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LA TECLA CON CAFÉ

Cronicafeando

A pesar de los pesares me quedo con Mozilla Firefox.

A pesar de los pesares me quedo con Mozilla Firefox.

Un amigo de Méxio me envía su comentario acerca del uso de los navegadores y yo le respondo.Son modestas experiencias que comparto, aunque de seguro no tengo la última, porque en Cuba la navegación es lentísima.

Digo yo que la nueva versión es mucho más rápida que el Explorer 8, pero Safari y Chrome le están pisando los talones. La nueva versión del Mozilla Firefox, el navegador número dos en cuanto a participación de mercado, supone el tercer lanzamiento de un gran navegador este año, tras las nuevas ediciones de Internet Explorer de Microsoft y Safari de Apple.

Si embargo, diferencia de Firefox, estos dos navegadores vienen ya instalados con las dos principales plataformas de computación, Windows y Mac. En cambio, Mozilla debe convencer a los usuarios de que descarguen Firefox, que tiene versiones esencialmente idénticas para ambos sistemas. Y le ha ido bastante bien, ya que posee el 23% del mercado, según la mayoría de cálculos, comparado con entre 60% y 70% para IE, que es sin duda el líder. Muy buena herramienta para navegar la Web. La nueva versión ha sido mejorada y funcionó en mi PC.

Mas, Firefox ha perdido lo que tradicionalmente era su mayor ventaja: una mayor rapidez que sus rivales. Aunque Firefox 3.5 es dos veces más rápido que la versión previa, 3.0, y superó fácilmente al Internet Explorer 8, fue más lento que Safari 4.02 y que la edición beta de Chrome 2.0, el navegador de Google.

De hecho, Mozilla ya no está promocionando Firefox como el navegador más rápido. Ahora prefiere decir que es uno de los más «modernos», junto con Safari y Chrome, cuyas tecnologías los hacen mejores en el manejo de aplicaciones basadas en la Web que imitan programas de computadora tradicionales como los editores de fotografías, los procesadores de texto y las hojas de cálculo.

Además, esta versión de Firefox tiene relativamente pocas funciones nuevas y algunas de ellas son sólo un esfuerzo para ponerse al día con las que habían presentado antes Microsoft y Apple. La más notable entre estas funciones es un modo de navegación privado, que fue popularizado por primera vez por Safari, y fue expandido de forma importante en IE, que le permite al usuario navegar por sitios Web sin dejar rastros en su computadora.

Mozila afirma que su objetivo principal desde ahora será convertir Firefox en la plataforma ideal para utilizar aplicaciones basadas en la Web. Comparte la creencia, a la que Google se adhiere con fervor, de que los consumidores se pasarán gradualmente de los programas que se guardan en los discos duros de sus computadoras a los que se almacenan en la «Nube», el término que utiliza la industria para los servidores que están detrás de Internet.

Para demostrar esto, el nuevo Firefox puede hacer unos trucos nuevos, como reproducir video directamente desde páginas Web sin necesidad de plugs-ins como el Flash de Acrobat.

Firefox 3.5 incluye algunas funciones nuevas, además de la navegación privada. Puede localizar con precisión su ubicación, para que cualquier sitio Web configurado de forma apropiada pueda proveer contenido local relevante. Tiene una buena opción que le permite «olvidar» cualquier página Web en su historial, y borra todos los rastros de que estuvo allí, incluso si se olvidó de activar la función de navegación privada antes de empezar. Y puede recuperar sus pestañas abiertas luego de que la computadora se quede congelada y sea necesario reiniciarla.

Además, Firefox sigue a la delantera respecto a sus rivales en cuanto a la cantidad y variedad de agregados de terceras partes que mejoran la navegación de muchas formas, como el sumar funciones a sitios como Twitter‐ o hacer que añadir una página a los favoritos sea más fácil.

En cuanto a la velocidad, probé el Firefox 3.5 contra sus principales rivales al medir cuánto tiempo llevaba iniciar el programa desde la misma página Web, y cuánto llevaba cargar por completo sitios Web populares como Facebook y YouTube.

Probé cuánto llevaba cargar de forma completa carpetas que contenían numerosos deportes y sitios de noticias simultáneamente. También realicé una prueba de referencia de la industria que mide la velocidad del navegador para manejar un importante lenguaje Web llamado JavaScript. Realicé estas pruebas en la misma red de inicio tanto en una computadora Dell como en una Apple.

Aunque Firefox tuvo el mejor desempeño en algunas de estas pruebas, Safari y Chrome fueron los mejores en la mayoría. En un buen número de casos, las diferencias de velocidad no fueron grandes, excepto en el caso de IE, que fue muchísimo más lento que los otros. Pero esta es la primera versión nueva de Firefox que he probado que no ganó la mayoría de las pruebas.

Firefox sigue siendo un gran navegador Web y aún es mucho más rápido que su principal rival, Internet Explorer. Pero su ventaja se está diluyendo... Esperemos un poco más. A pesar de los pesares, me quedo con Mozilla.

 

ALMEIDA: TAMBIÉN UN HOMBRE DE LA CRUZ ROJA

ALMEIDA: TAMBIÉN UN HOMBRE DE LA CRUZ ROJA

Por Mercedes Rodríguez García

Corría el año 1961 y con él los planes de la Revolución para exterminar el analfabetismo. Miles de adolescentes y jóvenes de todas partes del país transitaban en todo tipo de vehículos a lo largo y ancho de la Isla para llevar la luz de la enseñanza a los más apartados rincones de la geografía cubana.

Luego de su participación en las acciones socorristas de Playa Girón, sanitarios, camilleros y demás personal voluntario de la Brigada 17 de la Cruz Roja, disponen sus fuerzas y precarios recursos para atender las necesidades de un sui géneris cargamento humano que hará escala en Santa Clara.

Los brigadistas vienen de Matanzas y La Habana por ferrocarril, en vagones de carga, que han sido previa y mínimamente acondicionados. Hace calor y por el camino han bebido agua y refrescos, y comido todo tipo de alimento.

Hasta Ricardo González Calvo, responsable de la brigada de cruzrojistas santaclareños, llega el aviso para que se presente con sus hombres en la Estación de Ferrocarriles. Centenares de alfabetizadores vienen con fiebre, vómitos y diarreas. La situación es alarmante pues no disponen de los medicamentos necesarios para atender el brote. Con paquetes de aspirina, gotas nasales y colirio no se podía hacer mucho. Salud Pública les había planteado que carecía de fármacos específicos y en las cantidades que le solicitaban.

Rápidamente toma una decisión. Con algunos de sus voluntarios se presenta en el Estado Mayor del Ejército del Centro. Los recibe un mulato, serio pero afable. Viste de verde olivo, pero sin grados. Se trata del mismísimo jefe rebelde, Comandante Juan Almeida Bosque.

Sin rodeos y sin entrar en detalles Ricardo lo pone al tanto de la situación. Almeida le pregunta: « ¿Y dónde está pasando eso que me cuentas?» «En la estación de ferrocarril, comandante», le responde. «Pues vamos para allá enseguida», repuso jefe militar de la región.

Ya en la estación de trenes, Almeida comprueba la gravedad del asunto. Se trata de adolescentes, casi niños, varones y hembras, desfallecidos por la fatiga de un viaje que se realizaba en condiciones muy adversas, en carros de caña más o menos dispuestos.  Sin pérdida de tiempo ordena que le localicen a las autoridades del gobierno local: «Hay que traer esas medicinas y todo lo que haga falta con urgencia ». También recomienda hagan montar una cafetería.

Sobre las cuatro de la tarde ya estaba montada una cantina y parqueada una rastra con medicamentos. También personal médico y de enfermería. Pero los camilleros no resultaban suficientes. «Pues habrá que improvisarlos, así que todo el que tenga brazos y piernas fuertes que se sume», sugirió Almeida.

Y sin esperar la reacción de los allí presentes agarró una de las parihuelas al tiempo que instaba a dos de sus ayudantes personales para que lo siguieran.

Pasaron tres días hasta que la situación más o menos se normalizó. Muchos brigadistas fueron hospitalizados. Mientras tanto los trenes seguían llegando y continuando viaje hacia Camagüey y Oriente. .

Cuando lo creyó oportuno el Jefe del Ejército le dijo Ricardo: «Ustedes se han ganado el derecho a que se les respete, dentro de dos días me localizas.»

Al encontrarse de nuevo le preguntó: «A ver, ¿qué necesita la Cruz Roja?» «De todo, Comandante» Y Almeida les firmó un cheque a que Ricardo depositó en el banco a nombre del Fondo Operativo de la Cruz Roja Cubana. Cuando al otro día siguiente le llevaron el comprobante Almeida sonrió diciéndole: «No había tanto apuro, hombre; pero así deben ser las cosas cuando hay dinero ajeno de por medio.»

Como nadie el entonces jefe del Ejército Central había sido testigo de las penurias de la Cruz Roja. Poco antes de los sucesos narrados, la organización socorrista compró un carretón. No tenían caballo, pero al menos durante aquellos días les sirvió de improvisada casa de campaña para dormir, incluso el propio Almeida, quien también facilitaría la primera ambulancia y un jeep que tendría la brigada de la Cruz Roja en Las Villas, así como la cierta cobertura de equipos y medicamentos que cubriría la esfera militar.

Ese mismo año el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, presidió el acto de graduación de la primera escuela de sanitarios y camilleros de la Cruz Roja, ubicada en el antiguo Deportivo del Casino Español, hoy parque Arco Iris.

Fuente:

Fragmentos inéditos de entrevistas realizadas por la autora a un grupo de fundadores para una serie de reportajes sobre la historia de la Brigada 17 de la Cruz Roja, publicados en varias ediciones del suplemento El Santaclareño (1997). Premio Henry Dunant a la Excelencia Periodística, Delegación Regional del Comité Internacional de la Cruz Roja para América Central y el Caribe 1998.

 

ALMEIDA: RECUERDOS E INTERROGANTES PENDIENTES

ALMEIDA: RECUERDOS E INTERROGANTES PENDIENTES

 

Por Mercedes Rodríguez García

Estuve cerca de él en más de una oportunidad. La primera hace ya muchos años, recién triunfada la Revolución. Vivía yo en Anderson número 14, una calle de 24 casas a la que, sin serlo, todo el mundo anteponía los sustantivos «pasaje» y «callejón», definiciones impropias por su doble salida y doble tránsito hacia las calles Síndico y Caridad, en Santa Clara.

Pues hasta allí, en un auto negro cuyo modelo y marcha he olvidado, venía con cierta regularidad Almeida. El carro lo parqueaban frente a mi casa. Sin mucho alboroto descendían completamente vestidos de verde olivo tres o cuatro rebeldes, que supongo formaban parte de la escolta. Mientras Almeida visitaba al negro Joseph, en la acera de enfrente, el otro militar con grados de comandante, Belarmino Castilla, corría a casa de su novia, Martica Arbona, en la cuadra inmediata, a la izquierda, loma arriba.

Tenía yo siete años y no sabía nada de la jerarquía militar de los visitantes, al no ser por mis dos tías treintañeras y demás vecinas jovencitas, tras cuya algarabía salíamos a dar la mano a los barbudos y a pedirles collares de santajuana, peonías, pojas y otras semillas que abundaban en la Sierra Maestra, con los cuales adornaban sus cuellos.

En casa de Josehp, casado con una señora gruesa, blanca y «bigotuda», pasaba como media hora encerrado. Cuando salía, le esperaba un tumulto de gente llegadas de las cuadras aledañas. La chiquillería siempre salía ganando. Él nos ponía a un lado, nos hacía preguntas sobre la escuela, si leíamos muñequitos de Supermán y si nos gustaba coleccionar postalitas de animales y vehículos.

Recuerdo cuando me puso amabas manos en los hombros y me dijo que estaba muy flaquita. Luego tiró de una de mis «motonetas» y, dándome unos coscorrones en la cabeza, me mandó a comer mucha harina y boniato para que engordara.

Nunca se me olvidó aquel negrito que con el tiempo se convirtió en una de las figuras más representativas de la Revolución. Con el paso del tiempo, ya ejerciendo el periodismo, volvimos a encontrarnos en dos o tres coberturas de prensa, entre ellas la tribuna abierta en Cifuentes, en junio del 2004.

Intenté entrevistarle. Pero, a decir verdad, no tuve suerte. Tal vez porque fui demasiado disciplinada ante las medidas protocolares por parte de los funcionarios que organizan a la prensa provincial en actos de primer nivel; o porque, en última instancia, no apliqué la técnica del «abordajes kamikaze», que en otras ocasiones, incluso con el Comandante en Jefe, me había dado buenos resultados.

Con Almeida tenía varios intereses, el principal, que me identificara el día y lugar de una foto que me regalaron en Manicaragua, procedente de los archivos de un famoso y recién fallecido fotógrafo de la localidad, cuya obra gráfica era revisada para «salvar» lo que en realidad no pudo ser salvado, incluso, centenares de negativos en cristal. La imagen, curiosa porque la imprimieron al revés, aparece él, de pie, en una presidencia junto a Camilo Cienfuegos, detrás de una bandera norteamericana, y con cara de pocos amigos, además de otros personajes de cuello y corbata que me imagino funcionarios de la embajada yanqui.

La historia, narrada por Almeida, hubiera terminado en una interesante crónica. Ya la doy por perdida.

Otro de mis interrogantes se relacionaba con la letra de dos de sus canciones: La Lupe y Dame un traguito, sobre las que el folklore popular ha tejido varios relatos de amores y cantinas, nada extraordinarios por tratarse de las experiencias de un hombre y no de un Dios ajeno a las diversiones y pasiones terrenales que tantas veces suelen omitir biógrafos y periodistas dando de ese modo una imagen estereotipada irreal de los héroes. Y eso los hace increíbles, distantes, extraños... 

Porque el legado de Juan Almeida Bosque va más allá de la lucha revolucionaria. Su nombre se inscribe en la literatura, como escritor, y en la música como compositor. De su autoría se conocen más de trescientas canciones, de las cuales se han hecho varias producciones discográficas. Y que yo recuerde, los siguientes títulos: Presidio, Exilio, Desembarco, La Sierra, Por las faldas del Turquino, Contra el Agua y el Viento (Premio Casa de las Américas 1985), La Única Ciudadana, El General en Jefe Máximo Gómez, ¡Atención! ¡Recuento!, La Sierra Maestra y más Allá, Algo nuevo en el desierto, La Aurora de los héroes...

De Almeida todos recordamos su «¡Aquí no se rinde nadie!», que con ¡Carajo! o sin él, pronunció para levantar el ánimo de cierto combatiente en aquel bautismo de fuego que resultó para los expedicionarios del Granma Alegría de Pío.

Se trata de uno de esos hombres excepcionales, que desde las privaciones de su cuna humilde, en el reparto Los Pinos de La Habana, creció y se formó con los más altos valores de un hijo que desea y lucha por ver su patria libre. El propio hogar con su numerosa familia -los padres como guía- y la vida misma del pueblo, le enseñaron que solo había un camino, el de la lucha.

Hombre de sensibilidad muy especial, afirmó en una entrevista que solo con el corazón se puede hacer poesía y viajar con la imaginación cuando los avatares de la lucha y la vida nos llevan de prisa por los años.

Lo recuerdo ante las cámaras de televisión en una conversación con la colega Marta Moreno, a propósito del aniversario 42 del triunfo de la Revolución, cuando Raúl Castro se refiere a las características del cubano, a su alegría permanente, y lo pone de ejemplo: «Ni Almeida ha dejado nunca de hacer canciones desde una Lupita allá por México hasta la última. ¿Cuál es?» Y Almeida, riéndose con picardía le responde: «El toro negro de Pachi»

Murió el viernes, a los 82 años, corazón y los pulmones en huelga desde hacía meses. A otros dejo los amplios detalles de su rica y fiel trayectoria revolucionaria, sus fotos a color, sus discursos.  Me apeno por su abandono físico definitivo, por los que irremediablemente se sucederán entre los de su estirpe y generación. Así es la vida. Nadie nos salva el cuerpo, solo queda la obra, aunque algunos traten de empañarla con blasfemias y aún parte de su sangre lo denigre.

No habrá exequias, él lo pidió. Como los hombres auténticos y sencillos, sus restos no serán expuestos, pero sí   enterrados con honores militares en el Mausoleo del III Frente Oriental Mario Muñoz Monroy, en fecha aún no precisa.

No quiero sumarme al laconismo de la nota oficial, ni siquiera a la expectación que ha causado la noticia del fallecimiento de Juan Almeida Bosque. En definitiva la muerte no deja de ser un estado natural de la vida, por paradójico que pueda parecer. Almeida, además del respetado Comandante de la Revolución, fue siempre para mí un artista cuyas canciones y testimonios escritos, escucho, leo y disfruto siempre que tengo la ocasión.

Ahora siento sus coscorrones, el tirón dado a mis motonetas. Sigo flaquita pues no seguí nunca su consejo de comer harina con boniato. Quiero dejarlo así en mi memoria, algo barbudo y sonriente, bajándose del auto frente a mi casa de la calle Anderson 14. ¿Con un sombrero? Sí, pero en la mano derecha, golpeándolo contra un muslo; pistola a la cintura, sin escolta, saliendo de casa de Joseph, el único negro renegro de la cuadra, con el que de seguro salió a encontrarse para cantarle a La Lupe y a su cantinerito...


 

 

 

 

 

 

Recuerdos de Jara y un informe revelador de la verdad

Por Mercedes Rodríguez García

Conocí a Víctor Jara la tercera semana de agosto de 1973, poco antes del Golpe de Estado perpetrado por Augusto Pinochet al gobierno del doctor Salvador Allende, hace hoy 36 años.

Fue en una barra de soda de la calle Luis Gandarilla, en Maipú, con un frío que nos helaba la garganta. Sentado sobre una mesa, junto a un grupo de lolas y cabros chicos, Víctor Jara tocaba canciones que nunca había escuchado en Cuba. Tal vez improvisaba.

Fueron mis amigos chilenos, Jaime y Lucía, quienes insistieron en acercarme al grupo para presentarme como su compañera de estudios, cubana residente en la Isla. El hecho que no trascendió más allá de un «hola, chucha, tu patria es bellísima», por parte del cantante y un «me gustan mucho tus canciones», que le dije estirándole mi mano. Nos sumamos al grupo pero como a la media se marchó en una furgoneta blanca con dos o tres lolas, y nosotros nos quedamos un tiempo más hasta que nos recogió la madre de Jaime para llevarnos en auto hasta su casa, en Santiago. Allí empacaría algunos libros que traería al volver a Cuba cuatro días después.

En este 11 de septiembre   recuerdo como nunca aquellos días, muy especialmente a ese Jara barbudo y desaliñado, con jeans, casaca café y bufanda gris, cuyos discos de acetatos fui comprando cada vez que se me presentaba la oportunidad. Me gustaban sus canciones, además de la música, por el profundo conocimiento que expresaban de la pobreza de los campesinos y los habitantes de los suburbios, elementos que afloran y constituyen el origen de su obra, indiscutiblemente comprometida con la realidad de la época.

Hoy leo y transcribo con pena y dolor parte de un informe realizado por un equipo multidisciplinario del Programa de Derechos Humanos del Servicio Médico Legal (SML) chileno, donde se revela que Víctor Jara, recibió múltiples impactos de bala en el cuerpo y cráneo, el 15 de septiembre de 1973, cuando fue asesinado por militares leales a la dictadura que derrocó al difunto ex presidente, Salvador Allende.

Dice el documento bajado de Internet, que «efectivos de la Policía de Investigaciones (PDI) y del Servicio Médico Legal chilenos exhumaron el pasado jueves 4 de junio, el cuerpo de Víctor Jara, en el Cementerio General en Santiago. La tesis de que el cantautor fue sometido al juego  la ruleta rusa fue mencionada por el ex soldado José Paredes Márquez, de 54 años, procesado como autor material del homicidio calificado del cantautor.»

Víctor Jara fue asesinado por un subteniente, conocido como «El loco», quien, tras jugar a la ruleta rusa con su revólver, le disparó en la sien y luego ordenó que un grupo de soldados lo remataran.

¡Qué muerte tan inútil! Yo, como tantos ciudadanos del mundo que odiamos las dictaduras, disfruto todavía muchas de sus canciones que he logrado digitalizar, entre ellas mis preferidas: Te recuerdo Amanda, Plegaria del labrado, El derecho de vivir en paz, Las casitas del Barrio Alto...

Jara fue detenido un día después que las fuerzas golpistas de Pinochet asaltaron la Universidad Técnica Metropolitana, donde se desempeñaba como profesor.

Luego de sufrir brutales torturas por parte de las represivas fuerzas militares en el Estadio de Chile, que en la actualidad lleva su nombre (Estadio Víctor Jara), y que en esa época fue convertido en centro de prisioneros, fue acribillado el 15 de septiembre de 1973 y su cuerpo arrojado cerca de un cementerio de Santiago.

Desde Cuba me consternó la noticia de su asesinato. Los padres de mis amigos chilenos marcharon al exilio. Con todos he perdido el contacto, incluso con aquellos que decidieron residir en Cuba, pero que al final regresaron a su patria. ¡Ojalá me leyeran... si viven y desde donde estén!

 

Alharaca en Miami: Tañón, Bosé y Juanes en La Habana

Alharaca en Miami: Tañón, Bosé y Juanes en La Habana

 

Por Mercedes Rodríguez García

Sin mucho anuncio en los medios de prensa pero con gran expectativa en la población, incluso del interior del país, transcurren los días en espera de Juanes, Olga Tañón y Miguel Bosé, para el concierto del 20 de septiembre próximo en la Plaza de la Revolución de La Habana.

Ya era mucho pedir que Luis Fonsi, Ricardo Montaner y Enrique Iglesias participaran, dada las presiones que ejercen sobre ellos quienes conciben un irracional bloqueo cultural a la mayor de las Antillas.

Como casi siempre el simple anuncio del concierto, desató pelotera por parte de la comunidad extremista radicada en Miami, la cual considera que al actuar en Cuba los afamados cantantes «se convierten en cómplices del régimen cubano al no denunciar las violaciones que se cometen en la isla», según cita The Miami Herald.

El colombiano Juanes dijo que se trata de un concierto a favor de la paz y no se mostró preocupado por las amenazas de los exiliados cubanos a boicotear sus presentaciones. Otras figuras de la música popular que habían confirmado su asistencia al concierto, como Enrique Iglesias y Luis Fonsi, se han retirado del proyecto.

Tampoco es extraño que la Tañón haya recibido varias amenazas por su decisión de participar en el concierto.

Ya estamos acostumbrados a estas muestras de patrioterismo barato, desamor a la tierra que los vio nacer y mala educación, por parte de quienes se prestan al juego de la gran potencia, pero que se sacarían un ojo de la cara por aplaudir, gritar y bailar bajo el ardiente sol y la brisa no tan lejana del Malecón. No culpo a los artistas, que cada cual sabe lo que hace. Esperemos a ver si no le ponen mortales zancadillas a Olga, Juanes y Bosé, que por acá los queremos mucho.

Otros relacionados:

http://www.cubadebate.cu/opinion/2009/08/14/un-puente-sin-fronteras/

http://www.cubadebate.cu/noticias/2009/08/14/amaury-perez-juanes-es-un-hombre-bueno-que-al-que-se-le-ha-ocurrido-una-idea-hermosa-y-nuestro-pueblo-lo-agradece/

http://www.cubadebate.cu/coletilla/2009/08/14/fanaticos-en-miami-protestan-contra-concierto-de-juanes-en-cuba/

 

Los mambises cubanos también tenían su correo

Los mambises cubanos también tenían su correo

Este primer sello para fines postales emitido por el gobierno de la República en Armas, con un valor de franqueo de 10 centavos, fue impreso con la autorización de la Junta Central Revolucionaria Cubana, por la casa grabadora American Bank Note Company de Estados Unidos. En los territorios liberados por los mambises cubanos había funcionado, de forma eficiente, un sistema de correos.

Se reconoce con el término mambí a los patriotas que lucharon por la independencia cubana de España en el siglo XIX.

La primera guerra por la independencia de Cuba comenzó el 10 de octubre de 1868 por el territorio del oriente cubano. Muy pronto las acciones se extendieron a los territorios de las antiguas provincias de Camagüey y de Las Villas, pasando las fuerzas insurrectas a controlar buena parte de los mismos, cada vez más próximos al centro de la Isla.

De inmediato en esos territorios se organizó un sistema de comunicaciones que utilizaba cadenas de mensajeros, tanto a pie como a caballo, quienes transportaban las indicaciones del mando militar cubano a las unidades subordinadas.

A sólo unos meses del alzamiento se encomienda al camagüeyano Vicente Mora Pera la tarea de organizar un sistema de correos en el territorio del Camagüey insurrecto.

Ello logró cumplirlo utilizando las propias vías organizadas por los españoles valiéndose del apoyo de revolucionarios cubanos con acceso a las mismas.

De esa forma, no sólo se garantizó el traslado de correspondencia en el interior de Cuba sino con el exterior, valiéndose de botes que la llevaban hasta Jamaica o Las Bahamas, para ser finalmente expedidas a su destino final.

A fin de regular este servicio y dotarlo de identidad propia se emitió en1874, impreso en 100 mil ejemplares en Estados Unidos, un sello por valor de 10 centavos, el cual era rectangular, de color verde y tenía en el centro el escudo de la República en Armas.

Este fue utilizado para el franqueo de la correspondencia enviada desde territorio liberado por los mambises cubanos hasta el fin de la primera contienda, en 1878.

Es bien sabido que esa primera experiencia guerrera en pos de la independencia de Cuba fue complementada con la llamada  "Guerra necesaria", organizada y desarrollada en 1895 por José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo.

Entre los preparativos de dicha contienda estuvo nuevamente garantizar el funcionamiento de un servicio de correo en los territorios liberados por los patriotas cubanos y se concibió emitir, también impresa en Estados Unidos, una serie de cuatro sellos con diseño similar al de 1869.

Esas estampillas postales, además de ser utilizadas en el franqueo de la correspondencia despachada en Cuba  Libre, se utilizaron para recaudar fondos para esa guerra, ya que algunos ejemplares fueron vendidos en los propios Estados Unidos, como propaganda.

Estos sellos del correo mambí, como son conocidos, resultan muy apreciados por todos los coleccionistas que se interesan por la historia postal cubana.

Por ello su diseño ha sido utilizado como complemento de diferentes emisiones hechas en el período revolucionario para conmemorar el Día del Sello.

Fragmento de la película cubana Baraguá (1986), basada en un hecho histórico conocido como la Protesta de Baraguá, en la que los independentistas exigieron a España la libertad de Cuba sin condiciones.

 

 

 

 

 

AL CUBANO NADIE LE ARREBATA LA ALEGRIA

AL CUBANO NADIE LE ARREBATA LA ALEGRIA

Por Mercedes Rodríguez García

Cuarenta y ocho años atrás era el cumpleaños 108 del Apóstol. Desde una tribuna, ubicada tal vez un poquitín más a la izquierda o a la derecha del oeste o noreste del centro de la ciudad, la multitud escucha y aplaude enardecida las palabras de Fidel.

El Jefe de la Revolución, ha venido a Santa Clara a inaugurar una escuela donde antes existía un regimiento rendido, vencido. No le quedaba otra alternativa a las desmoralizadas tropas batistianas acantonadas en la tercera fortaleza militar de la Isla por su importancia en armas y efectivos. Cercadas, hambreadas, desilusionadas, derrotadas moralmente, el 1º de Enero de 1959, el coronel Cándido Hernández, depone armas y el Regimiento Leoncio Vidal al Che Guevara.

Las hojas del calendario han caído y muchos ya no viven para contar ambas historias. Es la mañana del viernes 24 de 2009. El mismo pueblo acude al mismo lugar. El sol se muestra inocente y apenas hinca la piel, la explanada repleta de santaclareños volvió a adquirir los tintes verde olivo de la antigua batalla por la libertad, de los nuevos escolares uniformados, de las franjas y triángulos gloriosos, de las estrellas luminosas de cien años de lucha, del rojinegro 26 de siempre subiendo del llano hasta la Sierra...

Desde abajo puede subirse serena la mirada hasta topar con las nubes, sosegadas de grises, tenues, voladizas de blancos y de azules. Desde arriba, consiguen descender los ojos y rodar límpidos sobre la fachada del añejo cuartel, ahora museo.

En años sucesivos, nada de torreones, nada de aspilleras; los torreones fueron truncados; las aspilleras, voladas de los pretiles, modificado el conjunto arquitectónico  para que nada o poco semejara, los muros, las rejas, la garita;  los clubes de oficiales, el de alistados, la bolera...

Desde arriba alegres sombrillas, pañuelos, gorras y sombreros, peculiares jardines de santaclareños buenos, de hombres, de mujeres, de niños, de blancos, de negros, de abuelos, de extranjeros que cantan, gritan, saludan, se abrazan, codean, se mueven.

Desde abajo se siente la obra revolucionaria, la epopeya anónima de los tiempos difíciles, del nadie desprotegido, del universitario graduado, de la solidaridad compartida, de los caprichos naturales sometidos por la voluntad de los hijos de esta tierra bravía y soñadora.

Mañana es 26 de Julio, Día de la Rebeldía Nacional.

La Ciudad de Marta parece continuar la fiesta por el 320 aniversario de su fundación. La ciudad del Che, sigue sin cansancio la ruta del héroe. Quizás lo vislumbra entre el caserío inmenso de tejas gastadas, en la hondonada rodeada de sabana, en la distancia infinita moteada de arboledas que refrescan los parques, los patios, los solares; en algunos de sus pocos edificios altos, en los cuatro puntos cardinales que domina su estatua de bronce guerrillero.

La villa, Santa y Clara por su nombre, se empeña en otro asalto, por la vida. Hay lucha, ardua y larga, más unidos. Entereza y decisión resultan palabras de honor; el bloqueo y la crisis, no amilanan, más bien atizan el arrojo.

Como aquel 28 de enero e 1961, cuando vino a hablar Fidel surcan el aire centenares de palomas. Dan vueltas y vueltas y más vueltas, mientras con himnos y música desde los altavoces, la multitud «baja del Abel Santamaría para el parque Vidal»

El acto provincial por la condición de Destacada otorgada a Villa Clara, ha concluido. El sol ya pincha y lacera la epidermis, corre el sudor, se agitan pencas, abanicos y cartones tratando de atrapar la temerosa brisa. Las piernas aceleran la marcha, quedan tareas pendientes en el trabajo, y montones por hacer en casa. Pero se impone adelantar...

Hay fiestas populares, nadie está vencido ni rendido, y ¿¡quién se atreve a arrebatarle al cubano la alegría!?

 

POR DÓNDE ENTRA LA ¿MALA SUERTE?

POR DÓNDE ENTRA LA ¿MALA SUERTE?

 

Por Mercedes Rodríguez García.

El 25 de julio de 1956 una prima política de mi padre que viajaba de Italia a Nueva York, sobrevivió al naufragio del Andrea Doria, un trasatlántico de la Società di navigazione Italia con base en el puerto italiano de Génova, hundido frente a las costas de Nantucket, Massachussets, en su viaje 101 desde Génova a New York, después de chocar con el Stockholm, un buque de la línea Swedish-American Line.

Ella fue uno de los mil 600 pasajeros rescatados. Yo apenas tenía cuatro años, pero recuerdo el incidente por el llanto de mis cuatro tías cuando la pensaron entre los 46 muertos. Chelito, como la llamábamos, falleció semanas después en su apartamento de La Habana frente al Palacio Presidencial. Murió "de repente", como se decía entonces. Iba a celebrar al mes siguiente su 42 cumpleaños.

Luego supimos que el infarto sobrevino luego de un susto provocado por una amiga que le arrojó una ranita de goma. Pero, aunque viaja dos y tres veces al año fuera de Cuba acompañando a su esposo, empleado de la Shell, lo de Chelito no puede catalogarse de mala suerte, sino como una de esas jugarretas de la vida, también denominada ironías del destino.

Como verán a continuación, su caso en nada puede comparársele al de, por ejemplo, Violet Jessop, quien parece haber nacido bajo la protección del dios Neptuno, pues sobrevivió a tres naufragios, incluido el más trágico y famoso de todos.

El primero de ellos ocurrió en 1911, en el barco Olympic; el segundo fue en el famoso Titanic, en 1912 (ambos naufragios con el mismo capitán), y el tercero en el Britanic, en 1916, donde trabajaba como enfermera. Violet, de nacionalidad inglesa, murió a los 83 años, también de una falla cardíaca, y burlonamente pidió que sus cenizas fueran esparcidas en el mar.

Por supuesto, tampoco el de Celito, figura entre los demás casos que leerá a continuación, tomados de "Craked", una página de Internet de Estados Unidos, bajo el título "Los reyes de la mala suerte".

Al igual que Violet Jessop, lo ocurrido a todas estas personas escapa de lo normal y puede citarse entre lo verdaderamente sorprendente. Leamos:

Los estadounidenses Jason, de 42 años y Jenny Cairns-Lawrence, de 26, constituyen la pareja de turistas más de malas del mundo. El 11 de septiembre del 2001 estaban en Nueva York cuando ocurrió el ataque a las Torres Gemelas, que dejó 3.000 muertos. Cuatro años más tarde, se encontraban en Londres, cuando el 7 de julio del 2005 varios islamistas atentaron en contra del sistema de transporte de esa ciudad y dejaron 52 fallecidos. Y en noviembre del 2008, mientras buscaban relajarse en la exótica ciudad india de Bombay, terroristas islámicos atacaron varios sitios de la ciudad con un saldo de 164 muertos.

Mucho más extraordinario resultó lo ocurrido a Roy Sullivan. Según las estadísticas, la posibilidad de que un rayo impacte a una persona es de 1 en 3 mil. Y la de que ello ocurra siete veces a una misma persona, es de 1 en 22 septillones de veces. Pues bien, justo eso le ocurrió a, al guardia forestal que trabajaba en el Shenandoah National Park, en Virginia, E.U. Dos de sus chamuscados sombreros integran la colección del Museo Guinness de Nueva York. La ironía radica en que una noche Sullivan se suicidó debido a una decepción amorosa.

Lo sucedido a Robert Todd Lincoln, hijo del asesinado presidente Abraham Lincoln, no puede catalogarse precisamente de buena  ni mala suerte. Bob pasó a la historia como el único ciudadano estadounidense que ha estado presente -o cerca- de tres magnicidios de ese país. Una, la noche del 14 de abril de 1865, cuando su padre fue baleado. Dos, en la estación de tren de Washington, el 2 de julio de 1881, cuando le dispararon al presidente James A. Garfield. Tres, 20 años después, el 6 de septiembre de 1901, mientras asistía a una exposición en Buffalo, estado de New York, donde atentaron contra el presidente William McKinley.

A Tsutomu Yamaguchi le tocaron dos bombas atómicas, por lo que constituye uno de los casos más insólitos. El ingeniero japonés estuvo en Hiroshima y Nagasaki, cuando ocurrieron las explosiones.

A Hiroshima fue por un viaje de negocios el 6 de agosto de 1945. Cuando apenas se bajaba del tranvía explotó la bomba a menos de tres kilómetros de distancia, lo que le ocasionó graves quemaduras en su cuerpo. Entonces, Yamaguchi decidió regresar a su casa en Nagasaki. Tres días después, cuando se encontraba en la oficina de su supervisor, la otra bomba atómica detonó también a tres kilómetros. En esta oportunidad igualmente, sobrevivió. Ahora tiene 93 años y se dedica a contar su experiencia como único testigo vivo de estos dos genocidios.

Algo menos espectacular es la mala suerte de Rogers, a quien le ha ocurrido de todo. A los 18 años se encontraba en un crucero cuando, mientras tomaba unas fotografías, cayó al océano. Años más tarde, caminando por una calle con su hijo, la atacó un murciélago que, no solo la rasguñó, sino que se orinó encima de ella. Pero hay más: Jeanne también fue alcanzada por rayos en dos ocasiones. Y ahí no para su mala suerte: se ha caído en alcantarillas y hasta le han disparado con armas de fuego. Por suerte, está vivita y coleando. En buen cubano diríamos que se trata de una mujer "salada".

Y finalmente Ann Hodges, quien figura como la única persona del mundo que ha sido herida por un fragmento de meteorito. El hecho ocurrió el 30 de noviembre de 1954, mientras dormía la siesta en la sala de su casa, en Oak Grove, Alabama. El bólido atravesó el techo, rebotó en una consola e impactó en un costado del cuerpo de Ann, quien por ese entonces tenía 31 años. El meteorito luego fue bautizado con su nombre. Fuente: http:// www.eltiempo.com