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LA TECLA CON CAFÉ

Cafetal adentro

Oriana, a pesar de todo...

Oriana, a pesar de todo...

Por Mercedes Rodríguez García 

Murió Oriana Fallaci, la reina de la entrevista. Esa especie de Diosa irreverente que solo creía en sí misma. Mi profesora a distancia. Amada, pero odiada mucho más desde que las Torres Gemelas cayeron ¿inexplicablemente? y ella sintió el estruendo desde su mansión en Manhatan sin opinar nada. A pocos kilómetros del World Trade Center, debió ver el humo y olfatear la carne y los huesos chamuscados. 

¡Qué lástima de muerte! Desde que supe que odiaba a los musulmanes y eras más norteamericana que italiana, entendí su posición en los años 70, el hijo que no le hicieron en Grecia ni pudo concebir en otra parte. Oriana descansa en la paz del Periodismo de altos quilates. Por él la conocí, la imité, y aprendí a respetarla porque se enfrentaba a puro guante con reyes y mandatarios. Su «Encuentro con la Historia» sigue con al fondo una lápida o bajo tierra en el el mas cierto y largo camino hacia la fama peremne.

He aquí la noticia que, de seguro, me conmovió:  Roma, 15 sep (PL) La periodista italiana Oriana Fallaci, quien se abrió paso en la profesión a fuerza de audacia, talento y una estela polémica, murió en su Florencia natal, a los 77 años, víctima de cáncer.Su deceso ocurrió la víspera en una clínica privada donde permanecía ingresada en los últimos días.Ex corresponsal de guerra en los años 60 y 70 del siglo pasado, Fallaci entrevistó a los más importantes personajes de esa época, entre ellos Yasser Arafat, Indira Ghandi, Mao Tse Tung, Robert Kennedy y Henry Kissinger. Su retrato de este último fue particularmente ácido, al punto de ponerlo en ridículo. Kissinger reaccionó airadamente.Sagaz entrevistadora, a menudo se aseguraba que, una vez transcritos los diálogos con sus entrevistados, reacomodaba a su gusto las preguntas para ajustarlas a las respuestas. Las manipulaba, afirmaban algunos.De todas formas, en ellas emergía su poderoso arsenal técnico, su estilo brillante, indagador, ágil. A veces no ocultaba sus simpatías hacia el personaje sometido a diálogo, como fue el caso de Indira Ghandi. Si bien comenzó declarándose a favor de las corrientes de izquierda, en los últimos tiempos dio un giro a la derecha. Fallaci comenzó a ejercer el periodismo a los 17 años en el diario Il Corriere della Sera y viajó, como enviada especial, por el mundo entero. Logró imponerse a fondo en un campo en esa época dominado por los hombres.  Entre sus best-sellers se incluyen su libro Entrevista con la historia, un clásico del género, cuya lectura recomiendan como material de estudio muchas escuelas de periodismo. Tuvo numerosos romances y amores apasionados como el sostenido con un miembro de la resistencia contra el régimen griego de los coroneles, Alekos Panagoulis, de quien se enamoró tras entrevistarlo en los años 70. Sus reportajes han ayudado a generaciones enteras a conocer el mundo y entender la historia, dijo el alcalde de Roma, Walter Veltroni, al lamentar su deceso. Aunque no compartíamos las mismas ideas, hay que reconocerle su coraje intelectual y sinceridad humana. Era una interlocutora con la que se podía discutir siempre de manera franca, declaró el secretario del partido Democráticos de Izquierda, Piero Farsi.

Errol Flynn con Castro en la Sierra Maestra

Errol Flynn con Castro en la Sierra Maestra

Por Mercedes Rodríguez García

Cuentan que los rebeldes lo invitaron a continuar con ellos toda la marcha triunfal hasta La Habana, dado su Interés en conocer la ciudad liberada por el Che. Pero Santa Clara le quedaba muy lejos y eso retardaría su regreso a los estados Unidos. Así que Errol Flynn —como algunos creían—, no estuvo el 6 de enero de 1959 en la capital villaclareña.

Eso sí, luego de permanecer cinco días con Fidel en la Sierra Maestra, entró a Santiago de Cuba junto con los barbudos victoriosos. De ello el conocido actor de cine norteamericano dejó constancia en un relato personal que tituló «Castro y yo» y que apareció en la revista Bohemia, meses más tarde. 

Con estilo recio y jocoso el también periodista nacido en Irlanda, narró sus experiencias. Ha escrito un voluminosos cuaderno y las agencias noticiosas de todo el mundo especularon sobre la «aventura» real del Capitán Blood en el escenario de una verdadera revolución. 

Hacia las montañas

Durante varias semanas Flynn esperó en el Hotel Nacional. Mientras amigos de él y de Fidel Castro arreglaban el encuentro, visitó a Batista en su residencia de la finca Kukines. «Pude ver al tirano —escribe— bien ligerito de ropas y envuelto en una tohalla resbaladiza», aunque esperaba le que lo recibiera «enmedallado en su uniforme.» 

Fue el 23 de diciembre de 1958 cuando le dieron las instrucciones precisas para viajar a Oriente. Con su inseparable maletín de cuero repleto de vodka, naranjas y mandarinas, sale Errol, la mañana del 24, hacia el aeropuerto habanero. Ese mismo día llega a Camagüey, donde le espera un contacto. La ciudad de los tinajones está sitiada y los rebeldes dominan el acceso a esta. El 25 por la tarde lo recoge una avioneta Cessna, plateada y roja.

«Pronto estuvimos en el aire —apunta—, con un piloto silencioso, sobrepasando cordilleras y montañas [...] tenía un revólver a su lado y me dijo: ΄Está cargado y con una bala en el directo; es para mí en caso de caer prisionero΄»   Apenas dos horas después de dejar al actor en territorio libre, el conductor del aeroplano cae prisionero. Una ametralladora de mano lo hizo pedazos, agujereándole el cuerpo de arriba abajo. 

Los guardias batistianos esperaban el regreso de Flynn, que viajaban al interior del país con el pretexto de buscar locaciones para el rodaje de una película. «En realidad —refiere—, esto era cierto en parte porque yo originalmente había pensado en entrevistarme con Castro con vistas a un filme sobre él y su Movimiento.»

¿Le llamo señor o comandante? 

El 27 de diciembre se encuentran. «Castro estaba sentado en una cama. No pude distinguirle la cara muy bien. Se le enmarcaba la barba y estaba ocupado: tenía los oídos pegados a la pequeña bocina de un receptor de radio. Sobre una mesa, a menos de medio metro de él, un revólver belga, un arma de pavoroso aspecto», escribe. Un intérprete los ayuda en la conversación:

 ¿Debo llamarle Comandante, señor Castro o qué?

 Llámeme como todo el mundo me llama, Fidel. Tiene libertad de hacer lo que quiera hable con quien lo desee, tome todas las fotos que le venga en gana...

¿Puedo tomar su fotografía...?

La mía, la de mi secretaria, la de todo el mundo. Tiene usted completa libertad de prensa. En un limitado español Flynn pregunta a Fidel si tiene algún inconveniente en que, de cuando en cuan do, se toque con un trago de ron cubano.

«No objetó —relata—, pero en lo que a él respecta no gusta de licores de ninguna especie. Deduje, por la forma en expuso sus objeciones, que estaba tratando de darme a entender que padecía, en verdad, de alergia al alcohol. Entonces le dije: Yo padezco lo mismo, pero gracias a mi gran disciplina he logrado vencer esa alergia.» 

De recorrido con Fidel

En un jeep se mueven por caminos poco confortables. «este remolino con Castro —expresa—, fue de los varios recorridos que hice por las poblaciones vecinas, visitando lugares liberados [...] Creo que la gente lo conocerá, a la gente les alegrará saber que alguien en los estados Unidos, a quien tal vez han visto en la pantalla, se interesa bastante para venir de tan lejos a verlos, me dijo Fidel. Creí que yo le cansaría cuando en realidad fue él quien por poco me desencuaderna durante varios días de viaje por aquellos caminos polvorientos.» 

Esto se está poniendo peliagudo

A Errol y a su fotógrafo lo despiertan de modo precipitado. El tirado ha huido. Los rebeldes entrarán pronto a Santiago. Es muy peligro, le advierten. Pero de todas formas llega el 1ro. de enero; el 2, se combate en la ciudad. En las mañanas del 3 y el 4, inquieta la frecuencia del tiroteo. «Hay que irse, esto se está poniendo peliagudo», saca el actor sus propias conclusiones. Ambos son los únicos huéspedes del hotel Casa Granda. El panorama resultaba poco agradable, y distaba mucho de la escenificación de un combate planeado por Mike Curtiz.

Flynn tomaba notas constantemente. «Era el único corresponsal de guerra norteamericano con Castro y a ningún otro de los estados Unidos le permitían estar con él», confiesa en su reportaje. Tenía Errol en su poder una valiosa información si se apresuraba a dársela a los periódicos.. ¡Pero no existía comunicación con La Habana! La aventura del gran «fanfarrón de Hollywood» quedó para la historia, escrita de su puño y letra. Fue su «última payasada», como la concibieron algunos caricaturistas y editorialistas de entonces. «Lo cierto es —recalcó con orgullo— , que estuve muy cerca de Fidel durante cinco días». 

Eso no se lo perdonarían. A juzgar por el extenso relato que hace en la revista cubana, Errol Flynn quedó emocionado y marcado profundamente. Sin conseguir pasaje de regreso a la Capital cubana, con tres días de adelanto a todo el mundo en las noticias, con una rozadura de metralla en la pantorrilla, el famoso actor, valiéndose de su atractivo personal, sube a un avión que trajo desde Venezuela hasta Santiago de Cuba a un numeroso grupo de exiliados cubanos. 

Cuando Fidel llegó a Santa Clara, el 6 de enero de 1959, Errol Flynn ya descansaba en Nueva York... Al cabo de 10 meses, en manifiesto declive físico, dejaría de existir, a los 50 años de edad.

Bromista consigo mismo, Errol nunca soportó las irónicas bromas de los colegas y solumnistas norteamericanos, y mucho menos las relaciones con su estancia junto a los rebeldes en la Sierra Maestra. «Mucha gente dice que yo no fui a nada a Cuba. Se dejó entrever que yo me había batido en el Hotel Nacional, dirigiendo la Brigada de los Daiquiríes... y ello era una ofensa, algo que no podía admitir», declaró a la prensa de su país. http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/radar/9-232-2002-06-16.html     

Los expulsado del Nuevo Herald: nada nuevo bajo el sol

Los expulsado del Nuevo Herald: nada nuevo bajo el sol

Por Mercedes Rodríguez García. 

«Pablo Alfonso y Wilfredo Cancio  se ganaban la vida ofreciendo sus servicios profesionales a más de un medio de prensa», expresa en la edición digital de El Nuevo Herald de hoy, Jeannette Rivera-Lylesex reportera de ese diario y de The Miami Herald. La noticia pasó a la categoría de pan viejo. Sin embargo el show continúa y no dudo que tendrá segunda y terceras partes porque la lista de los  mercenarios de la pluma puede ampliarse, de acuerdo con ciertos pronósticos basados en denuncias que de manera reiterada hemos hechos periodistas cubanos. 

Pero tales manejos no nos asombran. Muy  semejantes los hubo con la prensa cubana antes de 1959.  Veamos lo que apunta Juan Marrero en su libro Dos siglos de periodismo en Cuba. «Los dueños de publicaciones se sentían agraviados, entre otras razones, porque la revolución había puesto fin al método de las subvenciones y dádivas que recibían los periódicos, lo cual en la época de la dictadura de Batista fue escandaloso», escribe.

La subvención gubernamental convertía, tanto a las empresas de medios de comunicación como a algunos periodistas cercanos a las direcciones, en parte de un engranaje publicitario-político que evitaba que la verdad llegase al pueblo. El propio Batista dictó una Resolución, que cito textualmente:

“Por cuanto: «La Dirección General de la Renta de Lotería, con la aprobación del Honorable Presidente de la República, dispone que de los fondos propios de dicha dirección se destine la cantidad de 125 mil pesos mensuales (a la par del dólar entonces) durante el presente ejercicio fiscal 1955-56, situándose esa suma por el Tesorero de la Lotería nacional en la Secretaría de la Presidencia, a fin de que se distribuyan en el presente mes de enero como contribución a la propaganda y publicidad de la política económica y social del gobierno» 

Todo ese dinero —relata Juan Marrero— era distribuido según la importancia de los medios y, como es lógico, según el énfasis que pusieran en exaltar “la obra revolucionaria del presidente Batista”. Pero también existía una lista en Palacio y las denominadas botellas (plazas que se cobraban pero que no se trabajaban). Esta nómica era la más voluminosa.

Por ejemplo: Diario de la Marina tenía 14 puestos en el Ministerio de Haci9enda, 14 en el de Comunicaciones, 19 en el de agricultura, 21 en obras Públicas y otros en Educación, Justicia, Banco Nacional y otras dependencias estatales. 

El 30 de enero de 1959 el periódico Revolución  hizo pública una lista en la cual aparecían directores y subdirectores de los principales medios de prensa, algunos de ellos conocidos periodistas como Joaquín Claret, Información, 24 mil pesos mensuales; Gastón Baquero, Diario de la Marina, 16 mil; Raúl Alfonso Gozne, El Mundo, 16 mil; Ramón Vasconcelos, Alerta, 17 mil; Alfredo Hornedo, El Crisol, 12 mil; Raúl Rivero, Diario Nacional, 10 mil; Cristóbal Díaz , Excelsior-El País, 20 mil; José López Vila boy, Mañana, 10 mil; Rolando Masferrer, Tiempo en Cuba, 10 mil; Octavio R. Costa y Francisco Valdés Gómez, Pueblo, 14 mil y Alberto Salas Amaro, Ataja, 12 mil. 

En la lista del dictador también aparecía Clara Park de Pessino, ciudadana norteamericana y directora del diario Havana Post, publicación en inglés que se editaba en La Habana. Según la lista Park de Pessino recibía 2 mil dólares mensuales. 

Y no escaparon periódicos provinciales y plumas tarifadas como Abril Dumois, director de Diario de Cuba, de Santiago de Cuba, que recibía por Palacio 6 mil pesos mensuales, y Nick Machado, director de La Correspondencia, de Cienfuegos, con 400 pesos. Otros como La República y El Imparcial, de Matanzas; El Camagüeyano, Pueblo de Santa Clara, Voz de Occidente, se conformaban con menos: entre mil y 2 mil. Estimo válida la defensa que Jeannette Rivera-Lyles hace de sus colegas.

En tal caso reconoce que «esos medios eran El Nuevo Herald, y TV y Radio Martí, estos dos últimos costeados por el gobierno de Estados Unidos», y seguidamente, cuestiona un artículo de Oscar Corral porque «sugiere una impropiedad de parte de Alfonso y de Cancio por trabajar para estos dos empleadores».http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/world/cuba/15494940.htm 

Mas lo cierto, el presidente y editor del The Miami Herald Media Co., Jesús Díaz Jr., apoyó la decisión del despido alegando que los pagos recibidos violaron «la sagrada confianza entre los periodistas y el público» 

«No creo que podamos garantizar la objetividad ni integridad si alguno de nuestros reporteros o reporteras reciben compensación monetaria de cualquier entidad que hayan cubierto, pero especialmente si se trata de una agencia de Gobierno», afirmó Díaz citado por el Miami Herald. 

Según el Miami Herald, los pagos fueron descubiertos en documentos obtenidos recientemente por The Miami Herald tras una solicitud, el 15 de agosto, amparada en la Ley de Libertad de Información. Expertos en ética propagandística consideraron que esos hechos debilitan la credibilidad de los periodistas para cubrir objetivamente las cuestiones políticas entre Estados Unidos y Cuba.

Como mismo lo hizo Rivera-Lyles dos expertos en ética comparan esto con el caso de Armstrong Williams en el 2005, cuando se reveló que el Gobierno de Bush le había pagado al prominente analista por promover su ley de reformas de educación en su programa de televisión transmitido de costa a costa.

«Es exactamente como si un reportero de negocios trabajara también a tiempo parcial como agente de relaciones públicas para una compañía local en sus horas extra, y que regresara a su periódico al día siguiente y escribiera sobre 'su compañía'», aseguró Jon Roosenraad, profesor de Periodismo de la Universidad de la Florida. 

En lo que fue calificado como una bravuconería, la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) que imponía sus criterios sobre Cuba en el Nuevo Herald, emplazó agresivamente al periódico a fines de junio, por haber publicado las acusaciones que hacía a la FNCA el señor José A. Llama, quien se considera estafado por esa organización, la cual declaró resultaba «altamente irresponsable que un órgano periodístico como el Nuevo Herald se haga eco de ellas.» http://www.granma.cu/espanol/2006/septiembre/vier8/expulsion-e.html            

Ellos no son mis compañeros, son mi familia

Ellos no son mis compañeros, son mi familia

 (Tomado de Granma digital) 

Cuando cumplieron 35 años, Fidel no quiso llamarlos compañeros, les dijo "MI FAMILIA".  Y no le falta razón a él que tiene del compañerismo un concepto tan profundo, que ha hecho una ligazón tan estrecha, muy difícil de separar, entre la hermandad y los principios.  En estos hombres y mujeres incorporados en todos los rincones del país se ha ido levantando un bastión de consagración, y de entrega hasta de sus propias vidas si fuese necesario, en las misiones de protección y seguridad de la Revolución y de sus principales dirigentes.  La Seguridad Personal nació como una necesidad desde los primeros días de la Sierra Maestra, como antes estuvo presente en las incontables batallas del movimiento revolucionario cubano.  Pero fue el 6 de septiembre de 1961, cuando se integró oficialmente este cuerpo de seguridad que sin descanso venía trabajando por frustrar la perversidad de tantos propósitos siniestros contra la vida de varios de los dirigentes de la Revolución, pero sobre todo para cuidar a Fidel, contra quien se han elaborado en estos años más de 600 planes de asesinato.  Cuando hoy Fidel se recupera aceleradamente y se vuelve a empinar como un recio Caguairán, a su lado están con toda fidelidad los hombres y mujeres de la Seguridad Personal que como él mismo dijo le "provocan una catarata de recuerdos".  

http://www.granma.co.cu/2006/09/06/nacional/artic06.html

  

Mensaje de Fidel al pueblo de Cuba

Mensaje de Fidel al pueblo de Cuba

Queridos compatriotas:

En días recientes se publicaron algunas imágenes fílmicas y varias fotos que sé agradaron mucho a nuestro pueblo. Algunos opinaron, con razón, que se me veía un poco delgado, como único elemento desfavorable. Me alegro mucho de que lo hayan percibido. Esto me permite enviarles varias fotos más recientes y, a la vez, informarles que en unos pocos días perdí 41 libras. Añado que hace muy poco me retiraron el último punto quirúrgico, después de 34 días de convalecencia. Ni un solo día, incluso los más difíciles desde el 26 de Julio, dejé de hacer un esfuerzo por subsanar las consecuencias políticas adversas de tan inesperado problema de salud. El resultado es que, para mi tranquilidad, avancé en varias cuestiones importantes. Puedo comunicarles que el libro Cien Horas con Fidel, de Ramonet, en el que revisaba en detalle cada respuesta mía los días en que me enfermé, está prácticamente concluido y pronto será publicado, como les prometí. No por ello he dejado de cumplir estrictamente mis deberes como paciente disciplinado.Puede afirmarse que el momento más crítico quedó atrás. Hoy me recupero a ritmo satisfactorio. En los próximos días estaré recibiendo a visitantes distinguidos; eso no significa que cada actividad vaya a estar en lo inmediato acompañada de imágenes fílmicas o fotográficas, aunque siempre se ofrecerán noticias de cada una de ellas. Todos debemos comprender que no es conveniente ofrecer sistemáticamente información, ni brindar imágenes sobre mi proceso de salud. Todos debemos comprender igualmente, con realismo, que el tiempo de una completa recuperación, quiérase o no, será prolongado. En este momento no tengo apuro alguno, y nadie debe apurarse. El país marcha bien y avanza. Hoy se inauguró el Curso Escolar con más estudiantes y perspectivas que en cualquier otro momento para nuestro país. ¡Qué maravilloso acontecimiento! Me falta sólo un detalle: pedirle a cada compatriota honesto, que sumados constituyen la inmensa mayoría del pueblo, no culpar a nadie por la discreción que, en aras de la seguridad de nuestra Patria y de nuestra Revolución, les he solicitado a todos. ¡Infinitas gracias! Fidel Castro Ruz. 

http://www.granma.co.cu/secciones/siempre_con_fidel/art-062.html

 http:/www.granma.co.cu/secciones/siempre con fidel/art-062.html

Carontes con chapa y sin barca

Carontes con chapa y sin barca

Por Mercedes Rodríguez García

Es solo en un punto de recogida. Pero como promedio, 78 vehículos esquivan diariamente la orden de Pare que, tablilla en mano, le hace el inspector popular de transporte ubicado a la parada de ómnibus frente al policlínico Marta Abreu, más conocido como el de La Riviera, en Santa Clara…Ni siquiera un guiño, un movimiento de la mano para indicarle que no pueden detenerse, que llevan otra dirección, que van pasados de hora. Entonces, la decepción, la desesperación y la rabia, se disparan en voces desde la cola:—¡Insensibles!—¡Ñoo, y no les hacen nada!—¡Hijito, compadécete!—¡Óigame, si ha pasado dos veces por aquí con la guagua vacía!A mí que no me hagan cuentos. Con relativa frecuencia —tanto más cuanto va extinguiéndose mi presupuesto mensual— acudo a esta alternativa de transportación que para los cubanos trasciende necesidad y gesto solidario por parte de quienes conducen carros estatales.En el susodicho punto, como en cualquier otro, ocurre de todo. Nómbrese indolencia, irresponsabilidad, falta de respeto, carencia de autoridad, infracciones, etc., cualesquiera de los términos se ajustan perfectamente al fenómeno, radique el fondo de la cuestión en uno u otro de los bandos, o sea, el de quienes ponen el orden (los llamados «amarillos») y el de quienes lo evaden. Urge, pues, divulgar periódica y sistemáticamente, de manera pública y por todas las vías y medios posibles, el nombre de los reincidentes, así como la matrícula y empresa a que pertenecen los vehículos que conducen.Porque, de que se toman medidas, ¿se toman? Al menos, existen. Desde la amonestación pública, separación del puesto de chofer durante seis meses o un año, hasta la separación definitiva y decomiso del vehículo, según la reiteración del desacato.Al Gobierno van a parar las listas, pero los choferes siguen cometiendo día tras día la misma indisciplina. Y Liborio, que no sabe de nombre si no de hechos, continúa protestando y sufriendo desde el lugar de espera, haya sol, lluvia o nieve. Sugiero que los especialistas realicen un nuevo estudio sobre la ubicación actual de los puntos de recogidas, sus condiciones y funcionalidad. Y los equipos de Opinión del Pueblo, se trasladen de vez en cuando hacia estos lugares. De seguro, los criterios, múltiples y diversos, encausarán soluciones, sobre todo en momentos de agudización del transporte público automotor.El de La Riviera vale como referente. ¿Y en los demás? Pregúntele a mis alumnos de primer año de Periodismo. Los otros días, para un trabajo extraclase, se dieron gusto escribiendo sus experiencias en la «botella». Comentarios pasaderos en la forma, pero muy valientes en su contenido y variados en referentes anecdóticos. De hecho viajar a diario en la ruta 3 hacia la Universidad, se convierte la más de las veces en un tormento, sobre todo cuando el tren universitario se atrasa o deja de salir por determinada razón. ¿Y el regreso? Peor que un viaje con Caronte.¿Que quién es Caronte? ¡No, amigos, no! Caronte no es el nombre de un chofer de empresa. Tampoco el de uno de esos choferes de la institución docente que entran y salen y salen y entran de la institución haciéndose los chivos locos.El que yo digo, personifica la oscuridad, lo tenebroso: Caronte, el barquero de la mitología griega, el que transportaba las almas de los muertos por la laguna Estigia hasta las puertas del mundo subterráneo. El viejo que admitía en su barca sólo a las almas de aquellos que habían recibido los ritos sepulcrales y cuyo paso había sido pagado con un óbolo colocado bajo la lengua del cadáver. Aquellos que no habían sido sepultados y a quienes Caronte no admitía en su barca, eran condenados a esperar junto a la laguna Estigia durante 100 años.No es mucha la diferencia, ¿verdad? Correremos la misma suerte aquellos que no tenemos un “óbulo” en los bolsillos? ¿Nos esperará igual condena en los puntos de recogida?Que no siga lloviendo sobre lo mojado. Porque a fuerza de reiterar, el tema cansa. Y más que la indolencia individual, irrita la indiferencia, la pasividad y la falta de voluntad generalizada que, como virus maligno, se extienden ¿irremediablemente? por pasillos, oficinas, cocinas, comedores, y por supuesto… por calles y carreteras donde los Carontes suman miles.   

 

Una marcha sonora y ardiente

Una marcha sonora y ardiente
El Himno Invasor tuvo la misión histórica de unir las generaciones de las guerras independentistas de 1868 y 1895. Enardecidos, dispuestos a morir por la Patria, nuestros mambises la entonaron como poderoso estímulo en las heroicas y memorables jornadas del Oriente hasta Las Villas, y alcanzaron en su estreno la importantísima victoria de Mal Tiempo. Hoy como nunca el Himno Invasor continúa siendo para los cubanos, una  página de señalada significación histórica.
Por Mercedes Rodríguez García
El día 15 de noviembre de 1895, el joven capitán de 25 años de edad, Enrique Loynaz del Castillo, convertido más tarde en General del Ejército Libertador Cubano, compone el glorioso Himno Invasor.  
Su letra no puede ser más patriótica; la melodía, altiva y enaltecedora. 
«En sí, constituye un llamado al combate, a la lucha por la soberanía y la independencia de la Patria, una convocatoria a la unidad del pueblo para defender con la vida si fuera preciso, las conquistas de la Revolución, para retomar las armas si alguien intentara colocarnos de nuevo el yugo opresor», expresa Digna Guerra Martínez, directora del Coro Nacional de Cuba, con quien contactamos como una de las personas más autorizadas para comentar acerca de esta pieza que, según sus propias palabras «todos nuestros niños y adolescente debieran entonar cada mañana, en cada escuela, porque se trata de un himno que marca las luchas de nuestro pueblo por su independencia desde el siglo XIX.» 
¿Total y plena vigencia, Digna?
—Exacto, tal y como entonces se lanzaron al campo de batalla nuestros mambises para defender la Patria, los cubanos de hoy  volveremos a reeditar cada uno de los combates, cada una de aquellas épicas y gloriosas hazañas para defender esta Revolución que nos hizo hombres y mujeres dignos, plenos, educados y cultos. Y no permitiremos jamás injerencias, manos, ni traidores que quieran apoderarse de Cuba.
—La música resulta más conocida y familiar que el texto. Han existido diferentes versiones. Tengo entendido que la última, para coro y orquesta, la realizó el maestro Ney Milanés Gálvez, director de la Banda del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. 
—Sí, la interpretamos juntos en el Cacahual, en ocasión del 108 aniversario de la caída del Titán de Bronce.
—Una ocasión muy especial…
—Puedes imaginar la emoción y el sentimiento patrio que se refuerzan en nuestras voces al interpretar este himno de combate. Indudablemente,  siempre que he dirigido el coro en la interpretación de pieza tan memorable, he sentido una emoción muy grande. Si embargo, la que  experimentamos todos y cada uno de nosotros aquel día en el Cacahual, fue un sentimiento muy especial. Creo que en aquella ocasión nuestro Antonio Maceo nos inspiró una fuerza y un estremecimiento muy particulares.» 
HIMNO INVASOR 
A las Villas, patriotas cubanos
A Occidente nos llama el deber.
De la Patria arrojar los tiranos
A la carga a morir o vencer. 
De Martí la memoria adorada
Nuestras vidas ofrenda al honor.
Y nos guía la fúlgida espada
De Maceo el caudillo invasor. 
Alzó Gómez su acero de gloria
Señalando la ruta triunfal,
Cada marcha será una victoria,
La victoria del bien sobre el mal. 
Orientales heroicos al frente,
Camagüey, villareños, marchad
A galope triunfal a Occidente
Por la Patria, por la libertad. 
De la guerra la antorcha sublime
Cubra el cielo de intenso fulgor,
Porque Cuba se acaba o redime,
Encendida de un mar a otro mar.
A la carga escuadrones volemos
Que al degüello el clarín ordenó,
Los machetes furiosos alcemos,
Muera el vil que la Patria ultrajó. 
LA HISTORIA MÁS DIFUNDIDA
En diciembre de 1868, arriban varias personas a la finca La Matilde, propiedad de José Ramón Simoni. Entre ellas se encuentran sus hijas Amalia y Matilde, esposas de Ignacio y Eduardo Agramonte respectivamente. Allí permanecieron alrededor de un año. Al conocer de llegada de un mayor número de fuerzas peninsulares, la dirección de la revolución en esta zona decide incrementar la actividad bélica, por lo que  acuerdan que ambas mujeres abandonen el sitio y marchen a un nuevo refugio en la Sierra de Cubitas. 
El 13 de noviembre de 1895 el General y Lugarteniente del Ejército Libertador, Antonio Maceo y Grajales, se establece por tres días en la hacienda. Le acompañan los representantes del Gobierno y las fuerzas Camagüeyanas.  
Dos días después Enrique Loynaz del Castillo recorre la casa junto con algunos amigos. Las fuerzas españolas que rehusaron combatir, dejaron escritas en las paredes frases groseras e insultos contra los sublevados. En una ventana blanca y azul, bajo una pirámide coronada por una bandera española, encuentra unos versos.  Alguien trato de borrarlos pero el propio joven Loynaz se opuso. Procedió entonces a dibujar una bandera cubana en la otra ventana abierta y, sobre el palio, escribió unos versos al tiempo canturreaba. Con el tiempo constituirían el Himno Invasor.
Cómo conoció el Mayor General Antonio Maceo, en plena Invasión a Occidente, la noticia del Himno Invasor compuesto por Loynaz del Castillo? 
El propio autor lo relata. Leamos una versión basada en la extensa narración que hiciera en su libro Memorias de la Guerra:  En aquel ambiente patrio los versos recién escritos en la hoja de una ventana fueron como un reguero de pólvora. «La casa se colmó de oficiales y soldados que sacaban copias. El Presidente Cisneros, decidió mudarse: “No podemos trabajar con este gentío. Tu himno nos desaloja.  ¡El himno está consagrado!”.» 
Animado por el éxito y con la urgencia requerida, sale en busca del Titán de Bronce.
—General, aquí le traigo su himno de guerra, que merecerá el gran nombre de usted, déjemelo tararear. 
—Pues bien, hágalo de inmediato. 
A medida que Enrique canturreaba los versos, la mirada del Maceo se animaba. Al finalizar, en la estrofa evocadora de las trompetas de carga, este coloca una mano sobre la cabeza del autor y le dice: 
—Magnífico. Yo no se nada de música, para mí es un ruido, pero esta me gusta. Será el Himno Invasor. Quítele mi nombre, y recorrerá en triunfo la República. Véame al capitán Dositéo Aguilera, para que mañana temprano lo ensaye. 
—Perdóneme mi General, pero tiene que ser ahora mismo porque mañana se me habrá olvidado esta tonada, como me ha pasado con otras.
—Pues bien, vaya de inmediato y traiga al jefe de la Banda del Ejército. Con la prontitud requerida se presentó el agradable e inteligente Dositéo.
—¡A sus órdenes, General!
—Lo he llamado para que la Banda toque un himno de guerra que le va a cantar el Comandante Loynaz. Váyanse   por ahí y siéntense en alguna piedra, donde nadie los moleste. Trabajen hasta que la Banda toque exactamente el Himno Invasor. Apúrenme eso. 
Y en dos taburetes Dositéo y Loynaz ponen manos a la obra. Apenas media hora después ya estaba completa en el pentagrama la melodía, que Enrique le fue entonando en sus tres variaciones armónicas. Dositéo la celebró y agregó:
—No se me contraríe si le hago una acotación.
Sí, pero es que el General dijo exactamente…
—Ni el General ni usted saben nada de música. Con las notas de este primer compás no hay voz que llegue a los últimos, y su himno es para el canto. Déjeme esto a mí, que necesito ahora mismo empezar el verdadero trabajo, instrumentar… ¡Y con la prisa que el jefe quiere! 
BREVE EPÍLOGO
Con la marcha sobre Occidente, el Himno Invasor llegó a Mantua y, años después, se escuchó en La Habana entre el estampido de los cañones que saludaban la llegada del Ejército Libertador a la capital cubana. Desde entonces, resultó costumbre en los actos oficiales, abrir con el Himno de Bayamo, y finalizar con el Invasor.
El General Loynaz, rechazó siempre las sugerencias de inscribirlo a su nombre  en el Registro de la Propiedad Intelectual: «Es un himno que pertenece al pueblo cubano», no se cansó de repetir. 
En la guerra su actuación resultó admirable. Tomó parte en 88 combates. Maceo lo envía con Serafín Sánchez para Las Villas. Después de la muerte del héroe espirituano  pasó a pelear bajo las órdenes del General Mayía Rodríguez, con el mismo rango de Jefe del Estado Mayor. Dirige combates decisivos y termina la contienda libertadora con el grado de General de Brigada. Fue representante a la Cámara y, entre otros cargos,  Ministro Plenipotenciario de Cuba en México, Panamá, Portugal, Costa Rica y Venezuela. Fallece el 10 de febrero de 1963, a los 92 años de edad. . 
 
  

La niña chilena de la foto con Fidel

La niña chilena de la foto con Fidel

En noviembre de 1971 Milena Yankovic Kuscik, era apenas una niña de cuatro años. Su comuna, la más austral del mundo, abrazada al Estrecho de Magallanes y a la Antártida Chilena,  recibe a Fidel y al presidente constitucional Salvador Allende. Sostenida firmemente por las manos de su padre, la actual educadora especializada en trastornos del aprendizaje, alcanza el rostro del Comandante en Jefe y, campechanamente, le estampa un beso en cada mejilla.

Por Mercedes Rodríguez García. 

Es 24 de abril de 2006 y en el liceo «Luis Alberto Barrera» de la comuna de Punta Arenas, capital de la Patagonia chilena, Milena Yankovich Kuscik, recibe su título de Master en Ciencias de la Educación.  

Pero esta no es la historia principal, sino el hilo conductor que me llevó, a través del doctor Juan Virgilio López Palacio, a una joven maestra de adolescentes, hija de emigrados croatas. La primordial, según me escribe Milena vía correo electrónico, constituyó «sin duda un gesto simple pero que para mis padres fue de mucha emoción y alegría», y que «por diversas circunstancias de mi vida siempre ha estado presente», mucho más desde que el Profesor de Mérito de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas, enseñara en su primera clase el libro Cuba-Chile, como muestra de la solidaridad mantenida entre ambos países.

Cuenta López Palacio: «Yo impartía desde 2004 una maestría en coordinación con el Instituto Consultor Internacional en Materia de Educación y Salud.  Concluida mi primera conferencia, durante un breve receso, la señorita Yankovich se me acerca, abre el ejemplar en la en la página 313 y me pregunta que si conozco la niña de la foto. Y le digo: No, no sé, y usted, ¿la conoce? Me dio mucha alegría al verla retratada dándole un beso al Comandante en Jefe. 

Con especial cariño López Palacio, hombre de incansable y experto magisterio, me facilita el referido texto y, ¡sorpresa!, la fotografía en que la hace entrega de su título de estudios de postgrado.

Ya tenía la pista. De ahí en lo adelante comenzaría la pesquiza, el rastreo por Internet. El alcalde de Punta Arenas, señor Juan Morano Cornejo, me pondría en contacto con… 

LA NIÑA DE LA FOTO

 «Al saber que el Presidente Allende y el Comandante Castro visitarían Cerro Sombrero, en actitud muy espontánea y con gran expectación, se preparó un acto de bienvenida a ambos mandatarios. Yo era entonces una de las más pequeñas, y con tan solo cuatro años fui escogida para este gran honor.  En compañía de mi padre caminé hasta la mesa de honor y fue entonces cuando él me tomó en brazos, me alzó, y les entregué un ramo de flores al Comandante Castro y al Presidente Allende. Lo anecdótico de esta situación, y que varias personas recuerdan, fue como asalté los hombros  del Comandante cubano y le di un beso en cada mejilla.» 

Los nonos (abuelos) de Milena, llegaron desde Croacia a principios de 1910. Se casaron en Punta Arenas y formaron con mucho trabajo su linaje. A mediados de 1960, como funcionario de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP) su padre, madre, hermano y hermana, van a residir a Cerro Sombrero, que en 1971 no pasaba de la categoría de campamento habitado por varias familias. Cerro Sombrero se ubica geográficamente en Tierra del Fuego, Patagonia Chilena, cruzando el Estrecho de Magallanes. En los años 1960-1965 la localidad cobra auge gracias a las exploraciones petroleras, lo que permitió reunir una importante cantidad de habitantes. «Ahí nací yo, fruto del amor, la tranquilidad y armonía.» 

LA CASTA DEL GALGO

—Cuéntame algo de tu familia. ¿Viven tus padres todavía?

 «Mis padres viven todavía, él se llama Milen Yankovic Arbunic y tiene 82 años. Militante Socialista desde los 13 ó 14 años, preso político exonerado de la ENAP en 1973, a raíz del golpe militar. Juana Kuscik Martinic, mi madre, trabajadora dentro y fuera del hogar. Ya cumplieron 50 años de matrimonio.

—Cuando Fidel visita Punta Arenas, ¿pertenecía tu padre al Partido de la Unidad Popular, o sea, el del presidente Allende? 

—Mi padre es un hombre de grandes convicciones y los ideales socialistas siempre han estado presentes en casa. En ella recibimos al presidente Allende durante la primera campaña que realizó sin buen término. Por eso, al saber que junto al Comandante Castro visitaría Cerro Sombrero, radiábamos  de contentura. 

«Siempre he manifestado que de mi padre aprendí que se puede vivir sin rencor pero conservando siempre los valores de la verdad y de la honestidad. Yo he sido socialista toda mi vida. Durante los años 1988-1989 ocupé la Secretaría de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Magallanes, cargo que compartí con una lista de (Izquierda Unida) conformación comunista y socialista. Estudié, por vocación, Educadora Diferencial con mención en Trastornos del Aprendizaje.

—¿Conservas fotos de aquel encuentro con Fidel, tal vez el libro Cuba-Chile, que recoge discursos, fotos, entrevistas, conferencias de prensa, encuentros, etc., de la visita del Comandante en Jefe a tu patria? Además del recuerdo que puedas tener, ¿cómo llega hasta ti el relato de los hechos?

—Registros fotográficos no guardamos pues mis padres los hicieron desaparecer, por temor, durante el régimen de Pinochet. No conservamos nada. Un par de años después del golpe detienen a mi padre. Luego, de acuerdo con la vida, fueron apareciendo situaciones, hechos, personas con las cuales uno podía disfrutar, al principio calladamente, y luego de manera abierta de estas cosas.

«Con la dictadura nuestra historia se marcó para siempre. Mi hermano desapareció en los años 80, en un accidente en el mar donde nunca se encontraron rastros. Era maestro, militante comunista,  protagonista del conocido Puntarenazo. (Hecho político relevante en contra de Pinochet, en donde un grupo de personas se refugiaron en la Catedral de Punta Arenas.) Al no encontrar trabajo como profesor se embarcó en un buque pesquero que no tuvo regreso. Siempre ha quedado en nuestros corazones esa pérdida y el dolor permanente que produce no saber qué pasó en verdad y sentir que fue la dictadura quien se lo llevó. 

FIDEL, MILENA Y EL TIEMPO… 

«Si tengo que decirte qué pienso de Fidel creó que mis palabras no alcanzan. Un poco en juego, pero de verdad: siempre he dicho que quiero conocer Cuba con Fidel pues para mi Cuba y Fidel son la misma cosa. Lo considero un gran hombre, un intelectual brillante, y más allá de las ideas y de las formas, un líder de los que la historia ya no posee.»

—El hecho de que un cubano haya sido de alguna manera tu profesor durante dos años, ¿qué te hace meditar sobre la Isla?

—Cuando uno escucha las diferentes opiniones de los cubanos, más allá de si están de acuerdo o no con la política, uno no puede dejar de admirar las ventajas que poseen ustedes en cuanto a salud y a educación, por ejemplo. Y ello permite que la persona se desarrolle con dignidad y se fortalezca en la experiencia. Se les siente contentos, sus ambiciones tienen que ver más con cosas del alma que con lo material. Eso sólo se educa con una cultura que pueda dignificar los valores primarios de la naturaleza humana.

Ya mujer, ¿qué opinas de Fidel?

Creo que Fidel Castro ha logrado ser, por encima de todo, un líder que piensa, trabaja y se esfuerza por su gente y sus ideales.

—Fidel cumple 80 años el domingo 13 de agosto. ¿Cuáles constituyen tus deseos para con él? 

—No puedo desear otra cosa  que no sean buenas venturas y una recuperación absoluta.

—Si pudieras hacerle un regalo, ¿qué le enviarías?

—Mucha energía positiva, y jugando con la imaginaría, una danza de velas para que las apague con la fuerza y la pasión de un león.

—¿Algún mensaje en especial para los cubanos? 

—Que cuiden lo que han logrado formar. Seguir siendo un pueblo de buen corazón. No pierdan su esencia que los convierte en únicos, no contaminados con el capitalismo que nos hace olvidar lo mejor de la vida: lo que no se compra. 

Posdata: Gracias profesor Dr. Juan Virgilio López Palacio. Una vez más me sirve y ratifico a través de usted las sabias palabras del Comandante en Jefe: «Solo la Educación podrá salvar la especie humana.»