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Puerto de Florida cancela firma de acuerdo con Cuba

Puerto de Florida cancela firma de acuerdo con Cuba

 

7:26:05 a.m.
sábado, 28 de enero de 2017
 

El Puerto de Everglades, en Fort Lauderdale, Florida, canceló la firma de un acuerdo de negocios con Cuba, luego de que el gobernador republicano Rick Scott lanzara la amenaza de cortar fondos estatales a las terminales marítimas que hagan negocios con la Isla. 

"Recomendaré que se restrinja en mi presupuesto la adjudicación de fondos estatales para puertos que trabajen con Cuba”, anunció Scott sus intenciones a través de Twitter. 

La decisión se dio a conocer un día después que el puerto recibió el primer cargamento de carbón artesanal cubano desde territorio cubano a Fort Lauderdale, tras más de 50 años de bloqueo económico, comercial y financiero. 

 

El Comisionado del Condado de Broward, Chip LaMarca, explicó que tras una reunión con Stever Cernak, director del Puerto de Everglades, éste le dijo que no se firmaría el memorándum de entendimiento con Cuba que se negocia desde mayo de 2016. 

El gobernador Scott amenazó el miércoles a través de su cuenta de twitter con recomendar a legisladores “restringir fondos estatales a los puertos que hagan negocios con Cuba bajo mi presupuesto”. 

Una delegación de Cuba tenía planeado reunirse este fin de semana con autoridades del Puerto de Everglades para signar el acuerdo, y más adelante con dirigentes de los puertos de Palm Beach y Tampa en Florida, así como el de Virginia en Norflok. 

Hasta ahora solo se permitían exportaciones humanitarias a Cuba bajo excepciones del bloqueo comercial de Estados Unidos al país caribeño, la mayoría de ellas a través de los puertos de Florida. 

La empresa de carga Crowley Maritime Corporation, que opera en el Puerto Everglades y que trajo la carga de carbón artesanal esta semana, ha enviado mercancías a Cuba bajo esas excepciones humanitarias desde el 2001, según dijo LaMarca. 

No estaba claro de inmediato qué impacto tendría la declaración de Scott sobre las importaciones cubanas que llegan a Florida. El comercio con Cuba estuvo prohibido durante décadas, pero recientemente se abrió de manera limitada debido a una orden ejecutiva del ex presidente Barack Obama. 

Las amenazas de Scott no impiden que otro estado sí permita la entrada de barcos que comercien con Cuba. 

Rick Scott es gobernador de La Florida desde 2011. Es la persona más acaudalada que ha ocupado ese cargo y oculta las cuentas de su fortuna, lo que le ha ocasionado varios cuestionamientos. 

(Fuente: CI/PL)

 

EE.UU. multa a TD Bank y ONG por violar el bloqueo a Cuba

EE.UU. multa a TD Bank y ONG por violar el bloqueo a Cuba


martes, 17 de enero de 2017
7:23:35 a.m.
 

  • Hasta la fecha suman 52 las multas impuestas durante el gobierno de Obama (2009-2016)
  • El valor acumulado de las penalidades asciende a 14.404 millones 358.605 dólares. 

El 12 y 13 de enero de 2017, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sendas multas a la organización no lucrativa Alianza para una Política Responsable hacia Cuba (ARCPF, en inglés) y al banco canadiense Toronto Dominion (TD), por montos de 10 000 y 955 750 dólares, respectivamente, por violar las regulaciones del bloqueo a Cuba. 

Según el informe de la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC), entre agosto de 2010 y septiembre de 2011, la ARCPF coordinó viajes a Cuba de ciudadanos estadounidenses, en violación de las regulaciones establecidas por el Departamento del Tesoro. Según arguye la OFAC, esa organización brindó servicios de viaje a dos grupos de viajeros, a sabiendas de que no eran actividades autorizadas. 

En el caso del banco canadiense Toronto Dominion (TD)*, alegó la realización de transacciones a través del sistema financiero de Estados Unidos en beneficio de una compañía canadiense, de la que es propietaria una empresa cubana. La OFAC señaló que entre 2003 y 2011, el banco realizó esas operaciones, incluyendo el financiamiento de actividades comerciales, también prohibidas por el bloqueo. 

Estas nuevas sanciones, apenas una semana antes de que finalice el mandato del actual gobierno de Estados Unidos, demuestran la persistencia del bloqueo económico, comercial y financiero, y su alcance extraterritorial, con las consiguientes consecuencias negativas que esto tiene para el desarrollo de la economía y de las relaciones económicas externas de Cuba. 

Desde los anuncios del 17 de diciembre de 2014, el gobierno de Estados Unidos ha multado a 11 entidades (7 estadounidenses y 4 extranjeras) por valor acumulado de 2 mil 843 millones 623 mil 359 USD. 

Hasta la fecha suman 52 las multas impuestas durante el gobierno de Obama (2009-2016) por violaciones de los regímenes de sanciones contra Cuba y otros países. El valor acumulado de las penalidades asciende a 14 mil 404 millones 358 mil 605 USD. 

*En 2013 TD Bank, con sede en Toronto, Canadá, ocupaba el lugar 11 entre los 20 bancos más seguros del mundo. El ranking es determinado por las calificaciones crediticias a largo plazo y el análisis de los activos totales, propiedad de los 500 bancos más grandes del mundo. Aquí está la lista completa.

(Fuente: Granma/Cubaminrex)

Enlaces relacionados:

 

 


 

 

Josefina Vidal: Hoy se elimina un detonante de crisis migratoria entre Cuba y EE.UU.


jueves, 12 de enero de 2017
10:30:33 p.m. 

“Hoy 12 de enero, los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos suscribimos un nuevo acuerdo migratorio que entró en vigor esta misma tarde. Este acuerdo, que se denomina Declaración Conjunta, reitera el interés de ambas naciones de normalizar las relaciones”, aseguró esta noche Josefina Vidal Ferreiro en el Centro de Prensa Internacional de La Habana. 

“Los Estados Unidos de América en lo adelante eliminarán la política de ‘pies secos-pies mojados’ y el programa de parole para profesionales médicos cubanos y aplicarán a todos los ciudadanos cubanos, de conformidad a sus leyes y normas internacionales, el mismo procedimiento y normas migratorias aplicados a los ciudadanos de otros países”, dijo Gustavo Machín Gómez, subdirector general de Estados Unidos en la Cancillería, quien ofreció detalles sobre el contenido del Acuerdo. 

Machín comentó que “los EE.UU. continuarán garantizando la migración legal desde Cuba con un mínimo de 20 mil personas anuales. Además aseguró que nuestro país aceptará que personas incluidas en la lista de 2 mil 746 ciudadanos cubanos que emigraron por el puerto del Mariel en 1980 y fueron considerados inelegibles para permanecer en los Estos Unidos, según el Comunicado Conjunto del 14 de diciembre de 1984 y que no pueden ser devueltas, que sean sustituidas por otras personas y retornados a Cuba”. 

La diplomática cubana insistió en que a partir de hoy se iguala a Cuba y a los cubanos, en términos migratorios, con el resto del mundo. “Esta política implicaba un trato diferencial que creaba serios problemas para la seguridad nacional de ambos países y de los ciudadanos cubanos, expuestos al tráfico y la trata de personas”, manifestó Vidal en rueda de prensa. 

 

Gustavo Machín dijo a los periodistas que se ratifica la decisión de ambas partes de impedir las salidas ilegales por vía marítimas “y por tanto se mantiene el compromiso de los Estados Unidos de devolver a Cuba a todas las personas que sean interceptadas en el mar o a quienes penetren en la Base Naval de Guantánamo”. 

Josefina aclaró que esta era “una política agresiva pendiente de solucionar, que afectaba las relaciones migratorias y la relación bilateral en su conjunto, este acuerdo elimina al menos dos de esos escollos, pero queda vigente la Ley de Ajuste Cubano, que habrá que revisar y para ello seguiremos trabajando con la administración estadounidense”. 

(Fuente: Cubadebate/ Noticia en Construcción)

 

Cuba-EEUU, ¿una utopía la normalización?


lunes, 02 de enero de 2017
12:01:11 p.m.

Un análisis en la TV cubana sobre el proceso de normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos durante 2016.

(Fuente: cubainformación)

 

 

 

 

Del legado de Obama a la era Trump

Del legado de Obama a la era Trump


5:18:22 p.m.

Por Mercedes Rodríguez García

El miércoles 17 diciembre de 2014 el mundo confirmó en voz de Barack Obama que la política de aislamiento de Estados Unidos hacia Cuba había fracasado. Al unísono, Raúl Castro anunciaba a los cubanos el restablecimiento de las relaciones entre ambos países.

A dos años del trascendental anuncio, con un nuevo presidente a punto de ocupar la silla en el Despacho Oval, una embajada en La Habana y otra en Washington, más de cien vuelos regulares diarios, cruceros desde Miami,  incremento de turistas, visitas de congresistas y legisladores, de empresarios y de famosos, topes deportivos, intercambios culturales diversos y convenios en las áreas del comercio y las comunicaciones con la isla, la vida de Liborio continúa su rumbo, en un día a día diligente y trabajoso, pero  tranquilo, seguro y socialmente confiado en sus derechos y certidumbres humanas.

Pasados 24 meses del suceso , con nuestros Cinco Héroes en Cuba, tras el dolor por la pérdida física del líder histórico de la Revolución, luego de la derrota demócrata y el retorno republicano a la Casa Blanca, las conversaciones continúan de manera programada y en un ambiente recíproco favorable, aunque la instrumentación de los acuerdos ha ido a un ritmo amortiguado y cauteloso de ambas partes, sin el gesto definitivo de levantamiento del bloqueo ni devolución de la base naval de Guantánamo.

Y era de esperar que luego de tantos años de antagónico divorcio, la «reconciliación» no llegara de ahora para ahorita —por obra y gracia del amor y la pasión que en un tiempo se tuvieron—, sino por conveniencia de ambos, gestiones de terceros y, en última instancia, por ese sentido común que dictaba sentarse a la mesa para negociar situaciones e intereses comunes, en un contexto de unidad latinoamericana y, mundialmente, de desacato al imperio.

Históricamente las cosas prescribían no apurarse y guiarse por cabeza propia. Bien sabido el cambio de método de la gran nación —a ver si los «nuevos» daban mejores resultados, y  ¡al fin! caía la fruta madura—, y la posición intransigente de la atravesada islita no había variado. Empecinada en mantener su independencia y soberanía, puso condiciones sobre la base del respeto mutuo y el Derecho Internacional.

Conocidos los resortes del sistema que acaba de llevar a la presidencia a alguien poco común —dada sus excentricidades, histrionismos y supuestos desquicies durante una campaña electoral sin precedentes—, el  camino hacia la normalización se presagia tan empedrado o más que antes de Obama, al margen de la voluntad invariable de la dirección cubana de promover una convivencia pacífica con nuestro vecino, a sabiendas de las divergencias ideológicas y de disímil tipo entre sistemas políticos fundados con fines cardinales diferentes.

No tengo una bola de cristal delante, ni tampoco el don de los zahoríes para detectar con una ramita en forma de «Y» por donde fluye el agua subterránea, pero de acuerdo con lo que piensan historiados, sociólogos, economistas y politólogos muy bien orientados e informados, hay que agilizar lo emprendido con Obama, que no es poco si tenemos en cuenta el largo pasado de desencuentros y la intolerancia de la clase dominante estadounidense, algunos sectores de la comunidad cubanoamericana, y ciertos lobbies o grupos de poder.

Sin embargo, y a pesar de que Trump no ha hecho declaraciones puntuales con respecto a las relaciones con Cuba, ya sienta grises precedentes. Me refiero a un tuit con su primera reacción tras la muerte de Fidel,  y a un comunicado posterior —en la misma red social—, diciendo que se unía a los cubanoestadounidenses que lo respaldaron durante su cruzada presidencial, «incluyendo la Asociación de Veteranos Brigada 2506 que me dio su apoyo, con la esperanza de que un día pronto veamos una Cuba libre».

Bien sabemos a qué libertad se refiere y de qué veteranía mercenaria se trata, por lo que resulta oportuno recordarle a Trump que la invasión por Playa Girón pasó a la historia de la humanidad como la primera gran derrota del imperialismo en América Latina.

Y aunque para algunos resulte una más de sus «trumpulencias»  — en oposición a lo expresado por la mayoría de los políticos del mundo, muchos de su propio país, incluso el propio Obama—, viniendo de donde vienen las absurdas e hirientes palabras, las irreverentes declaraciones,  pudiéramos esperar una política hacia Cuba no menos belicosa que la del presidente 43. º de los Estados Unidos. (Entre 2001 y 2009).

Me refiero al singular engendro llamado George W. Bush, que «no escuchaba ni a diplomáticos ni a generales», y «tomaba decisiones sobre lo que cría correcto para Estados Unidos» en base a sus «principios», sin importarle «un comino las urnas». El hombre que tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 ordenó la invasión a Irak, «(…) la peor decisión de política internacional que haya tomado un presidente estadounidense», como apunta Jean Edward Smith, autor de una biografía del empresario tejano, citada por The New York Times.

Fue la administración republicana de Bush la que incluyó a Cuba en la lista de naciones terroristas, restringió la categoría de personas autorizadas a viajar a la isla, y anuló la mayor parte de las reformas ejecutadas por Carter, quien había modificado algunas de las sanciones económicas aplicadas y autorizado a las subsidiarias estadounidenses instaladas fuera del territorio nacional a que tuvieran relaciones comerciales con La Habana.

De continuar la línea dura ¿recalcitrante? republicana  —conocida y sufrida de muchas y dolorosas maneras por los cubanos de una y otra parte—, el proceso de normalización entre las dos naciones se ralentizaría o, lo que es peor, se paralizaría, lo cual haría resurgir décadas de desencuentro y enfrentamientos entre dos gobiernos en conflicto ideológico. Algo que no merecen los cubanos, en particular las generaciones más jóvenes, llamadas a mejor vivir pero también a mantener y defender la dignidad, resistencia, altruismo del pueblo y legitimidad del gobierno revolucionario, y  ¿por qué no?, de todas las fuerzas progresistas del planeta. 

Imposible decir a ciencia cierta lo que hará Trump. Nunca ha tenido un cargo público y hasta ahora solo ha mostrado un conocimiento o interés limitado en asuntos exteriores. Rodeado de un gabinete multimillonario, su  fórmula de gobierno ya genera polémicas. (Hasta el momento la nómina gubernamental anunciada la integran seis multimillonarios, tres generales, dos mujeres y tres conservadores, de ellos cinco cubanoamericanos de ideología reaccionaria). 

El próximo 20 de enero de 2017 será la toma de posesión del presidente electo de los Estados Unidos. Y aunque existen elementos para suponer que Trump revertirá o intentará revertir la apertura a la isla, es difícil que pueda o quiera regresar a un escenario de Guerra Fría. Dar marcha atrás resultaría «increíblemente dañino» para EE.UU. y para los cubanos, además de «impopular», según opinión de Ben Rhodes. Volver a cerrar las puertas con Cuba perjudicaría las relaciones de Estados Unidos en Latinoamérica, advirtió este martes el asesor de Seguridad Nacional de Obama, en una conferencia telefónica con periodistas.

Dice el refrán que el que no escucha consejos, no llega a viejo. Y aunque es el caso de un adulto mayor, imagino sus deseos de una longevidad que alcance por lo menos el 2020, tiempo de mandato que dirá si aceleró la ruina de su país  —como aseguró hace unos días Johan Galtung, sociólogo noruego con alma de Nostradamus —, o devolvió «a Estados Unidos su grandeza», como prometió durante su campaña el «formidable animal político» y «millonario héroe improbable de la clase trabajadora», llamado de ese modo en los circuitos del poder mediático. Un hombre cuyas osadas decisiones y estrategias hicieron crecer la empresa heredada de su padre hasta acumular una fortuna que la revista Forbes calcula en  $3.7 billones de dólares.

Bien sabemos que durante su campaña electoral se atrevió a decir de todo. Todo lo que le vino a la cabeza. Con fiera energía e ilimitado ego, el magnate republicano de 70 años desafió pronósticos y «desarticuló» a la experimentada Hillary Clinton. Denunció un sistema político «manipulado», acusó a funcionarios de «corruptos» y se defendió de sus múltiples escándalos, que englobaron desde la evasión de impuestos hasta el ataque sexual a mujeres. 

Suceda lo que suceda —y no es un secreto para nadie— la administración Obama ha marcado el principal punto de inflexión dentro de la clásica política hostil de los Estados Unidos contra Cuba. Obama retomó el camino que antes había trazado el presidente James Carter (1977-1981) en la política hacia la Isla y lo llevó más lejos de lo que realmente imaginábamos antes de los históricos anuncios del 17 de diciembre del 2014, tal como analiza el académico cubano Elier Ramírez Cañedo, coautor del libro De la confrontación a los intentos de normalización. La política de los Estados Unidos hacia Cuba. 

Para el doctor en Ciencias Históricas, el mérito de Obama radica en «la habilidad de lograr los objetivos de la política exterior de los Estados Unidos a través de la atracción más que por la coerción y la amenaza», y enumera una serie de acontecimientos inéditos en las relaciones Cuba-EE. UU. desde la ruptura diplomática de enero de 1961. Entre ellos el haber firmado con Cuba en apenas dos años tantos acuerdos de cooperación en áreas de interés común y abierto, a la vez, diferentes espacios para el diálogo bilateral.

Pero a Obama le restan solo días en el poder. Se va y viene Trump. Y aunque en política lo real es lo que no se ve, decía José Martí, y los hechos aparentemente aislados suelen guardar cierta relación, tal vez Obama tenga en mente extender aún más —y sin violar la ley— la relación económica con Cuba, «lo cual se avendría muy bien a su discurso y directiva presidencial» firmada el pasado 14 de octubre, de hacer irreversible el proceso que inició en 2014, un día como hoy. Coinciden muchos analistas que ello dejaría una herencia mucho más promisoria para las relaciones entre ambas naciones, aunque seamos conscientes de que en su esencia, la normalidad a la que aspiran nuestros vecinos del norte, se contrapone al modelo político socialista cubano, el cual ha quedado muy claro no está sobre la mesa de negociaciones. 

Sobre el tema y sus protagonistas me quedan varias ideas por escribir, y más, por comentar entre colegas de lenguas filosas y afeitadas, en tertulias informales de pasillo y redacción. Sobre todo relacionadas con Donald Trump, sobre quien pensé —como Ramírez Cañedo— que, acostumbrado a tomar decisiones sobre la base de costos y beneficios, tendría posiciones más juiciosas y pragmáticas en la política hacia Cuba luego de terminada la contienda por la Casa Blanca.

Del serial Cuba-Estados Unidos apenas estamos en los comienzos. De Obama —el «bueno»—, sabemos bastante; de Trump —el «malo» lo conocido: trayectoria empresarial, biografía, chistes, videos verdes, bufonadas y supuestos planes y programas signados por su pragmatismo.

A lo mejor, caminando en sentido contrario a toda lógica, a contrapelo de pronósticos racionales de sabios y eruditos, un día también —como Barack, sus santidades Juan Pablo, Benedicto, Francisco y el Patriarca Kiril—  Donald Trump aterriza en La Habana, o nos propone construir una de sus torres-hoteles en algún espacio ruinoso del Vedado.

De todas maneras, los cubanos tenemos bien delimitada y señalizada la ruta. Solo quienes nos ignoran, desconocen, vilipendian y menosprecian por odios, rencores u otras razones, lo ponen en duda y salen a festejar lutos patrimoniales con la esperanza de un gran festín post Fidel Castro.

El largo y prolongado conflicto entre Cuba y Estados Unidos tiene raíces históricas y geopolíticas, y se resolverá como se resuelven todos los conflictos: con diplomacia, alianzas, tiempo, respeto y buena voluntad; avanzando por aquí y tropezando por allá. Se sabe que la meta es antagónica. Pero en el camino hacia ella, no dejan de existir senderos en los que ambos pueblos se encuentran y benefician.

Ojalá el nuevo presidente lo entienda de ese modo.

Lea también: La era del inesperado Donald Trump

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Etecsa y Google firman acuerdo para ofrecer el servicio de Google Global Cache en la Isla

Etecsa y Google firman acuerdo para ofrecer el servicio de Google Global Cache en la Isla

 

7:13:52 p.m.

El convenio permitirá a los cibernautas cubanos acortar el tiempo de acceso a los productos de Google, y por ende, una mayor velocidad y calidad de las prestaciones y la optimización de la red internacional de Etecsa.

La Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) y la compañía estadounidense Google ratificaron hoy la firma de un acuerdo para ofrecer el servicio de Google Global Cache en la Isla, que ya había sido acordado el pasado 23 de noviembre, y tiene la finalidad de mejorar la experiencia online de los cubanos que utilizan los productos del líder mundial de búsquedas.

La rúbrica estuvo a manos de Mayra Arevich, presidenta ejecutiva de Etecsa, y Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, una empresa especializada en productos y servicios en la red de redes, software, dispositivos electrónicos y otras tecnologías.

Dicho convenio permitirá proporcionar una mayor velocidad y calidad de las prestaciones y la optimización de la red internacional de Etecsa, y por ende, reducir el tiempo de respuesta al entregar localmente algunos de los contenidos más populares y de mayor ancho de banda, como los vídeos YouTube.  

 

La participación deGoogle en Cuba data desde el 2014, cuando fueron lanzados por primera vez una serie de productos como Google Chrome, Google Play y Google Analytics. Hace unos meses atrás, también se pusieron a disposición miles de extensiones y temas gratuitos en la Chrome Web Store para que los usuarios cubanos personalizaran sus experiencias cuando navegan en la web.

Según publicó el blog oficial de Google para América Latina, estos proyectos persiguen el objetivo común de lograr que la información del mundo sea accesible y útil para todos, sin importar los costos, la conectividad, o las barreras del idioma.

(Fuente: Granma)

 

Cuba y la Unión Europea suscriben Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación

Cuba y la Unión Europea suscriben Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación

 

6:52:18 p.m. 

Representantes de Cuba y la Unión Europea (UE) firmaron el lunes un Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación, considerado el marco para el desarrollo de los vínculos sobre la base de la igualdad, la reciprocidad y el respeto mutuo. 

El documento fue suscrito por el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, y la alta representante de Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, así como por representantes de los países que integran el bloque comunitario. 

En declaraciones durante la ceremonia, Rodríguez y Mogherini reconocieron la alta significación del acuerdo para el desarrollo de las relaciones bilaterales de cara al futuro. 

Ambos diplomáticos sostuvieron este lunes un encuentro en la sede del Consejo Europeo, en Bruselas, tras lo cual procedieron a la firma del acuerdo. 

El canciller cubano sostuvo que los vínculos económicos con Europa continuarán siendo una prioridad para la Isla en la construcción de una economía socialista eficiente y sostenible. 

Por su parte, la jefa de la diplomacia europea, también destacó a Fidel Castro como una figura histórica y envió sus condolencias al gobierno y al pueblo de Cuba tras el fallecimiento del líder revolucionario. 

La rúbrica tiene lugar luego de la abolición de la llamada Posición Común adoptada por el bloque regional en 1996, que desde un inicio fue rechazada por La Habana debido a su carácter unilateral, injerencista, selectivo y discriminatorio, indicó recientemente el vicecanciller de la nación caribeña Abelardo Moreno. 

(Fuente: Granma/PL) 

Con buena voluntad y respeto recíproco es posible entenderse y avanzar en beneficio mutuo 

 

Texto íntegro del Bruno Rodríguez, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba ante el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, durante la ceremonia de firma del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación Cuba-UE. Bruselas, 12 de diciembre del 2016. 

Excma. Sra. Federica Mogherini, alta representante para la Política Exterior y de Seguridad y vicepresidenta de la Comisión Europea; 

Excmo. Sr. Miroslav Lajcak, ministro de Asuntos Exte­rio­res y Eu­ro­peos de la República Eslovaca, presidente semestral del Consejo; 

Excelentísimos Señores Ministros de Asuntos Extranjeros de los Estados miembros: 

El Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre Cuba, la Unión Europea y sus Estados Miembros que ahora firmaremos, seguramente contribuirá a enriquecer una relación histórica y culturalmente intensa y a desarrollar en mayor medida los vínculos políticos, culturales, comerciales, financieros, científicos, académicos, deportivos y de cooperación. 

Ello sería bilateralmente provechoso y aportaría además una modesta contribución al equilibrio, el entendimiento, la justicia y la paz en esta época convulsa, de crecientes peligros para la especie humana. 

Este Acuerdo demuestra también que con buena voluntad y respeto recíproco es posible entenderse y avanzar en beneficio mutuo, por encima de las diferencias. 

En enero del 2014, en La Habana, los Jefes de Estado y Gobierno de Nuestra América, bolivariana y martiana, firmaron la Proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz, para comprometernos a que «las diferencias entre las naciones se resuelvan de forma pacífica, por la vía del diálogo y la negociación u otras formas de solución, y en plena consonancia con el Derecho Internacional», a cooperar para enfrentar los retos y solucionar los problemas, a respetar «el derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, como condición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones», a cumplir nuestra «obligación de no intervenir directa o indirectamente, en los asuntos internos de cualquier otro Es­tado  y a observar los principios de soberanía nacional, igualdad de derechos  y la libre determinación de los pueblos», a «practicar la tolerancia y convivir en paz como buenos vecinos» y a respetar «los principios y normas del Derecho Internacional (…)  y los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas».  

La Proclama también insta «a todos los Estados miembros de la comunidad internacional a respetar plenamente esta declaración en sus relaciones con los Estados miembros de la CELAC». 

Así tratamos a los demás y así queremos ser tratados. Es la base para lograr una convivencia civilizada y provechosa entre las naciones, independientemente de sus dimensiones, modelos sociopolíticos y niveles de desarrollo. 

Un aspecto fundamental del Acuerdo que firmaremos es precisamente el compromiso con esas bases. 

Cuba, desde fecha muy cercana al establecimiento de sus relaciones diplomáticas con las entonces Comunidades Europeas, en 1988, expresó su disposición a trabajar en la negociación de un acuerdo de esta naturaleza. 

Fue significativo y fructífero el diálogo, veinte años después, con la Presidencia francesa de la Unión y los acuerdos o declaraciones firmadas posteriormente con la gran mayoría de sus miembros. 

Llegamos a este resultado tras recorrer un largo camino y superar obstáculos que crearon desconfianza y afectaron los vínculos entre Cuba y la Unión Europea. 

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en su trascendental discurso del 26 de julio del año 2003, expresó: «Cuando la Unión Europea se creó, lo aplaudimos, porque era lo único inteligente y útil que podían hacer como contrapeso ante el hegemonismo de su poderoso aliado militar y competidor económico (…) También aplaudimos el euro como algo conveniente para la economía mundial frente al poder asfixiante y casi absoluto del dólar». 

En esa misma comparecencia, dijo: «la soberanía y la dignidad de un pueblo no se discuten con nadie». 

Este acto es asimismo resultado de la perseverancia y de la razón.      

Es apremiante construir un mundo democrático y multipolar para salvar a la Humanidad. 

Para lograrlo, será indispensable consagrarse a la defensa de la paz, conscientes de la conexión entre la paz y el desarrollo, del imperativo de eliminar la pobreza, de ir a las raíces de los problemas actuales, de garantizar la dignidad y todos los derechos humanos a todas las personas en el Norte y en el Sur, de detener la amenaza de las armas nucleares y del cambio climático.  

Existen oportunidades y condiciones particularmente  favorables, pese a la aplicación extraterritorial del persistente bloqueo estadounidense a Cuba, para que la Unión Europea y los  países que la integran tengan un peso  mayor  en nuestros planes de desarrollo. Los vínculos económicos con Europa continuarán siendo para Cuba, en cualquier caso, una prioridad en la construcción de una economía socialista eficiente y sostenible. 

Como señaló el presidente Raúl Castro Ruz, en febrero del 2016, durante su visita de Estado a la República Francesa, estamos abiertos a la construcción de una nueva etapa en las relaciones entre la Unión Europea y Cuba, sobre bases de respeto y reciprocidad. 

Deseo reconocer el empuje fraterno de fuerzas políticas, personalidades, movimientos sociales y organizaciones de solidaridad de Europa, así como el aporte de varios líderes y representantes de gobiernos europeos, algunos que ya no están entre nosotros, en el complejo proceso de construir una mejor relación entre la UE y Cuba. 

También reconocer el impulso de las compañías europeas que nos acompañaron en los momentos más difíciles. 

Debo igualmente destacar el trabajo profesional y rigoroso de los respectivos equipos negociadores de este Acuerdo en par­ticular Christian Leffler y Abelardo Moreno y la posición constructiva asumida por el Servicio Europeo de Acción Exterior y la Comisión Europea.  

Me complace expresar especial reconocimiento y gratitud a la Alta Representante, estimada Federica Mogherini, por su decisiva contribución a este exitoso resultado. 

Muchas gracias.

 

Post Obama ¿habrá que seguir esperando?

Post Obama ¿habrá que seguir esperando?


9:00:38 a.m.

Cuando el avión presidencial de Estados Unidos se posó este miércoles en el aeropuerto internacional de Alemania, llegaba Barack Obama a su última misión como representante de la Casa Blanca.

Sabe que le quedan escasamente dos meses como presidente de los Estados Unidos y prefirió ir a clamar ánimos de los que en el Viejo Continente se han llenado de incertidumbre con las declaraciones del mandatario electo, Donald Trump.

En sus dos mandatos, Obama, ha intentado cumplir algunas promesas que el Congreso le ha impedido.

Quizás el nuevo presidente norteamericano, Donald Trump, tenga razón en algunas de sus declaraciones antes de tomar la batuta, en cuanto a que Estados Unidos debe dejar de involucrarse en guerras fuera de sus fronteras y concentrarse en los asuntos internos… bastante complicados, por cierto.

Obama, en sus jornadas finales dirigiendo la mayor potencia mundial, emprendió su última gira internacional en la que, según la prensa en Washington, debe explicar a los anfitriones de los países que visitará, cuáles fueron los problemas por los cuales su partido, el Demócrata y su candidata, Hillary Clinton, perdieron los comicios.

El hecho mismo de que Clinton haya obtenido más votos populares que Trump, y aún así perdiera, puede criticarse ahora, pero es el mismo método utilizado en elecciones anteriores, en las que, incluso, ha llegado a elegirse a un presidente con solo el 25% de los votos ciudadanos.

Esa es la forma “democrática” del sistema electoral norteamericano, y por muchas críticas que los demócratas hagan ahora, no va a cambiar, porque para ello tendría que cambiar el sistema todo y eso, parece aun distante, más teniendo en cuenta los actuales comicios.

Obama cerrará la puerta de la oficina oval en la Casa Blanca y entregará las llaves a Trump, con la gran deuda de dejar abiertos muchos frentes o haber incumplido muchas promesas.

La adversidad de un Congreso republicano y hostil y la inconsecuencia como mal congénito en las decisiones principales, lo involucraron en conflictos comenzados por administraciones anteriores, de los que, en vez de alejarse, optó por la variante de querer demostrar la supremacía de su país, a cambio de altas cifras de muertos, heridos, desplazados y la destrucción total de pueblos y ciudades como ha ocurrido en Afganistán, Libia, Iraq, Yemen y Siria.

Tampoco pudo cerrar la cárcel y centro de torturas instaurado por su antecesor George W. Bush en la ilegal Base de Guantánamo, que tiene ocupado parte del territorio de la soberana isla de Cuba.

Desde su misma candidatura y posterior elección, Obama dijo y volvió a decir que esa cárcel —bochorno para los propios norteamericanos— sería clausurada y así acabaría una pesadilla que tanto daño ha hecho a la política exterior de Washington.

En los frentes militares, recordemos que el mandatario demócrata, lejos de distanciarse de la guerra en Afganistán, optó primero por decir que asumía aquella como “su guerra”; luego retiró de allí a miles de sus soldados… pero dejó a otros miles sin que unos u otros hicieran de aquel empobrecido país asiático, una nación más estable, con menos hambre y con esperanzas de presente y futuro.

De Iraq, qué decir. La justificación de George W. Bush para bombardearlo y ocuparlo fue una de las burlas más groseras que se recuerde en las últimas décadas. Pero allí fueron muertos o despedazados por los bombardeos norteamericanos y de la OTAN más de un millón de personas.

El país fue destruido. Sus riquezas petroleras pasaron a manos de las transnacionales. El uranio empobrecido utilizado en las bombas aun deja heridas incurables en niños que nacen con malformaciones, falta de órganos y otros males.

Hoy en Iraq se libra un combate mortal contra los terroristas del Estado Islámico, mientras la población sufre a diario las acciones de coches bomba en centros comerciales y otros, y una desestabilización generalizada ha convertido al país árabe en un verdadero caos.

Libia, nación en la que la “democracia” occidental de las bombas asesinó al presidente Muamar el Gadafi, hoy es un territorio inviable, dividido en dos, sin un gobierno y autoridades centrales que lo identifiquen como Estado. Es terreno fértil para el terrorismo y el tráfico humano de los desesperados africanos que huyen al hambre y las guerras y se lanzan a la mar en precarias embarcaciones en busca de una nueva vida en la Europa que tantas deudas tiene con ese continente empobrecido.

Yemen, es parte del contexto geopolítico en el que coinciden no solo el apetito occidental, sino el de gobiernos aliados de Washington en la región del Golfo que bombardean a ese país, con aviones y cohetes comprados al Complejo Militar norteamericano por cifras multimillonarias de dólares.

En el caso sirio, Obama y su equipo han apostado al doble discurso y, mientras dicen combatir a los grupos terroristas del llamado Estado Islámico (EI), financian y aúpan a los de Al Nusra, variante de Al Qaeda, tan terroristas como los del EI.

En Siria la administración Obama deja abierto un frente de guerra que no solo involucra a la nación árabe, sino que implica a potencias como Rusia, históricamente comprometida con Damasco, con una base militar en aquel territorio y que, a petición de las autoridades sirias, participa directamente con sus medios más modernos en el combate a los grupos extremistas que operan en el territorio de esa nación.

La guerra en Siria hay que terminarla, por bien de Siria, de Estados Unidos, de la región del Oriente Medio y de la humanidad toda, antes de que se convierta en un enfrentamiento directo de potencias miliares.

En ese contexto, un nuevo gobernante, Donald Trump, ocupará desde enero la Casa Blanca norteamericana.

Muchas heridas, abiertas por administraciones anteriores a la de Obama, serán, por lógica, parte de una abultada agenda, donde también aparecen el tema iraní, la masacre israelí contra los palestinos, las sanciones económicas contra Rusia y el bloqueo norteamericano contra Cuba, que tanto daño ha hecho y sigue haciendo a la población de la Isla.

Esperemos que la nueva administración, quizás sin prometer tanto, emprenda pasos reales para dejar de inmiscuirse en guerras, sanciones y bloqueos allende los mares y dedique tiempo y recursos para atender los problemas de una población afectada por una pobreza de 46 millones de personas.

Súmese a ello, el mal de una violencia incontrolada provocada por el racismo y la existencia de millones de armas en manos de la población.

También en lo interno, el tema de las fronteras y la entrada de las drogas que se consumen por los ciudadanos norteamericanos y la inmigración ilegal deben centrar la atención de la nueva administración.

Cuando se eliminen los privilegios de una Ley de Ajuste Cubano y su manipulado concepto de pies secos y pies mojados, se podrá cerrar otro de los frentes que se han mantenido abiertos como parte del proyecto de desestabilizar a Cuba.

No basta con decir una y otra vez que la política usada por las administraciones norteamericanas contra Cuba ha sido un verdadero fracaso y que debe cambiarse. El tema debe ser acabar con esa política, con el bloqueo, con todo el andamiaje encaminado a rendir por hambre al pueblo cubano, lo que no sucederá jamás.

(Fuente: HR/Elson Concepción Pérez)