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Perú y las no tan imprevisibles avalanchas e inundaciones

Perú y las no tan imprevisibles avalanchas e inundaciones

martes, 28 de marzo de 2017
5:23:25 p.m.
 

Los peligros no han de verse cuando se les tiene encima,
sino cuando se les puede evitar.”
José Martí 

“En medio de avalanchas e inundaciones, Perú se enfrenta a décadas de desarrollo irregular”, es el título de un artículo escrito por Ernesto Ráez Luna*, y publicado este 20 de marzo en la edición web de The New York Times (NYT).

En el mismo Raéz descubre con intensidad la tragedia peruana actual,  y expone como “pese a experimentar más de una década de crecimiento económico sostenido”,  la nación incaica “no ha logrado operar la alquimia social de pasar de la cantidad a la calidad”, y continúa desprevenida para “capear su propia variabilidad climática”, más vulnerable y bajo mayor riesgo climático que en el pasado”.

Describe NYT como “quebradas inactivas durante medio siglo han reanudado sus flujos y avalanchas de lodo —denominadas localmente huaycos—, y descienden imparables de las montañas, arrasando campos de cultivo, criaderos de animales y viviendas, carreteras, personas y mercancías”.

Acompañado de imágenes elocuentes, informa asimismo que hasta el sábado 18 de marzo había casi 100 mil damnificados directos, más de 600 mil personas y 134.000 viviendas afectadas, 75 muertos y 20 desaparecidos.

“Las principales concentraciones humanas del país, ciudades costeras establecidas en valles desérticos como la capital, Lima (en el centro); Piura, Trujillo y Chiclayo (en el norte) y Huarmey, al norte de Lima, han sido duramente golpeadas”, enumera. 

“A mediados de la semana pasada —analiza— el río Rímac, que atraviesa Lima, y un afluente, el Huaycoloro, se desbordaron. Simultáneamente, una serie de tormentas se abatieron sobre las ciudades de la costa norte. Las redes sociales y los noticieros difundieron escenas de puentes destruidos, gente varada en la orilla equivocada, vecindarios sumidos en el lodo y heroicos esfuerzos de rescate”.

En realidad el estado de emergencia en una u otra parte del país es casi cotidiano en el Perú. A fines de 2016, a solo a tres meses de iniciar su gobierno, el presidente Pedro Pablo Kuczynski debió enfrentar una sequía prolongada en la costa norte, que impedía iniciar la campaña de cultivo de arroz, el principal alimento energético de los peruanos. La sequía propició también una docena de incendios forestales en el norte, que afectaron cinco áreas naturales protegidas”, recuerda y continúa argumentando:

“El país ya venía de experimentar incendios generalizados en la Amazonía entre junio y septiembre. Estos fueron precedidos por varios meses de alerta climática durante el verano 2015-2016, cuando la sospecha de un Niño en ciernes llevó al Presidente anterior, Ollanta Humala, a destinar tres mil millones de soles (casi mil millones de dólares) para labores preventivas”.

Cada tres a ocho años, con recurrencia previsible pero impredecible —sigue razonando el articulista—, el ciclo se intensifica, y entonces se da un “Niño” con grandes lluvias que a veces se convierten en diluvios. En la historia reciente, hemos tenido eventos extremos, o Meganiños, en 1877, 1891, 1925, 1983 y 1998. El fenómeno no está conectado de ninguna manera evidente con el cambio climático, pero probablemente seguirá ocurriendo junto con el calentamiento global, que haría más intensos y frecuentes los eventos climáticos extremos.

“El Niño de este verano todavía está muy lejos de provocar los perjuicios de un Meganiño. El último, en 1998, produjo más de 372 mil damnificados en la costa y la selva del país. Sin embargo, este Niño y las lluvias estacionales en los Andes ya pusieron al borde del colapso a las principales ciudades peruanas”. En otras palabras —digo yo— si no se toman medidas urgentes y de todo tipo, los desastres serán peores, humana y materialmente.

  

“Pese a experimentar más de una década de crecimiento económico sostenido, Perú no ha logrado operar la alquimia social de pasar de la cantidad a la calidad, y sigue sin estar preparado para capear su propia variabilidad climática. Hoy se encuentra más vulnerable y bajo mayor riesgo climático que en el pasado”, afirma, y concluye:

El presidente peruano “ya anunció un fondo de reconstrucción de 2500 millones de soles, que, sin embargo, solo debería ser el comienzo de una tarea enorme y sostenida. Ante la crisis urgen voluntades coherentes y de largo aliento que será necesario movilizar para una reconstrucción fundamental, que no consista, otra vez, en salir del paso”.

La ayuda humanitaria no reducirá ni riesgos ni desastres 

Ante los devastadores estragos de "El Niño costero" Perú dispuso la apertura de cuentas bancarias en las representaciones nacionales alrededor del mundo para ayudar a los compatriotas afectados, y la Cruz Roja Peruana habilitó una página web de recaudación de fondos que ya superó los 200.000 dólares. 

El gobierno venezolano llevó a los damnificados 17 toneladas de alimentos, medicinas y otros artículos y el próximo domingo arribará otro avión con 66 toneladas de alimentos no perecederos. También han dispuesto su ayuda humanitaria a Perú países como, Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Paraguay, Ecuador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Canadá,  Estados Unidos,  Japón, China, Corea del Sur, y Alemania, y la Unión Europea.

Para asistir a la población peruana afectada, Cuba tiene lista una brigada médica especializada en la asistencia en situaciones de desastre y epidemias, perteneciente al contingente internacional Henry Reeve.

Disponible para viajar en el momento que las autoridades peruanas autoricen su recibimiento, la brigada la integran 11 médicos, diez licenciados, un administrativo y un médico-jefe, dotados cada uno de dos bolsos con medicamentos y material que permitirá atender a las miles de personas afectadas. 

Cuba constituye un ejemplo de preservar al máximo posible la vida de las personas, sus bienes y los recursos de la economía nacional ante situaciones de desastre. Su Sistema de Defensa Civil, coordinadamente con las Fuerzas Ar­madas Revolucionarias y el Minis­terio del Interior y la Sociedad Nacional Cu­bana de la Cruz Roja. 

   

Paradigma en la reducción de riesgos y desastres, la pequeña nación caribeña enfrenta mediante su Sistema de Defensa Civil —casi anualmente y de manera exitosa— eventos hidrometeorológicos de envergadura, limitando el número de muertos. En este sentido también podría ayudar mucho con su experiencia a Perú (pdf).

No para copiarle, sino para entender que es posible para un país con pocos recursos reducir los riesgos de desastres. Y a través de la comprensión, mejorar sus propias capacidades para cumplir con las cinco prioridades del Marco de Acción de Hyogo (pdf), y reducir así las pérdidas que ocasionan los desastres.

país pequeño, con limitadas posibilidades económicas, la reducción de riesgo de desastres está integrada orgánicamente a la actividad del Gobierno y sus concepciones se basan en el aprovechamiento eficaz de los recursos ya existentes en cada lugar y su empleo inteligente y flexible. 

*Ernesto Ráez Luna es ecólogo y conservacionista, profesor de la Escuela de Economía y Gestión Ambiental en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y exasesor de la alta dirección del Ministerio del Ambiente de Perú. En 2008 recibió el Premio Whitley a la conservación de la naturaleza.

Enlaces relacionados:

 

 

Anatomía del muro de Trump

Anatomía del muro de Trump

 

domingo, 12 de marzo de 2017
7:10:35 p.m.
 

  • La frontera entre México y EEUU, con vallas a lo largo de 1.050 kilómetros, ha generado comunidades, cultura y economía.
  • Las cifras de arrestos y deportaciones y las muchas entadas de ilegales en avión no parecen secundar la emergencia del plan.  

El 26 de junio de 1960 se inauguraba la plaza de toros Monumental de Tijuana. Sobre la arena, los diestros Alfonso Ramírez El Calesero, Rafael Rodríguez el volcán de Aguascalientes y Antonio del Olivar. Cerca de 22.000 personas asistieron a la lidia de los seis imponentes morlacos que brindó la ganadería de José Julián Llaguno. 

Menuda tarde, aquella. A escasos 50 metros del griterío, la frontera con Estados Unidos, por aquel entonces una línea más testimonial que efectiva, un muro virtual marcado por las denominadas mojoneras que estableció el tratado de Guadalupe Hidalgo, en 1848, con el que México cedió buena parte de su territorio, y por la venta de la Mesilla a los estadounidenses, en 1953, que estableció el límite definitivo. 

Casi 70 años después, lo único que permanece intacto es el ruedo, por cierto, lo primero que uno distingue de México a vista de pájaro desde el Pacífico. Al otro lado, ya en territorio yanqui, el Parque Internacional de la Amistad, la que parece haberse volatilizado entre ambos estados después de que Donald Trump anunciara su intención de aislar el sur de la superpotencia con un nuevo y sofisticado muro. 

¿Pero cómo es la línea que separa ambos países? ¿Cómo es la vida alrededor de la divisoria? ¿Y qué es exactamente y cómo afectará el controvertido plan del flamante presidente? 


Escuchando a Trump, habrá quien crea que la frontera es un cartel de bienvenida y un chiringuito de hamburguesas y nachos. Como si no existiera límite físico alguno que testimonie que ahí acaba y termina una nación. Nada más lejos de la realidad. Lo primero que hay que tener claro es que el muro ya existe en 1.050 de los 3.141 kilómetros que separan los dos océanos. El problema, y ahí quizás radica el fondo del proyecto de marras, es que se trata de una muralla con muchas formas, más o menos adaptada al terreno, sea el espacio entre ciudades o el crudo desierto. 

Hay bloques en cruz de 2,5 metros que detienen coches pero no peatones, vallas de alambre, barreras de chapa o hierro. Torres de control, drones, cámaras, sensores de movimiento, rayos X. Hay tramos con una segunda y una tercera pared, lugares en los que un simple puente y una garita desgastada separan los estados.

Luego está el río Grande o río Bravo, según en qué lado se pregunte, que ejerce de grieta natural entre ambos países a lo largo de unos 2.000 kilómetros, hasta su desembocadura en el Atlántico. Todo ello, por cierto, vigilado por más de 20.000 agentes (en 1992 eran unos 4.000 vigías), una unidad creada en 1924, el mismo año en el que el Congreso aprobó restricciones a la inmigración asiática y europea. Por si fuera poco, Trump aprobó hace un mes la contratación de otros 15.000 agentes migratorios. 

Alto, poderoso y bonito 

Todo esto no basta para el presidente de Estados Unidos, que ha hecho célebre la expresión “bad hombres”, en referencia a todo lo que, a su modo de ver, no debería entrar en tierras estadounidenses, donde se calcula que viven unos 11 millones de ilegales (el 59% son mexicanos). “Vamos a construir un muro alto, poderoso y bonito”, dijo Trump a mediados del 2015, cuando pocos se tomaban en serio su candidatura republicana. 

Hillary Clinton, la rival demócrata vencida en las presidenciales del pasado noviembre, rechazaba la idea. Irónico, pues fue su marido, Bill Clinton, quien en 1993 impulsó, con la operación Guardián, la construcción de un primer muro en Texas, concretamente, en El Paso. Le siguieron tramos de California y Arizona, con operaciones bautizadas como Salvaguarda, Salvamento, ABC y, la más hollywoodiense, Cooper Cactus. Para construir el cercado, EEUU echó mano del material sobrante de la primera guerra del Golfo (1991). 

El ejército colocó en suelo kuwaití miles de planchas metálicas para que los aviones pudieran aterrizar sin sobresaltos. Terminada la contienda, esas láminas se trasladaron a la frontera, se pusieron de pie, y ¡alehop!: muro. También el tramo fluvial tiene límites visibles, aprobados en 1997 (operación Río Grande); aunque, básicamente, dispone de una vigilancia más virtual que física: ya se encarga la corriente de ahogar el sueño de la tierra prometida. 

¿Consiguió toda esta tecnología —los últimos tramos se colocaron en el 2009, ya en la era Obama—evitar que los mexicanos y el resto de latinoamericanos intentaran alcanzar la América pudiente? Rotundamente, no. 


Lo que pasó es que la gente tuvo que jugarse la vida por los infinitos desiertos de Chiuahua o Sonora (infierno durante el día, congelación durante la noche), las montañas o cruzando el río; que los coyotes (los guías para cruzar) subieron de precio por el plus de peligrosidad. En los últimos 20 años, se calcula que cerca de 6.000 personas han perdido la vida intentando pasar. Y no siempre han muerto por culpa de los elementos: entre el 2010 y el 2015, los agentes fronterizos abatieron a 33 personas. 

Y del tráfico de drogas, mejor ni hablar: túneles con electricidad en los que cabe una vagoneta o una moto, aviones no tripulados, rampas, cañones, catapultas… Hecha la ley, hecha la trampa. Si algo tiene esa gente es dinero para escabullirse de cualquier intento de cerrar su persiana. Por no hablar de que entre el 27% y el 40% de los inmigrantes sin papeles entraron en el país en avión, esbozando una sonrisa en el control de pasaportes. Su visa expiró y se quedaron a probar suerte (en el 2010 visitaron Estados Unidos ’por placer’ 35 millones de personas; en el 2015 fueron 61 millones). 


Lo que sí ha logrado la frontera y sus 40 puntos de acceso regulado, ya desde su creación, es generar comunidades a su alrededor. A mediados del siglo XIX se distinguía algún que otro rancho. Pongamos como ejemplo el caso de Tijuana, con 1,4 millones de habitantes; Mexicali (700.000) o Ciudad Juárez (1,4 millones). Y en el lado estadounidense, San Diego, con 1,4 millones de ciudadanos (en 1940 eran 200.000), o El Paso (700.000). Buena parte de su actividad económica, pero también cultural, idiomática y tradicional, viene condicionada por la cuestión fronteriza. Los expertos coinciden en que cerrar más el grifo ahogaría la región a todos los niveles. Y a ambos lados. 

A pesar de todos los elementos físicos que separan Estados Unidos de México, Trump firmó el 25 de agosto la orden ejecutiva que autoriza la construcción de un nuevo muro en la frontera sur. Un proyecto del que no ha trascendido boceto alguno. Algunos detalles, a lo sumo. “Empezaremos a construirlo en unos meses”, avanzó en una entrevista televisiva. 

Las características del proyecto siguen siendo una incógnita. Tendrá una altura de entre 10 y 14 metros (llegó a hablar de más de 30 metros) y una longitud de unos 1.600 kilómetros, pero no se sabe si se mantendrá la estructura ya existente o si se derribará todo y se partirá de cero. 

El coste, otro misterio. Según Trump, no debería superar los 13.000 millones de dólares, pero algunos expertos aumentan la factura hasta los 25.000 millones. El líder republicano insiste en que México pagará las obras: “Será un impuesto o un pago, pero pasará”. Pero el presidente mexicano ya le ha dicho que no cuente con sus pesos. Quizás la paguen, pero también se enriquecerán, ya que empresas mexicanas como Cemex se encargarían de suministrar buena parte del cemento. ¿Y la mano de obra? Apuesten... 


¿Y qué dicen los números? ¿Están entrando más mexicanos que nunca en EEUU? ¿Hay más arrestos de inmigrantes? Las cifras no parecen respaldar la urgencia del proyecto. Las deportaciones de inmigrantes, por ejemplo, registraron en el 2015 el nivel más bajo desde el 2007 después de tres años de caída sostenida, y las devoluciones en caliente (sin papeleo) no tenían niveles tan bajos desde 1966.

Tampoco las detenciones sugieren una emergencia nacional: 462.388 en el 2015, la cifra más baja desde 1971. En este último dato, si solo se toma como referencia a los mexicanos, mientras que en el 2006 fueron arrestados 1,1 millones de ciudadanos de este país, hace dos años fueron 268.000, casi un 75% menos. 

Así las cosas, dos países que convivían en aparente paz, con sus más y sus menos, con sus comprensibles roces fronterizos, con sus relaciones comerciales estables, se han convertido de la noche a la mañana en incómodos compañeros de piso dentro de un mismo continente. Si terminarán levantando un tabique o mantendrán el pladur, si se pasará de la valla al muro, ya se verá. 

(Fuente: EP/Carlos Márquez Daniel)

Ecuador, la batalla decisiva

Ecuador, la batalla decisiva


viernes, 03 de marzo de 2017
9:50:03 a.m.

Por Ignacio Ramonet
Director de Le Monde diplomatique en español 
 

“Caminante, no hay camino: se hace camino al andar...”. Los versos de Antonio Machado, convertidos en letra de canción por Joan Manuel Serrat, resuenan en el anochecer quiteño, en el populoso y modesto barrio de la Michelena, al sur de la capital de Ecuador, donde miles de ciudadanos han venido a escuchar el discurso de cierre de campaña de Lenín Moreno, el candidato del partido gobernante Alianza País. Va cayendo la noche, hace frío y humedad, y también, para los que venimos de afuera (Quito está situada a unos 2.500 metros de altitud) pega fuerte el mal de altura.

Muchas personas aprovechan el reparto masivo de material de propaganda —camisetas, bufandas, chaquetones, gorras—, de luminoso color verde tilo, para arroparse mejor. La tarima principal, perpendicularmente prolongada —como en algunos conciertos de rock— por una suerte de pasarela que penetra profundamente en medio de la muchedumbre, está montada en la boca de una larga y ancha avenida bien iluminada y que ha ido, poco a poco, llenándose de gente variopinta.

Hay pantallas gigantes, altavoces ultrapotentes y una orquesta y sus cantantes que intentan calentar el ambiente con clásicos revolucionarios (“El pueblo unido jamás será vencido”, “Hasta siempre, Comandante”, “Bella Ciao”, “No nos moverán”, “Cómo será la patria”, etc.). El público, andino, escucha con calma, agita lentamente banderas verdes y rojinegras, muy poco expresivo, excepto unas niñas en un balcón cercano que gritan “¡Le-nín pre-si-den-te!”, y no cesarán de gritarlo, entre risas y carcajadas, durante las dos horas del acto...

Interviene primero Gabriela Rivadeneira, la joven presidenta de la Asamblea Nacional, oradora fuera de serie, que consigue sacar a la audiencia militante de su silenciosa pasividad. Ni siquiera hace alusión al atentado del que ha sido víctima ese mismo día cuando consiguió evitar que un paquete bomba, enviado a su nombre, le estallara en las manos... Habla después José “Pepe” Serrano, abogado, ministro del Interior, muy cercano a Lenín Moreno, y que, según toda probabilidad, será el próximo presidente de la Asamblea, también con gran energía y entusiasmo.

A escasos días del escrutinio, los dos oradores insisten en el neto contraste entre las propuestas “regresivas”, “involucionistas” de los principales candidatos de la oposición –el ultraliberal ex banquero opus dei Guillermo Lasso, de CREO; y la conservadora Cynthia Viteri, del Partido Social Cristiano (PSC)– y los avances indiscutibles de la “década ganada”, o sea, los diez años de gobierno del presidente Rafael Correa, quien no se presenta y aspira, por razones personales y familiares, a un “descanso sabático” que desea pasar en Bélgica, país de nacimiento de su esposa y donde hizo una parte de sus estudios.

En aquel momento, la mayoría de los sondeos y de las encuestas preveían para el candidato de Alianza País, Lenín Moreno, unos resultados que le obligarían a ir a una segunda vuelta (1). Por eso, todos cantan y repiten como un mantra el mismo eslogan: “¡Un-a so-la vuel-ta!”.

En medio de esos cantos y esos gritos, avanza entonces por la pasarela, en su silla de ruedas, Lenín Moreno. Víctima de una agresión armada en 1998, sufre una parálisis en las piernas porque una bala le alcanzó la médula espinal. Pero es un hombre muy positivo, ejemplo de voluntad y de resiliencia, y autor de una serie de libros de humor... Lenín encarna una corriente que apuesta por la necesidad de moderar el tono de la confrontación con la oposición, y favorecer un mejor entendimiento con diversos estamentos sociales que se han ido alejando de la Revolución Ciudadana, sin cambiar sustancialmente el marco económico (alianza del sector público con el sector privado) que se ha practicado hasta ahora. No es un orador revolucionario y mucho menos un demagogo. Apuesta por la inteligencia del auditorio. Habla con tono natural y narra su programa de gobierno casi como un conferenciante. La gente –unas diez mil personas...– escucha en silencio y con atención, hasta tal punto que uno se pregunta si estamos realmente en un mitin electoral de masas... No hay estremecimientos, ni entusiasmos, ni pasiones...

¡Qué contraste con el verbo encendido de Rafael Correa! Pero quizás es el efecto deseado por Lenín Moreno: rebajar el exceso de ideología del discurso de la izquierda ecuatoriana. Dirigirse, más allá de la base dura militante, a los ciudadanos en general y, en particular, a las clases medias que, al cabo de diez años de correísmo, dan señales de estar saturadas de eslóganes políticos y muestras de deseos de cambio... Todos recuerdan aquí la inesperada derrota en las alcaldías de las principales ciudades del país en las elecciones municipales de 2014 y, en particular, en la de Quito, en cuya campaña se implicó muy directamente, en favor del candidato de Alianza País, el propio Presidente Correa, que sufrió por consiguiente, en cierta medida, un fracaso personal.

O los polémicos proyectos de ley “de herencia y plusvalía” que, hábilmente manipulados por la oposición, desencadenaron, en 2015, violentas y masivas protestas en todo el territorio nacional contra el Gobierno. A tal punto que Rafael Correa se vio obligado a retirarlos temporalmente. Todo eso, sumado a algunas catástrofes climáticas y al terrible terremoto que, en abril de 2016, afectó a la costa norte del país, más los efectos devastadores de la crisis provocada, estos últimos tres años, por el derrumbe de los precios del petróleo y de otras exportaciones (Ecuador es uno de los mayores exportadores mundiales de camarón, plátano y flores), han frenado el crecimiento ecuatoriano y degradado bruscamente la atmósfera electoral.

Sin embargo, los logros de la Revolución Ciudadana y los éxitos de Rafael Correa como gobernante son espectaculares, en particular en materia de obras públicas de infraestructuras: carreteras, puentes, túneles, aeropuertos, etc. En este país de 14 millones de habitantes, disminuyó –en el curso de esta “década ganada”– en un 6% la pobreza y casi dos millones de ecuatorianos salieron de la miseria. La clase media pasó del 29% al 47% de la población. Un cuarto de millón de niños dejó de trabajar e integró el sistema educativo. Hay más de 1.200.000 nuevos estudiantes. Medio millón de personas mayores disfrutan de nuevas pensiones. El número de atenciones médicas pasó de 16 millones a 30 millones anuales. En materia de atención a los discapacitados, Ecuador posee un récord mundial: hace una década, sólo trabajaban 1.039 discapacitados; ahora laboran más de 80.000, con todos los derechos que les corresponden, y 70.000 de ellos estudian. Las pensiones por discapacidad cubrían sólo a 5.039 personas; hoy protegen a más de 126.000. El Gobierno entregó más de 300.000 viviendas de ayuda social. En materia de ecología, el índice de energías renovables que consume Ecuador alcanzó el 95% del total. Y una gran parte de su deuda exterior se recompró a un 30% de su valor...

Pero los electores no siempre son agradecidos. Sobre todo cuando campañas sucias de la oposición conservadora, conducidas a golpes de millones de dólares, con participación de todos los “gurúes” conservadores de la propaganda electoral mundial, siembran el desconcierto inundando las redes sociales de noticias falsas, “informaciones virtuales” y postverdades.

El caso es que los resultados de la primera vuelta, el pasado 19 de febrero, no respondieron a las expectativas de la dirigencia de Alianza País. Ese sufragio se saldó, sin embargo, con tres victorias contundentes: 1) Lenín Moreno ganó la consulta presidencial con el 39,33% de los votos, o sea, 11 puntos por delante del segundo, Guillermo Lasso, que obtuvo el 28,19%; 2) Alianza País consiguió mayoría absoluta en la Asamblea Nacional con 77 escaños de 137; 3) y en el referéndum para prohibir a los funcionarios públicos poseer bienes o capitales en paraísos fiscales, el “sí”, defendido por el oficialismo, ganó por un 55% frente a un 45%. Pero, en un inexplicable error de comunicación, a pesar de estos tres triunfos, Alianza País transmitió el sentimiento de haber fracasado y de tenerle pánico a la segunda vuelta.

Ha comenzado otra elección, que se celebrará el próximo 2 de abril. El mundo entero va a estar atento a lo que aquí está en juego, a saber: si el ciclo progresista se termina en América Latina o si se consolida, como las recientes victorias de Tabaré Vázquez en Uruguay y de Daniel Ortega en Nicaragua lo dejan esperar. Desde su encierro en la embajada ecuatoriana de Londres, nuestro amigo Julian Assange sigue los debates con expectación; el candidato derechista ha prometido que, si gana, lo expulsará de allí y lo entregará a las autoridades suecas... En su confrontación contra un ex banquero corrupto (2), Lenín Moreno puede y debe ganar.


(1) Según la ley electoral en Ecuador, gana la elección presidencial el candidato o candidata que obtiene más del 50% de los sufragios en la primera vuelta o más del 40% con 10 puntos de diferencia, por lo menos, con el segundo. Si no se da ninguna de estas dos condiciones, se va a una segunda vuelta en la que solo participan los dos candidatos mejor situados.

(2) “Guillermo Lasso es descendiente de una tradicional familia de poder en Ecuador; es el presidente ejecutivo del Banco Guayaquil y fue superministro de Economía y Energía en el Gobierno de Jamil Mahuad —quien lo había nombrado gobernador de la provincia del Guayas un año antes— entre agosto y septiembre de 1999, que inventó ese cargo para enfrentar la gravísima crisis financiera que vivía el país. Esa situación derivó en el famoso ’feriado bancario’ de 1999, en la que se suspendieron las actividades financieras durante cinco días, se declaró la quiebra de varios bancos y se trasladaron todos los costos del rescate al Estado, que suprimió gastos sociales y congeló los depósitos de la población. Una crisis social de enormes dimensiones –que, a la larga, confluyó en la dolarización del sistema monetario ecuatoriano– provocada en buena medida por las políticas de liberalización y flexibilización que el mismo Lasso propone en su campaña”.

Léase: Crónica desde las calles del Ecuador en campaña”, por Federico Larsen, Nodal, Buenos Aires, 16 de febrero de 2017.

(Fuente: Le Monde diplomatique en español. Nº: 257/ Marzo  2017/Editorial) 

 

El camino hacia la normalización de la deuda externa cubana

El camino hacia la normalización de la deuda externa cubana


martes, 28 de febrero de 2017
7:31:11 p.m. 

Por la Dra. Marlén Sánchez Gutiérrez*

Dentro del conjunto de dificultades que afectan a la economía cubana, se destaca, por su importancia y connotación el problema de la deuda. Las múltiples categorías que se han acuñado desde mediados de los años 80, la estructura y composición de las mismas, la acumulación de atrasos, las particularidades de la renegociación  y la ausencia de información estadística actualizada, se presentan como piezas de un rompecabezas que hace muy complejo el análisis de esta problemática.

Por tanto, el presente artículo sólo se propone comentar lo que la autora ha dado llamar línea de tiempo del endeudamiento externo cubano con el propósito de facilitar la comprensión del tema y al mismo tiempo identificar lo que se ha logrado en materia de renegociación, lo que aún está pendiente y los retos derivados del proceso de normalización de relaciones con los acreedores y del nuevo escenario de contracción de la economía cubana.

Las premisas de partida son tres. La primera, dejar claro que los conceptos deuda y desarrollo no son por naturaleza incompatibles.  La deuda externa se origina de las relaciones financieras que las naciones establecen libremente con los acreedores para “financiar su desarrollo”, ya sea por iniciativa privada o pública.  Lo que sucede es que los países subdesarrollados, en su mayoría, pasaron de una deuda pequeña, en el marco de grandes esfuerzos “por desarrollarse”, a una deuda grande e inmanejable sin haber conseguido el ansiado desarrollo.


De modo que el problema no está en endeudarse con el exterior sino en la capacidad para administrar esos niveles de endeudamiento, por lo que velar por la sostenibilidad de la deuda es esencial y para Cuba esto sigue siendo un gran reto.

La segunda premisa, parece muy simple pero debe de ser una constante en las políticas de endeudamiento de cualquier país. Los compromisos adquiridos hay que honrarlos, si no se pagan puntualmente las obligaciones contraídas, la deuda se alimenta así misma por la acumulación de atrasos, se corre el riesgo de incurrir en crisis de pago y se cierran prácticamente todas las fuentes de financiamiento externo. Esto nos lleva nuevamente al tema de la sostenibilidad de la deuda y a la pertinencia de ser muy objetivos en la definición de los factores determinantes en la capacidad de pago del país.

La tercera es mucho más compleja y requiere de un nivel de debate que ciertamente escapa de los propósitos de este artículo pero que resulta esencial. El análisis de la sostenibilidad de la deuda no puede centrarse solamente en un enfoque de capacidad de pago porque deja al país en una situación muy vulnerable. Normalmente la capacidad de pago se asocia a condiciones de solvencia, que de cumplirse, reflejan que se cuenta con los recursos necesarios para hacer frente a las obligaciones de deuda externa.


Sin embargo, entender la sostenibilidad, como esta capacidad de la economía frente a sus compromisos, puede conducir a homologar términos como solvencia y sostenibilidad, al entender que un país que sea capaz de satisfacer sus obligaciones externas de pago, es decir que sea solvente, tiene una situación de deuda sostenible.

Concebir la sostenibilidad solo como capacidad de pago, es considerar la solvencia como condición suficiente cuando es sólo una condición necesaria. La  solvencia de hoy no garantiza per se la solvencia de mañana, ser sostenible presupone un análisis de largo plazo, por tanto es preciso distinguir las fuentes que la están garantizando, ya sea estructurales (capacidad de respuesta de una estrategia de desarrollo económico al proceso de endeudamiento, por ejemplo), o coyunturales (1), ya que cada uno de estos escenarios tendrá consecuencias diferentes al garantizar la capacidad de pago futura. (Curbelo, 2006)

De modo que lo determinante es que la capacidad de pago surja del proceso de desarrollo económico, pero que esté determinada por el impacto que esos flujos de deuda generen en la economía deudora.

Asumiendo estas premisas de partidas, el artículo se propone en un primer momento, plantear las piezas claves del rompecabezas de la deuda, en un segundo momento se abordará el proceso de reordenamiento de la deuda externa a partir del análisis de las renegociaciones acordadas dentro y fuera del Club de Paris y, finalmente, se sintetizarán los desafíos que aún prevalecen para normalizar efectivamente las relaciones con los acreedores.

Sobre el rompecabezas de la deuda

Para entender la problemática reciente del endeudamiento externo cubano es preciso considerar las tres categorías deuda que prevalecían hasta que comenzaran a concretarse los procesos de renegociación: la deuda activa, la pasiva y la deuda con los ex países socialistas.

La deuda activa es la deuda corriente, la que no se ha dejado de pagar y que tampoco ha dejado de crecer por la contribución de los nuevos flujos captados. La deuda pasiva corresponde a aquella que entró en default en 1986 y que se renegoció a fines del 2015 y la deuda con el antiguo campo socialista se rumoraba que era significativa pero al desaparecer la moneda en la que fue concertada (rubro trasferible) y desintegrarse el principal acreedor, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), cayó en un limbo jurídico que requirió de un litigio entre las partes que duró por más de una década.

Según cifras del Banco Central de Cuba el monto de la deuda cubana a fines del 2013 era de 11 914millones de dólares; sin embargo, este monto incluye sólo la deuda activa que es para la única categoría que existe información oficial. (ONEI, 2015) El análisis de la composición de la misma permite identificar que:

1.  La deuda es esencialmente de largo plazo y la buena noticia es que la de corto plazo tiende a disminuir.

2.  El 61% de la deuda total con acreedores oficiales, esencialmente bilaterales y con un bajo componente concesional, el 17% es con acreedores privados y el 22% se refiere a deuda comercial (de proveedores). Esta última muestra una marcada tendencia creciente.

3.  La estructura de la deuda de mediano y largo plazo  ha mostrado un cambio interesante, aumenta significativamente la deuda de proveedores y disminuye la bancaria. Mientras que en el 2012, la primera representaba el 46% del total de la deuda de mediano y largo plazo en el 2013pasó a representar más del 78%. Esto le da cierto margen de holgura a la economía cubana que hasta el momento dependía mucho de créditos comerciales de muy corto plazo.

4.  La deuda de corto plazo representa el 17% del total, y en el 2013 se dio un cambio significativo en su composición. Hasta el momento, si bien como tendencia este tipo de deuda disminuía preocupaba que dentro de ésta aumentase exponencialmente la deuda de proveedores. Sin embargo, las últimas cifras reflejan que la misma disminuyó considerablemente, pasando de representar el 54% del total de la deuda de corto plazo en el 2012, a menos del 22% en el 2013.  No obstante, la deuda bancaria pasó a representar casi el 55% del total de la deuda de corto plazo durante el 2013 y, como se sabe, los términos y condiciones de esta categoría de deuda son más onerosos que los de la deuda oficial.

5.  Los indicadores de deuda han venido mejorando pero eso no indica que el endeudamiento acumulado sea sostenible porque los factores que han estado determinando la capacidad de pago de la economía han sido coyunturales. La deuda representa el 15.4% del PIB y algo más del 44% de las exportaciones de bienes. Según The Economist Intelligence Unit el servicio de la deuda para el 2013 era de 5 383 millones de dólares, de ese monto un total de 3453 millones se destinaron para pagar intereses. (EIU,2017)

6.  La alta concentración de la deuda es un foco de tensión. Según fuentes no oficiales sólo dos países son responsables del 55% de la deuda con acreedores oficiales de carácter bilateral (Venezuela con un 37% y China con un18%). (Sánchez, 2016)

7.  La calificación de riesgo de Moody’s se mantiene en la categoría especulativa (2). En Abril de 1999 era Caa1, en Noviembre del 2003 pasa a Caa1 estable, en Abril del 2014 dicha agencia bajó la calificación a Caa2 estable tras evaluar la vulnerabilidad del país a choques externos y domésticos, en relación a países con calificación similar y, en diciembre de 2015, la sube a “positiva” pero en el mismo rango Caa2, debido a la “disminución” de la dependencia hacia Venezuela y el acercamiento con Estados Unidos. De cualquier manera, la percepción de Moody’s con relación a la deuda cubana sigue siendo de riesgo sustancial.

En síntesis, los cambios en la composición de la deuda se dieron esencialmente por el lado de la deuda bancaria y de proveedores, la deuda oficial sigue describiendo la misma tendencia tanto en el largo como en el corto plazo  y en la práctica lo que se dio fue un reacomodo funcional para Cuba pero no exento de riesgos dado que el peso de la deuda de proveedores se desplaza al mediano y largo plazo pero se concentra la carga de la deuda bancaria en el corto plazo.

De cualquier manera, estas cifras tienen tanto retardo y son tan agregadas que impide realizar un análisis cualitativo que refleje efectivamente la situación reciente en materia de deuda incluso por tipo de acreedor. Muchas sucesos han tenido lugar desde el 2013 que de una manera u otra han impactado y seguirán incidiendo en el reordenamiento de la deuda: el establecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos; el VII Congreso del PCC donde quedó definida la conceptualización del modelo económico y social cubano y fue presentado el plan nacional de desarrollo hasta 2030; la derogación de la posición común de la Unión Europea con relación a Cuba; el decrecimiento de la economía cubana en el 2016 luego de un crecimiento del 4% en el 2015 y; el comienzo de una nueva administración en Estados Unidos que ha desatado una gran incertidumbre respecto al rumbo del proceso de normalización de relaciones entre ambos países.


La deuda pasiva, por su parte, se estimaba en unos 8 200 millones de dólares a fines de los 2000, de la cual algo más del 60% correspondía al Club de Paris, el resto constituían adeudos con el Club de Londres y, la contraída con el antiguo Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) era de casi 37 000 millones, de ellos 35 000 millones con Rusia.(Sánchez, 2016)  The Economist Intelligence Unit, sí refleja la deuda pasiva en sus estadísticas de deuda externa cubana y según sus cálculos, en el 2016 ésta alcanzaba la cifra de 26 309 millones de dólares (3). (EIU, 2017)

La deuda  con la exigua URSS finalmente se renegoció en febrero de 2013, el acuerdo incluyó la condonación del 90% del monto adeudado y los 3 500 millones restantes serán pagaderos en diez años con la posibilidad de convertir parte de esa deuda en capital productivo, o sea, darle la posibilidad a Rusia de invertir en Cuba. (Rodríguez, 2013)

Sobre la normalización de relaciones con los acreedores

A comienzos de los 2000, se dio un acercamiento al Club de Paris pero en el 2001 se consideró que los términos y condiciones ofrecidas por dicho foro para la renegociación de la deuda cubana eran inaceptables para Cuba.  No obstante, se lograron algunos acuerdos bilaterales, fuera del Club de Paris que le permitieron al país comenzar a reorganizar sus relaciones con los acreedores.

Así, “en mayo de 2000, Cuba firmó un acuerdo bilateral para renegociar el pago de deuda pendiente con Alemania por 115 millones de dólares en deuda de corto, mediano y largo plazo. En ese mismo año se reestructuró la deuda comercial con China, que se estima en alrededor de 6 000 millones de dólares, y se firmó otro acuerdo con Japón en el que se condonaron 130 000 millones de yenes (alrededor de 1 400 millones de dólares) pendientes con los acreedores comerciales japoneses desde la década de 1980 y el resto se acordó su pago en 20 años.” (Sánchez, 2014)

Posteriormente se renegoció la deuda con Mongolia, con México (4), con Rusia y finalmente, en diciembre del 2015, se logra un acuerdo multilateral histórico con el Grupo Ad-Hoc de Países Acreedores de Cuba en el Club de París sobre la deuda que estaba en default desde 1986.

En dicha renegociación, se calculó el monto total de deuda pendiente de pago con el Club de Paris en 11.1 miles de millones de dólares, de ellos se condonó 8.5 miles de millones, casi el 77%. Los términos y condiciones pactados fueron muy favorables para Cuba, se decidió no pagar intereses hasta el 2020 y a partir de entonces  pagar sólo el 1,5% de la deuda total aún pendiente. El plazo de amortización será de 18 años y los pagos anuales se incrementaran gradualmente desde el 1,6% de los US$2.600 millones adeudados (unos 40 millones) en 2016, hasta el 8,9% en 2033. (Club de Paris, 2015)

Además se convino, que los acreedores pueden negociar “swaps” de deuda de forma bilateral por hasta el 30% de lo adeudado, o US$20 millones en ayuda al desarrollo, el monto que sea más alto. (Club de Paris, 2015)

Este fue un acuerdo sin precedentes, totalmente fuera de las reglas del Club de Paris, se llevó a cabo sin la intervención del FMI como garante y el sitio web del Club de Paris sólo emitió una nota de prensa de una página con los resultados acordados. Sin dudas, el inicio del restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba constituyó un factor influyente en este proceso, los acreedores tradicionales, con creciente interés en realizar negocios con la isla, no podían quedarse rezagados en el nuevo escenario y optaron por ser flexibles con la nación deudora.


La instrumentación de este Acuerdo Multilateral suscrito supuso la firma de convenios específicos con cada uno de los 14 países miembros del Grupo Ad-Hoc de Países Acreedores de Cuba (6) para poder hacer efectiva la regularización completa de la deuda de mediano y largo plazo de carácter bilateral. Este proceso está en curso y ya son 13 los países que han regularizado los pagos con Cuba.

Sobre los desafíos pendientes

La renegociación de la deuda cubana era imprescindible para normalizar las relaciones con los acreedores y acceder a dinero fresco pero el desafío ahora es cumplir en tiempo con los nuevos y los viejos compromisos para no quedar atrapados en escenarios que puedan conllevar a la moratoria de parte de la deuda.

No todas las variables de la ecuación del endeudamiento externo cubano se han logrado despejar.  En realidad se trata de un sistema de ecuaciones complejo cuya solución va mucho más allá de consideraciones políticas y de las buenas intenciones para honrar los compromisos.

Los principales retos a encarar, por tanto, están relacionados con:


1.  La obligatoriedad de pagar anualmente durante el mes de octubre, 40 millones de dólares como resultado de los acuerdos derivados de la renegociación con el Club de Paris.  Téngase en cuenta que este pagose incrementará gradualmente a lo largo del período de amortización, en la medida que se vaya reduciendo el monto adeudado.

2.  Los costos adicionales del riesgo de incumplimiento de los acuerdos concertados con el Club de Paris. Es cierto que hasta el 2020 no se pagarán intereses pero si el país suspende temporalmente el pago anual pactado por concepto de amortización será gravado con un interés del 9% hasta el pago final, además de los intereses por la demora de esa porción en atrasos.

3.  La renegociación de aquella parte de la deuda pasiva correspondiente al Club de Londres. Según informaciones no oficiales, un grupo de acreedores comerciales de Cuba formaron en Abril de 2015 un comité liderado por  Stancroft Trust para comenzar a negociar una reestructuración de la deuda. Se dice que entre los mayores tenedores de deuda del Club de Londres cubano 3 instituciones concentran el 50% de la deuda comercial.(Strohecker, 2015)

4.  La necesidad de seguir cumpliendo puntualmente con el servicio de la deuda activa y la ya renegociada. Murillo afirmó en la legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Diciembre del 2015 que para lograr 6 500 millones de crédito para el financiamiento de la economía en el 2016, “tenemos que pagar los más de 5 000 millones de deuda’’ (exactamente 5 299 millones) (6). (Murillo, 2015)

5.  La composición misma de la deuda activa donde adquiere cada vez más importancia la deuda de proveedores que es la que nos permite cubrir las importaciones.

6.  La disminución de las reservas internacionales en términos reales por la apreciación del dólar estadounidense y por la necesidad de enfrentar los significativos desastres ocurridos tras el paso del huracán Matthew.


7.  El decrecimiento de la economía cubana y el exceso de optimismo respecto 2% de crecimiento para el 2017 en un contexto donde sigue predominando una alta incertidumbre respecto al crecimiento económico mundial y el desempeño de los principales socios comerciales de Cuba. Téngase en cuenta que la renegociación de la deuda se llevó a cabo considerando unas perspectivas de crecimiento que no pudieron alcanzarse.

8.  La necesidad de seguir canalizando recursos externos por la vía del crédito en un escenario en que la inversión extranjera no acaba de constituirse en una fuente esencial de financiación al desarrollo.

9.  El riesgo de que la percepción de Moody´s sobre el desempeño de mediano plazo de Cuba presione a la baja en su calificación crediticia.

En síntesis, Cuba avanza hacia la normalización de las relaciones con los acreedores, se percibe un esfuerzo importante por parte del gobierno en honrar los nuevos y viejos compromisos pero el 2017, sin dudas, planteará la necesidad de realizar importantes ajustes en materia de reordenamiento de la deuda. El pésimo desempeño macroeconómico justo el primer año después del acuerdo histórico con el Club de Paris no es una buena noticia para los acreedores. Tampoco lo es las rigidices que aún permanecen en la economía cubana para canalizar los flujos de inversión extranjera directa por los cuales se han apostado para lograr oxigenar la economía.

El desafío de la deuda sigue pendiente.

Notas:

 (1) Alivio coyuntural de la deuda, incremento del nivel de ingreso de la economía como resultado de cambios externos coyunturales o fuertes ajustes  en la economía donde se prioriza el servicio de la deuda. Como se aprecia, en todos los casos el pago de los compromisos externos estará comprometido; en los dos primeros porque depende de factores externos y coyunturales, en el último, porque los costos de pagar la deuda externa son significativos para el desarrollo económico.

(2) Esta calificación va desde Aaa hasta C y comprende 21 grados. Se divide en dos categorías, de inversión y especulativa. La Caa (Caa1, Caa2, Caa3) se refiere a títulos de baja solvencia, el riesgo de crédito es muy alto y se asigna a títulos de baja calidad. Presentan riesgo de impago de capital intereses o haber incumplido ya dichos pagos. En el caso de Caa1 el riesgo es sustancial y la clasificación de Caa2 es altamenteespeculativa.Ca se refiere a los títulos altamente especulativos que, generalmente incumplen sus obligaciones de depósito y C, es la calificación más baja, refleja que existen pocas posibilidades de recuperación.

(3) No queda claro si esta cifra ya está ajustada a partir de las renegociaciones que han tenido lugar dentro y fuera del Club de Paris.

(4) Se renegoció una deuda pendiente de 500 mil millones, el acuerdo incluyó la condonación del 70% y el resto pagadero en 10 años con la posibilidad también de convertir parte de esa deuda pendiente en inversiones extranjeras directas en el país.

(5) El 45% de la deuda renegociada estaba concertada con Francia.

(6www.cubadebate.cu Ministro de Economía y Planificación de Cuba presentó en Asamblea Nacional resultados 2015 y propuesta Plan 2016.

(Fuente: HSWP/Tomado de la revista Temas)

*La autora es Profesora Titular, Centro de Investigaciones de Economía Internacional 


 

Complicado escenario sudamericano

Complicado escenario sudamericano


martes, 28 de febrero de 2017
7:27:32 a.m. 

Pasó antes en la Argentina de Cristina Fernández y su gobierno, que priorizó los beneficios sociales, salud, educación, empleo. Cuando todo parecía que tendría continuidad por su apoyo popular, en los últimos comicios, un aspirante neoliberal, con una larga hoja de ruta tras el dinero, obtuvo más votos y tomó las llaves de la Casa Rosada.

En Venezuela, también por ese voto enrarecido y quizás hasta incomprensible, y el aporte de los indecisos, el Parlamento abrió las puertas a lo peor de la derecha, que públicamente ha expresado que su interés mayor es derrocar al gobierno del presidente Nicolás Maduro y echar abajo todos los planes sociales iniciados por el Comandante Hugo Chávez.

En Brasil, una arremetida mediática unida a un golpe parlamentario, dio al traste con el gobierno de Dilma Rousseff, e instaló en el poder a personajes corruptos que van llevando a la gran nación sudamericana por un callejón sin salida hacia el abismo.

No hay dudas que ahora toca el turno a Ecuador y hacia la nación andina el imperio y sus aliados de la oligarquía y los grandes medios de prensa locales, no dan tregua en su campaña para derrotar al aspirante Lenín Moreno, de Alianza País, y con él revertir lo logrado por esa Revolución Ciudadana encabezada por Rafael Correa, que ha dignificado la vida de millones de ecuatorianos abandonados por los gobiernos corruptos de períodos anteriores.

En ese contexto, una desprestigiada OEA, con su secretario general al servicio de lo que diga Washington, ha apoyado el golpe brasileño, las medidas neoliberales argentinas y se ha confabulado con la reacción venezolana aportando fuego a la desestabilización que se quiere lograr para luego pedir la intervención militar norteamericana.

De igual forma, en el seno del Mercosur, ha sido lamentable el papel jugado por el hoy mandatario argentino y uno que otro gobernante de una zona geográfica donde el plan concebido en Estados Unidos, pretende eliminar todos los gobiernos progresistas y con ello echar abajo los beneficios sociales alcanzados.

Cuando analizamos este panorama, hay muchos aspectos locales que requieren una mayor explicación para que —de ser posible— sean entendidos a cabalidad.

Es una gran verdad que en los países antes mencionados hay una oligarquía local herida por los planes sociales de gobiernos progresistas y muy interesada en recobrar poder y dinero, aunque para ello haya que sacrificar la salud del pueblo, las millones de viviendas que se construyen para los más necesitados, la educación gratuita y de calidad o el empleo que sacó del paro a millones de ciudadanos.

La oligarquía quiere poder que le garantice el incremento de su capital y su mejor aliado en ese proyecto son los grandes medios de comunicación, también a su servicio, que sirven de punta de lanza en el ablandamiento del camino para derrotar gobiernos.

Hay muchas preguntas con difíciles respuestas. Y también las hay que no tienen otra respuesta que la falta de concientización de los amplios sectores de la sociedad en cada uno de estos países, de manera que interioricen cuál debe ser el rumbo a seguir y, no esperar una campaña electoral para querer resolver estos problemas que requieren del trabajo sistemático  con la finalidad de defender cada palmo de lo logrado y rechazar toda maniobra cargada de muchas promesas de un decadente sistema capitalista que no tiene respuesta para las grandes poblaciones.

Por ello resulta tan inexplicable que se vote por el neoliberalismo o que los indecisos puedan inclinar la balanza al lado de quienes los oprimen.

Por ello es tan complicado explicar el porqué de resultados electorales cuando también votan las millones de familias venezolanas que han recibido sus viviendas, o las que son beneficiadas por una salud pública a nivel de Primer Mundo; o por planes de educación que declararon al país libre de analfabetismo.

Será posible concebir que hay un solo venezolano favorecido de alguno de estos beneficios sociales que pueda dar su voto a una oligarquía que lo primero que haría, de alcanzar el poder, es eliminar todos esos beneficios.

Cómo entender que el Ecuador de Correa y de la Revolución Ciudadana, con su obra inmensa, ejemplo regional y mundial en acápites sociales y económicos, pueda ser víctima de lo que imponga una minoría, con raíces en Miami, para que no se alcanzara la victoria de Lenín Moreno en primera vuelta y ahora hay que ir a una segunda convocatoria donde, de seguro, la derecha encontrará aliados en partidos minoritarios que pueden aportar votos que sumados, harían más complejo el escenario electoral de abril próximo.

(Fuente: Habana Radio/Elson Concepción Pérez)

Los empresarios son malos presidentes. ¿Trump será la excepción?

Los empresarios son malos presidentes. ¿Trump será la excepción?


miércoles, 15 de febrero de 2017
7:24:19 a.m. 

Avanza la antipolítica y con ella su relato sobre la incapacidad estructural de las instituciones, los sindicatos, los partidos y los propios líderes políticos para resolver los problemas de los ciudadanos. En esa estela, poco sorprende el aumento sin precedentes del número de hombres y mujeres de negocios que saltan directamente de las empresas a los asuntos públicos. 

Los argumentos del empresario para hacerse con el poder son casi siempre los mismos, en casi todas partes: “Tengo suficiente dinero y, por lo tanto, no voy a robar o aprovecharme de mi posición de poder; soy persona de hechos, no de palabras” y, finalmente, “los políticos no saben resolver problemas ni saben de finanzas, gerencia e innovación”.

En el clima dominante actual estos son argumentos poderosos para ganar una carrera electoral, pero casi siempre se vuelven vacíos o son minuciosamente traicionados una vez que se llega al poder. Al menos así se confirma en Estados Unidos.

Casi la mitad de los presidentes de Estados Unidos, al igual que en muchas otras democracias occidentales, han sido abogados o políticos de carrera. Veintiuno han tenido ambas profesiones. El resto se reparte esencialmente entre militares, profesores, un ingeniero y un actor. De este selecto club, Washington, Jefferson, Lincoln, los dos Roosevelt, Wilson y Truman sobresalen como los mejor evaluados según la mayoría de los estudios modernos. De ellos, solo Truman podría considerarse como un hombre de negocios. Llegó a tener una tienda de ropa para caballeros que no alcanzó a sobrevivir la crisis de la década de 1920.

Al contrario, según una comparación de varios estudios hecha por The Hill, ningún presidente estadounidense proveniente del mundo privado es recordado como exitoso, siendo los hombres de negocios los que tienen las peores evaluaciones. Entre ellos destacan Herbert Hoover (magnate de la minería), George W. Bush (ejecutivo petrolero, dueño de los Texas Rangers) y Warren Harding (editor), el más desastroso de todos, nítidamente asociado a escándalos de corrupción y aventuras amorosas.

La realidad es que la experiencia empresarial puede ser irrelevante o incluso volverse un impedimento para una buena gestión presidencial. Eso ayudaría a explicar por qué en la era moderna, tres de los siete presidentes venidos del campo empresarial tuvieron que desalojar la Casa Blanca luego del primer período. Es el caso concreto de Herbert Hoover y Jimmy Carter.

¿Qué explica esa tendencia? El principal motivo es que el poder en Estados Unidos está efectivamente compartido. En la práctica, un presidente tiene una responsabilidad enorme pero una autoridad limitada para hacer las cosas. Manejar ese país como un director general es una fórmula segura para crear trabas a las decisiones a lo largo y ancho del aparato del Estado.

Para hacer una analogía con el ámbito corporativo, sirve decir que un presidente tiene que lidiar con al menos tres juntas directivas: el poder judicial, su propio gabinete y el Congreso. Respecto a esto dos últimos, sólo habrá de conseguir lo que le permitan obtener sus capacidades persuasivas y no su poder vertical sobre unos empleados.

Donald Trump, por cierto, presenta algunas limitaciones adicionales que no tienen muchos capitanes corporativos que han llegado al poder. Trump nunca ha sido parte de ninguna junta directiva que no sea la suya, o sea, solo ha tenido que responderle a un único accionista, que es él mismo. Nunca ha manejado una empresa de capital público, ni ha tenido impedimentos para contratar a quien le da la gana. Como presidente, tiene que manejar una fuerza laboral que en su inmensa mayoría no puede ser despedida. Son los 4,2 millones de profesionales de carrera —incluyendo militares— que han trabajado en sus respectivas agencias de gobierno por más de dos décadas como promedio y bajo las órdenes de otros presidentes. Para alguien que ha forjado su marca personal despidiendo empleados, ésta es una experiencia totalmente novedosa.

También cuenta el tamaño de la operación económica que maneja un presidente actual, algo que ningún empresario del mundo puede realmente comprender si no tiene alguna relación previa con el cargo o con los vericuetos de la gerencia del gobierno. Al sentarse en la silla presidencial, Trump toma en sus manos un presupuesto de más de 3,6 billones de dólares, bastante mayor que cualquiera de las corporaciones listadas en Forbes. Ese dinero se recaba para prestar un servicio, vale decir, para atender las necesidades de los ciudadanos –pagar la seguridad social, las cuentas de retiro de los militares, los gastos de defensa. Esos programas deben funcionar y tienen que ser bien gerenciados, pero no están allí para generar lucro, que es el objetivo central de un líder empresarial. Eso es radicalmente distinto al proceso de toma de decisiones al que Trump está acostumbrado.

Otra limitación severa del actual presidente-empresario es la indisposición a evitar conflictos de interés entre la investidura de jefe de gobierno y sus negocios. Algunos eventos de este último mes muestra que el nuevo presidente no dejará intactas las ilusiones de quienes pensaban que habría separación de intereses entre su gobierno y las rentas familiares. El asunto ha llegado al paroxismo al inmiscuirse Trump personalmente en una disputa entre su hija y la cadena Nordstrom.

La empresa advirtió que ya no ofrecería en sus tiendas las líneas de joyería y ropa “Ivanka Trump”, aduciendo un declive de ventas importante. Trump salió al paso con un tweet de su propia mano reclamando que su hija “había sido tratada injustamente”. La cuenta oficial de la Casa Blanca @POTUS, reenvió el mensaje, lo que ya implica el uso de recursos públicos para resolver una vendetta personal. El desabotonado jefe de prensa Sean Spicer, complicó aún más el dilema ético al asegurar que “el presidente tiene todo el derecho de apoyar a su familia”.

Ser presidente en Estados Unidos requiere de muchas cualidades. Donald Trump tiene algunas. No le falta coraje, habla directo, tiene algo de credibilidad financiera y sobre todo, sabe dominar la conversación e identificar los temas que le preocupan a la gente. Pero pareciera no saber para quién y cómo debe gobernar. Su reclamo a Nordstrom acentúa las dudas sobre su motivaciones para estar en el poder. Según Public Policy Polling, un 61 por ciento de los electores considera que el presidente debería separarse totalmente de sus intereses como empresario.

Los niveles de aprobación de Trump no han cesado de caer desde que entró a la Casa Blanca y eso es muy problemático para un líder que está comenzando su mandato.

Barack Obama tuvo a su lado a los grandes periódicos, los canales de TV y a un batallón de opinadores, intelectuales y académicos. Contó además con un partido unificado y la adoración internacional. Trump no tiene nada de eso. Decenas de capitanes corporativos le han dado la espalda. Los intelectuales conservadores abrazaron el movimiento NeverTrump y el Partido Republicano le brinda por ahora un apoyo dudoso. Apenas Fox y algunos portales de internet extremistas lo respaldan sin reservas.

Mientras domine el congreso podrá avanzar, pero si los demócratas vuelven a ser mayoría podrían sacarlo del poder. En rigor no le queda mucho tiempo para aprender y tender puentes. Si quiere ser la excepción entre los presidentes empresarios,Trump tiene que verse en el espejo, admitir que es un aprendiz de político y pedir ayuda.

Debe rodearse de patriotas, gerentes públicos experimentados y no solo de oportunistas. De lo contrario, puede terminar perdido en un drama de corrupción, parálisis y desconexión del elector. Algo muy parecido a los reclamos que él mismo le hace a la clase política.

(Publicado en The New York Times/ Aquiles Esté* /13 de febrero de 2017)

*Aquiles Esté es semiólogo, publicista y consultor en mercadeo político.

 

Desde Rusia Froilán González habla sobre el Che


miércoles, 01 de febrero de 2017
10:42:39 a.m. 

"El asesinato del Che y de su guerrilla fue el inicio del ‘plan Cóndor", señala en entrevista de RT, Froilán González García, autor de 18 libros sobre el mítico revolucionario argentino. 

El investigador cubano revela por qué los medios siempre han mostrado a la guerrilla del Che en Bolivia como traidores y cuál fue el papel de la CIA en el asesinato de Ernesto Guevara.

Además, reflexiona sobre las relaciones entre Cuba y EE. UU., y explica qué intereses están detrás tanto de Trump como de Hillary.Les dejo el vídeo porque sus libros, desgraciadamente, se han agotado de las librerías cubanas, o han sido publicados por editoriales extranjeras, incluso en varios idiomas.

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Fidelísimo martiano

Fidelísimo martiano


sábado, 28 de enero de 2017
8:51:49 a.m. 
 

Por Mercedes Rodríguez García 
Fotomontaje: Linares

Dudaba el investigador sobre cómo iba vestido nuestro Héroe Nacional el día que cayó en Dos Ríos: si como Gómez lo describió «de saco negro, pantalón claro, sombrero negro de castor y borceguíes negros», o como vistiera por aquellos días y describe el propio Martí, con sombrero de paja y chamarra de dril ruso.

Un día se le presentó la oportunidad de plantearle la interrogante al Comandante en Jefe, «y con esa mirada pícara que él tiene», le respondió: «A lo mejor, con lo limpio y escrupuloso que era, Martí mandó a lavar la ropa de tantos días» Y no deja de tener razón, es una posibilidad, «nunca hay una
sola verdad», admitió el Dr. Rolando Rodríguez García en una entrevista que le hiciera para Vanguardia en mayo de 2015.

Pulcro él también en el detalle, Fidel podía imaginarse a tal punto al héroe de Dos Ríos. Para él desde los años escolares, guardaba una devoción infinita.

«Vivimos orgullosos de la historia de nuestra patria; la aprendimos en la escuela, y hemos crecido oyendo hablar de la libertad, de la justicia, y de derechos. Se nos enseñó a venerar desde temprano el ejemplo glorioso de nuestros héroes y de nuestros mártires. Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez y Martí fueron los primeros nombres que se grabaron en nuestro cerebro», expresó durante la autodefensa, el 16 de octubre de 1953, el principal encartado de la Causa 37 por el asalto al Moncada.

¿Qué cubano no conoce o ha escuchado —tal vez descontextualizadas— decenas de frases de Fidel en su alegato conocido como La Historia me absolverá, y que hacen referencia directa o indirectamente, en letra o en espíritu, a nuestro héroe de héroes?

«¡No importa en lo absoluto! Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos», afirmó luego de increpar al tribunal por haberle negado que llegaran a sus manos obras de consulta de cualquier materia, entre ellas, los libros de Martí.

Y para quienes lo llamaran por ello soñador, como Martí les dijo: «El verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber; y ése es [...] el único hombre práctico cuyo sueño de hoy será la ley de mañana, porque el que haya puesto los ojos en las entrañas universales y visto hervir los pueblos, llameantes y ensangrentados, en la artesa de los siglos, sabe que el porvenir, sin una sola excepción, está del lado del deber».

Solo en ese elevado e inspirado propósito martiano, era posible para Fidel «concebir el heroísmo de los que cayeron en Santiago de Cuba».

Martí vivía en Fidel, no quepa la menor duda. Y si las almas en algún momento transmigran, la de Martí debió constituirse energía trascendente —invisible e inmensurable— que por su boca hablaba, encarnando la misma rebeldía y el desafío derivados de los actos del Apóstol de la independencia de Cuba. O por lo menos, como me contara durante una entrevista —también para Vanguardia— el poeta Yamil Díaz, «alguno de aquellos mambises iletrados que conocieron a Martí en las montañas de Oriente. Esos que oían sus arengas y algo mejor: lo vieron dormir en una hamaca, escribir a sus amigos, almorzar, comentar las hazañas de la Guerra Grande». 

Fidel —no es desatinado suponérselo— debió no solo haber visto en sueños a Martí, sino también en «ese otro plano al que engañosamente llamamos “realidad”». 

No hay escrito o pieza oratoria de Fidel donde encumbren tan claro y vibrante el pensamiento martiano y la historia de Cuba como en La Historia me absolverá. Convertido de acusado en acusador, denunció en ella los problemas sociales que afectaban al país —latifundios, insalubridad, miseria, analfabetismo—, y dio a conocer las medidas que tomaría la Revolución una vez derrotado el oprobioso régimen. ¡Tal era su fe en el triunfo! 

Los más suspicaces pudieron haber presentido en el verbo encendido del aquel abogado «querellante» de 27 años a un peligroso líder de ideas marxistas, algo que nunca negó y aclaró siempre que pudo porque, «antes de eso», ya era un profundo martiano. Como lo hizo, en 1985, a Carlos Alberto Libânio Christo, sacerdote brasileño de la Orden de los dominicos, más conocido por Frei Betto: 

«Yo antes de ser comunista utópico o marxista, soy martiano, […], fui siempre también un profundo admirador de las luchas heroicas de nuestro país. […] Claro que Martí no explicaba la división de la sociedad en clases, aunque era el hombre que siempre estuvo del lado de los pobres, y fue un crítico permanente de los peores vicios de una sociedad de explotadores. […] Yo digo que en el pensamiento martiano hay cosas tan fabulosas y tan bellas, que uno puede convertirse en marxista partiendo del pensamiento martiano». 

El poeta, ensayista y crítico cubano Cintio Vitier validaría al colega Luis Báez —para su libro Absuelto por la historia, publicado en 2001— «los principios marxistas que libremente Fidel asumió en su juventud […], con el tiempo le permitieron una argumentación de amplitud latinoamericana que en la práctica ha llegado a ser ecuménica». En especial aquellos que «fundamentaron un desmontaje científico del capitalismo, al injertarlos en la cepa del pensamiento martiano». Práctica universal que lo llevó «a una especie de equilibrio en que previsión y rebeldía se equivalen». 

De ahí —explica Vitier— el nexo que Fidel siempre buscó «entre el análisis y la acción, entre la intransigencia y la lucidez, tocando el borde de las posibilidades reales de los factores objetivos y subjetivos en la lucha contra un enemigo tan desproporcionado», demostrando «que lo único prudente es rebelarse contra todo fatalismo histórico».

Llegado a este punto, y más allá de «cualquier recuento de aciertos y errores» —especifica Cintio— Fidel se convirtió «predicando con el ejemplo de la independencia y la resistencia del pueblo cubano, en mensaje de esperanza, aliento combativo e impresionante convicción de una victoria planetaria». 

Fidel encarnó ideales y delineó la Patria que imaginó nuestro Apóstol, resumiendo en sí mismo la evolución y síntesis del pensamiento político, económico y social de la nación cubana. 

¿Romántico? Hasta donde mismo presumía que es posible el cielo en la tierra, fue «un hombre privilegiado por su formación cristiana, su opción marxista y la asimilación de la prédica martiana», de acuerdo con Frei Betto. 

¿Extremista?, como lo han calificado algunos. ¡No! Fue «un hombre radical, lo que significa, como señaló Martí, ir a la raíz, y ella no está en los extremos, sino en el centro de la verdad y de la acción revolucionaria. En esto consiste su genio político», según el intelectual y político cubano Armando Hart.

En más de una ocasión he escuchado o leído a Eusebio Leal aseverando lo muy difícil que resulta valorar el impacto de una personalidad en la conciencia de sus coetáneos, tarea que él deja a los biógrafos, duchos en ordenar anécdotas y testimonios de los cuales surge —ojalá sea con pasión y verdad, aclara— la semblanza de los héroes. 

Mas, volver a Fidel Castro cuando ya no existe físicamente ha sido complejo. Ya ven. No porque falte la anécdota, el testimonio o el documento sobre el mortal, sino por ese vacío que gravita en quienes crecimos viéndolo y escuchándolo en la infinitud de la vida nacional, y que ahora —dada la frescura de la rehusada partida— nos empuja al vértice de la incomodidad y la aflicción. 

Por ello duele tener que escribir los verbos en pasado, o colocar justos adjetivos por temor a sonar grandilocuente, falsa, o lo que es peor, fallarle a él mismo rindiéndole desmedido culto a su persona. 

Y volver a Fidel de la mano de José Martí, si no difícil, es al menos arduo. No tanto por el miedo a decir lo mismo que otros dijeron —siempre queda el recurso del entrecomillado—. Es por la fuerza centrípeta del alma que nos impide la aceleración intrínseca a todo artículo periodístico, y superpone —en detrimento del análisis— la emoción a la razón. 

Mas, parafraseando a Leal, lo que desarticula y trastorna de verdad es la grandeza que se levanta de los hechos cotidianos por lo efímero que es el espacio de la vida. 

Pero hay vidas grandes, infinitas. 

Vidas eternas, perdurables, memorables, porque de sus «cadáveres heroicos» se eleva el «espectro victorioso de sus ideas», como expuso Fidel en su alegato refiriéndose a sus compañeros caídos durante el asalto o asesinados luego. Vidas que «no tenían precio», vidas que «no podrían pagarlas con las suyas todos los criminales juntos». 

Vidas sin límites, vidas martianas que no extingue la muerte, que no pueden llorarse sobre las sepulturas, que no temen ni se abaten ni se debilitan jamás «porque los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra». 

Y por labios de Fidel continuaría el Apóstol: 

Cuando se muere
En brazos de la patria agradecida,
La muerte acaba, la prisión se
rompe;
¡Empieza, al fin, con el morir,
la vida! 

Nadie sabe cómo transcurrieron los últimos minutos de Fidel. Y, no. No puedo ni quiero imaginármelo yacente.  Fidelísimo partió y en polvo caminó a  sembrarse al lado de Martí, predicando en la marcha. 

A Fidel, como en los versos de quien tanto venerara: «La estrella como un manto, en luz lo envuelve»