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LA TECLA CON CAFÉ

Cronicafeando

¿Por qué se extinguen las abejas?

¿Por qué se extinguen las abejas?

Las abejas se hallan en vías de extinción. Las consecuencias para la polinización son desastrosas porque es lo que permite la reproducción de las plantas y de las flores. ¿Por qué se extinguen las abejas?

Las abejas están desapareciendo, se extinguen. Las consecuencias que esto puede acarrear son desastrosas por la polinización que es la que ha permitido, durante millones de años, asegurar la reproducción desde las plantas hasta las flores. Además, el 35% de nuestra alimentación depende de la polinización: frutas y hortalizas. Los alimentos más famosos recomendados por los nutriconistas. Por otra parte, en ciertas regiones del mundo, la desaparición de insectos polinizadores obliga a los agricultures a polinizar manualmente.

Los investigadores y los apicultores avanzan en varias hipótesis, porque aún no ha sido identificada con claridad la causa principal de la extinción de las abejas. Todas las presiones sobre el ecosistema y la salud de las abejas han sido revisadas: OGM, las ondas electromagnéticas, los pesticidas, la contaminación, el cambio climático, la escasez de flores, los virus, las enfermedades, los parásitos, los hongos…

Desde la antigüedad, el hombre ha domesticado a las abejas para cosechar la miel pero, durante los últimos años, las fuentes de degradación del medio ambiente y los daños al bienestar es tal que podría tratarse de una combinación de factores que exceden la capacidad de resistencia de las abejas.

Los pesticidas, a pesar de que las cantidades aplicadas son mucho más bajas que los principios activos, desde hace casi cincuenta años están perjudicando a todos los países y a la capaicdad de producción de los paíese en vías de desarrollo. La contaminación es a nivel mundial.

Ahora bien, las abejas son excelentes indicadores de la calidad del medio ambiente en el que evolucionan.



Guerra de las piñatas en México

Guerra de las piñatas en México

Desde hace varios meses, personajes como Buzz Lightyear, El Hombre Araña o Batman andan metidos en líos. Sus imágenes son utilizadas en la fabricación de piñatas, objetos artesanales hechos con papeles de colores y usadas en fiestas infantiles y religiosas. La policía ha confiscado toneladas por violar derechos de propiedad intelectual.

Por si fuera poco, junto con los asesinatos que cunden la ciudad, la llamada «guerra de las piñatas» no parece acabar. Dicen Los «piñateros» que mientras a los niños les gusten esos personajes seguirán reproduciéndolos para alegrar los festejos.

Las piñatas constituyen una tradición centenaria. «Si van a decomisarlas —dicen— también tendrían que hacerlo con las velitas de cumpleaños, las playeras (camisetas) o las alcancías (huchas)», argumentó a un reportero de BBC Mundo, Iván Camacho, comerciante del mercado de Tlalpan, al sur de Ciudad.

Pero el conflicto ya alcanzó escala internacional, pues recientemente la Oficina de Aduanas y Operación Fronteriza de Estados Unidos confiscó más de 1.000 piñatas en Laredo, Texas, porque estaban hechas con imágenes de personajes protegidos con marcas registradas. Lo mismo ocurrió en otras ciudades, como el Distrito Federal, Guadalajara y Morelia

«Los caricaturistas no pagan derechos por usar a la gente, nosotros también caricaturizamos a los personajes», opinó a la misma fuente Javier Flores, comerciante. Para estos artesanos buscavidas en medio del desempleo reinante, las piñatas —refiere—«no constituyen reproducciones exactas, sino simples parodias. Por lo tanto, no puede decirse que plagian las imágenes.»

Según las leyes de Propiedad Industrial y Federal de Derecho de Autor, la reproducción de imágenes registradas requiere el permiso del propietario de la marca. Así que, de acuerdo con lo legislado, los pobres piñateros pueden enfrentarse a 5 años de cárcel.

«Eso está mal, hacen las leyes sin consultar a la gente ni ver cómo le afecta. No está claro cómo vamos a hacerlas, pero además las piñatas son artesanías, no discos o películas pirata», argumenta Flores.

Y aunque representantes de empresas en México dueñas de algunos personajes han dicho a medios locales que no existe una denuncia legal por la fabricación de piñatas con sus personajes, prevalece el decomiso de mercancía, sobre todo a partir de una reciente enmienda legal autorizada por el Senado, que obliga a las autoridades a sancionar la fabricación de piratería sin necesidad de patentes.

 

 

ABEL, COMO UN GIRASOL PERENNE.

ABEL, COMO UN GIRASOL PERENNE.

Por Mercedes Rodríguez García

Sobre el «más generoso, querido e intrépido» de los asaltantes al cuartel Moncada, testimonios pocos conocidos, que a comienzos del siglo XXI refirieron tres amigos de su infancia y juventud en el batey del antiguo central Constancia, en Encrucijada.

En «Haydée: Del Moncada a Casa», libro que escribió la hija sobre la madre, aparecen  revelaciones de familia  y otras historias, que no por conocidas transcurren súbitas y encantadoras gracias a la pluma sincera, poética e irreverente de Celia María Hart Santamaría, cuyo aprendizaje literario pudiera también hallar origen en los «bordes filosos del saber pulido» heredados de  su progenitora y de un tío de dulzura lindante en ingenuidad casi infantil.

Sin embargo, Celia María no deja constancia en el texto referido de que el «más generoso, querido e intrépido» de los asaltantes al cuartel Moncada, sintiera —también como  su hermana— preferencia por los girasoles, flor que para Haydée «por ser hermosa, no renuncia a ser inteligente, fácil de plantar y útil», y sobre la cual decía  «se saca buen aceite».

¿Por qué, mama?, pregunta Celia María. Y la madre invariablemente respondía: «El girasol se siembra en campos abiertos al sol y al agua. Esa flor menea la corola en busca del Sol, formando lindos rejuegos con el tallo…y además le gusta convivir con sus compañeras…» (…)  Es, en definitiva, una flor revolucionaria».

Entonces —digo yo— de alguna manera Abel Santamaría Cuadrado fue un girasol creciendo cada vez más hacia el astro de la vida, de sierpe erecto, proveedor de aceite bienhechor, de interior reflejo, noble, brillante, traslúcido, perenne.

Y como a Celia me viene de pronto a la memoria la carta que desde la cárcel de mujeres en  Guanajay, Haydée le enviara  a Joaquina luego del ataque al cuartel Moncada, refiriéndose al hermano asesinado:

« ¿No te das cuenta, mamá? Abel no nos faltará jamás». (¿Acaso escasean los girasoles?

MARINA: « ERA EL HIJO QUE LE LLEGABA AL ALMA»

¡Qué de nuevo escribir sobre este joven adoptado por la gloria para siempre! ¿Qué escribir sin repetirme? ¿Qué reseñar desde aquel 20 de octubre de 1927cuando Joaquina Cuadrado lo pariera?

¿Ir de nuevo a Encrucijada? ¿Volver a imaginarme las paredes del cuarto tras las cuales esperaba con la tranquilidad propia de su temple Don Benigno Cuadrado, el padre?

Retorno pues a los orígenes de una investigación  inconclusa, añejada en el tiempo que tanto ha caminado desde la primera vez que visité el batey del central Constancia, allá por los finales de 1970.

Pero fue una mañana de los primeros días de julio de 1990 cuando conocí a Marina Rivero González, vecina inmediata de Joaquina. «En sus últimos años —me cuenta— vivía sola y a veces me pedía que la acompañara un rato. Se dormía conversando conmigo o viendo la televisión. No me gustaba preguntarle sobre Abel, pero cuando una vez lo hice nada más me dijo que le llegaba al alma.

—Y de Abel,  ¿qué recuerdos tiene?

—Él se fue de aquí como a los 19 años. Estudiamos la primaria juntos  (…) Yo era medio bruta y las Matemáticas no me entraban, por eso me sentaba a su saldo y trataba de fijarme en lo que él respondía. Yo sé que eso es malo, pero entonces éramos muchachos comunes y corrientes, de campo, tratando de salir a flote de cualquier manera…

 ANDRÉS: «VENDRÍA A BUCARME PARA JUGAR PELOTA»

Ya en el 2000 conversé con  Andrés Carol Amador. « ¿Cómo está?», le pregunté. «Aquí, haciendo los mandados, dejando que pasen los días y las noches, soñando con los buenos tiempos», los de molinero, operador de centrífuga y rotulador de sacos en el central Constancia.

— ¿Qué piensa si Abel, su amigo, viviera?

—Bueno, no duda que vendría a buscarme para jugar pelota, como entonces, en aquellos pitenes manigüeros donde nos disputábamos el short stop.

— ¿Era Abel buen pelotero?

— ¡Qué va! No recuerdo si alguna vez mandó la bola a lo profundo o se anotó una carrera. Jamás nos enfrentamos en pitcheo y bateo…

— ¿Y en cuestiones de política?

Sí, bastante. Él no se cansaba de explicarme que el comunismo no era el infierno, aunque de verdad, yo sentía terror al escuchar la sola palabrita.

—Y después que Abel se fue para La Habana…

—Venía con frecuencia, en un cacharro, creo que un Pontiac. Lo parqueaba frente a la casa.

— ¿Verdad que un día trajo a Fidel?

— Cierto, debió haber sido poco antes del Moncada, por mayo del 53. Le pedí a Abel que me llevara a trabajar con él para La Habana. No sabía que anduviera en trajines de revolución, aunque me lo imaginaba. Al despedirnos me dijo que guardara dinero, que cuando regresara de una visita que iba a hacer a otra provincia vendría a buscarme.

Otro breve testimonio me lo ofreció por esa misma época Armando Riverón Ávila:

ARMANDO: «ME DECÍA MINGO MINGOLO»

«Abel nunca me llamó por mi nombre, me decía Mingo Mingolo. Yo no era exactamente su hombre de confianza, cono dicen algunos por ahí, sino uno más de sus amigos allegados. Tal vez intimamos debido a nuestra afiliación al partido Ortodoxo, que con la muerte de Chibás se fue tornando pura habladuría.»

—El día que Abel vino con Fidel, Carol lo fue a buscalo a su casa.

—Sí, Abel me lo presentó. Me pareció un hombre serio, bien intencionado, con ideas y forma de hablar muy diferentes a las de los políticos de entonces.

—Usted era el barbero del batey...

—Sí, pero nunca pelé a Abel. A Don Benigno, sí. La última vez que lo vi fue cuando lo embarcamos en tren para La Habana, junto con Haydée. Se llevaban un cajón de bacalao que el conductor no a tras ni adelante dejó que subieran al camarote. Para mí que eran armas. Yeyé conversó bastante tratando de convencer al hombre, hasta que llegó Abel, que se había quedado rezagado, y en memos de un minuto logró convencer al empleado para que el paquete no fuera en la casilla de cargas, sino junto con ellos, en el coche dormitorio.

También me cuentan que Abel leía mucho, que le encantaba bañarse en el río y montar a caballo; que era alegre, robusto, de tez muy blanca y manos finas; sencillo, servicial; de palabra fácil y verbo convincente; buen bailador, siempre disputado por las muchachas; en oportunidades, chistoso, apasionado, cauteloso, discreto y atrevido.

PARA NO REPETIR OTRAS HISTORIAS

¿Qué más escribir sobre Abel? ¡Abel sigue siendo tanto! Tanto como la Revolución que nació  en su pequeño apartamento de 25 y O, en el Vedado, que  alcanzó la mayoría de edad en el Moncada y maduró en La Sierra. Por eso no repetir la tan conocida historia de muerte, asesinado. Y mucho menos aquella tan cruel, tan increíble, la de sus ojos azules arrancados.

De alguna manera prefiero siga siendo como la flor preferida de su hermana Haydée: un girasol creciendo cada vez más hacia el astro de la vida, de sierpe erecto, proveedor de aceite bienhechor, de interior reflejo, noble, brillante, traslúcido, perenne.

 

 

 

 

 

 

 

Robos a periodistas que cubren el Mundial de Fútbol

Robos a periodistas que cubren el Mundial de Fútbol

Alrededor de una docena de periodistas han sufrido robos en la primera en la Copa Mundial de fútbol de la FIFA que se disputa en Sudáfrica. Cerca de 12 mil dólares fueron hurtados de su hotel a los uruguayos  mientras disputaban su primer duelo mundialista ante Francia, en el estadio Green Point.

El gobierno sudafricano recomendó a los periodistas no dejar sus pertenencias en hoteles, considerando que los periodistas son un blanco fácil porque transportan valiosos equipos, como cámaras fotográficas o de televisión profesionales.

El jueves 17 de junio, las pertenencias de cuatro periodistas brasileños, tres de Folha de S. Paulo y un cuarto de Terra, fueron robadas desde las cajas fuertes del hotel donde se hospedaban en Johannesburg.

Con posterioridad otros dos reporteros portugueses y uno español sufrieron asaltos por hombres armados dentro de un hotel en Magaliesburg. Los ladrones fueron sentenciados a 15 años de cárcel.

Al día siguiente, cuatro periodistas chinos también los conminaron asaltados a de pistola cuando se desplazaban en un auto luego de una conferencia de prensa.

Asimismo, periodistas de televisión de la cadena TVNZ, de Nueva Zelandia, perdieron alrededor de US $70,000 cuando su equipo fue robado desde su propia habitación de hotel en Rustemburgo.

El Comité de Organización Local de la Copa Mundial de Sudáfrica negó que hubiera problemas de seguridad. El gobierno destinó 40,000 policías —el 20 por ciento de la fuerza policial del país— a la seguridad del evento, de acuerdo con Terra.

 


MARCANDO GOLPES SE APRENDE A GANAR

MARCANDO GOLPES  SE APRENDE A GANAR

Por Mercedes Rodríguez García

Pese al júbilo y la alegría popular reinantes entre mis coterráneos recuerdo cierto sabor amargo que no me dejaba disfrutar en plenitud la condición de Provincia Destacada. ¿Qué sucedía que no alcanzábamos durante seis años continuos la sede del acto nacional por el 26 de Julio? ¿Por qué se nos escapaba una y otra vez entre las manos? Eran mis interrogantes de ocasión.

Villaclareña de pura sepa y conocedora de todas las capitales provinciales de la tierra más hermosa que ojos humanos vieran, sentía cierta desazón cada vez que en la fraternal competencia aparecíamos entre los primeros cuando —a mi juicio— éramos el primero. ¿Apasionamiento? Tal vez. Como cubana al fin no puedo sustraerme a ese sentimiento partidario y afectivo que nos hace únicos, lo mismo en política que en pelota.

¿Entonces…? Nada. Nos llegó la hora. ¡Y en qué momento! Porque es en tiempos difíciles cuando se prueban —y comprueban— los verdaderos luchadores. Y sin duda, Villa Clara clasifica entre ellos. Más que por el nocaut de ocasión, por los golpes precisos y constantes, patentes en el ring año tras año.  

Así que bienvenido el título de Mejor Provincia en 2010. ¡Y van cuatro! desde aquel  1965 cuando por primera vez la efeméride tuvo lugar fuera de La Habana y Santiago de Cuba. Cursaba yo la secundaria básica y no olvidaré el jubileo ni la concentración de más de 500 mil villareños presididos por Fidel.

¿Qué si esperaba la sede? A fuerza de ser sincera, no. Además, nunca antes se dio a conocer el resultado con tanta antelación. ¿Desconcierto? ¡Jamás! Se trata de un estado que transita entre la sorpresa y  el estupor. ¿Alegría? ¡Exacto! Pero también cierta desazón originada en la impertinencia —también muy cubana— de valorar más lo de otros que lo propio… ¡No, no, no! Tampoco eso de que en el país de los tuertos el ciego es rey. ¡Dichosa manía criolla de extrapolar situaciones!

Cada territorio posee sus características, incluso, determinadas por factores climáticos y demográficos. Afianzar el presupuesto de que si nosotros somos los mejores cómo estarán  los demás, no ayuda. Me consta porque conozco Cuba de Oriente a Occidente —y eso ya lo dije— la profesionalidad, capacidad y responsabilidad, instrucción, educación y cultura de los villaclareños. Si no, cómo explicar 12 años en la vanguardia de la emulación por el Día de la Rebeldía Nacional.

Claro, siempre existirán aquellos que del fruto solo verán la cáscara, sencillamente porque no quieren  emprender el viaje a la semilla.Pero esos no me preocupan, sino los otros, los que no pueden ver la simiente porque solo les interesa la corteza que vislumbra  la pulpa.

Pienso que en sentido general hemos padecido el desarraigo propio del cosmopolitismo, donde el predominio de lo contingente impide ver el valor de las heroicidades cotidianas. Y también, del síndrome de la hormiguita negra del Corán, que cada noche un poco, por un tronco oscuro, sube, sube, sube… Nadie la ve, ¡pero llega! En tal sentido los invito a reflexionar, porque también, como dice Gabriel García Márquez, «no vasta con ser buenos, hay que gritarlo». ¿Lo perfecto?: Una simbiosis oportuna entre la denuncia pública de lo mal hecho y la divulgación de los éxitos.

No malgastaré el espacio con una relación de logros, que en cifras existen, suman y pesan, aunque no más que las insatisfacciones. Tampoco derrocharé párrafos en explicaciones alusivas a la crisis económica y financiera global y lo mucho que nos afecta,  o al dilatado bloqueo yanqui y sus consecuencias sobre sectores básicos o extremadamente sensibles para la población.

Sin embargo estimo oportuno no concluir sin antes referirme a la palabra clave, al término que responde a los porqués sin detenerse en los por cuántos: Estabilidad. Sinónimo de permanencia, duración en el tiempo; firmeza, seguridad en el espacio.  Y eso dice mucho y lo estimo preferible a los ascensos que dan paso a bruscas caídas, y que en plano de la economía y las finanzas resultan catastróficos.

Las personas que por su carácter y naturaleza catalogan como estables, son de algún modo predecibles y, a la larga, triunfan en sus propósitos, por lo que rinden más en el trabajo. Dotadas casi siempre de paciencia y perseverancia suelen alcanzar objetivos superiores. De modo que otras, mucho más talentosas pero itinerantes, consiguen objetivos a medias. Lo mismo sucede con un enfermo que del estado grave pasa a la estabilidad. O con los alcohólicos y drogadictos, que de la euforia caen en la depresión.

Dejado atrás el asombro, de frente a la realidad, sin vanaglorias ni eufemismos, aquí estamos los villaclareños. Al menos yo, contenta por el reconocimiento al terruño, pero muy convencida  de que la Sede no puede constituir puro asunto de emulación ni tema de unas semanas previas al 26.

Fidel nos caracterizó una vez como «vencedores de dificultades y obstáculos». Me siento estable, pero  inconforme, convencida de que marcando golpes se aprende a ganar. Ya no me planteo las mismas interrogantes, aunque estoy llena de preguntas sin respuestas y de respuestas sin que me hayan hecho preguntas. Nada se nos escapó de entre las manos: ¡madurábamos, trabajábamos, soñábamos!

Con la filosofía de la hormiguita  y algo de la reflexión del Gabo, trato ahora de encarar los tiempos que me han tocado. Sin que lo contingente me impida admirar los detalles de la vida en esta  provincia apresurada de amores y desvelos, encantadoramente anciana saludable, con su diva capital de Caridad, Parque y Mejunje; agradecida de Marta, honrada por el Che, inevitablemente aurada de naranja y ansiosa siempre  de un traje rojinegro.

 

 

Día de los Padres: Postales para Obama

Día de los Padres: Postales para Obama

El presidente Barack Obama recibió miles de postales el pasado domingo, Día de los Padres... ¡enviadas por hijos de indocumentados detenidos en redadas o deportados! Lo comenta un cable de la EFE.

Pedidos para que Obama se muestre solidario y compasivo con las familias inmigrantes, para que utilice su autoridad ejecutiva y ordene a la el fin de las redadas y deportaciones de indocumentados.

Pedidos para que reflexione sobre las consecuencias de las leyes inmigratorias injustas e inhumanas sobre los niños y sus familias, para que encare una ley de reforma migratoria que refleje los valores de las comunidades latinoamericanas y caribeñas asentadas en la poderosa  nación.

Y Barack Obama... ¿Habrá leído los miles de mensajes?, o ¿habrán ido a parar a algunos de los incineradores de la Casa Blanca? Como padre e hijo de un inmigrante, ¿dará curso a tan justos y humanitarios reclamos?, o ¿todo quedará en la nota de la Agencia de Prensa Española? Tiempo al tiempo.

 

 

Carlos Monsiváis ¿en el reino en los cielos?

Carlos Monsiváis ¿en el reino en los cielos?

Carlos Monsiváis, uno de los grandes cerebros de México y pensador de izquierda, prolífico ensayista, autor de numerosas crónicas y columnas en los principales periódicos de la historia reciente, activista e irónico crítico del gobierno mexicano, se fue poco después que Saramago ¿al reino de los cielos? Tenía 72 años.

Falleció el sábado 29 de junio debido a una insuficiencia respiratoria que sobrellevó en un hospital mexicano en el que ingresó el 2 de abril.

De Carlos Monsiváis recuerdo varias obras a las que obligatoriamente recurrí como profesora de la carrera de periodismo. Era un cronista y ensayista muy agudo, de la ahí lo imprescindible que me resultaba, al menos, la consulta de «Cultura y sociedad en América Latina» (2000).

También escribió críticos artículos periodísticos que crónicas sobre actores o encuentros deportivos. Fue, además, un activo participante en movimientos políticos y ciudadanos. Al referirse a él sus amigos decían era «ajonjolí de todos los moles», una frase mexicana que se refiere a la participación de una persona en varios temas distintos.

Y es que Monsiváis fue uno de esos intelectuales indispensables en la hermana nación azteca. No sólo por su obra literaria sino por el trabajo que emprendió en aras de recuperar y conservar expresiones de la cultura popular.

Según el periodista Jenaro Villamil, lo que más le molestaba era la intolerancia. Como otros literatos —y en ello me remite a Hemingway— me lo imaginaba un personaje singular pues durante varias décadas vivió en su casa de la colonia Portales, un popular barrio al sur de Ciudad de México, acompañado de 16 gatos.

Tampoco era muy amigo de la telefonía celular. «Siempre se resistió a utilizar un móvil, y cuando no quería contestarle a alguna persona que le llamaba a su casa, modificaba su voz para hacerse pasar por una auxiliar doméstica», cuenta Jenaro, uno de sus colaboradores y amigos más cercanos.

Monsiváis participó en el movimiento estudiantil de 1968, que terminó en una matanza de estudiantes en la Plaza de Tlatelolco.

En el sismo de 1985, que devastó una parte de Ciudad de México, el escritor dio cuenta del movimiento ciudadano para rescatar a las víctimas, y el que surgió después que, según analistas, transformó la vida política del país.

Obtuvo numerosos reconocimientos y el más reciente le fue otorgado por el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo (CCPNP), el pasado 12 de mayo cuando llevaba más de un mes hospitalizado.  

(Fuente: AP)

 

 

 

 

 

 

 

 

LAS OBLIGACIONES PENDIENTES QUE NOS DEJÓ SARAMAGO

LAS OBLIGACIONES PENDIENTES QUE NOS DEJÓ SARAMAGO

Por Mercedes Rodríguez García

El escritor portugués y Premio Nobel de Literatura José Saramago murió este viernes  a los 87 años de edad. En sus últimos días —increíblemente alargados— accedí a su blog en busca de referencias sobre su novela «Una balsa de piedra camino de Haití», edición solidaria que se vendió en Europa a solo 15 euros, como parte de un programa de ayuda a las víctimas del terremoto.

Se trataba de la segunda iniciativa del Nobel portugués, pues ya lo había hecho en 1999 con Centroamérica tras el paso del huracán Mitch, al donar los beneficios de su relato «El cuento de la isla desconocida: «Porque todos tenemos una obligación», aseguró el entonces su autor.

Precisamente por estos días de la Copa Mundial 2010, en Sudáfrica, me acordaba de sus quejas aparecidas en una publicación argentina en junio de 2006, a tenor de que el fútbol poseyera más propagandas que los libros: «Mal andan las cosas si resulta necesario estimular la lectura, porque nadie necesita estimular el fútbol, que tiene detrás una fabulosa operación de propaganda», manifestóa la prensa de Argentina.

Otra evocación al novelista nacido en Azinhaga, una pequeña aldea ubicada 120 kilómetros al noreste de Lisboa, la tuve por los días cercanos a la fecha límite de presentar el último recurso disponible a los abogados para los Cinco cubanos acusados de terroristas y prisioneros en cárceles de los Estados Unidos.

Entre los centenares de escritos sobre el tema, buscaba algo original con que iniciar un artículo, cuando encontré una carta publicada en dos periódicos británicos (The Guardian y The Independent)  para conmemorar el 10º aniversario del arresto del grupo, conocido como «Los cinco de Cuba».

Entre unas 130 figuras del mundo del arte y la política que suscribían el documento abierto clamando «justicia» por el caso de los antiterroristas cubanos —juzgados como espías por el gobierno de Estados Unidos—, estaba la de José Saramago junto a otros nueve Premio Nobel.

La misiva califica de injusto el juicio al que fueron sometidos los cinco cubanos, critica la negativa a facilitarle una visa a Adriana Pérez y a otra de las esposas, y la restricción de las visitas de los familiares, reducidas a una vez por año.

¿Todo esto lo convertía en un verdadero comunista? No sé. Lo que me consta es que se autotitulaba un comunista hormonal: «Mi cuerpo contiene hormonas que hacen crecer mi barba y otras que me hacen comunista», reiteraba el hombre militante de ese Partido del que nunca renegó en su activa vida política y como subdirector del Diario de Noticias, hasta 1976. Y este compromiso es evidente en parte de su producción, que incluye 17 novelas, cinco obras de teatro y numerosos relatos, poemas y crónicas.

Fue una de estas novelas, «El Evangelio según Jesucristo», la que lo hizo trasladar su residencia de Lisboa a Lanzarote, en 1992. Se trató de un exilio simbólico motivado por la decisión del gobierno portugués de impedir la candidatura de esta novela a un premio literario europeo, por considerarla «herética».

Para ese entonces, Saramago ya había publicado obras de la talla de «Memorial del Convento» (su primer gran éxito, que llegaría a los 60 años), «El año de la muerte de Ricardo Reis» e «Historia del Cerco de Lisboa». Luego vendrían «Ensayo sobre la Ceguera» (llevada al cine en el 2008) y «Todos los Nombres», publicada poco antes de que se le concediera el Premio Nobel de Literatura, en 1998.

Sobraron a Saramago capacidad, y voz crítica,cualidades que exhibió hasta el final, tanto en sus novelas como en sus artículos periodísticos o en su blog, en el que acostumbraba comentar sobre los diferentes temas de actualidad.

Una recopilación de las mejores entradas de este último, en las que flagelaba al capitalismo, al consumismo, al Papa y a George W. Bush, fue publicada el año pasado bajo el título de «El Cuaderno».

En una entrevista con BBC Mundo celebrada para marcar esa ocasión, Saramago reconoció que ya no le quedaba mucho por vivir: «Me pueden quedar tres o cuatro años de vida, quizá menos», anunció en aquella oportunidad.

Creo en todos los gestos del viejo Saramago. Si tuviera el poder de Dios, lo resucitaría. Dentro de las innumerables e importantes campañas de solidaridad que se han iniciado en el mundo, las del portugués nunca rondaron lo simbólico, como casi siempre sucede. Y, al otro, día, el olvido.

Ya que sobre el pasado no se puede hacer nada, Saramago actuó sobre el futuro y siempre halló buen momento para probarlo. Lo descubrí en su blog, en sus comentarios en torno a esa  «balsa de piedra» con que remonta la catástrofe sufrida por Haití consecuencia de los terremotos del 12 y 20 de enero pasado.

Como decía John Donne: «Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo; todo hombre es un fragmento del continente, una parte del conjunto». Y a todos, como a Saramago, nos asiste tal obligación.

Lo siento hoy más que nunca cuando el peculiar sonido de las vuvuzelas puede que aplaste la noticia de su muerte.

Lo siento cada vez que a Adriana, la esposa de Gerardo, le niegan el visado, alegando que podría ser una amenaza para la seguridad, una posible terrorista o una inmigrante ilegal.

Con todas estas obligaciones pendientes nos dejó Saramago.

Ahora hace calor, y escribo apretándome los labios para que no se me escape un sollozo que empañe el display de mi PC, y ante el cual discurro al mundo jugándose varios partidos decisivos para la sobrevivencia humana.