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7:18:34 p.m. 

En reñido encuentro, los Tigres avileños derrotaron 4-2 a los Leones del Escogido y se colaron en las semifinales de este sábado frente al invicto elenco mexicano Venados de Mazatlán. (Foto: José Adolis García se vistió de héroe y decidió el choque de supervivencia entre los equipos que no habían ganado un juego hasta ayer).

Ciego de Ávila a todo pulmón mostró el béisbol que sabemos jugar los cubanos y metió a la Mayor de las Antillas en la semifinal de la 58 Serie del Caribe al vencer al dueño de casa en un partido muy disputado, y en el que Vladimir García peleó su juego con toda la debida fiereza y Miguel Lahera se actuó como un coloso en la lomita para que José Adolis García se vistiera de héroe y decidiera el choque de supervivencia entre los equipos que no habían ganado un juego hasta ayer. 

El timonel Roger Machado y su equipo tomaron todos los riesgos, tal y como demandaba la extrema situación, era todo o nada. Así alineó con el receptor defensivo desde la arrancada para darle confianza a Vladimir, sabiendo que en las postrimerías ante la exigencia de más ofensiva iba a perder la necesitada custodia de home y la conducción del pitcheo. 

En el cuarto, tras los dos jits seguidos de Yulieski Gurriel y Alfredo Despaigne, optó por tocar con Yosvani Alarcón. 

Discutida jugada que en lo personal no señalo como errada; con el marcador debajo situaba hombres en posición anotadora y un elevado con dos hombres de fuerza detrás le permitía el empate a dos. Sin embargo, la vulnerabilidad de Yoelvis Fiss hizo que el inning cayera en dos outs y Yeniet Pérez tampoco las trajo. ¿Era temprano para el sacrificio? Sí. 

¿Era un momento importante luego de par de imparables que mostraban al lanzador por debajo? Sí. 

Y como si los riesgos hubieran sido pocos, Machado tomó otro, se quedó sin designado buscando la ventaja en la oncena entrada, cuando sustituyó a Osvaldo Vázquez en la caja de bateo. 

El mentor le dio juego a casi todos sus peloteros de posición, no dejó de buscar la fórmula que le diera la ansiada victoria. Y cuando  mandó a Stayler Hernández de emergente en la octava, el industrialista convirtió al Quisqueya en el Latinoamericano, para que Yulieski Gurriel, el mejor hombre del ataque cubano y avileño, viniera a consumir un trascendental turno y no falló; como los grandes, elevó largó entre el izquierdo y el central para igualar el choque a dos carreras. 

Por más de cuatro horas dominicanos y cubanos, en el terreno y también en las gradas, sentían el corazón latirles en el pecho, como si quisiera salírseles. Hasta nosotros los periodistas, que somos seres humanos y también nos corre sangre beisbolera, no pudimos contener las emociones, lo cual no tiene nada que ver con la profesionalidad. Y en esa adrenalina a borbotones hasta discutí y una frase, como un colosal error en el campo, se me fue con mis compañeros. Cosas de la pelota, de cubanos y también de los que aquí viven, que igual que nosotros respiran strikes y bolas en vez de oxígeno. 

Delante de los bateadores cubanos pasaron años de experiencia y lujo en las Grandes Ligas estadounidenses como los acumulados por Joel Peralta y Fernado Rodney quien, con todo su abolengo ligamayorista, visiblemente lesionado, no escatimó en estar en la lid por su país y salir en ese onceno capítulo que no pudo terminar porque el dolor lo obligó. 

Así de grande fue la batalla de Santo Domingo, en la que además de Vladimir, Yeniet Pérez también salió lastimado por no regresar de mano a la inicial, y en la que José Adolis García prendió cohete decisivo al central frente a otra joya del pitcheo quisqueyano, Rafael Soriano, para llevar las dos de ventaja a la pizarra. 

Si bien no habían ganado un partido en toda la serie, la manera en que enfrentaron este premió a ganadores y perdedores, pues le regalaron al béisbol la estirpe caribeña, que engrandece a este deporte tan bello como desquiciante. Razón tenía Orlando Méndez, periodista de la principal emisora de la República Dominicana, la Z101: “voy a celebrar gane quien gane, lo dieron todo”. 

Desde el inicio la cara avileña fue otra, por primera vez en el torneo marcó delante y no dejó que se despegara el rival cuando este tomó ventaja, porque Vladimir fue el grande que queríamos ver en el montículo y Lahera sentó cátedra. Y como nada es perfecto en la pelota, como no lo es en la vida, Machado trajo a Cano en la oncena con dos hombres en bases y sin out. Si lo iba a traer, era abriendo la entrada, no arriba de un volcán. Pero lo sacó de la candela rápido y José Ángel García demostró por qué es el mejor relevista cubano. 

Hoy es contra México, en la semifinal. Los Venados de Mazatlán son los únicos que no han perdido, pero a ellos los cubanos fueron a quienes mejor le batearon. 

(Fuente: Granma)

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