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Confesiones de Diego Gutiérrez, el trovador

Confesiones de Diego Gutiérrez, el trovador


21/01/2013 1:51:47

 

Hace tiempo ya que el trovador Diego Gutiérrez es un nombre muy conocido entre los amantes de la trova. Empezó a crecer en Ciego de Ávila, luego anduvo por Camagüey, hasta que se asentó en Santa Clara, donde fue a la Universidad y entró en contacto con otros jóvenes cantores, junto a los cuales fundó La Trovuntivitis. Aquí da testimonio de su origen y evolución como artista.

«Nací en un pequeño pueblo avileño llamado Majagua, lugar de interesantes tradiciones campesinas. Allí viví hasta mi adolescencia, con muchas influencias musicales locales. Y en especial de mi padre, que era un muy buen poeta y decimista, si vale la distinción, y solía tocar el tres para acompañarse antiquísimas décimas que eran la diversión de toda la familia.

«Mi madre acostumbraba a cantarnos tangos y boleros con una voz muy dulce, y también himnos evangélicos a los que nos uníamos mis dos hermanos y yo guiados por la potente voz de mi padre. Mis hermanos escuchaban mucha música y cantaban acompañados de la guitarra, sobre todo canciones populares en su época, lo que dejó en mí cierta nostalgia por una música que nunca escuché de primera mano, pues era de generaciones anteriores y que aun me gusta cantar en las descargas de amigos.

«Era un ambiente familiar singular para un pueblo de campo, pues todo el tiempo debatíamos acerca de música y poesía, de las canciones nuevas y antiguas, nos pasábamos nuestros poemas y leíamos en alta voz los pasajes de libros que nos gustaban, todo lo cual terminaba en risas y en comentarios admirativos o realmente críticos.

«Cuando empecé el Preuniversitario me fui a estudiar a Camagüey, siendo un adolescente que se consideraba ya poeta con cierta presunción, y allí comenzó mi gusto por los lugares distintos de mi hogar, y mi aprendizaje de la amistad y del intercambio de ideas. Al terminé el bachillerato entré en la Universidad Central de las Villas, donde empezó para mí una apertura total en cuanto a pensamiento y visión del mundo.

«Sería tal vez pretencioso llamar interés por la trova, en el sentido intelectual y consciente, por algo que me llegó como influencia familiar directa, y que yo tomaba como algo natural que todo el mundo disfrutaría, tanto su belleza como su sentido del juego y del humor, tanto su lirismo como su invitación al baile y la diversión. No fue hasta más tarde, cuando empecé a tocar la guitarra enseñado por mis hermanos, y cuando muy naturalmente para mí las primeras canciones que canté en público eran de Silvio Rodríguez y de Pablo Milanés, que me di cuenta que algo había pasado con la percepción del publico con estas canciones, pues las tomaban despectivamente como “políticas”, solo utilizables para actos oficiales y por tanto excluidas de las fiestas y descargas de mis amigos de estudio.

«Me quedé un poco descolocado, y recuerdo que albergué rencor contra mis hermanos por un tiempo, porque no me habían enseñado las canciones de moda, aptas para levantar “jebitas” en la Secundaria. Sentía cierta envidia por un amigo que se las sabía todas, y el público femenino deliraba y cantaba con él, cuando a mí solamente me toleraban a regañadientes por aquellas canciones que yo pensaba (y tenía razón al fin y al cabo) que eran irremplazables en la vida de cualquiera. Así que cargué un tiempo con la resignación de ser un trovador “político”, provocando la risa de mis hermanos y contradicciones en mi vida adolescente, pero llevando estoicamente la maldición de las canciones distintas.

«Después de pasar por el fuego de la indiferencia casi general, cuando entré al Preuniversitario yo iba decidido a enterrar mi guitarra con un sentimiento más bien vergonzante, y a entregarme a escribir poesía, secretamente, lo que me salvaba (eso creía) de los públicos amantes de las modas. Pero allí, para mi sorpresa, me encontré con amigos que si le “descargaban a esa onda”. Y empecé a tocar casi clandestinamente, por las noches en los dormitorios, esas canciones de la Nueva y la Vieja Trova, y especialmente los temas de un tal Carlos Varela y de un tal Adrián Morales, que se atrevían (gran descubrimiento y asombro para mí) a cuestionar situaciones sociales que antes habían sido cantadas desde otro punto de vista por mis viejos amigos de la Nueva Trova.

«Nada puede compararse a ese sentimiento de complicidad que nos provocaban aquellas canciones, de ser los miembros de un nuevo culto secreto que en nuestra ingenuidad imaginábamos compartido por unos pocos como nosotros. Y si antes yo dejaba literalmente todo lo que estaba haciendo en el momento para sentarme a unas pulgadas del televisor cuando cantaba Silvio, ahora lo hacía con estos nuevos ídolos que hablaban de cosas cercanas a mí, de lo que estaba viviendo y sintiendo en esa época. Sus canciones fueron de las primeras que canté ante un público mayor y más diverso.

«En la Universidad Central de Santa Clara me encontré con otro asombro. Hasta ese momento yo pensaba que las grandes canciones eran el patrimonio exclusivo de mis ídolos de siempre, unas personas que estaban mas allá del tiempo y del espacio, viviendo en un universo paralelo, y por tanto intangible, personas sin edad que habían recibido de alguien esas canciones ya hechas, fatalmente. Y entonces conozco a Roly Berrío, Levis Aliaga y Raúl Cabrera, miembros de un trío inconcebible que se llamaba Enserie, con unos textos, armonías y proyección escénica inéditas, no solo para mí como principiante, sino para todo el mundo. Al acercarme a ellos totalmente hechizado por su performance, yo no podía creer que aquellos muchachos fueran mis contemporáneos y que los temas que cantaban fueran de ellos.

«Fue una especie de iluminación la que recibí, una alegría inmensa, a la vez que un extraño desasosiego, porque me di cuenta, que esas canciones estaban ahí, se podían hacer, y yo tenía algo así como el deber de probar fuerzas e intentarlo por mi parte. Así, guiado por la amistad y enseñanza que me brindaron, empecé a hacer mis primeras cosas, poemas musicalizados más que canciones, tanteando y experimentando, con toda la carga de mis influencias musicales y literarias y descubriendo a cada paso lo que el arte tiene de inspiración y también de oficio, de estudio como de asimilación intuitiva. Las primeras canciones que hice las he olvidado conscientemente y con razón, pero te puedo decir que cuando hice una que se llama “Cuerda floja”, o “Dafne”, o cualquiera de esa época, ya empezaba a escucharse débilmente mi propia voz buscando su estilo y temas que estuvieran realmente pegados a mi vida.

«Mis primeras canciones estaban muy marcadas por mis influencias, muy permeadas de literatura y, viéndolas con la perspectiva del tiempo, no pasaban de ser juegos con las palabras y con las armonías, con un extrañamiento entre mi vida real y lo que decían en un nivel simbólico. Pero desde el principio se nota mi esfuerzo por hacer de mí mismo el sujeto de los temas, nunca vistos como crónicas exteriores a mi persona ni como un narrador imparcial e impersonal, sino metido en la urdimbre misma de mis contradicciones y mis estados de ánimo, muchas veces tratándolos como parábolas o situaciones sublimadas de lo que realmente me sucedía. Por lo demás, los temas de mis canciones son los de todos los hombres; lo único que los hace irreductiblemente míos es la perspectiva personal. Nada es más difícil en el arte que ser honesto y sincero, y es esto lo que he tratado de hacer hasta ahora.

«La Trovuntivitis ha significado una escuela, un ejercicio de la amistad y de la alegría. Soy muy afortunado de ser uno de los fundadores y de tener tantas influencias musicales y de vida de tantos y tan buenos trovadores. El hecho de tener a mi lado a autores de la talla de Roly Berrío, Alain Garrido, Leonardo García, Raúl Marchena, Yaima Orozco, Karel Fleites, Yordan Romero, Yunior Navarrete, hasta los más jóvenes, siempre fue un reto y un disfrute, unido al incentivo que siempre tiene para los que hacemos canciones el hecho de poder, como dice Silvio, “apretarlos” de vez en cuando con un buen tema, o que te dejen toda una madrugada sin dormir por alguna canción grande que te canten, que te da esa mezcla de orgullo y de envidia sana por tener esos hermanos tan talentosos.

«Haber vivido quince años en su compañía, y ver como poco a poco nuestras canciones se van haciendo importantes para un grupo cada vez más creciente de personas, ha sido un privilegio. Todo esto unido a habernos hecho un espacio en un lugar tan entrañable como El Mejunje, con todos los músicos que se nos han unido, y al hecho de haber encontrado una expresión singular dentro del panorama musical de la Isla, hacen que La Trovuntivitis sea un hecho legendario en la trova y la música cubanas.

«Es un hecho palpable que solo ejercitando un oficio se pueden lograr resultados con los que uno esté realmente satisfecho. La grabación de la música, que es imprescindible para todos nosotros, es una actividad muy especializada que, desgraciadamente, sigue siendo una asignatura pendiente para muchos músicos y autores y para mí, aunque haya tenido la oportunidad de hacerlo en varias ocasiones e incluso con mi primer disco en solitario. Por muchas razones, que no voy a enumerar, grabar un disco en un estudio profesional en Cuba sigue siendo difícil, de ahí que mis intentos dispersos por dejar registradas fonográficamente mis canciones son pocos y sus resultados discutibles para mí, atendiendo a que siempre uno quisiera mejorarlos en algún detalle. Estoy realmente satisfecho con el resultado de mi álbum De cero, porque pude grabar con músicos muy profesionales y con técnicos que me ayudaron y enseñaron mucho. Contar con la producción musical de Elmer Ferrer fue toda una escuela, y su visión, comprensión y aportes a mi música fueron realmente notables.

«Con los videoclips he tenido la suerte de trabajar con jóvenes realizadores muy talentosos, que ya tienen una obra importante no solo dentro del clip, sino en todo el espectro audiovisual. Hemos trabajado duro para que los clips tengan toda la calidad técnica y artística posible y yo he estado muy dentro siempre de su proceso creativo, desde el guión hasta la imagen que quiero proyectar. Así que me siento muy responsable y satisfecho de su resultado artístico, puesto que el video clip es una herramienta importante en la difusión de nuestra obra. Lo más difícil es dar con una buena idea original y, dentro del espacio estilizado e “irreal” de un clip, brindar una imagen coherente y creíble de tu personaje, que es uno mismo pero, digamos, en una realidad alternativa. Estoy muy agradecido con Léster Hamlet, Ian Padrón y Luis Najmias Jr. por su talento y creatividad al acercarse a mis canciones a través de imágenes.

«Afortunadamente, en Cuba siempre hay jóvenes que vienen pisándonos los talones con mucha fuerza, y de los que aprendo mucho. Vienen con otras visiones, otras vivencias, otro entorno social y afectivo del que pueden hablar, y por supuesto con otras influencias musicales. Siempre hay algún “chama” que se pone a cantar y te deja con su canción dándote vueltas en la cabeza, con las ganas de agarrar tu guitarra y ponerte a hacer cosas. A mí siempre me resultó estimulante que personas como Frank Delgado, que es uno de nuestros ídolos de su generación, no perdiera ni pierde esa curiosidad por los nuevos que llegan y por sus aportes reales a la canción. A mí siempre me aportan las ideas nuevas, y las influencias y sonoridades que traen los muchachos de promociones más jóvenes enriquecen, si tienes oídos para oír, lo que ha sido nuestro trabajo hasta ahora. A mí me gusta mucho lo que hace Karel Fleites en Santa Clara y Manuel Leandro en Holguín. Acá en la Habana, siempre me encuentro en las descargas a alguien nuevo que disfruto mucho, y que me da ganas de ponerme en marcha.

«Todas las generaciones de trovadores han aportado mucho a la cancionística cubana, y lo prueba el hecho de que sigan teniendo seguidores y exista mucho respeto por su música. Lo que ha caracterizado a lo mejor de estas generaciones es su falta de prejuicios a la hora de encarar la creación; y es una lástima que cierta ortodoxia haya tratado de cortar lo mas revolucionario que siempre ha tenido la trova, esto es, su apertura total a los géneros, a las ideas frescas, a hablarle siempre a la generación presente con música y con poesía, sin erigirse en jueces de lo que “entra” o “no entra” dentro de la trova. Al final no importa tanto (o nada) la pureza de un género (si es que la trova es un genero), sino su aporte al imaginario popular, a la música y al arte. La capacidad de renovarse, su eterno juego, su elasticidad, su poder para comunicar lo mismo en la sala de una casa que en estadios repletos, lo mismo en un teatro que en un espacio bailable, es lo que ha hecho de la trova esa cosa disfrutable e imprescindible para la música cubana y mundial.

 

(Fuente: Caimán Barbudo / Bladimir Zamora Céspedes)

 

 

Darío: «la vida demostró que sería un firme combatiente»

Darío: «la vida demostró que sería un firme combatiente»

 

 28/12/2012 6:29:45

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

El  14 de marzo de 1967, en la evaluación trimestral que hacía de sus hombres, Che juzga muy duró a David Adriazola Veizaga (Darío). Cree que de aquel muchacho siempre ensimismado «no se podría sacar un revolucionario». Mas, atento a cada uno de sus combatientes, no lo pierde de vista.

 

Para el 14 de septiembre piensa que Darío ha dado «un gran paso de avance». Llamado a capítulo se manifiesta decidido a seguir hasta el final. «Tal vez salga un combatiente de él», escribe en cuaderno aparte. Se refiere Che a la conversación sostenida con Adriazola un día antes: 

«Hablé con Darío, planteándole el problema de su ida, si así lo desea; primero me contestó que salir era muy peligroso pero le advertí que esto no es un refugio y que si decide quedarse es de una vez y para siempre. Dijo que sí y que corregiría su defecto. Veremos», reseña en su Diario. 

Pero el Guerrillero Heroico no pudo comprobar hasta donde sería capaz  aquel joven minero, militante del Partido Comunista  Boliviano (PCB) devenido soldado del un Ejército de Liberación Nacional. Darío le sobrevivió. Fue el último guerrillero en caer abatido por las balas enemigas, dos años después de asesinado el comandante Guevara.

Así se lo había prometió la tarde del 10 de octubre en medio de la selva, junto con Ñato (Julio Luis Méndez Korne), Pombo (Harry Villegas Tamayo), Benigno (Dariel Alarcón Ramírez, traidor a la Revolución), Urbano (Leonardo Tamayo Núñez) e Inti (Guido Peredo Leigue). 

Este último, en su libro «Mi campaña junto al Che», describe aquellos momentos de compromiso, inmersos en una soledad impresionante, «bajo la amenaza siempre permanente de una fuerza militar canibalesca» que los buscaba para asesinarlos. 

« [...] Solo recuerdo que con una sinceridad muy grande y unos deseos inmensos de sobrevivir, juramos continuar la lucha, combatir hasta la muerte o hasta salir a la ciudad, donde nuevamente reiniciaríamos la tarea de reestructurar el Ejército del Che para regresar a las montañas a seguir combatiendo como guerrilleros».

El pequeño grupo de combatientes que escapó con vida del combate de la Quebrada del Yuro, logró abrirse paso a fuego limpio y romper el estrecho cerco militar, aunque de la fiera persecución no logró escapar Ñato, herido de muerte el 15 de noviembre, frente a la carretera Cochabamba-Santa Cruz. 

Con dolor por la pérdida del compañero, pero con la firme convicción de persistir en la lucha, continúo avanzando hasta llegar a San Isidro, zona donde un campesino los acogió en su vivienda el tiempo suficiente para que establecieran contacto con la retaguardia urbana. En enero de 1968, un comando integrado por militantes del Partido Comunista Boliviano los ayudó a romper el cerco militar, trasladarse a Cochabamba y finalmente llegar a la ciudad de La Paz. 

Los últimos sobrevivientes de la Quebrada del Yuro corrieron destinos diferentes. Pombo, Urbano y Benigno reanudaron la marcha para arribar a territorio chileno a mediados de febrero de 1968 y, por último, regresar a Cuba un mes después, mediante la intervención del entonces presidente del Senado de Chile, Salvador Allende. 

Inti permaneció en la capital boliviana para continuar la lucha desde la clandestinidad, pero a la postre fue descubierto y asesinado el 9 de septiembre de 1968. 

La última noche del año siguiente, Darío es descubierto y acribillado a balazos. La policía se encargó de darlo por desaparecido.

Su cadáver  no se ha encontrado. David Adriazola Veizaga, el muchacho de estatura baja, cuerpo macizo y pelo castaño claro, a quien «costaba mucho sacarle las palabras», había nacido en 1939, en el departamento de Oruro. 

Cristina Farjat  —boliviana en cuya casa halló protección Darío— lo recuerda con inmenso cariño: «Le gustaba dibujar, y cuando su hijo le decía que si no pensaba en buscar una novia, él le respondía que estaba “casado con la Revolución”». 

David «admiraba mucho al comandante Guevara y siempre me contaba la anécdota de cuando, durante unos turnos que se hacían en la guerrilla para buscar agua, el Che fue con él y al regresar éste se acordó que no había llevado su arma. Entonces se impuso unos días de cocinero, como castigo por el olvido. 

«Durante el tiempo que permaneció escondido se desesperaba por la falta de contacto con los compañeros, pues quería reanudar la lucha. A fines del año 1969 consiguió trabajo en una casa en construcción, que a la vez le servía de refugio, hasta que establece contacto con los revolucionarios y vuelve a la acción», relata Cristina  en el libro «Seguidores de un sueño», de la colega Elsa Blaquier.

A dos años de su llegada al campamento de Ñancahuazú (14 de marzo de 1967), el humilde minero boliviano se había convertido en todo un guerrillero. 

El hoy general de brigada Harry Villegas evoca a Darío «entre los más disciplinados y preocupados por mantener la unidad de un grupo bastante heterogéneo [...] muy útil, tanto durante la etapa que burlamos la persecución y vivimos de forma clandestina, como en la reorganización de las fuerzas para abrir un nuevo frente guerrillero [...] La vida demostró que de él saldría un firme combatiente».

 

 

«Esta Isla es un lugar que me pertenece»

«Esta Isla es un lugar que me pertenece»


12/12/2012 9:22:02 

 

 

Dice refiriéndose a Cuba el cantautor argentino Rodolfo Páez, a quien la gente que le quiere —y también alguna que no— le dice simplemente Fito Páez. Para él la Isla es también un pedazo de su almohada salvadora y el espacio que queda cuando no hay «nadie cerca o lejos». 

 

«Si estás entre volver y no volver…», y luego apareces así, como si toda tu vida dependiera de este momento, como si no hubiera existido nada más salvo tus versos, como si el tiempo en esta noche de Habana cuasi invernal se detuviera con creces para entender los porqué de las canciones precisas, entonces no queda duda (con permiso de Brecht): Hay quienes cantan un día y son buenos, hay quienes cantan muchos días y son mejores, pero hay quienes te cantan toda la vida: esos son los imprescindibles. 

Veinte años creciendo con el amor y además, y también después, el amor, se parece definitivamente al intento de acercar el sol. Generaciones de sueños, quimeras, utopías que desde los 80 se vienen perfilando con tu canto; un devenir de gente que fue marcando cada pedazo de vida y reconociéndolo a través de un fragmento de tus canciones. Cuánta deuda acumulada y cuánta retribuida por estos días en La Habana.

Las sombras que aquí estuvieron no estarán. Y ya verás… que no necesitaremos nada más.

Se llama Rodolfo Páez, la gente que le quiere y también alguna que no, le dice simplemente Fito. Cuba le sabe y le respeta. La Isla es también un pedazo de su almohada salvadora y el espacio que queda cuando no hay «nadie cerca o lejos», y él, tan canalla, irreverente, talentoso; tan habanero, tan cubano, tan Páez, viene a ofrecer su corazón.

En el momento que nos permitió compartir un pedazo de su tiempo habanero para asaltarle con preguntas jiribilleras, no imaginábamos (quizá sí) lo que nos deparaba la noche siguiente a nuestro encuentro en el Hotel Nacional. El 5 de diciembre en el Teatro Karl Marx asistimos a la proyección del documental El amor después del amor, 20 años que forma parte de su reciente producción en DVD.

Dos décadas más tarde de que el álbum se convirtiera en uno de los imprescindibles del rock latinoamericano, el estreno mundial del audiovisual dirigido por el argentino Diego Álvarez y grabado el pasado 13 de octubre tras un multitudinario concierto en la ciudad de Buenos Aires, estuvo envuelto en el ambiente místico del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en su edición 34.

«El amor se trata de comprender al otro, no de juzgarlo», fueron las palabras finales de Fito que antecedieron a una suerte de serenata desgarradora a esta ciudad y a su gente. Para algunos, de generaciones más cercanas, y para otros que estuvimos aquella vez en la Plaza de la Revolución, fue el concierto de la Vida, y definitivamente dejamos la Vida allí. También él.

No imaginábamos, pero en nuestra conversación de la víspera ya se avizoraba una parte de tanta pasión desbordada: “Uno intenta darle lógica a eso y buscar una diferencia entre amor y pasión, aunque es un error ―nos confesó.

«El amor es un sentimiento ligado a la bonhomía, donde no hay intereses ni facturas traumáticas, y la pasión es todo lo contrario, “vos hiciste esto, y lo otro, yo te amo y te odio, te cojo y tú me coges…”; la pasión es padecer conflictos que no sabes que están dentro de uno, pero también es maravilloso. La vida se trata de eso».

La vida me ha dado mucho pero también me quitó. La vida es este río de maravillas y de dolor. 

Fuimos testigos de su encuentro con algunos amigos músicos en el Centro Cultural «El Sauce» durante una madrugada capitalina, donde compartió con Ernán López-Nussa, Robertico Carcassés, Descemer Bueno, Harold y Ruy Adrián López-Nussa, William Vivanco… Esa noche le escuchamos junto con Santiago Feliú tirando su «Cable a tierra» y nos venían a la mente aquellos recuerdos primeros en Varadero, y reconocíamos al Fito de siempre, dialogando con músicos de diversas generaciones: «Te hacen sentir que sos parte del lugar, “vos sos de mi vida”, “tus canciones están en mi vida”, me decían. Fue una noche inesperada, no pensé que iba a ser tan emocionante y divertido, con tantos intérpretes talentosos cantando y tocando».

Rencontrarse con viejos amigos «viejos» y descubrir jóvenes interpretando su música «fue muy emotivo, porque una «cosita» que hiciste en una habitación perdida en un hotel en San Justo, cuando llegas a La Habana la escuchas tocada por cuatro flacos extraordinarios en un escenario, excelentes músicos que le tienen infinito cariño y la interpretan como si fuera propia. No sé cómo le pasa al resto de las personas, a mí me conmueve, me emociona, es fuerte, porque estás muy lejos de donde naciste y te encuentras con gente que cuando tocan tus temas con ese swing, con acordes tan abiertos que no aparecen originalmente en la canción, están opinando sobre la música. Eso es muy hermoso».

Cuenta que mucho le ha aportado la música cubana a la suya propia. Son lazos y raíces que llegan desde la cuna y se van amoldando al acercarse cada vez más a este terruño de bardos testarudos. Por eso, no hubo sorpresa cuando en nuestra plática afirmaba: «…una de las cosas que hicieron que prendiéramos rápido en la gente de la Isla, es que yo tocaba con tumba’o, con la síncopa y eso no es una clave del rock, el rock es en cuatro  y a tierra.

«La síncopa me llega cuando mi padre me lleva a Brasil. Esa conexión presente en un tema como “Giros” fue lo que nos emparentó tan rápidamente y nos hizo cercanos. Haber traído también una forma que contenía la síncopa, el acento adelantado, creó una familiaridad. Aunque parezca una tontería o algo muy específico, no lo es, pues se crea ese vínculo con algo fundamental de la música cubana que es la clave acentuada arriba, y fue justo eso lo que generó una simpatía inmediata.

«Influencia para mí es también haber estado al lado de Pablo Milanés tantos años, haberlo escuchado cantar no es algo que para un artista pueda pasar como cualquier cosa. Escuchar a Pablo noche a noche, aquí y allá, es una suerte que uno tiene, porque aprendes a encontrar rápido las conexiones entre él y Goyeneche, entre él y Sinatra, entre él y Chabuca, cantantes maravillosos que inventaron nuevos fraseos. Eso enseña a ser más libre, a jugar con la música. Definitivamente, Pablo me recuerda mucho a Goyeneche, si bien se conocieron al final de la vida, Pablo ya era un gran artista cuando lo fuimos a visitar una noche en Buenos Aires; pero tienen en común la manera de contar la melodía, la manera de frasear, y eso es algo que me ha marcado».

Todas las músicas me hablan, todas las cosas se conectan en mi corazón. 

 «Los Van Van son nuestros Rolling Stone”, nos dice emocionado. Y de inmediato comenzó a rememorar momentos del ensayo con los Van Van, para la inauguración del 34 Festival de Nuevo Cine Latinoamericano. “Es un grupo con un sonido muy poderoso. Formell es una de las grandes máquinas musicales del mundo. Inevitablemente te sientes identificado porque, además, tienen la mirada canalla, no es un grupo formal de salsa norteamericana, sino que están en la calle y saben de qué va la cosa. Me siento cerca de eso porque tengo una vida similar a la de ellos y por otro lado, tuve la oportunidad de tener un amigo como Juan Pin Vilar que me ha acercado al mundo de Formell un poco más íntimamente, sin que él lo sepa. Veo en la misma mesa a Charly García y a Juan Formell, tomándose un trago y hablando sobre lo mismo».

«Miro alrededor, heridas que vienen, sospechas que van y aquí estoy pensando en el alma que piensa y por pensar no es alma, desarma y sangra», canta Fito en el Karl Marx «una de esas cumbres de la música universal» como un homenaje a este grande de la música argentina que es Charly García. Los cubanos le debemos también a Fito ser, de alguna manera, el portavoz de sus canciones en Cuba: «Charly es de esas personas que iluminan el barrio. El mundo fue diferente a partir de que llegaron, gente salvaje, y gente muy seria también. Todas las partituras de García son músicas de estudio, deberían ser estudiadas en las universidades, es muy serio lo que hace y por otro lado es un canalla también, es uno de los Mozart contemporáneos».

¡Dicen que ya no soy yo! que estoy más loco que ayer… 

«El peor crimen que puede cometer un intelectual es el engaño a través del cual obtiene dinero», declaró al presentar el disco Ciudad de Pobres Corazones en un lejano 1987, dedicado a la memoria de su tía y su abuela asesinadas en Rosario.

El panorama de la vida y la música argentinas luego de que algunos «genios locos» como Charly García, Spinetta, Andrés Calamaro y, años después, el propio Fito comenzara a escucharse, ha cambiado radicalmente, sin embargo, para él:

«La música es un lenguaje, lo que cambia es la coyuntura, la época, el negocio, las formas que tienen las personas para expresarla en cada momento. Lo que se puede respirar livianamente es que los artistas de raza están en las márgenes, antes los artistas de raza podían tener contacto con los grandes públicos, porque era otra época; hace 20, 30, 40 o 50 años las grandes estéticas tenían un público y el mundo pertenecía a esa estética.

«Ahora eso se movió de lugar; pero no quiere decir tampoco que los grandes artistas hayan desaparecido; sigue existiendo gente maravillosa en todos lados, pero no son el punto de atención. Por supuesto, en todas las épocas la vida política ha influido en que las expresiones de todo tipo, no solo las musicales, puedan encontrar su cauce. También en esos márgenes surgen las ideas y los proyectos más maravillosos. Hace poco en Buenos Aires hicieron un concierto los cancionistas porteños y fue muy emocionante verlos a todos juntos allí con una orquesta sinfónica tocando su música, y les decía: este es el lugar, no es MTV, no es la Rolling Stone, no es Billboard, este es el lugar donde hay que estar. No perder de vista eso es importante».

Para Fito «hacer música es como respirar» y ya tiene algo nuevo en el tintero, mejor dicho en la mesa de mezcla: «Estoy preparando dos discos: uno roquero, que ya está casi terminado de componer, en cuanto paremos de tocar vamos a grabarlo; el otro está en vías de preparación, es más pianístico, más cancionístico, más lírico».

—«El amor después del amor» probablemente sea el más conocido de todos tus discos,¿a nivel personal qué significa?

—Todos los discos están hechos con ganas, con deseos, yo los quiero por igual. Algunos son más conocidos por la gente y otros tienen una suerte de éxito dentro de una coyuntura específica, por razones que se escapan de las manos; pero todos son mis hijos, son como una parte mía, no tengo preferencias por ninguno. Por supuesto, entiendo que en ese álbum hay matrices que se fundan, después de algunos años de haber recorrido la vida musical. Sé que ese es un dato, pero también podría haber sido otro el disco y no El amor después del amor. No lo sabremos nunca. Entiendo que ese momento fue especialísimo para los demás, no para mí, porque tengo un vínculo con todos mis álbumes.

—Estás terminando ahora una novela, El último vuelo de la pena… Es un ejercicio de soledad, silencio, paz... A alguien tan hiperactivo, ¿cómo le resulta escribir?

—No soy siempre así, también me paso muchas horas en silencio frente a la máquina. Llevo tres años escribiéndola. Para mí fue como una espiral, cuando empecé no sabía que iba a convertirse en una novela. Es como la música, comienzas a componer y de pronto se te armó un disco. No hago esto para una editorial o para el mercado, simplemente lo hago.

—¿Ha sido más desafiante que componer?

—Fue nuevo. Me dije: quiero problemas nuevos. Resultó apasionante encontrarme en medio de la pelotera y descubrir hacia dónde va el relato. Contrariamente a lo que podría suceder, la subtrama es el tema de la novela. Cuenta la relación de un adulto con su madre muerta, que es lo menos legible en la historia, pero es el centro del libro. Después, todo cuanto sucede es un disparate. Ahora estoy terminándola, ya le corregí los últimos detalles y me da la sensación de que es una suerte de tratado doméstico sobre el amor y la pasión, dónde se tocan y dónde se diferencian, y cómo funcionan en la vida de estos personajes.

Es solamente una manera de andar… 

—«Mi pasado es real y el futuro libertad», sentencia la letra de «Circo Beat». Para el Fito que ha llegado este diciembre a La Habana, y que ha «girado» tanto, ¿qué es la libertad?

—La libertad tiene muy buena prensa… Los artistas jugamos a la libertad, y la libertad es otra cosa. Se supone que la libertad es ser libre, hacer lo que uno quiere, pero yo no sé si quiero tanta libertad. Necesito tener mis cárceles y meterme en ellas, me gustan mis cárceles y estar en las jaulas que decida estar, porque la libertad es muy angustiante también. Si se puede todo, se llega a ser Calígula. Más ligado a la vida personal, la libertad llena de excesos es dura porque salimos muy golpeados. Entonces, me gusta tener mis mecanismos para frenarme… mis propias cárceles, si pueden ser decididas, mejor.

—Hablemos de concesiones y consecuencias… Mientras cantas desbordas pasión, y eso lo percibe casi todo el que te escucha; es importante porque hay quienes llaman la atención sobre algunos artistas que a lo largo de su carrera cambian y se acomodan.

—Se aburguesan, se ponen más bobos; pero esos no son artistas. Es muy difícil hablar de uno, así es como soy. Siempre fui así; porque como ya he dicho, para mí es como respirar, no conozco otra manera de hacerlo. En algunos momentos, la pasión está puesta en la voz, en el énfasis en el piano, y hay otros, de reflexión, que también son pasionales porque se están bordando detalles, y todo quema. Eso ocurre porque estoy enamorado de las ideas y de las expresiones también. Es igual cantar en El Sauce que en el Royal Albert Hall, anoche cantamos en El Floridita y lo hicimos con las chicas que tocaban allí. Fue igual. La música se hace todo el tiempo, todos los días, en todos los lugares, con amor y pasión, si no, no es música.

Y te daré todo, y me darás algo…

—Una de esas consecuencias se encuentra en tu fidelidad a Cuba, a este lugar al que siempre regresas y  defiendes junto con sus artistas, a este lugar donde también se te ama demasiado. ¿Qué hace diferente o singular este regreso a la Isla?

—Tengo la suerte de haber estado mucho tiempo aquí, de haber vivido en este sitio. Siento que este Isla es un lugar que me pertenece también. No me siento el jefe de la cuadra, pero siento que los jefes de la cuadra me dejan entrar. Ayer, cuando Formell comenzó a dirigir el ensayo, qué suerte estar ahí, qué suerte estar dentro de esa máquina, y que te abran la casa con tanto amor. Esas son vivencias intransferibles para contar, pero forman parte de mis bienes más preciados: estar en el ensayo de Charly García en los 80 o en el de Formell ayer, haber visto a Spinetta componer canciones o ver a Pablo a las tres de la mañana cantando boleros. Esos son momentos inolvidables, lo que me conmueve es, justamente, que son los hombres intentando contarse. Eso es lo que hacemos.

Epílogo: 


Y aunque todo sea una farsa yo sé que el mundo cabe entero en una canción.

 

(Tomado de La Jiribilla/ Yinett Polanco, Nirma Acosta, R. A. Hdez)

 

 

Vea también la cobertura especial:  Fito Páez en la piel de su Habana

Lea más: Fito Páez: La Habana después del amor


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La Universidad que soñó Ernesto Che Guevara

La Universidad que soñó Ernesto Che Guevara


 

25/11/2012 20:39:48 

 

La Universidad Central «Marta Abreu de Las Villas» (UCLV) asombró al Che. Cuando llegó a ella por un camino vecinal en diciembre de 1958 y estableció allí la primera comandancia de la batalla de Santa Clara, Guevara sabía que el recinto sería imprescindible en el desarrollo del proyecto social que nacía. La vio no solo como formadora del hombre nuevo, sino como parte importante del avance agrícola e industrial que debía gestarse.  

 

Aunque no fue allí donde pronunció su primer discurso sobre la reforma que debía operarse en la educación superior cubana, sí fue donde quedaron sus más conocidas palabras al respecto: «…la universidad debe vestirse de negro, de mulato, de blanco…»  

Se interesó también por la escuela de agronomía. Conoció al profesor Pablo Díaz Cuevas, quien experimentaba en la esfera agrónoma, amistad que sería decisiva en sus ideas sobre el tema agrícola.  

El doctor Roberto Muñoz, presidente de la Cátedra Honorífica que lleva el nombre del Guerrillero Heroico, explicó ese interés por la universidad. «Tenía un pensamiento integrador y concebía la institución como generadora del desarrollo de la isla. Por eso se acercó a la escuela de agronomía con el propósito de potenciar semillas, granos, viandas y estudiar los suelos. Asimismo a la de ciencias y tecnología, en particular las ramas química y mecánica. Incluso pidió al departamento de psicopedagogía atender a los soldados bajo su mando para ver las secuelas que dejó la guerra en sus hombres», afirmó el investigador.  

Sobre el tema agroindustrial el doctor Ricardo Hernández Pérez amplió: «Percibió la posibilidad de convertir la caña de azúcar en fuente de nuevas producciones, especialmente alcoholes; para ello ideó experimentar en el centralito que existe en la universidad.  

«Se conocen dos visitas al profesor Díaz Cuevas para dialogar sobre semillas y suelos. Esas conversaciones dieron como resultado un megaproyecto  para convertir la zona de Encrucijada en un granero, específicamente de arroz, e intercalar pastos para la ganadería.  

«También pensó en la producción de aceites comestibles a partir de materias primas que pudieran cultivarse en zonas específicas: girasol, soya, palmiche y algodón —este último con intenciones múltiples, pues la mota serviría para la industria textil y médica— y con igual fin introdujo una especie de palma asiática con altos valores nutritivos y resistente a la sequía. Asimismo se preocupó en cómo realizar la producción industrial.  

«Referente a la mecánica concibió la creación en Villa Clara de una fábrica de arados; en Guantánamo otra de mochas, machetes y limas; y en Ciego de Ávila una de cercas de alambres, así como fábricas de fertilizantes», precisó Hernández Pérez.

El Che «anda por todas partes» en esta universidad. Su comandancia es la Sala de Historia; en el lugar que ocupó el hospital de sangre de la Columna 8 Ciro Redondo radica la Cátedra Honorífica donde se estudia su pensamiento y obra. El momento en que se le otorgó el título de Doctor Honoris Causa en Pedagogía se recuerda con especial orgullo.  

«Aquel día el Che dijo que recibía el reconocimiento a nombre del Ejército Rebelde y el pueblo que representaba, que la universidad sería otra y ha sido otra», evocó el doctor Juan López Palacios, quien asistió a la ceremonia.  

La más multidisciplinaria de las universidades cubanas graduó hasta el pasado curso 52 mil 414 profesionales en 33 carreras, alumnos representantes de todos los sectores sociales y étnicos que conforman la sociedad cubana, incluso también estudiantes extranjeros.  

Por otra parte el Centro de Investigaciones Agropecuarias (CIAP), de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, ha desarrollado la línea de investigación de granos, entre estos el garbanzo, se rescataron variedades locales de semillas de frijoles y se han introducido otras nuevas, de forma tal que se pueden establecer estrategias para producirlos en diferentes épocas del año.  

Se destacan los estudios sobre el sorgo, con impacto social, pues la producción de harina se destina a niños celiacos, además millo, girasol, soya, maíz, trigo y maní. Cuentan con paquetes tecnológicos que contemplan el uso de biofertilizantes en la producción de granos, el manejo integrado de plagas y enfermedades, y el mejoramiento de la fertilidad de los suelos.  

Desarrollar la producción de semillas fue otra de las recomendaciones que realizó el Che, idea que se consolidó el 19 de noviembre de 1992 con la creación del Instituto de Biotecnología de las Plantas (IBP). Este centro ha desplegado tecnologías que le permiten al país lograr entre otras muchas, la producción de semilla de papa por métodos biotecnológicos, la multiplicación de plátanos y bananos, la producción de posturas de diferentes especies forestales, y más recientemente, la de café.  

Los estudios en la rama mecánica comenzaron por la maquinaria azucarera vinculados a empresas como Planta Mecánica y Calderas. Actualmente las investigaciones se extienden a la eficiencia energética y la energía renovable, la vinculación de la mecánica y la electrónica, e incluso la creación de dispositivos para la ortopedia. Particularmente el Centro de Investigaciones de Soldadura (CIS) trabaja en nuevos materiales para crear fundentes y electrodos tubulares.  

De la misma forma la esfera de la química inició sus indagaciones por la diversificación del sector azucarero, específicamente los diferentes alcoholes, y en este momento se ocupa de la obtención de biocombustibles a partir de residuos de dicha industria.  

Luego se amplió a los problemas medioambientales, con la creación del Centro de Estudio de Química Aplicada (CEQA), con propuestas de alternativas tecnológicas para la eliminación de metales pesados   en cuerpos de aguas contaminadas, uso de sistemas naturales, específicamente plantas acuáticas y filtros de suelos para la purificación de los desechos urbanos, así como el análisis de riesgos y toxicidad en las industrias de procesos. Además el Centro de Bioactivos Químicos (CBQ), dedicado a la parte farmacéutica, ha patentado medicamentos para animales y humanos como  el Vitrofural y el Dermofural.  

La Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas se insertó en la sociedad cubana para transformarla y enriquecerla, tal como lo vislumbró el Comandante Guevara. Desde aquel diciembre de 1958 su pensamiento ha sido inspirador del quehacer del centro que con honor la nombran también «la universidad del Che».

 

 (Fuente: Trabajadores / Lourdes rey Veitía)

 

 

 

Ñato, el bravo combatiente orquesta

Ñato, el bravo combatiente orquesta

 

08/11/2012 16:42:50

 

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Mientras el Che es capturado y conducido a La Higuera, diez guerrilleros tratan de romper el cerco que le han tendido unos 145 soldados. Durante horas entablan combate. Cuatro pierden la vida. Los seis restantes intentan ganar la parte más alta de la Quebrada del Yuro.


Según cuenta Harry Villegas Tamayo (Pombo), ante la amarga realidad de la muerte del Che juran combatir unidos, sin que nadie caiga prisionero ni abandone el grupo. El hoy General de Brigada, asume entonces el mando, e Inti (Guido Peredo Leigue) continúa como político de la guerrilla.

A golpes de audacia continúan la marcha, perseguidos por más de 300 efectivos. Avanzan de noche, duermen uno contra el otro para aminorar el penetrante frío con el calor de sus cuerpos; continúan de día cuidando deshacer las huellas, trepando a los árboles para escudriñar a los militares, internándose en los ríos para despistar el olfato de los perros.

Se han trazado como objetivo llegar a Cochabamba. Pero, luego de analizar las posiciones ocupadas por el enemigo, deciden cambiar el rumbo y dirigirse a Valle Grande. Desde el punto en que se encuentran, divisan las luces de la ciudad localizada en las estribaciones de los Andes, a unos 2.030 metros sobre el nivel del mar.

El 14 de noviembre de 1967, auxiliados de un mapa bordean la ciudad para continuar rumbo a Mataral, donde esperan hallar información y comprar alguna ropa. Eligen a Urbano (Leonardo Tamayo Núñez) y Ñato (Julio Méndez Korne) para que obtengan información y comprar alguna ropa.

Una mujer les comenta que la guarnición está reforzada, «por la presencia de insurgentes», de ahí que deciden abandonar de inmediato el caserío y reunirse con sus compañeros Darío (David Adriazola Veizaga) y Benigno (Dariel Alarcón  Ramírez) —este último traidor a la Revolución—, quienes les esperan ansiosos. Caminan toda la noche hasta que el agotamiento los vence.

Entre las nueve y las diez de la mañana del día siguiente se produce el último combate frontal que sostendrán los guerrilleros. Ñato, que estaba de posta, siente la llegada del enemigo y corre a despertar a los demás. De inmediato emprenden la retirada en medio de una violenta balacera.  Cuando están llegando al firme se dan cuenta de que Ñato se ha retrasado en el intento por recoger un saco con alimentos. En ese instante un disparo le atraviesa la columna vertebral.

«Ante la imposibilidad de caminar el bravo guerrillero exige que se cumpla el compromiso contraído por todos de que si alguien quedaba en esas condiciones se le quitara la vida antes de caer en manos del enemigo. La situación resultó muy difícil por el enorme respeto y cariño profesado al compañero con quien habían compartido múltiples peligros y vicisitudes», escribe Elsa Blaquier Ascano en su libro «Seguidores de un sueño».

El coronel retirado Leonardo Tamayo contó a la colega Elsa como  Ñato entrega su fusil y la canana, e irguiendo la cabeza ordena el disparo que terminó con el insoportable dolor, y con su vida. De acuerdo con lo narrado por Urbano, aquel fue el momento más terrible que enfrentaron los sobrevivientes.

Julio Méndez Korne tenía 30 años. Había nacido 23 de febrero de 1937, en el poblado de Loreto, cercano a Trinidad, capital del departamento de El Beni, Bolivia. Miembro del Partido Comunista de esa nación, ayudó a escapar a guerrilleros supervivientes del Ejército de Liberación Nacional de Perú, razón por la cual figura entre los seleccionados para organizar el foco guerrillero y recibir entrenamiento militar en Cuba.

Como «uno de los hombres más útiles de la guerrilla», lo definió Pombo. «Especie de resuélvelo todo, cuya capacidad de trabajo, espíritu de sacrificio y condiciones revolucionarias le hizo acreedor del respeto y cariño entre los combatientes […] experto tirador, machetero, cocinero, carnicero. Era quien construía los hornos para pan; el carpintero de la casa de calamina, el jefe de abastecimientos en los primeros días de preparación… […] Ñato se convirtió en una de taller ambulante, pues transportaba en su mochila: hacha, alicates, clavos, suelas, bigornia, enseres para coser, en fin todo lo que fuera útil para la supervivencia guerrillera».

Prácticamente recién llegado a Cuba redacta su última carta dirigida a la familia residente en el poblado de Guavaramerín. En ella les avisa que no podrá escribir ni decir donde está, e indica a sus hermanos varones que tiene «un fusil para cada uno y cuando los mande a llamar será para pelear contra los enemigos».

De acuerdo con el relato de la colega Elsa, Julio les dice «a su hermana Nelly y a su padre: «No tengan pena de mí… De lo mío pueden disponer con toda confianza que ya no lo necesito pues me estoy yendo al monte». Respecto a ocho discos de música cubana que les envía, lamenta el no poder regalárselos «porque son el  recuerdo de mi novia, ahora si yo muero en la batalla […] les quedarán como recuerdo».

Julio se integró de manera definitiva a la guerrilla el 11 de diciembre de 1966, y es asignado al Centro, bajo las órdenes directas del Che, quien consignará en su Diario las múltiples misiones encargadas a Ñato, ya sea buscar alimentos, llevar un mensaje, realizar exploraciones, acondicionar una cueva, construir una balsa, hallar un lugar seguro para esconder medios y pertrechos, o su designación como bazuquero.

El 11 de septiembre de 1967, el jefe guerrillero lo evalúa por última vez definiéndolo como muy bueno. «Es protestón —apunta— pero ha resultado firme y un buen combatiente amén de que sus múltiples habilidades lo hacen hombre orquesta». Bien lo sabía el Che, cuyos pies habían encontrado alivio en las rústicas pero cómodas abarcas, que el día antes le confeccionara el Ñato y llevara puestas el día que lo asesinaron.

Los restos del bravo guerrillero boliviano fueron encontrados el 13 de febrero de 1998. El 30 de diciembre de ese mismo año fueron colocados en un nicho del Memorial Comandante Ernesto Che Guevara, en Santa Clara.

 

 

 

Pretexto oportuno para una solidaridad durable

Pretexto oportuno para una solidaridad durable

 

02/11/2012 18:05:22

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Por estos días más que nunca cobra vigencia una idea del político y teórico hindú Monadas Karamchand Gandhi, hombre de austeridad inflexible y absoluta modestia, que se quejaba del título de Mahatma (Gran Alma) dado —contra su voluntad— por el poeta Rabindranath Tagore:

 

«La fuerza —dijo Gandhi— no proviene de la capacidad física sino de la voluntad indomable». Y voluntad indomable resulta condición distintiva de los orientales que, golpeados reciente y rudamente por la Naturaleza en forma de huracán, suscitan diferentes gestos de solidaridad entre sus compatriotas de la brava isla, dañada también en su centro por la violencia de las aguas torrenciales que acompañaron el paso de Sandy.

La desgracia hermana a los hombres. Y pocos son los que no juntan fuerza y voluntad  ante catástrofes semejantes, incluso más allá de doctrinas, políticas e ideologías. Sin embargo —y paradójicamente—  existen quienes apenas le interesan las interrogantes de la vida, por lo que carecen de certezas y convicciones profundas. Muchos solo desean pasarla lo mejor posible y de la manera más placentera.

Hace dos o tres noches, ante las imágenes conmovedoras de las inundaciones en El Santo, y otras alentadores del arribo de un barco con alimentos a Santiago de Cuba —compartidas en colectivo frente al televisor de una amiga— escuché con estupor como uno del grupo dejó escapar en alta la voz:

«Caballeros, el mundo se está acabando, hay que aprovechar todo lo bueno… ¡sabroso y no cuesta nada!... Como decimos los teleluqueños: lo que te den, ¡cójelo!». Lo que para algunos pasó como chiste, —acuñado por una risotada— yo lo interpreté como el flujo amplificado de su conciencia.

A la mañana siguiente coincidimos en la parada del ómnibus. Como le conozco de vista —y también él a mí— se me ocurrió tantear la catadura de quien se expresara con tanto desenfado y ligereza ante el dolor ajeno y un acto de solidaridad internacional. Le pedí que se acercara y que me respondiera qué era para él lo «bueno», y qué, lo «malo». Sin pensarlo mucho, dijo: «Bueno es lo que me gusta; malo, lo que me disgusta». Y de seguido, me ¿aconsejó?: «No se caliente tanto los metales, mi tía, que cualquier día le va a dar un infarto…». Para colmo, una setentona, muy encopetada ella, y «sin vela en el entierro», comentó aprobatoriamente lo dicho por el muchacho: «Hace bien, para que coger tanta lucha si ahora es que está empezando a vivir».

—Ningún muchacho, señora, tiene más de 20 años y está terminando la Universidad, le contesté, enfatizando con toda intención la edad y el nivel escolar.

—No se lo tome a mal, mi hija, hay que saber perdonar, esas son cosas de juventud, expresó a modo de disculpa.

—Pues sí señora, me lo tomo a mal porque ese joven, o cualquiera que piense como él, puede derivar más temprano que tarde en un irresponsable, sin metas ni referencias, en quien los valores humanos son sustituidos por puros intereses personales, sin importar cuan torcidos puedan ser, y todo ello va conformando un hombre incauto, sin brújula capaz de señalar su norte cuando de lo ético se trate.

—Tiene toda la razón, pero el mundo está lleno de contradicciones, y solo Dios sabe…

Y ahí terminó la historia y un diálogo accidental que me sirvió para hilvanar el presente artículo, con el cual no pretendo arribar a conclusiones tendenciosas, sino incitar a la reflexión, a la polémica: sana, sensata, desprejuiciada, sin entrar en conceptualizaciones pedantes o ecuménicas que puedan restarle claridad y coherencia al discurso, enmarcado en uno de los perfiles más preocupantes en el hombre moderno: la indiferencia y el egoísmo.

¿Es capaz el hombre de dar algo sin interés, sin esperar nada a cambio? ¿Se ayuda por sentirse bien uno mismo o se ayuda para hacer sentir bien al otro? ¿De qué solidaridad se trata? ¿La de todos los días, la de ayudar a todo el que podamos, la de compartir, no lo que nos sobra, sino lo que tenemos para nosotros mismos, que es la solidaridad buena?

Un profesor de Economía —buen amigo mío ya fallecido— me explicó durante los duros años del Período Especial el «todo merecido» era el máximo responsables de la ausencia de compromiso personal y social. Al principio no lo entendía, sin embargo el tiempo le ha dado la razón. Ese desplazamiento de la responsabilidad y libertad propia hacia el otro ha provocado que las personas se acostumbren a recibir sin el más mínimo interés en saber de dónde salen las cosas. Un conflicto asentado en el nivel de consciencia y grado de compromiso en los costos materiales y psicológicos de la aparente gratuidad.

La riqueza —me revelaba— primero debe crearse para después repartirse. La riqueza no se produce sin deseos de trabajar, sin responsabilidad ante lo que se hace, sin libertad para afrontar las consecuencia, malas o buenas, de un propósito. Pero tampoco lo que se produce puede tener como único destinatario un pequeño núcleo de personas. Se negaría la esencia humana que es, sin duda, vivir por y para los demás. 

Es innegable que corren tiempos difíciles, que nuestro mundo es al mismo tiempo postmoderno y subdesarrollado. Cada día nos levantamos en medio de contradicciones y obstinaciones a enfrentar las próximas 24 horas. Pero, ¿hasta qué punto nos impiden estas situaciones disponer el corazón para que afloren los buenos sentimientos? ¿Será que no nos han enseñado a amar?

Enseñar a amar, es tal vez la misión más importante de padres y educadores. Educar en los entendimientos para ser capaces de amar a la familia, a la Patria, a sus raíces. La vida consiste en amar. Y el amor siempre implica tener fe, responsabilidad y respeto. En uno mismo, y en los demás.

Si no enseñamos a amar, el daño será irreparable, no importa cuantas otras cosas hagamos. Se necesitan personas que sirvan de ejemplo, que amen y demuestren con hechos. Entonces se aprenderá a tomar las dificultades de la vida como desafíos que dan fortaleza, tal y como propendía el humilde Mahatma.

¿Respecto a lo que es «bueno» y lo que es «malo»? Cada cual puede tener su apreciación de uno y otro. En mi caso, por formación e idiosincrasia, valoro mucho las acciones en función del prójimo. A Desde niña me enseñaron a no ser egoísta, pues «eso» no era bueno; a no vivir dependiendo de los demás, pues «eso» era malo; a no comportarse como una mendiga, pues «eso» de pedir a otros lo que una debe buscar con su propio esfuerzo, era «malo»; a pensar, decir y hacer consecuentemente, porque «eso» era «bueno». Me enseñaron a decir la verdad y hacer el bien, a ir a las esencias de los hechos, fenómenos y problemas para integrarlos, comprenderlos y resolverlos.

No sé si sería «buena» o «mala» esa educación. De lo que sí estoy segura  es que aprendí a que la felicidad no depende enteramente de los demás, ni del destino ni de la suerte. Aprendí  a compartir lo que somos y lo que tenemos; a ayudar con todas mis energías a que el otro crezca y así también progresar en lo personal.

Es preciso reconocer nuestra igualdad ante la naturaleza. Todos estamos expuestos a la «lotería genética», —la suerte que nos toca en nuestra conformación biológica—, y estamos expuestos también a las catástrofes naturales —como Sandy— que nos pueden dejar desprotegidos pero nunca sin voluntad para recuperar lo perdido, con la ayuda de todos los brazos que puedan levantarse, de todos los corazones que puedan abrirse y dar cabida como suyo al sufrimiento y la desgracia ajenas.

Bueno es lo que a todos concierta; malo, lo que conviene a unos pocos. La solidaridad no requiere ningún contrato, no tiene que estar convenida en ningún documento.

Y si de verdad el mundo se estuviera acabando, aprovechemos todo lo bueno que hay en el ser humano, aprovechemos el tiempo trabajando, no tomando lo que nos dan, sino lo que nos ganamos, afrontando y enfrentando las situaciones, «malas», aprovechando las «buenas», pero mediando siempre la utilidad de la virtud, por el bien común de la nación, que por estos días anda aprendiendo mucho del heroísmo de los santiagueros.

 

 

 

 

 

 

 

 

Alejandro Castro, hijo de Raúl, habla de Cuba, EU. y Fidel

Alejandro Castro, hijo de Raúl, habla de Cuba, EU. y Fidel

 

02/11/2012 17:40:45

 

En entrevista con RT, el hijo del presidente cubano Raúl Castro, Alejandro Castro Espín, abordó entre otros temas, la política exterior de EE.UU., las relaciones con Cuba y el estado de salud de Fidel Castro.


Según el militar e investigador cubano, la actual política exterior de Washington no cambiará, sin importar quién sea elegido presidente en las próximas elecciones, porque las decisiones «no son las de un hombre», sino de la clase empresarial y política que está detrás del sistema.

«La diferencia entre los dos partidos (el Demócrata y Republicano) son mínimas», señala el hijo del líder cubano y considera que «las decisiones que adoptan responden a los mismos intereses». «Las decisiones vienen desde atrás, del estamento de personas que, en definitiva, tienen el poder real en esa nación (EE.UU.).

Es decir, la clase política y la clase empresarial, son los que tienen realmente la capacidad de decisión, a partir de su poder económico», asegura Castro Espín. El embargo contra Cuba es «obstinación de algunas personas» Por otro lado, asegura que el embargo que mantiene Estados Unidos contra Cuba es «una actitud obstinada, de unas pocas personas que todavía tienen suficiente poder en el sistema político norteamericano».

«Existe una voluntad de que pueda existir un diálogo entre los dos países, para que puedan buscarse las vías para resolver un diferendo histórico de 50 años. Pero existen recursos y personas que logran, de una forma u otra, enrarecer el necesario diálogo que vendrá en algún momento entre las dos naciones», añadió.

Asimismo, el hijo del líder cubano, considera que la lucha armada es un anacronismo en Latinoamérica. «En este instante, en este momento de la historia de la humanidad lo es.

A partir de que existen muchísimas posibilidades que no existían antes y existe una comprensión social de muchos fenómenos que antes no se entendían. Existen otros medios también de lucha, que históricamente fueron medios de las fuerzas predominantes, de la oligarquía», aseguró.

Fidel Castro «se burla de los que lo han enterrado por enésima vez» En cuanto al estado de su tío, Fidel Castro, Alejandro indicó que goza de una buena salud. “El estado de salud de Fidel quedó evidenciado en su nota crítica, tal como él hace, en la que se burla de aquellos que lo han enterrado por enésima vez», afirmó.

«Es una persona que se ha superado a sí misma muchísimas veces. Siempre sorprende y no porque tenga 86 años deja de sorprender», agregó.

 

(Fuente: Contrainjerencia) 

 

Silvio Rodríguez: «Yo cambio, todos cambiamos»

Silvio Rodríguez: «Yo cambio, todos cambiamos»

 

 

24/10/2012 23:44:36

 

Ese es el mismo Silvio Rodríguez, seguido por generaciones de cubanos y de jóvenes del mundo, el que visitó la ciudad de Santa Clara para continuar su gira por los barrios en sus versiones 35 y 36, que tuvieron lugar en Dobarganes y Condado.

 

El mismo Silvio Rodríguez trasgresor, con pensamiento avanzado y crítico, fiel a su ética y sus esencias, el mismo trovador y poeta confiesa que necesita cambiar y que no sabe cómo va a ser mañana; el que comenzó con una guitarra en los lugares más apartados, diciendo cosas diferentes, y que no ha renunciado a decir lo que siente y a alzar su voz y su música para defender lo que cree.

Ese es el mismo Silvio Rodríguez, seguido por generaciones de cubanos y de jóvenes del mundo, el que visitó la ciudad de Santa Clara para continuar su gira por los barrios en sus versiones 35 y 36, que r en Dobarganes y Condado.   

 

 

Silvio accedió a sostener un encuentro con la prensa villaclareña, a propósito de un nuevo proyecto que ya tiene sus frutos, y que tuvo sus raíces en la Habana, según confesó:

«Hubo alguien que me sugirió una visita a un barrio y surgió la idea de hacer los conciertos en los barrios, es continuidad. Los que empezamos con una guitarra en calles, zaguanes, escaleras, portales, escalinatas, escaleritas, parques, casas de amigos, patios, así empezamos y es un poco volver a eso, ¿no? Esta idea fue para La Habana porque La Habana ha crecido periféricamente y son barrios en la periferia, donde hay hacinamiento, falta de electricidad y agua, y muy distantes de los lugares donde se hace la cultura. Es difícil para la gente que reside allí, porque las personas tienen que salir a las 4 de la tarde y llegan a la casa al amanecer, los precios de los teatros hoy son elevados. La familia cubana vive con un salario promedio de 400, 550 pesos al mes, con eso no se puede llevar una familia al teatro. Por esas razones, y también porque estamos en un momento de cambio en que gran parte de la población, cuyos trabajos dependían del Estado se han tenido que habituar a una nueva situación, por otra parte se eliminan gratuidades, por una visión más realista del mundo que hoy predomina en Cuba, entonces todo ello me hizo considerar que esto era lo que yo tenía que hacer».

Silvio confesó que la idea de venir a Santa Clara surgió a partir de una propuesta de los integrantes del Trío Trovarroco, de esta ciudad, con quienes comparte en su trabajo profesional hace varios años.

 

  

   

A propósito el bardo dijo: «Extender esa gira a Santa Clara es gracias a la invitación que me hicieron los integrantes de Trovarroco, con Rachid López, César Bacaró y Maykel Elizarde, llevamos trabajando unos seis años, y ya llevamos quizás cientos de conciertos. En una conversación empezaron a hablarme del barrio El Condado, y me pareció bien la idea de ir allí, entonces como hacemos dos conciertos, estuvimos de acuerdo en hacer otro en el barrio de Dobarganes. Hace poco hicimos dos en Cienfuegos, invitados por Los Hermanos Novo y estuvimos en San Antonio de los Baños también, de los 34 conciertos por los barrios que hemos hecho son los cinco que hemos hecho fuera de la Habana».

Una vez más, el trovador y poeta volvió a hablar de la perfectibilidad del socialismo en Cuba, de la imagen del Che, de los cambios necesarios y justos que hoy enfrenta el país, de las inquietudes artísticas que aún tiene, de la suerte de la trova en la isla, de los sueños a los que no ha renunciado. A propósito de las modificaciones de la Ley Migratoria en Cuba consideró que era un paso imprescindible en los cambios que hoy se enfrentan en la isla.

«Yo he defendido desde hace años que haya cambios en las leyes migratorias -dijo Silvio- me he buscado críticas por esos criterios,  pero creo que la alegría con que la gente recibió esta noticia habla por sí sola, yo creo incluso que esa ley es perfectible todavía, hay asuntos que surgen, una vez que se llega a un lugar, inmediatamente surgen las cuestiones nuevas. Todos estamos conscientes de ese cambio de pensamiento, sobre todo lo que toca a nuestros profesionales de la legislación, son cosas que hay que revisarlas y esclarecerlas y hacer justicia en todas ellas. Con respecto a la perfectibilidad de nuestro sistema, la idea nació en una Asamblea Nacional en la cual  se estaba hablando de la irreversibilidad del socialismo en Cuba, y era establecer algo para siempre como si fuera inamovible. Y yo dije que sí, que nuestros socialismo debía ser irreversible, pero perfectible. La vida, la misma dialéctica nos enseña que debemos cambiar. El pensamiento de Carlos Marx decía que su divisa era dudar de todo, Marx no era marxista,  era un filósofo, un hombre con sentido común, y los seres humanos debemos imitar a Marx, dudar de todo, mirarnos al espejo y comprender que podemos ser mejores, por eso yo plantée que nuestro sistema fuera irreversible, pero que también perfectible, que no pensáramos que habíamos llegado y ya, no podemos quedarnos conformes, no existe el ser humano sin inconformidad, miramos alrededor y vemos cosas mejorables, pero sobre todo debemos proponernos mejorar nosotros mismos , tenemos que ser capaces de vernos como somos y soñar con ser un poquito mejores cada día, la doctrina con que se emprenda una sociedad es la doctrina justa y científica que puede llevar adelante un pueblo», consideró el trovador.

El mismo hombre que empezó en las escaleritas y zaguanes, que después fue a Casa de las Américas a la Escalinata y se convirtió en ídolo de los universitarios, o el que una vez subió al Barco Playa Girón para ver la vida de los pescadores de la isla, confesó que el tránsito por la vida es precisamente eso, «ni más ni menos que el ejercicio de vivir, hace poco me preguntaban si estaba conforme con lo que había hecho, si había dejado un legado, con tantas cosas por hacer uno no piensa en legado, sino en ser más útil y cómo puede hacer algo necesario, en eso estamos y esa es mi divisa».

A propósito de la figura del Che y su huella en la sociedad cubana actual, Silvio reflexionó que «El Che jugaría hoy el mismo papel que jugó cuando estaba vivo,  siempre tratando de mejorar la sociedad».

Precisamente recordó sus diálogos con Haydée Santamaría y los que la Heroína del Moncada sostenía casi de manera cotidiana con los integrantes del naciente Movimiento de la Nueva Trova.

«Yo tuve el privilegio de ser amigo de Yeyé (Haydée Santamaría) y me acuerdo que ella nos contaba que en cierta ocasión Guevara le dijo un día de su cumpleaños que en el momento en que más la admiraba era cuando se “viraba” a la  redonda y empezaba a disparar ráfagas y en ese sentido sentenció el cantautor: «así sería el Che hoy».

No faltó en la conversación con periodistas villaclareños temas tan recurrentes y necesarios como el significado de la música para Silvio y sus inquietudes artísticas.

Sobre sus composiciones y la manera en que lo marcan como ser humano y artista fue rotundo. «La música es para mí todo, compromiso social, poesía, distracción. Es todo eso, es música, es poesía, entretenimiento, es haber tenido la suerte de encontrar una actividad que me absorbe, es importante encontrar una actividad así en la vida, porque cuando uno encuentra una actividad que lo llena, se siente uno muy pleno, y sé que las canciones provocan mucho en la gente, unos se divierten, otros bailan, otros cantan otros se ponen a pensar».

Más adelante expresó: «Uno corre el peligro del reconocimiento, corre el peligro de pensar que llegó, y entonces puede estancarse,  pero también puede pasar que uno quiera ir más allá y llegue un día en que se encuentre que cada vez es más difícil llegar allá, son los riesgos del artista».

Sobre el debatido tema del poder de convocatoria que hoy tiene la trova entre los jóvenes, consideró que es normal que las tendencias artísticas vayan y vengan, y recordó cómo en el momento de reaparecer la trova en Cuba, estaban de moda algunos ritmos como la rumba, el mozambique y de pronto apareció la trova, después llegaron la salsa, el jazz, el rock, el regguetón, como una muestra del ir y venir de la música de acuerdo con los tiempos que corren.

 Anunció que está haciendo un disco a partir de una mezcla de canciones con el grupo cubano Diákara, y confesó que ha sido muy grato reencontrarse con esa música,  bien grabada y bien interpretada por un grupo de talentos deslumbrantes.

Fayad Jamás decía con tantos palos que me da la vida y sigo dándole a la vida sueños. ¿Usted con qué sueña? fue la última interrogante para el fundador de la Nueva Trova en Cuba.

«Sueño con serpientes» —afirmó Silvio al recordar una de sus canciones trascendente—, y más adelante agregó: «siempre es difícil pronunciarse y decir voy a hacer esto, soy un hombre de suerte, pero no me gusta jugar con esa bondad que me ha dado la vida, no me gusta decir lo que voy a hacer, yo cambio, todos cambiamos, yo no sé cómo voy a ser mañana, tengo características que las he abandonado y otras que han permanecido en mí, entonces para qué emborronar cuartillas, quiero seguir así por la vida», concluyó el cantautor, voz de la Revolución Cubana, y que sigue movilizando a las masas cada vez que se anuncia un concierto, ya sea en Cuba o en el exterior.

 

(Fuente: CMHW /Dalia Reyes Perera)

 

Ver galería de fotos:


SILVIO RODRÍGUEZ Y TROVARROCO EN EL CONDADO, SANTA CLARA

CONCIERTO DE SILVIO RODRÍGUEZ EN EL REPARTO DOBARGANES DE SANTA CLARA