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Por Mercedes Rodríguez García

Ante la eventual llegada de petróleo procedente de la «Deepwater Horizon», hundida frente a las costas de Luisiana el 22 de abril, y alquilada y operada por British Petroleum (PB), la Guardia Nacional trabaja en la instalación de un muro de contenedores de cables y plástico en el norte de Dauphin Island. Considerada zona de aves migratorias de importancia global. El accidente, además de los once fallecidos al explotar la plataforma, patentiza una vez más el fracaso de la política energética de Estados Unidos en el Golfo de México.

Matt Kelly, capitán de la brigada 711 que trabaja en la playa con un componente químico que solidifica el combustible y facilita así su recogida, explicó a Ignacio de los Reyes  enviado especial de BBC Mundo al Golfo de México que cuanto  el crudo llega a la costa y entra en contacto con esta sustancia, se convierte en una especie de goma que flota y sale a la superficie.

El petróleo, tanto en forma de glóbulos dispersos en la playa como dentro de las zonas húmedas pantanosas, se ha acumulado en las cañas costeras que impiden la erosión y protegen la costa, básicas para el desarrollo sostenible de los hábitat de la zona, lo que demuestra la magnitud de la catástrofe.

De acuerdo con The Times-Picayune (el periódico de mayor difusión de Nueva Orleans), en el área amenazada se produce la mayor cantidad de marisco de todo Estados Unidos. Es también territorio vital para la invernada o descanso de más del 70% de las aves acuáticas del país, y terreno utilizado por las 110 especies de aves neo-tropicales migratorias.

Dicen los investigadores que el 90% de todas las especies marinas en el Golfo de México dependen de los estuarios costeros en algún momento de su vida, y la mayoría de los estuarios se encuentran en Luisiana, ahora en peligro por un derrame de petróleo que podría durar meses.

Luisiana es el mayor productor de pescado y marisco en Estados Unidos, con unas ventas anuales de unos 1.800 millones de dólares (1.400 millones de euros). La pesca recreativa genera cerca de mil millones de dólares (772 millones de euros) en ventas anualmente, y la deportiva, cerca de 757 millones dólares (585 millones de euros) anualmente en Luisiana. En resumen, más de 7.700 puestos de trabajo.

La tecnología que podría haber detenido esta catástrofe resulta obligatoria en otros países, y asciende a medio millón de dólares (386.000 euros). No obstante la industria se ha opuesto a su uso por considerarlo «muy costosos». En comparación,
British Petroleum obtuvo seis millones de dólares en beneficios durante el primer trimestre de 2010, y gastó 3,5 millones dólares haciendo lobby político durante ese mismo trimestre.

«Permitir que la escabrosa industria de los combustibles fósiles continúe operando como hasta ahora no convertirá a Estados Unidos en un país energéticamente independiente, únicamente dejará un medio ambiente cada vez más degradado. La lucha contra el cambio climático y una
política energética limpia deben alejarnos del petróleo completamente y acabar con la dependencia de este combustible peligroso y sucio», opina Greenpeace en su página digital de España.

El 22 de abril la plataforma se hunde en el mar y comienzan los vertidos más importantes. El 10 de mayo la organización ecologista detectó rastros de petróleo en tierra (Port Eads), en el extremo sur de Luisiana y tomó muestras del vertido, y el 20 del propio mes pidió al presidente Obama y al Congreso, «detener inmediatamente cualquier nueva perforación en alta mar incluidos los planes pendientes en el Ártico.»

Exactamente un mes después, el  20 de abril, a las 22:00 horas, la plataforma Deepwater Horizon, de la compañía Transocean, ubicada a 84 kilómetros de la costa estadounidense, al sureste de la ciudad de Venice en el Estado de Luisiana, explota y se incendia. En la misma trabajaban 126 trabajadores, 11 de ellos perdieron sus vidas.


Desde el 22 de abril, cuando la plataforma se hundió en el mar y comenzaron los derrames más importantes, la cantidad de crudo vertido al mar se estima entre 450.000 y un millón de barriles.

Mediante una cúpula dispuesta sobre la fuga de petróleo en el Golfo de México por British Petroleum (BP), se ha conseguido encaminar hacia barcos en la superficie unos 6.000 barriles en 24 horas, y la técnica muestra señales positivas en cuanto a su funcionamiento.

La petrolera británica espera poder incrementar en los próximos días el porcentaje de petróleo capturado,  y se ha comprometido en voz de Darryl Willis, vicepresidente de recursos de BP en Estados Unidos, a indemnizar a todos aquellos todos los «que hayan sufrido problemas de salud o pérdidas económicas como consecuencia del vertido» de crudo, «fundamentalmente pescadores de camarones, ostras y cangrejos».

¿Lo hará? (De promesas no cumplidas sabemos mucho luego del terremoto en Haití el pasado 12 de enero). Eso sí, a su consejero delegado, «no se le ha pasado por la cabeza» -según publicación digital La voz de Galicia- que pueda ir a la cárcel ni tampoco perder su cargo al frente de BP.

Creo que de acuerdo al mal (en el mar) las acciones solo constituyen paliativos, como el uso de dispersantes, una combinación de sustancias químicas diseñada para descomponer la mancha de crudo en pequeños fragmentos, antes de que llegue a la costa, pero también capaces de contaminar las especies que viven en el ecosistema marino y, en opinión de muchos científicos, provocar cáncer y mutaciones genéticas.

Yo también como la colega ambientalista Laura Plitt, me pregunto: ¿No será peor el remedio que la enfermedad?