y universalidad posible, no admite alejamientos de la idea central, se escribe desde la primera personal del plural, su estructura es más estable que la del artículo, amén de su contenido político inobjetable. 

Nos quedaría la comparación con el artículo de fondo o artículo general. Pues también son marcadas las diferencias respecto a la crónica, cuya estructura es flexible en extremo, y su transcurrir no tan lógico, lento, y reflexivo como en el artículo.  Concretemos, a partir del criterio de varios autores, los rasgos distintivos de la crónica: La crónica constituye «un puente directo entre el lector y el periodista a través de historias, evocaciones, recuerdos, personajes, lugares, hechos o situaciones, trabajados con la acentuación del relato, ese fluir narrativo que desplaza imperceptiblemente las acciones frente a los ojos y la imaginación del ciudadano consciente», dice Hugo Rius. 

En la crónica el periodista hace uso de las técnicas propias de la literatura, y fundamentalmente, de una prosa exquisita que es, a la larga, «lo que permitirá la adicción del lector a aquellos detalles que desfilan como una sucesión de escenas que despiertan los más disímiles sentimientos», según A. Benítez. De ahí que la crónica plantee un mayor grado de exigencia, pues su materialización requiere varios pasos de envergadura, entre ellos, el trabajo de reportería. La crónica es sinónimo de autosuficiencia, en el sentido que debe sostenerse por sí misma, mantener cautivo al lector y permitir su «liberación» solo al final del relato, cuando la historia ya ha sido degustada y asimilada a través de la multiplicidad de sus detalles. 

Para la crónica, a diferencia de la noticia, solo es válido una de las seis interrogantes básicas: ¿Por qué?, pero no en el sentido propio de la noticia pura, sino visto en la perspectiva del cúmulo de preguntas que se plantea el cronista en su etapa previa de escritura.  Digamos que es la disyuntiva del cronista: un ¿Por qué?, de gran tamaño, un tema rigurosamente delimitado que nos acerca al tipo ideal de crónica, algo así como un primer plano o aproximación de la cámara hasta los blancos buscados u objetivos perseguidos.  

La crónica es como una obra de teatro donde los personajes cobran vida y se mueven con entera libertad en medio de un eje que permitiría constituir el corazón de la historia. De ahí su carácter de intemporalidad, ya que, el placer gratificante lo otorga su lectura hoy o la que se haga dentro de diez años. ¿No es acaso esto último lo que sucede con las crónicas de José Martí? La crónica se perpetúa a través de los años, prevalece y logra salir indemne frente a los estragos del tiempo.  

No hay temas malos y temas buenos, sino buenos o malos cronistas. Aún aquellos temas considerados intrascendentes o agotados, pueden cobrar vida si existe vida dentro del cronista, si se imponen la fuerza de su narrativa y la manera peculiar de abordar el tema, el hecho, la circunstancia, el lugar.  Solo se escribe lo que se siente bien. Por eso las crónicas no se deben forzar. Si las ideas no acuden es porque el asunto no está lo suficientemente maduro o porque nos encontramos desmotivados. Si no le salen, abandone la idea y pásesela a otro colega. 

Dice Martín Alonso: «La crónica es semejante a esas copas de cristal de Bohemia, delicadísimas, de fina transparencia y leve como las plumas. Antes de lograr una perfecta, se quiebran y rompen muchas entre las manos del más hábil obrero.»  En la crónica hay una frontera que no se puede traspasar, so pena de caer en una fosa pestilente, y es el límite que separa lo sublime de lo ridículo, al decir de  Rolando Pérez Betancourt. ¿Fórmulas para hacer una buena crónica? No las tengo. Y es que posiblemente no haya un género tan subjetivo en términos absolutos como la crónica, de ahí su variedad e infructuosos intentos de clasificación. En mi caso, cuando decido escribirla ya antes la he sentido. Cuando tecleo, lo hago poseída por todos los demonios, santos y espíritus existentes en el cielo y en la tierra.  Sin  embargo aconsejo estudiar y leer mucho el género.

La excesiva confianza en lo intuitivo, daña y nos atrasa. No olvidemos el sabio consejo que Nicolás Guillén dio a un a impetuoso joven,  poeta genial en ciernes: «Joven, comprendo su desesperación y prisa. Pero creo que para deshacer un sonetoLo anterior es hacerlo.»  Valgan entonces estas recomendaciones, que en realidad constituyen cualidades del buen periodista: Sea buen observador.

El periodista, cada vez que se encuentra con un personaje tiene que saber meterse dentro de él, darle un poco la vuelta y mostrar lo más recóndito. Tiene que captar detalles que para otros pasan inadvertidos.  Si utiliza el diálogo, la primera condición es que sea significativo, que diga algo. No reproducir sino lo que sea psicológicamente revelador.El contexto tiene gran interés para la narración porque sitúa a los hechos en su escenario propio para que el lector los perciba con más facilidad. 

Tenga en cuenta siempre estos tres elementos: acción, tipos y ambientes, que no siempre tienen que ir o estar equilibrados en el corpus del relato, sino que predominará siempre uno de ellos, según la narración y el narrador, porque no hay nada más cierto que el «estilo es el hombre».  Una última recomendación sería permanecer informado acerca de todo lo que acontece; leer mucho y bueno; escuchar radio; ver mucho cine y televisión de calidas; viajar; compartir con nuestros semejantes.  

Mucho ayudan el dominio de las técnicas narrativas y de algunos recursos propios de la dramaturgia. Y, por supuesto, el conocimiento de las herramientas del oficio, que, en cierto sentido, pueden suplir al talento.  Sin duda, lo que más falta hace para escribir una buena crónica  —inspiración aparte—, es cultura,  conocimiento, autenticidad, sinceridad, sensibilidad, y una cuestión más difícil sobre la cual escribí hace unos días. Y me autocito:  «algo que no se puede explicar, pero que debe ser lo mismo que aguza el ojo al águila, excita el olfato al tigre y activa el oído a la gacela». 

Eso mismo, una especie de sexto, séptimo y octavo sentidos, para que el resultado final no resulte forzado, ni absurdo, ni improvisado, ni enclenque, ni cursi, ni sensiblero. Raras veces se pueden escribir crónicas todos los días como podría hacerse con las notas informativas. Hay pues que pensar y repensar el tema y solo cuando estemos en estado de ebullición, sentarnos a escribir. Luego es cuando llega el verbo, la palabra exacta, el adjetivo preciso para contar y describir, para sacar de la cabeza lo que se ha empollado en el pecho. El caso de nuestro Martí es único.

El poseía dotes poco comunes para habérselas con asuntos difíciles. Sus crónicas no podían ser superficiales porque él no lo era. (Jamás escribió una crónica de sociedad.) Su preparación asombrosa en muchas ramas del saber, su poderoso impulso de divulgar el conocimiento, lo empujaban a escribir incesantemente.  Martí conocía de pintura, de teatro, de literatura, de arte, de política, de religión, de jurisprudencia, de historia, de geografía... Pero sobre todo tenía la costumbre del color, y la fuerza del dolor; el ansia de libertad, el vuelo artístico del espíritu, y creo que todo junto  guiaba su poderosa y fabulosa pluma.  

¿Era Martí demasiado bueno, demasiado noble, demasiado honesto; demasiado escritor, demasiado periodista, demasiado revolucionario; demasiado hombre, demasiado amigo, demasiado hijo, demasiado padre, demasiado hermano?  ¿Fue demasiado radical en la forma y ello no se avenía  con el espíritu de esas publicaciones? No lo juzguemos, leámoslo y aprendamos de él. No por gusto se enfrentó a directores, editores y redactores de algunos de los periódicos donde publicó. Cruzó con ellos espadas del más temible acero epistolar. Unas veces ganó, otras, salió deprimido. 

Más de 400 crónicas salieron de su pluma. Solo las llamadas españolas revelan que el autor se movió en algunos entornos referidos; en el resto, nunca estuvo presente en los hechos que explicaba, lo que prueba su capacidad descriptiva y narrativa. Los procedimientos literarios empleados por Martí en las crónicas norteamericanas «constituyen la clave de su permanencia en nuestros días, cuando ya los sucesos referidos han perdido su valor periodístico.  Leámoslas, estudiémoslas y aprendamos de ellas. 

Bibliografía ·         Acerca de la crónica, Miriam Rodríguez Betancourt, pp. 7/30.·        

Géneros periodísticos, Julio García Luis, pp. 119/147.·        

Géneros periodísticos, Juan Gargurevich, pp.59/75.·       

  La crónica, ese jíbaro, de Rolando Pérez Betancourt, pp. 24/24.·        

El periodismo como misión, compilación y prólogo de Pedro Pablo Rodríguez, editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2002, pp. 322/336.·        

El periodista, un cronista de su tiempo, de Alejo Carpentier, editorial Letras Cubanas, colección Mínima, octubre 2004, pp.1/22.       

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Saramago se une al repudio contra Posada Carriles

20070514145123-saramago-la-tecla.jpgSaramago, Premio Nobel de Literatura 1998, se sumó este último fin de semana a las más de 5 mil 500 personalidades de todo el mundo que exigen el enjuiciamiento criminal de Luis Posada Carriles en Estados Unidos o el cumplimiento por parte de las autoridades de ese país del pedido de extradición formulado por Venezuela. Ya en agosto del 2005, Saramago, junto a los también galardonados con el Nobel, la novelista sudafricana Nadine Gordimer, la guatemalteca Rigoberta Menchú y el argentino Adolfo Perez Esquivel, el ensayista y profesor francés Salim Lamrani y el politólogo norteamericano Noam Chomsky, había suscrito un comunicado para denunciar el infamante contubernio del gobierno de George W. Bush con el genocida que planeó el sabotaje de un avión civil cubano frente a las costas de Barbados. http://www.granma.co.cu/secciones/ultraje/art351.html 
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En Mala Hora, Cien años y cincuenta cuartillas de más

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Por Mercedes Rodríguez García 

Equivocada de profesión y algo “quemada” por trasnochar meses y meses con libros de Medicina, me vi sumergida de pronto en el mundillo periodístico, y un día invernal de los años 70, frente a frente con uno de los  escritores más famosos del momento, a quien —lo juro— jamás había visto en fotografías. Pero de él sabrán más adelante, pues constituye el motivo central de esta anécdota que me han pedido recupere para la (¿mi?) historia. 

Sin antecedentes sociales ni genéticos al respecto, mi probada y apasionada afición por la Literatura resultó la primera carta de triunfo para, desde el humilde puesto de secretaria del director del periódico Vanguardia, “colar” de vez en cuando en la página dos del diario villaclareño crónicas del acontecer cultural y alguna que otra reseña de libros que, por aquel entonces, dormían el sueño de los invendibles en los estantes de las librerías. Una gestión publicística que no aportó ni un centavo de más a mi pírrico salario de empleada, mucho menos un ejemplar gratuito de aquellos a los que les sacaba pulpa de donde no existía masa. 

Pues  fue en este ambiente de franquezas y zancadillas donde me convencí de que nada me afiliaba ya al bisturí, si no a la incansable y autodidáctica lectura de la Teoría y Práctica del Periodismo, amén de toda la poética, cuentística, novelística y ensayística que caía en mis manos. Por eso seguí el consejo de quienes me apreciaban y disfrutaban de mis escritos: “Mercedes, matricula un curso para trabajadores en la Universidad Central de Las Villas”.  

Y sin pensarlo dos veces, en 1974, integré la nómina de los pioneros en la especialidad de Lengua y Literatura Hispanoamericana y Cubana, al tiempo que asistía cada lunes por la noche al Taller Literario bajo el patrocinio de dos poetas locales: Félix Luis Viera y Roberto Orihuela, con el devenir también narrador y dramaturgo, respectivamente. 

Ya pasaban las cinco de la tarde y yo, dale que dale, a las desgastadas teclas de la máquina de escribir del no menos desgastado colega Otto Palmero, maestro y amigo hasta los últimos días de su vida. Inspirada, danzando junto con las mil musas que llegan a los veintitantos años, rescribía un cuento titulado “Por donde caminan las jutías”, el cual pensaba enviar —y mandé y gané— a un concursoauspiciado por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). 

Con el ojo izquierdo y la mente en el Olimpo de la creación, vislumbro tres figuras a contraluz. Sin dejar de “machucar” a la deteriorada Underwood contesto a las preguntas que me hace el único desconocido del grupo: —Buenas tardes, ¿qué escribes?—Nada, un cuento.—¿Te gusta la Literatura?—Sí, soy miembro del Taller Literario y estudio Lengua y Literatura Hispanoamericana y Cubana. Y vuelvo a jurarles que lo expresé como si se tratara de un sueño cierto del que podía mostrar pruebas irrefutables, o del más arduo magisterio en ciencias cosmenológicas y cibernéticas. 

Y, ¿que has leído de los escritores latinoamericanos?

Y le relacioné una extensa lista que incluía a todos los del BOOM sin excluir, como es lógico, a los clásicos del continente. 

Pero ¿a quién tienes entre tus preferidos?

—Pues los de BOOM: Rulfo, Borges, Cortazar, Fuentes, Vargas Llosa, ¡y por supuesto, a García Márquez. (Risitas de los dos restantes del grupo: Ángel Álvarez y Arturo Chinea, director y jefe de información)

—¿Qué has leído de ese último señor?

La mala hora y Cien años de soledad, la novela que ahora lee fascinado todo el Mundo.

—¿Te gusta Cien años...?

—Sí, algo extensa, con un final metafísico; creo que se le pueden quitar unas cincuenta cuartillas… 

El personaje no comentó nada más, tampoco Ángel ni Chinea. Para mí se trataba de uno de los tantos visitantes que concurrían a diario al periódico: artistas de la televisión y la radio, políticos extranjeros, cantantes, trabajadores destacados, militares de alta jerarquía…Segundos antes de marcharse, entró al departamento un joven alto, fuerte. Sacó de su estuche un rollo de película Kodak de 1000 ASA, lo puso en la cámara y sin flash, apretó el obturador. Solo en ese segundo sin luminiscencia, comencé a… 

—Bien, muchacha, sigue escribiendo tu cuento, que cuando yo vuelva a escribir Cien años de soledad, te prometo que le voy a quitar algo más de cincuenta cuartillas. Ahora deja que Gabito nos saque una foto.   

Y el domingo 6 de mayo de 2007, mientras leía el artículo de Luis Raúl Vázquez Muñoz, El libro que cambió al mundo, en el periódico Juventud Rebelde, me percaté que no estaba muy desacertada. Según relata el propio García Márquez, el escritor argentino Jorge Luis Borges le comentó en una oportunidad: “Le sobran cien páginas”: En eso de eliminar yo había sido más piadosa. Ahora, treinta y tantos años después, frente a la Pentium 4, recordaré el día que conocí al Gabo y la Mala Hora en que no pude recuperar aquella foto que nos tomó Gabito.      

 

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