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LA TECLA CON CAFÉ

Cafetal adentro

Francisco y el Che en la «Heriberto Mederos»

Francisco y el Che en la «Heriberto Mederos»


 

22/10/2012 7:45:39

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

No tenía nada nuevo que decirle al pueblo porque desde antes había estado «inaugurando fábricas iguales» por todo el país y consideraba «acabado el repertorio ya». Así que —de sincero como era— el entonces Ministro de Industrias optó referirse a algunos problemas de la planta y hacerles a sus trabajadores ciertas recomendaciones para «el trabajo de todos los días».

 

Por ello Francisco (Paquito) Echemendía Cárdenas no puede olvidar aquel 19 de julio de 1964, cuando con solo 17 años vio «por primera vez y de cerca» al legendario Comandante Ernesto Che Guevara, «que vino a inaugurar la fábrica de bicicletas de Caibarién, todo un suceso en un pueblo de pescadores».

Dice este experto ajustador de herramientas que no recuerda muchos detalles, pero sí que al Che se le veía intranquilo, agitado. «Cuando entró a la fábrica, todos los obreros, de completo uniforme y con los medios de protección debidos, les esperábamos en nuestro puesto de trabajo, deseosos y ansiosos porque se detuviera a preguntarnos algo».

Cuenta que Che pasó por todos los talleres, muy interesado por el  proceso productivo y por las condiciones de trabajo; que aquel día conversó con varios obreros, pero que a él «no le tocó esa suerte». No obstante, evoca cierto pasaje del discurso referido a la mala ubicada en Caibarién.

En realidad se refirió a lo que algunos compañeros le habían señalado, «ya que debía haber puesto la fábrica de bujías aquí y ésta allá en Sagua, porque los sagüeros son los consumidores de bicicletas más grandes de Cuba. Pero, de todas maneras, hubo un cambio ahí, una falta de planificación y la fábrica quedó aquí».

«Aquellas bicicletas eran muy bonitas y muy fuertes. Ese año solo fabricamos 5 mil, pero llegamos a producir unas 20 mil bicicletas. Claro por nuestra poca base técnica, la fábrica tenía cantidad de piezas de importación que dijo habría que hacer luego en Cuba, en colaboración con una serie de fábricas que ya se iban inaugurando, y así poder desarrollar nuestra industria mecánica de acuerdo con las necesidades del país».

De entonces a la fecha diferentes artículos han salido de los talleres de la actual empresa Heriberto Mederos, como el sillón de ruedas que comenzó a elaborarse a finales de1960, y se mantuvo hasta los años 90 del pasado siglo, cuando la fabricación de estas sillas fue reubicada en el oriente cubano. Fue por esa época que tuvieron lugar inversiones, como creación de los talleres de niquelado y decapado, y la ampliación de la planta de tratamiento de residuales, entre otras que elevaron el número de trabajadores hasta casi 400.

 

A finales del año 1992 y principios de 1993 retoma la manufacturación de sillones de ruedas, manteniéndose la de muebles clínicos, y la de bicicletas, que dejaron de fabricarse comenzado el  nuevo siglo. En 2001 la «Heriberto Mederos» dio paso a la fabricación, con destino a las ventas en moneda nacional y en divisas, para organismos como el MINTUR, MININT, MINFAR, MINED y el programa de la vivienda.

—Francisco, ¿algo nuevo en planes?

—Por primera vez produciremos el aro del bidón, es decir, el sello de las tapas de tanques de mieles y pulpas de frutas con destino a la exportación, lo cual representa un considerable ahorro para el país, ya que este tipo de sello se cotiza en el mercado internacional con un valor de 5 USD y a partir de ahora se hará por solo 28 centavos. También queremos abrir una línea de lacado, que en estos momentos se hace solo en La Habana. 

Javier Fernández Brito, el director de la fábrica valora la experiencia del colectivo laboral, integrado por 137 hombres y mujeres, pero necesitado de mayor cantidad de jóvenes: «Muchas personas inician su vida laboral aquí, pero luego se van para otros puestos. Hay quienes solo ven el trabajo en este lugar como un trampolín para insertarse más tarde en otras ocupaciones», comentó.

Javier aprecia mucho la fuerza del ejemplo, que, en hombres como Francisco, «lo prestigia y avala ante sus compañeros, y cuyo compromiso con el Che lo ha mantenido apegado a la fábrica que considera su primera casa y su vida»…

Con su medio centenar innovaciones e inventivas Francisco puede considerarse un verdadero galeno de máquinas y herramientas, muchas de las cuales se mantienen activas «por el cariño que les tengo y lo mucho que las conozco, porque son como mis brazos y mis piernas, una prolongación de mis manos, de mi corazón y de mi cerebro, aun cuando pueda tener alguna que otra insatisfacción. Me siento bien porque sé que me necesitan y soy útil», afirma.

—Porque si el Che viviera, Francisco…

—Bueno, a veces me pongo a especular sobre eso, y creo que nos hubiera criticado y sancionado por muchas barbaridades cometidas, llámense improvisación, despilfarro, chapucería… Pero también pienso que el Che no ha muerto, que vive en hombres y mujeres y en fábricas cómo la nuestra, que no se han rendido, que han sabido capear el temporal y salir adelante. Hoy andamos caminos más objetivos, aunque no menos difíciles por lo complicado de la economía mundial. Pero si trabajamos, bien y con la productividad, calidad y exigencia que él Che requería, no dude que será la mejor manera de honrarlo, de saberlo  y sentirlo vivo de verdad.

Confluencias de muerte y de sangre

Confluencias de muerte y de sangre


15/10/2012 7:58:23

 


Por Mercedes Rodríguez García

 

A las seis y treinta de la mañana del 9 de octubre de 1967 un helicóptero tocó tierra en el camino que conduce al caserío de La Higuera. Sus ocupantes llevaban la orden de ejecutar al Che, capturado herido el día anterior, durante un cerco  en la Quebrada del Yuro. Pasado el mediodía, el suboficial MarioTerán, sin escrúpulos de ninguna índole, cumplió el mandato.

 

Mientras tanto Moro (Octavio de la Concepción de la Pedraja), Chapaco (Jaime Arana Campero), Pablito (Francisco Huanca Flores) y Eustaquio (Lucio Edilberto Galván Hidalgo) continuaban alejándose rumbo a la zona de contacto que les diera el jefe guerrillero en caso de dispersión.

Durante tres lunas se desplazaron lentamente, fuera de los ojos de  las fuerzas enemigas, que los perseguían. Extenuados, ascendieron  por el curso del Río Grande hasta la confluencia con el Mizque. En un paraje de la región de Cajones, acamparon la noche del 11.

A la lumbre de una fogata, mitigaron el hambre y el frío, pero también alertaron a los soldados. El centinela de una compañía del batallón de Asalto 2 detectó la luz, y hacia ese punto se dirigieron 145 efectivos del ejército, dispuesto a  concluir el cerco.

Al amanecer del 12 de octubre, las tropas que ocupaban posiciones en la otra margen del río avistaron a uno de los guerrilleros. Al verse descubiertos enta­blaron un fiero combate. Por espacio de una hora cuatro hombres, tres de ellos en malas condiciones físicas, enfrentan a 145 soldados hasta que el parque se les terminó.

Al llegar al lugar, los soldados encontraron un guerrillero muerto y tres heridos. Moro, Chapaco, Pablito y Eustaquio. No tuvieron ni valor ni ética ni clemencia. La orden de matar prevaleció contra quienes enfermos y heridos se encontraban totalmente indefensos.

MORO, EL CIRUJANO

 Tras su partida de la finca donde fue concentrado el grupo de cubanos para salir hacia Bolivia, el cirujano Octavio de la Concepción de la Pedraja, (Moro, Moro, Morogoro, Muganga o Médico) viaja junto a Arturo (René Martínez Tamayo) por varios países y llegan a La Paz el 9 de diciembre de 1966.

Al otro día atraviesan el altiplano hasta llegar a Cochabamba, desde donde continúan hasta Santa Cruz, y el 11 arriban al campamento, que el Moro describe en su diario como «un lugar de monte sin agua cerca, con gran cantidad de jejenes, guasasu y bichos de toda clase, así como sus víboras de vez en cuando, por la noche hay que taparse y por el día el calor casi es irresistible, si te quitas la camisa te pican los jejenes, si te tapas y te metes en la hamaca te ahogas de calor…»

Durante 11 meses Moro es uno más para explorar, cazar, pescar, cocinar, abrir caminos, cuidar de los enfermos y hasta combatir. Sin embargo su estado de salud va en deterioro. El 1º de febrero de 1967 contrae paludismo. No obstante, realiza largas mar­chas y atiende a compañeros y enemigos heridos.

«Es difícil concebir un buen cirujano que sea capaz de mantener el carácter a través de pruebas duras para los de su oficio».  Con este comentario y la calificación de muy bueno evalúa el Che a Octavio de la Concepción de la Pedraja el 11 de marzo de 1967, a los tres meses exactos de su llegada al campamento guerrillero de Ñacahuazú.

Octavio de la Concepción y de la Pedraja había nacido el 16 de octubre de 1935 en La Habana. Poco antes de cumplir los dos años marchó con sus padres al central Fernando de Dios, en Tacajó, actual provincia de Holguín. Al terminar la escuela primaria partió a La Habana a cursar el bachillerato en el Colegio de Belén.

En 1952 matriculó la carrera de Medicina en la Universidad de La Habana. Mientras estudia trabaja gratuitamente en el hospital Calixto García. Al cierre de la Universidad, el joven decidió volver a Tacajó, donde se vinculó a las acciones del Movimiento 26 de Julio, y prestó asistencia médica en el hospitalito del central hasta su definitiva incorporación al Ejército Rebelde.

Al triunfo de la Revolución fue designado jefe de Sanidad Militar en la zona de Baracoa, Guantánamo y Yateras. En febrero de 1959 regresó a sus estudios, al tiempo que laboraba en el hospital de la Policía Nacional Revolucionaria. Después hizo el internado en el «Carlos J. Finlay» y volvió a Baracoa para cumplir su servicio social, lugar donde alcanzó la militancia del Partido Comunista de Cuba.

En 1963 vuelvió al Calixto García para cursar la especialidad de cirugía, sin abandonar su condición de médico militar, hasta que se sumó a las fuerzas internacionalistas comandadas por el Che, en el Congo.

María Josefa Gómez, la esposa, recuerda la primera despe­dida, a mediados de agosto de 1965: «Octavio Manuel, el mayor de los niños, era pequeño y Luis Oscar sólo tenía 45 días de nacido. Dijo que marcharía  a cumplir una misión, pero no explicó donde. […] Cuando se despidió a fines de noviembre de 1966, quería darle el reloj que había usado en el Congo a su hermano Oscar pero después dijo que no, porque eso le olía a herencia y él estaba seguro que iba a regresar». Y así fue. Hasta que el Guerrillero Heroico lo incluye otra vez entre los combatientes que lo acompañarán en su sueño libertario por los oprimidos de América.

CHAPACO, EL DE TARIJA

Chapaco se les dice en Bolivia a los nacidos en Tarija, ciudad a orillas del río Guadalquivir, en el centro de un ameno valle, renombrada cariñosamente La ciudad de las flores. Allí, el 31 de octubre de 1938, en el seno de una familia de clase media, nació Jaime Arana Campero.

Cuenta su hermana Marta que Jaime manifestó inquietudes políticas desde la etapa en que estudiaba la carrera de ingeniería en la Universidad de San Andrés, y  llegó a ser dirigente del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), en la ciudad de La Paz.

«A su preferencia por la hidrotecnia unía la pasión por la poesía, la actuación y el deporte, aficiones que le harían popular entre los becarios cubanos del edificio de 12 y Malecón, donde vivió mientras cursó estudios en Cuba, y entre los que se distinguía por su alta estatura, fuerte complexión y el negro mechón de pelo lacio caído sobre la frente», cuenta en su libro «Seguidores de un sueño», la periodista Elsa Blaquier Ascano, a quien pertenecen  las referencias biográficas de los cuatro combatientes.

Motivado por las ideas políticas de muchos de sus compatriotas Jaime pidió militar en la célula de la Juventud Comunista boliviana integrada por los estudiantes radicados en La Habana.

Compañeros de estudios lo recuerdan preocupado siempre por cumplir sus obligaciones como jefe del albergue y exigente contra lo mal hecho, muy  interesado por los cambios sociales que se operaban en Cuba.

Uno de ellos, Carlos Manuel Gómez Viciedo, relata que en febrero de 1966 organizaron un festival deportivo que incluyó carreras de bicicletas. «A la llegada de los ciclos, el loco Arana, como lo llamaban los amigos por sus ojos algo saltones, tomó la iniciativa de darles mantenimiento y custodiarlos para que nadie los tocara hasta el día de la competencia. Su participación resultó decisiva para el éxito del evento y el cuidado de los equipos cuya entrega realizó personalmente».

Jaime  llegó al campamento de Ñacahuasú en marzo de 1967. Entrenado militarmente junto a sus coterráneos Inti Peredo Leigue, Aniceto Reinaga Gordillo, Benjamín Coronado Córdova y Walter Arencibia Ayala, integró el grupo del Centro bajo las órdenes del Che, quien en su Diario lo cita en 19 ocasiones, referidas en su mayoría a acciones de cacería y exploración.

Significativas resultan las del 6 de agosto, en ocasión de unas palabras que Chapaco pronunció «referentes al día de hoy, de la Independencia Boliviana», y la del 13, cuando le señala «pruebas crecientes de desequilibrio», y ante lo cual decidió hablarle al siguiente día para que si lo deseaba abandonara la guerrilla, pero «Chapaco manifestó que no se iría pues eso es una cobardía».

Antes las difíciles condiciones dadas por la falta de sueño, agua y alimentos, los hombres ddieron muestras de agotamiento psíquico e incluso, de desobediencia. Es el caso del 12 de septiembre cuando el Che sancionó a Chapaco a tres días de ayudantía. En varias de sus anotaciones continúa juzgándolo duramente, sobre todo por sus desavenencias con Antonio y Arturo.

La última vez que lo nombra es el 1º de octubre. Dice: «Chapaco cocinó frituras y se dio un poco de charqui con lo que el hambre no se hace sentir». Los días que siguieron fueron tensos y angustiosos. Sin embargo Jaime Arana Campero se mantuvo firme, leal, dispuesto a morir antes que claudicar.

PABLITO, EL MINERO DE ORURO

El 11 de septiembre de 1967 el Che escribe en diario: «Hablé largamente con Pablito, como todos está preocupado por la falta de contactos y estima que nuestra tarea fundamental es restablecerlo con la ciudad. Pero se mostró firme y decidido, “de Patria o Muerte” y hasta donde se llegue».

Contaba sólo 21 años cuando Francisco Huanca Flores se unió al destacamento de Ñancahuazú. A su llegada muchos dudaron que pudiera enfrentar los rigores que entrañaría la lucha. Pero el muchacho evidenció su clase y se convirtió en un curtido combatiente.

«Sobresalió tanto que se le consideró como uno de los mejores compañeros del grupo de Moisés Guevara y un ejemplo entre los miembros de la Vanguardia: «[…] Tenía buen nivel político, mostró todo el tiempo un magnífico espíritu combativo y nunca se le vio en problemas con ningún compañero. Se adaptó a la idiosincrasia de los cubanos, con quienes se llevaba muy bien. En la zona casi desierta donde se movió la mayor parte del tiempo no pudo desarrollar sus dotes de dirigente».

Desde el 25 de abril de 1967, cuando por primera vez el Che lo citó en su diario al consignar la posición ocupada por el joven durante la emboscada tendida contra el ejército, «Pablito se convier­te en un puntal de la Vanguardia a la hora de explorar, hacer un camino, apresar un sospechoso o detener el avance enemigo».

El 17 de septiembre el Che inicia las anotaciones con el nombre del joven minero, que ese día cumplía años. En el diario queda recogido: «En honor de Pablito se hizo, para éste, un poco de arroz».

El dispuesto valiente y callado muchacho boliviano, natal del poblado de Laja, de­partamento de Oruro, cumplió hasta el último día de su vida con la confian­za en él depositada.

EUSTAQUIO, EL TÉCNICO DE RADIO

De la actitud mantenida por Eustaquio durante los combates librados por la guerrilla boliviana, el hoy coronel Leonardo Tamayo Nuñez (Urbano) dijo: «Fue un buen combatiente, además de cumplir con la responsabilidad de reparar y dar mantenimiento a los equipos de radió de corto alcance con que contaba la guerrilla, labor bien difícil debido a los escasos medios que poseían y las duras condiciones de su desplazamiento.

«Sus conocimientos resultaron muy útiles, ade­más de ser un compañero disciplinado, que cuando veía algo mal hecho, de inmediato llamaba al compañero y se lo decía, sin que ello afectara sus relaciones con el grupo».

Lucio Edilberto Galván Hidalgo había nacido el 7 de julio de 1937 en Huancayo, capital provincial del mismo nombre situada en el departamento de Junin, Perú. Era uno de los siete hijos de una familia campesina que emigró a la ciudad en el afán de mejorar su situación económica.

Al concluir los estudios secundarios matriculó un curso por correspondencia de técnico de radio y telegrafista, al tiempo que  laboró como ayudante de panadero y auxiliar de farmacia.

Desde muy joven se ligó a la lucha revolucionaria y formó parte del Ejército de Liberación Nacional de Perú. Al fracasar ese movimiento se sumó al grupo de Juan Pablo Chang-Nava­rro Lévano (El Chino), quien le planteó acompañarlo a Bolivia para unirse al foco guerrillero que comandaba Guevara. Lucio aceptó de inmediato.

El 14 de marzo llegó al campamento de Ñaca­huazú junto El Chino y el médico peruano Restituto José Cabre­ra (Negro). A partir de ese día formó parte de la columna del Centro, bajo las órdenes del Guerrillero Heroico. Cumplió las funciones de radiotécnico, pero fue El 14 de agosto el jefe guerrillero lo evaluó como bueno: «Ha demostrado firmeza y disposición para mejorar», acotó. 

Al combatir hasta la muerte Eustaquio dio una vez más muestra de la formación revolucionaria adquirida durante largos años de lucha en su país natal.

La sangre peruana de Lucio, junto a la cubana de Octavio y la boliviana de Jaime y Francisco, se fundieron para siempre en el recóndito paraje de Cajones donde encontraron la muerte. Sus cuerpos fueron enterrados clandestinamente, y hallados el 12 de diciembre de 1995. Desde el 30 de diciembre de 1998 descansan en el Memorial Comandante Ernesto Guevara, en Santa Clara.

La muerte los hizo heroicos

La muerte los hizo heroicos

 

05/10/2012 13:59:06

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Dicen que antes de cumplir la orden los soldados « echaron a la surte» quién sería el encargado de «fusilar» a Fernando, el jefe guerrillero que tanto quehacer dio al ejército boliviano, y a los Rangers entrenados por la CIA. Herido en una pierna, con su carabina inutilizada y agotada las balas de su pistola, «al fin» pudieron capturar al Che Guevara, el  8 de octubre de 1967.

 

El día antes había escrito la última página de su Diario:  

«Se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente; hasta las 12.30 hora en que una vieja, pastoreando sus chivas entró en el cañón en que habíamos acampado y  hubo que apresarla. […] de resultados del informe de la vieja se desprende que estamos aproximadamente a una legua de Higueras y otra de Jagüey y unas 2 de Pucará. […] se le dieron 50 pesos con el encargo de que no fuera a hablar ni una palabra, pero con pocas esperanzas de que cumpla a pesar de sus promesas… […]».

Caída la noche, salieron los guerrilleros. En lo alto, «una luna muy pequeña» aseguraba la marcha, que resultó «muy fatigosa». En el camino, un cañón «que no tiene casas cerca, pero sí sembradíos de papa regados por acequias del mismo arroyo», se amontonaban las pisadas. A las 2 de la madrugada pararon a descansar, «pues ya era inútil seguir avanzando. El Chino [Juan Pablo Chang-Navarro Lévano] se convierte en una verdadera carga cuando hay que caminar de noche», anotó. Luego dilucida acerca de una «rara información» del Ejército, que ubica «la zona de nuestro refugio entre el río Acero y el Oro». La noticia le «parece diversionista». Están a 2 mil metros de altura.

Para entonces el ejército mostraba más efectividad en sus acciones, los campesinos actuaban como delatores, y los más flojos desertaban y daban declaraciones, como es el caso de Camba (Orlando Jiménez Bazán) y León (Antonio Rodríguez Flores), quienes luego de abandonar la guerrilla a finales de septiembre, fueron apresados. Conminados a hablar dieron «abundantes noticias de Fernando, su enfermedad y todo lo demás, sin contar lo que habrán hablado y no se publica», según anotaciones que hace el Che el día 3 de octubre.

Por si fuera poco, la pérdida de Miguel (Manuel Hernández Osorio), Coco (Roberto Peredo Leigue) y Julio (Mario Gutiérrez Ardaya). «malogró todo y luego hemos quedado en una posición peligrosa». Los días que restan se presentarán angustiosos y difíciles para el mermado grupo de 17 guerrilleros, prácticamente sin vanguardia. Se acerca  la etapa más «angustiosa y difícil».

En su libro «Seguidores de un sueño» —Casa Editorial Verde Olivo, 2007— la colega Elsa Blaquier Ascano (esposa de René Martínez Tamayo), relata lo acontecido luego las dos horas perdidas en el descanso nocturno:

Sobre las cuatro «continuaron el avance hasta la unión de las quebradas del Yuro y San Antonio. Poco después detectan la presencia del ejército que comien­za el cerco, situación que lleva al Che a recoger las exploracio­nes e internarse en la Quebrada del Yuro para evitar ser detectados durante el día, pues en ese instante se encontraban a 200 metros de la cima de una elevación, y si los soldados no lo detectaban podían ganar el firme en las primeras horas de la noche y romper el cerco».

De acuerdo con el testimonio del hoy general de brigada Harry Villegas Martínez, en su libro «Pombo, un hombre de la guerrilla del Che» el Guerrillero Heroico estableció la defensa «sin dejar nada al azar»: Antonio (Orlando Pantoja Tamayo), Chapaco (Jaime Arana Campero), Arturo (René Martínez Tamayo) y Willy (Simeón Cuba Sanabria), a la entrada de la quebrada.  Benigno (Dariel Alarcón Ramírez), Inti (Guido Peredo Leigue) y Darío (David Adriazola Veizaga ) en el flanco izquierdo «para garantizar la entrada y asegurar una posible retirada por el lugar». Pacho (Alberto Fernández Montes de Oca) en el flanco derecho —en una especie de puesto de observación—, y Urbano (Leonardo Tamayo Núñez ) y él [Pombo], en el extremo superior.  « […] También tuvo en cuenta un primer lugar donde encontrarse de entrar en combate, otro para reagruparse estratégicamente y hacia que zona debían ir si se dispersaban».

Pasada la una de la tarde —cuando el Che envió a Ñato (Julio Luis Méndez Krone), y Aniceto (Aniceto Reinaga Gordillo) para que relevaran a Urbano y a Pombo—el ejército los detecta, generalizándose el tiro­teo. Las fuerzas enemigas ocupan una altura similar a la de Pombo y Urbano y dominan una parte del lecho de la quebrada por la que los guerrilleros se ven impedidos a pasar. Ante la situación, Pombo hace señas a Aniceto para que busque instruc­ciones del Che. Al regreso informa a Nato que ya no estaba y cuando intenta llegar hasta donde están los dos guerrilleros cubanos, Aniceto es herido en un ojo, y muere de inmediato.

Durante más de dos horas se escucha el ruido ensordecedor de las ametralladoras, bazucas, morteros y granadas hasta que el tiroteo se va alejando quebrada abajo. Cuenta Pombo que junto a Urbano y Ñato llegan al punto donde está el puesto de mando, pero ya el Che se ha retirado, llevándose el radio de la mochila de Inti, y dólares y documentos, de la de Pombo. La pregunta de todos es ¿dónde está el Che?

Por su alto sentido humano y ejemplar solidaridad se llegó a la conclusión de que se había llevado a los enfermos por el lugar donde detectó no estaba cerrado el cerco.

En el libro de Blaquier Ascano, según Gary Prado —entonces capitán y jefe de una de las fuerzas que participó en el combate—, «la firme posición de bloqueo organizada por Antonio y Arturo detiene el avance de la sección del sargento Bernardino Huanca, armada de ametralladoras y bazucas, hasta que un ataque con granadas ocasiona la muerte de los dos guerrilleros», y Pacho es alcanzado por una bala. Herido, el Che continúa la marcha con Willy y El Chino, con el propósito de alcanzar la altura que les permitiría ganar la otra quebrada.

Según se ha sabido —aclara la periodista— el encuentro de los soldados Balboa, Choque y Encina con el comandante Guevara y Willy resulta casual, cuando se disponían a instalar un mortero. En ese momen­to el Che curaba su pierna herida, y «estaba desar­mado, pues su carabina quedó inutilizada por un tiro en la recámara, y la pistola carecía de cargador».

Una vez capturado —y ante la duda de que sea el buscado jefe guerrillero— Huanca avisa a Gary Prado, quien ordenó llevar los prisioneros hasta un árbol distante unos 200 metros. De inmediato notificó por radio a Valle Grande: «Prado desde Higuera, caída de Ramón confirmada, espero órdenes qué debe hacerse. Está herido».

A las cinco de la tarde, «sin brindarle ningún tipo de atención a los heridos, iniciaron la dificultosa marcha hacia el poblado de La Higuera. El Che iba al frente, con las manos amarradas y escoltado por varios soldados, detrás Willy, luego Pacho soste­nido por soldados, pues no podía mantenerse en pie, finalmente los cadáveres de Antonio y Arturo».

El propio Gary Prado, en el libro  «Cómo Capturé Al Che» (1º Ed. 1987) refiere que el ingreso a La Higuera  «constituye casi una procesión, pues se lleva a tres soldados de la Compañía “B” heridos y un muerto, en camillas improvisadas, así como a los dos guerrilleros caídos en el combate, luego vienen el Che y Willy caminando en medio de un dispositivo de seguridad y luego el resto de la tropa que combatió ese día». A las siete y media de la noche llegan a la humilde escuelita de adobe, paja y piso de tierra.

A las diez de la noche el coronel Zenteno Anaya envía una escueta orden: «Mantengan vivo a Fernando hasta mi llegada… ».

El escritor, periodista y pedagogo boliviano Víctor Montoya, en el artículo «Pasajes y personajes de la guerrilla de Ñancahuazú» relata con lujo de detalles:

«Al día siguiente, a primera hora, un helicóptero atestado de militares de alta graduación aterrizó en La Higuera. Andrés Selich fue el primero en interrogarle al Che. El militar le aventó un golpe en la cara y el Che le escupió a los ojos. Se sabe también que el general Alfredo Ovando Candia, a tiempo de dar órdenes a su subalterno, dijo: “Liquidé a los prisioneros en la forma que sea, pero liquídelos”. Seguidamente, los mismos autores de la masacre en las minas, subieron al helicóptero y se ausentaron hacia la sede de gobierno.

«Pasado el mediodía, los asesinos cumplieron las órdenes. Un cabo y un teniente entraron en el aula, donde estaban el Chino y Willy. Se plantaron cerca de la puerta y apuntaron sus M-1 respectivamente. “¡De cara a la pared!”, ordenó el teniente. “Si usted me va a matar, quiero verlo”, replicó Willy. A los contados segundos, una descarga de fuego desplomó a los guerrilleros.

El coronel Zenteno Anaya, protagonista principal del Churo, transmitió las órdenes de ejecutar lo determinado por los asesores de la CIA y poner punto final a uno de los episodios más trascendentales del foco guerrillero en América Latina».

En 1977, la revista semanal francesa Paris Match publicó el testimonio del suboficial Mario Terán, quien, borracho, ultimó al Che:

«Dudé 40 minutos antes de ejecutar la orden —confesó—. Me fui a ver al coronel Pérez con la esperanza de que la hubiera anulado. Pero el coronel se puso furioso. Así es que fui. Ése fue el peor momento de mi vida. Cuando llegué, el Che estaba sentado en un banco. Al verme dijo: “Usted ha venido a matarme”. Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. Entonces me preguntó: “¿Qué han dicho los otros?” Le respondí que no habían dicho nada y él contestó: “¡Eran unos valientes!” Yo no me atreví a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma. “¡Póngase sereno —me dijo— y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!” Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y empezó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en el hombro y en el corazón. Ya estaba muerto».

Los documentos del Che pasaron de su mochila a un cajón de zapatos, «que depositaron en la caja fuerte del Alto Mando Militar Boliviano», clasificado como «secreto militar». Su fusil, «fue a dar a manos del coronel Zenteno Anaya». Su reloj Rolex «a la muñeca del coronel Andrés Selich. Y la pipa, al bolsillo del sargento Bernardino Huanca…».

La mayoría de los protagonistas del asesinato del Che están muertos.  La gesta de Che Guevara, no fue de nadie en particular. Pasó a inscribirse en la historia universal como la del Guerrillero Heroico, quien desde entonces continúa llamando a la humanidad: ¡Hasta la Victoria Siempre!

 

Nota: Los restos de Che, Alberto, René, Orlando, Aniceto y Juan Pablo descansan, desde el17 de octubre de 1997, en el Memorial Comandante Ernesto Che Guevara, en Santa Clara.

 

 

China, un modelo que seduce, pero difícil de exportar

China, un modelo que seduce, pero difícil de exportar

 

05/10/2012 11:13:19

 

Entrevista a Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, autores del libro «La silenciosa conquista china», un recorrido por 25 países en desarrollo para descubrir la expansión del gigante asiático y su emergencia como potencia internacional.



Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, dos periodistas con amplia experiencia en China, realizan una extensa investigación que ha durado más de dos años recorriendo 25 países en el Asia Central, Sudeste Asiático, África, y América Latina, para dibujar un mapa de la «silenciosa», pero eficaz, expansión china en las economías emergentes a la búsqueda de materias primas y nuevos mercados.


Los autores reconocen que «China resulta sexy»; el éxito económico de los últimos 30 años es indiscutible y seduce, pero las generosas inversiones chinas también generan efectos secundarios de tipo económico, medioambiental o incluso geopolítico.

No querían hacer un libro más sobre la historia de China; lo plantearon mirando al futuro y analizando la relación de China con el mundo. El resultado es una obra, La silenciosa conquista china, que explica cómo los chinos ya están conquistando los países en desarrollo y nos prepara para la segunda fase: la irrupción de China en el mundo desarrollado, cada día más cercana, y de la que ya tenemos señales claras, que van desde la compra de deuda en la eurozona a la aparición de las primeras empresas punteras, como la tecnológica Huawei.


¿Os sorprendió la magnitud de la inversión y la presencia de China en los países emergentes? ¿Es mucho mayor de lo que pensabais?

Heriberto Araújo: Sí, nos sorprendió a los dos que fuera una cuestión tan global. Coges un avión, llegas a la República del Congo y en la capital, Kinshasa, constatas que hay una importante presencia china con inversiones estatales… pero después te vas a lo más recóndito del Congo y seguía ahí esa presencia china.

Juan Pablo Cardenal: Como los chinos son muy discretos en general y en sus relaciones de negocios en particular y como la oleada de inversiones llevada a cabo por la China oficial, por las empresas estatales, se está haciendo en muchos países que son dictaduras y ricos en recursos, no hacen mucha publicidad de sus operaciones.

«Pero cuando vas sobre el terreno, te das cuenta del despliegue de recursos de la China oficial por todo el mundo, bancos, empresas estatales... A ella le sigue la segunda oleada que es la del sector privado, que es igualmente alucinante.

«Son gente, en muchos casos emigrantes, que salen de China con la única intención de prosperar, que tienen un olfato para los negocios increíble, que están dispuestos a sacrificarse, que tienen un talento natural para bajar los costes, que se adaptan al medio como nadie y triunfan.

«Triunfan en países donde los occidentales o los demás países del mundo no se atreven a ir».

¿El éxito de la expansión de China por el mundo recae entonces también en el espíritu emprendedor y de sacrificio de sus emigrantes?

H: Sin duda, y hay otra cosa que es fundamental, la quanxi, la red de contactos que establecen los chinos.Creo que la capacidad de trabajo y sacrifico que tienen los chinos es algo de lo que nosotros en Occidente ya nos hemos olvidado.

«Hay una frase, que recogemos en el libro, de un chino que encontramos en el Congo, que nos dijo: los occidentales hacéis negocio con la idea de invertir un euro y ganar dos, nosotros invertimos un euro para ganar diez céntimos. Creo que eso resume muy bien su espíritu y que están dispuestos a meterse en todos los sectores.

«La emigración la ven como una autopista hacia la prosperidad. Esta prosperidad la podrían conseguir en su país, pero en China competirían con mucha más gente. En otros países, como el Congo por ejemplo, es un terreno virgen lleno de oportunidades».

¿China tiene estrategias diferentes según los continentes o los países en los que decide invertir?

J.: No hay una estrategia para cada país. Hay una estrategia general  que básicamente consiste en: necesitamos crecer al 8% y tenemos que garantizarnos el suministro de materias primas para que funcione «la fábrica del mundo».

¿Además de materias primas, la inversión de China en el exterior busca establecer otro tipo de relaciones?

H.:
También busca mercados en el mundo en desarrollo para vender sus productos.


«Pero en todo caso, hay una estrategia muy clara sobre cómo China aborda su relación con esos países y eso tiene que ver con la naturaleza de los países receptores.

«Cuanto más débil es el país receptor a nivel de instituciones, sociedad civil, democracia, gobierno… más capacidad tiene China para expandirse y, además, de una manera que en muchas ocasiones no es muy beneficiosa para los locales.

«Cuanta más capacidad tiene China de llevarse los recursos de una manera primaria, como por ejemplo en Birmania, donde extraen el jade de las minas y pasa inmediatamente la frontera para darle valor añadido y acabar en las joyerías de Hong Kong, más impacto tiene la llegada de China.

«En cambio, en los lugares donde la sociedad es más desarrollada y hay un sistema de contrapesos, la presencia de China es más comedida: por ejemplo, en algunos países de Latinoamérica o, el caso más claro, el de Australia, donde Pekín tiene grandes intereses en el sector minero, pero está obligado a respetar las leyes».

La inversión china va acompañada también de sus trabajadores…

J.P.: China lo intenta siempre, otra cosa es que el país receptor lo acepte o no. Lo intenta en parte porque forma parte de su cultura de trabajo.

«Ofrece un paquete cerrado: se compromete a realizar una infraestructura, que financia y muchas veces regala, en un tiempo récord y a un precio con el que nadie puede competir. Pero exige que sea con sus materiales, que entran libre de impuestos, y con sus trabajadores.

«¿Por qué su gente? primero por una cuestión de comunicación lingüística y después porque creen, y seguramente con razón, que los chinos trabajan más que nadie y están acostumbrados a una determinada disciplina.

«Depende de que el país lo acepte o no. Por ejemplo, en la inversión más importante de China en África, en Sudán, en la polémica construcción de la prensa en el Nilo, se estima que hay entre 3.000 y 5.000 trabajadores chinos.

«Sudán es una dictadura enfrentada con Occidente que se ha echado en los brazos de China y acepta sus condiciones. Si un proyecto equivalente lo llevas, como fuimos testigo, a una presa que se está construyendo en la Amazonia ecuatoriana, allí sólo hay un contingente de trabajadores chinos, que son técnicos, y el resto son operarios locales».

El libro se titula «La silenciosa conquista china». El gobierno chino intenta pasar desapercibido o ser discreto a pesar de su crecimiento y emergencia…

H.: La primera cita del libro es la estrategia de los “8 caracteres”* de Deng Xiaoping pronunciada a principios de los noventa, y nosotros creemos que esa filosofía de moderación y discreción sigue dominando la política internacional de China. Si lo piensas, no ha habido ningún asunto reciente en que China haya tomado la iniciativa.

«De hecho, todo el mundo habla ahora de China como el próximo mesías para salvarnos de la crisis y el gobierno de Pekín ha seguido manteniendo un perfil bajo. En ningún momento ha adoptado ese rol de “los voy a salvar de la crisis”. Las inversiones dicen otra cosa, pero el perfil público es bajísimo.

«Hay otra a cuestión sobre el título del libro, “conquista silenciosa”, porque no es una conquista militar».

¿China está preparada para asumir los riesgos de ser una gran potencia internacional? ¿No teme perder su tradicional aislamiento y sufrir el contagio de algunos fenómenos, como por ejemplo con las Revueltas del Jazmín?

PJ.: El poder ejerce un control muy férreo que empieza en las escuelas, continúa con la información y en cierto modo es un circuito cerrado. Precisamente con la Primavera Árabe hemos sido testigos de una oleada de represión que no tiene parangón desde Tiananmen.

«A todos los periodistas que estábamos allí, la reacción del gobierno chino con respecto a la primavera árabe nos ha parecido desmedida, pero tiene una explicación: quieren cortar de raíz cualquier riesgo de pérdida de control; esa es la lección que aprendieron en Tiananmen.

«La receta es economía y prosperidad. Mientras crezcan al 8%, aunque la distribución sea tan desigual, la percepción es que el país está yendo hacia delante y que la población se está enriqueciendo. La fórmula está funcionando y veo difícil los cambios. Donde hay riesgo político, el poder es implacable.

¿No temen que esta exposición internacional, con importantes inversiones en muchos países, les provoque otro tipo de repercusiones, como ser objetivo de atentados?

P.J.: Yo creo, de entrada, que ni siquiera los terroristas quieren enemistarse con China.

«En segundo lugar, la amenaza del terrorismo viene sobre todo del islamismo y China ya se ha encargado de cerrar esa puerta y lo ha hecho teniendo una alianza a sangre y fuego con Pakistán.

«Para China, Pakistán es su ama de llaves para toda la región y el mundo árabe, manteniendo una buena relación con Islamabad está cultivando una buena relación con el mundo árabe. La razón fundamental es mantener bajo control la disidencia uigur.

«Ante las revueltas del Xinjiang el mundo árabe tuvo una respuesta muy “soft” ante China.

«China en todo el mundo en desarrollo, incluido el mundo árabe, es vista como el contrapoder, como la alternativa y como uno de ellos, frente a Occidente».

En este sentido, ¿El modelo de crecimiento chino es un modelo exportable a otros países emergentes?

H.: Es un modelo que seduce mucho, pero personalmente no creo que sea un modelo exportable porque las características chinas son muy especiales, típicas de China.

«¿En qué otro país se podría montar lo que hemos llamado “fábrica del mundo”?. ¿Dónde puedes reunir esa combinación de acceso a una gran masa de mano de obra barata junto con la capacidad de hacer y deshacer las leyes sin problemas para beneficiar a unos y a otros?

«Sin duda es un modelo que seduce y se vende bien ya que ha conseguido sacar a 500 o 600 millones de chinos de la pobreza en 30 años y eso es un hito que nadie pone en duda.

Sin embargo, esta combinación de éxito de gobierno fuerte o dictadura y economía de mercado seduce bastante…

J.P.:
Los modelos autoritarios pueden ser tentadores. El concepto mágico es el desarrollo económico. Es lo que China ofrece, ya que lo ha conseguido durante 30 años internamente y ahora lo está haciendo en el exterior, pero la gran pregunta es: ¿qué pasa con los efectos secundarios?


«Tenemos el ejemplo de Zambia, un país en el que China tiene muchísimos intereses ya que, junto a Congo, albergan las mayores reservas de cobre del mundo.

«China ha realizado grandes operaciones en Zambia, del orden de 6.000 millones de inversión y 6.000 puestos de trabajo creados.

«Este es el discurso oficial, tanto de China como del gobierno de Zambia, que ahora acaba de cambiar, para mostrar las excelencias de las inversiones chinas.«Sin embargo, nosotros hemos podido constatar sobre el terreno que más allá de los discursos oficiales la gente está muy descontenta.

«Zambia es un país en desarrollo, pero su sociedad tiene una herencia de la época colonial británica. En la primera mitad del siglo XX, ya les montaron a los británicos una huelga salvaje en contra de las penosas condiciones laborales.

«Sesenta años después, llegan los chinos a imponer unas condiciones laborales que ya eran inadmisibles hace medio siglo. Eso explica que en un país donde China ha invertido tanto rechace la presencia china. De hecho, el nuevo presidente, Michael Sata, ha ganado las elecciones en septiembre con un discurso anti chino.

«Donde hay sociedades desarrolladas, y Zambia es un ejemplo porque tiene ese legado anglosajón aunque sea pobre, el modelo chino resulta inadmisible».

China presume de que, al contrario que el colonialismo occidental, sale al extranjero a invertir y no a imponer valores, lengua, religión… ¿es así?

H.:
Bueno, también exportan su modelo y sus valores.


«Lo que China está haciendo en las minas de Zambia no es muy diferente de lo que hace en las minas de Mongolia Interior o el trato que da a los trabajadores textiles en Senegal; no es muy diferente de lo que hace en la misma República Popular.

«Está claro que la expansión china no es una cruzada, como la colonización de América, que llevaba unida la cuestión religiosa, pero sí hay una serie de valores vinculados a esa llegada de los chinos.»

¿La expansión de China en estos países no va acompañada de transferencia de tecnología y desarrollo?

J.P.:
Esta es una de las grandes críticas que hemos oído y también hay que reconocer que no siempre es achacable a China. La relación que China crea en estos países es muy primaria. Las materias primas las compra o la extrae en bruto y no hay derrame industrial. Por ello tiene impacto en la balanza comercial y en los ingresos del país, pero no es desarrollo.


«Muchos de esos países están perdiendo una oportunidad histórica de poder desarrollar determinadas industrias que es exactamente lo que China ha hecho durante 30 años con la inversión extranjera, ya que ponía como requisito la creación de joint-ventures y transferencia de tecnología».

En el libro explicáis con detalle cómo el poder económico de China, su gran reserva de divisas y capacidad de inversión, es debido al alto nivel de ahorro de los chinos- por encima del 40%- y al control del estado sobre estos ahorros con intereses bajos y escasez de ofertas de inversión. ¿Ahora que el gobierno se propone incentivar el consumo perderá capacidad de inversión en el exterior?

H.:
Yo creo que no; es compatible una cosa con la otra. Hacia lo que apunta China es a desarrollar una especie de red de seguridad social, no sé si parecida a lo que conocemos en Occidente, pero necesitan crear un cierto sistema de bienestar social.


«Pero esto es perfectamente compatible con que las empresas estatales tengan financiación prácticamente ilimitada a precios o intereses muy bajos para abordar su expansión.

«Es que lo necesitan, si no fuera así, no podrían competir con las empresas punteras de los países desarrollados. Todavía van a tardar años en ser competitivos a nivel tecnológico.

«Si no aportaran ese plus que significa el dinero barato y la financiación ilimitada no podrían hacer esos trueques que tanto gustan y que prácticamente es una oferta de paquete “llave en mano”: financiación más infraestructuras a cambio de recursos naturales».

El gobierno chino afirma que tiene que cambiar su economía y pasar de un modelo volcado a la exportación a incentivar el consumo interno.

J.P.:
Hay muchas teorías sobre si China está en tránsito hacia una economía de consumo, pero para que eso ocurra tiene que desmantelar el actual sistema. Eso implica liberalizar el sistema financiero, que es lo último que van a liberalizar, porque cuando lo hagan pierden el control de la economía. Hay expertos que consideran que el tránsito a una economía de consumo no va a ocurrir a corto plazo


«No nos olvidemos que en el mal llamado milagro chino hay un gran beneficiario que son las empresas estatales. Todo el sistema económico está diseñado a favor del poder de esas empresas y bancos estatales a través de los cuales el Partido Comunista Chino puede controlar la economía y mantener el poder».

En China hemos podido comprobar que todo va muy de prisa. ¿Creéis que la situación que describe el libro será vigencia durante mucho tiempo?

H.: Evidentemente los datos concretos son importantes y cambian cada año, pero la radiografía que en el libro damos de China es lo suficientemente sólida, dada la magnitud de la investigación, para que siga siendo vigente al menos en un lapso de tres a cinco años.

«De hecho, hemos podido comprobar cómo en algunos países que hemos visitado se han producido grandes cambios internos, como es el caso de la revoluciones árabes, pero no ha cambiado en absoluto lo que nosotros explicamos y mantiene la vigencia.

«La expansión de China en el mundo va a ir a más».

 

(Fuente: asiared/ Dolores Rodríguez)

Por sobre la derrota, el valor humano

Por sobre la derrota, el valor humano

 

21/09/2012 16:41:33

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

En las primeras semanas de septiembre el general René Barrientos anunció una recompensa de 50 millones de pesos bolivianos (4,200 dólares) por la captura del Che, vivo o muerto. Para conseguir su objetivo dispondría de 3,000 soldados, bien armados y entrenados.

 

El 26 de ese mes el grupo guerrillero de la vanguardia llega al Abra del Picacho, caserío de unos 114 habitantes, a  2,280 metros sobre el nivel del mar. En camino hacia Jagüey pasaron por La Higuera. La ruta —escasa de vegetación— los obliga a utilizar los accidentes del terreno para no ser vistos. Como a la media hora de marcha se escuchan disparos concentrados.

Coco (Roberto Peredo Leigue), Miguel (Manuel Hernández Osorio) y Julio (Mario Gutiérrez Ardaya), casi coronando el firme de la quebrada del Batán, caen de lleno en la emboscada. Miguel muere al instante, Coco y Julio, aunque heridos, pueden moverse. Julio trata de llegar hasta una cerca de piedras, pero nuevos disparos tronchan su vida. Coco cae rematado por dos proyectiles que frustran el auxilio dado por sus compañeros, mientras el Che, Pacho (Alberto Fernández Montes de Oca), y Urbano (Leonardo Tamayo Núñez) contienen el avance del ejército para que el resto de la tropa organice la defensa.

El Che, con una sola palabra, califica lo ocurrido: «Derrota». El resto de las anotaciones en su diario se muestra rica en detalles:

«Llegamos al alba a Picacho donde todo el mundo estaba de fiesta […] los campesinos nos trataron muy bien y seguimos sin demasiados temores, a pesar de que Ovando había asegurado mi captura de un momento a otro. Al llegar a la Higuera, todo cambió; habían desaparecido los hombres y sólo alguna que otra mujer había. Coco fue a casa del telegrafista, pues hay teléfono y trajo una comunicación del día 22 en el que el Subprefecto de Valle Grande comunica al corregidor que se tienen noticias de la presencia guerrillera en la zona y cualquier noticia debe comunicarse a V.G. donde pagarán los gastos; el hombre había huido, pero la mujer aseguró que hoy no se había hablado porque en el próximo pueblo, Jagüey, están de fiesta.

«A las 13 salió la vanguardia para tratar de llegar a Jagüey y allí

tomar una decisión sobre las mulas y el Médico [Octavio de la Concepción de la Pedraja]. Cuando salí hacia la cima de la loma, 13.30 aproximadamente, los disparos desde todo el firme anunciaron que los nuestros habían caído en una emboscada. Organicé la defensa en el pobladito, para esperar a los sobrevivientes y di como salida un camino que sale al Río Grande. A los pocos momentos llegaba Benigno [Dariel Alarcón Ramírez] herido y luego Aniceto [Aniceto Reinaga Gordillo] y Pablito [Francisco Huanca Flores], con un pie en malas condiciones; Miguel, Coco y Julio habían caído y Camba [Orlando Jiménez Bazán] desapareció dejando su mochila.

«Rápidamente la retaguardia avanzó por el camino y yo la seguí, llevando aún las dos mulas; los de atrás recibieron el fuego muy cerca y se retrasaron e Inti perdió contacto. Luego de esperarlo media hora en una emboscadita y de haber recibido más fuego desde la loma, decidimos dejarlo, pero al poco rato nos alcanzó. En ese momento vimos que León [Antonio Rodríguez Flores] había desaparecido e Inti comunicó que había visto su mochila por el cañado por donde tuvo que salir; nosotros vimos un hombre que caminaba aceleradamente por un cañón y sacamos la conclusión de que era él. Para tratar de despistar, soltamos las mulas cañón abajo y nosotros seguimos por un cañoncito que luego tenía agua amarga, durmiendo a las 12, pues era imposible avanzar».

El día 27  Che reflexiona sobre las bajas: « Nuestrasbajas han sido muy grandes esta vez; la pérdida más sensible es la de Coco, pero Miguel y Julio eran magníficos luchadores y el valor humano de los tres es imponderable».

COCO, UNA GARANTÍA EN TODO SENTIDO

Roberto Peredo Leigue nació el 23 de mayo de 193, en Cochabamba, capital del departamento de igual nombre. Mucho influyeron las experiencias contadas por el padre periodista en los hermanos Coco e Inti.

Tenía solo 16 años, cuando conoció los rigores de la prisión acusado de repartir el periódico del Partido Comunista boliviano en El Beni. Tres años después lo detuvieron en Cochabamba por transportar un arma en su maleta de viaje.

Delgado y de estatura mediana, su cuerpo y carácter se forjan mientras transporta ganado por las corrientes fluviales del país y caza caimanes en el río Mamoré, entre los indios relegados a la pobreza y la ignorancia. También trabaja en una librería y más tarde como chofer de alquiler.

«Traía compañeros a comer al apartamentito que habitábamos y les daba hasta la poca ropa que tenía. No éramos ricos, vivíamos de mi sueldo de maestra y lo que él ganaba con el automóvil, pero siempre había un lugarcito para atender a los camaradas. No había estudiado música, pero tocaba muy bien la guitarra y el acordeón», relató en 1996 Mireya Echazú, su esposa y madre de sus hijos Roberto, Katya y Yuri. Adoraba a su familia, pero sin sobreponerla al deber.

Con entrega total colabora en la creación del Ejército de Liberación Nacional de Perú y en la integración del Ejército Guerrillero del Pueblo, en Salta, Argentina, encabezado por Jorge Ricardo Massetti.

En 1964, Inti logra que la dirección del Partido apruebe la creación de una comisión militar que él encabezará y de la cual será un efectivo colaborador a la hora de seleccionar los cuadros que recibirán instrucción militar.

Viaja a Cuba y Europa para contactar con estudiantes a quienes trasmite sus ideas sobre la necesidad de la lucha armada. En mayo de 1966 José María Martínez Tamayo (Ricardo o Papi) le pide su colaboración para iniciar los preparativos del foco guerrillero en Bolivia. Comienza entonces un incansable ir y venir por el país en su misión de proveer los medios necesarios para la lucha y comprar las fincas que en un futuro servirán como campamento.

La última vez que la esposa lo ve, Coco había ido a La Paz con el propósito de hacer contacto con la vacilante dirección del Partido Comunista, encuentro frustrado con dilaciones y falsas promesas, a las cuales el joven de 27 años responde con su actitud decidida de integrar definitivamente las fuerzas insurgentes bajo el mando del comandante Ernesto Guevara.

Asignado al grupo de la Vanguardia, todos reconocen sus dotes de líder. Junto a Inti, es el encargado de establecer contacto con los pobladores que encuentran a su paso.

Coco fue el segundo jefe en la acción de la toma del poblado de Samaipata, considerada una de las operaciones más audaces de la columna insurgente por el impacto causado en la opinión pública.

El Che lo evalúa individualmente en cuatro ocasiones: «27/2/67- tres meses= Incorporación formal porque está en los trabajos de abastecimiento y ahora en la finca. No se puede hablar de él como combatiente. 27/5/67- 6 meses- Bueno: Ha pasado las pruebas requeridas con amplio margen y se está desarrollando como guerrillero. 27/8/67- 9 meses- Muy bueno: se está desarrollando como gran combatiente y futuro gran cuadro revolucionario. 26/9/67- Muere en la sorpresa de la Higuera, junto con Inti los mejores proyectos bolivianos. Era una garantía en todo sentido, arrojado en el combate y de una alta moral. La pérdida más grave luego de la de Rolando».

UN PILAR DE LA SEGURIDAD EN LA TROPA

Manuel Hernández Osorio (Miguel) nació el 17 de marzo de 1931, en la finca El Diamante, barrio Santa Rita, Jiguaní, Oriente. Hijo de Manuel, natural de Tenerife, España, y Juana, una mulata que parió ocho muchachos.

Su madre —ya fallecida— al recordarlo en una entrevista, lo catalogó «lo más bellaco que había en gente». Para él todas las maldades eran buenas, de ahí que Juana pudiera pasarse un día entero hablando de sus bromas y ocurrencias».

Manuel estudió solamente hasta el quinto grado. A los entonces 11 años se vio obligado a arar la tierra para poder ayudar a la familia Su gran fortaleza física le permitió trabajar en las minas de Charco Redondo acarreando mineral —por los profundos y peligrosos túneles— durante dos turnos seguidos.

Con 23 años ha palpado la explotación y la injusticia a que es sometido tanto el pequeño campesino, como el obrero agrícola o el minero. Comprende la necesidad de luchar por cambiar la situación, agravada por los abusos de la dictadura. Como integrante de M-26-7 acopia dinamita que guarda en casa de la novia para emplearla en sabotajes.

En las nacientes fuerzas revolucionarias Manuel se convierte en soldado: Pino del Agua, El Gaviro, Manzanillo, San Ramón, Arroyón, Las Mercedes y Vegas de Jibacoa constituyen escenarios de combates donde prueba la bravura y gana los grados de teniente. Acompaña al Che durante la invasión, y en los llanos de Camagüey alcanza los grados de capitán con los cuales asume la punta de vanguardia, responsabilidad que volverá a sumir nueve años después en la selva boliviana. Al triunfar la Revolución contrae matrimonio con Elvira Victoria. De esa unión nacerán Manolito, Jorge y Maritza.

El 27 de noviembre se integra a la guerrilla. Es el explorador por excelencia. Nada lo detiene a la hora de hacer una emboscada, entablar combate o romper monte. (El Che lo llama —junto a Urbano (Leonardo Tamayo Núñez)— «mis obras públicas»).

Cuatro veces, en su cuaderno de tapa verde,  el Guerrillero Heroico lo evalúa individualmente:

«27/2/67- tres meses: Muy bien. Su aliento, su buen humor constante frente a cualquier contratiempo y su ecuanimidad, son un freno a las intemperancias de Marcos. Es segundo al mando de la vanguardia. 27/5/67: 6 meses: Bueno, pero decrecido físicamente. Se hizo cargo de la vanguardia en sustitución de Marcos pero no tiene don de mando y no mantiene la disciplina. 27/8/67: 9 meses - Muy bueno. No tiene el don de mando y la inteligencia necesarios para ser un buen jefe, pero su espíritu está retemplado y es un pilar de permanente seguridad en la tropa. 26/9/67. Muere en la sorpresa de La Higuera. Fue un gran combatiente y un espíritu ejemplar. Una gran pérdida».

UN FUTURO GRAN CUADRO

Mario Gutiérrez Ardaya (Julio) nació el 22 de mayo de 1939, en el pueblo de Sachojere, cerca de Trinidad, en el departamento de El Beni, Bolivia, en el seno de una familia pobre, a pesar de lo cual terminó sus estudios secundarios y entró en la Universidad en 1957.

Militante de la Juventud Comunista Boliviana, desde un principio ocupó cargos de responsabilidad en la Confederación Universitaria Boliviana en su región y después en la Universidad Mayor de San Andrés en la capital. En 1958 fue elegido secretario general de su organización en el transcurso del segundo Congreso Nacional de Dirigentes Universitarios.

En 1960 abandona sus estudios para ayudar a la familia y retornar a su ciudad natal, donde fue inmediatamente elegido dirigente sindical. Viene a Cuba, donde se gradúa como médico y recibe además entrenamiento militar.

Elías Gutiérrez, su padre, siempre hacía referencia a las cartas en las que Julio relataba sus progresos en los estudios de Medicina y acerca del trabajo voluntario.

A inicios de febrero de 1967 partió de Cuba junto a otros dos compañeros. El 17 de febrero deja la casa paterna con el pretexto de continuar estudios de especialización en la Unión Soviética.

No confía a la familia su verdadero propósito, ya que podría comprometer la misión y a su hermano Elías, oficial del ejército boliviano, quien al enterarse por la prensa de la participación de Mario en la guerrilla sufriría la gran contradicción de encontrarse en bandos antagónicos.

De su actitud humanitaria al curar a los soldados heridos durante los combates sostenidos por la guerrilla dará cuenta el supuesto periodista inglés Andrew Roth —en realidad agente de la CIA— quien en un artículo titulado «Yo estuve en la guerrilla», publicado en la revista «Clarín Internacional»,  lo definió como «un excelente médico de El Beni que había hecho operaciones insuperables a los prisioneros heridos».

En mayo el Che realiza la primera evaluación del revolucionario que acaba de cumplir 28 años: «26/5/67- tres meses- Muy Bueno. Aunque le falta una verdadera prueba de fuego, su espíritu es muy elevado y es otro de los hombres ejemplo de la guerrilla». Luego, otras dos: «26/8/67-6 meses- Muy bueno, ya pasó por algunas pruebas difíciles y, aunque le falta controlarse más, su actuación fue satisfactoria y su espíritu está siempre en alto. Voluntario para ir a buscar mis medicinas. 26/9/67 Muere en la sorpresa de la Higuera. Era médico recién graduado, brilló como combatiente ejemplar, sobre todo por su calor humano y su entusiasmo contagioso. Otra gran pérdida de un futuro gran cuadro revolucionario.

Basura nuestra de cada día

Basura nuestra de cada día


13/09/2012 17:26:17

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

El problema de los desechos sólidos domésticos —vulgar basura—,  tiene muchas aristas. Tantas como capítulos e incisos, dedican las leyes, decretos-leyes, normas, regulaciones, y otras disposiciones vigentes relativas a la protección del medio ambiente, visto este último como un sistema acondicionador imperioso de las circunstancias de vida humana o de la sociedad en la vida de las personas actuales y generaciones venideras.

 

El tema —ahora en la «palestra pública» por la batida contra el Aedes Aegypti y las peligrosas consecuencias de su picada— debiera constituir prioridad permanente de la comunidad, sus líderes y administraciones locales, lo cual reclama la puesta en marcha de estrategias y programas que integren la protección del ambiente y los ecosistemas, la prevención y el control de los daños a la salud humana y la vigilancia epidemiológica en su dimensión integral.

¡Claro!, desde que el mundo es mundo la humanidad se acuerda de «Santa Bárbara cuando truena» y pone «las bardas en remojo» cuando ve «arder las de vecino», refranes que parecen hecho a la medida del criollísimo nivel de improvisación e ignorancia legislativa existentes en este y otros casos a nivel de sociedad, tal vez instruida, pero urgida de más educación y más cultura. Y esto también es un asunto medioambiental.

La gente, bajo su cuenta y riesgo, sin previa orientación, ha comenzado el saneamiento espontáneo de sus viviendas y patios, depositando en calles y aceras ramas, yerbas, escombros y cuanto útil considera inservible para «que se los lleve el carro de la basura cuando pase»… Y ¿qué pasa? Solo los días, porque ese tipo de deshecho sólido tienen la obligación de evacuarlos quienes los generen, y no los obreros de Servicios Comunales, como muchos creen.

Peor aún cuando se juntan, en un punto arbitrario de la cuadra y desde horas tempranas, todas las bolsitas plásticas, cajas, cubos, y latones del vecindario, que además de todo lo no putrescible inimaginable contienen restos de alimentos corruptos acumulados durante más de un día, para suerte y festín de gatos, perros callejeros, ratas, ratones, y cucarachas, amén de algún que otro o «buzo», pescador fortuito de laticas vacías de cerveza y refresco.

Caso bien delicado en estos momentos, cuando esta variedad de supiadero informal surge al frente de viviendas deshabitadas —por diversas situaciones— muchas veces precariamente tapiadas o enrejadas el área circundante, con cisternas o pozos ciegos destapados o mal  tapados, y por gracia de la naturaleza frondosas en yerbajos, habitad paradisíaco para la reventazón de las pupas o y criadero de larvas de los temibles mosquitos transmisores del dengue.

Aunque es mejor prevenir que sancionar, persuadir que coaccionar, también funcionan la Ley y el Orden. Y para que todo marche de manera civilizada, además de la Norma Cubana 133. 2002, que  dispone los requisitos de  almacenamiento, recolección y transportación de los residuos sólidos urbanos, e incluye lo que resulte de la limpieza de calles y áreas públicas, existe el Decreto 272 del año 2001, del Consejo de Ministros, cuyas disposiciones regulan el régimen de sanciones a los infractores.

Por ejemplo. El Artículo 18 especifica las contravenciones de la Higiene Comunal, las multas y las medidas para quienes en cada caso:

a) Afecte por cualquier medio o forma los depósitos colectivos destinados a la recogida de los desechos domiciliarios. (100 pesos y 600 pesos, y la obligación de resarcir los daños ocasionados).

b) Sin estar facultado cambie de ubicación los contenedores situados en la vía pública para el depósito de los residuos domiciliarios. (50 pesos y 200 pesos, y la obligación de ponerlos en su lugar).

c) Arroje en los depósitos destinados a la recogida de los desechos domiciliarios, escombros, maderas y objetos inapropiados a tal servicio urbano, desechos de la producción, el comercio, los servicios de la gastronomía y alimentación, que tienen establecidos otros sistemas de recogida y disposición final. (200 pesos y 600 pesos, y la obligación de retirarlos).

n) Arroje en la vía pública, desperdicios tales como papeles, envolturas, residuos de alimentos, envase y similares, 50 pesos y recogerlos de inmediato. (Esta medida solo se impondrá a las personas naturales).

o) Remueva o extraiga desechos sólidos depositados en los recipientes destinados a la recogida de basura ubicados en la vía pública o en los vertederos correspondientes. (50 pesos, y la obligación de abstenerse de continuar con dicha conducta. Esta medida solo se impondrá a las personas naturales).

La lucha por la protección del medio ambiente es una causa común en la que intervienen muchos factores entre los cuales el aspecto Jurídico del problema no puede dejar de estar presente por el papel regulador de las conductas sociales que provocan acciones indiscriminadas contra el ambiente.

Puede que muchos cubanos —sin exclusión alguna— armen un discurso aceptable sobre el  Protocolo de Kyoto de 1997, referido al cambio climático y al que Estados Unidos rehusó unirse. Mas, puede que no suceda lo mismo cuando se trate del cuerpo legal que sustenta los aspectos vinculados con el control del ambiente.

 Hay quienes se empeñan en explicar todo «debido al deterioro de las condiciones materiales y de vida» —versus bloqueo imperialista, que no es de metiritas—, pero tampoco un parapeto para justificar errores y deficiencias que no van a desaparecer por el solo hecho de condenarlos, reconocerlos o publicarlos, sino desafiándolos y resolviéndolos, preocupándonos y ocupándonos, con lo que tenemos y podamos obtener, pero también llamándolos por su nombre y apellido, señalándolos con el dedo cada vez que haga falta.

Me ufano pero no me conformo con decir que Santa Clara es la ciudad más limpia de Cuba. De hecho lo es, pero también, junto con las capitales habanera y santiaguera,  una de las mayores generadoras de desperdicios, llegando en un día a 211 toneladas (unos 4 mil 642 sacos), arrojadas en el vertedero municipal durante 50 viajes.
 
Comunales dispone de la fuerza técnica imprescindible para cumplir decorosamente con su objeto social, y para ello posee de una fuerza racional que les exige el máximo de eficiencia. Sobre estos hombres y mujeres, encargados de mantener la higiene y limpieza comunal gravitan la disponibilidad y efectividad de equipos e instrumentos.

A las asambleas del Poder Popular, a sus administraciones locales y a los organismos rectores del medio ambiente, les corresponde velar y hacer cumplir las disposiciones jurídicas que regulan el control del medio ambiente, desde el Artículo 27 de la Constitución de la República de Cuba hasta más de una veintena de leyes, decretos, reglamentos, disposiciones que constituyen una  normativa dispersa.

Aunque hasta la fecha no existe un procedimiento legal de multas por contravenciones de carácter institucional, relacionadas con el Ambiente, el Código Penal sí regula, en su artículo 187, los delitos contra la salud pública, e impone sanciones de privación de libertad de tres meses a un año o multas de cien a trescientas cuotas o ambas, al que infrinja las medidas o disposiciones dictadas por las autoridades sanitarias competentes para la prevención y control de las enfermedades transmisibles y los programas y campañas para el control o erradicación de enfermedades o epidemias de carácter grave o peligrosos.

La lucha por la protección del medio ambiente constituye una causa común de la ciudadanía y de las instituciones del Estado… Y ello ha de tenerse presente antes de que los truenos arranquen el aguacero y de que la candela en el yerbazal ajeno nos advierta del peligro que amenaza el nuestro cuando esa basura de cada día nos inunda.

 

 

 

 

El duro revés de la retaguardia traicionada

El duro revés de la retaguardia traicionada




31/08/2012 19:10:15


Por Mercedes Rodríguez García


El 29 de agosto de 1967 los hombres de la retaguardia, comandada por Vilo Acuña Núñez (Joaquín), salieron al Río Grande. Próximas las dos de la tarde del siguiente día, la agotada columna avanzó por la playa de arena húmeda y acampó a unos 150 metros de la casa de Honorato Rojas. Apremiados por la necesidad de alimentos y de encontrar un lugar seguro, decidieron pedir ayuda al campesino.



En su vivienda Honorato conversaba con Faustino García —sanitario del comando de la octava división del ejército al mando del capitán Mario Vargas Salinas— quien al divisarlos, esconde apresuradamente su fusil. De inmediato el hijo de Honorato parte a avisarles a otros dos soldados que se mantenían a la expectativa de cualquier acercamiento de los guerrilleros. Pronto la noticia llegará a Vargas Salinas.

Sin sospechar del campesino los guerrilleros le entregaron dinero para los víveres, ofreciéndoseles también los servicios del Médico (Freddy Maymura Hurtado) para que atendiera a uno de los «peones» enfermo. Rojas accedió y les brindó ayuda para conducirlos a un lugar seguro con una aguada, al otro lado del río.

Confiados, los guerrilleros pasaron la noche en el almaciguero de la finca. Mientras, el ejército enrumbaba hacia el vado. Armadas hasta los dientes llegaron al amanecer las fuerzas del capitán Vargas, quien ubicó a soldados en las dos orillas del vado denominado de Puerto Mauricio y no del Yeso como hicieron creer.

Se trataba de un paso de piso firme, donde el agua se embala y el río forma una media luna franqueada por peñones de tierra y vegetación de metro y medio de altura, ideal para ocultarse, pero fuera de la jurisdicción de la Octava División a la que pertenecían las fuerzas, según el artículo «La traición acechaba en la maleza», de la periodista cubana Elsa Blaquier Ascano.

De acuerdo con otro relato, esta vez del  escritor, periodista y pedagogo boliviano Víctor Montoya, Honorato les indicó el camino y guió un trecho a los guerrilleros. Pero de pronto, la columna hizo un alto debido a la advertencia de Braulio (Israel Reyes Zayas) de que había muchas pisada por el lugar. «Son mis hijos vigilando a los chanchos», argumentó, vacilante, Honorato.
«Los guerrilleros caminaron un trecho y, antes de que el sol declinara a su ocaso, el campesino se despidió dándoles la mano. Luego se alejó sin volver la mirada, mientras su camisa blanca servía como señal a los soldados agazapados en las márgenes del río, prestas a presionar el dedo en el gatillo», y consumar la traición.
 
Nadie pensó que el Honorato pudiera estar comprometido con las tropas del regimiento Manchego 12 de la Infantería del Ejército. El campesino boliviano había sido apresado dos veces por el ejército y conminado a denunciar a los guerrilleros. Sin embargo, lo que no lograron con maltratos, lo obtuvieron con la oferta hecha por el agente de la CIA Irving Ross: entregarle tres mil dólares y trasladarlo a Estados Unidos con toda la familia. La promesa nunca se materializó.

Solamente Che habría sido capaz de prever la felonía de Honorato, pues ya desde febrero, cuando lo conoció de parada en su casa, pudo calar la  psicología del personaje a quien clasificó «dentro del tipo incapaz de ayudarnos, pero incapaz de prever los peligros que acarrea y por ello potencialmente peligroso», según la narración de Montoya.

La traición de Honorato cobró la muerte de los guerrilleros: Juan Vitalio Acuña Núñez (Joaquín o Vilo), Haydée Tamara Bunke Bider (Tamara), Gustavo Machin Hoed de Beche (Alejandro), Israel Reyes Zayas (Braulio), Apolinar Aquino Quispe (Apolinario o Polo), Walter Arencibia Ayala (Walter), Freddy Maymura Hurtado (Ernesto o Médico), Moisés Guevara Rodríguez (Guevara o Moisés) y Restituto José Cabrera Flores (Negro o Médico).

Sin tomar ninguna medida de precaución —en cuanto al orden de la marcha ni a la exploración de los puntos que dominaban el vado— el grupo se dispuso a efectuar el cruce del río. Braulio caminó golpeando el agua con el machete hasta llegar a la mitad del río, desde donde indicó avanzar.

Braulio caminó golpeando el agua con el machete hasta llegar a la mitad del río, desde donde indicó avanzar. Separados por seis o siete pasos penetraron en el vado Moisés, el Negro, Polo, Ernesto, Alejandro, él, Tania y, por último, cerrando la pequeña columna, Joaquín.

Cuando todos estaban dentro del agua, una avalancha de proyectiles inició la incontenible cacería. Los que no cayeron a las primeras descargas, se dejaron llevar por la corriente o se zambulleron. Joaquín logró regresar a la orilla, pero ahí pereció acribillado. Braulio alcanzó a fulminar con su Browning a un soldado enemigo ocasionando la única baja del ejército.
A lo largo de 600 metros los soldados corrieron por la orilla del río disparando contra cualquier bulto que se movía en la corriente. El cadáver de Tania siguió río abajo y sólo pudo ser recuperado días después. El Médico fue capturado con vida. Pese a las torturas, se negó a responder las demandas de los militares.

Mientras caminaba por la orilla del río para buscar alimento e intentar encontrar ayuda, el Negro chocó con la compañía Toledo de la Cuarta División, desplegada desde el trágico 31 de agosto para apoyar a la Octava División. Sus captores no respetaron el estado en que se encontraba y de inmediato lo asesinaron.

El único sobreviviente de este grupo fue José Castillo Chávez (Paco), uno de los que el Che denominó de la «resaca». Herido lo llevaron hasta Valle Grande. Fue enjuiciado junto a Regis Debray y Ciro Bustos. Fue amnistiado durante el gobierno del general Juan José Torres. Falleció en la Ciudad de La Paz, el 14 de marzo del 2008, de acuerdo con artículo suscrito por los investigadores cubanos Froilán González y Adys Cupull, y publicado en el blog del museo Che Guevara, en Argentina.

Paco actuó para la historia con el título del antihéroe y el Judas. Después de más de 35 años, confesó que «ante la muerte y con la presión y torturas de los militares» identificó los cadáveres de sus compañeros, información que permitió armar el rompecabezas del Ejército boliviano.

A Honorato Rojas, el entonces presidente de Bolivia, general René Barrientos, tratando de ganarse el apoyo de los campesinos en su lucha contra la guerrilla del Che, le entregó cinco hectáreas de tierra cerca de la ciudad de Santa Cruz, donde vivió oculto, lleno de pánico e incapaz de soportar los aullidos de su conciencia. Casi dos años después, el 15 de julio de 1969, el brazo largo de la justicia lo lo alcanza en su guarida y un comando del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia ejecuta la sentencia a muerte dictada contra el campesino traidor.

El capitán Mario Vargas Salinas fue condecorado con galones y promovido a mayor de ejército por su «fulgurante» carrera militar y, al mismo tiempo, declarado «víctima de trastornos psíquicos y pesadillas angustiosas», en las que decía ver a Tania «incorporándose con el fusil en alto, dispuesta a vengar su muerte».
En realidad agosto resultó el «mes más malo» […] en lo que va de guerra», tal y como anotara el Che, quien desde el 17 de abril perdió el contacto con la retaguardia.

En su Diario el  Guerrillero Heroico se refirió varias veces al grupo de Joaquín, pero solo en el resumen correspondiente al mes de septiembre, admitió la posibilidad de que el grupo hubiera sido exterminado.

La pérdida de Vilo Acuña y sus hombres resultó un duro revés para la guerrilla boliviana. Se trataba de luchadores valerosos y competentes, de invariable decisión de combate, de internacionalistas, de probada convicción revolucionaria.

Los restos de Joaquín, Alejandro, Braulio, Moisés, Apolinar, Walter y Ernesto, reposan desde el 8 de octubre de 1999 en el Memorial Comandante Ernesto Che Guevara, de Santa Clara, junto a los de Tania, depositados en su nicho el 30 de diciembre de 1998, y el Negro, el 8 de octubre de 2000.












Para la leche que da la vaca...

Para la leche que da la vaca...

 


17/07/2012 11:59:37

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

La producción de leche descendió en 39 millones de litros durante el año 2011. El Estado no puede seguir pagando a los productores centenares de millones de pesos por una leche de baja o mala calidad. Necesario revocar el modelo conceptual cooperativo, errado y obsoleto.  

  

Al cierre de mayo solo 5 674 bodegas recibían directamente la leche producida por los campesinos (810 menos que a principio de año).

Entre las razones del decrecimiento en la entrega de leche a las bodegas incidió la falta de reservas alimenticias para el ganado en el período de seca, y el gasto excesivo de combustible para trasladar este producto a las áreas de comercio.

El tema de la ganadería vacuna es el más complejo y difícil de resolver, debido a que el 66 por ciento de la masa vacuna está en manos del sector cooperativo y campesino, y son muchos los criadores que se encuentran dispersos.

Los avances son discretos. Por ejemplo,  en el incremento de la natalidad, la disminución de la edad de las novillas en su incorporación a la reproducción y el aumento de la siembra de alimentos para la masa pecuaria. Pero ahí no se pueden quedar.

Los ganaderos no pueden pensar que las cosas le caerán del aire ni la Agricultura admitir el voluntarismo que prima en el sector.

Hay que mejorar la calidad de la leche, la cual se ve afectada, entre otros aspectos, porque cerca de 200 tanques de acopio refrigerados, permanecen inutilizados por roturas. Urge la rehabilitación de esos envases, cuyo costo según los responsables de recuperarlos todos oscila en los 12 000 dólares.

El Estado no puede seguir pagando a los productores centenares de millones de pesos por una leche de baja o mala calidad, que aunque no envenena a nadie, no cumple los parámetros establecidos.

Existe un proceso de actualización de la ganadería y se cuenta con los recursos necesarios para que el sistema de Control Pecuario funcione eficientemente. También fue modificada la Resolución 371 relativa al control de la masa vacuna, lo cual  flexibiliza los trámites para controlar el ganado y la compra venta entre las cooperativas. ¿A qué se espera?

No sería mala idea revocar el modelo conceptual cooperativo, está  errado, obsoleto. Se imponen cambios: de manos, de cuerpos y de mentes que «muevan las fichas» y «sacudan la mata»... con más brío.