20170802125555-eusebio-leal-y-los-jovenes.jpg


miércoles, 02 de agosto de 2017
6:33:36 a.m.
 

  • El mejor tiempo es el que nos tocó vivir
  • Cada tiempo tiene su propia afán
  • Yo soy moderno ahora, pero mi papá fue moderno en su tiempo
  • La juventud es la única enfermedad que se cura con el tiempo 

 

En la sede de su Oficina, antigua Casa de Arango y Parreño, el Historiador de la Ciudad de La Habana, Doctor Eusebio Leal Spengler, compartió con representantes de la Unión de Jóvenes Comunistas de La Habana Vieja, quienes realizan por estos días su Festival Municipal con vistas al próximo Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, a celebrarse en la ciudad rusa de Sochi, en octubre. 

No importó la diferencia de edad. El diálogo fue espontáneo, como nos tiene acostumbrados: de un joven, “con algo más de experiencia” —como él mismo se calificó—, con otros jóvenes. Hizo anécdotas, dio criterios y, sobre todo, opinó sobre importantes temas de nuestro devenir histórico como nación, y como personas. 


“El mejor tiempo es el que nos tocó vivir; eso siempre hay que tenerlo presente, pues hay que vivir con intensidad y hacer lo que uno siempre quiere y puede hacer”, comenzó diciendo, y reflexionó más adelante: 

 “Cada tiempo tiene su propia afán. Ustedes representan, son, dentro de su individualidad, un colectivo. Porque la historia la hacen los pueblos, pero los pueblos son una suma de individualidades. Pobre de nosotros si no fuera así. Aun ciertas cosas que consideramos como sagradas, pueden resultar, cuando uno las analiza, complejas. Fidel, por ejemplo, fue el líder de su generación. De haber sido todos iguales nada habría ocurrido…” 

En más de una ocasión, las risas se apoderaron de los presentes, pero detrás siempre la reflexión y la invitación a mirar al pasado y no pensar que estos tiempos son mejores que los anteriores. 

“Todo viene relacionado e imbricado. Siempre en la historia, lo precedente parte de la idea de que toda modernidad fue precedida necesariamente por otra. Yo soy moderno ahora, pero mi papá fue moderno en su tiempo”, aseveró, y añadió luego: 

“El mundo sería muy aburrido si todos fuéramos iguales. Por eso lo más importante es la unidad en la pluralidad. Tiene que haber siempre un espacio para la singularidad (…). 


“El accidente de ser jóvenes puede remediarse con el tiempo, porque la juventud es la única enfermedad que se cura con el tiempo. Una vez que somos jóvenes y hemos tomado conciencia que tenemos fortaleza y capacidad para hacer cosas que ya mañana serán más difíciles, si tenemos un propósito, hagámoslo. Si tenemos un propósito de estudiar, estudiemos. Porque todo el mundo tiene un don y ese don debe aprovecharse (…) 

“Cada cual tiene que desarrollar su carácter. Peinarse según sus costumbres; arreglarse sus costumbres. Y tener esa convergencia respetuosa que tiene que ver con nuestras actitudes. Porque debemos defender nuestra singularidad y respetar la singularidad de los demás. 

“Un pueblo que se niega a sí mismo perece. Tenemos que reafirmar nuestros matices, nuestras características, nuestra singularidad, y lograr la unidad en la diversidad, sobre bases de un principio fundamental: la rabiosa defensa de nuestro derecho a ser un pueblo, a escoger nuestro propio camino, a recorrer nuestros propios extravíos, a analizar nuestros propios errores”. 

 (Fuente: HR)

Enlaces relacionados: