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Homilía de Benedicto XVI en la celebración de las Vísperas

Homilía de Benedicto XVI en la celebración de las Vísperas


25/03/2012 21:28:55

 

Benedicto XVI preside en la Catedral Basílica de León la Celebración de Vísperas ante Obispos de América Latina.

 

Señores Cardenales:

Queridos hermanos en el Episcopado:

Es un gran gozo rezar con todos ustedes en esta Basílica-Catedral de León, dedicada a Nuestra Señora de la Luz. En la bella imagen que se venera en este templo, la Santísima Virgen tiene en una mano a su Hijo con gran ternura, y extiende la otra para socorrer a los pecadores. Así ve a María la Iglesia de todos los tiempos, que la alaba por habernos dado al Redentor, y se confía a ella por ser la Madre que su divino Hijo nos dejó desde la cruz. Por eso, nosotros la imploramos frecuentemente como «esperanza nuestra», porque nos ha mostrado a Jesús y transmitido las grandezas que Dios ha hecho y hace con la humanidad, de una manera sencilla, como explicándolas a los pequeños de la casa.

Un signo decisivo de estas grandezas nos la ofrece la lectura breve que hemos proclamado en estas Vísperas. Los habitantes de Jerusalén y sus jefes no reconocieron a Cristo, pero, al condenarlo a muerte, dieron cumplimiento de hecho a las palabras de los profetas (cf. Hch 13,27). Sí, la maldad y la ignorancia de los hombres no es capaz de frenar el plan divino de salvación, la redención. El mal no puede tanto.

Otra maravilla de Dios nos la recuerda el segundo salmo que acabamos de recitar: Las «peñas» se transforman «en estanques, el pedernal en manantiales de agua» (Sal 113,8). Lo que podría ser piedra de tropiezo y de escándalo, con el triunfo de Jesús sobre la muerte se convierte en piedra angular: «Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente» (Sal 117,23). No hay motivos, pues, para rendirse al despotismo del mal. Y pidamos al Señor Resucitado que manifieste su fuerza en nuestras debilidades y penurias.

Esperaba con gran ilusión este encuentro con ustedes, Pastores de la Iglesia de Cristo que peregrina en México y en los diversos países de este gran Continente, como una ocasión para mirar juntos a Cristo que les ha encomendado la hermosa tarea de anunciar el evangelio en estos pueblos de recia raigambre católica. La situación actual de sus diócesis plantea ciertamente retos y dificultades de muy diversa índole. Pero, sabiendo que el Señor ha resucitado, podemos proseguir confiados, con la convicción de que el mal no tiene la última palabra de la historia, y que Dios es capaz de abrir nuevos espacios a una esperanza que no defrauda (cf. Rm 5,5).

Agradezco el cordial saludo que me ha dirigido el Señor Arzobispo de Tlalnepantla y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Consejo Episcopal Latinoamericano, haciéndose intérprete y portavoz de todos. Y les ruego a ustedes, Pastores de las diversas Iglesias particulares, que, al regresar a sus sedes, trasmitan a sus fieles el afecto entrañable del Papa, que lleva muy dentro de su corazón todos sus sufrimientos y aspiraciones.

Al ver en sus rostros el reflejo de las preocupaciones de la grey que apacientan, me vienen a la mente las Asambleas del Sínodo de los Obispos, en las que los participantes aplauden cuando intervienen quienes ejercen su ministerio en situaciones particularmente dolorosas para la vida y la misión de la Iglesia. Ese gesto brota de la fe en el Señor, y significa fraternidad en los trabajos apostólicos, así como gratitud y admiración por los que siembran el evangelio entre espinas, unas en forma de persecución, otras de marginación o menosprecio. Tampoco faltan preocupaciones por la carencia de medios y recursos humanos, o las trabas impuestas a la libertad de la Iglesia en el cumplimiento de su misión.

El Sucesor de Pedro participa de estos sentimientos y agradece su solicitud pastoral paciente y humilde. Ustedes no están solos en los contratiempos, como tampoco lo están en los logros evangelizadores. Todos estamos unidos en los padecimientos y en la consolación (cf. 2 Co 1,5). Sepan que cuentan con un lugar destacado en la plegaria de quien recibió de Cristo el encargo de confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22,31), que les anima también en la misión de hacer que nuestro Señor Jesucristo sea cada vez más conocido, amado y seguido en estas tierras, sin dejarse amedrentar por las contrariedades.

La fe católica ha marcado significativamente la vida, costumbres e historia de este Continente, en el que muchas de sus naciones están conmemorando el bicentenario de su independencia. Es un momento histórico en el que siguió brillando el nombre de Cristo, llegado aquí por obra de insignes y abnegados misioneros, que lo proclamaron con audacia y sabiduría. Ellos lo dieron todo por Cristo, mostrandoque el hombre encuentra en él su consistencia y la fuerza necesaria para vivir en plenitud y edificaruna sociedad digna del ser humano, como su Creador lo ha querido. Aquel ideal de no anteponer nada al Señor, y de hacer penetrante la Palabra de Dios en todos, sirviéndose de los propios signos y mejores tradiciones, sigue siendo una valiosa orientación para los Pastores de hoy.

Las iniciativas que se realicen con motivo del Año de la fe deben estar encaminadas a conducir a los hombres hacia Cristo, cuya gracia les permitirá dejar las cadenas del pecado que los esclaviza y avanzar hacia la libertad auténtica y responsable. A esto está ayudando también la Misión continental promovida en Aparecida, que tantos frutos de renovación eclesial está ya cosechando en las Iglesias particulares de América Latina y el Caribe. Entre ellos, el estudio, la difusión y meditación de la Sagrada Escritura, que anuncia el amor de Dios y nuestra salvación. En este sentido, los exhorto a seguir abriendo los tesoros del evangelio, a fin de que se conviertan en potencia de esperanza, libertad y salvación para todos los hombres (cf. Rm 1,16). Y sean también fieles testigos e intérpretes de la palabra del Hijo encarnado, que vivió para cumplir la voluntad del Padre y, siendo hombre con los hombres, se desvivió por ellos hasta la muerte.

Queridos hermanos en el Episcopado, en el horizonte pastoral y evangelizador que se abre ante nosotros, es de capital relevancia cuidar con gran esmero de los seminaristas, animándolos a que no se precien «de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Co 2,2). No menos fundamental es la cercanía a los presbíteros, a los que nunca debe faltar la comprensión y el aliento de su Obispo y, si fuera necesario, también su paterna admonición sobre actitudes improcedentes. Son sus primeros colaboradores en la comunión sacramental del sacerdocio, a los que han de mostrar una constante y privilegiada cercanía. Igualmente cabe decir de las diversas formas de vida consagrada, cuyos carismas han de ser valorados con gratitud y acompañados con responsabilidad y respeto al don recibido. Y una atención cada vez más especial se debe a los laicos más comprometidos en la catequesis, la animación litúrgica, la acción caritativa y el compromiso social. Su formación en la fe es crucial para hacer presente y fecundo el evangelio en la sociedad de hoy. Y no es justo que se sientan tratados como quienes apenas cuentan en la Iglesia, no obstante la ilusión que ponen en trabajar en ella según su propia vocación, y el gran sacrificio que a veces les supone esta dedicación. En todo esto, es particularmente importante para los Pastores que reine un espíritu de comunión entre sacerdotes, religiosos y laicos, evitando divisiones estériles, críticas y recelos nocivos.

Con estos vivos deseos, les invito a ser vigías que proclamen día y noche la gloria de Dios, que es la vida del hombre. Estén del lado de quienes son  marginados por la fuerza, el poder o una riqueza que ignora a quienes carecen de casi todo. La Iglesia no puede separar la alabanza de Dios del servicio a los hombres. El único Dios Padre y Creador es el que nos ha constituido hermanos: ser hombre es ser hermano y guardián del prójimo. En este camino, junto a toda la humanidad, la Iglesia tiene que revivir y actualizar  lo que fue Jesús: el Buen Samaritano, que viniendo de lejos se insertó en la historia de los hombres, nos levantó y se ocupó de nuestra curación.

Queridos hermanos en el Episcopado, la Iglesia en América Latina, que muchas veces se ha unido a Jesucristo en su pasión, ha de seguir siendo semilla de esperanza, que permita ver a todos cómo los frutos de la resurrección alcanzan y enriquecen estas tierras.

Que la Madre de Dios, en su advocación de María Santísima de la Luz, disipe las tinieblas de nuestro mundo y alumbre nuestro camino, para que podamos confirmar en la fe al pueblo latinoamericano en sus fatigas y anhelos, con entereza, valentía y fe firme en quien todo lo puede y a todos ama hasta el extremo.

Amén.

 

(Fuente: noticias.terra.com)

 

 

 

Texto de homilía del Papa de la Misa en Parque Bicentario

Texto de homilía del Papa de la Misa en Parque Bicentario


 

25/03/2012 21:18:01

 

El Papa Benedicto XVI vistiendo una sotana púrpura, inició este domingo la celebración de la misa principal de su visita apostólica a México, ante más de 400 mil personas congregadas en el Parque Bicentenario de Silao, en el estado de Guanajuato.

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Me complace estar entre ustedes, y deseo agradecer vivamente a Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, Arzobispo de León, sus amables palabras de bienvenida. Saludo al episcopado mexicano, así como a los Señores Cardenales y demás Obispos aquí presentes, en particular a los procedentes de Latinoamérica y el Caribe. Vaya también mi saludo caluroso a las Autoridades que nos acompañan, así como a todos los que se han congregado para participar en esta Santa Misa presidida por el Sucesor de Pedro.

«Crea en mí, Señor, un corazón puro» (Sal 50,12), hemos invocado en el salmo responsorial. Esta exclamación muestra la profundidad con la que hemos de prepararnos para celebrar la próxima semana el gran misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Nos ayuda asimismo a mirar muy dentro del corazón humano, especialmente en los momentos de dolor y de esperanza a la vez, como los que atraviesa en la actualidad el pueblo mexicano y también otros de Latinoamérica.

El anhelo de un corazón puro, sincero, humilde, aceptable a Dios, era muy sentido ya por Israel, a medida que tomaba conciencia de la persistencia del mal y del pecado en su seno, como un poder prácticamente implacable e imposible de superar. Quedaba sólo confiar en la misericordia de Dios omnipotente y la esperanza de que él cambiara desde dentro, desde el corazón, una situación insoportable, oscura y sin futuro. Así fue abriéndose paso el recurso a la misericordia infinita del Señor, que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cf. Ez 33,11).

Un corazón puro, un corazón nuevo, es el que se reconoce impotente por sí mismo, y se pone en manos de Dios para seguir esperando en sus promesas. De este modo, el salmista puede decir convencido al Señor: «Volverán a ti los pecadores» (Sal 50,15). Y, hacia el final del salmo, dará una explicación que es al mismo tiempo una firme confesión de fe: «Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias» (v. 19).

La historia de Israel narra también grandes proezas y batallas, pero a la hora de afrontar su existencia más auténtica, su destino más decisivo, la salvación, más que en sus propias fuerzas, pone su esperanza en Dios, que puede recrear un corazón nuevo, no insensible y engreído.

Esto nos puede recordar hoy a cada uno de nosotros y a nuestros pueblos que, cuando se trata de la vida personal y comunitaria, en su dimensión más profunda, no bastarán las estrategias humanas para salvarnos. Se ha de recurrir también al único que puede dar vida en plenitud, porque él mismo es la esencia de la vida y su autor, y nos ha hecho partícipes de ella por su Hijo Jesucristo.

El Evangelio de hoy prosigue haciéndonos ver cómo este antiguo anhelo de vida plena se ha cumplido realmente en Cristo. Lo explica san Juan en un pasaje en el que se cruza el deseo de unos griegos de ver a Jesús y el momento en que el Señor está por ser glorificado. A la pregunta de los griegos, representantes del mundo pagano, Jesús responde diciendo: «Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado» (Jn 12,23).

Respuesta extraña, que parece incoherente con la pregunta de los griegos. ¿Qué tiene que ver la glorificación de Jesús con la petición de encontrarse con él? Pero sí que hay una relación. Alguien podría pensar – observa san Agustín – que Jesús se sentía glorificado porque venían a él los gentiles. Algo parecido al aplauso de la multitud que da «gloria» a los grandes del mundo, diríamos hoy. Pero no es así. «Convenía que a la excelsitud de su glorificación precediese la humildad de su pasión» (In Joannis Ev., 51,9: PL 35, 1766).

La respuesta de Jesús, anunciando su pasión inminente, viene a decir que un encuentro ocasional en aquellos momentos sería superfluo y tal vez engañoso. Al que los griegos quieren ver en realidad, lo verán levantado en la cruz, desde la cual atraerá a todos hacia sí (cf. Jn 12,32). Allí comenzará su «gloria», a causa de su sacrificio de expiación por todos, como el grano de trigo caído en tierra que muriendo, germina y da fruto abundante. Encontrarán a quien seguramente sin saberlo andaban buscando en su corazón, al verdadero Dios que se hace reconocible para todos los pueblos.

Este es también el modo en que Nuestra Señora de Guadalupe mostró su divino Hijo a san Juan Diego. No como a un héroe portentoso de leyenda, sino como al verdaderísimo Dios, por quien se vive, al Creador de las personas, de la cercanía y de la inmediación, del Cielo y de la Tierra (cf. Nican Mopohua, v. 33). Ella hizo en aquel momento lo que ya había ensayado en las Bodas de Caná. Ante el apuro de la falta de vino, indicó claramente a los sirvientes que la vía a seguir era su Hijo: «Hagan lo que él les diga» (Jn 2,5).

Queridos hermanos, al venir aquí he podido acercarme al monumento a Cristo Rey, en lo alto del Cubilete. Mi venerado predecesor, el beato Papa Juan Pablo II, aunque lo deseó ardientemente, no pudo visitar este lugar emblemático de la fe del pueblo mexicano en sus viajes a esta querida tierra. Seguramente se alegrará hoy desde el cielo de que el Señor me haya concedido la gracia de poder estar ahora con ustedes, como también habrá bendecido a tantos millones de mexicanos que han querido venerar sus reliquias recientemente en todos los rincones del país.

Pues bien, en este monumento se representa a Cristo Rey. Pero las coronas que le acompañan, una de soberano y otra de espinas, indican que su realeza no es como muchos la entendieron y la entienden. Su reinado no consiste en el poder de sus ejércitos para someter a los demás por la fuerza o la violencia. Se funda en un poder más grande que gana los corazones: el amor de Dios que él ha traído al mundo con su sacrificio y la verdad de la que ha dado testimonio. Éste es su señorío, que nadie le podrá quitar ni nadie debe olvidar. Por eso es justo que, por encima de todo, este santuario sea un lugar de peregrinación, de oración ferviente, de conversión, de reconciliación, de búsqueda de la verdad y acogida de la gracia. A él, a Cristo, le pedimos que reine en nuestros corazones haciéndolos puros, dóciles, esperanzados y valientes en la propia humildad.

También hoy, desde este parque con el que se quiere dejar constancia del bicentenario del nacimiento de la nación mexicana, aunando en ella muchas diferencias, pero con un destino y un afán común, pidamos a Cristo un corazón puro, donde él pueda habitar como príncipe de la paz, gracias al poder de Dios, que es el poder del bien, el poder del amor. Y, para que Dios habite en nosotros, hay que escucharlo, hay que dejarse interpelar por su Palabra cada día, meditándola en el propio corazón, a ejemplo de María (cf. Lc 2,51). Así crece nuestra amistad personal con él, se aprende lo que espera de nosotros y se recibe aliento para darlo a conocer a los demás.

En Aparecida, los Obispos de Latinoamérica y el Caribe han sentido con clarividencia la necesidad de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en la historia de estas tierras «desde el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros» (Documento conclusivo, 11). La Misión Continental, que ahora se está llevando a cabo diócesis por diócesis en este Continente, tiene precisamente el cometido de hacer llegar esta convicción a todos los cristianos y comunidades eclesiales, para que resistan a la tentación de una fe superficial y rutinaria, a veces fragmentaria e incoherente. También aquí se ha de superar el cansancio de la fe y recuperar «la alegría de ser cristianos, de estar sostenidos por la felicidad interior de conocer a Cristo y de pertenecer a su Iglesia.

De esta alegría nacen también las energías para servir a Cristo en las situaciones agobiantes de sufrimiento humano, para ponerse a su disposición, sin replegarse en el propio bienestar» (Discurso a la Curia Romana, 22 diciembre 2011). Lo vemos muy bien en los santos, que se entregaron de lleno a la causa del evangelio con entusiasmo y con gozo, sin reparar en sacrificios, incluso el de la propia vida. Su corazón era una apuesta incondicional por Cristo, de quien habían aprendido lo que significa verdaderamente amar hasta el final.

En este sentido, el Año de la fe, al que he convocado a toda la Iglesia, «es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo [...]. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo» (Porta fidei, 11 octubre 2011, 6.7).

Pidamos a la Virgen María que nos ayude a purificar nuestro corazón, especialmente ante la cercana celebración de las fiestas de Pascua, para que lleguemos a participar mejor en el misterio salvador de su Hijo, tal como ella lo dio a conocer en estas tierras. Y pidámosle también que siga acompañando y amparando a sus queridos hijos mexicanos y latinoamericanos, para que Cristo reine en sus vidas y les ayude a promover audazmente la paz, la concordia, la justicia y la solidaridad. Amén.

 

(Fuente: noticias.terra.com.mx)

 

 

 

Iglesia 2012: una mirada al catolicismo cubano

Iglesia 2012: una mirada al catolicismo cubano

 

25/03/2012 14:37:17

 

Por Aurelio Alonso

Sociólogo de la religión.

Subdirector revista Casa de las Américas.

 

 

Cincuenta años después del Concilio Vaticano II, la polarización de las posturas de las jerarquías católicas de nuestra América frente a los cambios revolucionarios, e incluso a giros más moderados, calificables más bien de progresistas, quedan muy distantes de aquel aggiornamiento, y parecen demostrar que, a la postre, el cambio eclesiástico que tantas esperanzas sembró, quedó reducido, en su aporte esencial, a una referencia histórico-coyuntural. La Iglesia ha vivido, en términos generales, una «restauración» posconciliar, bastante significativa en el cuadrante de las relaciones capitalistas dependientes en el continente.

 

En tales condiciones, siguiendo el curso de la historia de este medio siglo, me aventuro a decir que, por caminos propios, el caso de Cuba representó para la Iglesia un desafío distinto: tras una apariencia de restauración, que pudiera inferirse con sobradas razones de sus reclamos coyunturales, se reveló una dinámica de reconstrucción de nexos con una sociedad que ha cambiado y cambia, sin renunciar a su propia identidad y capacidad de resistencia, a sus logros de justicia social y a un determinado patrón de equidad, a reserva de la incidencia que sobre este ejerce la ampliación del mercado. Los cubanos nos descubrimos en un encuadre distinto de lo que se observa en el resto del continente, por la capacidad que nuestro sistema ha mostrado para resistir, con sus logros, a la más crítica desconexión; y a sostener un Estado radicalmente diferente a los modelos «occidentales» en la orientación de su representatividad y en sus potencialidades de participación. Al margen de virtudes y deficiencias en su gestión, este tiene el mérito de haberse desembarazado de los intereses propios de una estructura dominada por la explotación de clases y los centros del capital. 

En términos de la relación Iglesia-Estado, la situación actual es la resultante compleja de una evolución verdadera y consistente. En los años 60, para la mayor parte de la población cubana creyente, el dilema se planteaba como una disyuntiva: «catolicismo o revolución». Este dilema se hacía por el hecho de que la asimilación estatal del marxismo en el canon ortodoxo soviético, doctrinalmente ateísta, lejos de contribuir a atenuar el dilema, generalizaba la disyuntiva en términos de «religión o revolución». En ese contexto polarizado, la tónica discriminatoria no solo tocaba al católico, sino a todos los creyentes religiosos. 

A pesar de aquella atmósfera de tensión, que alcanzó su mayor intensidad entre 1960 y 1962, no faltaron criterios y acciones, tanto desde los medios católicos como desde los marxistas (los políticos institucionales y los académicos, los heterodoxos y los ortodoxos) que, en una u otra medida, contribuían a mantener el diálogo. Tenía razón el teólogo italiano Giulio Girardi cuando observaba que, más allá de los compromisos de clase que garantizaban el sostén de las instituciones eclesiásticas, las iglesias «no se oponen a la revolución primariamente porque esta golpee los intereses de la burguesía y del imperio, sino porque propone un sistema de valores, una interpretación de la realidad, una concepción del hombre nuevo y un proyecto educativo que son alternativos a los de las iglesias».(1) 

Su razón era evidente, sobre todo si se miraba al largo plazo, porque la renovación generacional iba a modificar el carácter de esas relaciones. En efecto, con el paso del tiempo, se reduciría el efecto de una reacción clasista ante una revolución radical, rechazo que quedaba en el pasado (y en la emigración). Después de la primera década, comenzaría a cobrar más peso para la Iglesia el reto de acoplarse a un sistema que imponía un patrón diferente a sus relaciones con el Estado y con la nueva sociedad nacida del cambio revolucionario. 

Si aceptamos esta tesis, habría que admitir que parte de los motivos que coyunturalmente pudieron presentarse en la base del dilema también podrían estar llamados a constituir el punto de partida de la cooperación. En el fondo, el proyecto socialista de justicia social y equidad, opuesto a uno que asuma como brújula la lógica de la ganancia, guarda sintonía con la «opción por los pobres». 

No debemos olvidar que la crítica de Fidel Castro a las proyecciones contestatarias de la jerarquía eclesiástica a principios de los 60 se fundamentaba en la compatibilidad de la propuesta revolucionaría con las raíces sociales del cristianismo primitivo, y de ningún modo en argumentos ateístas. 

En América Latina la «opción por los pobres» se hizo presente, ante todo, en la generación de un progresismo cristiano, fincado en el espíritu renovador del Concilio Vaticano II, y bajo la impronta de reflexión propiciada por la Teología de la Liberación. Sin embargo, la anulación de esta corriente devino un objetivo central de la tendencia restauradora que dominó en el Vaticano desde los 80. La Iglesia cubana —su jerarquía— tampoco le hizo espacio a este movimiento, preservando el acuerdo sustantivo con la Santa Sede en el trazado conservador de una ruta de convivencia. 

A partir de los 80, se hizo muy perceptible la reanimación de la espiritualidad religiosa y, dentro de ella, de la actividad eclesiástica católica. Me refiero a signos evidentes, y en no pocos casos a datos probados, de crecimiento del número de las comunidades religiosas, la aparición de nuevas expresiones de la fe, y la desinhibición de un número creciente de personas que se reconocen creyentes, y que desde comienzos de los 90 no tenían que desafiar la discriminación que, en el pasado, implicaba exteriorizar su fe. Hasta entonces, la Iglesia se había visto en la necesidad de conducir esta reanimación de cara a las restricciones impuestas por el predominio de una proyección ateísta. El desarrollo del posicionamiento de la Iglesia que se recuperaba se refleja en el documento final del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) (2) de 1986, indicativo de una articulación con la sociedad cubana de su tiempo. 

Este acercamiento se producía a despecho de que Cuba vivía entonces —cabe recordarlo— sujeta al régimen de dependencia del CAME, y que los primeros congresos del Partido consagraban una ideología ateísta. Quizás también debido a la estabilidad que aquella asociación suponía para la economía cubana, conectada a un sistema internacional que se pensaba más sólido. El hecho es que la comunicación entre la Iglesia y el Gobierno evolucionaba positivamente, de manera que, desde la segunda mitad de los 80, avanzó la idea de la visita pastoral de Juan Pablo II a Cuba, inicialmente prevista para principios de los 90, aunque solo se pudo concretar en 1998. 

El Papa viajero había recorrido ya todos los países de América Latina salvo Cuba; había estado cinco veces en México y cuatro en Brasil. La visita a la Isla, un acontecimiento religioso y social de la mayor relevancia, se inscribía ya en un proceso de franca reanimación espiritual de la fe religiosa, y, en sentido estricto, no se le puede concebir como la causa de esta. Tampoco esta reanimación se origina en el derrumbe económico cubano de comienzos de los 90, si bien esta coyuntura se volvió un significativo factor de incidencia. La fractura del paquete de soluciones sociales a los problemas materiales de la población cubana contribuía a acentuar la búsqueda de salidas, efectivas o simbólicas, por la vía individual. 

Lo que de manera habitual identificamos como reanimación no constituye exclusivamente —y no siempre esencialmente— un efecto de crecimiento numérico, aunque este sea, por lo regular, el factor más visible. Esta reanimación alcanzaría, además, a todo el espectro religioso cubano, donde el peso de la religiosidad de raíz africana es decisivo, y que incluye el rápido crecimiento de la fe pentecostal y de otras religiones protestantes no tradicionales. 

La designación de un nuevo cardenal cubano en 1994, treinta años después de la muerte de su antecesor, se inscribía también en el proceso de la recuperación institucional, puesto que culminaba un cuadro jerárquico en el entorno católico para recibir al Papa en una «Iglesia nueva». Lo uno y lo

otro constituían ya signos de la revitalización católica en la Isla. Desde sus primeras homilías, editoriales y documentos pastorales, el discurso de Ortega dejó sentir el despliegue de una dinámica de fortalecimiento eclesiástico y laical. 

En 1989, la estructura diocesana del país la componían aún cinco diócesis y dos arquidiócesis con los prelados correspondientes, prácticamente la misma de treinta años atrás. En la actualidad existen nueve diócesis y tres arquidiócesis y el número de sacerdotes, que permaneció estancado por años, ha aumentado a más de cuatrocientos (más del doble), y su crecimiento no representa ya un problema pendiente para la fe católica en el país. En 2010 fue inaugurado un nuevo seminario diocesano, a cuya ceremonia inaugural asistió invitado Raúl Castro, en su condición de Jefe de Estado. Estas son ciertamente señales de recuperación institucional. 

El movimiento laico católico, que casi se había invisibilizado, también se revitalizó, con una intelectualidad joven y activa. El número de las publicaciones católicas creció apreciablemente, y su involucramiento en los problemas sociales, políticos, económicos y culturales contribuye frecuentemente, con aportes, en temas polémicos dentro de la sociedad cubana. Constituye otro signo de recuperación institucional. 

Para la visita del papa Juan Pablo II se vio trabajar, en coordinación y con el mismo propósito, tal vez por primera vez desde 1959, a la Iglesia y el Estado socialista cubano. Se esfumó el falso dilema que recorrió la prensa antes de la visita: ¿para quién significaría un éxito o un fracaso? Al cabo, lo que fracasó fue la incredulidad. Muchos dilemas se resuelven cuando se demuestra que no existen. 

Posiblemente, también por primera vez en cuatro décadas, la población cubana encontraría en los medios de comunicación un mensaje distinto del oficial. El papa fue verdadero dueño del escenario mediático durante cinco días.El cardenal Tarcisio Bertone recuerda, en su reciente libro sobre la vida del Papa Wojtila: «Fidel Castro mostró afecto por el Papa, que ya estaba enfermo, y Juan Pablo II me confió que posiblemente ningún jefe de Estado se había preparado tan a fondo para una visita de un Pontífice». (3) 

Bertone comenta que Fidel conocía las encíclicas y los principales discursos del papa, e incluso algunas de sus poesías. En recientes declaraciones a la prensa cubana el cardenal Ortega ha resaltado el interés del Papa Benedicto XVI por incluir en su agenda la celebración del cuarto centenario de la aparición de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. Resulta evidente el significado especial de esta visita, pues no creo que Ratzinger sea, como su predecesor, un Papa viajero. 

En la homilética, editoriales e intervenciones públicas del cardenal Ortega —a partir de 1994— es fácil encontrar pasajes que muestren el nivel que alcanza el discurso eclesiástico cubano en términos de entendimiento, incluso en los altibajos de la cotidianidad socioeconómica vividos en el país. Conanterioridad, la pastoral del episcopado de 1993, El amor todo lo espera, de cara al desafío que planteaba a los cubanos el derrumbe socialista, significó un retroceso en relación con el documento final del ENEC, que constituía hasta entonces el texto de referencia obligado de la doctrina social de la Iglesia cubana. La prensa oficial lo recibió de mala manera. Aunque este documento no suplantó al texto de 1986, sí marcó algunas referencias para el proyecto social futuro de la Iglesia. 

Es necesario señalar que la pastoral católica cubana retiene un corte típicamente eclesiocéntrico. 

Con excepción de un grupo muy reducido de laicos, la intelligentsia católica cubana (laicos y clérigos) formada en las últimas décadas, se orienta de manera bastante ortodoxa por el pensamiento pontificio, que articula la doctrina social de la Iglesia. Esto se traduce en cierta impermeabilidad al disenso, un sentido crítico desbalanceado y un alto grado de homogeneidad doctrinal entre los intelectuales católicos. A partir de estos presupuestos, se debe valorar la realidad y la potencialidad de la comunicación entre esa Iglesia y el mundo del cual forma parte. 

En tales condiciones, habría que definir lo que se entiende por normalidad en sus relaciones con el Estado y la sociedad. ¿Se trata de coincidencias consensuadas con el proyecto social, y de una relación explícita de cooperación? ¿O más bien de un entendimiento basado en una combinación de cuotas de respeto y de tolerancia entre el Estado y la institución civil, que problematiza aún su acoplamiento al sistema? 

Considero que esta es una normalidad accidentada, aunque de ningún modo caracterizada por el inmovilismo ni por el rechazo. La multiplicación de canales de entendimiento entre el catolicismo y las complicadas dinámicas socioeconómicas del sistema cubano son evidentes. Estos explican la aceptación gubernamental, en 2010, del papel mediador del Cardenal (en representación de la Iglesia) para que manifestaciones de oposición fueran toleradas, y también para que se produjera una solución de excarcelación de presos procesados por acciones de oposición activa que violan la legalidad vigente. En el Informe central con el cual inauguró el VI Congreso del PCC, Raúl Castro aludió a esta intervención afirmando: «Lo efectuamos en el marco de un diálogo de respeto mutuo, lealtad y transparencia con la alta jerarquía de la Iglesia católica, que contribuyó con su labor humanitaria a que esta acción concluyera en armonía y cuyos laureles, en todo caso, corresponden a esa institución religiosa». En ese discurso, se apunta además una precisión acerca de «los puntos de vista no siempre coincidentes» entre Estado e Iglesia, aunque «constructivos». (4) 

Se justifica pensar que la valoración de este episodio en un documento tan relevante en la política del país significa que no tiene que limitarse a un dato coyuntural, sino que constituye un signo de la normalidad alcanzada. Y este ha de ser en buena medida el escenario de relaciones en que va a tener lugar la primera visita del Papa Benedicto XVI a Cuba. 

(Tomado de Revista Temas, 24-03-12)

 

 

(1) Giulio Girardi: Cuba después del derrumbe del comunismo. ¿Residuo del pasado o germen de un

futuro nuevo?, Editorial Nueva Utopía, Madrid, 1994, p. 109. 

(2) ENEC, Encuentro Nacional Eclesial Cubano. Documento Final, Tipografía Don Bosco, Roma, 1986. 

(3) Agencia EFE, 22 de abril de 2011. 

(4)  Informe Central al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, Granma (edición especial), La

Habana, 17 de abril de 2011.


 

 

La Cuba que pronto recibirá al Papa

La Cuba que pronto recibirá al Papa


24/03/2012 19:23:39

 

En 1998 los cubanos recibimos durante cinco días la visita de Juan Pablo II. Comenzó entonces una etapa de mejoramiento de las tensas relaciones con Iglesia-Gobierno Revolucionario.

 

Mucho se ha avanzado por ambas partes hasta hoy: la Constitución de la República de Cuba cambió en sus referencias al ateísmo; se aceptó el ingreso al Partido Comunista de Cuba de revolucionarios que tuvieran fe alguna aparte del marxismo-leninismo; la Navidad fue declarada de nuevo día feriado nacional; se brindó ayuda oficial para erigir un nuevo seminario y en su inauguración estuvo presente el presidente Raúl Castro Ruz; el cardenal Jaime Ortega participó en las negociaciones para la liberación de presos políticos en 2010; se efectuó una procesión por todo el país de la Virgen de la Caridad del Cobre, que duró año y medio, en conmemoración del 400 aniversario de a aparición de su efigie.

Es justo considerar el papel conciliador —entiéndanse en el mejor de los sentidos— jugado por el Cardenal Jaime Ortega Alamino, apoyado en un grupo notable de eclesiásticos. Miembros de la disidencia cubana le responsabilizan de «legitimar» con el parlamento la política del «régimen». Al mismo tiempo, la jerarquía rechaza arrogarse la función de «catalizador de cambios radicales» pretendidos por otros miembros de la oposición sufragada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América. En general su actitud le ha ganado el odio por parte de de la mayoría de la contrarrevolución y la disidencia anticubanas, y el respeto de no poco cubanos.

La Cuba que recibirá a Benedicto XVI es un país envuelto en profundos cambios, tanto en lo económico como en lo político y lo social, en busca de un modelo moderno de socialismo. Tras las celebraciones de par de importantes eventos del Partido Comunista de Cuba (el 6to Congreso y la I Conferencia Nacional) así como relevantes sesiones de nuestra Asamblea Nacional del Poder Popular, se reagrupan, reaniman y reorganizan nuestras fuerzas y capacidades. Sería un crimen olvidar en este escenario, el cruento bloqueo al que estamos sometidos, que por estos días, tal cual en 50 años, se ha venido recrudece cada vez más.

Hoy el archipiélago lucha por retomar el camino hacia recuperar valores morales, intrínsecos del Socialismo. Su constitución es laica. Se calcula que sólo el 10% de su población  es católica, otras iglesias y los cultos sincréticos han avanzado tanto que la superan en cuanto a feligresía.  Es un país donde no hay asesinatos sumarios  ni desaparecidos, no hay torturados y nadie es sancionado por ideas políticas contrarias al socialismo: otros casos son los mediáticamente denominados «disidentes», en sus diversas modalidades, pagados en mano propia o por trasmano con injustificadas asignaciones del presupuesto estadounidense, en el persistente intento de desestabilizarnos.

Aquí el aborto y el divorcio son legales. En el año 2012 hubo una tasa de nupcialidad de 5,2 por cada mil habitantes (de 58 mil 490 matrimonios, 17mil 636 correspondieron a la legalización de una unión consensual anterior) y de divorcios de 2,9 por cada mil habitantes. Las uniones consensuales no formalizadas quedan fuera de las estadísticas y son las de mayor cantidad. Las parroquias católicas no muestran los devotos de hace cinco décadas. Las relaciones Iglesia-Gobierno se encuentran hoy en un nivel cualitativamente superior.

Nuestro visitante, Benedicto XVI será recibido por el pueblo cubano con cariño, respeto y afecto. Nacido en Alemania, brilló en su carrera eclesiástica. Eminente teólogo dirigió, en su época de Cardenal Joseph Ratzinger, la congregación para la Doctrina  de la Fe.  Muchos no le perdonan sus ataques de entonces a la Doctrina de la Liberación.

Esta visita forma parte de su cruzada por la reevangelización y secularización de Occidente para fortalecer la fe. Enemigos en el exterior opinan  que es una acción dirigida a facilitar el incremento de la presencia de la Iglesia en la sociedad cubana, en espera de cambios de nuestro régimen social. En otra vertiente de esta campaña de descrédito, promovida por libelos de la prensa, se pronostica que a partir de esta visita «la Iglesia se puede convertir en un aliado natural del Gobierno».

Su acción diplomática será muy compleja puesto que deberá discursar con extremo cuidado. No concedió entrevista a los agentes nacionales de los enemigos del pueblo cubano. El portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombarda opinó sobre el bloqueo económico político y comercial de los Estados Unidos contra Cuba como que: «La Santa Sede considera que el embargo es algo que hace que las personas sufran las consecuencias. No logra el objetivo de un bien mayor», para a continuación remarcar: «La Santa Sede no cree que es una medida positiva y útil”. Una declaración del Papa, en tal sentido —y también por la libertad de los Cinco— le ganaría un nada despreciable reconocimiento por parte del pueblo cubano, tan sensibilizado con tales temas. Pero también estoy convencido de que el Gobierno cubano no se lo pedirá. 

Mientras se dan los toques finales a los preparativos. Se terminan los estrados para las misas, levantados por empresas nacionales concertadas con las autoridades de la Iglesia, se afinan los sistemas de amplificación, bachean calles, aseguran líneas de transmisión de electricidad y comunicaciones. Hasta comenzará a ser comercializado en breve un disco dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre.

Lo único que puede enturbiar toda esta celebración diplomática y de fe puede ser la actuación de los grupos disidente internos y las organizaciones contrarrevolucionarias asentadas en los Estados Unidos. Este último país será responsable en grado sumo de lo que pueda ocurrir.

Como botones de muestra están las recientes declaraciones de Marco Rubio, senador republicano por  Florida,  que mostró ante periodistas su «profunda» preocupación por el «espacio político» que se ha abierto la Iglesia católica en Cuba a cambio de “hacer la vista gorda” ante la situación en la isla, en vísperas de la visita del papa Benedicto XV, e  hizo duras críticas a quienes defienden el levantamiento del embargo unilateral de EE.UU. Del Cardenal Jaime Ortega expresó que «invitó a matones de Castro a entrar a la iglesia y sacar a la gente». Por otra parte Roger Noriega declaró a la prensa que sería «vergonzoso» que el máximo líder de los católicos no se reúna con los grupos disidentes. Otro show provocativo publicitario será el acercamiento de una flotilla de barcos, el día 28, dicen que hasta los límites jurisdiccionales de las aguas nacionales, para hacer una demostración contra Cuba, sin olvidar el ridículo y fracasado intento de tomar parroquias por impresentables personeros de un flamante y sedicente Partido Republicano de Cuba, a todas luces financiado y ordenado desde ya se sabe donde.

Es posible que Benedicto XVI proclame «venerable» al sacerdote e intelectual Félix Francisco de la Concepción Varela y Morales (1788-1853), llamado Padre Varela quien escribió un proyecto de ley para la abolición de la  esclavitud, y fue defensor de la  independencia de las naciones americanas. Condenado a la pena de muerte por España, vivió desterrado 30 años en Estados Unidos y llegó a ser obispo de Nueva  York.

El Papa recibirá devoción de creyentes y el respeto y simpatía en general de los cubanos, unidos y hospitalarios, durante los tres días que durará su visita. Brindará misa en Santiago de Cuba, el 26 de marzo, en un enorme altar de estructuras metálicas con un diseño similar al de la mitra papal, respaldado por la efigie del mayor general Antonio Maceo, caído en combate contra el dominio español;  ese propio día visitará el santuario de la Caridad del Cobre, la Virgen mambisa, en cuyo honor se dice que el guerrero llevaba siempre consigo un escapulario. 

El día 28 realizará los oficios en la Plaza de la Revolución de La Habana,  en un altar algo menor en tamaño al de Santiago, donde resalta el color amarillo, enmarcado a su espalda por la estatua del anticlerical José Martí, Apóstol de Cuba, a su derecha por una enorme imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre que colgará sobre la fachada de la Biblioteca Nacional, y al fondo las efigies de los comandantes Ernesto Che Guevara, caído en las montañas bolivianas peleando por la libertad de América, y el comandante Camilo Cienfuegos, «el más brillante de todos los guerrilleros» según el propio Che.

 

(Tomado de Café Mezclado / Pedro Hernández Soto)



PERDURABLES LECTURAS

PERDURABLES LECTURAS


 23/02/2012 10:07:43

 

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Los libros y las ideas que promueven han sido fuentes de aliento y esperanza; gracias a ellos, conocemos lo que vale el injerto del talento y la bondad. Sus nombres se familiarizan y se repiten a lo largo de la vida durante años, que siempre nos parecen breves. 

(Interpretación libre sobre una idea del Comandante en Jefe)

 

 

Sé que caigo en la bolsa de lugares comunes al repetir que Fidel es un lector empedernido, pero no encuentro otra expresión para referirme al hombre que desde que le conozco, le escucho y le leo, ha dado prueba irrebatible de su pasión por los libros, hábito engendrado desde su infancia y que, entre otros factores históricos y genéticos, han hecho de él un presidente culto y sabio, tal vez el más culto y más sabio del planeta Tierra en la actualidad. 

Varias veces, dejando a un lado su típica modestia —para hacer gala de otra de sus cualidades, la honestidad— ha confesado  haber leído cuantos libros ha podido en su vida, y sentir dolor por no disponer de más tiempo para ello. «Sufro cuando  veo las bibliotecas, sufro cuando reviso una lista de títulos de todas clases, y lamento no tener toda mi vida para leer y estudiar», confesó a  Tomás Borge, en ocasión de una larga conversación sostenida durante los días 18 y 20 de abril de 1992, publicada ese mismo año en forma de libro, bajo el título «Un grano de maíz». 

Muchacho de su época, primero devoró no pocas historietas  o «muñequitos», como se le llamaba entonces. Luego, fue interesándose por la Historia, de modo que leyó no solo sobre los hechos acontecidos en su patria sino también aquellos de carácter universal, incluyendo las biografías de grandes personajes. En el bachillerato entró en contacto con la Literatura Española, fundamentalmente los clásicos. 

Al comandante sandinista reveló haber leído mucho no solo de historia sino también de geografía y literatura política. […] «Tengo una gran colección de libros sobre Bolívar, siento una admiración infinita por Bolívar. Considero a Bolívar el más grande personaje dentro de los grandes personajes de la historia […] Ya no te digo de Martí. Martí es un Bolívar del pensamiento, y Bolívar fue un genio de la política, un genio de la guerra, un estadista, porque tuvo las oportunidades que no tuvo Martí de dirigir Estados». 

Al preguntarle qué estaba leyendo últimamente, Fidel le responde:

«De todo he leído. Se me acaban los libros y entonces tengo que salir a buscar. Anoche estaba leyendo una novelita de ficción que se llama El Perfume, de Patrick Süskind. Es un tema inusitado, muy interesante, muy ameno. […] Voy por esa parte en que el noble francés está tratando de proteger a su hija pelirroja de los riesgos que significan las actividades que está realizando el personaje central, que es el perfumista Grenouille. […]Lo que he aprendido sobre los perfumes en esa obra es increíble, se puede decir que hasta la tecnología de la producción perfumes. Es muy variada la literatura. Tengo libros, algunos son más pesados, otros son menos pesados.  Tengo en remojo otra que se llama La muerte es un asunto solitario, de Bradbury, también de ficción. […]Todo depende, Tomás, del trabajo que tenga, de las actividades en que esté envuelto».

 

INTELIGENCIA, MEMORIA, SENSIBILIDAD…

 

Como la lectura es un hábito de los más benéficos y saludables,—factor genético aparte— la pasión de Fidel por ella debe haber influenciado también en su inteligencia, memoria, creatividad, imaginación y vitalidad, que ahora, a sus 85 años, desborda cualquier límite y hace que muchos lo tilden de profeta cuando en realidad  es un hombre dotado de infinitos conocimientos,  iluminado permanentemente por un ideal, y signado por su ilimitada confianza en los seres humanos. 

Miguel Barnet, el presidente de la Unión de Escritores de Cuba (UNEAC), durante la presentación de «Fidel Castro. Guerrillero del Tiempo», se referiría con palabras más precisas a algunas de estos caracteres  de  un líder político «que al final revelan la sensibilidad cincelada por los golpes de la vida: 

Gala de una memoria prodigiosa, con detalles insólitos que van desde la edad de dos años cuando aún no tenía idea de la muerte, y había presenciado el triste velorio de un tío hasta los hechos más recientes contados con precisión y vuelo imaginativo. […] Fuerza de carácter, espíritu alerta. […] Una lucidez  deslumbrante y una proyección dirigida a la colectividad, a los cambios sociales y al futuro. Una pupila que ve al ser humano en su devenir, sin menoscabo  del pasado y sus leyes; esa manera de enfocar a la sociedad desde un humanismo profundo singulariza su filosofía y los postulados martianos desde los cuales percibió el mundo». 

A Fidel hay que disfrutarlo de cerquita, y no una sola vez. Amén de su personalidad abrumadora, en muchas ocasiones fascina por ese niño que todos llevamos dentro y que en él aflora, en la mirada pícara y la sonrisa ingenua, bajo las cuales sucumben amigos y enemigos. Como si estuviera invitándote —durante el tiempo que perduran—, a no creerle, o si lo prefieres, a sumarte a sus pensamientos no expresados en palabras, fundados por la enorme información que ha procesado e interpretado con sano juicio y propiedad. 

En 1985, el periodista Joelmir Beting, le refiere lo agitado de su ritmo de trabajo: «Una hora y media de programa de radio todas la mañanas. Media hora de televisión por la noche. Y redacto una columna de comentarios económicos editada diariamente en 28 periódicos brasileños». 

Fidel —ya saben, no le gusta perder— le confronta: 

«Todos los días dedico una hora y media a la lectura de los cables internacionales, de casi todas las agencias. […] Si leo que se ha descubierto en algún país un nuevo medicamento o equipo médico innovador y de gran utilidad, mando a buscar rápido información sobre el mismo. […] Desgraciadamente, el tiempo no alcanza para recoger y analizar todas las informaciones que a uno le interesan. […] Quería actualizarme mejor para esta conversación contigo y mandé a buscar todas las noticias económicas internacionales importantes de los últimos dos meses. ¡Recibí cuatro volúmenes de 200 páginas cada uno! No es fácil seguir la dinámica de los acontecimientos, las aventuras del dólar y las consecuencias en la economía mundial de la nefasta política económica de estados Unidos». 

En la era de Internet los despachos pueden resultar infinitos. Pero su método interpretativo no falla. Parece no seguir la recomendación maximiliana de que «aprender a trabajar es aprender a descansar». No le fatiga conversar, descansa conversando. Sigue viviendo, sin prescripción facultativa, la emoción al riesgo, digo yo parafraseando a Ignacio Ramonet, quien asevera que los libros reflejan muy bien la amplitud de los gustos de Fidel.

 

ABRIR CAMINOS

 

En la memorable presentación, y al descubrir que entre el público a las madres de los Cinco, Fidel habló de Juan Cristóbal, de Romain Rolland, autor que durante toda su vida buscó medios de comunión entre los hombres, y cuya  imperiosa necesidad de justicia le llevó a buscar la paz más allá de la contienda durante y después de la Primera Guerra Mundial. La novela fue una de las que sobrevivió a la censura de la cárcel de Isla de Pinos. 

Pero si bien las autoridades de la cárcel le aplicaban la severidad de un régimen penitenciario arbitrario y absurdo, Fidel se imponía por encima de este un sistema de vida y de estudio mucho más riguroso y consciente, en que la lectura también le abriría el camino «para los grandes combates del mañana», según reseña Mario Mencía. 

« […] Todo lo quiero saber, y hasta las listas bibliográficas de cada libro las repaso acariciando la esperanza de leer los libros consignados. En la calle me inquietaba porque me faltaba tiempo, y aquí donde el tiempo parece sobrar también me inquieto.» 

En todo el tiempo que duró el presidio la relación de obras y autores que venció Fidel es asombrosa: 

Feria de vanidades, de William Thackeray; Nido de hidalgos, Iván Turgueniev; El capital, Carlos Marx. Además, ha comenzado a estudiar a autores cubanos como Félix Varela y Luz y Caballero, que alterna con las Obras de José Martí de la Editorial Lex. De Honorato de Balzac La piel de zapa; de S. Zweig, Biografía de Napoleón el pequeño; de J. Cronin, Las estrellas miran hacia abajo; de S. Maugham, El filo de la navaja; de Sigmund Freud, cuatro de los 18 tomos que componen las Obras Completas; y de Dostoievski, Los hermanos Karamasov, Humillados y ofendidos, Crimen y castigo, El Idiota, El sepulcro de los vivos, Las pobres gentes y el cuento Proachim. 

En Junto a una Gramática Latina, un Diccionario de Modismos y la Oratoria de Demóstenes, rodean su cama de la prisión: Técnica del golpe de Estado, de Cursio Malaparte; de Ortega y Gasset: La rebelión de las masas, Psicología de las multitudes, Fundamentos de la Política, El fascismo al desnudo, La época de la revolución religiosa, La reforma y la contrarreforma; de Tomás Moro, Utopía; las Obras completas de Homero, Cicerón y Mirabeau, y de José Ingenieros, El hombre mediocre. 

Las lecturas aumentan con los días: Las cien mejores poesías, Siete cantos, El lirio del valle, El ruiseñor y la rosa, de O. Wilde; Eugenia Grandet, de Balzac; Calle Mayor, de S. Lewis; Ana Karenina, de León Tolstoi; Cecilia Valdés, de C. Villaverde, y Juan Criollo, de Carlos Loveira. El tema histórico es constante: Martí, Morelos, Bolívar, Bonaparte, y los diez voluminosos tomos de la Historia de la nación cubana. 

Múltiples, variadas, sólidas y constantes lecturas, han hecho de Fidel —entre otras condicionantes—un hombre de ideas sólidas y con una extraordinaria visión. Astuto, curioso, de un torrente de palabras sencillas pero impactantes, su capacidad para valorar una situación concreta es enorme,  y admirable la rapidez de análisis que, acompañada de una información vasta y variada, le permite moverse con facilidad en cualquier medio. 

En mayo de 1955 escribió desde la cárcel, a su hermana Lidia Castro Argota: 

«Valdré menos cada vez que me vaya acostumbrando a necesitar más cosas para vivir, cuando olvidé que es posible estar privado de todo sin sentirse infeliz. Así he aprendido a vivir, y eso me hace tanto más temible como apasionado defensor de un ideal que se ha reafirmado y fortalecido en el sacrificio. Podré predicar con el ejemplo que es la mejor elocuencia. […] Libros solo he necesitado y los libros los tengo considerados como bienes espirituales…». 

Ese temple de estoicismo y confianza, Fidel lo ha impregnado a su pueblo, como un baluarte de moral y de espiritualidad que lo ha sostenido frente a las bajezas de las campañas más denigrantes y el aislamiento mayor.

El mundo podrá juzgarlo por actitudes que no alcancen una cabal comprensión, o por errores que él mismo se ha señalado, pero nadie tendrá el valor de dudar sobre su inteligencia. Los dramas de la humanidad lo han vigorizado. Los retos de cada día han acrecentado su valor. Los libros le han permitido escapar de la ignorancia. Es un hombre culto. En ese sentido, es temible.

 

 

 

 

 

 


 

Mi Santa, más Clara… ¡Y no un potrero!

Mi Santa, más Clara… ¡Y no un potrero!


10/02/2012 17:37:52

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

Lunes pasado. Entre las nueve y las once de la mañana. Se ha corrido a voz de un operativo gubernamental para detectar a los carretoneros infractores, y por las céntricas vías de la populosa Santa Clara, andaban diseminados, de completo uniforme, inspectores de Transporte apoyados por policías de Tránsito. 

 

Las intersecciones de las calles Cuba y San Cristóbal, por ejemplo, mostraban una onda retro medieval y daban la impresión de una chifladura colectiva. Era tal la barahúnda de carros de todo tipo esquivando el apuro de los indolentes peatones, disputándose el derecho de vía —incluso los había mal aparcados—, que me hizo pensar en un extraño aquelarre equino-vehicular. 

Sin embargo, a esas horas y a diferencia de otros días, los puntos donde acostumbran a parquear o las calles por donde ruedan con frecuencia y preferencia, lucían bastante limpias de las heces fecales. Sea porque la «guerra» resultaba avisada y los conductores evitaron sacudir con sus fustas y desde el pescante el maltrecho o mal instalado «culero», o porque Comunales colocó en algunas piqueras depósitos para verter el infecto residuo animal. 

La jornada de los trabajadores encargados de mantener la higiene pública pudiera sobrepasar las 24 horas, y no terminar nunca. Insuficiente tal vez, la cantidad de inspectores con que cuenta Villa Clara, y de los que pudiera formarse un batallón bajo alerta permanente. Oportuna, la labor conjunta con la PNR, de la que también harían falta sendos escuadrones y no pocos talonarios de multas, de acuerdo con los miles de carretones —sean de carga o de pasajeros— inscritos como cuentapropistas y con libertad para ser alquilados y moverse por rutas diversas. 

Pero infracciones del Tránsito aparte —pues resultan de obligatorio cumplimiento para todos los conductores y peatones—, me detengo en el  desafuero o libre albedrío que se ha entronizado en este segmento laboral donde predominan los cocheros con licencia, serios y responsables, pero entre el cual no florecen como es deseado la buena educación ni la urbanidad, pagando justos por pecadores y dando fe de la recurrida frase «juegos de carretonero», a la hora de echar en cara los modales bruscos o conductas improcedentes en determinada persona. 

Mas, no constituyen precisamente juegos las carreras de velocidad,ni los despiadados fustazos a la bestia, ni los exabruptos y malas para hacerla andar, ni los buches de ron en pleno trayecto, entre otras indisciplinas sociales y violaciones de lo reglamentado. 

El asunto muestra muchas caras y se percibe bien complejo de solucionar dada las dificultades económicas que enfrenta el país, y por las cuales se han incrementado notablemente los vehículos de tracción animal, con el beneficio que ello representa para la solución del transporte de pasajeros y cargas. 

No obstante, son varios los aspectos negativos, considerando que la circulación de equinos en áreas urbanas encierra riesgos, pues los animales —sus heces y orina— pueden ser portadores de agentes etiológicos de enfermedades infecciosas y parasitarias, además del impacto social que ello entraña, independientemente del estado sanitario aceptable de la mayoría de las bestias. 

Como dato curioso les informo que un caballo puede generar entre 5 y 15 kilogramos de heces diariamente. Por ejemplo, antes del automóvil, en ciudades como New York existían unos cien mil caballos que transportaban gente y mercancías de un lado a otro, lo cual  equivale aproximadamente a 750 toneladas de inmundicia al día. 

¿Cómo  evitar que las boñigas de los caballos invadan las calles?

Pienso que la ciudad no puede ensuciarse continuamente con las heces. Además de la mala imagen a quien la visita, se expande el hedor que desprenden, sobre todo en pleno verano. Tampoco es posible prescindir por ahora de los carretones y, del mismo modo, la municipalidad no posee condiciones para  permitirse el lujo de que cada uno de los cientos de coches que circulan en los horarios lleven detrás a un obrero de la empresa pública de limpieza para ir quitando el estiércol del pavimento. 

Una solución radica en el «culero», que  no es eficiente al 100%, pues cuando los caballos mueven la cola, muchas veces, la introducen en esta especie de pañal esparciendo sus propios excrementos por todas partes. De modo que a sus dueños debía multárseles tanto por el mal estado de la bolsa de arpillera como por no portar la escoba y el cubo requeridos para el barrido y recolección, que el propio cochero está obligado a realizar de vuelta a la piquera, sin esperar a que esta rebose y los detritus junto con la pestilencia hagan desfallecer pulmones y narices de pasajeros y pasantes.

Lo contrario representa una violación de la cultura cívica y un verdadero atentado contra el entorno urbano, causado por un animal de su propiedad, gracias al cual se gana el sustento y del cual es máximo responsable. 

De todo esto dan fe los inspectores —incluso mujeres— algunos de ellos agredidos en plena faena correctiva, y otros simplemente engañados cuando, al pedirles el carné de identidad, les responden que no lo «traen arriba» y, dándole mangazo al animal, les dejan con la palabra en la boca. ¿A que no actúan así con un agente del tránsito? Claro, «el perro sabe del palo que se rasca». 

El tema nos toca más de cerca a los «de a pie». Hombres, mujeres, ancianos, jóvenes, adolescentes, niños, lactantes, y hasta fetos y embriones que viajan ¿resguardaditos? en el útero materno.  Pese a ello, he visto pasajeros muy molestos cuando el cochero se detiene ante el reclamo de una autoridad, pues «estas no son horas de poner multa», porque «vamos muy apurados», y «¿usted no ve que el animalito no puede con su vida?».

Si dijera que toca ahora a la población y demás implicados ganar conciencia de su rol en este combate por la higiene y el orden público para, entre todos, garantizar que las calles de Santa Clara reluzcan, estaría expresando una idea exhortativa valedera, pero un tanto ineficiente ya por lo reiterativo y gastado del discurso. 

Mejor, solicitar de las instituciones locales mantenerse vigilantes para que los cocheros que tienen licencia cumplan a rajatabla con las ordenanzas, reglamentos o leyes establecidos, así como realizar inspecciones o comprobaciones periódicas —avisadas y sorpresivas— y de tal modo comprobar que los encargados de fiscalizar y hacer cumplir las normativas están cumplimiento con sus deberes, pero sobre todo, con una obligación. 

Y no vendría mal que los especialistas colegiaran ideas y situaciones puntuales, y una vez más —con tiempo, profesionalidad e inteligencia— revisaran lo relativo a la  Ingeniería del Tránsito, pues, por muy  mal trazadas que puedan estar las calles de Santa Clara, no estamos en el Medioevo para permitir que las indisciplinas sociales se esparzan como la heces, so pena de que cualquier día haya que cambiarle el status de ciudad por el de potrero, y el santo nombre de Clara por el de oscuro, sucio, pestilente y desaforado Potrero de Don Pío.

 

 

 


 

Para enseñar a amar la historia patria

Para enseñar a amar la historia patria


08/02/2012 10:18:37

 

Por Mercedes Rodríguez García

  

«No se ama lo que no se conoce», asegura con razón y emoción Arístides Rondón Velásquez, pedagogo de 45 años de trayectoria y especialista principal del Centro de Desarrollo Juvenil (CDJ) «Francisco Gómez Toro», adscrito a la Unión de Jóvenes Comunistas de Villa Clara.

 

Bien sabe el licenciado Arístides que a los jóvenes les empieza a gustar la historia cuando «primero se les narra y describe y, luego, se les explica». 

De ahí que decida ejemplificar con un pasaje sobre la visita de Antonio Maceo al bohío de Máximo Gómez Báez y Bernarda Toro Pelegrín, el 12 de marzo de 1876. Un día antes había nacido el cuarto hijo, al que todos llamarían en lo adelante, Panchito. 

Dice Maceo a Bernarda: 

—«Me he enterado que ha tenido usted un niño muy robusto.

—Sí General, lo único que me preocupa es que nació con un pie algo virado.

—¿Cuál de ellos?

—El derecho.

—Eso no tiene importancia, porque el que se necesita para montar a caballo es el izquierdo». 

La anécdota resulta elocuente, al caer combatiendo al lado de su General, Panchito Gómez Toro demostró la certeza  el criterio del  Titán de Bronce.

 

ESTUDIO, CONOCIMIENTO Y PREPARACIÓN

 

Único de su tipo en Cuba, el CDJ tiene entre sus objetivos básicos impulsar acciones que estimulen el estudio de la historia patria, el pensamiento de personalidades significativas en el proceso de formación de la nacionalidad, y los fundamentos del proyecto social cubano. 

Entre sus líneas de acción figuran, además, participar activamente en la preparación política-ideológica de los jóvenes, sean o no dirigentes de la Organización, así como desplegar actividades  culturales, de superación e investigación que coadyuven a ampliar en este segmento poblacional el conocimiento de la obra de José Martí, Fidel Castro y Ernesto Guevara. 

«Los jóvenes,  necesitan ampliar su cultura para entender cualquier suceso de índole política o ideológica. Si se saben educar, instruir y conducir adecuadamente, ejemplo de por medio, podrán llegar a actuar como verdaderos martianos, es decir, como y hombres y mujeres de bien», indica Rondón Velásquez. 

—¿De quiénes reciben apoyo?

—Contamos con la colaboración de todos los centros de la Educación Superior, especialmente de la Universidad de Ciencias Pedagógica (UCP) y de la Universidad Central (UCLV), y nos valemos de un consejo asesor integrado por valiosos profesionales especializados en diferentes temáticas. Gracias a ellos podemos impartir cursos, charlas, conferencias, talleres, postgrados, de acuerdos con los intereses y necesidades del universo que atendemos, muy interesado en superarse en la esfera en que se desarrollan. 

—¿Puede referirme algunas de estas acciones? 

—En el tiempo que llevamos de fundado, algo más de un año, es digno de mencionar un postgrado en Contabilidad Finanzas, un curso de Redacción y Ortografía, y otro de Preparación para las Pruebas de Ingreso a la Educación Superior, este último con una matrícula de 30 alumnos, todos trabajadores de la UJC. 

—¿Alguno sobre Martí? 

—Terminamos uno y ya está abierta la convocatoria para un segundo titulado «José Martí, americano y universal». Lo impartirá la profesora Clara Niebla, de la UCLV.

 

MEMORIA y EJEMPLO

 

—¿Encuentros para recordar? 

—Yo diría que uno de los más emocionantes: el sostenido por el Destacamento Guerrillero con la hija de Lucios Walter. Se trata de alumnos de onceno grado, del IPU «Osvaldo Herrera», de Santa Clara. Cada uno de adopta el nombre y la personalidad de un integrante de la guerrilla del Che en Bolivia, no importa el sexo ni el parecido físico. Se creó el 14 de junio de 2011, cuando cursaban el décimo nivel de esta enseñanza. 

—Hace poco sostuvieron un encuentro con Santiago Feliú y tengo entendido que ocurrió una situación jocosa… 

—Sí una confusión a partir del nombre, porque no se trataba del trovador del mismo nombre, sino de su medio hermano, Santiago Rine Feliú, el historiador. Son tres, hijos de un mismo padre. 

—¿Satisfecho? 

—Nunca, menos ahora que toda la nación tiene puesta sus esperanzas en el ineludible relevo juvenil, al que tenemos que preparar responsablemente, sobre todo a nuestros militantes, esa vanguardia a la que se han referido reiteradamente Fidel y Raúl. 

—Vale entonces el ejemplo de Panchito… 

—La conducta de Panchito lo ha inmortalizado en la memoria de la juventud cubana de todos los tiempos. Falta, como a otros héroes y mártires de nuestra gestas independencias, conocerlo para amarlo.

 

FRAGMENTOS PARA MOTIVAR

 

Sería muy provechoso que nuestros jóvenes leyeran la carta que Máximo Gómez escribe a Martí, el 31 de mayo de 1894. En ella hace un profundo análisis del valiente joven. 

« […] ha sido bello oírle hablar de súbito, componiendo con singular concisión de voces el pensamiento sincero y oportuno, sin un solo florero o tono violento, ni esos giros traspuestos y aprendidos que en los mismos que pasan por maestros quitan fuerza y hombría a la oratoria. […] hablando es dueño entero de sí, y ni temerá, ni adulará, ni fatigará a las asambleas. Y de su corazón, tan pegado al mío que  lo siento como nacido de mí, nada le diré, por no parecerle excesivo; ni de mi agradecimiento. Ya él conoce la llave de la vida, que es el deber: y en lo que hace como  en lo que dice, no domina el deseo de parecer bien, ni el miedo de parecer mal; sino la determinación de prestar el servicio necesario a la hora en que lo hace o lo dice. No creo haber tenido cerca de mi lado criatura de menos imperfecciones».

NO DEBEMOS DESISTIR, NI CREER QUE SOMOS POCOS

NO DEBEMOS DESISTIR, NI CREER QUE SOMOS POCOS

 

03/02/2012 19:09:52


Conozco gente que se fue tras otros derroteros y no ha logrado nada, ni en lo personal, ni en lo profesional. Y lo que es peor, viven del recuerdo de lo que fueron, de la nostalgia. En el espacio de la cultura, ese momento —la crisis— fue superado. Cuba está abierta hoy a quienes quieran regresar, recomenzar, renovar sus proyectos y su vida, aseguró en exclusiva para La Jiribilla la cantautora cubana Sara González. (Tomado. La Jiribilla. 2001). 

 

Por Nirma Acosta

 

Para los cubanos, Sara es una suerte de diva de la canción protesta. No ha faltado jamás a los grandes momentos que ha vivido el país en las últimas tres décadas y por ello, cuando le fue entregaba la Orden Félix Varela que otorga el Consejo de Estado de La República de Cuba, una especie de azar concurrente nos hizo cómplices de ese regalo merecido de manos de la cultura cubana. Fue una sorpresa doble, nos dijo. El otorgamiento y que fuera, además, entregado por Fidel, de verdad que eran muchas alegrías juntas. Así comenzó este diálogo, en los predios del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, en el que para ser justos, no faltaron también otros asuntos imprescindibles como el GES del ICAIC y las relaciones de su generación con el proceso del que le propusimos ser juez y parte. 

A la altura de otra madurez, ¿ qué añoranzas le trae el recuerdo del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC? 

«Fue lo más importante, esa fue la base de todo lo que vino después. Si me dicen que tengo que vivir mañana las experiencias del grupo, no me pierdo la oportunidad de pasarlas. A partir de entonces tuve conciencia de qué significaba ser artista, hacer arte, el concepto de cómo debía trabajar. No solo musicalmente o artísticamente. El GES definió mi vida, desde el punto de vista humano y profesional. Tenía 21 años y conocimientos musicales, pero fue allí donde empecé a saber lo que era la vida, el arte, la cultura, este país, todo. Fue un momento único. No diría que irrepetible porque los momentos, los proyectos, siempre pueden repetirse de otra manera. El grupo cumplió un rol y justo en el momento idóneo, como si fuéramos bacterias, nos fuimos por el mundo a inundar, a propagar lo que teníamos dentro. Cuando se desintegró, en el año 78, las cosas fueron duras. Al principio queríamos permanecer juntos, pero ya era distinto. Cada uno se llevó su propia experiencia. Silvio, Pablo, Sergio... donde quiera que llegamos fuimos formando y fundando e impregnándolo todo de aquello que se llamó GESI. Salimos a contaminar». 

La Revolución le aportó a la Nueva Trova, temas y conceptos. En sentido inverso, ¿ qué huella dejará el Movimiento a la historia de ese quehacer nuevo que se llamó Revolución cubana? 

«También una historia, pero contada de otra manera. Una historia con música. Canciones que cuentan una cronología de hechos, momentos, sentimientos. Desde las contradicciones internas hasta la guerra de Angola y otros muchos acontecimientos del mundo y de Cuba. Nosotros le debemos más a la Revolución que lo que pueda o no deberle la Revolución a la NT. Un movimiento como ese sólo era posible dentro de un proceso revolucionario como el que ha vivido este país. Solo fuimos testigos humanos y artísticos de una época nueva». 

La crisis de los 90 trajo para algunos la esperanza de que se perdiera la Revolución y se enterrara la utopía. ¿Qué la sostuvo a usted, como cubana y como artista, de este lado del mar? 

«A veces son necesarias las crisis. Es quizás una buena manera para valorar el justo significado de las cosas. El sueño y la utopía no se deben perder. Soñar no cuesta, menos cuando se sueña bueno y grande. Soñar es necesario hasta para vivir. Todo tiene un precio, claro. Algunas cosas cuestan más y otras menos, pero solo en situaciones extremas y de crisis, se puede valorar con cierta exactitud lo que uno tiene y lo que puede perder. Es como el refrán: nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Es sencillo, pero sabio. Claro que los 90 fueron difíciles; sobre todo por el desgaste de la población. Trajo confusiones, dudas, frustraciones... Algunos dieron pasos de los cuales hoy se arrepienten porque se sienten alejados de su verdadera realidad. Eso es lo que más me duele de esos años. Conozco gente que se fue tras otros derroteros y no han logrado nada, ni en lo personal, ni en lo profesional. Y lo que es peor, viven del recuerdo de lo que fueron, de la nostalgia. En el espacio de la cultura, ese momento –la crisis- fue superado. Cuba está abierta hoy a quienes quieran regresar, recomenzar, renovar sus proyectos y su vida». 

Cantarle a la paz siempre fue uno de los motivos de Sara González. Hoy, en medio de tanta guerra puede ser, para algunos, un acto de lesa rebeldía incomprendida. ¿No cree? 

«No debemos desistir, ni creer que somos pocos. Cantar es lo único que podemos hacer, por ahora. En muchos otros lugares hay voces que también se escuchan. La guerra nunca es la solución y eso bien se sabe. Hoy más que nunca hay que cantarle a la paz, a la gente, a que se miren por dentro y busquen en los valores universales; que miren bien cómo nos están jodiendo y se convenzan de que tenemos que hacer algo. No puedo creer que el mundo siga de bruces y con los brazos cruzados ante una realidad tan terrible. Todo esto se tiene que revertir. La fuerza más progresista se debe unir. Siempre vamos a ser más los que le cantemos a la paz. Digo esto porque creo en el futuro. 

¿Y cómo es ese futuro en el que usted cree? 

«Tiene que ser bueno. Hay mucho esfuerzo puesto en ello. El hombre es perseverante. Si la gente pone tantas ganas en hacer las cosas, en que mejoren, por algo tiene que ser. No somos unos pocos, no. La vida es luchar y luchar. La fuerza está en creer y querer ese sueño, de verdad. La fuerza tiene que estar ahí, en el pensamiento, la coherencia, el sacrificio».