20140511155427-expo-inquietudes.jpg


9:49:07 a.m.

El voyeur observa y es observado, descubre y es descubierto, es protagonista de un espacio donde el absurdo y la lógica son parte de un mismo universo. No t pierdas la Exposición Personal de Enrique Rosell Morales, Museo  de  Arte de Pinar del Río (MAPRI), abierta hasta el 18 de junio 2014.  

El voyeurismo ha devenido un tema reiterado en la Historia del Arte. La observación, como inquietud del hombre, le persigue desde los anales de su existencia. La necesidad de representar e imitar su entorno impulsó siglos de creación artística. Pero con el desarrollo tecnológico surgieron innovadores artefactos que le permitieron captar momentos exactos de la realidad: surgió la fotografía.

La cámara en manos del ser creador trascendió el mero testimonio y penetró el campo estético como poesía de la instantaneidad. La inmediatez de la imagen fotográfica cautivó al artista y posibilitó nuevas formas de expresión. Sin embargo, estos aparatos con obturadores y lentes, pueden ser considerados auténticas obras mecánicas, fruto de complicadas ecuaciones y proyectos. Esta exposición es, en cierta medida, un homenaje a aquellos diseñadores industriales que realizaron artilugios de este tipo.

Por ello Enrique Rosell Morales, proveniente del mundo del diseño, ha construido algunas piezas que poseen la cualidad de ser prototipos. Otras, son mecanismos que el propio espectador puede accionar. De manera que la muestra persigue la interactividad, el público como voyeur consciente y actuante, que en ocasiones es víctima de su propia observación, como en la pieza Guillotina (instalación, 2014).

Como en Mundos paralelos (instalación, 2014), la imagen puede captar un espacio-tiempo determinado que a la vez es capaz de bifurcarse en múltiples realidades. Las recurrentes formas circulares, huecas o rojas, aparentes lentes que funcionan como umbral hacia una realidad otra, caracterizan toda la muestra. Lo erótico y lo mecánico se funden para conformar obras que ocultan a la vez que develan, que entretejen figuras amorfas y ambiguas que manipulan la mirada.

El voyeur observa y es observado, descubre y es descubierto, es protagonista de un espacio donde el absurdo y la lógica son parte de un mismo universo.

Cassiel Martínez Rigueiro /Lic. Historia