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LA TECLA CON CAFÉ

Fidel, el más preclaro hijo de Cuba en el siglo XX

 

martes, 13 de agosto de 2019
10:59:41 p.m. 

Fragmentos del discurso pronunciado por el Primer Secretario del Comité Central del Partido, el 3 de diciembre de 2016. 

La autoridad de Fidel y su relación entrañable con el pueblo fueron determinantes para la heroica resistencia del país en los dramáticos años del periodo especial (…).

Entonces pocos en el mundo apostaban por nuestra capacidad de resistir y vencer ante la adversidad y el reforzado cerco enemigo; sin embargo, nuestro pueblo bajo la conducción de Fidel dio una inolvidable lección de firmeza y lealtad a los principios de la Revolución.

Al rememorar esos difíciles momentos, creo justo y pertinente retomar lo que sobre Fidel expresé el 26 de Julio de 1994, uno de los años más difíciles, en la Isla de la Juventud, hace más de 22 años, cito:  «...el más preclaro hijo de Cuba en este siglo, aquel que nos demostró que sí se podía intentar la conquista del Cuartel Moncada; que sí se podía convertir aquel revés en victoria», que logramos cinco años, cinco meses y cinco días, aquel glorioso Primero de Enero de 1959, esto último añadido a las palabras textuales que dije en aquella ocasión.

Nos demostró «que sí se podía llegar a las costas de Cuba en el yate Granma; que sí se podía resistir al enemigo, al hambre, a la lluvia y el frío, y organizar un ejército revolucionario en la Sierra Maestra tras la debacle de Alegría de Pío; que sí se podían abrir nuevos frentes guerrilleros en la provincia de Oriente, con las columnas de Almeida y la nuestra; que sí se podía derrotar con 300 fusiles la gran ofensiva de más de 10 000 soldados», que al ser derrotados el Che escribió en su Diario de Campaña, que con esa victoria se le había partido la columna vertebral al ejército de la tiranía; «que sí se podía repetir la epopeya de Maceo y Gómez, extendiendo con las columnas del Che y Camilo la lucha desde el oriente hasta el occidente de la isla; que sí se podía derrocar, con el respaldo de todo el pueblo, la tiranía batistiana apoyada por el imperialismo norteamericano.

«Aquel que nos enseñó que sí se podía derrotar en 72 horas» y aún menos, «la invasión mercenaria de Playa Girón y proseguir al mismo tiempo la campaña para erradicar el analfabetismo en un año, como se logró en 1961.


«Que sí se podía proclamar el carácter socialista de la Revolución a 90 millas del imperio, y cuando sus naves de guerra avanzaban hacia Cuba, tras las tropas de la brigada mercenaria; que sí se podía mantener con firmeza los principios irrenunciables de nuestra soberanía sin temer al chantaje nuclear de Estados Unidos en los días de la Crisis de los misiles en octubre de 1962.

«Que sí se podía enviar ayuda solidaria a otros pueblos hermanos en lucha contra la opresión colonial, la agresión externa y el racismo.

«Que sí se podía derrotar a los racistas sudafricanos, salvando la integridad territorial de Angola, forzando la independencia de Namibia y asestando un rudo golpe al régimen del apartheid.

«Que sí se podía convertir a Cuba en una potencia médica, reducir la mortalidad infantil a la tasa más baja del Tercer Mundo, primero, y del otro mundo rico después; porque en este continente por lo menos tenemos menos mortalidad ­infantil de menores de un año de edad que Canadá y los propios Estados Unidos, y, a su vez, elevar considerablemente la esperanza de vida de nuestra población.

«Que sí se podía transformar a Cuba en un gran polo científico, avanzar en los modernos y decisivos campos de la ingeniería genética y la biotecnología; insertarnos en el coto cerrado del comercio internacional de fármacos; desarrollar el turismo, pese al bloqueo norteamericano; construir pedraplenes en el mar para hacer de Cuba un archipiélago cada vez más atractivo, obteniendo de nuestras bellezas naturales un ingreso creciente de divisas.

«Que sí se puede resistir, sobrevivir y desarrollarnos sin renunciar a los principios ni a las conquistas del socialismo en el mundo unipolar y de omnipotencia de las transnacionales que surgió después del derrumbe del campo socialista de Europa y de la desintegración de la Unión Soviética.

«La permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede, que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer, hace una evaluación correcta de cada situación y no renuncia a sus justos y nobles principios».

Esas palabras que expresé hace más de dos décadas sobre quien, tras el desastre del primer combate en Alegría de Pío (…), nunca perdió la fe en la victoria, y 13 días después, ya en las montañas de la Sierra Maestra, un 18 de diciembre del año mencionado, al reunir siete fusiles y un puñado de combatientes, exclamó: «¡Ahora sí ganamos la guerra!».

Ese es el Fidel invicto que nos convoca con su ejemplo y con la demostración de que ¡Sí se pudo, sí se puede y sí se podrá! O sea, repito que demostró que sí se pudo, sí se puede y se podrá superar cualquier obstáculo, amenaza o turbulencia en nuestro firme empeño de construir el socialismo en Cuba, o lo que es lo mismo, ¡Garantizar la independencia y la soberanía de la patria!

(Tomado de Granma)




 

Hoy, Última jornada oficial de los Panamericanos

Hoy, Última jornada oficial de los Panamericanos

 

domingo, 11 de agosto de 2019
12:29:37 p.m. 

  • La cubana Idalys Ortíz ya está en la final (11 de agosto)
  • Para Cuba serán hoy apenas seis las opciones de títulos

Luego que el sábado Cuba alcanzara una buena cosecha de medallas de oro, válidas para llegar a 31 y anclar en sexto lugar por países, llega la última jornada de estos XVIII Juegos Panamericanos Lima 2019. 

Solo una actuación rozando lo perfecto este domingo concretaría el milagro de ascender en la tabla de posiciones, pues no depende solamente de los resultados propios sino de lo que ocurra con otros países como Argentina y Colombia. Para Cuba serán hoy apenas seis las opciones de títulos. 

Los cubanos que compiten hoy: 

  • Judo: Liester Cardona, Andy S. Granda, Kaliema Antomarchi e Idalys Ortíz (eliminatoria-final)

  

Karate: Cirelys Martínez y Maikel A. Noriega (Round Robin-final)

 

(Fuentes: Cubadebate/VanguardiadeCuba)

 

 

Fina García Marruz: Me comunico mejor con el silencio

Fina García Marruz: Me comunico mejor con el silencio


viernes, 09 de agosto de 2019
5:01:09 p.m.

Es tan proverbial su timidez que rara vez ha dado una entrevista. Cuando aparece en un diálogo para la prensa es porque ha sido testigo de alguno en el que el protagonista ha sido su esposo, Cintio Vitier, «el Presidente de la República de las Letras cubanas», como lo  ha llamado Roberto Fernández Retamar.

Su sigilosa presencia pública no la hace menos conocida. Fina García Marruz es autora de una obra en la que se reconocen algunos «de los poemas de más apasionada belleza que se hayan compuesto en lengua española desde que se asomó el milnovecientos», diría otro grande de su espléndida generación vinculada a la Revista Orígenes, Eliseo Diego.

Madre de dos músicos geniales, Sergio y José María Vitier, a la poesía y a la ensayística de Fina no le ha faltado el reconocimiento internacional ni la lectura apasionada de sus contemporáneos. Difícilmente quien ame nuestra literatura desconozca, por ejemplo, los versos de Visitaciones y los de Créditos de Charlot, o sus juicios martianos, publicados en coautoría o no con Cintio, que los convierte a los dos en genuinos descubridores de nuestro Héroe Nacional. «Apóstoles del Apóstol», diría, otra vez, Retamar.  A sus premios ahora se suma el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, que recibirá en junio, en Chile, de manos de la Presidenta Michelle Bachelet.

Blindada con este pretexto para intentar la entrevista tantas veces deseada, llegué la misma tarde del anuncio del Premio al apartamentito del Vedado que comparten los esposos Vitier-García Marruz. No hay paz en los teléfonos y todavía Fina no sale de la sorpresa, mientras Cintio se balancea en su sillón, feliz como un niño. 

El diálogo se prolongó por dos horas y aunque muchas preguntas quedaron en mi agenda, dejé que la entrevista siguiera su propio rumbo, bordeando a veces ámbitos de intimidad, fascinada no solo por lo que decía, sino por cómo lo decía.  Fina recuerda de memoria, sin esfuerzo, versos de Neruda, de Gabriela Mistral, de Vallejo, de Lezama, e imita las voces conocidas. Cuando habla de música, tararea las notas. Es imposible apresar tanto talento solo con palabras. Podrían, si acaso, asomarnos a la otra orilla de la timidez de esta mujer que en abril cumplirá 84 años y que sigue entrando con el alma tremolante, como una lengua de fuego, en toda empresa: un libro, una carta, una conversación, un verso.

 NERUDA

—Fina, se impone hablar de Neruda 

Fina García Marruz: Es un gran poeta, eso no cabe la menor duda. Como todos los jóvenes de mi época, me sabía de memoria los 20 poemas de amor y una canción desesperada. Es un clásico del romanticismo americano, que no era de escuela, sino de esencias. Venía del romaticismo libertario. También leí con gusto Crepusculario y La tentativa de un hombre infinito, pero sobre todo Residencia en la tierra.

 

Tanto Tala, de Gabriela Mistral, como Residencia… son libros focales de la poesía americana. Cuando a Cintio le dieron la Medalla de Honor por el Centenario de Pablo Neruda, terminó su discurso con los versos de Residencia…

Cintio Vitier: Del poema «Entrada en la madera», que cierra con ese verso relampagueante: «y ardamos, y callemos, y campanas.»

—¿Han visitado Chile?

Fina García Marruz: Estuvimos en Santiago y en Valparaíso.

Cintio Vitier: Visitamos la casa de Neruda en Isla Negra, que más que una casa es un castillo. 

Fina García Marruz: Isla Negra es impresionante, con ese mar dando sobre aquellas soledades. No sé cómo se puede vivir contemporáneo con ese mar.  La casa está llena de objetos marinos de toda especie y mascarones de proa bellísimos. Aquella casa parecía en sí misma los restos de algún naufragio.

—Hablando alguna vez por usted y por él, Cintio dijo que «desde La Araucana de Alonso de Ercilla, profunda es nuestra deuda con la cultura chilena». ¿Ratifica esas palabras?

Fina García Marruz: Absolutamente. Leí esa obra en el bachillerato y allí descubrí el valor arauco que admiró a Ercilla, como también sorprendió al cubano Manuel de Zequeira, que hablaba de «esos indios que llevan penachos de plumas», enfrentados a un ejército mucho mejor armado. Ese valor ha persistido en el pueblo chileno, que dio a un líder tan entrañable como Salvador Allende.

 

—¿Usted conoció a Neruda personalmente?

Fina García Marruz: Solo lo vi una vez, y fue aquí, en La Habana, en marzo de 1942. Hizo una lectura preciosa de los sonetos de amor y muerte, de (Francisco de) Quevedo.  

Cintio Vitier: En la Academia de Artes y Letras de Cuba, al amparo del Arco de Belén, centro mágico de La Habana Vieja. Dijo algunas palabras de presentación, pero su homenaje fundamental fue recitar, inolvidablemente, los poemas de Quevedo.

Fina García Marruz: ¿Te acuerdas, Cintio? Recorría la sala de un extremo a otro, recitando de memoria. Recuerdo, como si lo estuviera oyendo: Cerrar podrá mis ojos la postrera/ sombra que me llevare el blanco día… Aspiraba la última sílaba, pero mucho más débilmente que Gabriela Mistral, sin esa voz declamatoria que adquirió después y hemos escuchado por la televisión, recitando el Canto General.

—Perdóneme la pregunta obvia: ¿qué se siente con un premio que lleva el nombre de Pablo Neruda?

Fina García Marruz: Un honor, una sorpresa. Estoy muy agradecida, pero ante un premio, cualquiera que sea, uno piensa siempre en tantos escritores que lo merecían, y no lo recibieron. Martí, «el hombre más puro de nuestra raza» —como lo llamó Gabriela—, no tuvo sobre su pecho más que una medallita escolar que recibió a sus nueve años. Eso obliga a una gran humildad. 

PROFECÍAS MARTIANAS

 —En el argumento del jurado se reconoce su «espiritualidad cristiana, abierta a las preocupaciones sociales del mundo.» ¿Qué es para usted lo más urgente hoy?

Fina García Marruz: Permíteme responder con dos profecías que hizo Martí para Nuestra América. La primera está en la frase «Ya se probó el odio, ahora se prueba el amor». Me extrañó siempre esa frase, porque da por sentado que el amor ya está instalado en el presente. Pero es que el tiempo de su prosa —como en los profetas— es el del presente que será, porque, como tú sabes, el odio se probó y se sigue probando.  No ha quedado atrás. Tengo la impresión de que él alude aquí a su discurso fundacional, que conocemos como «Con todos y para el bien de todos», donde dice que habrá que poner alrededor de la estrella, la fórmula del amor triunfante -con todos y para el bien de todos.  Ese amor triunfante no excluirá absolutamente a ningún país.  El habla de un presente un poco más lejano al tiempo que vivimos hoy en Nuestra América, donde vemos un indudable alborear. El habla para ese momento en que todos puedan vivir pacíficamente. Tiempo que llega.

Sobre este sentido del presente en Martí, Cintio ha recordado esta anécdota, que me parece hermosísima. El padre de Martí, que era un militar escaso de luces, aunque con la «honradez en la médula» —como decía Martí—, temía por su hijo desde niño, como Doña Leonor que le dijo «quien se mete a redentor termina crucificado». Cuando Martí publica La Patria Libre —como sabes, él tenía 16 años—, Mariano también trata de advertirle a su hijo los enormes riesgos que se corría en una cárcel a la que podían llevar hasta niños pequeños. Los dos temían por su vida. Años después, Mariano le increpa: «Pero tú eres solo de ‘presente». Sin quererlo, fíjate qué clase de elogio. 

—¿Cuál es la segunda profecía? 

Fina García Marruz: Tiene que ver con la gran esperanza en el progreso de la Ciencia que caracterizó al Siglo XIX, que la ve solo como fuente del  Progreso y de libertad absoluta. Pero Martí escribe: «Riesgo de la ciencia sin el espíritu», que vio simbolizado en el personaje Wagner del Fausto, de Goethe, lo que estaba ya en el Génesis, en lo del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, situado en el Paraíso frente al Árbol de la Vida.  Libertad no absoluta, sino con ese límite -señalado en el Libro de la Sabiduría salomónica-, que lo había puesto en los cuatro elementos para que no inundaran, arrasaran o hicieran arder la tierra. La idea no era nueva, y estaba ya en el libro de Job y en los griegos.  Pero cuando Martí señala esto, el tema estaba muy lejos de ser preocupación para los ecólogos de su tiempo. Hoy es el tema central del nuestro.

—Estas no parecen ser preocupaciones urgentes del Imperio que domina hoy.

Fina García Marruz: La primera víctima del Imperio fue Cristo, y sus seguidores, a los que con crueldad característica el Imperio echó a los leones en lo que Martí llamó «los primeros cinco siglos puros» de la Iglesia -a los que acaso añadió uno, ya que fue en el Siglo IV que el Emperador Constantino se proclamó cristiano sin serlo. Él puso a la Iglesia al servicio del Imperio, y no al revés. El nada «católico» Rey Fernando -no así la Reina Isabel que sí se preocupó por los indios-, trajo un Cristo «impío», «inquisitorial», y no al de los «brazos abiertos», como diría Martí. Fue una gran traición al verdadero legado de Moisés, a quien, a su llegada a Caracas, Martí dedicaría su gran discurso, desdichadamente perdido.

—Dice Ernesto Sabato que si vamos a juzgar a la humanidad por lo que ha hecho hasta hoy, tendríamos que admitir que ella ha dado más pruebas de locura que de cordura. ¿Lo cree usted?

Fina García Marruz: No hay nada más parecido al Apocalipsis que los titulares de la prensa de hoy: inundaciones nunca vistas, terremotos, guerras, la miseria apoderada de medio planeta; los cuatro Jinetes, en fin… Pero no te olvides de que el Apocalipsis termina bien. Cristo dijo: «cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el reino de Dios está cerca.» Reino que habría de empezar en la tierra, no extraña a ella, ya que enseñó el «Venga a nosotros tu Reino». Ya en nuestra América empiezan a surgir fuerzas que están tratando de encontrar una solución a la ambición imperial, y aun en los propios Estados Unidos -antes de que se acabe el mundo. La catástrofe ecológica alcanzaría por igual a todos.

GABRIELA

—Hablemos de Gabriela Mistral. ¿Cuándo la conoció?

Fina García Marruz: Ella vino en 1934, cuando yo solo tenía once años, pero cuando regresó a Cuba, en 1938, le llevé al entonces Hotel Vedado -donde residieron Juan Ramón Jiménez y su esposa Zenobia por tres años- mi ejemplar de Tala, como le llevaban otros. La Editorial Sur acababa de publicarle su libro Tala. Ella me lo dedicó bondadosamente.

—Usted tenía entonces solo 15 años 

Fina García Marruz: Era una adolescente que hacía mis primeros versos y ella se comportaba como la generosa maestra que era para todos. Con sus letras anchas, abiertas, fluidas, que se tomaban casi entera la página, me escribió: «Para Fina García Marruz, compañera en el amor de nuestra madre la poesía. Gabriela Mistral.»

Cintio Vitier: ¡Qué linda dedicatoria!

Fina García Marruz: Esa tarde también estaban allí el poeta Emilio Ballagas, un grupo de damas del Lyceum de La Habana y otros poetas mayores que ya conocía. Tú no estabas, Cintio. Aunque Cintio y yo  nos habíamos visto en la Hispano-Cubana de Cultura, en el 36,  cuando Fernando Ortiz invitó a Juan Ramón y otros exiliados de la Guerra Civil española, nos tratamos realmente —también a Eliseo— en nuestra entrada en la Universidad, en 1940.

En aquella ocasión en que conocí a Gabriela, desde donde yo estaba sentada, en una sillita un poco retirada, no podía oírla del todo bien, pero sí lo suficiente para que me sorprendiera su voz lenta, aindiada…

—Que algunos dijeron que era monótona 

Fina García Marruz: Yo no lo creo. Tenía, si acaso, la monotonía del paisaje andino. Yo tengo muy mala memoria visual, pero muy buena memoria auditiva. Y recuerdo cómo ella leía su propia poesía. Me parece que tengo todavía en el oído su peculiar cadencia, como aspirando, hacia adentro, la última sílaba: Tengo -la -di-cha fi-el/ y la di-cha  per-di- da.  Son muy frecuentes esos cambios acentuales de la poesía popular anónima española y en la latinoamericana, como cuando dice (Rubén) Darío a Francisca Sánchez: acompaña-mé, volviendo aguda la entonación llana. O (César) Vallejo: cuando habráse quebrado el propio hogar…

—¿Qué fue lo que más le impresionó del  primer encuentro con Gabriela?

Fina García Marruz: Su físico. Era una mujer que parecía una montaña, no solo por lo grande y recia, sino por esa sensación que daba de pureza elemental. Tenía la risa niña, una risa que me recordaba lo blanco de la sal, o cuando rompe el agua entre peñascos oscuros.

—Gabriela regresó en 1953 a La Habana, para asistir a la conmemoración del Centenario de Martí. ¿La vio entonces?

Fina García Marruz: Yo no asistí, desgraciadamente, a la conferencia que ella dio. Aunque mi nombre aparece en una larga lista de personas que colaboraron en esa celebración, nosotros no recibimos invitación alguna, ni tuvimos nada que ver con esas fiestas que se celebraron. La  fecha, por supuesto, no podía dejarse pasar, en una República que estuvo lejos de la que quiso Martí. En el primer ensayo que escribí, dedicado a él y publicado en 1952, me referí precisamente a la «tristeza del homenaje oficial». Fue Fidel quien dio a la Generación del Centenario su verdadero sentido.

Cintio Vitier: Aunque estaba Batista en el poder, el Centenario había que celebrarlo y hubo aportes importantes, como el estudio de Fernando Ortiz y el de Anderson Imbert, quien prácticamente descubrió la novela de Martí Amistad funesta. Aún en medio de la política andando y ardiendo.

Fina García Marruz: Desde luego que los que fueron invitados a hablar hicieron bien en saltar por encima de la situación política del país y rendirle —a él solo— una recordación y homenajes tan necesarios en aquel momento.

—En esa época Gabriela colaboró con Orígenes.

Fina García Marruz: Cintio y yo la vimos en casa de Dulce María Loynaz, donde ella residía. Le pedimos una colaboración para la Revista y ella, con una gran sencillez, nos dijo: «espérense», y fue un momento a su cuarto y regresó con varios manuscritos. Elegimos el poema que figura, en lugar principal, en el número que Orígenes dedicó al Centenario de Martí.  Número, por cierto, en el que (José) Lezama publica sus comentadísimas palabras que avizoraban las «cúpulas de los nuevos actos nacientes», que como ha dicho Cintio, en esa época nadie podía imaginar cuáles eran esos nuevos actos nacientes que se gestaban. Fue profético.

Cintio Vitier: Ella vino con una bandeja cubierta con un montón de poemas y dijo: «escojan el que quieran».

Fina García Marruz: Otra vez más la vimos, creo que en el Ateneo, donde Dulce María leyó los versos de Gabriela. No recuerdo si fue en esa ocasión, o en otra posterior, que pude oírle a ella misma leer fragmentos de su bellísimo poema inédito dedicado a la geografía de Chile. ¿Qué pasó con este poema que nunca se ha publicado completo? ¿Qué pasó con las notas que dejó para una biografía de Martí, que ni siquiera la entrega del Nobel hizo posible que se rescatara? Son preguntas que nos hemos estado haciendo todos estos años.

—¿Por qué este homenaje tan sentido a Gabriela en el momento en que usted recibe el Premio Pablo Neruda?

Fina García Marruz: Por causas obvias, estuvimos muy cerca de la poesía de Gabriela. Y de algún modo ella es Chile para nosotros.

Cintio Vitier: Es que a ella también le debemos el mejor ensayo que se ha hecho a los Versos sencillos, de Martí.

Fina García Marruz: Y también, Cintio, su texto «La lengua de Martí». Son dos clásicos de la estimativa martiana. En el estudio que estoy preparando sobre Gabriela, me detengo bastante en su lenguaje. Ella tiene lo que Juan Ramón llamaba «acento», pero esto tiene que ver más con la escritura. En ella se aprecia el «tono», que en el lenguaje americano se expresa como «deje», que es lo que quedó de la Conquista en la lengua indígena. Es decir, el traspaso al habla del signo escrito. Está en el «parla y parla» de la «tarde cocinera» de Vallejo y en la Gabriela de «El ruego» por su novio suicida, por el que reza a Dios familiarmente «parlándote un crepúsculo entero». Gabriela tomó muchas de sus palabras del vocabulario hogareño. Ella dice, cuando llevan a la tierra «humilde y soleada» al que perdió para siempre, «luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas», con el gesto del que esparce canela sobre el dulce hogareño. Ella es, a mi juicio, nuestra Teresa americana, recia como la de Ávila. Es extraordinaria como poeta.

SER POETISA NO ES UNA DEBILIDAD

—¿Poeta o poetisa?

Fina García Marruz: Hay algunas escritoras a las que no les gusta la palabra «poetisa», porque piensan que es más débil que poeta, que afortunadamente termina en «a».  Yo creo que son dos cosas completamente distintas. La poetisa a la que se le pudiera llamar «poeta» es alguien que crea un idioma y Gabriela creó uno. Sor Juana Inés de la Cruz, por la que siento una admiración enorme, con toda la riqueza de su sensibilidad y estilo, es más bien una poetisa, lo cual no es una debilidad. Sor Juana no es débil en lo absoluto. Un poema es un poema, no tiene adjetivos: tan grande es un poema suyo, como el de Gabriela. Lo que quiero distinguir es que como indica la palabra poiesis, la poesía como creación, es algo muy diferente. James Joyce es un creador de idioma, lo que no son otros excelentes novelistas. Eliseo Diego decía, con toda razón, que había que sacar a Gabriela de la Historia de la Literatura para incorporarla a la Historia de la Lengua.

—¿Usted se siente poeta o poetisa?

Fina García Marruz: Soy más bien una poetisa, si nos atenemos a este análisis.

LA MÚSICA

—Una vez le pregunté a Cintio cuál era su mayor orgullo, y me dijo, sin pensarlo: «mis hijos músicos.» Doy por descontado que la madre de las criaturas va a decir lo mismo, pero me gustaría que explicara por qué.

Fina García Marruz: Tengo que decir lo mismo.

Cintio Vitier: Me estas plagiando (ríe)

Fina García Marruz: Sí, tengo que plagiarte. Tú sabes que nosotros somos de un pájaro las dos alas. Lo que él siente, es exactamente lo que siento yo.

  

Cintio Vitier: En mi caso hay una razón: yo quise ser músico y no lo fui, y mis hijos lo han cumplido.

Fina García Marruz: La música quizás fue en nosotros la primera poesía. Mi madre y mis hermanos, mi casa toda —como ha contado Cintio— era «musical». Estaban todos los géneros representados: Cintio, violinista; mamá (Josefina Badía) lo acompañaba al piano con un amplio repertorio clásico; mi hermano, Felipe Dulzaides, fue uno de los que introdujeron en Cuba el jazz latino; mi hermano Sergio, que era médico, tenía una voz preciosa.

Con 15 años, mi madre fue Premio del Conservatorio Orbón, de La Habana, en un certamen al que llegaban muchachas de toda la Isla que habían estudiado con maestros particulares. Era tan niña cuando empezó que el maestro tenía que cargarla, pues no llegaba a los pedales. Decía que en Cárdenas no había otra que hacer que tocar el piano, año tras año, sin llamarlos primero ni octavo. Así cuando llegó al último año, fue examinarse la guajirita de Cárdenas, con trencitas y vestidita de blanco, al Conservatorio de Benjamín Orbón —el padre de Julián, que como se sabe perteneció a Orígenes—, las habaneras le preguntaban: «¿Y tú no estás nerviosa? ¿Tú sabes qué va de Chopin?». Y ella: «¿Yo? No. Mi maestro me lo hizo aprender todo.» Y ganó el Premio, que era ofrecer un concierto por la noche con Benjamín, en la fiesta de graduación. Mi hermana Bella conserva el suelto del periódico con el comentario que él hizo de nuestra madre: «Puede llegar a ser una concertista.» 

Esa fue su formación, al igual que Cintio, que estudió por años y años el violín. De hecho, me ha dicho, que él tenía más ambiciones como músico, que como escritor.

Cintio Vitier: Pero ahí está, difunto, mi violín (se ríe).

Fina García Marruz: Un violín, que yo creo que es alemán, con una sonoridad muy buena. A mamá le gustaba tocar con «su yerno violinista». ¿Te acuerdas?

Cintio Vitier: Ella tocaba perfectamente a primera vista.

—¿Estudió usted algún instrumento?

Fina García Marruz: No, por razones largas de explicar. Pero lo que más amo sobre la tierra es la música, igual que Cintio. Para mí es más fuerte, casi, que la poesía. La música es mi madre, mis hermanos, mis hijos, mi familia.

—¿Y su padre?

Fina García Marruz: Era médico y mi hermano no se dedicó a la música, porque mi padre lo influyó en su pasión por la medicina. Y como a él no lo conocían como el Doctor García, sino como el Doctor Marruz, él decía: «Yo quiero que mi hijo sea partero como yo», y fue al juzgado a cambiarle su apellido por «García-Marruz», cuando el niño llevaba poco de nacido. Pero mamá le dio el amor por la música. Y él no solo se sabía las óperas que todos se saben, sino otras, raras. A casa iba el barítono Hugo Marcos, a quien le gustaba cantar con mi hermano, que tenía una voz linda. No tenía tanta extensión, como un timbre muy bonito. De modo que mi hermano Sergio aportó el gusto por la música italiana; Felipe, la música norteamericana, y mamá, el repertorio clásico, las danzas cubanas, la zarzuela española y Manuel de Falla, de quien nos enseño las siete canciones. Hasta Cintio cantaba en el coro de la casa…

Cintio Vitier: Sí, y hasta Eliseo, que en el coro de las sombrillas baritoneaba: «¡Yo soy un caballero español!»

Fina García Marruz: Y a eso se sumaría que  Alfredo Hernández, el esposo de mamá —ella se casó tres veces— era el mejor trompeta de Cuba, al extremo de que cuando fueron a filmar El Manisero, en Hollywood, lo mandaron a buscar a él. Alfredo nació en Remedios. Sus hermanos eran músicos y tocaban todos los instrumentos. Mamá tocaba más bien las danzas de Saumell y la canción romántica cubana. Cuando venían a La Habana escuchábamos entonces lo que nos faltaba en casa: el danzón y el son.

Cintio Vitier: Ellos eran de Remedios, como Alejandro García Caturla…

Fina García Marruz: Donde casi todos fueron discípulos de un cura que enseñaba solfeo cantado, pero sobre todo rezado, que es ya más difícil. Aprendían a leer una partitura solo con las notas, tomando las distancias, que es muy complicado. Esta es una de las razones que me alejó a mí de la música. Tenía buen oído y en el primer año de solfeo me aprendí de memoria las notas, pero el problema era el de cantar sin ellas, el solfeo mudo. Y además mi hermana y yo tuvimos un maestro que no nos gustaba para nada.

—¿Se distanció de la música?

Fina García Marruz: Por esa dificultad y porque yo me abstraigo. A mí me cuesta mucho trabajo atender dos cosas a la vez y para tocar ese instrumento se requiere independencia de las manos y leer a la vez la clave de sol y la de fa. 

Eso no lo hace ni el violinista, ni el saxofonista. Solo el pianista. Y mamá nos enseñaba mucha música, pero a ella no le gustaba dar clases, sino repertorio. Además de todo eso, tuve desde niña gran afición a la lectura. Me era más apasionante que jugar, y eso también me alejó de la música.

Cintio Vitier: Fina, el orgullo por nuestra familia «musical» se extiende también al amigo genial que los dos tuvimos.

Fina García Marruz: Sí, nuestro entrañable Julián Orbón, que como dice Cintio «es el único genio que había conocido».

Cintio Vitier: No solo como músico, sino como persona.

Fina García Marruz: Lezama mortificaba a veces a Julián y decía: «Cintio siempre dice que es músico, pero nadie le ha oído tocar nunca el violín.»

Cintio Vitier: Es verdad que no toqué nunca delante de él ni tampoco delante de Julián, por lo que este me dijo: «Cintio, trae el violín un día.»

Fina García Marruz: Una noche fuimos al «Palacio Orbón» -como la llamaba Lezama, con sus hipérboles-, la casa de Julián medio deshabitada. Cintio tenía una característica: nunca tocaba el violín, pero cuando lo sacaba no lo soltaba.

Cintio Vitier: Julián me hizo el honor de darme, para que yo lo tocara, el único cuarteto que él escribió, cubanísimo… 

Fina García Marruz: Después de aquella experiencia Julián le dijo a Lezama: «Cintio domina el violín… Puede tocar como primer violín en la Sinfónica.»

Cintio Vitier: La música para nosotros es un alimento.

Fina García Marruz: A veces siento una pequeña depresión y cuando busco el por qué me doy cuenta de que hace algún tiempo que no escucho música. Sin música me siento mal.

EL SILENCIO

—Hablemos de su poesía, que ha recibido las mejores críticas que podría esperar un autor.

Fina García Marruz: He tenido suerte, porque nunca necesité llevarle a nadie mis poemas. Tenía en la casa a Cintio y a Eliseo, y como amigos a José Lezama Lima.

—Si me deja elegir una frase de los críticos que han escrito sobre su poesía, quisiera recordarle las palabras de Cintio, en la antología Diez poetas cubanos (1948): «Fina hace de sus poemas verdaderos movimientos del alma.»

 

¿De qué, silencio, eres tú silencio?", una cuidada antología de la obra de la autora, que incluye poemas inéditos y la reproducción de algunos manuscritos. 

Fina García Marruz: El elogio viene de muy cerca.

—A la opinión de Cintio podríamos añadir la de María Zambrano: Fina testifica de modo más nítido la actitud de la poesía en su función de salvar el alma. 

Cintio Vitier: Eso aparece en un artículo de María, bellísimo: «La Cuba secreta».

Fina García Marruz: En cambio, los críticos más importantes de la época no entendieron el lenguaje nuevo de los extraordinarios Sonetos de la muerte de Gabriela, que la darían a conocer en el mundo de las letras.  

—Sé que Gabriela le escribió una dedicatoria muy especial, que usted comenta en un poema.

Fina García Marruz: A las jóvenes que iban a verla, ella les dedicaba algunos estímulos en tarjetones que ocupaban toda una página. En el que me dedicó, lo que me impresionó fue solo esto: «Escriba solo por urgencia del alma.» Es lo que recuerdo en el poema que le habría de dedicar, tanto tiempo después.

A Juan Ramón Jiménez —que había pedido que los jóvenes le llevaran sus versos— sí le mostré algunos poemas, cosa que me avergüenza. Cuando se los entregué, yo no había leído nada de él todavía. Cintio sí lo había leído un año entero antes de que llegase y por tanto, tuvo la posibilidad de un aprendizaje directo de su obra.  Pero yo solo había leído poesía en los libros del colegio y en textos de poca calidad. Aunque conocía a Bécquer —tengo todas sus Rimas copiadas por mamá—, según costumbre de los jóvenes de la época, yo no sabía qué era realmente la poesía. Y se puede leer la poesía buena como si fuera mala y no descubrir qué es lo esencial en un poema; lo «herédico» —como decía Martí—. Yo no sabía qué era lo becqueriano. No hay que aprender el griego, decía él, sino saber qué es lo griego.

—En Hablar de poesía usted niega que exista una «poética».

Fina García Marruz: Digo que no se debiera tener «una» poética. En la poética personal debieran entrar todas las otras poéticas posibles. Juan Ramón nos enseñó a buscar: no una poética en general, sino la característica principal de cada poética.

Cintio Vitier: Lezama decía: «Juan Ramón no nos enseñó su poesía, sino la poesía.»

Fina García Marruz: Exactamente eso fue lo que nos enseño.

—Fina, ¿qué le falta por escribir?

Fina García Marruz: Desearía terminar algunos trabajos que tengo inconclusos, por ejemplo, uno acerca de José Asunción Silva, poeta que me interesa mucho. También, el de Gabriela. Cintio y yo tenemos dos tomos aún inéditos de Temas Martianos y yo otro sobre las ideas educacionales de Martí. Cintio llama la «Cueva de Montesinos» al lugar en que guardo esos  trabajos.

Nunca me apuré por publicar. En el tiempito que nos queda, me gustaría tener alguna paz para terminar al menos algo que no he dicho ni en la poesía, ni en el ensayo: sobre las relaciones de la Religión y la Revolución, que forma parte de un trabajo que me pidiera el Padre Espeja para su coloquio sobre ateos y creyentes, que se dio en el aula Bartolomé de las Casas, de San Juan de Letrán, bajo el título «El rumor del alma cubana, y que no pude terminar de leer por el apagón más grande que ha conocido el Vedado.

—¿Sigue escribiendo poesía?

Fina García Marruz: Muy poca, aunque no he dejado de escribirla del todo, pero no la busco: la espero cuando viene, aunque es bien huidiza.

—¿A qué se debe esa resistencia suya, desde muy jovencita, a publicar sus obras?

Fina García Marruz: Siempre me costó mucho trabajo decidirme. Si te fijas, suelen pasar 20 años desde que he terminado un libro a la fecha en que se publica. Pero ahora «antes de morirme quiero» decir algunas cosas. Solo algunas, veremos si el tiempo me lo permite.

—¿Por qué le cuesta tanto trabajo dar entrevistas y hablar de sí misma?

Fina García Marruz: Me siento en esos casos como una violinista a la que le piden un concierto de flauta.  Yo me comunico mejor con el silencio, sin el que no se podrían dar la poesía, la música, ni el encuentro con uno mismo.

(Fuente: Cubadebate/Rosa Miriam Elizalde*/19 marzo 2007)  

*Periodista cubana. Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros «Antes de que se me olvide», «Jineteros en La Habana», «Clic Internet» y «Chávez Nuestro», entre otros. Ha recibido en varias ocasiones el Premio Nacional de Periodismo «Juan Gualberto Gómez». Fundadora de Cubadebate y su Editora jefa hasta enero 2017. En twitter: @elizalderosa

 

 

Confluencia de sonido y silencio

Confluencia de sonido y silencio

 

jueves, 08 de agosto de 2019
10:05:49 p.m. 

Por Mercedes Rodríguez García 

Si no fuera por el cuerpo, que con sus órganos y sistemas ya defectuosos me cobra cada día el tiempo transcurrido, diría que fue ayer cuando conocí Vanguardia desde la oficina de un director que reclamaba mucho a cambio de muy poca plata, y que no tardó en decirme que prescindía de mis servicios como secretaria, pero que según el jefe de información, tal vez como reportera diera la talla. 

De lo narrado a la fecha falta solo un mes para los 47 años, y ya el pasado 9 de agosto el periódico cumplió diez años por encima. Así que ambos nos empezamos a tratar jóvenes, lozanos, plenos, en una Cuba políticamente consolidada, pero donde a nivel ideológico —en sus afanes de equidad y justicia— el dogma se imponía desde una óptica optimista e idealizada, y no existía nada más cierto que lo práctico.

De modo que le di a Vanguardia la espalda como secretaria y, junto con él y un grupo de curtidos colegas, me fui haciendo periodista, que lo soy más de práctica y trastazos que de tesis y academia, conseguidas estas a más corto término, cuando 1980 asomaba su esplendidez en todos los sentidos. 

El tiempo, ¡caray! El tiempo y su marcha inexorable me han otorgado la veteranía en un oficio que también tiene de arte, y ahora más que nunca, de ciencia. 

No obstante, aún me arropan la misma angustia y el miedo sostenidos durante décadas, cuando bajo presiones y exigencias trataba de redactar la información exacta y sintética, el artículo de fondo comprensivo y expansivo; el comentario breve, pero colorido y juicioso —mucho antes de que se escuchara el primer disparo—; el borrador de un extenso reportaje, la entrevista que develara los ojos y el corazón del otro, la crónica circunstancial, aunque tónica, poética y vehemente… «No quiero pintoresquismos, hay que bajar al fondo», repetían sin ambages los jefes de información y redacción.

Y así —decana por canas y razones—, continúo temerosa de no tener ojos, oídos y cerebro suficientes para mirar, escuchar y comprender lo que en el difícil entramado de las sociedades ajenas acontece, pero más, lo duro y hermoso de la mía, nación que lleva inscrita en su bandera la fórmula fraternal y humana de la vida.

Y no, no vayan a pensar en añoranzas, que nunca me he dejado arrastrar por la nostalgia ni permitido que me arrebaten la alegría, la que define en versos Benedetti como un principio, un destino, una certeza, un derecho.

¿Evocaciones garciamarquianas? Sí, hasta donde resulte útil el recuerdo de los antaño agitados y ruidosos talleres de composición e impresión, y las siempre animadas salas de redacción, cuando en informal tertulia se discutían en caliente los temas de cada página y se le daban los toques finales a la edición del otro día; cuando entre los periodistas no se hablaba de nada distinto que del oficio mismo, y todo el periódico era un magisterio ambulatorio y apasionado de 24 horas.

Ahora las salas de redacción —parafraseo al Gabo—parecen laboratorios asépticos para navegantes solitarios, y resulta más fácil comunicarse con los fenómenos cósmicos que con el corazón de los lectores. Falta —digo yo— el «sonido colectivo», porque ahora entra personalizado por un cable que lo lleva al oído desde el celular o la laptop. Aunque existe certeza en tal apreciación y en eso de que urge moverle el alma al periodismo, ¡quién sabe! Es tanta la contaminación sonora circundante que nos hemos acostumbrado a la percepción del ruido. Tal vez, como ha confesado sucederle a nuestra poetisa Fina García Marruz, las nuevas generaciones se comunican mejor con el silencio.

Entonces, a un lado las evocaciones inoportunas y las morriñas a deshoras que, en lugar de entonar los ánimos, quiebran el espíritu y constriñen el júbilo.

Otro asunto sería la necesidad de no olvidar ni desaparecer de un plumazo lo que fue, lo que fueron e hicieron los predecesores. Vale, pues, lo del tango gardeliano: «con el alma aferrada / a un dulce recuerdo». Pero hasta ahí, porque como canta Tony Ávila, el trovador cubano, «los que no son iguales son los tiempos», y «tiene que haber de to’ para que haya mundo y humanidad».

Y en este caso, no es asunto neto generacional , sino de política editorial y dinámicas de producción consecuentes e inteligentes.

Desde las redacciones tenemos que sumarnos todos al giro revolucionario transformador de la nación y, como verdaderos mosqueteros, actuar y crear productos comunicativos sin diferencias sustanciales entre los puntos de vista del que escribe y el que exige una información detallada, esclarecedora y convincente.

De ahí la preeminencia para continuar innovando, cambiando, moviendo, proyectando, aprovechando ahora los recursos que brindan las no ya tan nuevas tecnologías, lo cual les ha permitido desarrollar en su plataforma digital proyectos exitosos, encabezados por quienes son hoy —en su época— como de cierta manera fuimos ayer, en la nuestra.

Los padres desearíamos siempre que nuestros hijos fueran parecidos a nosotros, aunque no siempre sabemos cómo lograrlo, ni ellos comprenden por qué queremos. Esa es la parte mala de la ausencia de diálogo y el exceso de complacencia, no genéticos.

De cambio en cambio —directores y logotipos incluidos—, Vanguardia ha sabido mantener su esencia, principios y razones desde que viniera al mundo bajo los metálicos y fragosos engranajes de una terca rotativa, ungido de aceites y chamusquina, en el más caluroso de los meses del año 1962, del pasado siglo.

No son los mismos tiempos, ni posee estrepitosos linotipos ni escandalosas máquinas de escribir, pero es escuela.

Para bien, hay nuevos y silenciosos bullicios que disipan las antiguas y «ruidosas» nostalgias del gran Gabo.

Celebremos, pues, con alegría tan genuina y legítima confluencia.

Cuba en el quinto lugar del medallero en Panamericanos 2019

Cuba en el quinto lugar del medallero en Panamericanos 2019


viernes, 02 de agosto de 2019
12:42:55 a.m. 

Boxeo cubano en su primera final de los Juegos Panamericanos de Lima 2019, aporta cuatro oros (Danier Peró, Julio C. la Cruz, Roniel Iglesias y Lázaro Álvarez) y una plata (Yosbany Veitía). —Oro y boleto olímpico para Jorge Álvarez, y plata de Leuris Pupo en pistola de tiro rápido a 25 m.

 

 

 

Cartel final de este viernes

Jorge Félix Álvarez tuvo tirada de cuatro dianas en la última ronda y se llevó el título en la pistola de tiro rápido a 25 metros. Leuris Pupo marcó en tres ocasiones y con acumulado de 26 puntos ganó la plata. Esta es la cuarta medalla de oro del tiro deportivo cubano en Lima. 

Esta es la cuarta medalla de oro del tiro deportivo cubano en Lima. Además, con este éxito Jorge Félix Álvarez consigue boleto olímpico a Tokio 2020.

(Fuente: vanguardiadecuba/agencias)

 

 

Presidente cubano se reúne con familiares del médico villaclareño secuestrado en Kenya y le expresa aliento y afecto en tan difícil situación

Presidente cubano se reúne con familiares del médico villaclareño secuestrado en Kenya y le expresa aliento y afecto en tan difícil situación

 

jueves, 01 de agosto de 2019
11:49:41 a.m.

El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, se reunió este miércoles 31 de julio en Santa Clara con familiares del médico villaclareño Landy Hernández, secuestrado junto a su colega Assel Herrera Correa desde el pasado mes de abril en Kenya. 

Díaz-Canel publicó en un mensaje a través de su cuenta en la red social Twitter: «En Santa Clara nos encontramos y conversamos con la familia del Doctor Landy Rodríguez Hernández. Le expresamos aliento y afecto en tan difícil situación. Familia trabajadora y humilde que todos debemos apoyar».

        

Tras el intercambio, Marta Hernández de la Concepción, madre del colaborador de la salud villaclareño, expresó: «Siempre he confiado que la Revolución nunca abandona a sus hijos. Nuestro Presidente nos ratificó que no han cesado ni un momento en los esfuerzos y gestiones para su regreso a salvo a nuestro país. Como ellos son buenos muchachos y su labor es humanitaria, confiamos en su retorno».

Por su parte, Leticia Díaz Rojas, esposa de Landy Rodríguez, agradeció el encuentro sostenido con el Presidente cubano: «Desde que lo vimos nos inspiró confianza y nos ratificó que se está haciendo todo lo posible para el regreso a la Patria, tanto de Landy como de Assel. Queremos transmitir el agradecimiento en nombre de nuestra familia por la visita del Presidente. Nos ofreció aliento y nos dio detalles del proceso que se está realizando».   

En el encuentro participaron también Yudí Rodríguez Hernández, miembro del Comité Central y primera secretaria del Partido en Villa Clara; Alberto López Díaz, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular; así como las máximas autoridades del municipio de Placetas, tierra natal de Landy Rodríguez.

Assel Herrera Correa, especialista de Medicina General Integral de la provincia de Las Tunas, y Landy Rodríguez Hernández, especialista en Cirugía de la provincia de Villa Clara, fueron secuestrados en el condado de Mandera, República de Kenya, mientras prestaban servicios de salud como parte de la brigada médica cubana en ese país.

(Fuente: vanguardiadecuba)

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Lynchpin, primera banda caribeña que actuará en Cuba

Lynchpin, primera banda caribeña que actuará en Cuba


martes, 30 de julio de 2019
12:22:26 p.m. 
 

Pioneros de la escena metalera trinitaria la banda metalera de Trinidad y Tobago, Lynchpin, ofrecerá una serie de conciertos en festivales de rock de Cuba a partir de agosto y compartirá escenario con la banda Tendencia en Pinar del Río y La Habana. 

La alineación está formada por Sievan Siewsarran (voz), Jignesh Khatri (bajo), Aaron Maharaj (batería) y Gerard Ferreira (guitarra) y continuará en la Isla las celebraciones por el décimo aniversario de su fundación. 

La banda, perteneciente al catálogo de la disquera independiente Dead Sea Records Caribbean, con base de operaciones en Los Ángeles y Surinam, es un símbolo del undergound metalero de su país y se mueve dentro de los parámetros del deathcore. 

Con su primer disco, Millennial Holocaust, publicado en 2018, incrementaron considerablemente su empuje hasta situarse como uno de los nombres cimeros de ese estilo en el ámbito caribeño. Antes, en 2016,  publicaron su primer EP que los situó en el radar de las disqueras y emisoras internacionales. 


“Estamos muy contentos de actuar en Cuba! Hemos escuchado algunas bandas cubanas: ¡Tendencia es una de las principales! Cuando vayamos a Cuba, estaremos de gira junto a ellos. Pensamos que seremos bien recibidos… Somos diferentes y aportamos un estilo distinto”, dijeron los integrantes de la banda a la revista cubana de metal Subtle Death.


El vocalista de la alineación, Sievan Siewsarran, aseguró que estos conciertos pueden abrir puertas para un mayor intercambio cultural entre su país y Cuba. 

«Tienen una gran escena de rock, y debido a que Cuba está aislada en términos de redes sociales y tradicionales, es muy difícil lograr que los artistas se crucen. Ninguna banda de rock caribeña ha tocado nunca en Cuba, por lo que tenemos la oportunidad de cruzar allí, de abrirnos camino y de establecer puentes para ver qué se puede hacer «, comentó al diario Sunday Newsday. 

En los últimos años la banda ha reunido méritos para defender su puesto de honor en el metal caribeño. Fue el primer grupo de la región en subir al cartel del renombrado festival Wacken Open Air, en Alemania, y en presentarse en el prestigioso club The Cave, en Amsterdam. 

(Fuente: cubametal)

Papa Francisco envía condolencias por fallecimiento del Cardenal cubano Jaime Ortega

Papa Francisco envía condolencias por fallecimiento del Cardenal cubano Jaime Ortega


sábado, 27 de julio de 2019
1:42:52 p.m. 

A través de un telegrama, el Sumo Pontífice manifestó sus más sentidas condolencias y su paternal cercanía a los familiares del fallecido, así como al clero y a los fieles de la Arquidiócesis de la capital cubana.

El Papa Francisco escribió a la Iglesia en Cuba para expresar su pésame por el fallecimiento del Arzobispo emérito de La Habana, el Cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, quien partió para la casa del padre el pasado viernes 26 de julio.

En la misiva papal dirigida a Mons. Juan de la Caridad García Rodríguez, al actual Arzobispo de San Cristóbal de La Habana, y firmada por el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, Francisco aseguró que “ofrece sufragios por el eterno descanso del difunto, quien sirvió a la Iglesia y a sus hermanos en los diferentes encargos que la Providencia le confió”.


 

El Obispo de Roma también envía en el texto su bendición apostólica como signo de esperanza cristiana.

Por otro lado los obispos de la Conferencia en Cuba han emitido un comunicado en el que señalan que les anima saber que el fallecido permanecerá entre nosotros acompañándonos con el recuerdo de su amable sonrisa, su inteligencia clarividente y el testimonio de un sacerdocio entregado y en ocasiones sufrido.

También recuerdan en el documento algunos de los lemas que el cardenal eligió como inspiración de su sacerdocio, y mencionan las innumerables acciones y obras pastorales del cardenal cubano Jaime Ortega, quien en vida jugó un papel clave en el acercamiento entre la Iglesia y el Estado. 

El Cardenal Jaime Ortega Alamino, falleció en la capital cubana a los 82 años de edad, después de haber padecido la enfermedad del cáncer.

Nicaragua envía condolencias al Papa por muerte de cardenal cubano

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, envió este viernes un mensaje de condolencias al papa Francisco por la muerte del cardenal cubano Jaime Ortega, Arzobispo Emérito de San Cristóbal de La Habana.

“Le escribimos hoy desde esta Nicaragua, siempre bendita y siempre libre, para trasladar nuestros sinceros y profundos sentimientos de condolencias y solidaridad por la partida a otro plano de vida de su eminencia reverendísima, cardenal Jaime Lucas Ortega Alamino, incansable luchador por la paz y la armonía entre los pueblos”, apunta la misiva.


Le escribimos hoy desde esta Nicaragua, Siempre Bendita y Siempre Libre, para trasladar nuestros sinceros y profundos Sentimientos de Condolencias y Solidaridad por la partida a otro Plano de Vida de Su Eminencia Reverendísima, Cardenal Jaime Lucas Ortega Alamino, incansable Luchador por la Paz y la Armonía entre los Pueblos.

El mandatario nicaragüense califica al religioso de fiel discípulo de Jesús de Nazaret, y señala su incansable labor en la prédica de la palabra de Dios y de propiciar el entendimiento entre los religiosos y las personas de buena voluntad.

“Sus enseñanzas y testimonios de hombre de bien, permanecerán como un faro para Cuba, Centroamérica y América Latina”, destaca el texto firmado también por la vicepresidenta Rosario Murillo.

(Fuente: RHC/aciprensa/EuropaPress/PL)

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