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Tú eres otra mujer, yo soy otro hombre,
cada uno, como extraños, ataviado
con un traje distinto frente al orbe
para cuando el reloj marque las cuatro.

Hubo un tiempo de amor que sin reproche,
sin medir un desdén, sin un reclamo
ascendías a mí vuelta fulgores
y tu voz era un eco entre mis labios.

Hubo un tiempo de amor en que el deseo
encendía una llama en mi garganta
y me hacía volar hasta tus cielos.

De lo que fuimos ya no queda nada
mas apagar no puedo los destellos
de aquel tiempo que entre mi sueño avanza.

Un fuerte abrazo de los Cinco.

Con amor para todos los tiempos, Tony