Cuba mía. ¡Celebramos cultura patria! Estamos en Bayamo. Peleada victoria en la bravamente plaza defendida. Capitula el enemigo. Himno interpretado y coreado por el pueblo en la patricia iglesia de San Salvador. 1868. Octubre 20. Céspedes, Padre de la Patria, entona. Mucha gente. Y Candelaria, la hija de Figueredo, pasea la bandera por su pueblo natal. Lleva traje de blanco, gorro frigio y estrella solitaria. Lo demás, estirpe, tronco, raíces…
Cuba mía. La que me aqueja y me duele, la que me canta y le canto, vértigo de amor, vorágine de arpegios y de escalas, armónica combinación de cascabeles, tamborinos y flautas, laúd y guitarra, güiros, claves y maracas conjurados bajo la ceiba, la palma, y los preciosos cedros, caobas, ácanas y granadillos.
Cuba mía, la del punto, la rumba, el guaguancó, la conga y la comparsa, el danzón, el son, la guaracha, el mambo y el chachachá. La del café, el ron y el aguardiente de caña. La que inventó el ajiaco, la del arroz y frijoles negros invariables, masas de cerdo fritas, yuca con mojo, guayaba hecha dulce… y ya casi exóticos buñuelos y casabe.
Cuba mía. Sincrética. La del Monte y La Ermita. La de la Virgen santísima, Patrona, católica, apostólica y mambisa, la de otros credos cristianos, y deidades yorubas, abakúas, palo monte, santería, cabildos y cofradías. La de Martí —todo y siempre—, laica, fidelista, guevariana, la del partido único y gobierno popular, garantías de unión y fortaleza, por y para el bien de todos.
Cuba mía. La de Heredia, Del Casal, Avellaneda, Zenea, Plácido, Dulce María, Guillén, Ballagas, Lezama, Piñera, Carilda, Eliseo, Retamar, Whichy y algunos más que otros poetas de la diáspora. La de Sindo, Lecuona, Benny, Barbarito, Sara, Nicola y demás vivísimos de la canción protesta, un día de antaño llamada Nueva Trova, ahora trova, trovísima, Trovuntivitis, Longina seductora cual sol primaveral…
Cuba mía. No la estrecha y larga, única —verde caimán antillano—, sino la extendida en 1600 cayos, islotes e islas adyacentes. Archipiélago. La que no tiembla, la que no duda, la que no tiene y alarga su mano franca y auxiliadora a los cuatro puntos cardinales donde haya menos, o falte, o sobre, no importa.
Cuba mía. La de los 11 millones —y más—, la de mis hermanos distantes y cercanos, porque ellos la bordan y desbordan, dibujan y desdibujan, mundo allá, mundo acá. ¡Patria! La que percibo y me sumerge en su fondo, la que me hechiza y disgrega, me ata y redime; levantisca, rebelde, liberada. ¡Nación! Emprendedora en sueños materiales, sostenedora de ideas y principios, la que sufre y no implora, la que redime y rescata, la de cultos cimientos, educación e historia blasonados.
Cuba mía. La del mar que nos une y nos separa. La de verdes luminosos y azules deslumbrantes, señora majestuosa, doña respetable, muchacha contendida. ¡Qué linda!
Cuba mía. La de este a oeste y de norte a sur, por donde el mar empieza y por donde el mar acaba. Por donde el sol estalla y por donde el sol culmina. Por lo bueno, que causa contentura, y lo malo, que no ha podido arrebatarnos la alegría ni el jacarandoso cuento; mucho menos la combativa pose que se adopta y adapta bajo la amenaza, el asedio, el tratar de rendirte…
Cuba mía —no hay otra igual en todo el orbe—, situando ya las cosas en tiempo y en espacio, poniendo freno a quien ataca y dispersa, alentando al que crea y erige. Lo auténtico no cae ni pueden derribarlo. Allá los que propugnan que, como nación, mi Cuba es inviable. Manipulan. No saben, ignoran, desconocen su dignidad a prueba de huracanes, tornados, sismos, tormentas tropicales. La cultura nos vertebra.
Y digo como Eusebio Leal: «Hay quien quiere explicar la poesía, sin saber que lo esencial es sentirla, porque la poesía no tiene explicaciones». Cuba tampoco. Hay que abrigarla.
No, no es como entonces. No es el mismo, ni es otro muy distinto. Ni siquiera es exactamente el de los huesos salvados y memorializados en la emblemática cripta de la Plaza más guerrillera de esta isla.
Pudiera decir que —como el buen vino— su calidad humana y el tiempo de fermentación, nos lo han devuelto irrepetible, inimitable, renovado, irreconciliable con imperialistas, oportunistas, burócratas, timoratos, adulones, mentirosos, y chapuceros.
Porque de su marcha transcontinental con botas de siete leguas no regresó personaje, sino hombre perpetuado en ideas. Y —porque también los iconos hacen falta para identificarnos—, avivado en afiches, llaveros, manillas, bolsos, jarras, zapatos deportivos, pulóveres, camisetas, remeras, mochilas, gorras y pasamontañas y otros productos no tan «adorables» marcados con su firma o su imagen, la de Korda.
Y sí. Al cabo de 52 años recorre el mundo convertido en leyenda. Pero no en fantasma, ni en dogma, ni en credo. Si acaso basamento de pobres, miserables, explotados, desplazados, e indignados de los cuatro puntos cardinales.
Y muy aparte, ajeno a circunstancias, fechas o asuntos, debo decir: que de aquí nunca se ha marchado. Está. Reintegrado a la memoria de contemporáneos y extemporáneos, y por derecho y deber, habitándonos a tantísimos cubanos que lo acogimos comandante, ministro y nacional querido.
Pudiera ser asunto de leer —o releer—, de estudiar y contextualizar sus artículos, que nos dejó bastante. Pero nunca de clonar ni trasplantar al ídolo, que de carne y huesos fue, sino de ponerle contenido humano y de pensamiento al mito, al que soñó con el hombre nuevo, el Hombre del Siglo XXI; al que ponderó el papel de la conciencia, del trabajo voluntario, de los sindicatos y de la emulación en la construcción del socialismo; al que abrazó los movimientos de liberación en África, Asia y América Latina.
Ya nada es como entonces, pero a escala planetaria es, y la isla sigue única, luminosa, irredenta, aunque en cuestiones materiales siempre perseguida y torpedeada por el desabrido vecino del Norte, y un aluvión de propaganda mediática, caústica y venenosa, empeñados en quitarnos el sueño y el empeño de ser algún día como él, revolucionario como él: «Sobrio, tranquilo y tajante», que «Ni un solo instante se perdió en flojeras, nimiedades, jactancias, quejas», al decir de Samuel Feijóo.
Reencarnado. Sí, «después de tanto tiempo y tanta tempestad». Aunque algunos se burlen y a algunos les duela, volvió de La Higuera, viva la utopía, revolucionario de América, faro, brújula, camino.
Y volvió sonriente, pero con la mano en la maza, matador de canallas, para seguir pensando, hablando y actuando en consecuencia, para que teoría y práctica, decisión y discusión, dirección y orientación, análisis y síntesis, no dejen de ser nunca «contraposiciones dialécticas» que pidió dominar a los administradores revolucionarios.
Aquí lo tenemos. Sigue médico, político, guerrillero, escritor, periodista, ideólogo, comandante inmanente de la Revolución cubana. Estoico, sacrificado, combativo, internacionalista, proletario, sin prejuicios, chovinismos, ni egoísmos, «bregando dulce y tenaz por la dicha del hombre» —escribió Benedetti. Naturaleza única, paisaje innombrable.
La prima ballerina assoluta cubana, Alicia Alonso, falleció hoy en esta capital, a la edad de 98 años, a causa de una enfermedad cardiovascular, informaron fuentes del Ballet Nacional de Cuba (BNC).
Su virtuosismo técnico y sus dotes de interpretación la volvieron la bailarina cubana más universal; a esto, se sumaron su fuerte decisión de continuar bailando y mantenerse activa pese a la pérdida de visión progresiva.
Alonso, a pesar de su avanzada edad, dirigía el BNC y los Festivales Internacionales de Ballet de La Habana, y participaba del montaje de coreografías.
Nacida en La Habana el 21 de diciembre de 1920 y de padres españoles, comenzó el aprendizaje de la danza a los nueve años, y en Estados Unidos inició su carrera bailando en musicales como Great Lady, en 1938, y Stars in your eyes, en 1939.
Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez del Hoyo, Alicia, fue una de los miembros fundadores del American Ballet Theatre en 1940 y en 1943 se convirtió en una de sus bailarinas más destacadas.
En octubre de 1948 fundó el Ballet Alicia Alonso, actual BNC, compañía de ballet clásico cuya creación es única en el continente americano y está entre las más reconocidas en el mundo.
Muchos fueron los premios y condecoraciones que mereció por su trabajo la reconocida bailarina cubana.
En el 2000 el Consejo de Estado cubano le otorgó la Orden José Martí, la máxima condecoración que otorga el Gobierno de este país.
En 2003 Jacques Chirac, entonces presidente de Francia, le confirió el grado de Oficial de la Legión de Honor y, en 2017 fue investida como Embajadora de Buena Voluntad de la Unesco.
Su principal lauro, sin embargo, es el de quedar en el recuerdo de los cubanos y de los amantes de la danza y la cultura en todo el mundo.
Presidente cubano expresa sus condolencias
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, expresó hoy a través de su cuenta oficial en Twitter, sus condolencias por el fallecimiento de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso.
Díaz-Canel, quien se encuentra de visita oficial en México, escribió en la red social:
"#AliciaAlonso se ha ido y nos deja un enorme vacío, pero también un insuperable legado. Ella situó a #Cuba en el altar de lo mejor de la danza mundial. #Gracias Alicia por tu obra inmortal. #SomosCuba".
El gobernante cubano llegó esta mañana a México en visita oficial, la primera que realiza después de ser elegido para el cargo el pasado 10 de octubre.
El Gobierno de México lamenta el fallecimiento
En consonancia, el secretario mexicano de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, publicó en la propia plataforma digital las condolencias del gobierno y pueblo de esa nación por el deceso de Alonso, figura cimera de la danza.
"El Gobierno de México lamenta el fallecimiento de la gran Alicia Alonso y extiende sus sinceras condolencias al gobierno y pueblo de Cuba por la gran pérdida que ello significa. Vivirá por siempre con su arte entre nosotros. Descanse en paz", expresó el canciller mexicano.
El retorno eufórico de la derecha a los gobiernos latinoamericanos ha producido la derrota espectacular de Mauricio Macri, el estado de excepción de Lenin Moreno en Ecuador para intentar contener la ira popular en contra de su paquete neoliberal, y la proyección de Bolsonaro como el más ridículo, caricaturesco y grotesco jefe de Estado del mundo.
Esos eran los personajes que iban a recuperar las economías de nuestros países en la línea de sanear las finanzas públicas, recuperar el prestigio internacional de nuestros países, terminar con la corrupción, superar a gobiernos populistas y hacer nuestros países llegar a la estabilidad, el desarrollo y el bienestar social.
Han pasado pocos años, quizá meses, para que los heroicos personajes de la restauración neoliberal sean personajes ridículos: Macri, Lenin Moreno, Bolsonaro. ¿Quién da algo por ellos? ¿Quién cree que Macri va a revertir las elecciones argentinas? ¿Quién cree que Moreno va a logar salir indemne de la crisis ecuatoriana actual? ¿Quién cree que Bolsonaro es el futuro de Brasil?
La derecha ha tomado el gobierno de países que habían recuperado los países, permitiendo que volvieran a crecer, que disminuyan la desigualdad, que tenían buenas relaciones de cooperación con sus vecinos, que lograron estabilidad política, convivencia pacífica y democrática entre las fuerzas políticas, sociales y culturales, que posibilitaron que Estado sea respetado por sus políticas de gobernar para todos y garantizar los derechos de todos.
Es suficiente mirar cuál es la situación de países como Argentina, Brasil, Ecuador, entregados a la recesión, al desempleo, a la miseria, a la pérdida de apoyo y de legitimidad de sus gobiernos, a pocos años de que los presidentes de derecha volvieron al gobierno de esos países, para darnos cuenta de lo que los esfuerzos, legales e ilegales, que la derecha ha hecho para frenar los gobiernos de izquierda y volver a la presidencia de esos países.
Solo basta ver lo que era el Ecuador de Rafael Correa y en lo que se convertido en manos de alguien elegido en base al éxito del gobierno de Correa, que traicionó a todos los lo eligieron e hizo que la derecha planteaba y arrojó al país al borde del caos, con ¡ocupación militar de las calles de Ecuador!
Lo que era el Brasil de Lula, país respetado en escala mundial, con un presidente que dejó su mandato con el 80% de referencias negativas en los medios, pero con el 87% de apoyo de la población. Brasil crecía y distribuía renta, saliendo del mapa del hambre. Y ahora está en manos de un presidente al que nadie respeta, que está condiciendo el país a la miseria y a la violencia desenfrenada.
Miremos cómo Néstor y Cristina rescataron a Argentina de la peor crisis de su historia, el país volvió a desarrollarse y a generar empleos. Logró superar el endeudamiento con el FMI y el país volvió a ser un país respetado en el mundo. Vale compararlo con el país que Macri no tiene vergüenza en entregar a las fuerzas democráticas que vuelven, un país que cumple tres años de estanflación, con el pueblo sumido en la miseria y el hambre.
Pero hay una lógica en la locura que la derecha hace en esos países y quiere hacer en otros. Su rol es, antes de todo, buscar quitar legitimidad y apoyo popular a los liderazgos populares más importantes que esos países han tenido. Esos líderes han sido transformados en los principales enemigos de las oligarquías locales y de la política norteamericana, porque con sus políticas han conquistado la confianza de sus pueblos y el prestigio internacional, con políticas que privilegian los procesos de integración regional y no los tratados de libre comercio con los EEUU.
En segundo lugar, sustituir políticas económicas que han privilegiado el desarrollo del mercado interno de consumo de masas, por las políticas de ajuste fiscal, que promueven los intereses del capital financiero. Retoman el modelo neoliberal, vigente en el capitalismo mundial, a pesar de que ha llevado a las grandes potencias a una profunda y prolongada recesión. Apostar por el modelo antineoliberal es un ejemplo de política económica alternativa, que prueba que no hay un solo camino, como el consenso de Washington y el pensamiento único tratan de imponer.
La derecha latinoamericana ha retomado los gobiernos de países como Argentina, Brasil, Ecuador, y ha demostrado que no han aprendido nada de su fracaso anterior y del éxito de los gobiernos progresistas. Fracasan de nuevo, fracasan mejor, fracasan más, son y serán derrotadas de nuevo.
(Fuente: progresosemanal/alainet/Emir Sader*)
*Emir Simão Sader (São Paulo, 13 de julio de 1943). Sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).
El Premio Nobel de la Paz 2019 es para el primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, anunció este viernes el Comité del Nobel.
El galardón se le otorga “por sus esfuerzos para lograr la paz y la cooperación internacional, y en particular, por su decisiva iniciativa para resolver el conflicto fronterizo con la vecina Eritrea”, dijo el Comité del Nobel.
El Comité Nobel de Noruega ha destacado «sus esfuerzos para alcanzar la paz y la cooperación internacional, y en particular su iniciativa decisiva para resolver el conflicto fronterizo con la vecina Eritrea»; así como también su contribución al asentamiento de la democracia en su país.
La presidenta del Comité, Berit Reiss-Andersen, ha destacado su papel en la resolución de otros conflictos en África oriental y el Cuerno de África, como la disputas entre Eritrea y Yibuti y entre Kenia y Somalia.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha felicitado al primer ministro y ha asegurado que el de paz allana el camino para la estabilidad regional:
«Su visión ayudó a Etiopía y Eritrea a lograr un acercamiento histórico y su liderazgo ha dado un maravilloso ejemplo para África y otros países», publicó en Twitter.
En esta edición, la número 100, había un total de 301 candidatos al Nobel de la Paz de los cuales 223 eran individuos y 78 organizaciones. Abiy, que recibirá el galardón el 10 de diciembre en Oslo, sucede en el palmarés al cirujano congoleño Denis Mukwege y la activista yazidí Nadia Murad, que lo recibieron ex aequo en 2018.
Ambas potencias dejarían atrás sus diferencias según reconoció el propio Donald Trump. (Foto:El viceprimer ministro de China, Liu He (L), presenta una carta del presidente de China, Xi Jinping, al presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump (R) durante su reunión sobre negociaciones comerciales en la Oficina Oval de la Casa Blanca en Washington, DC, EE. UU., 11 Octubre de 2019. EFE / EPA / MICHAEL REYNOLDS)
Estados Unidos y China alcanzaron hoy un acuerdo parcial "significativo" para dar una tregua a la guerra comercial que libran desde el año pasado, y podrían firmarlo durante la cumbre del APEC que se celebrará en noviembre en Chile, anunció el presidente estadounidense, Donald Trump.
En virtud del acuerdo, Estados Unidos decidió suspender su plan de subir del 25 al 30 % los aranceles a importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares, mientras que China se comprometió a adquirir entre 40.000 y 50.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses, según la Casa Blanca.
Encomendar su nueva misión a la Virgen fue la primera misa que realizó al tocar suelo patrio el Cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez, quien llegó de Roma la noche de este miércoles. La liturgia tuvo lugar en la a la Basílica Menor y Santuario Diocesano de Nuestra Señora de la Caridad, en el municipio de Centro Habana en la capital cubana.
Así, Monseñor Juan de la Caridad García es el tercer Cardenal en la historia de la Iglesia católica en Cuba.
Mañana sábado 12 de octubre se celebrará una misa solemne como recibimiento oficial al Cardenal en la SMI Catedral de La Habana.
Monseñor García Rodríguez sustituyó en 2016 al cardenal Jaime Lucas Ortega Alamino, recientemente fallecido, como arzobispo de la arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana.
Nacido en Camagüey en 1948, el prelado inició sus estudios filosóficos y teológicos en el seminario San Basilio Magno, del poblado de El Cobre, en las afueras de Santiago de Cuba, y concluyó su preparación en el seminario San Carlos y San Ambrosio, en La Habana.
El 13 de julio de este año 2019, fue nombrado miembro de la Congregación para el Clero, ha representado a Cuba en la Asamblea de Obispos del continente (Asamblea de Aparecida, Brasil 2007) y durante tres años, entre 2006 y 2009, presidió la Conferencia Episcopal cubana.
Luego de concluido el acto litúrgico, su eminencia declaró a Granma y al Sistema Informativo de la Televisión Cubana que el Papa Francisco, a través de su persona, envió al pueblo de Cuba la bendición. «Damos gracias al Papa Francisco y al espíritu santo por la elección de 13 cardenales que también están (…) anunciando el evangelio; y esperamos que haya un progreso en la paz, en el amor y la concordia para toda la humanidad y especialmente para nuestro pueblo cubano», dijo.
La Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) eligió este jueves 10 de octubre como presidente de la República de Cuba a Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, quien asumirá el cargo hasta 2023. Hasta la actualidad, ocupaba la Presidencia de los Consejos de Estado y de Ministros, nomenclatura que ahora desaparece según estipula la Constitución aprobada en abril de 2019.
Después de 43 años, Cuba retoma la figura del presidente de la República como jefe de Estado, electo de su seno por la Asamblea y acompañado de un vicepresidente, con una centralidad fuerte dentro de la estructura del poder estatal.
Los diputados eligieron como vicepresidente de la República a Salvador Valdés Mesa, quien igualmente concluirá su mandato en 2023. Tiene 74 años de edad y es diputado por Güines, provincia de Mayabeque.
En esta jornada histórica para la nación, la ANPP eligió como presidente de ese órgano y del Consejo de Estado de Cuba a Esteban Lazo Hernández. Ana María Mari Machado y Homero Acosta Álvarez asumieron los cargos de vicepresidenta y secretario, respectivamente.
Discurso de Díaz-Canel al tomar posesión como Presidente (Palacio de Convenciones, el 10 de octubre de 2019, “Año 61 de la Revolución”.)
Querido General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba;
Queridos compañeros de la Generación Histórica;
Compañero Esteban Lazo, Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado; Integrantes del Consejo de Estado;
Diputadas, diputados;
Pueblo de Cuba:
Es 10 de Octubre y los cubanos debemos felicitarnos. “[...] el primer día de libertad e independencia de Cuba”, como lo llamó Carlos Manuel de Céspedes, tiene todos los derechos para ser uno de los más celebrados en nuestro calendario nacional, por sus fuertes resonancias, desde aquel minuto de 1868 hasta este en que hemos renovado el juramento de servicio incondicional a la Patria.
Aunque después la nación crecería llena de episodios legendarios, la primera inspiración vino de aquel día en que se quebraron los grilletes y la bandera hecha por una mujer ondeó en las manos más nuevas.
Juntos y abrazados a un ideal, por primera vez, blancos y negros, mujeres y hombres, jóvenes casi todos, y como abanderado, el cubano de menos edad. Así se vivió el primer 10 de Octubre, lleno de significados trascendentes.
Cuentan que un muchacho de 20 años llamado Emilio Tamayo fue el primero en pasear la enseña, que confeccionó Cambula, por el campamento que se había instalado en La Demajagua. Y que el Padre de la Patria dijo al admirarla ondeando: “Primero mueran antes que verla deshonrada”. Se dice también que tocó la campana del ingenio otro muy joven bayamés, Manuel García Pavón, quien sería el último sobreviviente del histórico alzamiento.
¿Qué quiero significar al evocar estas memorias? En primer lugar, por supuesto, rendir el debido tributo a la historia y a sus eternos enlaces con nuestro presente, desafiante y plagado de amenazas y riesgos, como aquel primer día de La Demajagua y como cada jornada en los 151 años de lucha de Cuba por sostener su independencia.
Me interesa especialmente hoy destacar los episodios que colocan a la juventud cubana en el epicentro de esas luchas por algo que casi un siglo después del 10 de Octubre de 1868, en julio de 1962, en Santiago de Cuba, Fidel decía a los estudiantes y profesores de la Universidad de Oriente:
“La Revolución no es una lucha por el presente, la Revolución es una lucha por el futuro; la Revolución tiene siempre su vista puesta en el porvenir y la patria en que pensamos, la sociedad que concebimos como sociedad justa y digna de los hombres, es la patria del mañana...”.
La Revolución es una lucha por el futuro. Lo ha sido siempre y lo es ahora.
Para el Consejo de Estado, su Presidente, Vicepresidenta y los restantes 19 miembros que acaban de ratificarse o elegirse este 10 de octubre; para el Vicepresidente de la República y para su Presidente, la tarea número uno tiene que ser el futuro. Agradecemos la confianza al elegirnos para estas responsabilidades, que unidos desempeñaremos en pos de ese futuro.
Por eso hemos puesto en primer lugar y de manera simultánea la defensa y la economía. No olvidamos por un segundo que una Revolución vale lo que sabe defenderse y quienes olvidan esa lección no viven para contarlo. La economía, como base y sostén de la superestructura social, resulta la gran determinante del futuro.
En días recientes, a través del sitio de la Presidencia, convocamos a “Pensar como país”, y al leer detenidamente las más de 1 200 respuestas encontramos mucho optimismo y confianza de cara al futuro, aunque también, en algunos casos, expresiones de preocupación.
Lógica y revolucionaria inquietud que compartimos frente a un mundo minado por el desequilibrio en las relaciones económicas, sin “amortiguadores” para las naciones de menor desarrollo y donde se ha convertido en práctica que las instituciones financieras globales rescaten bancos, pero nunca pueblos.
Un mundo donde predomina el irrespeto a la legalidad internacional, liderado por la potencia hegemónica y la imposición de sus pretensiones mediante amenazas y sanciones.
Un mundo manipulado por perniciosas campañas mediáticas contra una nación solidaria y pacífica como Venezuela, al mismo tiempo que insisten en legitimar como su “Presidente” a un impostor sin respaldo popular alguno.
Un mundo donde ha llegado a usarse el podio de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas para descalificar, menospreciar, amenazar y negar sistemas sociales y gobiernos soberanos y mentir descaradamente en el intento de propiciar intervenciones de todo tipo, incluso militares.
Un mundo donde se rompen acuerdos globales, proyectos de cooperación y programas de salud que resultaban esperanzadores para mayorías excluidas.
Un mundo donde se utiliza el poder judicial para recluir en prisión a líderes progresistas y se persigue y asesina a activistas sociales sin que se haga justicia.
Un mundo donde los que levantan muros, separan familias, encarcelan niños emigrantes, prohíben intercambios entre pueblos y bloquean el acceso al desarrollo de otras naciones, también ponen en riesgo a la especie humana cuando desconocen el cambio climático y desestiman los avisos de la ciencia, mientras arden el Amazonas y otros pulmones del planeta.
Un mundo así realmente nos alarma a todos. En la Primera Cumbre de la Tierra, en 1992, Fidel pronunció su estremecedor discurso de advertencia sobre “una especie en peligro de extinción”.
Nadie debería asombrarse, entonces, de que una adolescente llore frente a los responsables del desastre. Las lágrimas de Greta Thunberg son las lágrimas del futuro.
“Gobernar es prever”, sentenció Martí. Y la Revolución Cubana debe mucho a la genialidad previsora de Fidel y de Raúl. Esa es nuestra escuela política.
Quienes lo pongan en duda, solo tienen que mirar 60 años de historia revolucionaria: desde la alfabetización y alta escolarización de nuestro pueblo, base para forjar el valioso capital humano que nos distingue y elevar el desarrollo de la ciencia y la medicina a niveles de vanguardia mundial, hasta la advertencia temprana y los preparativos que ahora nos han permitido enfrentar el brutal recrudecimiento del bloqueo por parte de la administración norteamericana, con menos daños de los que nuestros adversarios calcularon.
El compromiso que hoy hacemos ante ustedes es el de mantener y fortalecer esa práctica, aprovechar el inestimable capital humano que hemos formado y los aportes de la academia y la ciencia para elevar el nivel de eficiencia de la gestión gubernamental como resultado de la previsión que genera el conocimiento.
El país tiene el compromiso de hacer florecer el talento formado por la Revolución, producir y aportar internamente sin cerrar las puertas a la cooperación y los aprendizajes fuera de fronteras. La exportación de productos cubanos y de servicios debe crecer y diversificarse.
Cuando decidimos aumentar entre tres y cinco veces los salarios del sector presupuestado; cuando promovemos la informatización acelerada de la sociedad; cuando, pese a las limitaciones que nos impone el bloqueo, defendemos el fortalecimiento de la educación y el vínculo de las universidades con la producción en todos los niveles, estamos trabajando por el futuro.
Este año y, particularmente, los últimos meses han puesto a prueba nuestra capacidad de resistir sin renunciar al desarrollo. Y han exigido al pueblo un extra, pero también de los ministros y cuadros de la administración del Estado. No será menor la exigencia en los días y meses por venir. Bajo las condiciones de asedio prolongado y total nos corresponde tensar fuerzas y apoyarnos en las estructuras existentes y las nuevas responsabilidades que adquieren.
El Consejo de Estado, por ejemplo, funcionará con mayor frecuencia e impacto entre sesiones de la Asamblea. Hay muchas leyes, indispensables para hacer más eficiente el Gobierno, que precisan de modos más expeditos de revisión, aprobación e instrumentación. Es un compromiso desde que aprobamos la nueva Constitución.
Los municipios deben aprender a administrar los recursos disponibles con mayores facultades, pero con responsabilidad superior.
Ya estamos a las puertas del año 2020, en el que nos hemos propuesto seguir consolidando nuestra economía. Sin renunciar nunca a los sueños más grandes, que por lógica elemental precisan mayor cantidad de recursos, afianzaremos líneas de trabajo y programas que durante el año 2019 planteamos como prioridades, entre ellas: las exportaciones, la inversión extranjera, la construcción de viviendas, la producción de alimentos, el turismo, el transporte y las fuentes renovables de energía.
Como hemos planteado en ocasiones anteriores, tras la escasez de combustible, generada por la terquedad del Gobierno de Estados Unidos, el país volverá a la normalidad, pero no será con los mismos modos de hacer. Si algo bueno tuvieron estos días de tensión fue que sacaron a flote las enormes reservas con que cuenta Cuba para trabajar de manera más eficiente.
Por eso pondremos mayor énfasis en disminuir los gastos y ahorrar; en sistematizar las buenas soluciones nacidas de los años más duros del Período Especial, atemperadas a nuestra realidad, es decir, tomar en cuenta los avances tecnológicos y del conocimiento que pueden convertir un principio de trabajo, como el ahorro, en un motor del desarrollo.
Insistimos en la necesidad de trabajar por el bien de todos, en la preparación política e ideológica de los cuadros, en la convocatoria a los jóvenes que tantas energías nos aportan siempre, y en la participación del pueblo en la búsqueda de las mejores soluciones, con la certeza de que es inagotable la fuente de la inteligencia colectiva, así como las reservas de resistencia y creatividad que la agresividad del adversario siempre despierta en los cubanos.
Digo como hace un año al asumir la tarea en la Presidencia del entonces Consejo de Estado y de Ministros: No venimos a prometer. Venimos a cumplir el mandato del pueblo revolucionario.
Hoy comienza una nueva etapa de trabajo para quienes representamos al Estado y al Gobierno, que demandará de cada dirigente, cuadro y funcionario a todos los niveles, la disposición a echar por la borda el pesado lastre de prácticas obsoletas y mecanismos engorrosos, que ralentizan los procesos y debilitan la autoestima nacional.
Son nuevos los tiempos que vivimos en todos los sentidos y exigen un pensamiento diferente. Cambiar todo lo que deba ser cambiado, como nos dejó dicho Fidel, como nos lo ha demostrado Raúl durante sus años al frente de la Presidencia y como nuestro Primer Secretario del Partido.
Cuando pienso en ellos, también estoy pensando en el futuro, porque su generación fue una generación de futuro, que dejó hogar, estudios y comodidades para cambiar esta tierra de una vez. No les tembló la mano para combatir a las peores lacras que le chupaban la sangre a la República, ni para desafiar al enemigo amenazante levantando una nación nueva desde la raíz, desde el monte, desde la Sierra.
Como no temblaron a la hora de enfrentar la guerra sucia que duró años, con mercenarios destruyendo y asesinando prácticamente a todo lo largo y ancho de la Isla; ni dudaron en dar apoyo a los pueblos hermanos que luchaban contra las odiosas dictaduras latinoamericanas, sostenidas y respaldadas por el mismo imperio que ahora acusa de dictadores a los líderes progresistas de la región.
Por cierto, qué mal está haciendo quedar a ese imperio, viejo y desmoralizado, su tropa de políticos mediocres y mendaces nucleados por la OEA.
¿Dónde están los que no han cesado de dar consejos sobre el destino de Venezuela y a la vez no muestran ocupación por los enormes conflictos y problemas sociales que aquejan a sus pueblos? ¿Cómo se proponen borrar en las agresiones contra Venezuela las chapucerías y los contubernios con mafias paramilitares?
Si algo no perdió jamás el liderazgo de la Revolución Cubana fue el curso de la moral en la Historia. Ahí están, invictos, sin más monumentos que su propia obra, a la cual tenemos el deber de rendir el más justo de los tributos: hacerla crecer y prosperar, sin temor a las amenazas ni a los riesgos.
Los pobres de la tierra no podemos perder la dignidad ni ceder ante la amenaza. Es una convicción demostrada muchas veces a lo largo de la historia, desde aquel 10 de Octubre en La Demajagua hasta el día de abril de 1961 en que Fidel disparó con un tanque contra los barcos mercenarios.
En estos tiempos, en que hemos vuelto a acompañar al Comandante Almeida en su grito de principios en medio de las más duras horas, afirmamos rotundamente que la Revolución Cubana preservará intactas todas sus convicciones, esas que costaron la sangre de los mejores hijos de nuestra Patria (Aplausos).
Cuando se cuenta con un pueblo de la estirpe del cubano, no se duda ni un segundo para enfrentar el futuro, conscientes de que lo conquistaremos.
Hoy volvemos a hacer nuestra aquella valoración que tantas veces le escuchamos al General de Ejército y que hemos aprendido a aquilatar mejor en medio de la dificultad: “¡Qué clase de pueblo tenemos!” (Aplausos.)
Los que crean y construyen han derrotado a los que odian y deshacen.
La sangre de nuestros nobles aborígenes, nuestros abuelos europeos, africanos y asiáticos y la de todos los hombres y mujeres de inmenso coraje, que a lo largo de los siglos conformaron el ser nacional, hierve de rebeldía frente a cada amenaza y de rabia ante cada agresión.
Mientras más nos agreden, mientras más nos intimidan, más crece la voluntad y la fuerza nacional: ¡La unidad! (Aplausos.)
¡Nos inspirará siempre el 10 de Octubre! Como los mambises, honroso nombre del criollo rebelde, no vacilaremos en usar el machete si faltaran los fusiles. Y siempre tendremos la vergüenza como estandarte y como chaleco la moral.
Este pueblo, que más de una vez ha sido capital de la solidaridad mundial, acogiendo a quienes nos la ofrecen y brindándola por el mundo a quienes más la necesitan, espera pronto aquí, en La Habana de los 500 años, el arribo de una ola solidaria y antiimperialista, como un cañonazo contra los zarpazos de la bestia imperial.
En la tierra de Céspedes, Mariana, Gómez, Maceo, Martí, Mella, Guiteras, Rubén, Camilo, Che, Almeida, Ramiro, Guillermo, Vilma, Celia, Haydée, Melba, en la tierra de Raúl y de Fidel, no ha variado ni un milímetro la advertencia del Titán de Bronce:
“Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha” (Aplausos).
Compañeras y compañeros:
Nos esperan días intensos y desafiantes, pero nadie va a quitarnos la confianza en el futuro que les debemos a nuestros hijos en la Patria que los padres nos ganaron de pie.