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El doctor en Ciencias Físicas Ernesto Roberto Rodríguez Flores es el primer astrónomo cubano que interviene en el descubrimiento de algún tipo de astro en el plano de la Vía Láctea. Rodríguez es integrante de un proyecto internacional conformado por expertos de trece países. 

Desde el 2006 Rodíguez se vinculó al mencionado programa, donde parte esencial de su trabajo consistió en crear un novedoso método para la localización de nuevas estrellas simbióticas, constituidas por dos estrellas o sistema binario, una muy vieja con edad superior a los diez mil millones de años, y la otra una enana blanca, en una región específica del firmamento de aproximadamente 1 800 grados cuadrados.

Mediante el empleo del telescopio reflector Isaac Newton, instalado en el Observatorio Del Roque de los Muchachos, a más de 2 400 metros sobre el nivel del mar en la cima de un volcán extinto en la isla canaria de La Palma, y adscrito al Instituto de Astrofísica de Canarias, el joven científico hizo durante más de un lustro una exhaustiva exploración de esa zona del cielo, bajo la guía de sus tutores los doctores Antonio Mampaso y Romano Corradi.

Dentro de las más de 200 millones de estrellas analizadas, Ernesto Rodríguez seleccionó 5 061 candidatas potenciales a ser del tipo simbióticas, cifra que en una etapa posterior de la investigación fue reducida a cerca de 300.

El resultado final fue la confirmación del hallazgo de 19 simbióticas nuevas en una zona del espacio sideral donde apenas se habían descubierto 11 en un siglo de observaciones.

Además de tan significativo aporte científico, la investigación permitió descubrir también numerosos objetos jóvenes, cuatro estrellas enanas viejas, igual número de nebulosas planetarias y tres estrellas Wolf-Rayet, que son en extremo calientes con temperaturas superiores a los 50 mil grados, y de las cuales solo se conocían hasta ahora un centenar en nuestra galaxia.

Rodríguez explicó que las estrellas simbióticas desempeñan un papel fundamental en la comprensión de las últimas etapas de la vida de los sistemas binarios, aportando información clave sobre una variedad de procesos físicos. 

Igualmente, son probables progenitoras de las supernovas tipo Ia, cuerpos esenciales a la hora de determinar grandes distancias en el universo y parámetros cosmológicos básicos, que han conducido a descubrimientos notables como el de la energía oscura.

Dada su trascendencia, este trabajo recibió uno de los Premios Nacionales de la Academia de Ciencias de Cuba correspondiente a 2013, y constituye el primer paso significativo a nivel internacional para calcular la población global de estrellas simbióticas en la Vía Láctea, sobre la base de observaciones astronómicas.

Es oportuno recordar que Marcos Antonio Gamboa y Riaño es considerado el precursor de la astronomía en la mayor de las Antillas, pues entre 1714 y 1725 realizó diferentes observaciones de eclipses lunares y de los satélites de Júpiter, además de calcular la longitud de las ciudades de Sancti Spíritus, Puerto Príncipe y La Habana.

Todos los datos fueron publicados en las Memorias de la Academia de Ciencias de París en las ediciones de 1729, por el astrónomo francés Jean Jacques Cassini.

(Fuente: CC)