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Fresa y chocolate: 20 después o las alegorías del re (descubrimiento)

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8:03:16 a.m.

Un encuentro casual con el actor Jorge Perugorría durante la Bienal de La Habana en 2012 supuso, para la joven realizadora Lianed Marcoleta, el primero de muchos otros descubrimientos. O lo que es lo mismo, la génesis de un proyecto audiovisual que intenta aproximarse a las resonancias casi telúricas de la película Fresa y chocolate en la sociedad cubana, más allá de su impronta cinematográfica.

“Estaba haciendo la documentación de una pieza de la Bienal y Perugorría se encontraba presente. Para mí fue algo increíble, porque me parecía que estaba viendo a Diego. A partir de ese momento empecé a formularme una idea sobre qué sucedería si este personaje regresara a Cuba en el año 2014, después de haberse ido hace más de dos décadas”.

La pregunta, posible detonante de muchos otros cuestionamientos, devino punto de partida para revivir la trascendencia de esa obra fílmica a través del documental Fresa y chocolate: Veinte años después, cuyo estreno está previsto próximamente.

Según adelantó Lianed en entrevista realizada por Anailí Román para Cuba Contemporánea, “la principal intención es poner en perspectiva los conflictos esenciales que aborda la película y analizar su evolución a lo largo del tiempo. Fresa y chocolate se estrenó en diciembre de 1993, en circunstancias muy dolorosas y terribles para nuestro país, y no quisiera que se olvidara un hecho cultural tan significativo. El propósito no ha sido realizar un recuento de todos los acontecimientos ocurridos durante estos años, ni aportar una cronología en términos históricos exactos; más bien hemos tratado de ver qué trajo a colación la película y qué está sucediendo hoy con algunos de esos asuntos”.

Un primer corte en agosto de 2014 con el cual Lianed no quedó complacida –“en ese momento faltaba en el documental toda una visión de Cuba que yo quería estuviera presente”, dirá después– supuso la búsqueda de nuevos caminos expresivos para el equipo de realización. Caminos que, luego de casi tres años de trabajo, han devenido un homenaje audiovisual merecido y necesario.

—¿Desde qué enfoques –conceptuales y estéticos– pretende aproximarse este documental a una obra de culto para la historia del séptimo arte en Cuba como es Fresa y chocolate?

—La homofobia, la emigración y la fe de los jóvenes en el proyecto de la Revolución cubana son, para mí, los temas más significativos presentes en la película, y por lo tanto constituyen los ejes temáticos centrales del documental. Las preguntas que se plantean los personajes funcionan como hilo conductor para introducir los temas y generar el debate. En correspondencia con ello, la estructura se articula a partir de saltos temáticos y espaciales que contemplan también la utilización de fragmentos de la película e intertítulos. 

"El objetivo fue, desde un inicio, realizar un documental de espacios que posibilitara el intercambio y el diálogo entre los actores en los mismos lugares donde Diego y David descubrieron su amistad. De este modo, en Coppelia se concentró el debate acerca de la homofobia, La Guarida devino un sitio más íntimo para que los actores hablaran sobre sus sentimientos hacia Cuba, mientras que en El Cristo de La Habana Vladimir Cruz explica lo que significó para ellos hacer la película junto a Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, y todo lo que les aportó desde el punto de vista profesional y humano"

Me interesaba que los actores regresaran a esos lugares, y que su edad y su propia piel fueran una metáfora de los años que han pasado sobre Cuba. En principio esta era una de las intenciones primordiales, y me parece que al final logramos que ese sentir estuviera en el documental.

—Según has explicado, uno de los objetivos fue proponer un análisis de la sociedad cubana actual a partir de los temas respecto a los cuales discursa la película. De acuerdo con este propósito, ¿se valoró la participación de otros entrevistados que complementaran los puntos de vista aportados por los actores?

—La base discursiva del documental son los protagonistas del filme: Vladimir, Perugorría y Mirtha Ibarra conducen el proceso de búsqueda y dialogan todo el tiempo entre ellos. Mirtha constituye, de hecho, el principio y el final del documental. Pienso que el personaje de Nancy –que es el que ella interpreta en la película– es una alegoría a Cuba, y David, a la juventud cubana. Ellos representan una relación de amor entre Cuba y los cubanos que ha tenido muchos avatares a lo largo de la historia. Eso es lo significativo para mí entre Mirtha y Vladimir, y por eso también he intentado rescatar qué significa esa historia de amor para nosotros.

"No obstante, además de los actores protagónicos, decidimos incluir a otros entrevistados con el propósito de que el documental estuviera sostenido por criterios de testigos y expertos. Primero que todo, a Juan Carlos Tabío, el codirector de la película; a José María Vitier, compositor de la música original del filme, y a Rebeca Chávez, quien realizó un documental sobre el proceso de rodaje de Fresa y chocolate. De igual modo, están presentes Antón Arrufat, Julio César Pagés, Mariela Castro, Jorge Ángel Sierra, Carolina de la Torre, Magda González Grau, Lohania Aruca, Ariel Dacal, Julio César Guanche y Milena Recio, entre otros especialistas.

"También entrevistamos a jóvenes escogidos al azar, quienes comparten sus criterios sobre qué es para ellos la fe, en qué tienen fe hoy, y cuánto creen que han cambiado o no, en nuestra sociedad, las problemáticas que trató la película. En este caso, el propósito esencial era escuchar aquello que tenían que decir, sin importar su procedencia social, género o raza.

Graduada del Instituto Superior de Arte en la especialidad de fotografía, Marcoleta contaba con experiencias precedentes en la realización, pero nunca antes había incursionado como directora en el género documental. Y aunque en algún momento pensó “ficcionar” un posible regreso de Diego a la Isla como parte del discurso audiovisual de Fresa y chocolate: Veinte años después, terminó constatando que “cada obra es un espacio vacío que se va llenando de significado. Mi trabajo es descubrirla, respetarla y dejarla ser”.

—Qué complejidades supuso para ti asumir por primera vez la dirección de un proyecto documental?

—Solo la intensa necesidad de comprender y cuestionar nuestra realidad podía impulsarme a emprender este proyecto conociendo bien todos los enormes obstáculos que dificultan la realización de cualquier tipo de obra audiovisual en un país como este, donde no existe una Ley de Cine que incentive, apoye y respalde la producción cinematográfica nacional independiente.

"En medio de ese panorama, concebir el documental, organizar la producción, filmarlo y posproducirlo representó una tarea abrumadora, únicamente mitigada por el hecho de contar con un equipo de profesionales y seres humanos excelentes: el ingeniero de sonido Evelio Manfred Gay, coproductor y grabador de sonido directo de la obra; Joel del Río como coguionista, el editor Fermín Domínguez, Nancy Angulo en la corrección de color, Irina Carballosa y Osmany Olivare a cargo de la posproducción de sonido, y Helman Avelle en el diseño gráfico. Además, quisiera destacar la especial colaboración de Ismael Perdomo, quien nos brindó su set de edición incondicionalmente, y de Lino Lores, compositor de la música original.

"Conciliar la participación de las personas que iban a intervenir en el documental resultó también un proceso complejo que no pocas veces implicó cierta demora durante la etapa de filmación. Sin embargo, el mayor desafío fue lograr de los actores conversaciones que pudieran establecer un análisis sobre la realidad cubana de hoy, buscando propiciar una intimidad entre ellos y que el espectador recordara la naturalidad que emanaba de la película. Tanto Mirtha Ibarra como Vladimir Cruz y Jorge Perugorría fueron excelentes colaboradores y estuvieron dispuestos todo el tiempo a compartir sus visiones sobre Cuba.

"Durante la realización hubo para mí dos etapas: la primera, en la que creía conocer la realidad que filmaba, hasta que en agosto de 2014 tuvimos un primer corte de edición y sentí que faltaban por esbozar visiones de la Cuba post Fresa y chocolate; y la segunda, donde cada día de rodaje era un nuevo descubrimiento. De algún modo, me ocurrió lo que a David con Cuba: descubrí el país que amo, el dolor que me causan sus frustraciones como nación, y el sufrimiento íntimo de nuestro pueblo abatido por tantas circunstancias desfavorables impuestas por la política nacional y la injusticia global".

—De esos descubrimientos inesperados, ¿cuál consideras que fue el más relevante para orientar el documental hacia los nuevos caminos de búsqueda que emprendió el equipo de realización tras aquel primer guion hace dos años?

—Tal vez una de las mayores sorpresas fue descubrir que la semilla de lo genuinamente revolucionario –sin que aburra o harte el término– y del amor a Cuba, está en la mayoría de las personas con las que hablé. Siento que en el alma de los cubanos está la esencia de un país mejor, y yo quisiera que el documental dejara establecido que esa semilla existe, que los cubanos podemos hacer que este país prospere en todos los sentidos y que esa capacidad no puede ser ahogada por el estado de cosas.

Considero que es algo menor si nuestro documental se vale de los recursos expresivos clásicos del género o de las técnicas del reportaje periodístico. Al final, pienso que tendremos suerte si logramos que ese descubrimiento esté presente, si conseguimos crear una memoria audiovisual de cómo es Cuba hoy, en qué punto estamos, y así poder a establecer nuestro devenir con honestidad.

—¿Cómo concretar la idea de un homenaje audiovisual a Fresa y chocolate sin que los 20 años de su estreno terminaran convirtiéndose en un pretexto para dialogar sobre temas en torno a los cuales aún hay tanto que decir?

—Para mí no son un problema los pretextos. Me parecen bastante exentos de conflicto; por lo tanto, espero que cada cual establezca con libertad su propio criterio. Una obra carente de trascendencia normalmente no se convierte en pretexto. Aun así, si Titón y Tabío, a partir del guion de Senel Paz, no hubieran hablado sobre esos temas en la película, si los personajes no se hubieran hecho todas las preguntas que plantea Fresa y chocolate, sería más probable que pareciera una mera excusa para hablar de la Cuba de hoy.

"Al tomar como punto de partida una obra cinematográfica para analizar la realidad, nuestro objetivo ha sido también luchar contra la desmemoria, ubicar los hechos en contexto, mostrar –primero que todo a los cubanos– realidades propias de las que normalmente no se habla. Evidenciar que, tras el paso de 20 años, una película sigue ofreciéndonos luces y sombras sobre nuestra existencia es, tal vez, el mejor homenaje posible a una obra de arte. ¿O no?"

 



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