&wid LA TECLA CON CAFÉ

No habrá moneda única sin respaldo productivo

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25/10/2013 18:06:17

 

Por Mercedes Rodríguez García 


Por delante de la punta del iceberg una vela blanca comenzó a dibujarse en el horizonte la mañana de este martes cuando los cubanos nos levantamos con la noticia: 

«Ha sido acordado por el Consejo de Ministros poner en vigor el cronograma de ejecución de las medidas que conducirán a la unificación monetaria y cambiaria», señaló la nota oficial publicada en el diario Granma, republicada por los demás periódicos, difundida por la radio y la televisión, y amplificada por Internet. 

Esa dualidad —en realidad «trialidad», con el dólar como sombra— ya no podía dilatarse más. Las conjeturas vienen rodando desde hace rato.

Asumida desde hace 19 años con el fin de atraer la inversión extranjera e ingresar moneda libremente convertible al país, su establecimiento permitió al gobierno regular la inflación y, tras abrir las casas de cambio (CADECA), obtener además fondos extras gracias a las di­ferentes tasas aplicadas a su com­pra y venta. 

Como explica la Nota Oficial, no se trata de una medida que resolverá por sí sola «todos los problemas actuales de la economía»,  pero al menos permitirá «el restablecimiento del valor del peso cubano y de sus funciones como dinero, es decir de unidad de cuenta, medio de pago y de atesoramiento», lo cual junto con la aplicación de las restantes políticas encaminadas a la actualización de nuestro modelo, «propiciará el ordenamiento del entorno económico y en consecuencia la medición correcta de sus resultados». 

Para nadie es un secreto que la existencia dual del CUC y del CUP afectó el poder adquisitivo del trabajador y creó diferencias sociales, debido a la fuente y las condiciones de provecho del peso cubano no convertible. En otras palabras, están en mejores condiciones para adquirir bienes y servicios aquellos que reciben parte de su salario en CUC y otro número indeterminado que disfruta de remesas del extranjero. Francamente, los trabajadores que dependen de un salario en moneda nacional hemos sido los más vulnerables. 

El salario no alcanza, en especial, el de quienes trabajan en el sector estatal, debido a deformaciones estructurales de nuestra economía, que trata de recomponerse y recuperarse en un primer momento con más austeridad, control y exigencia. 

El camino no es ni fácil ni breve. Todavía las exportaciones tienen muy escaso valor agregado, el componente importador es elevado y la productividad, muy baja. De ahí que el salario no podrá incrementarse hasta que la base productiva así lo permita, so pena de generar la elevación del nivel general de los precios debido al desajuste entre la demanda y la oferta, con depreciación monetaria (1).

Según lo informado, los principales cambios en esta primera etapa se producirán «en el sector de las personas jurídicas (2) a fin de propiciar las condiciones para el incremento de la eficiencia, la mejor medición de los hechos económicos y el estímulo a los sectores que producen bienes y servicios para la exportación y la sustitución de importaciones». 

Y eso lleva un período de preparación de condiciones que incluye «la elaboración de las propuestas de normas jurídicas, los diseños de los cambios de los sistemas infor­máticos encargados de los registros contables y los ajustes en las normas de contabilidad, así como la capacitación de las personas que deben acometer la ejecución de las diferentes transformaciones». 

La doble circulación monetaria comenzó en 1994 al calor de la crisis económica posterior a la caída del campo socialista y de la URSS, a fin de tener una moneda de paridad con el dólar, en la medida en que el turismo llegaba a Cuba. 

Con el correr de los años la existencia de diferentes tipos de cambios asociados a la dualidad monetaria fueron afectando la gestión de las entidades estatales. Mientras para la población la tasa es de 1 por 24, el tipo de cambio para las empresas es de 1 por 1 (como si tuviera un CUC o un dólar), lo cual implica una doble contabilidad y una valoración inexacta de los costos y de la rentabilidad, en detrimento de la competitividad del producto al sobrevalorar el peso en una magnitud que, económicamente, no es la razonable. 

Así que ordenar la política monetaria resultaba impostergable, más allá del equilibrio entre la cantidad de dinero en circulación y los bienes que se ofertan en la red minorista, lo que a nuestro juicio deben crecer, y también los salarios. Mas, tales propósitos solo se alcanzarán cuando se eleven suficientemente los niveles de productividad y de competitividad. 

La economía tiene que crecer y para ello se requieren inversión y tecnología. Una parte de la primera sale del ahorro doméstico, pero la in­fraestructura para la agricultura y la industria necesitan, además, el su­plemento del ahorro externo, el cual proviene de un exceso de expor­taciones por encima de las importaciones, o de la inversión y el finan­ciamiento extranjeros. 

En el mundo de hoy, debido a la crisis, no existen muchas posibilida­des de obtener préstamos, por lo tanto, urge diseñar un sistema de requerimientos para la inversión y de condiciones internas para atraer a los inversionistas. A la par, el desarrollo científico-técnico tendrá que ponerse en función de la producción, de la productividad y de la com­petitividad. 

Imprescindible, también, darles mayor autonomía a las empresas estatales y descentralizar los recursos hacia los territorios, que los ciudadanos incidan de  manera real y efectiva en la toma de decisiones en su centro de trabajo y en la comunidad. Desarrollo no es solo crecimiento económico, sino mejoramiento de la calidad y el nivel de la vida material y espiritual. 

Sin embargo, nada de esto se hace cosiendo y cantando. Cualquier reestructuración económica ha de pensarse y ejecutarse desde lo nacional, pero también con­si­de­rando cómo insertarnos de manera más efectiva en el mercado mun­dial. Justo, razonable e inteligente entonces validar experiencias de otros países relacionadas con el modo de articular diversas for­mas de propiedad y gestión que encadenen sectores e incentivar la exportación, sobre todo en el contexto latinoamericano y caribeño. 

En tanto, nos asiste la seguridad en que se mantendrá «la política de subsidios vigentes» y se respetará «la confianza ganada por las personas que han mantenido sus ahorros en los bancos cubanos en CUC, otras divisas internacionales y CUP», como publicó el periódico Granma en su edición impresa y digital este martes 22 de octubre, en correspondencia con lo expresado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz en su discurso de clausura de la primera sesión ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el pasado mes de julio. 

Dijo entonces Raúl: «Deseo reiterar que en este frente de significación estratégica ha continuado el avance y ya comienzan a observarse los primeros resultados alentadores, aunque también es verdad que falta un largo y complejo camino para actualizar nuestro modelo económico y social, asegurando el apoyo mayoritario de la población a este proceso, lo cual excluye la utilización de terapias de choque y el desamparo de millones de personas que caracterizan a las políticas de ajuste aplicadas en los últimos años en varias naciones de la rica Europa». 

Como se ha informado, en adelante «se continuará extendiendo la posibilidad que hoy existe de aceptar en las tiendas que venden en CUC, pagos en CUP con tarjetas magnéticas denominadas en esta moneda. Experimentalmente en lugares seleccionados se podrán efectuar pagos en efectivo en CUP por el equivalente calculado a la tasa de cambio de CADECA de 25 CUP por 1 CUC».

Esperamos que avance al ritmo previsto la ejecución del crono­gra­ma y que a tiempo se vayan «dando a conocer los detalles sobre las medidas que en cada momento correspondan, tanto a los especialistas de las entidades que deben participar en su implantación, como a la población». 

La medida se esperaba y ha sido bien recibida. De momento no hay grandes cambios y pienso que no está a la vuelta de la esquina el día en que tengamos una sola moneda. Antes habrá que terminar de re­con­vertir el aparato productivo que carece de financiamiento, fortalecer las relaciones de producción existentes, extender el cooperativismo, crecer en la industria, en la agricultura; desatar las fuerzas productivas, eliminar trabas burocráticas. En suma, apropiarse de una visión integral de los problemas de la economía, desde una perspectiva que rebasa el estrecho enfoque economicista actual. 

Lo prevé el Lineamiento No. 55 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobado por el VI Congreso del PCC: «Se avan­zará hacia la unificación monetaria, teniendo en cuenta la productividad del trabajo y la efectividad de los mecanismos distributivos y re­dis­tributivos. Por su complejidad, es­te proceso exigirá una rigurosa preparación y ejecución, tanto en el plano objetivo como subjetivo». 

Pero la preocupación fun­da­men­tal deberá ser cómo lograr que el funcionamiento financiero monetario contribuya a que los ingresos de los ciudadanos provengan, en lo esencial, del trabajo y todos nos sintamos motivados a trabajar. No existe otra fórmula para mejorar la calidad de vida… ni para llegar a tener una moneda única. 

Notas: 

(1) A este fenómeno se le denomina inflación. Las causas que la provocan son variadas, aunque des­tacan el crecimiento del dinero en circulación, que favorece una ma­yor demanda, o del coste de los factores de la producción (materias primas, energía, salario, etc.).  Se denomina deflación la baja continuada de los precios. 

(2) Personas jurídicas: Entidades a las que el Derecho atribuye y reconoce una personalidad jurídica propia y, en consecuencia, capacidad para actuar como sujetos de derecho, esto es, capacidad para adquirir y poseer bienes de todas clases, para contraer obligaciones y ejercitar acciones judiciales.



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