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LA TECLA CON CAFÉ

Cronicafeando

Lo que nos queda por vivir

Lo que nos queda por vivir


7:49:56 a.m.

Un pensamiento que a veces «revoletea» en la mente de los seres humanos, es la gran incógnita  que constituye  no saber  cuántos años vivirán. Aunque la mayoría tiende a preferir el desconocimiento por el horror que implica esa «fecha de vencimiento»,  otros argumentan la conveniencia de saber, para preparar condiciones elementales cuando hay por medios hijos pequeños o adolescentes, u otros familiares dependientes.

No caben dudas que respecto a ese tipo de «ignorancia», el no saber, facilita una mejor calidad de vida, al no tener sobre las cabezas esa constante Espada de Damocles.

No obstante, según como van las cosas, el avance indetenible de la ciencia se acerca a ese objetivo, justificado incluso por beneficios —que no cuestionamos— en aras de la salud.

Puede que los escépticos se burlen de esas predicciones, pero fueron escépticos también los que tiempo atrás negaban la posibilidad de que el sexo de los fetos se pudiera descubrir antes del parto.

Por todas esas razones, y admitiendo el incuestionable avance de la ciencia, recogimos la información emitida por un  grupo de investigadores de la Universidad de Lancaster, Reino Unido, concentrados en  desarrollar una tecnología que será capaz de predecir los años de vida de un individuo y hasta las enfermedades que pudiera contraer.

El pequeño equipo, similar a un reloj, cuenta con un láser especial que analiza las células endoteliales de los vasos sanguíneos más pequeños de la piel mediante la medición de las oscilaciones dentro de las células.

A partir de ahí, el dispositivo proyecta —en una escala de cero a 100—, los años de vida que le restan a una persona.

Según los investigadores, la nueva tecnología ya se comprobó en un grupo de alrededor de 200 voluntarios con resultados satisfactorios; no obstante, reconocen que todavía es necesario ajustar más los datos que ofrecen.

Estos expertos concluirán el proyecto, aproximadamente, dentro de un año, e incluyen la posibilidad de disminuir el tamaño del equipo, además de establecer un precio conveniente, que pudiera promediar los 200 euros.(265 dólares)

Es teoría admitida que con la utilización de este dispositivo se pudiera profundizar más en los estudios  sobre el cáncer, ganando tiempo para su cura, y también  informar sobre los procesos de envejecimiento, o alertar ante los hábitos o  costumbres que más le perjudican.

Esperemos pues el resultado de este proyecto, y confiemos que sirva de medidor confiable para tomar en cuenta los factores de riesgos, y sobre todo, aprovechar con sabiduría cada minuto que nos quede por vivir.

(Fuente: HR) 

 

Principales abdicaciones en el mundo desde Eduardo VIII de Inglaterra a Juan Carlos I de España

Principales abdicaciones en el mundo desde Eduardo VIII de Inglaterra a Juan Carlos I de España

 

3:22:41 p.m. 

Tras el anuncio este lunes de la abdicación del rey Juan Carlos I de España en favor de su hijo, el príncipe Felipe, a continuación las principales abdicaciones en el mundo desde 1936. 

  • En Reino Unido, Eduardo VIII abdica el 13 de diciembre de 1936 para poder contraer matrimonio con Wallis Simpson, una estadounidense divorciada, evitando una grave crisis constitucional. Su hermano menor Alberto, padre de la actual reina Isabel II, es coronado rey de Inglaterra con el nombre de Jorge VI en mayo de 1937. 
  • Víctor Manuel III, rey de Italia, abdica el 9 de mayo de 1946 debido a su colaboración con el derrocado régimen fascista de Mussolini. Su hijo Humberto II, llamado «el rey de mayo», se ve obligado a exiliarse en junio del mismo año, después de un referéndum que instaura la República. 
  • Miguel I de Rumanía es obligado a abdicar por los comunistas en diciembre de 1947, y unos meses después se ve forzado a partir al exilio. Había sucedido a su padre, Carol II, en 1940, considerado como el responsable del desmembramiento de la «Gran Rumanía». 
  • Leopoldo III de Bélgica, en el trono desde 1934, pero en el centro de una controversia debido a algunas de sus acciones durante la Segunda Guerra Mundial, abdica el 16 de julio de 1951 en su hijo Balduino I. De esa forma trata de evitar los riesgos de guerra civil que amenazan su regreso al trono tras seis años de exilio. 
  • El rey Faruq I de Egipto abdica en julio de 1952 durante la revolución liderada por Naser, 16 años después de subir al trono. Lo sucede su hijo Fuad II, pero la proclamación de la República lo obliga a a partir al exilio junto a su familia, menos de un año después, en junio de 1953. 
  • El gran duque Juan de Luxemburgo abdica el 7 de octubre del año 2000, después de 36 años de reinado, en favor de su hijo mayor, el príncipe Enrique, sexto gran duque de la monarquía luxemburguesa. Juan había sucedido a su madre la gran duquesa Carlota, después de su abdicación en 1964. 
  • En Liechtenstein, el príncipe soberano Juan Adam II transmitió en agosto de 2004 la regencia a su hijo mayor Luis. 
  • El rey de Camboya Norodom Sihanuk, de 81 años, renuncia a la corona el 7 de octubre de 2004 mientras es sometido a un tratamiento médico en Pekín por un cáncer. El Consejo del Trono elige como sucesor a uno de sus hijos, el príncipe Norodom Sihamoni. Sihanuk subió al trono por primera vez en 1941, pero ya había abdicado una vez en 1955 en favor de su padre, antes de convertirse en monarca constitucional en 1993. 
  • La reina Beatriz de Holanda, de 75 años, abdica en abril de 2013 en su hijo Guillermo Alejandro, tras un reinado de 33 años. Beatriz ya había heredado el trono tras la abdicación de su madre, la reina Juliana, de 71 años, el 30 de abril de 1980. Y la propia Juliana recibió el trono de manos de su madre, la reina Guillermina, en 1948. 
  • El emir de Catar, jeque Hamad ben Jalifa al Tani, abdica en junio de 2013 en favor de su hijo, jeque Tamim ben Hamad al Tani, para pasar el testigo a la nueva generación en este rico Estado gasístico del Golfo con un papel diplomático de primer orden. La abdicación del emir, de 61 años, en el poder desde 1995, es una de las pocas marchas en la historia reciente del mundo árabe. 
  • Alberto II, rey de los Belgas, abdicó en julio de 2013 a los 79 años, tras 20 años de reinado, en su hijo mayor Felipe. El rey, que sucedió en 1993 a su hermano Balduino, fallecido inesperadamente, pidió a los belgas apoyar al nuevo monarca para mantener la «cohesión» del país, dividido entre flamencos y valones. 

La abdicación anunciada este lunes del rey Juan Carlos I de España (76 años) en favor de su hijo, el príncipe Felipe, pone fin a un reinado marcado en sus últimos años por los problemas de salud del monarca y un escándalo de corrupción que salpicó a la familia real. 

Juan Carlos I, que subió al trono tras la muerte del dictador Francisco Franco en noviembre de 1975, construyó su popularidad al encabezar como jefe de Estado la transición de España hacia la democracia.

(Fuente: AFP)

 

 

 

 

 

Felipe VI, el futuro rey de España «mejor preparado»

Felipe VI, el futuro rey de España «mejor preparado»


2:48:56 p.m. 

Tras el anuncio de abdicación de su padre, Don Felipe será el primer rey español con una licenciatura universitaria, en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, y un master, en Relaciones Internacionales por la Universidad de Georgetown (EEUU). Don Felipe de Borbón accede a la Corona a los 46 años de edad. 

Fue su propio padre quien así lo definió hace poco más de un año. «Yo diría que de los Príncipes de Asturias de la historia de España —está mal decirlo, presumir, pero presumo de hijo—, yo creo que es el mejor preparado que ha habido hasta ahora. O sea que podemos tener confianza, seguridad», aseguraba Don Juan Carlos. Felipe de Borbón (46 años) ha sido educado con un único objetivo: convertirse en rey. Un rol que asume ahora tras el anuncio de abdicación de su padre. 

Su gran desafío ya no es convencer a los «juancarlistas», sino convencer en un momento en que el apoyo popular a la monarquía se encuentra en su mínimo histórico. A su favor, Felipe VI llegará además al trono como el miembro de la casa real —junto con su madre— mejor valorado: el 66,4% de los españoles tiene una opinión positiva del príncipe. 

Discreto y más reservado que su padre (aunque amante del deporte como buen Borbón), el hasta ahora heredero llevaba preparándose para el trono desde su infancia. A los nueve años se convirtió en Príncipe de Asturias. La propia Reina Sofía contó a Pilar Urbano en «La Reina» cómo el monarca había querido que su hijo (entonces con 13 años recién cumplidos) le acompañase durante la noche del 23-F. «Quería que estuviese en su despacho, con él, para verle actuar». Aquel mismo año, presidió su primer acto oficial y pronunció su primer discurso en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias. 

Tras el anuncio de abdicación de su padre, Don Felipe será el primer rey español con una licenciatura universitaria, en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, y un máster, en Relaciones Internacionales por la Universidad de Georgetown (EEUU). 

Además, ha realizado carrera de oficial en las tres ramas del Ejército —actualmente es teniente coronel del Ejército de tierra, capitán de fragata y teniente coronel del Aire— y habla a la perfección inglés y francés. Precisamente, la resuelta intervención de Felipe de Borbón el pasado septiembre, durante la presentación de la candidatura olímpica de Madrid 2020, le «coronó» ante muchos españoles. 

Lo cierto es que los achaques de salud de su padre en los últimos años han intensificado la agenda del, hasta ahora, heredero. Sólo en 2012, Don Felipe participó en 253 actividades oficiales, 96 de ellas en el extranjero y casi el doble de las 131 de su padre. Curiosamente, hace justo un mes sus hijas Leonor (8) —próxima Princesa de Asturias— y Sofía (7) se estrenaban en un acto oficial: las bodas de plata de la XLI promoción de tenientes de la Academia General del Aire (AGA).

La independencia energética de EE.UU. se aleja

La independencia energética de EE.UU. se aleja

 

5:40:30 a.m.

EE.UU. ha recibido un golpe duro e inesperado luego de que se descubriera que la cantidad estimada de petróleo recuperable de unos depósitos de esquisto se redujera en un 96%, por lo que el sueño de alcanzar la independencia energética se desvanece.

En 2011 una empresa independiente contratada por Washington hizo una errónea estimación del petróleo técnicamente recuperable del mayor yacimiento de esquisto bituminoso del país, ubicado en Monterey, California, que contiene alrededor de dos tercios de las reservas de petróleo de esquisto de la nación.

Según aquella estimación, se podrían obtener unos 13.700 millones de barriles de petróleo. Sin embargo, un reciente informe asegura que la cantidad no será mayor de 600 millones de barriles, es decir, una cantidad 96% menor de lo esperado.

Esa errónea estimación de 2011 había sido calificada como la esperanza para reducir la necesidad del país de las importaciones de petróleo desde el extranjero, según el diario The Angeles Times. Y es que la cantidad que reportan ahora es insignificante si se tiene en cuenta que solo podría cubrir las necesidades energéticas en EE.UU. correspondientes a 33 días.

Los sueños de las autoridades de California, comprometidas en este proyecto, no se harán realidad, sumado al hecho de que el número de empleos previstos cayó de 2,8 millones a 112.000, y los ingresos de 24.600 millones de dólares a 984 millones.

«Las estimaciones de producción de petróleo, combinadas con una escasez de conocimiento sobre las diferencias geológicas en los campos de petróleo llevaron a predicciones y estimaciones erróneas», explicó John Staub, analista de exploración y producción de petróleo que dirigió la reciente investigación para la Administración de Información de Energía de EE.UU.

Además, el análisis anterior desencadenó en un boom de especulaciones entre las compañías petroleras que en la actualidad están haciendo grandes esfuerzos para salir del proyecto, como la Occidental Petroleum.

(Fuente: RT)

 

Carbonell, un infinito decidor

Carbonell, un infinito decidor

 

6:41:36 p.m.

Por Luis Machado Ordetx

Ayer falleció Luis Mariano Carbonell Puyés (Santiago de Cuba, 26 de julio de 1923-Ciudad de La Habana, 24 de mayo de 2014), y una vieja entrevista periodística, tributa el recordatorio al Acuarelista de la Poesía Antillana, el Premio Nacional de Música y de Humor en Cuba. El texto es inédito, y sirvió para concluir el libro Ballagas en Sombra (Editorial Capiro, 2010). Aborda sus visitas a Santa Clara y los vínculos con Severo Bernal Ruiz, el Declamador Dilecto de Las Villas.

Colocar en la raya a un periodista es fácil: frecuentemente surge ese tipo de procedencias sin  establecimientos de jerarquías. Nadie escapa al buche amargo en una profesión que, a veces, los rapapolvos constituyen la hora exacta del mediodía. Similar actitud, no por petulancia,  tiene el «Acuarelista de la Poesía Antillana», el santiaguero Luis Mariano Carbonell Puyés, cuando evade a entrevistadores, diletantes y las cámaras fotográficas o de televisión en instantes en que aparecen colocadas fuera de estudios de filmación, en la calle o cuanto recinto familiar lo acoja.

Esa es su manera de ser, y requiere respeto. Afirmó que tal talante de «aparente» indiferencia obedece al poco gusto por las confesiones, sean o no nimias. La personal «distinción» la achaca a una rotunda timidez acompañada desde la infancia. Cree, incluso, que las revelaciones tienden a «malinterpretaciones», y hasta chismes de poca monta.

Por meses lo asedié. No lo niego. La vía telefónica, con decenas de llamadas al número 8306113, resultó la más afectiva. Hubo momentos de retrocesos, otros de esquivas, y siempre una expectación por tenerlo delante para una respuesta sosegada y diáfana sobre un tema particular. El interés periodístico-literario, lo determinó su vínculo fraterno y artístico  con Severo Bernal Ruiz, el declamador Dilecto de Las Villas. También abordaría, por supuesto, particularidades de las múltiples ocasiones  en la cual visitó esa ciudad, y el tropiezo con amistades, o presentaciones en los espectáculos artísticos programados en disímiles escenarios del centro de Cuba.

En uno de los intercambios, despojado de preocupaciones pedagógicas, tratamientos médicos, actuaciones y descanso hogareño, sabe Dios por qué, ofreció el contacto personal para el sábado 9 de junio de 2007, en horario puntual de la media mañana, en su vivienda de la calle 8, número 307, entre 13 y 15, del capitalino reparto Vedado, sitio donde reside desde que se estableció en La Habana a finales de la década de los años 40  del pasado siglo.

Días antes cerró el compromiso y adujo el quebrantamiento de la salud: la entrevista quedó en el aire, colgada de un alfiletero; pero proseguí con el interés de tomarle confidencias. Insistí, mencioné lugares conocidos de Santa Clara; los teatros en los cuales antes intervino en la ciudad, y recordé  nombres de personas que lo atarían en la memoria. Vino otra vez la historia de Bernal Ruiz, su amigo por más de cuatro décadas, y el pacto de silencio quedó roto.

Era demasiado no tener en cuenta a aquel artista, y también la vida compartida en recados, cartas, citas telefónicas y búsqueda de repertorios comunes. Al final la  perseverancia periodística se impuso, y a pesar de los 280 kilómetros de distancia que separaban al declarante, todo resultó un momento provechoso.

El sábado 24 de julio, dos días antes de su onomástico, Carbonell, el mayor declamador cubano vivo, accedió a la entrevista. Gracias a los artilugios de una vieja grabadora estática y el auxilio del teléfono, dada la imposibilidad de una imprevista estadía en Ciudad de La Habana, la cinta magnetofónica registró su voz, y la esencia de un pedazo de media tarde singular en la cual los ademanes y gestos marcaron la inflexión de sus pronunciamientos amparados siempre por una  perfecta dicción. Tenía un modo rápido de hablar y pronunciar y las palabras tenían una cadencia definida. Todo fluyó como si la música viniera de adentro del artista, en una perfecta armonía expresiva, y ante cada pregunta obtenía una provechosa respuesta.

Antes, sólo en una ocasión tuve a Carbonell delante, frente a frente, tras la intervención artística en el teatro «La Caridad», de Santa Clara; instante en que el declamador  Bernal Ruiz lo presentó. Después leí referencias que desde Caracas hizo Sergio Pérez Pérez, y por supuesto, lo disfruto cuando participa en emisiones televisivas, en los cuales la audiencia y los cubanos lo reconocen como una Catedral en el arte de componer la oralidad de un poema, de una estampa popular, como denomina la síntesis de la poesía negra, afrocubana, mulata o antillana.

Era fácil, obviando las contingencias, percibir la proyección, la gesticulación, y hasta la memorización de la respiración y la entonación de la voz de Carbonell, quien desinteresado se colocó a la espera de las preguntas y al aliento del espíritu. El artista desengranó historias referidas a un amigo que por un tiempo largo, desde la soledad de una provincia del centro del país, compartió escenarios, intercambió puntos de vista del arte de la declamación y apuntaló los repertorios mutuos con textos que, en reiteradas fechas, cedieron con carácter especial algunos creadores  empeñados en que ellos los divulgaran por teatros y auditorios radiales o íntimos.

Domingo tras domingo, antes de agosto de 1989, fecha en que falleció Bernal Ruiz (1918), noche por noche  —solo interrumpidas por compromisos personales, presentaciones artísticas en Cuba o el extranjero—, desde la vivienda del jurista José A. Barrero del Valle —en Céspedes número 53, entre Maceo y Unión, en Santa Clara—, se escogía un momento de la visita para el diálogo telefónico entre los declamadores amigos: el santiaguero Carbonell Puyés y el villaclareño Bernal Ruiz.

Al residente en Santa Clara no le preocupaba caminar calles y calles; desoladas, a veces, y desafiar la lluvia o el frío para la puntualidad telefónica. Así lo testimonió Barrero del Valle, y también lo supe por conversaciones con Bernal Ruiz. Eran acontecimientos que, en este caso, posibilitaron el enfrentamiento amistoso —a pesar de cualquier impedimenta—, con el artista radicado en La Habana. Ahora, ¡claro!, a partir de las declaraciones de Carbonell, estoy dispuesto a bosquejar una historia poco difundida en el intercambio de pormenores y la destilación del aprecio que primó entre ambos.

Como un torbellino llegaron las preguntas, y el otro apuntó algunas notas:

—¿Cuándo se iniciaron sus relaciones afectuosas con Severo Bernal y qué recuerdos tiene de su persona?

—Fue en el año de 1945, estando yo todavía en Santiago de Cuba, y nos presentó, a través de carta primero, y después personalmente, Cuca Monteagudo, una villaclareña que era en aquel tiempo una especie de  maestra de ceremonias, de espectáculos, y también locutora, muy buena locutora, esposa de Mario Montes.

«Desde que nos conocimos, Severo y yo hicimos una gran empatía, y él me proporcionó muchos poemas. Yo le agradezco tantas cosas, y llegó a convertirse en una de las mejores personas en mi vida; y además era muy artista, muy buen recitador.

«Después que yo debuté, y me hice profesional, iba muy frecuentemente a Santa Clara y me pasaba el día con él, y era uno de los mejores regocijos que podía disfrutar».

—Dicen que usted en repetidas oportunidades insistió, al percatarse de las cualidades de Severo como recitador, para que él abandonara  Santa Clara. ¿Es verdad? 

— Sí, muchas veces le aconsejé que viniera para La Habana. También lo hizo Onelio Jorge Cardoso. Aquí, por sus condiciones vocales y artísticas, tenía cabida, cosa que nunca pude conseguir, ni yo, ni tampoco muchos de sus amigos, incluido el poeta este ¿?, ahora hablando seguido no me viene el nombre a la cabeza.

—¿Cuál de los poetas amigos: Raúl Ferrer, Enrique Martínez, Agustín Acosta, Gilberto Hernández Santana, José Ángel Buesa, y tal vez queden otros nombres?

—No, fue Agustín Acosta, quien le escribió varias cartas a principios de los años 50, aunque en realidad todos se lo decían de una manera reiterada e insistente.

«Le dije que saliera para La Habana, pero él nunca quiso desatender a su mamá, y a su casa. Era muy provinciano, aunque muy culto, muy preparado. Recitaba muy bonito, y él me nutrió de una gran cantidad de repertorio desde mucho antes que fuera profesional. O sea, desde que lo conocí en 1945. A veces, los poemas eran de recorterías de periódicos, como para hacer un álbum. Otras eran copias de textos de autores conocidos, sacados de libros, y en algunas ocasiones originales.

«Después de eso me fui a Nueva York, y en los dos años que estuve allá, él fue también  a Nueva York, y la pasamos bien por allá. Él era una persona bondadosa, cariñosa, muy familiar, apegado a sus amistades. Por lo tanto, ahí tienes uno de sus grandes valores. Son virtudes, mejor dicho, que aprecio en el ser humano.

«Tal es así que lo nombraron Declamador Dilecto de Las Villas. Creo que fue allá por diciembre de 1942. Imagínese, todavía yo no había comenzado a recitar, y ya él, por su calidad, instrucción y cultura, tenía un soberbio reconocimiento. Esa labor hizo hasta los últimos momentos de su vida, porque fue de ciudad en ciudad, por todo Santa Clara, y por Estados Unidos y México. Era un maestro impresor, y jamás quiso deshacerse de su profesión, cosa que alternó con la recitación y ganó aplausos de respeto y admiración.

«Yo de Severo tengo el mejor de los conceptos, y puedo decirlo, casi uno de los mejores amigos de siempre. Cuando murió lo sentí muchísimo, por lo que ruego constantemente. Él también me presentó a Enrique Martínez Pérez,  un poeta con quien tenía muy buena amistad, autor de la «Carta Negra», uno de los primeros poemas, estampas, que yo recité en La Habana cuando debuté aquí.

«¡Tengo tantas cosas que contar de Severo! Cuando íbamos al Parque por la noche, al Parque Vidal, en Santa Clara, y se molestaba porque me metía en el círculo donde no debía ir, por el racismo imperante, cosa desaparecida ya, pero que existió en 1948 y… Me divertía muchísimo con él, porque además, me llevaba a las peleas de gallos.»

—¿Cómo…? Usted piensa igual que Lezama Lima, en la sensualidad, el deleite varonil, el dominio del ambiente; el desafío de los gestos; el despertador del gallinero, la cubanía, y el incitador del cromatismo, de la violencia y la evocación que siempre ostenta el gallo. Tal vez, como totalidad, aparezca en el espíritu del gallo la violencia propia del artista que entabla una pelea con su lenguaje.

— ¡Sí!, todo eso junto. ¡Parece mentira! No lo digo a otros, pero me gustan mucho las peleas de gallos. No por la “carnicería animal”, sino por los cromatismos del plumaje, algo así ocurre con la voz humana cuando está educada para el arte. Yo sentía diversión cuando iba con Severo a esos lugares de lidia en que las personas se ponen a vociferar garganta en cuello, como dicen por ahí, legitimando la bravura de los animales en sus porfías. El declamador es eso, y el artista también, un gallo en puro desafío con la técnica y las exigencias que se imponen en la vida y los escenarios.

— ¡Volvamos a Severo! Seguramente usted tendrá muchas otras cosas que decir.

—¡Está bien!... ¿Hablamos del plano humano, cariñoso, personal…? Era una de las personas finas, más buenas, atentas y oportunas que he conocido, y lo recuerdo y lo recordaré mientras viva. Jamás pasó ignorado como declamador, uno de los mejores que he conocido en mi vida, con un estilo particular, asentado en nuestras raíces afrocubanas, y también en la poesía romántica. Sin dudas, era un hombre excepcional, lleno de optimismo, pero con cierta timidez y provincianismo que lo limitó a trascender hacia otros sitios en los que la conquista profesional lo colocaría en el plano en que realmente debía estar.

«De Severo Bernal, el amigo villaclareño, lo conservaré mientras viva. Tengo el mejor de los conceptos de la fraternidad y el apego del artista a su tierra, a su gente, sin miramientos ni envidias por lo que otros hacen o no. Él supo empinarse y batallar, tal vez como esos gallos, a los que hice referencia antes, al dominio de la palabra, del gesto, la sonoridad y la invitación a lo que realmente somos todos: artistas, en quienes encuentras siempre a un infinito decidor».

Ahí quedó sellado el diálogo con el declamador Luis Mariano Carbonell Puyés, y al oído, atado en la resonancia de las últimas palabras que expresó, trascendió su memoria por reconstruir el pasado que lo incitó a la historia de una amistad. Allí también estaban los vericuetos difíciles de la recitación, la puntualidad valorativa hacia el ser humano y la respiración calculada en ese propósito en que la vida se prende de una consideración artística y la estimación del otro.

 

 

 

 

 

 

Celos del cielo, elixir para los ojos

Celos del cielo, elixir para los ojos

 

1:10:31 p.m. 

Debe ser cierto el viejo dicho de que muchas cosas, primero, deben entrar por los ojos. Al menos el gusto más convencional no espera otra cosa tratándose de las artes visuales. Celos del cielo, la exposición del artista Kevin Gálvez Fernández, inaugurada el 25 de abril en el Centro Provincial de Artes Visuales, cumple esa expectativa. 

Celos del cielo se propuso promover una línea de la producción más reciente de este muy joven creador, quien recibió una mención del jurado en el pasado I Salón Provincial de Artes Visuales. La muestra toma su nombre de un verso del poema Amor errante, de José Martí. 

Como el Apóstol en su escritura, así Kevin «transcribe» visualmente a 13 trabajos en pintura, realizados con la técnica del óleo sobre lienzo, un mundo muy personal, poblado solo por la imaginación, por fantasías desgajadas y vueltas a ubicar libremente en los cuadros. Una pintura que no discrimina fuente de inspiración alguna, sea esta popular o erudita, sacra o profana. Que no narra ninguna historia concreta, en cambio, se vale por sí misma y describe a solas un mundo, con las únicas posibilidades de la visualidad, para absoluto deleite de la retina. 

Natural de Santo Domingo, miembro de la sección de Artes Plásticas de la Asociación Hermanos Saíz de la provincia, Kevin es un creador autodidacto, pero su autodidactismo es relativo. Aunque no posee un título que lo avale como artista profesional, desde niño recibió clases sobre varias materias artísticas del artista y profesor José Ramón Ley. Ya entre 2003 y 2008 se presentaba en las salas expositivas de la ciudad con obras en tinta sobre cartulina, en blanco y negro fundamentalmente, muy acogidas a códigos del arte profesional contemporáneo, en el camino del expresionismo de figuras paradigmáticas del arte cubano. Dotes tenía; talento, probado y sobrado. 

Celos del cielo muestra otra dirección en su obra entre 2005 y 2014, resultado de un viraje, quizás irreversible, hacia una estética popular y en especial hacia lo que todavía hoy se llama indistintamente pintura naif, ingenua, espontánea, intuitiva, etc. Expresión artística común en creadores sin formación académica y sobre la cual no ha existido hasta la fecha un consenso definitivo en su definición, si bien algunos rasgos, sin ser exclusivos, sirven para caracterizarla. Es el caso de estas obras presentadas por Kevin Gálvez Fernández,siguiendo un orden acogido al año de realización, ilustrativas de la búsqueda experimental de un lenguaje propio para su discurso artístico. Resultante de un oficio sustentado en algunas habilidades técnicas, y más que todo, en el despliegue de trabajo en la obra, sin traicionar su raíz popular-naif. 

La noche inaugural fue amenizada por iniciativa de los copatrocinadores, Corporación Cuba Ron S.A. y Ronera Central, con la presentación y degustación de un nuevo producto, el Elixir 33, y brillantemente conducida  por el maestro del ron cubano Augusto César Martí Marcelo. Al esclarecer el papel del ron en la historia de la cultura nacional, sus especificidades regionales y el porqué relacionar el Elixir 33 en particular con características inherentes a la pintura de Kevin, se fue consecuente en todo momento con los verdaderos fines culturales y de divertimento sano del patrocinio conjunto entre una institución promocional especializada y una entidad comercializadora. 

Probablemente, existirán entre los conocedores del arte puntos de vista divergentes acerca de la propuesta de Kevin en Celos del cielo, y esa diferencia de opiniones es siempre saludable. Quizás también, en todo ello, un punto clave, de provocación al conocimiento, puede ser el de qué es lo determinante  a la hora de acuñar una expresión artística dentro de lo popular o naif: si el autodidactismo de sus cultivadores, o la opción estética que el autor eligió libre y personalmente, con independencia de si es autodidacta o profesional. 

Pero con seguridad las miradas del informado y la del simple curioso coincidirán en que, siendo una exposición pequeña, es cautivante al primer golpe de vista ante cualquier ojo sensible, así sea poco sensible. (Danilo Vega Cabrera, especialista Centro Provincial de Artes Visuales.)

 

Si riñes, vivirás menos

Si riñes, vivirás menos

 

7:09:50 p.m.

Una persona que discute constantemente con su cónyuge, colegas o vecinos corre el riesgo de duplicar e incluso de triplicar el riesgo de morir. Ello se debe a que el estrés que generan las riñas nos vuelve más vulnerables ante diversas enfermedades.

Un equipo de investigadores daneses de la Universidad de Copenhague asegura que el estrés causado por la preocupación del día a día, debido al hostigamiento, las discusiones o las exigencias excesivas del entorno, puede conducir a enfermedades del corazón, así como a debilitar el sistema inmunológico, lo que lleva a una persona a padecer otros problemas de salud. Los efectos parecen ser mucho más alarmantes en los hombres porque, a diferencia de las mujeres, no suelen compartir sus problemas con sus amigos o familiares.

La doctora Rikke Lund, autora principal del estudio, chequeó con ayuda de sus colegas el estado de salud casi 10.000 hombres y mujeres danesas de entre 36 y 52 años de edad durante 11 años en el marco de un estudio sobre trabajo, salud y desempleo. Todos los participantes completaron regularmente un cuestionario para estipular la frecuencia con la que se enfrentaban a preocupaciones o a conflictos y con qué frecuencia se presentaban tales situaciones.

Durante este período murieron 196 mujeres y 226 hombres por causas que iban desde enfermedades del corazón o cáncer, hasta enfermedades del hígado por el abuso del alcohol y el suicidio. Los académicos utilizaron posteriormente una fórmula matemática para calcular la probabilidad de hombres y mujeres que murieron en función de la frecuencia con la que habían informado que discutían.

La conclusión de los expertos es que las discusiones o conflictos entre las parejas, familiares, amigos y conocidos duplican e incluso triplican las posibilidades de morir en comparación con los que rara vez discuten.

Lund sostiene que la tensión es la principal culpable de muerte prematura, ya que lleva a una persona a padecer una presión arterial alta y enfermedades del corazón. Aunque el estudio no demuestra que el estrés provoque cáncer, sí plantea la posibilidad de que el pueda conducir a una persona al suicidio o a muertes relacionadas con el uso excesivo de alcohol.

(Fuente: RT)

 

Lo que me contó un sobrino de José Martí

Lo que me contó un sobrino de José Martí

 

2:05:44 p.m. 

Por Mercedes Rodríguez García

Raúl García Martí, uno de los 18 sobrinos del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, radicó en Santa Clara mientras participó en el montaje de la fábrica de sacos (Sakenaf) en esta ciudad. De esa época es el testimonio en el que descarta las teorías del suicidio y la inmolación, tejidas alrededor de la caída en combate del Apóstol, el 19 de mayo de 1895. Este es el relato de mi primer encuentro con Raúl García Martí, sobrino de nuestro Héroe Nacional, quien radicó en Santa Clara entre principios de 1960 y mediados de 1980 del pasado siglo. 

El ya entonces octogenario ingeniero textil me refirió su versión sobre la caída del Maestro, el 19 de mayo de 1895, así como los argumentos en que basó su negación sobre la posibilidad de un acto suicida o de inmolación. 

Solo me urgía escuchar su opinión para definir una polémica en la que me había metido, inspirada por las clases de Literatura Martiana que recibía como parte de mis estudios de Filología en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas. (UCLV) 

Serían los años 1978 ó 1979. Un amigo de mi padre, el doctor Entralgo, me manifestó que él podía localizar al ingeniero García en el hotel Modelo, que «era gente amistosa», y que «si además le decía quien me mandaba, no se negaría a recibirme.» 

Efectivamente, un mediodía, en la habitación 85, compartí varias horas con Raúl García Martí, uno de los 18 sobrinos del Apóstol, hijo de Rita Amelia (la mejor de sus siete hermanas), y el único de los 28 familiares directos que quedaba vivo en Cuba. 

Le expliqué que por aquellos días me hallaba enfrascada en una ponencia sobre las circunstancias que rodearon la caída de su tío en Dos Ríos, y que él, mejor que nadie, podía saber cual de las versiones se ajustaba más a la realidad de acuerdo con el carácter y la personalidad del héroe. 

Sus ojos saltones, salidos de las órbitas, sobredimensionaron la fealdad de un rostro pletórico de arrugas. Sin mediar palabras se levanto cuan alto era y, colocándome su larga y delicada mano sobre la cabeza, me respondió con otra interrogante: « ¿No has leído lo que escribí al respecto, verdad?» 

Tuve que confesarle que no, aunque sí lo conocía como autor de una biografía familiar, muy llevada y traída en la época en que vio la luz. 

«Aquí no tengo ninguno, pero dígale al doctor Entralgo que le facilite uno, yo le entregué dos ejemplares que me quedaban», añadió. (Nunca me lo prestó, era un «bibliófilo», tacaño y egoísta.) 

Pensé que había metido el delicado y no me seguiría contando. Mas se sentó al borde de la cama, prendió un tabaco y, luego de sucesivas chupadas y exhalaciones, comenzó a hablar: 

«Mire, yo me adhiero a lo que contó Máximo Gómez en su diario. Él estuvo a su lado hasta poco antes de su caída. Quienes fundan una teoría suicida solo piensan en vituperarlo. Copado por fuerzas muy superiores, prefirió morir, sí, y no por la espalda, sino como en sus Versos sencillos, de cara al sol». 

Fue como si la conversación hubiera terminado, porque se levantó y encaminó sus pasos hacia la puerta entreabierta... ¡Qué bueno!, la cerró y volvió a la posición anterior. Respiré profundo y, sin darle tiempo a su elocuente verbo, le transmití algunas consideraciones que quizás partían -le aclaré- de la respuesta que Martí diera a la carta abierta de Enrique Collazo, misiva que le llega como una daga en su exilio neoyorquino, cuando ya había logrado unificar los distintos clubes y estaba a punto de fundar el Partido Revolucionario Cubano. 

«Mire, jovencita, Collazo, quien termina embarcándose con mi tío hacia Quisqueya. Fue muy injurioso al tildarlo de Capitán Araña, y decirle que al volver a encenderse la guerra, continuaría predicando la acción, pero sin ir al combate. Como era de esperar, la reacción de Martí no podía ser tibia, sino ardiente, elevada y aleccionadora. 

Y citó de memoria y textualmente la respuesta: «Creo, señor Collazo, que he dado a mi tierra, desde que conocí la dulzura de su amor, cuanto hombre puede dar. Creo que he puesto a sus pies muchas veces fortuna y honores. Creo que ya no me falta, el valor necesario para morir en su defensa». 

—¿Coincide usted conmigo en que dicho mensaje pudo motivar cierta fantasía sobre el arrojo de su tío? 

—Tal vez, pero le repito que no hay buenas intenciones en ese tipo de hipótesis que en la década del 50 del ayudó a afianzar una película muy mediocre, mexicano-cubana de El Indio Fernández titulada «La rosa blanca». 

—¿Recuerda alguna escena, Raúl? 

—Existe una escena donde se aborda la reacción de Martí ante la carta de collazo, casi junto a otra de la partida hacia los campos de Cuba en armas. Se ve la estela del barco y, a continuación, mi tío, enfermo y atribulado, dictando la respuesta. En los espectadores quedaba la impresión de que aquel viaje era impulsado por aquella cita pública de Collazo. Pero analice usted. Entre ambos hechos, en realidad, ¡hay nada menos que tres años, fundamentales y decisivos! 

—Raúl, el doctor Entralgo me mostró una foto del cadáver de su tío en el momento en que se procede a una nueva exhumación, el 26 de mayo de 1895. Fue publicada en una revista Bohemia de 1959, acompañando un artículo en el cual su autor afirma que Martí quedó herido y no muerto al instante... 

—¡Eso es mentira!, dígale a Entralgo que me mande esa Bohemia. 

—Espere, déjeme terminar. También en esa misma publicación, en un número de 1953. Parece un encendido comentario acerca de cómo fue recolectado el dinero para construir el monumento que preside la actual Plaza de la Revolución en Ciudad Habana... 

—Es posible de suponer que mi tío cayera gravemente herido. Y lo pienso por la nota que dejó al Jefe de la Fuerza que lo conducía, en la tienda de doña Modesta. Por allí pasaron, en su rápida retirada, con la valiosa presa. 

—Sí, traigo anotado el texto. Le leo: «Martí, herido, lo cuidaré y se lo devolveré». 

—Así mismo es. Pero dado el fanatismo reinante entre la tropa española, al conocerse de quien se trataba, quizás rematasen su vida con el tiro de gracia, que pudiera ser el que presentaba su cadáver en la cara. 

—Eso se lo dejo a los investigadores, no quisiera especular. Deme sus puntos de vistas. 

-Lo demás es bien conocido: arrastraron su cuerpo por el fango y lo enterraron inhumanamente, sin lienzo ni ataúd, como acto de cruel ensañamiento. 

 —¿Y lo del monumento? 

—A mi juicio constituyeron unas honras que mi tío hubiera rechazado de seguro. Por decreto número 42 de septiembre de 1952, y no por conciencia y voluntad popular, se recolectó el dinero a base de impuestos y exacciones económicas. Fue una medida general y obligatoria: días de haber del personal de comercio e industria, portes de contribuyentes al seguro de salud y de Maternidad Obrera y de todo aquel que se ganara el pan con el sudor de su frente, profesionales, empleados, asalariados, instituciones. Diez centavos por cada una de las cabezas de ganado vacuno sacrificado, quintal de café limpio o beneficiado, tercio de tabaco en rama; veinte centavos por cada millar de tabaco y uno por cada catorce ruedas de cigarrillos fabricados en ese año. 

—Era por el año del centenario del nacimiento Apóstol. 

—Y de la politiquería... 

—¿Y si alguien se negaba? 

—Se preveía la desobediencia y el castigo. Yo me pregunto: ¿Por qué no cogieron ese dinero del Tesoro Público? Claro, ya estaba exhausto debido al vals de la política de la época, el usufructo tomado del poder. Palacios, fincas, yates propios, cuentas en bancos extranjeros. Todo salido de las aras nacionales para beneficio de particulares, de privilegiados de la sinecura y la botella. Una forma más de corromper el sentido honorable del trabajo y de la educación del pueblo. Se malgastaba la plata necesaria para escuelas y hospitales... 

Iban a dar las cinco de la tarde, y Raíl, metódico en sus costumbres, me advierte la hora. 

—¿Puedo venir otro día? 

—Venga cuantas veces guste, me avisa antes. Ya me conoce. Prescinda del doctor Entralgo. Prefiero conversar por las mañanas, son más frescas y me fatigo menos. 

Como por ese tiempo me había picado el «bichito» del periodismo, pensé que sería bueno. Regresé dos o tres semanas después, en compañía de un colega. En mi agenda de entonces, hallada años después durante una de esas limpiezas generales a al papelería acumulada. 

Nunca escribí un artículo con fines publicables. Hasta el año 1999 durmieron las notas y la transcripción de la breve entrevista. Se cumplían entonces 104 años de la caída del Apóstol. Tuve que hilvanar recuerdos y darle forma a detalles enriquecedores del memorable encuentro. 

De Raúl García Martí supe que falleció en los años 1990, en un hogar de ancianos de la capital cubana. 

Guardo de él también el testimonio sobre su madre y su abuela doña Leonor, así como el que con relación a su persona me ofrecieron dos mujeres que le brindaron su amistad y cuidado, desde que abandonó su quinta en Tapaste y llegó a Santa Clara para entregarse en cuerpo y alma a la construcción y montaje de la fábricas de sacos (SAKENF), cuyas primeras máquinas donó y echó a andar. La misión le fue confiada por el entonces Ministro de Industrias Comandante Ernesto Guevara de la Serna. 

Nota: Versión de la entrevista versión de la entrevista publicada por la autora en la edición de Vanguardia del sábado 15 de mayo de 1999.Página 4.