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LA TECLA CON CAFÉ

Cronicafeando

Silvio da su adiós a Aute «De paso»


lunes, 06 de abril de 2020
7:40:28 pm 
 

La amistad entre Silvio y Aute data de la década de 1970 y también se plasmó en colaboraciones musicales y sobre los escenarios, la última vez en mayo de 2016, cuando cantaron juntos Al Alba en Madrid pocos meses antes del infarto que obligó al español a retirarse. 

El trovador cubano Silvio Rodríguez eligió los versos de la canción De paso para despedirse de su amigo Luis Eduardo Aute, cantautor fallecido en Madrid este sábado a los 76 años. 

Rodríguez publicó la letra de ese tema de Aute como entrada en su blog Segunda Cita, que es también, sobre todo a través de la sección de comentarios, el vehículo que desde hace una década el intérprete cubano emplea para hablar y debatir sobre temas de actualidad con admiradores y amigos.

La amistad entre Silvio y Aute data de la década de 1970 y también se plasmó en colaboraciones musicales y sobre los escenarios, la última vez en mayo de 2016, cuando cantaron juntos «Al Alba» en Madrid pocos meses antes del infarto que obligó al español a retirarse. 

En diciembre de 2018, Silvio Rodríguez también participó en el concierto Ánimo, animal, un homenaje para enviar ánimos al cantautor español al que también se sumaron otros grandes nombres como Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat y el cubano Vicente Feliú, otro de los referentes de la nueva trova cubana junto a Rodríguez y Pablo Milanés. 

Precisamente Feliú también eligió este sábado el blog de Silvio para despedirse de Aute: «Abrazo fuerte, Flaco, y para Maritchu, los muchachos y Mon. A pesar de que era esperado, estoy muy, pero muy triste. Uno de mis mayores orgullos será siempre haber coincidido en tiempo con él, y ser su amigo», escribió.

 

En Cuba, un país al que el cantautor español estuvo profundamente vinculado y donde recibió atención médica en varias ocasiones, el fallecimiento del autor de Al Alba ha sido recibido con enorme tristeza.

De paso
Luis Eduardo Aute

Decir espera es un crimen,
decir mañana es igual que matar.
Ayer de nada nos sirve,
las cicatrices no ayudan a andar.
Sólo morir permanece
como la más inmutable razón,
vivir es un accidente,
un ejercicio de gozo y dolor.
 
Que no, que no,
que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso.
 
Quien pone reglas al juego
se engaña si dice que es jugador,
lo que le mueve es el miedo
de que se sepa que nunca jugó.
La ciencia es una estrategia,
es una forma de atar la verdad
que es algo más que materia
pues el misterio se oculta detrás.
 
Que no, que no,
que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso.
 
Hay demasiados profetas,
profesionales de la libertad
que hacen del aire bandera,
pretexto inútil para respirar
en una noche infinita
que va meciendo este gran ataúd
donde olvidamos que el día
sólo es un punto, un punto de luz.
 
Que no, que no,
que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso. 

Cuando dos más dos ya no serán cuatro

Cuando dos más dos ya no serán cuatro

 

sábado, 04 de abril de 2020
8:49:11am 

Por Mercedes Rodríguez García 

Después del SARS-CoV-2, ¿un mundo nuevo? O al menos —ya sacudido— distinto y diferente al que desde hace rato aterra por sus desenfrenos medioambientales, riqueza mal repartida, guerras, hambrunas, insalubridad, miserias humanas, carencias materiales e inequidades de toda índole.

Tal vez.  Aunque no más allá de lo que la pandemia de la COVID-19 pueda haber hecho repensar —¡y de qué manera!— sobre la vida y la muerte a quienes lo habitamos y destrozamos sin contemplaciones ni contenciones.

Paradójicamente —y como dicen dos refranes— «no hay mal que por bien no venga», y «lo que sucede conviene», a contrapelo de todas las inexistencias habidas y por haber, pero sobre todo, la de miles de personas que en los cuatro puntos cardinales han dejado de constar, no importa cuán solas o acompañadas estaban,  cuán abundantes o esmirriados andaban sus bolsillos, cuán famosos o importantes eran, o lo que es peor, cuán esenciales resultaban todavía a la sociedad.

Patógeno lento, silencioso, más trasmisible y mortal que cualquier otra gripe o influenza, el nuevo coronavirus ha colapsado sistemas de salud de países desarrollados, de economías sólidas —al menos en apariencia—, arrastrándolas en caída libre, para su propia desgracia y todas las ajenas desgracias y escenarios posibles del día después, entre ellos Cuba, castigada por el Imperio del norte desde hace seis décadas, y obligada ahora como nunca a «apretarse el cinturón» un par de ojales más…

No exento de invasiones, atentados terroristas, hostigamiento mediático, guerra biológica…  Se trata del siniestro castigo de la nación más poderosa del orbe a la pequeña Isla rebelde, del cerco económico, comercial y financiero más extenso en el tiempo, sádicamente acrecentado en los últimos años.

Pero la islita sigue de pie,  irredenta, insumisa, soberana, solidaria.

En ese contexto de restricciones y carencias, ante la situación epidemiológica a la que se enfrenta la nación debido a la rápida propagación del SARS-CoV-2 a escala global, el desafío es ingente. No obstante, tenemos fortalezas únicas, y la dirección del país ha tomado medidas no solo por la vida de las personas, sino también en aras de vitalizar la economía y agricultura nacionales, en bienestar de todos sus hijos.

Mas, como he escuchado decir a muchos coterráneos, asombrados los más jóvenes por lo que jamás habían visto ni sufrido; otros, con algo de ironía, y no pocos, con esa cubanísima picardía: «La que se avecina no es fácil».

Porque en medio de desgracias y avatares, la  islita caribeña posee esa «anormalidad», esa «rareza», de la que hablaba Fernández Retamar, y por ello hoy  enfrenta el fenómeno con una estrategia propia y adecuada a las circunstancias, maravillando al mundo por compartir lo poco, pero de lo más valioso que tiene, en uno de los mayores actos de solidaridad y colaboración sanitaria de la historia reciente.

Lo cierto, debemos prepararnos para lo peor, y que nada nos sorprenda. El impacto de la pandemia en la economía mundial se revierte en las economías internas de todos los países, incluso en las más sólidas y hasta hace poco, florecientes. Y la nuestra, es abierta, en constante intercambio con el mundo mediante exportaciones e importaciones, lo cual se refleja en varias actividades, fundamentalmente en el turismo, no solo por los ingresos que genera sino por el resto de los sectores que involucra, tal como explicó hace poco Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía y Planificación.

¿Lo incierto? Cuánto durará esta situación. El tema de la economía va más allá de la enfermedad, e incluye las presiones del gobierno de EE.UU. para evitar que el país acceda a financiamientos, a lo cual se añade la persecución a compañías y tanqueros para cortar el suministro del combustible a la nación antillana.

Sin embargo, nos asisten fortalezas que, ante el complicado contexto internacional, nos colocan de algún modo en situación ventajosa. De manera general: economía planificada centralmente, gobierno total en el manejo de los recursos presupuestarios, política social inclusiva (nadie sobra), y experiencia en medidas de ajuste, además del sistema de salud gratuito.

Y mientras dure el azote de la COVID-19 y el mundo vuelva a ordenarse, ¿cómo asegurar la alimentación, también en medio del bloqueo?

La respuesta está en la tierra. No hay mayor riqueza cuando se le atiende; plantando y cultivando lo que nos comeremos. Trabajando, trabajando y trabajando. Con realismo. Estableciendo prioridades, incrementando los  rendimientos por área, creando las condiciones que lleven a la sustitución de importaciones de alimentos para seres humanos y animales, usando el combustible con mucha racionalidad, sustituyendo plaguicidas que no llegarán del exterior, utilizando al máximo la materia orgánica y bioproductos de fabricación nacional que sirven como fertilizantes…

En otras y en pocas palabras: junto al desafío epidemiológico al que nos enfrentamos, hay que garantizar la alimentación del pueblo y sacar a flote la economía, tome el rumbo que tome el mundo después de la COVID-19. ¿Cuál?

¿Una sociedad más consciente de sus riesgos y limitaciones? ¿Un retorno al espacio rural? ¿Un mayor aprecio de la ciencia y el pensamiento? ¿Inyecciones masivas o sistemas de salud pública que tengan como centro al ser humano y la formación de profesionales?

Hace rato que Cuba transita esos caminos.

Conozco la enorme pequeñez de esta isla de vocación generosa, martiana, fidelista; pequeñísimo David, armado solo por una honda. Sé muy bien de su valor, de su orgullo, de su grandeza moral, agigantada ahora  ante un mundo, donde en adelante dos más dos nunca serán cuatro.

Los médicos de La Peste

Los médicos de La Peste

 

miércoles, 25 de marzo de 2020
4:48:28 pm

Desde hace cientos de años una enfermedad ha mantenido en jaque al ser humano.  La peste negra ha sido una de las plagas más letales de la historia de la humanidad. Esta terrible pandemia, causada por la bacteria Yersinia pestis, asoló diversas zonas del planeta a lo largo de varias oleadas durante siglos.

   

La peste de Justiniano, en 561 d.C., mató a unas 10.000 personas al día, pero una de las más famosas y mortíferas fue, sin duda alguna, la epidemia de peste que asoló Europa en el siglo XIV y que acabó con la vida de millones de personas.


En el siglo XVII, la peste también causó estragos en brotes recurrentes de la enfermedad que fueron letales en el viejo continente, y continuó con brotes intermitentes hasta 1879.

   

En 1348 el espanto invadió la Europa asolada por tan devastador mal, los reinos se sumieron en la ruina: Inglaterra perdió el 25% de su población, Escocia el 30%; Francia, Alemania e Italia, el 50%; peor aún la ciudad de Venecia, que vio morir a 70.000 de sus 100.000 moradores. En Tunez, durante la fase más aguda de la epidemia, llegaron a morir 1202 personas diarias.

Estos personajes también registraban testamentos y realizaban autopsias. Pero los "médicos de la peste" del siglo XVII no trataban a los enfermos sin ningún tipo de protección, sino que llevaban un atuendo que hoy podemos considerar sorprendente: iban tapados de pies a cabeza con una larga túnica y llevaban una máscara picuda.

 

Los "médicos de la peste" del siglo XVII iban tapados de pies a cabeza con una larga túnica y llevaban una máscara picuda.

Esta indumentaria se atribuye a Charles de Lorme, que fue médico personal de muchos miembros de la realeza europea del siglo XVII, como el rey Luis XIII de Francia y Gastón de Orleans, hijo de la reina María de Médicis.

Lorme describe un atuendo que incluye un abrigo revestido de ceras aromáticas, unos calzones dentro de las botas, una camisa metida dentro del pantalón, y sombrero y guantes de piel de cabra.

Los médicos también llevaban una vara para no tocar a las víctimas con las manos.

El "sombrero" incluía anteojos y una máscara con una nariz de 15 centímetros en forma de pico, según de Lorme, "llena de perfume y con dos agujeros, uno a cada lado de las fosas nasales, suficiente para respirar y transportar en el aire que se respira la impresión de las hierbas colocadas en la punta del pico".

 

El objetivo de este singular atuendo era proteger al médico de los "miasmas" que causaban la enfermedad, que en la época se pensaba que se propagaban por el aire envenenado y que podían causar desequilibrio en los "humores" o fluidos de las personas.

Para evitar estos "miasmas", los facultativos de la época llenaban estas máscaras con triaca, una elaboración de más de 55 hierbas, polvo de víbora, canela, mirra y miel. De Lorme afirmaba que la forma picuda de la máscara daría al aire el tiempo suficiente para impregnarse de esta solución protectora antes de llegar a las fosas nasales del médico, que así no respiraría aire contaminado.

En realidad, estos trajes y máscaras no eran efectivos para proteger a los galenos (aunque sí contribuían a que fuesen reconocidos a simple vista por todos), y sus métodos tampoco salvaban muchas vidas.

Pero la imagen de estos personajes ha pasado a la historia, y su aspecto ha sido tan emblemático que, por ejemplo, en Italia, el "médico de la peste" se convirtió en un personaje fundamental en la commedia del l’arte, en las festividades de carnaval y aún es un disfraz muy popular en la actualidad.


Pandemias históricas- Imágenes semejantes

Antes de la peste bubónica que asoló la Europa del siglo XIV, la primera gran enfermedad epidémica fue la plaga de Justiniano. Por su alta mortalidad, creó un pánico masivo en las ciudades y países donde aparecía. Sus diferentes brotes se repitieron durante más de dos siglos y acabó con 50 millones de personas en todo el mundo. 

  

    

Seis siglos y 72 años después de la primera gran enfermedad epidémica, que en sus diferentes brotes acabó con 50 millones de personas en todo el mundo, otra pandemia, la del covid-19 ya se ha expandido a todos los continentes (excepto la Antártica), contagiando a 451.419 y matando, hasta el día de hoy, a 20 500 seres humanos.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Compartir las palabras con James Lipton

Compartir las palabras con James Lipton


domingo, 08 de marzo de 2020
11:33:52 pm 

Hace unos días fue sepultado el creador y presentador del programa de televisión estadounidense Inside the Actors Studio que condujo hasta 2018. James Lipton murió el 2 de marzo, a los 92 años, pero dejó montones de recuerdos y, sobre todo, el buen ejemplo de sus preguntas y comentarios como conductor-entrevistador. 

De imagen sobria y elegante, casi siempre de traje y corbata. Delicado, meticuloso y cálido, este detroiter, tenía entre sus pasiones pilotear aviones y el salto ecuestre, disciplina en la que se destacó hasta sufrir un accidente como jinete. Sostenía que ambas acciones implicaban mucha concentración pues para aterrizar un avión o saltar una valla a caballo, había que estar extremadamente enfocado. No hacerlo correctamente era la muerte, o una grave lesión. Le gustaban ambas pasiones porque involucraban riesgo. 

En una entrevista a Big Think, Lipton confesó que cuando estaba solo en su estudio disfrutaba el acto de escribir, "bien o mal". Por supuesto, un buen resultado lo hacía inequívocamente feliz. Único hijo, su padre, Lawrence Lipton, un poeta de la generación Beat, quien abandonó a la familia cuando James tenía seis años, y su madre, Betty Weinberg, una profesora que le indujo el amor por la palabra, el arte y el teatro. 


Como escritor fue exitoso y su libro más popular es An Exaltation of Larks (1968). También escribió telenovelas como The Guiding Light, para la cual actuó; y musicales de Broadway como Sherry! (1967). Quizás su trabajo escrito más visible en los últimos años era la elaboración de las doscientas fichas que preparaba y que deslizaba entre sus manos a medida que construía y deconstruía la historia de su invitado. 

Casi nadie se resistió a una invitación de James Lipton. Uno de sus trofeos fue Meryl Streep, hasta el día de hoy entrevistada muy pocas veces. Y aquellos que osaban excusar su ausencia tenían argumentos tan infalibles y halagadores como el de Jeniffer Lawrence, quien le pidió que la esperara un poco, que era muy joven y que necesitaba más tiempo. Lipton, explicaba que los artistas aceptaban porque eran invitados a una una clase, el público estaba compuesto por alumnos que querían conversar sobre el arte y el proceso, “venían a enseñarnos, es otro tipo de relación”. Una de las premisas del show era que allí no entraba el chisme. Se tocaban los temas personales de manera muy delicada, solo cuando eran relevantes para el artista.

 

Invertía dos semanas de preparación para cada una de sus entrevistas, una investigación que vertía en sus fichas escribiendo prácticamente una obra de teatro. Se tomaba de cuatro a cinco horas de grabación que luego eran editadas en una o dos horas. Contaba que en ocasiones tenía que botar a sus invitados. Barbra Streisand, Dustin Hoffman, Anthony Hopkins, Steven Spielberg y Jim Carrey son parte del selecto grupo que escucharon las súplicas de James Lipton pidiendo que se fueran, que era la una de la madrugada y los alumnos tenían clases en la mañana.  

 

“Nos dimos cuenta que nadie quería que esto se desvaneciera en el aire”. Consideraba que esta serie de entrevistas era mucho más que buena televisión y que habían creado un único archivo, algo que no se había hecho antes. Siendo miembro, profesor y creador del Actor´s Studio Drama School, Lipton ideó una masterclass en donde invitaría a los más respetados y afamados actores, escritores y directores para ser entrevistados por el y sus alumnos. Es así como en 1994, a manera de promover la escuela y el trabajo que realizaban, establece una alianza con un canal de televisión y decide mostrar su clase al público.

 

En aquel escenario sobrio, de moderado costo y en fondo negro, tras un pequeño escritorio en donde reposaban una fichas azules estaba James Lipton. Amó las artes y se dedicó a ellas como actor, coreógrafo, productor, director y hombre generoso en compartir las palabras de otros. 

¿Qué es lo que más te causa placer? “Las palabras, no las mías, las palabras de la gente, palabras, palabras es lo que me causa placer”. 

(Fuente: eluniversal/ Valentina Maninat) 

Y te llamarás…

Y te llamarás…

 

domingo, 08 de marzo de 2020
11:16:24 pm

Por Mercedes Rodríguez García

Quisieron ponerle un nombre. Que fuera único, que nadie sobre la Tierra lo tuviera. Que fuera breve pero a la vez intenso, sonoro y gentil. Que tuviera luz, aroma y color, y que, como paloma o mariposa, volara; y como sol, calentara; y como luna, brillara. Un nombre que por sobre todas las especies, océanos y selvas se elevara, y en lo alto —lo más alto— compartiera la diestra divina y poderosa. Un nombre que tuviera mucho de diamante, pero además de espuma y manantial; que tuviera bastante de esmeralda, y también de fuego y de volcán, de óvulo fructuoso. Un nombre sencillo como la más sencilla de las flores silvestres que crecen en el valle, o de esa planta que retoña y retoña, afianzada en tundras y praderas, resistente al frío, a los vientos, y a la sequedad de la hacienda. Un nombre que, como columna, sostenga; que como palanca, levante; que como escudo, proteja; que como lanza, defienda: en todo trance, en todo tiempo. Nombre de hogar y de familia, de labores, leyes y preceptos. Nombre genérico, curador de todos los dolores, surtidor de todas las ternuras. Nido de amor, gruta de cariño, socavón de afectos.  Un nombre para todas las vidas, para todos los días. Por lo siglos de los siglos: ¡Mujer!

 

Martí para vivir, amarnos y defendernos

Martí para vivir, amarnos y defendernos

 

miércoles, 29 de enero de 2020
2:48:29 p.m.

Por Mercedes Rodríguez García

Trabajo me costó explicarle a un apasionado joven del vecindario hace dos años lo que hoy cobra suprema actualidad, fuerza  y relevancia. Al final, creo que no me entendió el concepto martiano según el cual «la libertad es la tiranía del deber».

En aras de la «vocación de libertad expresiva», —y a título de mi condición de periodista—me llamó para reclamarme escribiera «algo en contra de la prohibición en Cuba», de un film donde un personaje que «según los medios oficiales se expresaba de forma inaceptable sobre José Martí».

Fue a raíz de la XVII Muestra Joven ICAIC. Me dijo que él no conocía la «intríngulis del asunto», pero que había leído en La Jiribilla y otros medios de prensa nacionales digitales «lo de la censura», en realidad, una Declaración de la Presidencia de la institución cinematográfica cubana, explicando las razones por las cuales no se autorizó en ese evento la exhibición de Quiero hacer una película, obra financiada por «una plataforma europea de las más reconocidas en el ámbito del micro mecenazgo» Lo demás —digo— alharaca y disidencia en Facebook.


Y Sin haber yo visto el material audiovisual de marras, aunque sí estar al tanto de los sucesos por internet, le respondí de manera categórica:

—¡No! Claro que no voy a escribir nada contra ese tipo justificado de censura, que no es tan así como tú piensas. Soy martiana de corazón e ideales, y jamás certificaría producciones audiovisuales o de otra índole donde se ultraje a nuestros próceres, mucho menos al Apóstol, que lo dio todo por la causa a la cual consagró su vida. Para mí es inadmisible e intolerable.

Entonces chasqueó la lengua y, tratando de ser discreto, me fue dando la espalda…

—Si quieres te vas y continuamos luego, mas, dime antes, con sinceridad, si recuerdas de tus clases de Historia de Cuba lo que sucedió el 11 de marzo de 1949 cuando dos  marines yanquis procedentes del barreminas norteamericano Rodman, fondeado en la rada habanera, treparon a la estatua de José Martí erigida en el Parque Central, y uno de ellos orinó en lo alto. ¿Lo apruebas o lo condenas?

—Claro que lo condeno, pero eso es otra cosa. Una película es una película, el cine y la literatura admiten ficción; la historia, no.

—No, es lo mismo. Con respeto y observancia de testimonios y documentos, la historia también se puede recrear. Hay bastante y buenos ejemplos de ello en el cine, no solo cubano sino mundial. ¿Me entiendes?

La callada por respuesta y otro leve chasquido de lengua. Fue como una estocada en medio del pecho. Y ¡es que me ilusionan tanto los jóvenes y amo tanto a nuestro Martí! que me cuesta creer puedan existir algunos que no se sientan martiano, pues, habiendo nacido y estudiado en esta tierra, debía ser así por «transferencia genética», herencia generacional, de quien asistió y valoró con profundidad y justeza las grandes contradicciones de su época, y que lo llevaron a transitar del anticolonialismo al antiimperialismo, uno de los rasgos fundamentales de su legado.

Lo he pensado y lo escribo sin ambages: grande instrucción, cultura meridiana y escasa preparación para la vida. Fisura de nuestro sistema educacional, que no contempló en su momento la ética y la espiritualidad como algo imprescindible en la formación del ser humano y las aspiraciones más caras de la nación.

Hendidura de familias sobreprotectoras y de maestros «encartonados» que no supieron inducir con la palabra y el ejemplo valores como la honestidad, la honradez, el virtuosismo y el decoro. Que no supieron portar escudo —tal vez a ellos tampoco se lo infundieron— contra el egoísmo, la vanidad, la codicia. Que no imbuyeron en descendientes y alumnos aspiraciones delicadas, superiores y espirituales de la mejor parte del ser humano.

En definitiva, lunares, asimétricos que estropean la epidermis, pero también nevos displásicos que pueden convertirse en melanoma, hasta deslustrar la hermosa piel de un país empeñado en demostrar la superioridad de su proyecto, no solo en el plano ideal sino también en el material que le sirve de sustentación.

Y acudo al poeta y crítico Cintio Vitier, quien sostenía que en materia de educación y de cultura «no hay problemas menores ni desdeñables», porque todos «poseen la misma importancia» y todos guardan relación entre sí…» y «porque un pueblo de costumbres incultas no puede ser en verdad, martianamente hablando, un pueblo libre».

Vivimos en un mundo caótico donde luce demonizada la Naturaleza en un irreconciliable ajuste de cuentas con la humanidad, signado a la vez por profundas desigualdades entre ricos y pobres, y los egoísmos y desenfrenos de los más poderosos, dueños no solo de las mayores riquezas materiales sino también de un terrible arsenal armamentístico convencional y nuclear y de emporios mediáticos y comunicacionales que imponen mentiras y medias verdades. De ese modo, manipulan a las masas analfabetas, embrutecidas por el hambre, la insalubridad y otros males, carencias, indignidades y situaciones, que muchos califican de apocalípticos, refiriéndose al cumplimiento en una fecha indeterminada e imprecisa de oráculos y profecías escatológicos incorporados al canon de la Biblia.

Y con esos «truenos» ¡quién duerme!

De ahí la urgente necesidad de acrecentar y afianzar una espiritualidad que apostille la autenticidad, la pureza, la generosidad y la nobleza —cualidades tan cristianas como martianas y fidelistas—,  que nos hacen crecer como pueblo soberano, como una nación culta conectada con su pasado, donde todas las personas que la integran compartan sentimientos de solidaridad y fraternidad. Unidos por la Patria —esa sentimental Patria de todos y por el bien de todos— y en la cual «las convicciones trascendentes de Martí están inextricablemente unidas, en él, a sus acciones históricas».

Y lo que digo está más allá —o más acá— de acontecimientos o incidentes de momentos y tendencias políticas específicas. Como señalara en una conferencia magistral el Dr. Ibrahim Hidalgo Paz, al asumir en junio de 2019 la presidencia de honor del jurado de la XLIV Edición del Seminario Nacional Juvenil de Estudios Martianos:


«La lección esencial que dejó nuestro Héroe Nacional para el futuro —el suyo y el nuestro— estriba en la necesidad de que, en el afán de perfeccionar el funcionamiento de la patria, los revolucionarios de verdad  mantengamos sobre sólidos fundamentos éticos una unión que no supone unanimidades imposibles. Debe ser, eso sí, el abrazo de convicciones y proyectos medulares para salvar la nación, y su tarea transformadora, en medio de la agresividad que el imperialismo mantiene contra ella. No es cuestión de consignas, sino de realidades».

Lo asumo como periodista, como persona, como simple ciudadana cuyos haceres y deberes están y estarán condicionados siempre por el apego al prójimo, por ese hálito benéfico y sustentador que me habita, definido por Martí en su poema Abdala cuando tenía apenas 15 años: «El amor, madre, a la patria/ No es el amor ridículo a la tierra/ Ni a la yerba que pisan nuestras plantas;/ Es el odio invencible a quien la oprime,/ Es el rencor eterno a quien la ataca […].»/

Por eso, volver una y otra vez al Héroe de Dos Ríos, a su biografía, a sus poemas, artículos y crónicas, me contagian su fe y su entusiasmo.

Cada día, cada hora, cada minuto y segundo —hasta que deje de apretujarme la vida— encontraré en el Apóstol un paradigma de virtudes en que apoyarme cuando me llegue el desplome final, y que también como él desearía de cara al sol.

Otros lo han dicho. Martí es un carácter, un genio universal que marca el camino a través de los tiempos. Martí es un símbolo sagrado. Y muy mal de aquel país que no cuide sus símbolos. Quien permita que lo mancillen, lo vilipendien, lo ultrajen, no merece haber nacido en esta tierra la «más hermosa que ojos humanos vieran».

Para mí Martí es Cuba y Cuba es Martí, el más universal de los cubanos, el hombre que, a manera de cordial tonificador, me da fuerzas para levantarla si alguna viera caer por titubeos y flojedades, a esa Cuba revolucionaria, insumisa, con sus aciertos y desaciertos, fallas, errores, o como quieran llamarle a lo que nos ha salido mal o no hemos sabido resolver en el momento oportuno.

¡Cuánto quisiera encontrarme de nuevo con aquel muchacho del barrio que decidió emprender una «escapada trashumante» a tierra tan distante de su sangre y su rebaño natal. Me gusta pensar que volverá, persuadido de que sin nación solo queda el desarraigo, el destierro del alma; de que el Maestro, el Héroe, el Apóstol, lo necesitamos más que nunca para vivir, amarnos y defendernos.

Santa Clara: las luces verde olivo del triunfo

 

lunes, 30 de diciembre de 2019
8:28:16 p.m.

Tras cinco días de combates y bombardeos, el 1º de enero de 1959, Santa Clara está en manos del Ejército Rebelde con el comandante Ernesto Che Guevara al frente. Batista ha huido. El pueblo entero se desborda en las calles para celebrar la victoria.

Por Mercedes Rodríguez García

1958. El 27 de diciembre Placetas ya está en manos rebeldes. En la habitación 22 del hotel Las Tullerías, el Che precisa detalles para caer sobre la capital de Las Villas. Entre las 23:00 y 24:00 las tropas deberán estar formadas y listas para partir.

 

— Núñez, tú que le sabes a la topografía, necesitamos un camino que nos conduzca a Santa Clara sin tener que ir por la Central.

—Sí, Comandante, existe un camino vecinal poco transitado

— ¿Y hasta dónde llega exactamente?

— Cruza por Sabanas Nuevas, Callejón de las Casas y otros puntos. Termina al fondo de los terrenos de la Universidad.  Le dicen «La Vallita».

En la madrugada del 28 los hombres de la Columna 8 «Ciro redondo» instalan campamento y comandancia en la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas.

Entre los obreros que han quedado cuidando las instalaciones está el tractorista Longino. Las pisadas fuertes y los pasos acelerados de los rebeldes lo sacan de la cama. De inmediato se pone a las órdenes del Che. En el local que ocupa una pequeña fábrica de conservas, comienza a trabajar en la fabricación de botellas incendiarias.

Hasta él llega un joven barbudo:

—Señor, deje lo que está haciendo, que él Che quiere verle, acompáñeme.

Una vez frente al jefe guerrillero Longino le extiende la mano y se ofrece «para lo que sea».

—Amigo, preciso que me informe sobre el estado y la disponibilidad de los tractores y, sobre todo, de una buldócer que tienen por acá… ¿Es fácil de manejar?,  ¿qué tiempo puede estar con el motor trabajando?

—Mejor no la quiero, está en perfectas condiciones, es una motoniveladora Caterpillar americana, sí, fácil de manejar…

Pues revise el combustible y téngala lista que nos la llevamos.

Ese mismo día, todavía oscuro, la tropa rebelde parte hacia Santa Clara. A ambos lados de la carretera forman dos columnas.

Los pelotones delanteros de Alfonso Zayas, Miguel Álvarez, Ramón Pardo y Emerio Reyes, divisan una tanqueta que avanza con ametralladora descubierta. La mayoría de los rebeldes se tiran al suelo, se arrastran  sobre la cuneta y alcanzan los portales de las casas marginales. El enemigo dispara sin piedad. Repuestos del sorpresivo ataque los guerrilleros repelen la agresión y toman la ofensiva. La tanqueta retrocede hacia la ciudad; los rebeldes, hacia la Universidad. En un aula velan a sus muertos y en otra se improvisa un hospital de sangre.

Con posterioridad la columna se reorganiza y emprende nuevo la marcha hacia Santa Clara.

El 29 de diciembre, a la entrada de la ciudad las tropas del Che mantienen a raya a los soldados del tren apostados en la loma del Capiro. Con la «Caterpillar», levantan un tramo de más de 30 metros de la línea férrea, y atraviesan la motoniveladora.

Como a las 03:00 horas, en marcha atrás, a regular velocidad, aparece el tren. No tuvo ni tiempo de frenar. Descarrilado el gascar de cola y volcado uno de los carros sobre un garaje inmediato a la línea, el resto del tren queda paralizado bloqueando el tránsito por el lugar.

Sin dar tiempo a que el enemigo reaccione comienza el combate. Por el lado de Camajuaní avanzan refuerzos, y hacia allá va el Che a disponer la defensa. Al frente de las operaciones queda el capitán Pardo Guerra, quien pasadas las 04:10 horas propone una tregua. Los guardias la aceptan.

—¿Quién es el jefe del convoy, quiero hablar con él?

Del vagón más cercano se tira un teniente con una ametralladora Thompson en la mano.

—No vamos a rendirnos, mejor dígale a los suyos que lo hagan, ya vienen los tanques del ejército y contra ellos no van a poder

—Con usted no tengo nada que hablar y tampoco nos van a intimidar. ¿Dónde está su jefe?

Entonces aparece el comandante Ignacio Gómez Calderón, jefe del tren blindado.

—¿Quién los manda?

—El comandante Guevara.

—¡Ah, el argentino! Pues búsquelo, no puedo abandonar el tren bajo ningún concepto.

Una vez recibido el aviso el Che llega, y por última vez advierte:

—Si no se rinden de todas formas van a caer prisioneros, pero si continúan peleando serán responsables por el derramamiento de sangre que habrá.

—¡No nos rendiremos!

—Pues dentro de 15 minutos reanudamos el combate.

Antes de cumplido el plazo la tropa especial del Cuerpo de Ingenieros, depone armas. En camiones son embarcados hacia Caibarién.

Dentro de Santa Clara pequeños grupos han penetrado en la ciudad y ocupado cuanto vehículo encuentran en los garajes con el objetivo de atravesarlos en las calles.

Las botellas incendiarias hacen  estragos  contra los tanques y posiciones enemigas. Para pasar de una casa a la otra, dueños y rebeldes rompen las paredes. De ese modo lo mismo podían conseguirse alimentos de una bodega, que petróleo de una tintorería o acceder a determinado enclave, como hizo «El Vaquerito» para poder llegar lo más próximo posible a la Estación de Policía.

Pero lo más temible resultan los B-26. Bombardean y ametrallaban la ciudad, el Escuadrón 31, la Policía Motorizada, la cárcel, la Audiencia y, con más saña, los alrededores de la intersección ferroviaria hacia donde se encuentra el Tren Blindado.

Las fuerzas batistianas se han atrincherado en los puntos más prominentes y desde allí disparan sus armas automáticas. También hay francotiradores del ejército en los techos de las casas y azoteas de los edificios más altos. Más tarde desde estas mismas posiciones dispararán los rebeldes sus Garand y Sprinfield.

Los combates duran toda la noche del día 31. En manos rebeldes han caído las principales defensas batistianas:

La Jefatura de la Policía Nacional, situada frente al parque El Carmen. En total unos 300 hombres entre policías, chivatos y adictos al régimen allí refugiados. Para su defensa cuenta con ametralladoras de mano, abundante parque, y dos tanques tipo «cometa». Al frente, el sanguinario coronel Cornelio Rojas.

El Escuadrón 31 de la Guardia Rural, ubicado en una manzana del terreno en la prolongación de la calle Colón. Para su defensa cuenta con alrededor de 250 soldados dotados de ametralladoras calibre 50 y 30, y dos tanques.

El Gobierno Provincial, frente al parque Vidal, sirvió de fortificación a unos 30 hombres, entre soldados y civiles.

El Gran Hotel, para entonces considerado uno de los edificios de mayor altura en el interior del país, parapeto de los más connotados esbirros y asesinos de la tiranía, entre ellos francotiradores.

El Aeropuerto Civil, construido en las afueras de la ciudad, banda Esperanza, dominaba el acceso a Santa Clara desde La Habana. Sirvió de trinchera a unos 80 soldados.

La Patrulla por Carretera, a la entrada de la ciudad banda de Placetas. Más conocida como Cuartel de «Los Caballitos», defendida por unos 30 soldados pertenecientes a ese servicio.

El Regimiento Leoncio Vidal con el coronel Joaquín Casillas Lumpuy al frente y unos 1 300 soldados, apoyados por tanques ligeros, tanquetas, morteros, piezas de artillería, y la ayuda de los aviones con base en Columbia. Es el último enclave batistiano en levantar bandera blanca en las primeras horas del martes 1º de enero de 1959.


Batista ha huido. Santa Clara entera se desborda en las calles por donde extenuados, pero jubilosos, saltan, corren, se abrazan a conocidos y desconocidos, incluso, entre ellos mismos. Hay fiesta, se celebra, como escribiera en un poema el Indio Naborí, «¡la muerte de las sombras amarillas / y el triunfo verde olivo de las luces!»

A las nueve de la noche del día 2 la Columna 2 «Antonio Maceo», procedente de Yaguajay, llega a la ciudad liberada.

El Comandante Camilo Cienfuegos entra en el edificio de Obras Públicas, y allí comunica al Che las órdenes de Fidel. Esa misma madrugada ambas tropas parten con el objetivo final, los principales cuarteles cercanos a la fortaleza de La Capital. Camilo tomará la Ciudad Militar de Columbia, mientras que el Che atacará la fortaleza de La Cabaña.

Antes de marcharse el Che deja el siguiente «Mensaje al pueblo de Las Villas»:

«En ocasión de retirarme de esta Capital y de la Provincia con destino al nuevo cargo que la comandancia general de nuestro Ejército me ordenara asumir, expreso mi agradecimiento más sentido a este magnífico pueblo que tanto colaborara con la causa de la Revolución y en suyo suelo se han dado muchas de las importantes batallas finales contra la tiranía. Expreso mi deseo de que se brinde el más amplio apoyo al Gobernador militar de Las Villas, compañero Capitán Calixto Morales, para normalizar rápidamente la vida institucional de esta sufrida provincia.

«Sepa el pueblo de Las Villas que al retirarse nuestra Columna Invasora, enormemente aumentada por el aporte de los hijos de este pueblo, lo hacemos todos con el sentimiento de dejar un lugar querido y profundos afectos personales. Invito a mantener el mismo espíritu revolucionario para que en la gigantesca tarea de la reconstrucción también sea Las Villas vanguardia y puntal de la Revolución».

Tras la pantalla: Cumpleaños de una gran familia

Tras la pantalla: Cumpleaños de una gran familia

 

martes, 05 de noviembre de 2019
10:56:14 p.m. 

El 5 de noviembre de 1984, sale al aire el tercer Telecentro fundado en el país, le anteceden únicamente Santiago de Cuba (1968) y Holguín (1976). Tiene el encargo de informar sobre el acontecer de la región central cubana y contar, en imágenes, su vida económica, social y cultural. 

35 años después, como canal provincial, Telecubanacán habla a Cuba y el mundo del quehacer de los villaclareños. Tras la pantalla, en ese otro lado donde se cuece el producto audiovisual, es una gran familia, que progresa en el intento de hacer una mejor televisión.