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LA TECLA CON CAFÉ

Volkswagen hunde la reputación de Alemania

Volkswagen hunde la reputación de Alemania

 

7:22:14 p.m.

La reputación de Alemania anda tirada por los suelos. El grupo Volkswagen, uno de los símbolos por antonomasia de la eficiencia teutona, se ha convertido en el inequívoco responsable de un enorme fraude que está zarandeado como un muñeco la industria del automóvil no sólo en ese país sino en toda Europa.

Resulta que nos hemos enterado casi por casualidad que la empresa con sede en Baja Sajonia ha estado haciendo tramas y falseando, a través de un software, las emisiones de partículas de óxido de nitrógeno (NOx) que lanzan ciertos modelos de sus vehículos de diesel.

El software —también de un fabricante alemán, Bosch— era tan inteligente que detectaba cuando el automóvil estaba pasando una revisión técnica. Sabía que las ruedas estaban colocadas sobre unos rodillos, se ponía en "modo prueba" y estaba programado para ordenar a los inyectores de gasóleo que redujeran su potencia para así emitir gases dentro de los parámetros autorizados.

La magnitud del fraude habla por sí misma.

La Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos cifra en 18.000 millones de dólares las multas que el grupo Volkswagen tendrá que satisfacer por no haber cumplido los requisitos de la ley durante estos seis años, dejando así en desventaja a quien sí hacía sus deberes. Pero el caso en la Unión Europea parece ser todavía peor para las cuentas de la compañía pues sólo en el Viejo Continente se vendieron entre cuatro y 11 millones de coches trucados. No sólo de la marca Volkswagen, sino también de Audi, Seat y Skoda.

Volkswagen ha reconocido el engaño masivo, ha pedido disculpas a sus clientes y ha adelantado que asumirá todos los gastos derivados de ello, resolviendo "con la mayor agilidad y transparencia" las irregularidades detectadas. Incluso asegura que los vehículos implicados "son absolutamente seguros y aptos para la circulación". Es un consuelo, pero no para los ecologistas. Y finalmente el presidente del grupo ha presentado la dimisión, pero se marcha nada más y nada menos que con una pensión de 28,6 millones de euros, circunstancia vergonzosa dado el cariz del asunto, bautizado ya como el "dieselgate". ¿No debería él también pagar parte de la multa?

En general, estas malas prácticas no sólo suponen un abuso de confianza para los consumidores y un descrédito para el "made in Germany", sino que también alimentan unos posibles efectos industriales y económicos muy perniciosos.

La industria automovilística alemana es una de las locomotoras de su economía. Si esta crisis hace que ese motor pierda fuerza y se estropee, las consecuencias se sentirán no sólo en la tierra de Angela Merkel, sino también en Francia y e España, dos países donde la fabricación de coches representa un pilar del Producto Interior Bruto (PIB) indispensable para afianzar la recuperación. ¿Puede pasar el sector estrella a ser el sector estrellado? No parece posible, pero hay cientos de miles de empleos en juego, de ahí que se haya extendido la alarma social.

Pero, ¿cómo es posible que una marca prestigiosa como Volkswagen arruine su reputación y quizás sus favorables resultados económicos, a causa de las sanciones, con una trampa semejante? ¿Qué movió a sus ejecutivos a actuar de esta manera tan ruin?

La respuesta es bien sencilla: el dinero, el beneficio. Cada vehículo trucado suponía un importante ahorro extra para el grupo Volkswagen, porque el coche de marras no debía adaptarse a las nuevas y costosas exigencias ecológicas que regulan la emisión a la atmósfera de gases contaminantes.

Ha caído un estereotipo: los coches alemanes son los mejores de Europa porque son los más caros, con permiso de Renault o Fiat-Volkswagen —que irónicamente significa en alemán “el coche del pueblo”— se ha cubierto de basura. Costará de limpiar.  Otra conclusión que se deriva del engaño: no sólo hay pícaros en el sur de Europa, se reparten por todas partes; lo que ocurre es que, como dice el refrán, unos cardan la lana y otros se llevan la fama.

En el plano de la ética, el "diéselgate" germano ha sacado a la superficie comportamientos de una codicia desatada, e incluso suicida, comportamientos a los que parece cada vez más fácil poner freno en un mundo que ya no cree en el valor de la moral, ni en sus límites. Y lo terrible es hasta dónde puede llegar esta inmoralidad. Si esto se hace con coches y el medioambiente, ¿qué irregularidades no se cometerán con los alimentos o las medicinas? Da miedo pensarlo.

Pasemos a las conclusiones

Se va a resentir la venta de coches de gasoil, que consumen menos que los de gasolina. El 75% de los 10 millones de coches diesel vendidos en todo el mundo en 2015 se compró en Europa. Este segmento del mercado ha crecido de manera espectacular entre los europeos, confiados en que se luchaba contra la contaminación.

Al consumir entre un 20% y un 25% menos de combustible, los diesel emiten un 15% menos de dióxido de carbono. Los gobiernos han visto en ellos una oportunidad para luchar contra el cambio climático, y por eso han aumentado los incentivos de compra a través de exenciones de impuestos.

Todo eso ha quedado puesto patas arriba, manchado por las mentiras.

También se vivirá una guerra de precios, muy rentable para el sufrido consumidor.

Y otro desenlace inevitable pasará por el aumento de la regulación al motor de diesel, aunque en Europa se hará a nivel nacional, lo que implicará la lentitud de siempre.

(Fuente: MSN)

 



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