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LA TECLA CON CAFÉ

Cronicafeando

Pedro, el gladiador

Pedro, el gladiador


sábado, 04 de agosto de 2018
10:47:48 p.m. 

Por Mercedes Rodríguez García  

Le faltaba una semana para morir y seguía ahí, al pie del cañón, desde su casa, escribiendo, polemizando, reseñando, y también dando condolencias a los demás cuando le abandonaba un amigo, un colega, un hermano de la vieja guardia, un conocido focal. ¡Sabe Dios superando qué fatigas del cuerpo! 

Porque de alma, jamás enfermó ni envejeció. Y aunque la fecha de muerte no es asunto de crónica anunciada ni de cambio negociable, estoy segura de que este hombre la hubiera postergado. Porque quería vivir, porque luchó por vivir para él, para los suyos y para los demás. 

Físicamente hacía años que no le veía, pero con frecuencia nos hablábamos por teléfono. Él, casi siempre proponiéndome algún tema histórico para investigar; yo, para consultarle determinados enfoques o preguntarle qué sabía de esto o de lo otro que no aparecía en nuestra prensa, pero que todo el mundo comentaba. Hombre bien informado, comprometido y valiente, siempre me dio la seña, la verdadera, sin alertas ni condiciones previas. 

Nunca hablamos ni nos preguntábamos —ni él se quejaba— de enfermedades, aunque de sus avatares por hospitales —infarto, nefroctomía, cataratas y quimioterapia— sabíamos de sobra por narraciones personales en su weblog Café mezclado: simples pretextos para hablar de la obra revolucionaria, sus costos y beneficios sociales en materia de humanismo y salud. 

Llegó a Vanguardia en 1974, y nos lo presentaron como su nuevo director en una asamblea de trabajadores del periódico. Era un mulato chino treintipicón, alto, delgado, con cierto desgarbo al vestir. Ingeniero químico, venía de la Universidad Central. «Vamos a ver si sabe la fórmula para dirigir un periódico», comenté para mis adentros. 

Pronto él, yo y todos, viviríamos —y sufriríamos— los avatares de las ediciones diarias en aquellos tiempos, cuando la prensa funcionaba a base de planes de trabajo y no eran pocos los autoritarios y burocráticos dedos que imponían al periodismo el mismo camino que el importado sistema soviético de dirección y planificación de la economía. 

Pero el nuevo director resultó un hombre bien informado, de luces y criterios propios. Consciente de que la decisión de informar, de cómo hacerlo, compete no a la fuente de noticias, sino a la dirección del órgano, asumió con indisciplina militante tal responsabilidad. No le gustaban los periodistas que no le llegaran a la noticia —aunque esta saliera muchas veces de circulados informes— ni aquellos que soslayaran la crítica como instrumento cotidiano de trabajo. 

A muchos nos llevó al límite retándonos, midiéndonos entre nosotros, pero al mismo tiempo fomentando entre unos y otros las mejores relaciones de trabajo y confianza en las capacidades propias. Para él todos éramos útiles y necesarios, y sabía muy bien qué ordenar a cada cual, aunque a veces pedía peras al olmo. 


Ese era su método de entrenamiento para que no hubiera carencia de oportunidades. Sin absolutismo estableció jerarquías, y supo hacer respetar canas, cabelleras frescas, ciencia, sapiencia y academia. Y también decir alguna vez «zapatero, a su zapato». 

«Hay que adivinar —decía— cuánto da cada quien y arriesgarse. Creo que la clave está en romper las ataduras mentales que nos mantienen sujetos a un periodismo chato y poco revolucionario». 

De modo que aquel ingeniero químico —con un doctorado que quedaría trunco— propició que todos fuéramos un poco jefes de Redacción, de Información, de equipo, de páginas, al tiempo que apoyó y fomentó en torno al periódico un fuerte movimiento de corresponsales y colaboradores, un vínculo sistemático con los lectores, y un quehacer investigativo que nos llevaría a conocer gustos y preferencias de los receptores, así como aciertos y desaciertos en la gestión informativa, manejo de los géneros periodísticos y otros aspectos de fotografía, tipografía y diseño. 

No se perdía una celebración. No era un santo. Ni lo puedo catalogar el mejor de los directores posibles. Cometió pifias y se le escaparon algunos gazapos humanos y erratas humanoides. Mas, los que pasamos y aprobamos su método y estilo de trabajo durante casi una década al frente de Vanguardia, incluso los que llegaron después, debemos reconocer en Pedro Hernández Soto, un hombre y un dirigente de cualidades muy próximas a la excepcionalidad. 

Y sé que más o menos así lo sienten quienes compartieron con él como trabajador azucarero en tres provincias, como profesor universitario, como funcionario del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido, como vicepresidente del ICRT, como fundador del Canal Habana y como redactor jefe del sitio web de la revista Bohemia. 

Pocas personas he conocido con tanto empuje, tanta creatividad, tanta alegría, como este ingeniero devenido periodista en medio de calmas chichas y tormentas. Siempre al lado de la Revolución cubana,  entusiasmándose con sus avances, molestándose y actuando frente a los desaciertos. Siempre confiando, animando, exigiendo, queriendo arreglar lo mal hecho a pecho descubierto de cubano leal. 

Tras 12 años de batallar por vencer los males del cuerpo, tan simple y sencillo como vivió, Pedro se fue durante el sueño, en su casa, en La Habana, la tarde noche del viernes 27 de julio de 2018. Había cumplido el pasado 27 de febrero, 80 años. En el Cienfuegos natal reposan sus cenizas. Fue un hombre de bien. De él me quedan no tanto los recuerdos como su espada y escudo de auténtico gladiador.

Ernestito, el corajudo

Ernestito, el corajudo


jueves 14 de junio de 2018
7:33:43 a.m. 

Por Mercedes Rodríguez García 

Pienso en él, en el estereotipo que pueda formarse por la reiteración de fotos, anécdotas, por las invariables efemérides celebradas casi siempre de la misma forma, en el mismo lugar, a la misma hora.

Por eso trato de encontrar los rasgos primigenios. No aquellos que puedan emanar de sus ancestros, entre los que se cuentan —por línea materna— un virrey de España, «buscadores de oro y reyes de la carne».

Tampoco me interesan los del mítico rostro captado un frío y nublado octubre kordasiano. Un día tremendísimo de duelo, con boina, melena, barba y jacket ajustado al cuello, que aún recorre el mundo en afiches, pancartas y carteles. Este mundo maltrecho, olvidado de afectos y lleno de rencores. De niños que sufren sin entender qué pasa en su tierra calcinada, deshidratada, amurallada, bombardeada. Niños que no hacen manifestaciones. Y de hacerlas, ¿qué imagen del héroe portarían?  

Pero todos los niños son iguales. No gustan de íconos, ni son porque son ellos y sí porque los padres quieren y los maestros dirigen sus acciones, fiestas y tareas. Entonces pienso en mis chiquillos, desmejorados de juguetes pero cargadas de libros sus mochilas, con espejuelos graduados, zapatos ortopédicos y dientes cepillados. Y por lo que se pueda deducir que son felices, póngalos a correr detrás de una pelota, o a darles con el bate; llévenlos en caminata a las lomas para que sientan el sol y el aire libre; déjenlos que suban a un árbol a ver quién gana; permítanles que traten de montar una cabra, o un perro, o un burrito, o un caballo; sáquenlos  a donde haya mar, o río, o pileta, para que ejerciten el cuerpo y ensanchen los pulmones; organicen competencias de lecturas, o de cartas, a ver quien las hace más rápido y con letra más bonita; planifiquen acampadas con cantos y fogata, o realicen vigilias en los parques, aderezadas con guitarras, videos e infusión. 

Y no tiene que ser exactamente —como hoy— onomástica la fecha, para que así este Ernestito que yo digo ensanche y crezca parejo a la talla del short y la camisa del otro Ernestito —que también puede ser saya y blusa en cualidades—, de la manera más natural posible, compartiendo lo abundante que lleva en la bolsita, o lo poco que la madre dispuso de merienda. Y si no tiene nada, entonces que pueda ser capaz de dar la mano al otro, decirle un hola, un buenos días, un qué tal, un ven a mañana jugar a casa, amigo, compañero, hermano.

Porque la cuestión no es contarles por contarles del «Calica», Paco y Pepe, Alberto, Tomás, Tita, y Distéfano; ni de de Rosario, Buenos Aires, Córdova, Altagracia, sino hacerles sentir qué es una fatiga, un ahogo, una respiración sorda y persistente, y cómo puede sobrellevarse el asma haciéndose el duro delante de los suyos. O curarse con sopa de gato.

—¡Sopa de gato! ¿Y se tomaban eso?

—No, yo ni lo probaba.

A la interrogante de Ernesto —quinto de los cinco hijos del Che Guevara—, respondido Juan Chilo, compañero aventuras de su padre alrededor de la casa en Altagracia. (1), donde también Ernestito pasó apremios económicos, pues la plata unas veces llegaba y a veces no llegaba.

Un Ernestito muy corajudo.  Mas,  al decir de la colega e investigadora argentina Estella Calloni, «un coraje discreto», porque al «comandante Guevara no hacía bandera de ser un corajudo, ni le parecía importante tener el coraje convencional. Él tenía un coraje austero, el de la madre». (2)

Por ello, vale expresar con fuerza, firmeza y justeza: ¡Seremos como el Che!

Como el Che hombre, y como el Che Ernestito. El niño que se convertiría en leyenda. Un poco genioso, pero un niño solidario, generoso, arriesgado, que siempre decía lo que pensaba y nunca dejó de hacer lo que decía.

Un hombre que como padre, a lo largo de la vida, no pudo dedicar mucho tiempo a sus hijos, pues siempre dio prioridad a las tareas en la dirección del país que lo adoptó y nacionalizó cubano.

En la carta de despedida que les dirige, poco antes de partir hacia Bolivia, muestra con claridad el cariño que sentía por sus hijos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto, a quienes les pidió estudiar «mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza», y ser «siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo».

Lo he dicho muchas veces: se es de grande como se fue de niño. O mejor, como se nos educó y enseñó. La cuestión está en ser, desde niños, corajudos, como Ernestito, ensanchado y crecido en estos tiempos.

(1) Mon pere le Che, documental, 1997. (Mi padre, el Che). Realizadora: Marie-Monique Robin.

 (2) El Che Cordobés, documental, 2016. Universidad Nacional de San Martín, Argentina. Director: Claudio Rosa. 

  

Pido vientos en contra

Pido vientos en contra

sábado, 26 de mayo de 2018
7:45:02 a.m. 

Por Mercedes Rodríguez García 

Temprano, en la mañana de este miércoles, le llegó la hora definitiva a un hombre que no merecía vivir, o quizá, nacer.

Pero la muerte —que no discrimina— fue condescendiente con él, le trató bien, se lo llevó longevo, atendido, y hasta donde puede estarlo un terrorista, tranquilo, sin haberse arrepentido del más abominable de sus actos intelectuales: la voladura de un avión de Cubana en pleno vuelo, el 6 de octubre de 1976.

Los cubanos más jóvenes no tienen ya por  qué  imaginarse aquella planificada catástrofe en la que no hubo sobrevivientes, ni centenares de rescatistas, ni vídeos de celulares subidos a Youtube, y en la que murieron 73 pasajeros, 57 de ellos de la isla caribeña.

Tampoco les será difícil suponer el dolor de los familiares de las víctimas, ni la reacción del más solidario de los pueblos, que esperaba a sus 24 muchachos del Equipo Nacional de Esgrima, entre cuyos despojos se hallaron, prendidas en los trajes, las medallas doradas, todas las que disputaron en el Campeonato Centroamericano y del Caribe, celebrado en Caracas. 

Los aviones son el medio de transportación más seguro que existe, pero por errores técnicos o humanos, se incendian sus motores, explotan en el aire, caen a tierra o al mar. Y entre el fango y el fuego, entre el agua y el aceite desparramado, hierros retorcidos, equipajes dispersos, trozos de cuerpos chamuscados, vísceras sin nombres, algún peluche intacto. ¡Terrible! Lo acabamos de vivir. No hay consuelo.

Pero, bien distinto que a un avión le pongan una bomba adentro. Bien calculado, estudiado, detalle por detalle lo planificado, «porque se trata de un golpe muy grande», de un «regalito» para que «el miércoles a esta misma hora Fidel Castro esté más encabronado que nunca», como narra la colega venezolana Alicia Herrera en Pusimos la bomba… ¿y qué? (1), un libro testimonial donde queda demostrado, por propia confesión de los culpables, que los asesinos son Orlando Bosch, Hernán Ricardo, Freddy Lugo, y el hombre que no merecía vivir o quizá, nacer: Luis Clemente Posada Carriles.

Pero murió plácidamente, en el Memorial Regional Hospital de Hollywood (Florida) a los 90 años.

No sé si valga la pena reseñar los puntos más negros de su extensa hoja al servicio de la CIA, referenciar algunas de sus «acciones de guerra», como Bahía de Cochinos, en 1961; mencionar su participación en el plan para asesinar a Fidel en Panamá, donde el líder cubano asistía a una Cumbre Iberoamericana. Allí fue detenido e indultado, tras lo cual viajó a El Salvador, y de ahí entró a los Estados Unidos en 2005, de manera ilegal.

¿Un hombre que «se le escapó al diablo»?, ¿un «gato con siete vidas»?,  que en los últimos años de su existencia compartió el tiempo entre «sus cuadros y su fe religiosa». Bosch y Posada Carriles fueron detenidos en Venezuela, luego del atentado a la nave de Cubana y juzgados junto con Ricardo y Lugo.

Mas, los cuatro fueron absueltos en un primer juicio que posteriormente fue anulado. Posada escapó de la cárcel en Venezuela antes de que concluyera el segundo proceso en un tribunal civil, en el que Bosch(2) fue absuelto. Solo Ricardo y Lugo fueron encontrados culpables.

Posada nunca fue acusado en los Estados Unidos del ataque contra el avión en 1976, y el gobierno federal nunca respondió.

Tiene 86 años cuando comparece ante las cámaras de una televisora miamense. Antes de interrogarle a fondo, cuidándose de no lastimar al entrevistado, el conductor le pide permiso para mostrarle un fragmento de vídeo con declaraciones de dos hijos de una de las víctimas del crimen de Barbados, y otro donde el mercenario estadounidense de origen salvadoreño,  Ernesto Cruz León, explica cómo el 4 de septiembre de 1997, colocó una bomba en el hotel Copacabana(3).

—¿Usted no siente pena por estas personas?

Trastabillándole las desdentadas mandíbulas, flácido y cansino el cuerpo, dispersa la mirada, tapizado el rostro de melanocitos, pero sin pensarlo mucho, Posada le responde:

—Cualquier persona que muera, una madre, yo siento pena, soy un ser humano que siente pena […] En todas las guerras tiene que haber víctimas y tiene que haber un lado humano [...] Yo no estoy comprometido con esas víctimas.

—¿Ud. reitera su inocencia?

—Completamente.

—¿Nunca vio en su vida al salvadoreño que puso la bomba en el hotel Copacabana y que mató al turista italiano Fabio Di Celmo?

—[…] ¡Qué sé yo quien puso las bombas!

—Bueno, como especialista en explosivos entrenado por la CIA, por Israel...(4)

—[…] Son falacias... Cuando yo fui a la invasión de Bahía de Cochinos, nos entrenaron a todo el mundo. Nada especial, también cuando entré en el ejército norteamericano…

Poco más tengo que decir sobre este hombre que no merecía vivir o quizá, nacer. Tan peligroso, que la propia agencia lo tenía estrechamente vigilado.

Barbados sigue pendiente.

No sé si en el «más allá» —purgatorio, cielo o infierno— al Bambi le juzguen mejor que en este maltratado planeta donde habitan los mortales y, al fin, pague por sus actos.

Lo que sí me resulta una gran ironía es que se vaya a cumplir la voluntad de Posada Carriles, quien pidió antes de morir que sus restos fueran cremados y sus cenizas arrojadas al mar, cerca de las costas de Cuba.

Espero que ese día los vientos soplen en contra y las devuelvan a algún lugar donde habiten siniestras alimañas o esas serpientes cascabel que a veces gustaba de comer.

Era un hombre sin alma, un hombre que no merecía vivir o quizá, nacer.

Notas:

(1) Herrera, Alicia, Pusimos la bomba... ¿y qué?, Instituto Cubano del Libro, Editorial Ciencias Sociales, 2000.

 (2) Orlando Bosch falleció en Miami en el 2011.

(3) Se trata de una serie de sabotajes organizados y financiados por la CIA de los Estados Unidos contra los hoteles de La Habana. Ese día, 4 de septiembre de 1997, muere debido a explosión el turista Fabio Di Celmo.

(4) Posada Carriles era considerado un experto en demoliciones, según un resumen preparado por la CIA para el FBI sobre los sospechosos de estar involucrados en la voladura del avión de Cubana.

 

 

Martí diverso

Martí diverso

 

viernes, 18 de mayo de 2018
6:58:01 a.m.

Por Mercedes Rodríguez García
Imagen: Martí 2004, óleo sobre lienzo, Juan Manuel Suárez Rodríguez*

Mi Martí no llega de pronto, se va descubriendo.

No es libro, ni capítulo de un día, ni tarea para una noche, ni imagen dibujada, ni foto recortada; mejor, historia habitual y renovada, no leída, no dictada, sino contada, con pasión de apasionados, pletórica de luces y de sombras para que adquiera volumen, tonos y matices.

Mi Martí no reside. Como en familia buena: habita, comparte, participa, disiente, aviene, acata, respeta.

No es adjetivo para cualificar, sino verbo de acción, que da color. No es porcelana de crisol, sino arcilla para modelar. No es fuego para quemar, sino lumbre para dorar. No es mar, que brama. Ni lago, que reposa. Ni río, que desborda.

Mi Martí es arroyuelo que fluye continuo, persistente. Y se le oye como arrullando. O murmurando al oído cuitas y dolores, pasiones y entusiasmos, poemas y canciones.

No establece, funda. No es cuartel, es campamento, refugio, alojamiento. No es soldado, es gladiador.

Mi Martí no se dice de boca, ni se le toca con dedo. Se remonta desde la garganta, quebrada que le grita al corazón para despertar el verso, desde donde sube el beso febril, violento, apasionado, pueril, furtivo, robado, suplicado. ¡Quién sabe!

No es efigie de hechura fabricada, ni estatua para plaza, ni busto en un colegio, ni cuadro en la oficina, ni óleo de salón.

Mi Martí no es estampa, ni medalla, ni sello, ni cita discursiva, ni oratoria de podio, ni palabra de templo, ni lema asentido, ni epigrama adecuado.

No es la casita de la calle Paula, ni el Memorial de La Habana, ni flores en Santa Ifigenia, ni el que nunca estuvo en Santa Clara. Ni el Colt Frontier Six Shooter de la Fragua Martiana, ni el gabán que se dice olvidó en su premura, tantas veces cambiado: del marrón al negro, del negro al carmelita, de Nueva York a Toledo, de Madrid a Nueva York.

En fin, metáfora y leyenda.

Mi Martí es Héroe y es Apóstol, sin forcejeos, sin imposiciones, ni recetas. Creíble e increíble. Hecho a mi antojo, imagen y semejanza, sin castidades ni ensueños, viril y tierno, sombra de mis actos, luz de mis saberes, puño de mi golpes, verbo de mi verbo. El que me mantuvo y retiene.

Martí, como él mismo, es misterio, es el alma y es intento.

*Juan Manuel Suárez Rodríguez (Pinar del Río, 1976) Cursó etudios en la Escuela Vocacional de Arte de su ciudad natal y en el Instituto Superior de Diseño Industgrial (ISDI) de La Habana. Posee una reconocida trayectoria como pintory sus obras han sido exhibidas en numerosas exposiciones personales y colectivas tanto nacionales como internacionales. Sus trabajos forman parte de colecciones privadas de Cuba, México, Costa Rica, estados Unidos, España, Italia y Alemania. Ha sido galardonado en varias ocaciones a nivel provincial y nacional.

El valioso tiempo de los maduros

El valioso tiempo de los maduros


martes, 08 de mayo de 2018
9:50:57 p.m.
 

El valioso tiempo de los maduros, un sabio texto de Mário de Andarde (Sao Paulo 1893-1945), uno de los fundadores del modernismo brasileño. Ya antes lo había visto “colgado” en FB una colega periodista, y publicado La tecla del duende, de Juventud Rebelde. Pero ahora me lo mandó una amiga de toda la vida, a la que quiero y estimo mucho, con la recomendación de que lo compartiera. Aquí les deja esta hermosa apreciación de la vida, que de seguro les ayudará concederle mucho más valor a cada segundo. Me adhiero plenamente, línea por línea, dada su actualidad y vigencia. Aquí se los dejo. 

«Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir, de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora. Me siento como aquel niño que ganó un paquete de dulces; los primeros los comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlos profundamente...Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada. Ya no tengo tiempo para soportar a personas absurdas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido. 

«Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa… Sin muchos “dulces” ya en mi paquete… Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana. Que sepa reír de sus errores. Que no se envanezca con sus triunfos. Que no se considere electa antes de la hora. Que no huya de sus responsabilidades. Que defienda la dignidad humana. Y que desee tan solo andar del lado de la verdad y la honradez. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas. Gente a quien los golpes duros de la vida le enseñaron a crecer con toques suaves en el alma. 

 

«Sí, tengo prisa… tengo prisa por vivir con la intensidad que solo los años pueden dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dulces que me quedan… Estoy seguro de que serán más exquisitos que los que hasta ahora he comido. 

«Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia. Tenemos dos vidas y la segunda comienza cuando te das cuenta de que solo tienes una… Por eso quiero decirte gracias por formar parte de mi vida (…). Quiero que sepas que eres importante para mí…». 

 

Estamos en semana Santa y hoy celebramos la Pasión del Señor

Estamos en semana Santa y hoy celebramos la Pasión del Señor

 

viernes, 30 de marzo de 2018
5:01:14 p.m.

Este 2018, la Semana Santa comenzó con el Domingo de Ramos el 25 de marzo y terminará con el Domingo de Resurrección el 1 de abril. Hoy viernes 30 toda la Iglesia Católica se une para conmemorar la pasión del Señor.

La celebración litúrgica de hoy conmemora la Muerte de Jesús, quien dio su vida en la cruz por cada uno de nosotros y por toda la humanidad, por eso la Cruz es un signo de victoria sobre la muerte, pero más de una victoria sobre el pecado.

Con su sacrificio, Cristo pagó el precio que la humanidad debía pagar por sus pecados. Por eso, en este día necesitamos meditar, pensar y sentir sobre el significado de la Pasión y Muerte de Jesucristo.

Una de las actitudes que el cristiano debe tener durante el Viernes Santo es la reflexión porque comprenderemos y profundizaremos en el sentido de la muerte de Cristo.

Semana Santa

La Semana Santa cambia de fecha cada año. Ello se debe a que el pueblo judío celebraba la fiesta de Pascua en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, el día de la primera luna llena de primavera. Esta fecha la fijaban en base al año lunar y no al año solar de nuestro calendario moderno. Es por esta razón que cada año la Semana Santa cambia de día, pues se le hace coincidir con la luna llena. 

La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año. Sin embargo, para muchos católicos en el mundo la han convertido solo en una ocasión de descanso y la diversión.

A la Semana Santa se le llamaba en un principio “La Gran Semana”. Ahora se le llama Semana Santa o Semana Mayor y a sus días se les dice días santos. Esta semana comienza con el Domingo de Ramos y termina con el Domingo de Pascua.

Lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y resucitó. Es celebrar y revivir su entrega a la muerte por amor a nosotros y el poder de su Resurrección, que es primicia de la nuestra.

La Semana Santa fue la última semana de Cristo en la tierra. Su Resurrección nos recuerda que los hombres fuimos creados para vivir eternamente junto a Dios. 

Domingo de Ramos: Celebramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén en la que todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Por esto, nosotros llevamos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan ese día y participamos en la misa.


Jueves Santo: Este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus apóstoles en la que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su cuerpo y su sangre. Es el Jueves Santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. Al terminar la Última Cena, Jesús se fue a orar al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.


Viernes Santo: Ese día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: Su prisión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión. Lo conmemoramos con un Vía Crucis solemne y con la ceremonia de la Adoración de la Cruz.

Sábado Santo o Sábado de Gloria: Se recuerda el día que pasó entre la muerte y la Resurrección de Jesús. Es un día de luto y tristeza pues no tenemos a Jesús entre nosotros. Las imágenes se cubren y los sagrarios están abiertos. Por la noche se lleva a cabo una Vigilia Pascual para celebrar la Resurrección de Jesús. Vigilia quiere decir “la tarde y noche anteriores a una fiesta.”. En esta celebración se acostumbra bendecir el agua y encender las velas en señal de la Resurrección de Cristo, la gran fiesta de los católicos.

Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua: Es el día más importante y más alegre para todos nosotros, los católicos, ya que Jesús venció a la muerte y nos dio la vida. Esto quiere decir que Cristo nos da la oportunidad de salvarnos, de entrar al Cielo y vivir siempre felices en compañía de Dios. Pascua es el paso de la muerte a la vida.

Mochilas antibalas: el gran negocio tras la masacre en Florida

Mochilas antibalas: el gran negocio tras la masacre en Florida


jueves, 22 de febrero de 2018
5:25:25 p.m.
 

Luego del tiroteo en el colegio Marjory Stoneman Douglas, ubicado en la tranquila comunidad suburbana de Parkland, Florida, muchos padres han buscado mecanismos para proteger a sus hijos. Las mochilas antibalas que promueven varias empresas se han convertido en los productos más populares en la última semana.

Y es que tras el pánico generado por el trágico suceso en que perdieron la vida 17 personas, muchas empresas que se dedican a la producción de estos materiales han encontrado en esos sucesos un filón comercial.

Una de las compañías latinoamericanas que comercializa estos artículos y que quedó desabastecida en Florida tras el tiroteo de la pasada semana fue la colombiana McArmor, filial en Estados Unidos de Miguel Caballero, un negocio especializado en ventas de productos de protección con sede en Bogotá.

Carolina Ballesteros, creadora de la línea artículos para niños, cuenta que la idea de comercializar este tipo de producto les llegó tras la masacre de Sandy Hook en 2012, en la que murieron 20 niños y 6 adultos.

El éxito de las ventas fue tal que sus artículos, que no solo se limitan a los diseños para niños, se comercializan ya en 22 tiendas en Florida, así como en otros seis estados, Georgia, Texas, California y Nueva York, entre ellos. 

Pero los artículos para las escuelas no quedaron en las mochilas: McArmor diseñó también chalecos antibalas que se integran a estas, camisetas interiores antibalas y unos portafolios que se abren y actúan como escudos para ser utilizados por los profesores.

"La idea del portafolio nace porque vimos que generalmente son los maestros quienes protegen con su cuerpo a los estudiantes, entonces este portafolio se abre y le sirve como resguardo al profesor y a los niños", explica Ballesteros.

Sin embargo, pese a la fiebre de compras y la comprensible preocupación de muchos padres, muy poco se sabe de la efectividad real de estos productos que estas empresas comercializan.

La doctora Lindsay Malloy, profesora de psicología infantil en la Universidad de Florida, explica que es de las grandes interrogantes en torno a la venta de estos productos es cómo su uso podría afectar la salud mental de los niños.

La especialista, si bien reconoce que los motivos que llevan a estas compras están justificados desde el punto de vista emocional, considera que no solucionan el problema de fondo detrás de los tiroteos.

"Como madre, entiendo el impulso de hacer o comprar cualquier cosa para proteger a tu hijo del horror que los estudiantes de Parkland y de muchas otras escuelas en Estados Unidos han experimentado recientemente. Pero no tenemos evidencia de que medidas como las mochilas a prueba de balas realmente funcionen para prevenir muertes o lesiones", afirma.

"Sin embargo, tenemos mucha evidencia de que las medidas de control de armas han funcionado en otros países. En mi opinión, es profundamente triste y vergonzoso que algunos hablen de mochilas a prueba de balas en lugar de tratar las verdaderas causas", añade.

Lo cierto es que, tras la masacre de Parkland y las evidentes señales y amenazas que emitió Nicolás Cruz sobre lo que haría y no se tomaron en cuenta han puesto en tela de juicio el sistema de prevención de los tiroteos en las escuelas de Estados Unidos.

(Fuente: ECP/BBC Mundo)

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Destruyó su fusil AR-15 y ahora lo imitan cientos de norteamericanos

jueves, 22 de febrero de 2018
8:53:22 a.m.  

Una más entre las masivas protestas que continúan en diferentes estados norteamericanos, el video de Scott-Dani Pappalardo en el que se filma a sí mismo destruyendo un fusil AR-15 —igual al utilizado por Nikolas Cruz para matar a 17 personas en la ciudad de Parkland—, ha movilizado a cientos de coterráneos en las redes sociales, quienes ahora lo imitan. El clip ya supera los 21 millones de reproducciones. 

Pappalardo, residente en Nueva York, apoyaba tenencia de armas, pero cambió y destruyó en vivo su fusil de asalto: “Decidí asegurarme de que esta arma nunca quite una vida”, dijo. 

Muy a lo yanqui, pero con esta acción ha dado paso a un movimiento llamado #oneless (uno menos), que se ha extendido por todo EE.UU.    

   

En su video subido a Facebook, Pappalardo asegura no ser cazador, y dice emplear su arma sólo para su afición al tiro al blanco. Cuenta también que había adquirido el fusil 30 años atrás. Y si bien no estaba en sus planes dispararle a nadie, decidió destruirlo para asegurarse de que no caiga jamás en las manos de alguien que sí esté dispuesto a hacerlo.

"Hoy decidí asegurarme de que esta arma jamás quite una vida, que su caño nunca apunte a nadie. Lo pensé bien ¿MI derecho a poseer esta arma está por encima de la vida de alguien? Un arma como esta puede causar mucha muerte y destrucción. Miren las imágenes de las víctimas y piensen si este derecho es más importante. Yo creo que no", explica. 

"Dicen que hay muchas armas como esta en circulación. Bueno, ahora hay una menos. Sé que muchos me van a tratar de estúpido por hacer esto, pero fue una elección personal. No puedo vivir sabiendo que mi arma podía ser usada algún día para u acto horrendo como el del otro día en Florida", manifestó, haciendo referencia a la reciente masacre de Parkland.

Tras exponer sus razones, Pappalardo cortó su fusil en tres partes, y abogó por un futuro donde exista un mayor control sobre las armas.   

  

Acusado de pasividad ante los frecuentes tiroteos y presionado por la opinión pública, el presidente de EE.UU., Donald Trump, dio el miércoles un tímido paso hacia el control de armas. El martes firmó un memorándum exhortando al procurador general de la nación a proponer una norma que prohíba la venta de piezas que permitan convertir un arma semiautomática en automática, aumentando su poder fuego. 

  

Este miércoles el presidente norteamericano se reunió con los padres y supervivientes de matanzas escolares. 

Trump escuchó duros testimonios de los supervivientes o familiares de víctimas de varios tiroteos, y su propuesta de armar a los profesores recibió críticas de algunos de los asistentes.

"Mi esposa es profesora y ella le diría que los maestros ya tienen suficientes responsabilidades como para además tener la enorme responsabilidad de la fuerza letal que puede acabar con una vida", dijo Mark Barden, cuyo hijo de cinco años Daniel fue asesinado en el tiroteo de Newtown (Connecticut) en el 2012.

Firme partidario del derecho a poseer y portar armas, de todas formas Donald Trump ha dado indicios en los últimos días de estar dispuesto a sopesar ideas que no se ajustan a la ortodoxia de la National Rifle Association, incluidas las restricciones de edad para adquirir armas de asalto. Los propietarios de armas forman una parte crucial de su base de seguidores.

(Fuentes: MP/EM/CRH/EFI)