Blogia
LA TECLA CON CAFÉ

Cronicafeando

La inimaginable presidencia con Trump

La inimaginable presidencia con Trump

 

miércoles, 03 de enero de 2018
7:00:26 p.m. 

Donald Trump ha pasado gran parte de su primer año en el poder desafiando las convenciones y normas establecidas por todos los exmandatarios de Estados Unidos, y transformando la presidencia en maneras que alguna vez se pensaron inimaginables. (Foto: El presidente Trump ha hecho a un lado la mitología de la presidencia magistral alejada de las personas y la ha convertido en una que ofrece acceso como el de un programa de telerrealidad. crédito Doug Mills/The New York Times). 

Cuando el presidente Donald Trump se reúne con asistentes para hablar de política o prepararse para un discurso, puede preguntar los pros y contras de una nueva propuesta. Puede consultar acerca de su posible efecto. Puede explorar la mejor manera de enmarcar su argumento. 

Sin embargo, hay algo que casi nunca hace. “Rara vez pregunta qué hicieron otros presidentes”, dijo John F. Kelly, el jefe de personal de la Casa Blanca. 

Trump es el presidente número 45 de Estados Unidos, pero ha pasado gran parte de su primer año en el poder desafiando las convenciones y normas establecidas por los 44 anteriores y transformando la presidencia en maneras que alguna vez se pensaron inimaginables. 


Bajo el mandato de Trump, la presidencia se ha convertido en un instrumento directo para alcanzar metas personales, de políticas y política. Ha revolucionado la manera en que los presidentes lidian con el mundo más allá de la avenida Pensilvania 1600 y se ha deshecho de la comunicación cuidadosamente modulada de los jefes del ejecutivo para darle espacio en su lugar a arranques descontrolados, desastrosos, divisorios y desdeñosos que nacen de sus instintos y agravios. 

Ha mantenido un negocio extraoficial; ha atacado al FBI, a la CIA y a otras instituciones que supervisa; amenazó con utilizar su poder en contra de sus rivales, y desató una guerra contra los miembros de su propio partido e incluso de su propio gabinete. Despidió al hombre que investigaba su campaña y no ha descartado la posibilidad de despedir al que lo sucedió. Ha recurrido a instintos primitivos en torno a la raza, la religión y el género como ningún otro presidente lo ha hecho en generaciones. Además, ha blandido el sable nuclear con más ahínco de lo que se ha demostrado desde la época de Hiroshima y Nagasaki. 


La presidencia ha servido de vehículo para que Trump construya y promueva su propia narrativa, una con un brío crepitante pero llena de imprecisiones, distorsiones y mentiras descaradas, de acuerdo con quienes se dedican a verificar hechos. En vez de ser una fuerza de unidad o una voz tranquilizante en una época turbulenta, la presidencia ahora es un arma más en una campaña permanente de divisiones. Los demócratas y muchos republicanos de élite se preocupan de que Trump haya acabado con la autoridad moral de la presidencia. 

“Estamos viendo que la presidencia se ha transformado completa y esencialmente de una manera que no creo que hayamos visto desde antes de la guerra civil”, dijo Jeffrey A. Engel, el director del Centro para la Historia Presidencial en la Universidad Metodista del Sur y autor de When the World Seemed New acerca del presidente George H. W. Bush. “Trump argumenta que debemos cuidar a mis enemigos. De verdad que no puedo pensar en ningún precedente”. 

Lo que les preocupa a las personas dentro de Washington es que ha sacudido a muchos afuera del entorno político. Trump ha hecho a un lado la mitología de una presidencia magistral alejada del pueblo para darle lugar a una accesibilidad de telerrealidad que toca fibras en partes del país aisladas por las élites. Esa indiferencia a la manera en que las cosas siempre se han hecho les ha dado energía a los principales simpatizantes de Trump, quienes celebran sus esfuerzos por destruir lo políticamente correcto, atacar a las élites petulantes y destruir un sistema egoísta que, según ellos, ha afectado a los estadounidenses comunes y corrientes. 


“Las normas y convenciones son exactamente contrarias a lo que hizo campaña y, en su opinión, son la razón por la que estamos pasando por esta transición”, dijo Kelly en una entrevista. “No toma decisiones intencionalmente de lo opuesto a lo que los presidentes anteriores harían, por ejemplo. Tiene una opinión personal de lo que es mejor para Estados Unidos”. 

Al acabar con la dinámica tradicional de gobierno, Trump se ha hecho el personaje dominante en la vida estadounidense aunque las encuestas muestren que también ha sido el presidente menos popular durante su primer año de la historia moderna. Está poniendo a prueba la idea de que un presidente aún puede rehacer de manera efectiva al país sin asegurar o incluso sin ir tras un mandato más amplio. 

“Se trata de alguien que define la presidencia de manera muy distinta”, dijo Michael Beschloss, el historiador presidencial. “Trump básicamente está diciendo: ‘No voy a operar solamente dentro de los límites que los fundadores podrían haber esperado o que la gente pudo haber esperado durante 200 años. Voy a operar dentro de los límites de lo que es estrictamente legal y voy a tratar de empujar esos límites si puedo’”. 

No solo los ha empujado. Trump ha destrozado los límites, por lo menos los que sus predecesores cuidaron. “Todos los demás parecían moverse dentro de ciertas fronteras”, dijo William M. Daley, quien trabajó para dos presidentes, primero como secretario de gabinete de Bill Clinton y después como jefe de personal en la Casa Blanca bajo el mandato de Barack Obama. “Pero este opera totalmente fuera de cualquier margen”. 


En épocas recientes, la mayoría de los presidentes han buscado expandir el poder de su gobierno y Trump ha seguido esa tendencia. Al igual que Obama, frustrado por la oposición en el Congreso, utilizó de manera ambiciosa su poder ejecutivo, solo para que a veces lo frenaran las cortes, Trump ha recurrido a su autoridad presidencial para promulgar políticas arrasadoras. 

Sin embargo, se ha opuesto a los límites impuestos a la presidencia como pocos lo han hecho, despotricando contra jueces, legisladores, investigadores y periodistas que lo enfurecen y expresando frustración por no poder usar al FBI como le da la gana. Su sentido del gobierno no se basa en la creación de coaliciones o en el equilibrio entre ramas iguales del gobierno. Él ejerce uno en el que decide qué es necesario y en el que el sistema debe apegarse a sus ideas. 

Trump está creando precedentes que podrían durar más que su mandato. Está haciendo que la presidencia sea más auténtica y más autocrática, según el punto de vista. De cualquier manera, puede que jamás vuelva a ser lo mismo. 


Trump, el primer presidente que jamás trabajó en el gobierno ni el servicio militar, en repetidas ocasiones se salta los límites que sus predecesores atendieron. Cuando la alcaldesa de San Juan, Puerto Rico, se quejó de los esfuerzos federales de recuperación después de que la isla fuera arrasada por el huracán María, Trump la tachó de ser “desagradable”. Cuando no recibió la gratitud suficiente por ayudar a liberar a tres basquetbolistas universitarios estadounidenses en China, exclamó: “¡Debí dejarlos en la cárcel!”. 

Acusó a Obama de intervenir las líneas telefónicas de la Torre Trump, lo llamó un “tipo malo”, una declaración que rechazó el propio Departamento de Justicia de Trump. Dijo que había “personas muy decentes en ambos bandos” cuando habló del mitin de supremacistas blancos y contramanifestantes en Charlottesville, Virginia. 


Incluso en cosas pequeñas, Trump ha roto el protocolo presidencial. Los presidentes generalmente no hablan de los cambios bursátiles diarios ni de los planes de expansión corporativa, pues lo consideran inapropiado. Pero Trump con ansia anuncia aumentos en el mercado, que los convierte en un sustituto métrico de éxito dados sus bajos números en las encuestas, y se adjudica el crédito por decisiones corporativas con el gusto de un alcalde o un gobernador, ya sea en relación con sus políticas o no. 

A sus simpatizantes les parece refrescante la voluntad que tiene para decir cualquier cosa y atacar a quien se le ponga en frente. 

“Algo que le ha hecho al Despacho Oval y a nuestra cultura política en general es traer mucha más autenticidad de lo que la gente estaba acostumbrada con los políticos”, dijo Andy Surabian, un asesor sénior de Great America Alliance, un grupo alineado con Trump. “Sin importar lo que se piense de él desde un punto de vista ideológico, creo que, por primera vez en mi vida, tenemos a alguien en el Despacho Oval que no parece de plástico”. 


“Todo el tiempo escuchamos que no es presidencial”, agregó. “Pero yo pienso: ‘Por eso ganó’”. 

Otros presidentes han experimentado con la manera en que se comunicaban con el público y fueron criticados por socavar la dignidad del puesto, solo para que sus innovaciones se convirtieran en estándares para sus sucesores. Franklin D. Roosevelt instituyó las charlas hogareñas en la radio. Dwight D. Eisenhower inauguró las conferencias de prensa en televisión. John F. Kennedy permitió que los informes se transmitieran en vivo en vez de que se grabaran y editaran. 

Sin embargo, esos presidentes no utilizaron sus plataformas como armas, algo que Trump sí ha hecho. Además, presidieron estructuras serias, aunque a veces engorrosas, de creación de políticas, diseñadas para fundar sus decisiones. Las decisiones de Trump, anunciadas en Twitter, a menudo parecen reacciones repentinas a algo que vio en televisión. 


“Es una guerra contra todo. Es un pleito de bar de nunca acabar. Y se utilizan todas las ventajas posibles, cada arma disponible”, dijo Jon Meacham, quien ha escrito biografías de varios presidentes. “¿Acaso una parte del legado de Trump será un estado permanente de guerra contra la política y los medios? Odio decirlo… mi instinto me dice que sí, pero espero estar equivocado”.

Si la presidencia poco convencional de Trump tiene éxito, podría establecer un nuevo paradigma. Si fracasa, sería una moraleja para sus sucesores.

(Fuente: NYT/Peter Baker)

 

 

Este año gobierna Yemayá compañada de Eleguá

Este año gobierna Yemayá compañada de Eleguá

 

martes, 02 de enero de 2018
10:22:27 a.m. 

Comenzó un año nuevo y en medio de las felicitaciones, compromisos personales que pueden cumplirse o no, volvió a producirse una pregunta entre muchos cubanos: ¿Quién viene reinando este año? Pues la Divinidad que Gobierna es Yemayá acompañada de Eleguá. 

 

Este año se sacó una letra del año 2018 unificada de ambas ramas religiosas. El 20 de Junio del año 2016 se comunicó en una rueda de prensa la consolidación de ambas letras del año.

Tanto el fundador de la Comisión para la letra del año como el presidente de la ACYC ratificaron el acuerdo. Dicha decisión cuenta con el respaldo de una amplia mayoría de las casas religiosas cubanas.

Signo regente: Osa She

Testigo: Ogbe Sa , Otura Tiyu

Oración Profética: Iré ariku Yale Tesi timbelaye Lese Orunmila. (Un bien de salud completa, siguiendo los patrones de Orunmila).

Onishe: Ala Dimu ni opolopo asogi fun Ifá, ofrenda de frutas variadas (dieciséis partes de frutas) ofrecidas en una canasta y dos velas blancas para Orunla.

Divinidad que gobierna: Yemayá

Deidad acompañante: Eleguá

Ebbo: Un chivo mamón, siete machetes, siete banderas, tierra cuatro esquinas, ropa sudada, y demás ingredientes.

Bandera del Año: mitad blanca mitad azul, con ribetes negros.

Refranes del signo:

  • Toda persona es digna de respeto.
  • Si no sabes con la ley que se vive en este mundo, tienes que ir a vivir al otro.
  • Los padres no piden bendición a los hijos.
  • Si no sabe el camino del derecho que le pertenece, el muerto sí.
  • El hijo sigue la tradición del padre.

Código ético de Ifá: El osorde es un acto secreto que el Awó no debe divulgar.

Obras del signo: Onishe Orunmila: Aladdimu ni opolopo asogi fun Ifá, ofrenda de frutas variadas (dieciséis partes de frutas) ofrecidas en una canasta y dos velas blancas para Orunla.

Plantas del signo: Flor de agua, Pico de pato, Sargazo

RECOMENDACIONES

Nota: en aras de esclarecer cualquier duda, se recomienda, acudir a los mayores.

El primero de diciembre de 2017, con la presencia de un número significativo de babalawos cubanos y de otros países y los miembros del Consejo Cubano de Sacerdotes Mayores de Ifá, se realizaron las ceremonias correspondientes a la preaperutra de la letra del año 2017 en la Asociación Cultural Yoruba de Cuba.

  

Las ceremonias para la obtención de esta Letra del Año 2018 han sido efectuadas en la Asociación Cultural Yoruba de Cuba conjuntamente con La Comisión Miguel Febles Padrón.

La ceremonia para la obtención de la Letra del Año 2018 ha sido efectuada en La Asociación Cultural Yoruba de Cuba. Esta ceremonia ha requerido la alimentación ritual de numerosas posiciones naturales durante el día 30 de Diciembre del pasado año.

Sobre la Letra del Año y sus predicciones

El cuerpo de la Letra del Año lo conforman recomendaciones, sugerencias, advertencias, etc., para pasar tener un año provechoso y sin grandes percances. Casi todas las áreas quedan cubiertas entonces, desde la salud hasta la familia, sin dejar de pasar por acontecimientos de índole política y medioambiental.

Se cuenta, sin conocerse la fecha exacta, que la interpretación de la Letra del Año en Cuba se viene obteniendo desde el siglo XIX. Para llegar a ella, la que funciona como una especie de guía de buen comportamiento, se realiza una ceremonia religiosa, el día 31 de diciembre, que incluye el sacrificio de animales. En la misma participan selectos sacerdotes de Ifá (Babalawos), quienes poseen la mayor cantidad de años de iniciación del país y que han participado de manera regular en dicho acontecimiento.

Una de los segmentos más importantes de la Letra del Año es aquel donde se especifica cuáles son los Orishas y el signo regentes, pues muchos de los y las practicantes de dicha religión se sienten tocados de gracia cuando el Orisha que llevan en su cabeza rige el año. Otro de los elementos más interesantes de la Letra del Año son los refranes, los que sintetizan una lección o advertencia.

Hasta el año 2015, se interpretaban en Cuba dos Letras del Año, una por parte de la Asociación Yoruba de Cuba y otra por la Comisión de la Letra del Año “Miguel Febles Padrón”, sita en La Víbora, casa religiosa de mucho prestigio y quizás mayor reconocimiento de la primera.

La existencia de estas dos interpretaciones era sin dudas un hecho polémico. En la tarde del 20 de Junio del 2015, tuvo lugar la unificación de las Letras, en una reunión que tuvo por sede en la Asociación Yoruba de Cuba, en la cual participó la Comisión de la Letra del Año “Miguel Febles Padrón, encabezada por el Awo Lázaro Faustino Cuesta, el Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifa de Cuba y la Junta Directiva de la propia Asociación.

El 31 de diciembre del 2015 sale entonces por primera vez una Letra unificada, correspondiente al año 2016, a partir de la ceremonia realizada en la Asociación Cultural Yoruba de Cuba.

En los últimos años se ha venido publicando además un adelanto de la Letra del Año, mucho más corta e incluye básicamente el signo regente, las oración profética, cuáles Orishas regirán durante los próximos 365 días.

(Fuente: PO)

2018: año chino del Perro

2018: año chino del Perro


martes, 02 de enero de 2018
9:04:04 a.m. 

El 2018 estará bajo el dominio del Perro. Según horóscopo chino será un año intenso, por lo que, en general, invita a todos los signos a la calma para no dar pasos en falso. El Año Nuevo Chino comienza oficialmente el 16 de febrero próximo. 

Los nacidos bajo el dominio del Perro se caracterizan por su generosidad, fidelidad y por su capacidad de desarrollar su potencial en las situaciones más adversas.

Son Perro las personas nacidas durante los años 1922, 1934, 1946, 1958, 1970, 1982, 1994, 2006, 2018. Este es el año del Perro, por lo que estos nativos tendrán todo a su favor para ser felices.

Los ingresos monetarios aumentan a nivel familiar, por lo que los Perro estarán más holgados y podrán permitirse poner al día su casa, su auto y hasta su imagen personal. Pueden gastar dinero con tranquilidad, ya que este no faltará, pero es preciso que lo hagan sin perder el sentido común de vista.

Te sentirás lleno de vida y vigor, por lo que podrás incrementar tu actividad física sin que ello te afecte el rendimiento en otros aspectos de tu vida.

Tomarás conciencia de la importancia de una alimentación saludable y ya no volverás a tener malos hábitos a la hora de comer.

Algunos signos a los que le irá mejor este año: la rata, el tigre, el mono, el búfalo y el dragón.

De acuerdo a las predicciones del horóscopo chino ello se debe a la afinidad que puedan tener con el animal dominante.

La rata: Para este signo, el 2018 será un año de estabilidad y se presenta como el ideal para que cumplan muchas de sus metas, sobre todo aquellas relacionadas al trabajo y al crecimiento profesional.

El tigre: Se le presentarán oportunidades y retos que debe saber aprovechar. Les recomienda que arriesguen y crean en ellos mismos para que encuentren la fortuna el año venidero.

 

El mono: El carácter inquieto de este signo lo llevará a conocer nuevas amistades, que a su vez lo ayudarán a encaminarse para cumplir sus deseos. La persistencia será una de sus claves para que obtenga el éxito durante el 2018.

 

El búfalo: Para este signo, el 2018 no será un año del todo fácil, pero tendrá la capacidad de sacarle la vuelta a las situaciones difíciles. Ello le permitirá ganar fortaleza mental y, por lo tanto, experimentar situaciones que le serán favorables.

El dragón: Aunque este no fue su mejor año, el 2018 se proyecta máss positivo para este signo. Francisco Choy le pronostica un resurgimiento, el cual se evidenciará en los distintos proyectos que se le presentarán para que forme parte. Solo debe saber elegir.

 

 

 

 

 

La Modestia para servir

La Modestia para servir

 

lunes, 01 de enero de 2018
10:21:41 a.m.

“La modestia es una virtud esencial para quien quiere ser conforme a Jesús, manso y humilde de corazón”, ha dicho el Papa Francisco.* 

El tema de las virtudes cristianas es muy querido por el Santo Padre, quien en varias ocasiones ha enfatizado la importancia de expresarlas en la vida diaria.

“Nosotros discípulos de Jesús no debemos buscar título de honor, de autoridad o de supremacía. Yo os digo que a mí personalmente me duele ver a personas que psicológicamente viven corriendo detrás de la vanidad de las condecoraciones. Nosotros, discípulos de Jesús, no debemos hacer esto, ya que entre nosotros debe haber una actitud sencilla y fraterna, afirmó el Pontífice dolido.

Todos los domingos y en las principales fiestas litúrgicas, el Papa recita la oración del Ángelus con los peregrinos. Antes y después de la oración, él ofrece una breve reflexión y emite saludos.

El Papa Francisco nos invita a vivir al servicio de nuestro prójimo y ser modestos: “La modestia es esencial para una existencia que quiere ajustarse a las enseñanzas de Jesús, que es manso y humilde de corazón y que no ha venido a ser servido sino a servir”.

El exemplum virtutis (ejemplo de virtudes) citado por el Santo Padre es María, humilde y modesta, que “reconoce que es pequeña ante Dios y que se siente feliz de ser así”.

*Frase tomada del Ángelus, Plaza de San Pedro, 5 de noviembre de 2017.

 

Te deseo el mejor de los años

 

lunes, 25 de diciembre de 2017
12:33:31 p.m. 
 

Navidad es la fecha de la alegría y el amor, la que debería durar siempre, pues nos colma de buenos sentimientos, nos hermana y nos acerca a todas las personas.

Te deseo el mejor de los años, que el amor, la fe, la generosidad y la salud te permitan lograr lo que más anhelas.

Lo mejor para el año que está por comenzar.

El mundo con solo cien habitantes ¿cómo sería?

 

martes, 19 de diciembre de 2017
8:18:21 p.m.

Esta es una forma de visualizar los datos del Índice de Progreso Social, que cada año elabora un grupo de prestigiosos académicos de la Universidad de Harvard y el MIT. Aunque el mundo avanza, su desarrollo es mucho más lento y disperso de lo que permitirían sus recursos. Y sobre todo, el recorte de derechos personales y el crecimiento de la intolerancia frenan el progreso que se logra en otros ámbitos, como las comunicaciones o la alfabetización. 

Un planeta con 100 habitantes no sería muy distinto al actual. La fundación 100people.org elaboró una investigación a escala sobre la población mundial.

En diciembre pasado el planeta tenía 7.400 millones de habitantes. Y todos los días hay más. Se estima que en menos de cuarenta años más se llegará a los 10.000. Cada vez hay menos espacio. Y más desigualdades.

Tres años atrás, la fundación 100 people.org ordenó un proyecto de estudio a la Universidad de Wisconsin–Green Bay, en Estados Unidos. Querían saber como sería el planeta con sólo 100 habitantes. Se trata de un ensayo a escala, cuyos resultados se van renovando periódicamente.

Primero empecemos por los sexos. De acuerdo con el análisis de la organización, habría 50 hombres y 50 mujeres. Teniendo en cuenta las proporciones actuales, de las cien personas 60 serían asiáticos, 15 africanos, 14 americanos y 11 europeos. 


La mayoría de ellos tendría entre 25 y 54 años, seguidos del grupo de niños de entre 0 y 14 años. Los mayores de 55 serían muy pocos. En síntesis habría 74 adultos y 26 niños.

En cuanto a creencias religiosas, 33 serían cristianos, 22 musulmanes, 14 hindúes, 7 budistas, 12 practicarían otras religiones y otros 12 serían ateos.

¿Qué idiomas hablarían esos 100? Doce de ellos lo harían en mandarín, 6 en español, 5 en inglés, 4 en hindú, 3 en árabe, 3 en portugués, 3 en bengalí, 2 en ruso, 2 en japonés y 60 en lenguas locales o dialectos. 


Sobre 100 habitantes, 86 sabrían leer y escribir, pero los 14 restantes serían analfabetos. Y sólo 7 lograrían un título universitario.

En el análisis sobre la cuestión laboral y el trabajo, 15 de ellos ganarían menos de 2 dólares al día, 56 obtendrían entre 2 y 10 dólares, 13 recibirían entre 10 y 20 dólares diarios, 9 personas ganarían entre 20 y 50 dólares, 6 embolsarían entre 50 y 90, y habría un único millonario que ganaría más de 90 dólares diarios. Uno sólo manejaría la mitad de todo el dinero y los otros 99 se repartirían la otra mitad. El panorama en cuanto a la salud, de 100 habitantes, 21 tendrían sobrepeso, 63 estarían sanos, 15 sufrirían desnutrición y uno estaría muriendo de hambre.

De todos ellos, 51 vivirían en las ciudades y 49 en áreas rurales.

Entre el centenar de habitantes, 77 tendrían un lugar en el que vivir y los otros 23 no tendrían un techo. De los cien, 87 tendrían acceso al agua limpia y los otros 13 encontrarían serios problemas en poder proveerse de agua potable. Y 16 de los 100 no tendrían un baño. Tendrían acceso a la electricidad 78 de ellos.

En función de esas proporciones, y apuntando a posesiones tecnológicas, 44 de los habitantes tendrían conexión a Internet, pero solo 22 serían dueños de una computadora. Y 75 de los 100 poseerían un celular. 

Y un dato que tal vez sea el más doloroso. De los 26 niños que dijimos habría entre los 100, la mitad de ellos tendría hambre.

(Fuente: Clarin)

 

Trump: entre la Casa Blanca, Twitter y la Coca Cola

Trump: entre la Casa Blanca, Twitter y la Coca Cola


miércoles, 13 de diciembre de 2017
04:11:28 p.m.
 

Tuitea desde la cama, toma mucha Coca Cola de dieta y pasa horas frente a la televisión: el día a día del presidente estadounidense a casi un año de haber tomado posesión, según personas al tanto de sus actividades diarias. 

Alrededor de las 5:30 todas las mañanas, el presidente estadounidense Donald Trump se despierta y enciende la televisión en el dormitorio principal de la Casa Blanca. Sintoniza CNN para ver noticias, luego cambia al programa Fox & Friends en busca de ideas para mensajes y un tono amigable a su presidencia y, en ocasiones, mira también Morning Joe en MSNBC porque —según sospechan sus amigos— el tono contrario lo enardece para echar a andar su día. 

Lleno de energía o furia —a menudo una mezcolanza de ambas— Trump toma su iPhone. A veces tuitea recargado en sus cojines, según sus ayudantes. Otras veces lo hace desde la sala contigua, mientras mira otra televisión. Con menos frecuencia, camina por el pasillo hasta la Sala de los Tratados (que funge como el estudio de los presidentes) en el Ala Oeste —en ocasiones lo hace ya vestido para el resto del día y otras, aún en su ropa de dormir—, y ahí comienza a hacer sus llamadas oficiales y no oficiales. 

Conforme se acerca a cumplir su primer año en el cargo, Trump está cambiando la definición de lo que significa ser presidente de Estados Unidos. Ve el más alto puesto de la nación de la misma forma en que lo hizo la noche de su sorpresiva victoria sobre Hillary Clinton: como un trofeo que debe luchar por proteger a cada momento, con Twitter como su Excalibur. A pesar de toda su fanfarronería, se considera menos un titán en dominio de la arena mundial que un intruso difamado que ha entablado una lucha para ser tomado en serio, de acuerdo con entrevistas a sesenta consejeros, asociados, amigos y miembros del congreso. 

Para la mayoría de los presidentes, cada día es una prueba sobre cómo dirigir un país —no solo a una facción— encontrando cómo equilibrar intereses encontrados. Para Trump, cada día es una batalla, hora por hora, por su autoconservación. Sigue discutiendo sobre las elecciones del año pasado, convencido de que la investigación sobre injerencia rusa en los comicios dirigida por Robert Mueller, el fiscal especial, es un plan para quitarle legitimidad. En la Casa Blanca fueron colgados mapas codificados por color que destacan los condados que ganó. 


Antes de asumir el cargo, Trump les dijo a sus principales ayudantes que consideraran cada día en la presidencia como un episodio de un programa de televisión en el que derrota a sus rivales. La gente cercana a él calcula que Trump pasa por lo menos cuatro horas al día, y a veces hasta el doble de eso, apostado frente a una televisión, la cual a veces ve sin el sonido, sumergido en las guerras entre los diferentes noticieros de canales de cable con ansias de contraatacar. 

“Siente que hay un esfuerzo por minar el hecho de que haya sido electo y que los alegatos de una colusión son infundados”, dijo el senador republicano de Carolina del Sur Lindsey Graham, quien ha pasado más tiempo con el presidente que la mayoría de los legisladores. “Cree apasionadamente que la izquierda liberal y los medios están enfocados en destruirlo”. 

“La manera en que llegó aquí fue contraatacando y regresando el golpe”, añadió Graham. “El problema que enfrentará es que hay una diferencia entre estar en campaña para el cargo y ser presidente. Hay que encontrar el punto medio entre ser luchador y ser presidente”. 

Mientras que su base política, que se siente enajenada por el sistema, cree que su tono es refrescante, el enfoque sin inhibiciones de Trump les parece errático a muchos veteranos de ambos partidos, en la capital y en otros lugares. Algunos políticos y expertos se lamentan que haya tanta inestabilidad y, aun sin ser médicos, no tienen reparos en diagnosticarle públicamente diversos padecimientos mentales. 

Trump razona que su enfoque lo llevó a la Casa Blanca y, por lo tanto, debe ser el correcto. Es menos popular que cualquiera de sus predecesores modernos en este momento de su mandato —solo el 32 por ciento aprueba su gestión según la más reciente encuesta realizada por el Pew Research Center—, pero domina el panorama como ningún otro. 

Después de meses de fracasos legislativos, Trump está a punto de vencer finalmente en sus esfuerzos por recortar los impuestos y revertir parte de Obamacare, el programa de atención médica de su predecesor. Aunque muchas de sus promesas no se han concretado, ha tenido avances importantes en su meta de echar para atrás regulaciones comerciales y ambientales. La economía creciente que heredó sigue mejorando y los mercados de valores han alcanzado alturas récord. Su prohibición parcial de viajes en países de mayoría musulmana finalmente entró en vigor después de múltiples luchas en la corte. 

Jared Kushner, su yerno y asesor sénior, les ha dicho a sus asociados que Trump, muy acostumbrado a sus maneras a sus 71 años, nunca cambiará. Más bien, predijo, Trump modificará, y quizá ajustará, el cargo según su voluntad. 

Eso ha resultado ser cierto, a medias. Podría decirse que, hasta ahora en su batalla contra la presidencia, Trump va empatado. 

Tiempo para pensar 

Cuando John F. Kelly, un general de cuatro estrellas retirado, estuvo al mando de los marines que irrumpieron en Irak en 2001, mantuvo a su columna avanzando a pesar del fuego contra ellos. Como jefe de personal de la Casa Blanca, Kelly ha adoptado un enfoque muy parecido; trabaja catorce horas al día para imponer la disciplina en operaciones de otro modo caóticas, con resultados mixtos. 


En los meses previos a que Kelly asumiera el mando en el verano, en sustitución de su sitiado antecesor, Reince Priebus, en la Oficina Oval reinaba una sensación de desorden de hora pico, con un flujo constante de ayudantes y visitantes que llegaban a ofrecer consejos o solo a entrometerse. Durante un encuentro en abril con reporteros de The New York Times, entraron y salieron no menos de veinte personas, incluyendo a Priebus, quien pasó con el vicepresidente Mike Pence. Ahora la puerta de la Oficina Oval permanece casi siempre cerrada. 

Kelly intenta, de manera sigilosa, reducir la cantidad de tiempo libre que el presidente tiene para escribir tuits enardecidos, al adelantar el comienzo de su día laboral. Priebus intentó lo mismo al animar a Trump a que llegara a las 9:00 o 9:30, aunque no con mucho éxito. 

También ha aumentado la cantidad de reuniones realizadas en la Casa Blanca. Además de Kelly y Kushner, a menudo incluyen al teniente general H. R. McMaster, asesor de seguridad nacional; a Ivanka Trump, la hija del presidente y asesora sénior; a Hope Hicks, directora de comunicaciones; a Robert Porter, secretario de colaboradores, y a Kellyanne Conway, asesora del presidente. 

Trump, quien disfrutaba del control absoluto de su imperio de negocios, ha hecho concesiones importantes después de tratar de gestionar ambas cosas durante sus primeros meses en el cargo. Personas cercanas a Trump dicen que, aunque le molestan los límites que le impone, el presidente también busca ansioso la aprobación de Kelly, a quien sí ve como un igual. 

Le llama a Kelly hasta doce veces al día, incluso cuatro o cinco durante la cena o cuando sale a jugar golf, para preguntar sobre sus horarios o buscar consejos sobre políticas, según gente que ha hablado con el presidente, quien sugirió que ese sistema le da “tiempo para pensar”. Los ayudantes de la Casa Blanca negaron que Trump busque la bendición de Kelly, pero confirmaron que lo considera un confidente clave y un consejero sabio. Kelly también ha adoptado algunos de los agravios favoritos de Trump; le dijo hace poco al presidente que está de acuerdo con sus declaraciones de que algunos reporteros únicamente están interesados en desmantelar el gobierno. 

A veces, Trump ha podido evadir los controles de Kelly. El Día de Acción de Gracias, en su residencia de Mar-a-Lago, el presidente convivió con otros miembros del club que no son funcionarios, como lo hacía antes de ser electo. Algunos le mostraron clips noticiosos que jamás habrían pasado por los filtros de Kelly. También les marcó por teléfono a viejos amigos, quienes lo actualizaron sobre cómo ven la investigación sobre la injerencia de Rusia. Regresó a Washington sintiéndose avivado. 


Kelly le ha dicho a la gente que tratará de controlar solo aquello que está en sus manos. Ha aprendido que hay mucho que no lo está. 

No veo tanta tele 

Muchas personas en Washington, y afuera de ese centro de poder, parecen estar convencidas de que hay una estrategia detrás de las acciones que toma Trump. Pero, en realidad, raramente hay un plan más allá de la autodefensa, la obsesión y lo impulsivo. 

En ocasiones el presidente busca respaldo antes de darle publicar a algún tuit. En junio, según un asesor, llamó emocionado a algunos amigos para decirles que tenía el tuit perfecto para “neutralizar” la investigación especial de Mueller: la iba a llamar una cacería de brujas. Los amigos no quedaron muy impresionados. 

Ha cedido ante el consejo de sus abogados para no atacar directamente a Mueller, aunque a veces le ganan sus instintos. 

Cuando su exasesor de seguridad nacional, Michael Flynn, se declaró culpable el viernes 1 de diciembre, Trump primero permaneció tranquilo. A la mañana siguiente, cuando visitó Manhattan para una recaudación de fondos, se sentía optimista. Habló sobre su elección y el “gran perdedor” del senado que había dicho que su reforma hacendaria aumentaría el déficit (quizá refiriéndose al senador republicano de Tennessee Bob Corker). 

Para el domingo en la mañana, debido a que los noticieros no dejaban de discutir el caso de Flynn, el presidente se enojó y lanzó una serie de tuits en los que cargaba contra Clinton y el FBI… tuits que varios consejeros le dijeron que eran problemáticos y debían parar, según una persona al tanto de la discusión. 


A veces, si los mensajes controvertidos ya fueron publicados, los consejeros de Trump deciden no mencionárselos. Uno de ellos dijo que los asesores del presidente necesitan mantenerse positivos y buscar los aspectos rescatables donde puedan encontrarlos y que el equipo del Ala Oeste a veces decide no dejar que los tuits dominen su día. 

Trump consigue las municiones para su guerra en Twitter por medio de la televisión. Nadie toca el control remoto excepto Trump o el personal de apoyo técnico; por lo menos, esa es la regla. Puede que durante las juntas la pantalla de 60 pulgadas colgada en el comedor esté sin volumen, pero Trump voltea a ver los encabezados que van pasando. Si se pierde de algo lo revisa más tarde en lo que llama su “super-TiVo”, un sistema de vanguardia que graba las noticias por cable. 

Mientras mira la televisión por cable, comparte lo que piensa con cualquiera que esté en la misma habitación, incluso el personal de limpieza y ayuda de la Casa Blanca, a quienes llama con un botón para que le lleven el almuerzo o una lata de Coca Cola de dieta (diario bebe alrededor de doce). 

Pero también le molesta que se piense que se la vive pegado al televisor, una imagen que refuerza la crítica de que no se toma en serio su cargo. Antes de un viaje de Estado a Asia, a principios de noviembre, el Times le envió una lista de 51 preguntas para verificar los datos para este artículo al presidente, incluida una sobre sus hábitos de ver televisión. En vez de contestar por medio de un consejero, hizo declaraciones al respecto a bordo del Air Force One camino a Vietnam a reporteros confundidos sobre por qué era pertinente. 

“No veo mucha televisión”, insistió. “Ya sé que les gusta decir —a personas que no me conocen— que veo la televisión. Gente con fuentes falsas —ya saben: reporteros falsos; fuentes falsas—. Pero no veo tanta tele, sobre todo por los documentos. Estoy leyendo muchos documentos”. 

Luego, se quejó de que estuvo obligado a ver CNN en las Filipinas porque no había nada más disponible. 


¿No les da gusto que no beba? 

A Trump, quizá el ser humano del que más se ha hablado últimamente en todo el mundo, le fascina ver su nombre en los titulares. Y tiene la intención de asegurarse de que constantemente aparezca ahí. 

Sin embargo, la imagen de Trump como alguien que siempre está enfurecido y a punto de tuitearlo no deja entrever una complejidad más profunda, de un hombre que se mueve en ciclos. Diversos asesores dijeron que el presidente puede insultarlos por una transgresión menor —como llevar a un asesor desconocido ante su presencia sin avisar— para luego charlar amablemente con esa misma persona minutos después. 

“Está muy consciente de que solo es la persona número 45 en ese cargo”, dijo Conway. “El puesto lo ha cambiado un poco y él ha cambiado el cargo. Su tiempo como presidente ha revelado otras partes de él, más afables y accesibles, que posiblemente quedaron ocultas durante las rudas y agresivas primarias”. 

Pocos pueden ver esas partes. En momentos privados con familias de oficiales en el Despacho Oval, el presidente habla con los niños en un tono más suave que el que usa en público y pidió específicamente que los hijos de quienes pertenecen a la prensa que cubre la Casa Blanca fueran invitados a pasar en su visita en Halloween. No obstante, no promueve mucho ese lado suyo porque, según amigos suyos, cree que rompe con su imagen de alguien fuerte. 

Trump deja caer su máscara de invencibilidad irreflexiva solo en ocasiones. Durante una junta con senadores republicanos, discutió en términos emotivos la crisis de abuso de opiáceos y los peligros de la adicción, al relatar la lucha de su hermano con el alcoholismo. 

De acuerdo con un senador y un asesor, el presidente después volteó a ver a todos en la sala y les preguntó con aire atrevido: “¿No les da gusto que yo no beba?”. 


Parte del difícil ajuste de Trump a la presidencia, de acuerdo con personas cercanas a él, se debe a que tenía expectativas poco realistas sobre el poder que tendría; pensó que sería más similar a la percepción popular del cargo como uno de dictámenes imperiales y no tanto sobre tener que coexistir con las otras dos ramas del gobierno. Sin embargo, los asesores dicen que ha aprendido poco a poco que así no funcionan las cosas. 

Y aunque Trump no es un experto en políticas —“nadie sabía que la atención médica pudiera ser tan complicada”, dijo en determinado momento—, se ha mostrado más cómodo con los detalles de su legislación para recortar impuestos. Además, sus ayudantes dicen que ahora pone más atención durante los informes diarios de inteligencia gracias a las presentaciones concisas de Mike Pompeo, el director de la CIA, y que muestra una preocupación más profunda sobre la situación de Corea del Norte de la que sugieren sus tuits algo despreocupados y beligerantes al respecto. 

“Al inicio había esta idea de que era un impostor, que quizá solo tenía él en su mente”, dijo la demócrata por California Nancy Pelosi, la líder de la minoría en la Cámara de Representantes y quien ha tratado de forjar una relación laboral con el presidente. 

“Ahora ya superó eso”, dijo. “El principal problema, lo que la gente debe entender, es que no tenía preparación alguna para esto. Sería como si tú o yo entráramos a una sala y nos pidieran llevar a cabo una cirugía de cerebro. Cuando tu carencia de conocimientos es así de enorme, puede ser desconcertante”. 

Lindsay Graham, antes un feroz crítico y ahora cada vez más un aliado, dijo que Trump está adaptándose. “Puedes esperar que todos los presidentes cambien porque el cargo lo requiere”, afirmó. “Empieza a aprender el ritmo de cómo funciona la capital”. Sin embargo, Graham añadió que la presidencia de Trump aún es “un trabajo en proceso”. En este momento, señaló, “todo es posible, desde un desastre completo hasta un éxito”. 


En casi todas las entrevistas con quienes trabajan con Trump, estos cuestionaron su capacidad y voluntad de distinguir la información incorrecta de la verdad. 

Monitorear su consumo de información —para contrastarla con lo que Kelly llama la “basura” que le hacen llegar los externos— sigue siendo una prioridad para el jefe de personal y el equipo que ha armado el mismo Trump. Incluso después de un año de informes oficiales y acceso a las mejores mentes del gobierno federal, Trump es escéptico de cualquier cosa que no provenga de su burbuja interna. 

Algunos asesores, como el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, consideran que esto es básicamente algo bueno. “Veo muchas similitudes entre la manera en que llevó adelante la campaña y la manera en que es como presidente”, dijo Mnuchin. “Realmente ama los informes orales. No es alguien que lea grandes volúmenes de libros o informes”. 

Otros asesores se quejan de su tenue comprensión de los hechos, del poco tiempo en el que pueden mantener su atención y del que es propenso a creerse teorías conspiratorias. 

Trump es un ávido lector de periódicos, sobre los cuales hace comentarios con marcador negro, pero el exasesor Stephen Bannon les ha dicho a sus aliados que Trump solo “lee para reforzar”. La insistencia de Trump en definir su propia realidad —sus reiteradas declaraciones, por ejemplo, de que en realidad ganó el voto popular— no ha cambiado y quienes trabajan para él están cada vez más anestesiados, dijo Tony Schwartz, el escritor fantasma de su libro The Art of the Deal. 

“Te desgasta”, dijo Schwartz. 


Puedo invitar a quien quiera 

Trump busca relajarse los fines de semana en el campo de golf. Sin embargo, entre semana su principal forma de alivio es su cena nocturna en la residencia de la Casa Blanca. 

“Puedo invitar a cenar a quien quiera ¡y vienen!”, le presumió Trump a un viejo amigo cuando asumió el cargo. 

Trump, quien ha pasado buena parte de su vida como un hotelero, le encanta dar tours de la Casa Blanca. Tiene una afinidad algo extraña por presumir los baños, incluido uno que renovó cerca del Despacho Oval, y después de la cena le gusta llevar a sus visitas a la habitación Lincoln —la residencia ejecutiva— o al balcón de Truman —ubicado en el segundo piso con vista hacia el jardín sur— para los paisajes como de postal de la ciudad a la que ha cimbrado. 

Incluso cuando Trump está de buen humor, flotan por encima de la mesa señales de ansiedad, como el humo sobre una taza de té. En septiembre se reunió con líderes de la Iglesia evangélica para asegurarles que aún defendería la agenda que promueven a pesar de tener coqueteos con legisladores demócratas que están a favor de temas como el matrimonio igualitario y el derecho a interrumpir un embarazo. “Los cristianos saben todo lo que estoy haciendo por ellos, ¿cierto?”, les preguntó, de acuerdo con tres asistentes. 

Cuando se van los invitados, saca el control remoto o sostiene llamadas con personas cercanas que han sido despedidas de la Casa Blanca, como Corey Lewandoski o Bannon, en las que despotrica sobre Hillary Clinton, Barack Obama, las “noticias falsas” o su desencanto con el fiscal general Jeff Sessions. 

Aunque los amigos de Trump dicen que han notado un cambio de tono en las últimas semanas, al reconocer que varios asesores e incluso su propia familia podrían terminar inmiscuidos y afectados por la investigación de Mueller. Ha adoptado una actitud sorprendentemente fatalista, según varias personas con las que habla regularmente. 

“Así es la vida”, dijo sobre la investigación. 

De ahí se va a acostar, normalmente para dormir cinco o seis horas. Luego la televisión comenzará a hacer escándalo de nuevo, tomará su iPhone y la batalla comenzará de nueva cuenta. 

Nota: Matt Apuzzo también colaboró con este reportaje. Glenn Thrush lo hizo antes de ser suspendido, mientras están pendientes los resultados de una investigación interna por acusaciones de conducta sexual indebida. 

(Fuente: NYT/Maggie Haberman, Glenn Thrush y Peter Baker)

 

 

Un año

Un año

 

sábado, 25 de noviembre de 2017
11:52:24 a.m. 

Por Mercedes Rodríguez García

No puedo saberlo, no se ha dicho, quizá por mantener intacta su privacidad lo ignoramos todo. Pero debió ser como vivió y luchó, defendió y acusó, habló y escribió. ¡Qué susto!

Como el de aquí mismo, en Santa Clara cuando resbaló y cayó de bruces contra el piso, y al levantarse, soportando el dolor de la fractura, se negó a usar una camilla. Él, humano rebelde, apenado por el mal rato, no estaba triste: «Como ustedes ven, puedo hablar aunque me enyesen,y puedo continuar mi trabajo», dijo.

Por eso, no sería yo noble pensándolo yacente, y sí leal imaginándolo conspicuo violador de todas las reglas del morir establecidas. En fin —pícaro estratega—, partió sin previo aviso, y por enésima vez se rio del enemigo.

No era fácil ganarle ni le gustaba perder. Solo un nativo de Jamaica llamado Gilberto Suárez compartió guantes con él. Tenía entonces 17 años. El ruedo para lidias de gallos de Birán sirvió de ring. Tiró él: una, dos, tres veces. Pero el jamaiquino, grande de cuerpo y larguísimo de extremidades, logró pegarle un gancho en el estómago que lo dejó casi noqueado. Medio siglo después se encontrarían. Él contento y justo le levantó el brazo. Por los años 80 del pasado siglo yo conocí a Suárez. «Si llego a saber lo que él sería, ni un dedo le hubiera levantado», comentó.

¿Partir definitivamente? Lo debió haber previsto, nada se le escapaba. Entonces poco importa la forma. No viene al caso. Desde el mismo momento que nació, ya era semilla. Y fue monte intrincado y espuma desbordada, consecuente guardián de sus ideas, hayan estado o no equivocadas. Convertir las derrotas en victorias fue su costumbre.

A un año prefiero recordarlo en lo infinito, de pie, en medio una estrella —la de su gorra, la de sus hombros—, con la indeleble diestra levantada y el gesto índice señalizador dispuesto. No destino fijo. Ni música ni frases ni fotogramas sepias. Evocarlo allí donde, cómo y cuando haga falta ha de ser siempre oportuno. A su estilo. No de visita programada; mejor, aparecido, siempre garboso, no enfermo, jamás tendido ni en restos convertido. Y aunque dentro de una piedra asientan sus veteranas cenizas, lo he de imaginar llamándonos: recio, olímpico, lozano, invicto.

 

Lo vi de cerca por primera vez un Día de Reyes Magos, cuando de la mano de mamá y mi hermano corrimos calle Colón arriba hasta el Parque Vidal, en Santa Clara, sin saberlo personaje célebre, ni héroe, ni patriota: barbudos les llamaban. Para mí, un extraño y nada evangélico Melchor, sin camellos ni alforjas ni juguetes. Después se me perdió en el tiempo y aparecía en la radio, en la televisión, en el cine; cuando el «Flora», con los brigadistas, en el SAU-100 de Girón, con los artilleros —las cuatro bocas al aire y el mundo al borde de un holocausto mundial—; con los deportistas del Cerro Pelado; cuando la carta de despedida del Che, la Zafra de Diez Millones —que no pudieron ser—, el crimen de Barbados, los sucesos de la Embajada de Perú, los desórdenes sociales del malecón habanero.

Siempre él —dijeran lo que dijeran— en las Naciones Unidas; con los rusos, con los chinos, con los africanos, eternamente contra el imperialismo, junto a Chávez, con Evo, con Correa, con Mandela. Él, incansable, moviendo todas las fichas por el regreso de los Cinco —¡Volverán! Y volvieron—, y los pudo recibir y abrazar, tranquilo, en su casa. Él, en los desfiles, campañas, jornadas, condecoraciones, epidemias, accidentes, temblores, huracanes.

Él con los periodistas, artistas, escritores, trovadores, científicos, médicos, enfermeras, constructores, militares, estudiantes, pequeñines, minusválidos, pioneros, empresarios, senadores, políticos, filósofos, celebridades. Él, amante de la pesca, la natación, los helados y los mariscos. Él, lector incansable, amante del detalle y las estadísticas, orador infatigable, impetuoso e inspirador; interlocutor curioso, inquisitivo; jefe previsor, astuto, burlador de los escoltas y del sueño, amante de la noche y la naturaleza; padre furtivo, esposo reservado, abuelo cartesiano, tío generoso.

Él, caballero gallardo, quijote de los desposeídos.

Alguien dijo que vino del futuro. Y hacia el futuro cruza. ¿Cómo un astro? ¿Junto a Camilo y Guevara, Abel y tantos otros que antes fueron para que fuéramos nosotros luego? No admitirlo sería necedad. Solo los necios ignoran el camino y no reconocen lo que honra, enaltece, dignifica y agiganta lo cotidiano pequeño. Y no es glorificarlo, sino reconocer, defender y perfeccionar la obra salida de sus manos —dos veces sobre mí posadas—: largas, delgadas, sedosas, de uñas perfiladas.

Un año sin él físicamente no ha tenido ni más ni menos días, ni el sol ha dejado de salir ni la luna de brillar —como se dice—, y el mundoha seguido tan enrevesado o más de lo que él predijo; ni Cuba ha dejado de ser Cuba, ni peligroso el enemigo de antaño, que no es soloel del Norte revuelto y brutal, sino el otro que, disfrazado, mimético y mutante, desanima y desordena adentro.

Se le extraña por aquella energía, poder de convencimiento y movilización que irradiaba a su paso, en cualquier lugar, desde cualquier podio. Y lo cuento para aquellos que no habían nacido o eran muy pequeñitos cuando los apagones, las bicicletas burras, los aseos sin jabón, las hamburguesas por carné de identidad y el dólar a 150 pesos en los años 90, cuando muchos decidieron —bajo el influjo de la política de Washington— abandonar la Isla en primitivas balsas, y sucedíanse los secuestros de lanchas, actos violentos y asesinatos de custodios.

Porque ningún film o noticiario es capaz de captar lo trágico de entonces; porque es difícil imaginárselo tan vigoroso y raudo cuando las marchas y tribunas por la devolución del niño Elián González, extendida al nuevo siglo, porque resulta imposible descontextualizar las circunstancias del Jefe andando entre su pueblo, explicando aquí y allá por qué había que resistir.

¡Y resistimos!, contra todos los pronósticos, sin glasnost ni perestroika; a pesar de la avalancha de propaganda agorera, talante Muro de Berlín, efecto dominó, desmoronamiento, desaparición de la URSS, y para desilusión de quienes, eufóricos y embriagados bailaron, acá y allá, antes o después, el «algo tiene que pasar» de Gloria Stefan y el «ahí viene llegando» de Willy Chirino.

Porque conocía «el complejo y casi inaccesible arte de organizar y dirigir una revolución», el valor decisivo de la unidad, sabía «imprescindible el esfuerzo inteligente de todos», esencialmente el de la juventud, sin la cual no tendría razón de ser la propia Revolución. Desconfiado él mismo, dudó siempre de la palabra descalzada del ejemplo, «de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis». Siempre llamó a la verdad, a lo auténtico, «a ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad».

En febrero de 2008 él tenía 82 años. Requerido de la movilidad y entrega total que ya sus condiciones físicas no le permitían ofrecer, consideró deber elemental no aferrarse a «cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me tocó vivir». Fue sabio.

Y lo explicó sin dramatismo. Anunció sus Reflexiones. En ellas debemos reencontrarlo si alguna vez perdiéramos la brújula o se difuminara el camino. Ni asuntos mínimos ni coyunturales le quedaron al margen. «Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar. Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso», expresó.

Lo escuchamos por última vez cuando todos sabíamos nos hablaría, cuando no podía fallar. Abril 19 de 2016, al cierre del VII Congreso del Partido. Fue su discurso más breve. Pronto cumpliría 90 años. «Tal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala», alertó.

«A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos como prueba de que en este planeta, si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos. A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos trasmitirles que elpueblo cubano vencerá».

Ha pasado un año. El mundo sigue peligrosamente loco: Trump juega con él, Internet lo envuelve, Facebook lo reta, Twitter lo escandaliza, los grandes medios y agencias se lo tragan, los extremistas lo explotan, los políticos lo traicionan, los multimillonarios lo desmenuzan, los cataclismos lo devastan, y el sol —por supuesto—sigue saliendo; y la luna, brillando. Y Cuba donde mismo: fiel y testaruda, digna y soberana, solidaria y humana, tratando de emerger contra los cercos, los muros, los asedios.

Sin él, que a los ojos de los más fue justo en su integridad; sin él, que en polvo convertido habita dentro del monolítico mármol del cementerio Santa Ifigenia; sin él, soldado de las ideas, líder incondicional, político consecuente y revolucionario inexorable, habremos de amar más que nunca la verdad que nos recomendó y dejó, continuar las acciones que trascendieron a la historia con su presencia.

Un año. Tan breve e intenso como su nombre ha transcurrido.

No hay despedida, Fidel, ni tiempo para el descanso. Vigílanos.


Laureles y olivos, es el título de la nueva canción de Raúl Torres, compuesta  a un año del fallecimiento.  del Comandante Fidel Castro. Ver video

Laureles y olivo que han reverdecido
gracias a tu aliento de sabio hacedor
te extrañan un día y al otro
te echan de menos, yo noto
que faltan tus letras tus gestos
en plazas y escuelas, en rostros.
Halcón navegante del todo
que has volado para nosotros
enséñanos ese misterio
para hacer con luz un país.
Cómo es tu tesoro de humano y amigo
que ningún disparo ha podido contigo
cómo se lo haces en desiertos perdidos
en un mundo tirando a gris.
A un año de ausencia, mi viejo
tu llama en el pecho es tan fuerte
que acaso yo soy una suerte de voz
con clara directriz.

 

Veré cómo crecen tus nietos,
les contaré tus historias, tus retos
presiento que ha sido difícil
cuando me preguntan por ti.
Describir sin tu imagen más pura
esculpida por manos, ternura,
en los parques al lado de Martí.
Cómo el zambrán te ceñía los sueños
cómo tus botas aplastaban tus miedos
cómo tu gorra era un astro del cielo
y cómo tus manos hablaban por ti.
Y al cabo pienso que fue mejor luego
tu voluntad de dejarle al silencio
espacio y tiempo porque imaginemos
y así aprender de tus cosas al fin.
El modo que un hombre se marcha y se queda
la forma en que la humanidad te hereda
aquella manera en que el sol nos calienta
si hacemos lo que tu espíritu alienta.
Solo así puedo decir
que te merecemos al fin.
Laureles y olivo que han reverdecido
cubriendo ese rombo
que nos libertó
demuestran que no eres
un ser del olvido
que fuiste al futuro traernos el sol
con tus firmes pasos
padre, hermano, amigo
aunque pase el tiempo jamás te diremos adiós.