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06/08/2012 8:32:18

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Es 29 de julio de 1967. Los guerrilleros venían extenuados de la larga marcha tras el combate sostenido con el ejército, dos días antes. Miguel, (Manuel Hernández Osorio) el jefe de la Vanguardia, eligió un lugar para acampar situado entre dos caminos, a la orilla de uno de ellos y en las márgenes del río Rosita.

 

La noche antes el Che apenas pudo dormir, además del asma, las preocupaciones lo mantienen sin pegar un ojo. A las 4:30 de la madrugada lo que viene pensando corre de verdad. Una sección del destacamento Trinidad que se desplazaba por la zona alumbrándose con una linterna,  detectó la columna guerrillera. No demoró mucho el  enfrentamiento armado.

En el diario de Pacho quedó recogido el dramático encuentro: « [...] No habíamos avanzado mucho cuando caímos en una emboscada, la mayoría llegamos al monte. Chinchu queda herido en el medio de la playa entre nosotros y el Ejército, Aniceto a su lado. Su hermano sale a buscarlo pero no puede con él ya que está herido [...] salgo a buscarlo y lo arrastro un trecho hasta que caigo herido. Nuevamente cubro mi posición para proteger a Aniceto y su hermano para que terminara de llegar hasta el lugar en que estábamos, matan a Raúl junto a mí [...]».

Al analizar el combate de ese día, el Che deja constancia en su Diario: « [...] Las cosas sucedieron así: Ricardo y Aniceto cruzaron im­prudentemente por el limpio e hirieron al primero. Antonio orga­nizó una línea de fuego y entre Arturo, Aniceto y Pacho lo rescataron, pero hirieron a Pacho y mataron a Raúl  [...]».

Raúl nació en la ciudad de Oruro, el 31 de diciembre de 1939, en la casa situada en la calle Sotomayor, número 116, esquina a Velázquez, donde vivió hasta su muerte con sus progenitores, Ramón Quispaya y Toribia Choque, y sus cinco hermanos.

«Era muy reservado e inteligente», refiere Antonio, uno de ellos. «Estudió primero en la escuela España y después en la Escuela Nacional Bolívar. A la muerte de nuestro padre pasó al curso nocturno y comenzó a trabajar junto a él como sastre. [...] necesitaba ganarse el sustento, pero continuó estudios universitarios y llegó a ser uno de los mejores alumnos de la Escuela de Economía, donde se mantuvo vinculado a las luchas estudiantiles». 

Héctor Palenque compañero inseparables de Raúl, lo recuerda dirigiendo los círculos políticos junto con Simeón Cuba Sanabria, (Willy) y Moisés Guevara, miem­bros de la célula de la Juventud Comunista.

«Raúl  comandó todo el grupo universitario armado que tomó la radio El Cóndor, situada a una cuadra de la escuela. Una muchacha puso una granada casera en la puerta de la emisora y al estallar, Raúl entró. Desde arriba nos tiraban con una ametralladora, pero él le disparó y penetramos», precisó  Héctor  a la periodista Elsa Blaquier, quien lo entrevistó en 1985.

Luego continúa Encarnación Nieto, esposa de Palenque : «Como el padre de Héctor era ministro de la Corte Suprema de Justicia y su familia tenía una buena posición económica, Raúl Quispaya le decía que de su salario tenía que reservar 25 mil pesos para comprar bibliografía política».

Héctor recuerda que durante mucho tiempo «guardó una libreta muy linda donde Raúl  hizo un resumen del materialismo dialéctico. [...] Él tenía muchas normas de fortaleza ideológica y de conducta moral. A mi juicio era de los hombres más intensos que he conocido».

Por su parte, Encarnación manifestó no poder olvidar el día que murió un camarada: « No había bandera del Partido, y la hicimos Raúl y yo. Él trajo la tela roja. Cosimos la estrella amarilla y la hoz y el martillo. No nos quedó perfecta, pero pusimos la bandera junto al féretro y después la guardé en la casa».

Raúl  Quispaya Choque fue miembro del Ejecutivo Nacional de la Juventud Comunista boliviana. Se incorporó a la guerrilla en el mes de febrero  de 1967, y pasó a formar parte de la Vanguardia.

Al morir tenía 27 años, aún le faltaba expe­riencia combativa, pero como expresara el hoy coronel Tamayo Núñez, «sí se le veía desarrollo ideológico».

No era un hombre de gran fuerza física, pero no dudó en ir a socorrer al compañero herido. Raúl murió instantáneamente. Su cuerpo nunca pudo hallarse. Durante el largo combate los militares tomaron toda ribera del río. Quizás no tuvo sepultura. Quizás los vientos húmedos lo devolvieron a las montañas. Quizás las aguas del Rosita decidieron esconder para siempre su cadáver.