&wid Agosto 2007 | LA TECLA CON CAFÉ
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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2007.

Los impúdicos amoríos del plebeyo y la doña

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Por Yansulier García Álvarez

Este alumno escribió el presente artículo cuando cursaba el quinto año de la carrera, pero desde el principio de sus estudios le apasionaba el tema del Periodismo y la Literatura. Al final, ese resultó el tema de su Tesis de Diploma, que terminó con calificación de Excelente. Ahora trabaja en la televisión de Cienfuegos, pero aún su tecla sigue sin cafeína, es decir, descontaminada. (Su profe, Mercedes) 

Cuenta el Nóbel colombiano Gabriel García Márquez que el buen novelista John Hersey escribió un reportaje sobre la ciudad de Hiroshima devastada por la bomba atómica, y es un relato tan apasionante que parece una novela. Entretanto, Daniel Defoe, que era también un gran periodista, escribió una novela sobre la ciudad de Londres devastada por la peste, y es un relato tan sobrecogedor que parece un reportaje (García Márquez, 1990).

Grande y polémico escarceo han levantado el impúdico coqueteo del plebeyo y la doña, periodismo y literatura; señaladas sus diferencias de clase: modalidades de trabajo y de técnica, estilo y función, perspectiva temporal o nivel de realidad. Tal hibridación, basada no tanto en las diferencias como en las afinidades, no es un fenómeno nuevo, por supuesto; mas solo ahora empezamos a reflexionar sobre ello y a crear concientemente desde ese baluarte.

Según la definición enciclopédica, el término literatura –excluyendo la científica– designa un acto peculiar de la comunicación humana, definido como arte cuyas manifestaciones son las obras literarias de un país, una época, estilo o movimiento; expresadas con palabras escritas, o bien de manera oral; con valor estético en sí mismas, que las hace trascendentes, apreciables, valorables o medibles por críticos y lectores no solo en su época, sino en cualquier momento.

En general, para que un texto tenga valor literario debe reunir las siguientes características: intención del autor en realizar una creación estética; uso de un lenguaje literario, aunque no recargado de figuras retóricas o de vocablos cultos y poéticos; validez universal; destinada a gustar, a proporcionar un placer estético por encima de consuelo, alegría, formación o información.Información, en particular la noticiosa, verídica, codificada en géneros y difundida por medios de comunicación social, es periodismo: tipo de literatura más utilitaria, menos elaborada en algunos de sus géneros; formación estilística de trabajo abierta, “pluriestilística”, por cuanto se alimenta de préstamos de la oralidad y del lenguaje tecnocrático y administrativo, y otras manifestaciones sociales y económicas, con las cuales cumple su esencial función informativa.

La estilización del híbrido que resulta de esa mezcla de lenguajes procura la claridad, la concisión y una estructura interesante capaz de seducir al receptor, tentándole la atención, la curiosidad, donde termina el alcance de su aparato técnico-estilístico (Sexto, 2006).De modo que ambas categorías buscan, como fin supremo, captar el interés del lector, gustar, comunicar; aunque con diferentes propósitos: la literatura enfatizando en lo estético, el periodismo en lo informativo. Ejercen, pues, funciones similares (informativas, educativas, gnoseológicas, cognoscitivas); pero las funciones primordiales los separan.

La estética caracteriza a la literatura, formación estilística de arte, y seguidamente las demás; al periodismo, formación estilística de trabajo, lo distingue la función que comunica el acontecer de actualidad, condicionado por factores como la brevedad y rapidez. La función informativa periodística es efímera, muere con el crepúsculo; la función estético literaria trasciende en el tiempo (Sexto, 2006).

En su Poética, lo dicho sobre el historiador y el poeta por Aristóteles, es aplicable, en ese orden, al periodista y al escritor: el primero escribe la cosa que ha sido, y el segundo la clase de cosa que podría ser. “Todo escritor que crea, es un mentiroso”, dijo Juan Rulfo: “la literatura es mentira pero de esa mentira sale una recreación de la realidad” (Rulfo, citado por Padrón, 2004: 42). E

l periodista ha de reconstruir la “realidad real” de manera veraz; mientras el escritor puede inventar una “realidad de ficción”, siempre y cuando sea verosímil. Sin embargo, hay recursos intercambiables, aunque la norma tiene injusticias de ambos lados. “En periodismo un solo dato falso desvirtúa sin remedio a los otros datos verídicos”, advierte García Márquez.

“En la ficción, en cambio, un solo dato real bien usado puede volver verídicas a las criaturas más fantásticas (…) en periodismo hay que apegarse a la verdad aunque nadie la crea, y en cambio en literatura se puede inventar todo, siempre que el autor sea capaz de hacerlo creer como si fuera cierto” (García Márquez, 1990: 368, 369).Hemos hecho un distingo entre periodista y escritor, aun cuando para Alejo Carpentier tal no es posible, pues ambas funciones se integran en una misma personalidad, sin que los oficios sean iguales.

“El periodista trabaja sobre la materia activa, cotidiana”, señala. “El novelista la contempla en la distancia con la necesaria perspectiva, como un acontecer cumplido y terminado” (Carpentier, 2004: 6).   “El periodismo es síntesis”, ha dicho Marta Rojas; “la literatura no”. En efecto, apremiado por la inmediatez noticiosa y constreñido por la brevedad espacial del periódico, el periodista adopta un “estilo elíptico”, jerarquizando los acontecimientos en “pirámide invertida”; respondiendo desde el “lead”, también en orden decreciente de importancia, las clásicas preguntas de Quintiliano: qué, quién, cuándo, dónde, cómo y por qué. El novelista, en cambio, tiene un “estilo analítico” y usa técnicas narrativas, como los puntos de vista espacial, temporal y del nivel de realidad, el monólogo interior, las mudas, el salto cualitativo, los vasos comunicantes, la caja china, el dato escondido, etc.

Con todo, refuta Carpentier que ese estilo elíptico sea perjudicial al escritor, pues la práctica periodística constituye una maravillosa escuela de flexibilidad y entendimiento del mundo. Casi todos los grandes escritores, novelistas, historiadores –recuerda–, que vivieron desde comienzos del siglo XIX, fueron también admirables periodistas: Víctor Hugo, Emilio Zola, Anatole France, Mariano José de Larra, Marcel Proust, Marx y Lenin, John Reed, José Martí... Reportajes de Julius Fucik, Norman Mailer, Truman Capote o García Márquez, aún se estudian bajo la etiqueta de literatura, por el viejo prejuicio de no considerar dentro de los géneros del periodismo, tenidos como “menores”, textos de autores clásicos o famosos.

Hay géneros literarios que pueden ser acomodados al periodismo actual, como mismo algunas maneras de hacer periodismo han invadido a la literatura, enriqueciéndose ambos.En Cuba algunos géneros, sobre todo el reportaje y la crónica, se han erigido en una línea de demarcación invisible, en los dominios inciertos del llamado periodismo literario: periodismo que solicita el aporte de la literatura, aprovecha recursos poéticos y narrativos, deviniendo categoría estética (Sexto, 2006); “el que no solo refiere la peripecia histórica, la coyuntura accidental, sino aquel cuyo texto se arraiga en un medio ambiente para expresar toda una circunstancia social y quienes la han vivido” (según Lisandro Otero, citado por Rodríguez Betancourt, Miriam, 2005: 91).

Pues como mismo los novelistas han echado mano a recursos periodísticos para hacer verosímiles sus ficciones, los periodistas han aprovechado recursos técnicos y de estilo propios de la literatura, para contar una historia cual si fuera un cuento o una novela, conquistando el corazón de los lectores en una dimensión más duradera e influyente, semejantes a aquellos herejes del Nuevo Periodismo norteamericano en los años sesenta. Sea todo por un mejor periodismo, no solo informativo por antonomasia, sino también más poético.

En realidad, el llamado periodismo literario ha sido privativo de unos pocos creadores; pero si bien se ha dicho que necesita una afilada dote de aptitud y valor personales, hoy por hoy deviene norma, dada la competencia de medios más dinámicos que la prensa plana. Convocada a enriquecer la noticia valiéndose del análisis y la profundidad de las informaciones, combinando con armonía lo agradable con lo útil, al menos desde la perspectiva de un semanario de provincia, el obstáculo principal para consumar tales pretenciones no es tanto la inmediatez, sino la limitación del espacio.

Se pueden argüir asimismo otras objeciones. Cuando el ejercicio del periodismo es empleo y no vocación, difícilmente hay una vigorosa voluntad de estilo. Pero aun para quienes pugnen por trascender dentro del orden normativo periodístico y la política editorial del órgano de prensa, la masividad del destinatario supone una estandarización del lenguaje, en detrimento de la creación de un estilo personal. Aunque también son ciertos los progresos en la elevación del nivel cultural de nuestro pueblo; progresos de que la propia prensa ha sido constante artífice.

El resultado, en fin, ha sido más bien pobre en cantidad: apenas se han recogido en unos libritos un puñado de crónicas, y muy pocos reportajes han devenido libros.  Luis Sexto opina, sin embargo, que la práctica de la narración literaria y el empleo estético del lenguaje, como alternativas periodísticas, pueden adaptarse al espacio. Agotada hasta sus máximas posibilidades o adecuada al mínimo espacio disponible, enriquecen el reportaje, la entrevista, el artículo y la crónica incorporándoles un toque de vigor, realce y vigencia (Sexto, 2006: 12). Y agrega: “Lo más grave, sin embargo, es creer que uno nunca podrá saltar la barda, o que no es necesario emprender el vuelo. Lo otro, la duda, es tan solo el instante previo a la carrera de despegue”.

Bibliografía: 

Carpentier, Alejo (2004). El periodista, un cronista de su tiempo, Editorial Letras Cubanas.

García Márquez, Gabriel (1990). La soledad de América Latina. Escritos sobre arte y literatura, 1948-1984, Selección y prólogo de Víctor Rodríguez Núñez, Editorial Arte y Literatura.Heras León, Eduardo (compilador) (2001). Los desafíos de la ficción (técnicas narrativas), Editorial Abril.Padrón, Juan Nicolás (2004). Los géneros literarios y periodísticos, Editorial de Universidad Autónoma de Nayarit.  Rodríguez Betancourt, Miriam (2005). Tendencias del periodismo contemporáneo  (Selección de lecturas), Editorial Pablo de la Torriente.  Sexto, Luis (2006). Periodismo y literatura, el arte de las alianzas, Editorial Pablo de la Torriente.Wolf, Tom (2005). El nuevo periodismo, Editorial Pablo de la Torriente.   

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Sepultado el destacado periodista Juan Emilio Friguls

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(En la foto Juan Emilio Friguls ocupa el primer plano)

Fue sepultado el miércoles 8 de agosto, en Ciudad Habana el destacado periodista Juan Emilio Friguls, quien nos deja una fecunda trayectoria en el ejercicio del periodismo.

Frente a la Capilla de los Catalanes, Guillermo Pavón, vicepresidente para la radio del Instituto Cubano de la Radio y la Televisión (ICRT), destacó que el profesional encarnó a la genialidad como virtud y elogió su vida plena dedicada al periodismo, su proverbial jovialidad, generosidad y nobleza.

Friguls nació el 3 de agosto de1919, se inició en el periodismo en 1945 y desde entonces laboró en diversos medios, incluyendo Radio Reloj emisora donde se mantuvo activo hasta el último momento de su vida.

Trabajó en Información, luego en Bohemia, fue corresponsal en Cuba de la National Catholic Welfare Conferencia de Washington, redactor del Diario de la Marina y reportero de Unión Radio.

Entre otras condecoraciones Friguls poseía la medalla Alejo Carpentier y la Distinción por la Cultura Nacional. También fue acreedor a los premios nacionales de periodismo José Martí y de la Radio.

Juan Emilio fue decano del Colegio Provincial de Periodistas entre 1959 y 1960.

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Dádiva para un colega octogenario

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Esta constituye la respuesta de las entonces alumnas de Periodismo Dailyn Ruano Martínez y Sandra Cristina Hernández Gutiérrez, de cuya tesis fui tutora, a una de las preguntas de la oponencia que le hiciera a su Trabajo de Diploma Noticias de un Alerta, la Dra. Miriam Rodríguez Betancourt. Hoy la reproduzco en mi weblog por la vigencia del tema que cobra vida en las actuales Reflexiones de Fidel Castro.

 

El sabor insaciable de quien investiga y descubre aspectos novedosos y otros no tanto, pero sí enriquecedores de la historia del líder de la Revolución Cubana, nos hizo eternas devotas de su personalidad.

 

Y en el afán por desempolvar huellas, vestigios de la presencia de Fidel Castro en el Periodismo, hallamos infinitos motivos para reconocer la significación que otorgó siempre a la prensa para alcanzar el triunfo del Primero de Enero. La visión periodística del  —en aquel entonces— joven revolucionario, lo distinguía al decir del ya fallecido camarada Jesús Montané Oropeza:

 

“Quiero subrayar que encontramos en Fidel a un compañero que sabía apreciar en todo su alcance el papel de la prensa y la movilización de la opinión pública. Él tenía mucho más experiencia que todos nosotros en este terreno (…)”

 

Nos inquieta entonces, la curiosidad de quien pregunta, ¿qué aportes hubiera hecho Fidel Castro Ruz periodista a la prensa cubana revolucionaria luego de 1959? 

 

Ante todo, dejamos definido que se trata de un líder político que se vale de esta trinchera para denunciar los desmanes, la corrupción, la injusticia social y la opresión del desgobierno en la Cuba de los años 50.   

 

Sin embargo, no podemos deslindar el periodismo de la política al punto de caer en disquisiciones. El propio Comandante en Jefe, en varias de sus intervenciones durante el VII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba celebrado en marzo de 1999, se refirió a ello aunque desde otro ángulo: los estudios universitarios de Periodismo.

 El periodismo, dijo, “es una carrera política y eso no se puede perder de vista en toda su formación. Esta carrera podrá estar en la Universidad, pero es una carrera política”.

Desde esta definición, pudiéramos dejar sentado la meridianidad del concepto fidelista sobre la misión social, y la función política e ideológica del periodismo, desde la cual asumirlo y ejercerlo constituye una gran responsabilidad y un serio compromiso.

 

Confesamos que imaginar a un Fidel periodista no nos resulta difícil porque tal vez, hubiera constituido un paradigma del que estamos muy necesitados. Eso sí, la respuesta debe fundamentarse desde presupuestos nada soñadores. Está basado sobre argumentos que el propio político ha expuesto a lo largo del decursar en la historia de la nación y de modo particular en sus numerosos intercambios con los periodistas y demás profesionales del sector en Congresos, plenos de la UPEC y en festivales de la prensa.

 En cada momento ha expresado su satisfacción por la profesión Periodista. Así aconteció durante el VII Congreso de la UPEC: “Me gusta mucho el oficio, de verdad…Ténganme por uno de ustedes”

El primero de enero de 1959 abrió paso a transformaciones profundas en las esferas de la educación, la cultura, la salud, la economía, entre otras, marcadas por el afán de hacer realidad los proyectos de José Martì de crear una República democrática  “Con todos y para el bien de todos”.

 

El país se adentraba en grandes y profundos cambios y transformaciones políticas donde el periodismo desempeñaba un papel esencial. Se trataba de defender la verdad contra el ataque desinformativo desatado por la maquinaria imperialista. En medio de la Revolución se gestaba la contrarrevolución y parafraseando a Fidel “Contra la Revolución, nada”. Había que salvar a toda costa la sociedad nueva, los nuevos valores y los nuevos principios. Por eso también, no resulta descabellado imaginarnos la pluma de Fidel Castro. De punto fino, pero de trazo firme.

 

Si bien fueron ciertas y muy valiosas en los primeros años, las  comparecencias del político en la televisión, reproducidas por otros medios de prensa, habría que preguntarse, -lógicamente, salvando la distancia- ¿no se hubiera comportado de manera similar desde un periódico, desde la radio o a través de la imagen con la misma habilidad de un periodista?

 

Como profesional de la palabra escrita, Fidel hubiera cumplido con excelencia la labor de un colega en lo que atañe a la formación y concientizaciòn de las masas, a la orientación de amplios sectores de la población ante la creciente complejidad de los procesos y tendencias sociales y políticas imperantes en aquel entonces.

 

A través del ejercicio de la opinión, hubiera posibilitado a las grandes masas la mejor comprensión de los fenómenos abordados en su amplio y exacto contexto, pues para nadie es extraño su valentía y objetividad analítica al enfrentar abiertamente los problemas, los errores, las dificultades.

 

Como corresponde a un periodismo de su tiempo, está capacitado para juzgar, enseñar, persuadir e interpretar, lo que sin duda es inherente y coherente con la madurez de pensamiento y capacidad de acción, que poseía al cabo de la tercera década de vida.

 

Con el triunfo de la Revolución, Fidel ratificaría la prensa como tribuna  para denunciar las inconsecuencias, los abusos de poder, la corrupción administrativa, las desigualdades y otros males que no por estar en Revolución dejaron de estar presente.

 

Sin duda es Fidel uno de los políticos mas universales por su cultura, su dominio de las estadísticas de todo tipo, de las intríngulis de la política y la economía mundiales, por su dominio  profundo del Derecho y  de las leyes  constitucionales.  Lo cual le hubiera proporcionado sin mayores contratiempos, el ejercicio de un periodismo crítico, analítico y creador; exigencias planteadas en ocasiones como, por ejemplo en 1979, durante el IX Pleno del Comité Central del Partido.

 Su visión del futuro, y otras cualidades de su personalidad, afines, imprescindibles para el ejercicio del buen periodismo, hubieran constituido un gran aporte a la prensa revolucionaria.  

Fidel como periodista de investigación, con su aptitud previsora, su sentido de la estrategia devenida capacidad para valorar determinada situación, como lo hace hoy desde las páginas de Granma con seriadas reflexiones, le interesarían el qué, los cómo, los cuándo, los dónde, los por qué y los para qué de los hechos, y sobre todo, los testimonios, las historias de la gente.

 

¿Cuántos fenómenos y sus consecuencias, hubiera podido advertir,   alertar desde una máquina de escribir, una página, un micrófono o desde la imagen? Gracias a esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas, ejercida no por dotes de iluminación, sino como resultado del raciocinio.

 

Como todo buen periodista debe dominar el arte de preguntar, Fidel Castro es todo un experto en ese sentido. Su táctica maestra en indagar sobre elementos que domina para confirmar sus datos, y quienes lo conocen, saben que para él las respuestas tienen que ser exactas.

 

Otro aporte al periodismo revolucionario sería lo que reafirma  Gabriel García Márquez al enunciar que todo periodismo debe ser investigativo por definición, algo que urge en nuestras redacciones, que tanto aclama la prensa cubana y que por desgracia no abunda en nuestros medios de comunicación.

 

Fidel, investigador nato, a quien ninguna verdad le es aceptada de antemano, al decir del director de Le Monde Diplomatic Ignacio Ramonet, busca la raíz de los problemas, no se conforma con escasas fuentes, asume lo que dice con pasión, pero también con seguridad. Y como el Nóbel de Literatura Colombiano afirma en El Fidel Castro que yo conozco, “el mayor estímulo de su vida es la emoción al riesgo, al desafío, al reto.”

 

La búsqueda y el reflejo constante de la verdad, esa que a veces es adornada y ocultada por el periodismo inconsecuente, sería motivo que enrumbaría su pluma.

 

Imaginamos a Fidel como un periodista intranquilo, caminando a grandes zancadas de un lado a otro, incansable, enamorado de su profesión, dispuesto a promover la polémica, el debate cotidiano, limpio, libre de máscaras, dobleces, hipocresías, oportunismo.

 

Y para lo que muchos sería un defecto, lo imaginamos además irreverente, contestatario,  pero respetuoso y caballeroso. Quizás sea un Fidel periodista muy idealizado, pero es el que imaginamos.

 

Lo demás lo pudiera determinar el curso de la historia, y los que ojalá estudiaran la obra periodística del Comandante en Jefe, las huellas no abundantes, pero si esenciales en el periodismo cubano, porque ejemplos de políticos y estadistas que tomaron la pluma y la prensa como tribuna, abundan: Martí y Lenin, por sólo citar dos grandes exponentes.

 

Quizás, si quisiéramos continuar citando supuestos aportes de Fidel al periodismo revolucionario, ¿no sería mejor echar el tiempo atrás y luego preguntarle a la historia? Pensamos que no son reflexiones erradas sino válidas desde nuestra mirada de recién egresadas.

 

Quedarían muchos supuestos, y algunos defectos, que como todo ser humano, los tiene. También otras lagunas teóricas y técnicas de los lenguajes del periodismo. Porque en definitiva, y para suerte nuestra, Fidel es un político, un estadista habitado por el periodismo y un empírico periodista marcado por la política.

 Hemos imaginado a un colega, ya anciano, pero de mente ágil y corazón joven; al protagonista de un proceso sin antecedentes en las biografías de las revoluciones, al cual ofrecemos en su onomástico el mejor regalo: el serio compromiso de ejercer dada nuestra capacidad y esfuerzo el periodismo que necesita y exige hoy la humanidad. Bibliografía:García, G., (2006) “El Fidel Castro que yo conozco” en Red de Prensa No Alineados     [En línea] Francia, disponible en http://www.voltairenet.org/article142900.html, [Accesado el día 4 deabril de 2007] Montané, J., (1984) “Conferencia pronunciada en la escuela de Periodismo, Universidad de La Habana”, en Revista UPEC, mayo-junio 1984. Ramonet, I., (2006) Cien horas con Fidel, Conversaciones con Ignacio Ramonet. Segunda edición, revisada y enriquecida con nuevos datos La Habana Oficina de publicaciones del Consejo de Estado. 

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Vanguardia, del paso de la pulgada al Viaje a la Semilla

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Por Mercedes Rodríguez García 

La venida al mundo resultaba inevitable, urgente y necesaria políticamente. Del inicio a la corporeidad se sabe que la nueva célula fundía materiales genéticos patriarcales diversos, aunque resulta desconocido el tiempo exacto de gestación.  

Pero lo más difícil y trabajoso fue el parto de aquella criatura de papel y tinta que arrancaba de la madre quejidos metálicos, fragosos, venidos de engranajes ya lubricados para el acto natal: Uno, dos, tres: ¡Clic, clic, clic!... ¡Nada! … !Puja, rotativa, puja! 

Manos poco asépticas, ungidas de aceites y chamusquina hacían lo indeseable para que asomara una sola pulgada, una mínima pulgada de aquel crío bautizado dos veces, pero inscrito definitivamente como Vanguardia, nombre que le venía  bien por aquello de que va adelante del cuerpo principal; por lo de avanzada o punto más avanzado de la primera posición.  

Desde aquel 8 de agosto de 1962 se celebran los cumpleaños, según las circunstancias, momentos, recursos, gentes y dirigentes. Pitos, matracas, globos de colores, músicos, artistas, dulces, bocaditos, refresco, ron, cerveza, excursiones, homenajes, talleres, simposios, concursos, ferias, visitas, intercambio con lectores, barrio debates, festivales… ¡Vaya a usted a saber! Y ¿paradójico, eh? Poco o nada ha quedado registrado en imágenes. «En casa del herrero cuchillo de palo», pensarán algunos.  

Sin embargo, cuánta historia registrada en las memorias de quienes sobreviven —pasaditos de años—  la inexorable marcha del calendario llevando junto con arrugas, calvicie, canas, torceduras ortopédicas o achaques cardíacos, respiratorios o circulatorios, las anécdotas de aquel «cualquier tiempo pasado». ¿Mejor? Tal vez  porque entonces el cuerpo y la mente respondían con la luz y la furia de un relámpago. ¿Peor? Claro, porque la nostalgia, en lugar de entonar los ánimos, quiebra el espíritu y aplasta la alegría.Y también historia en nuestros muertos lejanos o cercanos, en los que partieron de pronto, por falta de planificación,  y en los que dieron señales previas, por demasiado organizados.  

¿Y la de los que llegaron ayer, como se dice? ¿Y la de quienes apenas rondan la treintena? ¿Y la de que ya pasaron la fecha límite de jubilación y no quieren dar su brazo a torcer porque todavía se sienten aptos para el combate incuestionable del periodismo revolucionario? ¿Y la del indispensable relevo por llegar? 

A lo largo de su vida Vanguardia, ha devenido fusión de códigos genéticos; un ser con proyección, siempre con un programa nuevo de por medio encaminado al desarrollo paulatino. Su genoma original (no repetido) contempla lo material y lo humano, lo tecnológico y lo científico.  De cambio en cambio —directores y logotipos incluidos— Vanguardia mantiene su esencia, principios y razones. De ahí que, al decir de Juan Carlos Díaz Gómez, Jefe del Departamento Ideológico del Comité Provincial del Partido, se haya «ganado el respeto y la consideración de los villaclareños» que anhelan  «la llegada de los sábados para disfrutar comentarios, críticas, reportajes, noticias, realidades escritas o gráficas, serias, muy serias o graciosas, que agradecemos porque informan y ayudan a conducir, a transformar lo malo y generalizar lo bueno.» 

Igualmente, como inquiriera Díaz Gómez la tarde del miércoles 8 en que decidimos realizar nuestro acto central por el 45 aniversario,  debemos preguntarnos y respondernos a la altura de tantos méritos y premios conseguidos: « ¿Conformes con la obra construida? No. ¿Dispuestos a seguir en combate? Sí. ¿Cómo? Interpretando, materializando, defendiendo con realizaciones concretas la política informativa aprobada por el Buró Político.» Con aquellos mismos y otros pasos más pensados y reflexivos, marchamos. Con igual o parecida necesidad del dichoso advenimiento de Vanguardia, existimos… 

Era entonces un verano menos caluroso pero tan candente y convulso como este. En lo internacional y en lo nacional, el rol de la prensa sigue siendo social,  inevitable, urgente y necesario. Del paso de la pulgada continuaremos hablando porque en los orígenes, en las raíces —al modo de Alejo Carpentier— yace lo inesperado, cálido y colorista, lleno de pequeños matices y de grandes descubrimientos.  

Veo a Vanguardia en sus 45 años  como  El viaje a la semilla, como el  relato más fabuloso del escritor y periodista. Un recorrido a los orígenes, un camino de ida y vuelta por el laberinto de las palabras a través de la vida. Un viaje hacia dentro, hacia la simiente de la que un buen día germinamos, y a la que, a contrapelo de  la tesis del insigne Carpentier, regresaremos para recordar… ¡y crecer, crecer, crecer…!  Juntos todos para constituirnos en uno: fuerte, robusto, saludable; bandera y escudo, ara y nunca pedestal.

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La página de MercyLaTecla,
desde el centro de Cuba.
Una mujer que desde hace
mucho decidió sus destinos
por el periodismo y el magisterio,
y aún sigue apostando por ambos.


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