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Gaspar, Melchor y Baltasar, los tres Reyes Magos, llegaron por días como estos, hace más de 2.000 años, a celebrar el nacimiento del niño Jesús. Portaban tres regalos: oro, incienso y mirra. Del oro y el incienso todos conocemos algo. Sin embargo, de la mirra casi nadie sabe. Quemar una varilla de incienso se ha puesto de moda, y le achacan poderes mágicos y afrodisíacos.

Lo cierto es que al arder desprende un humo aromático que ha sido utilizado durante miles de años para fines religiosos, terapéuticos y en la producción de perfumes. Se trata de una resina vegetal del árbol de la Boswellia, y en China y Japón se utiliza en los rituales de adoración a deidades porque piensan que el humo puede llevar las oraciones al cielo. Se dice también que el incienso tiene propiedades calmantes y en la antigüedad se empleaba para tratar la melancolía. (Depresión). En India se le usa para la artritis y ha sido muy estudiado para comprobar su potencial curativo en asma, osteoartritis, enfermedad de Crohn y colitis.

El pasado año investigadores de las universidades Johns Hopkins en Estados Unidos y la Hebrea de Jerusalén revelaron que el humo del incienso aliviaba la depresión y ansiedad en ratones, y que el responsable era un compuesto llamado acetato de inciensola. Aunque no se ha podido comprobar los beneficios del incienso para estas enfermedades en humanos, sí se sabe que es efectivo como repelente de mosquitos.

La mirra es una resina (Commiphora myrrha) y en árabe significa «amargo». Durante miles de años tanto el bálsamo como el extracto de planta han sido considerados curativos debido a sus propiedades antisépticas y antiinflamatorias. En China se le aplica para curar heridas, cicatrices, sangrado y para aliviar la inflamación. Hoy la mirra ya no es tan famosa como tratamiento farmacéutico.

Un fármaco basado en derivados de la planta fue producido en Egipto y presentado como una «cura milagrosa» para la esquistosomiasis, una enfermedad parasitaria de países en desarrollo. Pero la medicina fue rápidamente descalificada en estudios científicos que concluyeron que no era realmente un agente antiesquistosoma.

La mirra, sin embargo, sigue siendo muy usada en la industria cosmética, que afirma que el producto tiene propiedades antienvejecimiento. De hecho, el incienso y la mirra son la base de los productos de belleza más populares en la actualidad, e incluyen lociones «revitalizantes», bálsamos corporales y sueros para la «juventud instantánea».

De oro, además de su valor como metal precioso se emplea en restauraciones dentales, y en las conexiones de dispositivos médicos como marcapasos y stents utilizados en el tratamiento de enfermedades cardíacas. Gracias a su alto grado de resistencia a la colonización de bacterias, el oro también es ideal para implantes donde existe un alto riesgo de infección, como el oído interno. Pero quizás su aplicación más antigua ha sido como componente de fármacos para el tratamiento de la artritis reumatioidea.

El científico francés Jacques Forestier descubrió en 1929 las propiedades del oro como antiinflamatorio. Según cable de la BBC estudios más recientes comprobaron que las sales del oro inhiben la producción de una molécula que provoca la inflamación responsable de la artritis cuando se acumula en cantidades excesivas en las articulaciones de manos y pies. En las últimas décadas se ha descubierto que esa misma molécula también parece ser responsable de otras enfermedades inflamatorias e infecciosas, incluido el VIH.

En 2003 científicos de la Universidad Nacional de Singapur patentaron un complejo farmacéutico basado en oro para el tratamiento de cáncer. El profesor Leung Pak Hing descubrió que los complejos de oro y fosfina podrían tener beneficios como agentes antitumorales en tratamientos quimioterapéuticos y actualmente se están llevando a cabo ensayos clínicos para comprobarlo.

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