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28/02/2013 16:54:54 

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

El humor es definido como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. «El humor es la gentileza de la desesperación», dijo alguien (creo que Oscar Wilde), y consiste en «tratar a la ligera las cosas graves, y gravemente las cosas ligeras», como (tampoco estoy segura) afirmara Woody Allen. Pero lo mejor del humor es que «corrige riendo las costumbres», adagio que manejan aquellos para quien el humor es un instrumento educativo.

 

Este dibujo que le ofrezco hoy a mis lectores de internet pertenece también a Pedro Méndez Suárez, de quien ya he publicado unas cuantas «humoradas» gráficas en La Tecla con Café, y a quien deseo continué recuperándose de la cruel isquemia cerebral que le sobrevino hace ya casi un año, pero que a fuerza de terapias y mucha fuerza de voluntad ha ido venciendo al punto de pintar a la zurda lo que solía hacer con la derecha, por lo que ahora, con más razón que nunca, le da un toque particular a lo siniestro.

Aquí les ofrezco una muestra de su humor negro, se que se ejerce a propósito de cosas que suscitarían, contempladas desde otra perspectiva, piedad, terror, lástima o emociones parecidas. De ahí que cuestione situaciones sociales que generalmente son serias mediante la sátira, y tenga asunto más recurrente en la muerte y todo lo que está relacionado con ella.

Este tipo de humor atañe los temas más oscuros y dolorosos para el ser humano y que, por norma general, suelen resultar controvertidos y polémicos para la sociedad porque están relacionados con la moral. Algunos ejemplos pueden ser: las grandes tragedias, las normas sociales, el sexo, los asesinatos, el suicidio, las enfermedades, la pobreza, la locura, el terrorismo, la drogadicción, la violación, las discapacidades, la guerra, la religión, la política, etc., pero representados en forma cómica.

«Precaución» constituye un alerta, un llamado a cuidarnos de la guerra, que si viene en grande (como parece llegará de seguir las cosas como van),  ni las osamentas bajo tierra escaparán de las terribles consecuencias atómicas. Así, que de poco le servirá a esta calavera salida de la pluma del director de Melaíto, el chaleco antibalas. No olvidemos pues los modernos y más sofisticados proyectiles suelen ser teledirigidos, desde cualquier punto, ni se escuchan ni se ben, y pueden adoptar la forma de hasta un inofensiv colibrí.

Vale entonces la alegoría gráfica del artista plástico villaclareño, pero a la cual yo dotaría de un chip con un mensaje al presidente de Estados Unidos:

 «Aguante la mano señor Obama, que la cosa está fea y con los asiáticos no se juega. Recapacite y de marcha atrás a su política ¿guerrista? ¿antiterrorista?, sopena de que algún día su nación amanezca hecha polvo. Y de esta polvareda (nada parecida a la de las Torres Gemelas) no escaparemos. Tampoco quedará cronista para contarla. De nada valdrán la cautela, ni los inconvenientes previstos, ni las tácticas ni las estrategias para enfrentar las dificultades o daños que puedan temerse. La «gran guerra» la tenemos en las narices. Y apesta tanto que su mal olor comienza a ahogar la Casa Blanca».

 

Ver tambien otras caricaturas de Pedro Méndez:


 

Sobre «Melaíto» siga el link si le interesa saber más: