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LA TECLA CON CAFÉ

17 años de Guantánamo, la maniobra de la confusión legal donde EEUU eliminó el Estado de derecho

17 años de Guantánamo, la maniobra de la confusión legal donde EEUU eliminó el Estado de derecho


domingo, 13 de enero de 2019
1:31:03 p.m. 
 

  • EEUU creó la cárcel de Guantánamo alegando que los terroristas son combatientes ilegales sobre los que no se aplica el derecho humanitario.
  • Este 11 de enero se cumplieron 17 años desde que abrió la prisión, por donde han pasado 779 detenidos. Actualmente hay recluidas 40 personas.
  • "Es una sensación horrible pensar que el mundo permite a EEUU crear un pequeño régimen torturador", cuenta un antiguo preso. 

(Foto: Soldados estadounidenses hacen ejercicio en la base militar de Guantánamo. MC JOSHUA NISTAS/ZUMA PRESS) 

Guantánamo nació como una estrategia basada en la confusión del limbo legal. Un laberinto levantado sobre dos pilares endebles: que los terroristas son combatientes ilegales sobre los que no se aplica el derecho internacional humanitario y que, estando fuera del territorio soberano estadounidense, los tribunales nacionales tendrían más difícil reivindicar su autoridad para juzgar lo que allí iba a ocurrir. Pilares que el Tribunal Supremo derribó años más tarde. 

"Acepto la conclusión legal del Departamento de Justicia y determino que ninguna de las provisiones de los Convenios de Ginebra se aplican en nuestro conflicto con Al Qaeda", señaló el presidente Bush a principios de 2002. La prisión de Guantánamo llevaba un mes abierta. Allí, el Gobierno pretendía encerrar a "lo peor de lo peor" sin que fuesen necesarias acusaciones formales, juicios y pudiendo utilizar la tortura para obtener información. Un agujero negro en el país de los ’checks and balances’ donde no llegase el imperio de la ley.

 

Desde entonces han pasado por allí 779 presos, de los cuales aún quedan 40. Durante este periodo, la cárcel de Guantánamo estuvo moribunda, pero nunca dejó de respirar. Gracias a Trump, ha vuelto a coger aire y parece poco probable que el presidente deje salir de allí a nadie más. Cinco de los 40 reclusos están encerrados a pesar de haberse autorizado su puesta en libertad. Este mes se cumplen 10 años desde que Obama ordenó, sin éxito, el cierre de la prisión, pero también se cumple uno desde que el actual presidente revocó aquel papel mojado de su predecesor. En sus dos años de mandato, Trump solo ha sacado de allí a un preso. 

De las 779 personas que han sido encarceladas en Guantánamo, 21 eran menores, el más joven de 13 años. El preso más mayor tenía 89 años. Solo uno de todos ellos ha sido juzgado en un tribunal estadounidense. "Uno se pregunta por qué querrían esconder a gente del sistema judicial de EEUU y solo se puede llegar a la conclusión de que lo que quieren es abusar de ellos", señala el fundador de Close Guantanamo, Andy Worthington. 

"17 años después, la prisión de Guantánamo no solo ha sido un caro desperdicio de esfuerzos, sino que ha sido contraproducente en la guerra contra el terrorismo. La naturaleza evidente del campo y el maltrato a los presos ha sido un golpe de propaganda para los terroristas de todo el mundo", señala el académico Richard Jackson. "También ha debilitado el mensaje de Occidente del respeto a los derechos humanos y la lucha por la libertad y la democracia. Ha sido un completo desastre", añade. 

"Solo en las dictaduras la sospecha es suficiente"

 

Mohamedou Slahi es una de las 779 personas que ha pasado por Guantánamo. Originario de Mauritania, Slahi pasó 14 años en la prisión y fue liberado en 2016. "Recibí una llamada de mi primo, que trabajaba con Osama Bin Laden, y su teléfono estaba pinchado. Mi primo necesitaba ayuda para enviar dinero a su padre, que estaba enfermo. Además, siendo joven visité Afganistán. Entonces el Gobierno de EEUU concluyó que yo debía ser un terrorista, lo que es 100% falso, pero tuvieron que torturarme para que confesase", cuenta Slahi. 

"Es una sensación horrible pensar que el mundo permite a EEUU crear un pequeño régimen torturador en Guantánamo donde ciudadanos no estadounidenses pueden ser secuestrados, torturados y encarcelados por un periodo indefinido", señala Slahi. "Es fácil para España y la UE defender los derechos humanos en África y Oriente Medio, pero nadie parece atreverse a cuestionar al Gobierno de EEUU, y mucho menos desafiarlo. Esta es la verdadera razón por la que Guantánamo sigue funcionando. El mundo libre está mirando sin hacer nada al respecto", añade. 

Para Worthington, Guantánamo fija un "terrible ejemplo al resto del mundo de un país que dice respetar el Estado de derecho, pero que se comporta como una dictadura". "Solo hay dos formas de encarcelar a alguien en un país democrático: criminales mediante el sistema ordinario de justicia o prisioneros de guerra en caso de conflicto armado [aplicando los Convenios de Ginebra]. Las implicaciones de este limbo creado por EEUU son muy graves porque eliminan la línea de lo que es aceptable y de lo que no lo es", señala Worthington. "No hay forma de que nadie salga de ahí sin la autorización directa de Trump y eso es esencialmente lo que ocurre en las dictaduras", añade. 

"EEUU tiene el derecho y el deber de proteger a sus ciudadanos del mal del terrorismo, pero no se puede permitir utilizar una violencia descontrolada contra jóvenes de países pobres solo porque sospechan de ellos. Solo en las dictaduras la sospecha es suficiente para castigarte", denuncia Slahi. "El mensaje de EEUU al mundo es que solo los estadounidenses se merecen un trato digno". 

Slahi ha pasado encerrado 14 de los 17 años que tiene la prisión. "Cuando salió elegido, Obama envió a militares de alto rango para hablar con nosotros. Conocí a un oficial que me hizo preguntas. Estaba feliz porque me dijeron que la cárcel iba a cerrar y yo volvería a casa. Obama rompió su promesa y tuve que esperar ocho años más. No solo eso, sino que su gobierno se negó a liberarme a pesar de que el juez Robertson había ordenado mi liberación", recuerda el mauritano. 

El primer detenido de "alto valor" 

Jackson y Worthington recuerdan que muchos de los que han pasado por allí eran civiles inocentes y además insisten en que la tortura a los presos no resultó en información de inteligencia valiosa. Esto ha sido confirmado por el exagente del FBI Ali Soufan en su libro The black banners.

 

"Aquel hombre no sabía nada de Al Qaeda o el 11-S e incluso pensaba que Nueva York y Washington eran nombres de personas. Nuestro primer desafío en Guantánamo era distinguir a los miembros de Al Qaeda y talibanes de los encerrados por error", recuerda Soufan sobre un interrogatorio que realizó en la prisión en febrero de 2002.Como Soufan, más de 200 agentes del FBI han denunciado un trato abusivo a los presos de Guantánamo. 

Solo el 5% de los detenidos en Guantánamo fue capturado por tropas estadounidenses, mientras que el 86% fue entregado por fuerzas de la coalición tras ofrecer una recompensa. 

Durante el gobierno de Obama, gran parte de los detenidos fueron trasladados o liberados y actualmente quedan algunos de los principales sospechosos, entre ellos Khalid Sheikh Mohamed (KSM), considerado el cerebro de los atentados del 11-S, y Abu Zubaydah. Qué hacer con estos presos es el principal obstáculo a la hora de cerrar la prisión. 

Zubaydah fue el primer detenido de EEUU en la guerra del terror considerado de "alto valor". Con él se inició la estrategia de torturar a los sospechosos de terrorismo. Soufan interrogó a Zubaydah personalmente, pero cuando la CIA se hizo cargo de los interrogatorios, el agente del FBI quedó apartado. Soufan cuenta que la CIA lo torturó sin obtener información de inteligencia relevante y que luego justificó sus tácticas alegando que había conseguido información que realmente habían obtenido antes Soufan y sus colegas sin torturas. Tras ser detenido en 2002, Zubaydah fue interrogado en varias ocasiones y estuvo a punto de morir. El terrorista pasó cuatro años recluido en una cárcel secreta de la CIA antes de ser trasladado a Guantánamo.

 

En total, nueve personas han muerto en custodia en la cárcel de Guantánamo, siete de ellos, por presunto suicidio. El más joven en morir fue Yasser Talal Al Zahrani, que fue capturado con 16 años y murió con 21. 

"Igual que la cárcel de Guantánamo, la guerra contra el terror es un desastre que no ha logrado prevenir nuevos actos de terrorismo y que ha atrapado a millones de personas inocentes a su paso. Además, la prisión simboliza los valores de abuso de los derechos humanos y la filosofía de la guerra contra el terror, así como la hipocresía de EEUU y Occidente. Ambas son iniciativas inmorales. No hay ningún argumento razonable para mantener la cárcel abierta y no hay ningún argumento razonable para continuar con la guerra contra el terror", señala Jackson. 

(Fuente: eldiario.es/Javier Biosca Azcoiti)

 

 

 

Wi-fi 6: la nueva generación de red inalámbrica

Wi-fi 6: la nueva generación de red inalámbrica

 

sábado, 12 de enero de 2019
5:18:33 a.m. 

El nuevo Wi-fi 6, considerado de alta eficiencia, se concentrará en aumentar la capacidad de la red y asignar un mayor ancho de banda por usuario más que aumentar la velocidad. 

La nueva generación de conexión inalámbrica WiFi 6 o WiFi 802.11ax ya se puede encontrar en el mercado. De acuerdo a esto, existen algunos routers que contienen parte de las especificaciones que tendrá el nuevo estándar. Sin embargo, la definición completa de la tecnología no está prevista hasta finales de 2019, concretamente, en diciembre. 

Pero hasta que llegue el momento serán —y ya son— muchos los fabricantes que desarrollen chips y routers con especificaciones definidas. Y es que, WiFi 6 llega con novedades importantes. Ya se han concretado algunas de las características que se atribuían a la nueva generación. 

Entre las novedades que ofrece WiFi 6 figura un mayor ancho de banda por usuario. Es una característica pensada para acoger las resoluciones UltraHD y streaming de realidad virtual. El rendimiento será superior a las generaciones anteriormente. Concretamente –en la zona de máximo acceso–, la tecnología multiplicará por cuatro su efectividad. 

También funcionará sobre un rango más amplio del espectro. Se acomodará en las bandas de 2,4 GHz y 5 GHz y podría estar en las de 1 GHz y 6 GHz. Estas frecuencias se dividirán en más canales para permitir un mayor número de rutas de comunicación. 

El estándar permitirá que los paquetes de datos sean más grandes y que las redes puedan gestionar diferentes flujos de datos al mismo tiempo. El rendimiento general también aumentará en sitios al aire libre. Además, la tecnología permitirá descargar tráfico desde redes celulares cuando la recepción del router WiFi sea pobre. 

Un estándar con vistas a la masificación de dispositivos 

Hasta ahora los estándares WiFi y las redes inalámbricas, en general, han respondido a tendencias del mercado. A igual que el 5G estará dedicado a aumentar la capacidad de la red antes que a lograr una mayor velocidad, con WiFi 6 ocurre algo similar. La tendencia más urgente ahora es acoger a la inmensa cantidad de dispositivos que se conectarán a Internet en los próximos años. El Internet de las cosas, esto engloba a los sensores conectados en edificios, calles, fábricas e incluso hogares con necesidades masivas. 

No será que la conexión sea especialmente rápida, pues el volumen de información que transmitirá cada dispositivo será irrisorio. Pero todos ellos deberán tener conexión en tiempo real, y para esto se necesita una gran capacidad. Es lo que se quiere implementar también en WiFi 6. 

La nueva generación incrementará su soporte a conexiones múltiples. Así, el estándar también ofrecerá una mejora inmediata en el rendimiento en lugares donde se reúnan grandes aglomeraciones. Se acabó el mal funcionamiento en estadios o en salas de conferencias repletas de público. Y es que, las mejoras destinadas al Internet de las cosas también sirven para las personas. Al menos en este caso. 

(Fuente: tecno.americaeconomia)

 

 

Celia, la de todos los humildes

Celia, la de todos los humildes

 

sábado, 12 de enero de 2019
4:45:49 a.m. 

Un pueblo sin héroes es un pueblo muerto. Buscarlos en el pasado, traerlos al presente y mantenerlos vivos es una necesidad de los que se proponen continuar la obra humana, que llena de imperfecciones constituye al final, la construcción de todos y para todos. 

En esta casa grande que es la Patria, Celia Sánchez Manduley tiene un lugar de honor y sin manchas. Lo ganó con el trabajo, sin renunciar a la humildad —valor de cuna, no impuesto—, demostrando fidelidad y creyendo en la capacidad del hombre para transformar positivamente las cosas. 

Es posible que no exista un cubano que no recuerde con amor a la heroína que nació en Media Luna, actual provincia de Granma. De ella se desgranan un montón de anécdotas: las miles de cartas dirigidas a su persona pidiéndole ayuda para resolver un problema, el trato franco con la gente, las iniciativas a la hora de confeccionar uniformes, crear un zoológico, un parque, archivar todos los documentos del joven gobierno que triunfó en 1959. 


Celia se apartaba de todo tipo de homenajes o algo parecido, que recorría la Isla incansablemente, que no se le escapaba un solo detalle y que la madrugada podía sorprenderla en plena faena. 

El día de su muerte fue un trago amarguísimo para este pueblo que bien sabe de pérdidas y momentos duros. Como sucede involuntariamente ante varios procesos dolorosos, la negación atrapó a miles de personas que se resistían a la idea de que Celia Sánchez no estaría más entre nosotros. 

Aceptamos que en la construcción de una vivienda digna, en el amor del médico a su paciente o en el sudor de los hombres que trabajan de sol a sol, ella cobra vida. El once de enero de 1980 Celia Sánchez se transformó en una fuerza de resistencia, no fue el fin. 

(Fuente: HR/Cubadebate)

 

 

8 de enero de 2019: En la Caravana con Fidel

8 de enero de 2019: En la Caravana con Fidel

 

miércoles, 09 de enero de 2019
5:15:28 p.m.
 

Por  Ciro Bianchi Ross y Perfecto Romero* 

La Habana vivió una semana de espera apasionada. Desde el 2 de enero careció de día y hora fijos la entrada de Fidel a la capital. Parecía que su arribo ocurriría en cualquier momento y las agencias de prensa contribuían no poco a la confusión, pues las noticias que transmitían lo daban indistintamente a bordo de un avión que haría inminente su llegada o, al frente de la Caravana de la Libertad, lo situaban a las puertas mismas de la ciudad. (…) 

Llegó así el 8 de enero. Los habaneros, inmovilizados frente a los televisores, esperaban el momento de volcarse a la calle para saludar a los rebeldes. De balcones y ventanas colgaban banderas cubanas y la enseña roja y negra del Movimiento 26 de Julio. Las mujeres lucían en su vestuario los mismos colores, perseguidos hasta poco antes. El Cotorro, a unos 30 minutos del centro de la ciudad, depara a Fidel una sorpresa enorme. Allí está su hijo Fidelito, vestido de verde olivo, y el comandante Juan Almeida lo alza hasta el vehículo militar en que viaja el Comandante para que padre e hijo se fundan en un abrazo.

 

En automóvil va Fidel desde el Cotorro hasta la Virgen del Camino. Aborda allí un yipi para internarse en la ciudad. Lo acompaña el comandante Camilo Cienfuegos y en rastras, autos, camiones y vehículos militares de todo tipo lo sigue su tropa. Son gente joven en su mayoría. Muchachos del campo que nunca antes estuvieron en La Habana y que contemplan rascacielos y avenidas con ojos de asombro, como cohibidos, con una sonrisa tímida esbozada tras las barbas legendarias. 

Fidel está en la ciudad y repican las campanas de las iglesias, suenan las bocinas de los vehículos, los barcos surtos en puertos dejan escuchar sus sirenas. A todo lo largo del camino, a un lado y otro de la calle el pueblo se agolpa para saludarlo. Toma la caravana victoriosa la Avenida del Puerto. Frente al Estado Mayor de la Marina de Guerra permanece fondeado el yate Granma y el Jefe de la Revolución ordena un alto y aborda la embarcación. Disparan salvas las fragatas Máximo Gómez y José Martí. La comitiva se pone de nuevo en movimiento. A la altura de la Avenida de las Misiones dobla. Hará una segunda parada frente al Palacio presidencial para saludar al presidente Manuel Urrutia, que, junto a todos sus ministros, lo espera en la puerta de la mansión.


Suben a la segunda planta. Desde la terraza norte Fidel saluda a los que se han congregado frente a Palacio. Es una multitud compacta que se extiende desde los bordes mismos del edificio hasta el Malecón y el Castillo de la Punta.

 


             PERFECTO ROMERO RAMÍREZ, EL HOMBRE AL QUE EL CHE  LE DIO UNA CÁMARA FOTOGRÁFICA EN LUGAR DE UN FUSIL 

 (Tomado de Lente Cubano)

Perfecto Romero nació en Cabaiguán, Cuba, en 1936. Su afición por la fotografía vino de la mano de sus ideas y empezó a trabajar como fotógrafo cuando se unió a los Rebeldes (barbudos) en la Sierra del Escambray. 

Romero pensaba que el fusil era la única forma de hacer la revolución, hasta que el Che Guevara le demostró el poder de la imagen y desde aquel momento se convirtió en el fotógrafo oficial de la Revolución Cubana en la lucha insurrecta en el Escambray. 

Amigo de ese otro gigante de la fotografía de la Revolución Cubana, Alberto Díaz (Korda), y admirador sin reservas de Camilo Cienfuegos, el Che y Fidel Castro. 

Perfecto Romero ha dejado a través de sus imágenes en blanco y negro el testimonio de una revolución. Por ello, Romero pertenece ya a ese exclusivo grupo de fotógrafos que a través de una cámara consiguieron capturar ideas y hacerlas eternas. 

Principalmente conocido por sus fotos históricas sobre el Che y Camilo, Romero, forma parte del colectivo humorístico del semanario humorístico PALANTE, y esto le ha dado la posibilidad de participar en todas las Bienales del Humor, en el habanero poblado de San Antonio de los Baños, a partir de la quinta edición. 

Y como era de suponer, Perfecto asistía con su cámara y la usaba para retratar a todos los que le pasaban por delante, durante las exposiciones, o en las conferencias, o conversando, o bebiendo en la Taberna del Tío Cabrera; lo mismo cuando caminaban que cuando estaban parados o sentados hasta cuando andaban regados por el suelo. 

De esa copiosa colección se percató y se dijo: "¡Caramba, lo que yo tengo aquí es un tesoro de recuerdos!" Y convencido de esto, comenzó a registrar las 89 gavetas, cajas, cajitas y cajones, en las que conserva celosamente sus miles de fotos impresas y negativos, en el más imperfecto orden alfabético, hasta armar una selecta selección de lo más representativo de estos eventos. 

Y mirándolo bien, tenía razón, pues nos monta en la máquina del tiempo y nos lleva a hacer un recorrido por los callejones del recuerdo. 

Gracias a esta iniciativa perfectísima desfilan ante nuestros ojos algunas figuras queridas de este terruño ariguanabense que nos sirve de sede, y colegas del humorismo gráfico que en estos momentos andan pintando caricaturas a San Pedro y a las Once Mil Vírgenes, para el Heraldo Celestial u otro órgano del "más allá". 

Que si bien siguen haciendo de las suyas en el "más acá", lucen ahora algo diferentes a como aparecían en las fotos de marras: tienen más canas, más arrugas y menos pelo; pero todos muestran un buen ánimo. 

Pudiéramos decir que Perfecto ha sido un privilegiado testigo de nuestras Bienales del Humor, y no ha desaprovechado la ocasión para enriquecer la memoria colectiva, para que hoy, los que estuvieron se regocijen o sufran con el sabor de la nostalgia, y los que no estuvieron sepan lo que se perdieron. 

Sus Exposiciones de fotografía de un buen humor son una oportunidad para reencontrarnos con aquellos años menos convulsos, en los que la risa costaba menos trabajo y la paloma de la paz tenía más plumas. 

Pero, bueno, ¡nada es perfecto en la vida! 

Sus fotografías se expusieron en la Galería Proud de Londres como parte de un libro fotográfico titulado "Habana en mi corazón", en el que varios fotógrafos cubanos hacen un recuento de la historia de Cuba desde la Revolución hasta nuestros días. 

De esos avatares durante muchos años, Perfecto Romero nos conversa. 

—Usted ha recogido en sus fotografías algunos de los personajes que forjaron la historia reciente de Cuba: Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Fidel Castro... ¿Cómo fue su relación con ellos? 

—Yo estuve con ellos desde el principio. Conocí al Che en el año 1958 y permanecí con él hasta finales del1964. “Era un enamorado de la fotografía y tomar buenas fotos de él no era difícil pues su personalidad era tan fuerte que se reflejaba en las fotos. 

“Camilo vivió menos —vivió sólo 10 meses con la Revolución— pero fue muy activo. La gente no lo conoce tanto pero fue un personaje tremendo como político y también como persona. 

“Era un personaje de pueblo que se ganó el cariño de la gente. Todo el mundo lo aclamaba y lo quería mucho: el pueblo estaba loco por Camilo”. 

—¿Y su vinculación con Fidel Castro? 

—También una gran personalidad y bastante fotogénico. Nunca le importó que le tomaran fotos, tanto cubanos como extranjeros; se situaba en la tribuna y nos dejaba hacer nuestro trabajo. 

—¿Cómo se siente al ver que hoy sus fotos junto con las de Korda representan la esencia misma de la Revolución Cubana?

—Korda y yo, junto con Liborio Noval, éramos grandes amigos. Nuestras fotos han viajado a muchos países en exposiciones y se han publicado en muchos libros. Me siento muy bien y muy orgulloso de ello. 

—Cuando estaba con los "Barbudos", ¿tuvo la sensación de que era testigo de un acontecimiento histórico? 

—Yo no sentía eso. Sabía que tenía que tirar la foto porque era mi trabajo. Lo que sí hice fue guardar los negativos como un tesoro. Los conservé y cuando luego con el paso de los años los rescaté de nuevo,alcanzaron la importancia que hoy tienen. 

“¡Mi verdadero mérito fue guardar aquellos negativos como mi vida! Porque entonces yo era joven, tenía 23 años, y nunca pensé que el Che y Camilo iban a morir tan pronto. 

“Esas cosas uno no las piensa... pensé que íbamos a vivir más, pero bueno, sucedieron las cosas que sucedieron. 

—De entre sus muchos momentos compartidos con aquellos personajes, ¿hay alguno que guarde con especial cariño? 

—¡Imagínate! ¡Son tantos y tantos! Quizá el día en que el Che me acepta como corresponsal en la columna. Yo fui simplemente a combatir a su lado y él me cambio la vida: en lugar del fusil, me dio una cámara. 

“Camilo, desde el día en que lo conocí, me trató como si me conociera de toda la vida y se convirtió en mi amigo. Siempre que necesitaba un fotógrafo me mandaba llamar estuviera donde estuviera. 

“Esas son cosas que no se olvidan y cuando pienso en ellas todavía me emocionan. 

  

  

 

  

  

 

 

 

 

 

Fernández, hombre excepcional y combatiente incondicional

Fernández,  hombre excepcional y combatiente incondicional

 

miércoles, 09 de enero de 2019
8:18:40 a.m.

De hombre excepcional y combatiente incondicional, cuyo «sentido del deber y conciencia ética fueron brújula infalible en cada uno de sus actos», calificó José Ramón Machado Ventura, al José Ramón Fernández Álvarez. Sus cenizas permanecerán en el Panteón de los Veteranos del Cementerio de Colón, en la capital cubana, hasta que sean trasladadas al Mausoleo del II Frente Oriental Frank País, en el oriente de la isla. (Foto: José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en la despedida de duelo). 


“Hay personas con una existencia tan pródiga, genuina y ejemplar, que resulta imposible asociarlas a la idea de la muerte”, pues las “recordaremos siempre vinculadas con la vida, con el trabajo fecundo en bien de su pueblo y de la humanidad”, dijo al despedir el duelo el Segundo Secretario del Comité Central del Partido.  

Entre los rasgos biográficos Machado Ventura destacó la firmeza del Gallego Fernández a no claudicar ante la avaricia, el egoísmo y la competencia desleal entre los que pretendían ascender en un medio militar bajo un gobierno corrupto y tiránico de Fulgencio Batista, y que “a golpe de tenacidad, disciplina, inteligencia, esfuerzo y resultados sorteó los muchos obstáculos que le impuso una y otra vez su firme decisión de no plegarse ante propuestas indecorosas y guiarse únicamente por aquello que le dictaba su conciencia».


 

Machado Ventura evocó momentos de la vida del Gallego Fernández, “cuya trayectoria es bien conocida por el pueblo de la isla, dada la diversidad de funciones y tareas que el Gallego Fernández cumplió “durante su larga y fructífera vida, con responsabilidades en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Ministerio de Educación y el Comité Olímpico Cubano, entre otras, de ahí que lo recuerden con cariño y respeto atletas y profesores”, expresó. 

“Tanto esfuerzo y resultados —señaló— merecieron a Fernández numerosos reconocimientos de nuestro pueblo. Fundador del Partido, integró su Comité Central desde el Primer Congreso en 1975; fue miembro suplente del Buró Político, activo militante y delegado a todos los congresos partidistas. 

“Fue elegido Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde su constitución en 1976, condición que mantenía al momento de su fallecimiento. 

 

“Mereció múltiples condecoraciones y órdenes nacionales e internacionales.  Destacan el Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba, otorgado el 16 de abril de 2001 junto a la Orden Playa Girón, en ocasión del aniversario 40 de aquella trascendental victoria”. 


“¡Gracias por el ejemplo que nos legas! Cuantos te conocimos y todo nuestro pueblo te recordará y admirará eternamente, querido compañero Fernández”, concluyó. 

Lea completo el discurso pronunciado por Machado Ventura en la despedida de duelo del General de División de la Reserva José Ramón Fernández Álvarez, el domingo 6 de enero, a la edad de 95 años.

(Fuente: Granma/Cubadebate/Trabajadores/JR)

 

 

 

 

 

Brasil o cómo colapsa una democracia moderna

Brasil o cómo colapsa una democracia moderna


martes, 08 de enero de 2019
5:18:24 p.m.
 

El 1º de abril de 1964. Los tanques entran a Río de Janeiro por la mañana, algunos procedentes del estado vecino de Minas Gerais, otros desde São Paulo. La capital de Brasil es desde hace unos años Brasilia, la nueva ciudad planificada del interior del país, pero Río sigue siendo el centro efectivo del poder y, en algún lugar de la ciudad, el presidente João Goulart trata de aferrarse a ese poder. 

Goulart, un político de izquierdas que se convirtió en presidente en 1961, llevaba unos días pegado al teléfono hablando con un oficial militar, el general Amaury Kruel. El general esperaba evitar la caída del gobierno de Brasil pidiendo a Jango, como se conocía a Goulart en Brasil, que despidiera a importante oficiales de izquierda e instituyera una serie de reformas que agradarían tanto a los militares como al grupo centrista del Congreso que se oponía al giro de Goulart hacia la izquierda. 

Pero Goulart se negó. Y los militares se alzaron. 

A la mañana siguiente, Goulart ya había huido a Porto Alegre. Unos días después, estaba en Uruguay. La democracia de Brasil se había derrumbado. 

Cinco décadas después, la tarde del 28 de octubre de 2018, miembros de las fuerzas armadas de Brasil volvían a marchar por las calles de Río. Los jeeps verdes del ejército pitaban y daban fogonazos con las luces; los soldados, subidos encima, ondeaban banderas brasileñas mientras las masas celebraban su llegada. 

Esta vez, en cambio, las fuerzas armadas no salían a las calles para derrocar a un presidente, sino para alabarlo. Jair Bolsonaro, congresista federal y ex capitán de la armada, acababa de ganar las elecciones para convertirse en el 38º presidente de Brasil. 

Bolsonaro, cuya presidencia ha comenzado con una ceremonia inaugural el día de Año Nuevo en Brasilia, ha alabado en numerosas ocasiones la dictadura militar de Brasil, que finalizó en 1985 dando paso a una nueva democracia. La llegada al poder de Bolsonaro comparte muchas semejanzas con el régimen militar: Bolsonaro se ha aprovechado del descontento y el hastío generalizados hacia un establishment político incompetente y corrupto, de la ferviente oposición a un partido de izquierdas que llevaba más de una década en el poder, de una crisis económica de la que Brasil apenas empieza a salir, y del incremento de los delitos con violencia. 

Y aunque él achaca su auge a una revolución "populista", su base de votantes es más bien similar a la que antaño apoyó a los capitanes golpistas: altas élites financieras, sectores de la población dispuestos a vender los derechos y la vida de los pobres y marginados por su propia seguridad y prosperidad económica, y partidos y políticos tradicionales que en su momento se cruzaron de brazos y ahora se niegan a reconocer su propio papel en la creación del monstruo. 

 

Como entonces hicieron las fuerzas armadas, Bolsonaro ha amenazado a sus oponentes políticos de izquierdas con violencia y cárcel. Ha prometido llevar a cabo una "limpieza [política] nunca antes vista en Brasil", y ha amenazado a los medios que informen desfavorablemente sobre él. Su vicepresidente es un antiguo general del ejército que, en una entrevista con la edición brasileña del HuffPost, no descartó una vuelta al régimen militar y propuso que la nueva administración reescriba la Constitución del país.

Este fenómeno no es exclusivamente brasileño. Países de todo el mundo, desde Hungría a Turquía, pasando por Filipinas, se han encomendado a líderes ruidosos que prometen renovaciones instantáneas y soluciones milagrosas bajo la bandera de un "populismo" nativista de derechas. Y aunque a los medios les encanta la palabra populista, los votantes de base que apoyan a estos candidatos suelen ser las grandes élites de la nación.

Cada cita electoral se ha convertido, de algún modo, en un referéndum sobre el estado de la democracia global en su conjunto. Y cada victoria de una figura antidemocrática de derechas va allanando el camino a un candidato similar para las elecciones de otro país.

No obstante, de todo este grupo, Bolsonaro parece ser la mayor amenaza para una democracia importante. La de Brasil es la cuarta mayor del mundo, y la mayor en Latinoamérica por población. Si muere, esta vez no será a manos de las fuerzas armadas. Será ella misma la que dé el paso.

"Ha habido muy, muy pocos golpes militares en Latinoamérica en los últimos 35 años", explica Steven Levitsky, científico político de la Universidad de Harvard y autor de How Democracies Die. "Por ello, al mismo tiempo que veo complicado el aumento de apoyo público a un golpe militar, veo mucho más probable que la democracia brasileña muera a manos de un líder electo".

Brasil está a punto de demostrar al mundo cómo una democracia moderna se resquebraja.

’La democracia no ha cumplido’ 

Todavía era temprano para tomarme una cerveza cuando me crucé con el primer vendedor de cervejas heladas por la Avenida Paulista de São Paulo en un día de verano brasileño a finales de noviembre.

Esta calle, que divide uno de los barrios más ricos de la ciudad, estaba cerrada por ser día festivo, los escaparates anunciaban descuentos por el Black Friday, y un árbol de Navidad gigante en uno de los centros comerciales anunciaba que las navidades estaban a la vuelta de la esquina. Tanto locales como turistas echaban un vistazo a los puestos de artesanías, y por los altavoces se oía música pop para las personas que hacían yoga en la calle.

Aparte de los esporádicos grafitis políticos en farolas o en la acera, apenas había signos de que a lo largo de 2018 los brasileños habían llenado la Avenida Paulista en repetidas ocasiones para manifestarse a favor o en contra de Bolsonaro.

Fue ahí, en julio, donde la gente de São Paulo llevó a cabo la mayor protesta de mujeres en la historia de Brasil, que animaban a votar por otro candidato, teniendo en cuenta el historial de declaraciones racistas, sexistas y homófobas de Bolsonaro. "Ele Nāo", gritaban. "Él no".

Fue ahí también donde los partidarios de Bolsonaro se manifestaron a mediados de octubre para impulsarle hacia una mayoría que se le había escapado de las manos en la primera vuelta electoral. Durante esa manifestación, Bolsonaro, que había sido apuñalado en un acto de campaña en septiembre, comunicó a las masas por teléfono móvil que, como presidente, perseguiría la financiación a los grupos y medios en defensa de los derechos humanos. Prometió dar dos opciones a su oponente —el ex alcalde de São Paulo Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), de izquierdas— y a los principales activistas de izquierdas: "O dejarlo o entrar en la cárcel".

Era finales de noviembre y "todo parece normal", me dijo un amigo, "hasta que ves las noticias".

En Brasil, el poder siempre ha estado concentrado en la élite blanca y pudiente; las tasas de alfabetismo y educación siguen siendo bajas, especialmente entre los pobres; las fuerzas policiales, supermilitarizadas y mal entrenadas, siguen matando a grandes cantidades de ciudadanos pobres (sobre todo negros); y la vuelta a la democracia ha estado marcada por un década de inestabilidad económica e hiperinflación que ha perpetuado las desigualdades sociales, raciales y salariales.

Aun así, Brasil se ha presentado en las últimas décadas como un ejemplo brillante de aquello a lo que la democracia latinoamericana podría aspirar algún día. El expresidente Fernando Henrique Cardoso estabilizó la economía a principios de los 2000, luego el presidente de izquierdas Luiz Inácio Lula da Silva, un agitador de clase trabajadora, ejerció el cargo durante un periodo de rápido crecimiento que hizo que la economía de Brasil superara el ritmo de las de Francia y Reino Unido.

Según datos del gobierno de da Silva, los programas de bienestar social ayudaron a unos 30 millones de brasileños a salir de la pobreza, las acciones políticas incrementaron el acceso a la educación, la salud y el empleo de negros, mujeres, pobres e indígenas. Los delitos violentos bajaron a niveles mínimos. Cuando da Silva dejó el Gobierno en 2010, su índice de aprobación se acercaba al 90%. Parecía que, por fin, Brasil funcionaba.

¿Funcionaba? En 2010, Tiririca, un payaso brasileño, anunció que se presentaba al Congreso por São Paulo y lanzó una campaña en la que parodiaba el sistema político brasileño. "Pior do que está não fica, vote no Tiririca", decía, o: "Como la cosa no puede empeorar, vote a Tiririca". El cómico satirizó la corrupción endémica en la política brasileña, prometiendo que él "enriquecería a todas las familias brasileñas, especialmente a la mía".

Luego ganó, y esa victoria, en retrospectiva, podría ser la señal de un descontento acechante que pronto explotaría Bolsonaro.

Brasil ya era uno de los países más desiguales en cuestión de distribución salarial y, aunque los pobres se beneficiaron indudablemente de las políticas del Partido de los Trabajadores —entre ellas, un aumento del salario mínimo—, la gran mayoría de los logros económicos conseguidos por da Silva fueron a parar al 1% de la población más rica de Brasil. Así que, aunque la nueva clase media-baja ganó más de lo que nunca tuvo, los obscenos niveles de desigualdad económica en Brasil posiblemente llegaron incluso a crecer durante los años buenos. Los delitos violentos se habían reducido, pero no a niveles propios de una democracia desarrollada: incluso antes de la crisis económica, Brasil tenía a más de una docena de las 50 ciudades más violentas del planeta.

Y las cosas empeoraron: la economía se derrumbó en 2013, dejando sin trabajo a millones de personas, y llevando de vuelta a la pobreza a otros tantos millones. En 2014, una investigación de lavado de dinero pasó a convertirse en la mayor investigación sobre corrupción política del mundo. La operación Lava Jato (lavado de coches) ha implicado a cientos de políticos, entre ellos da Silva y el presidente saliente Michel Temer, del centrista Movimiento Democrático Brasileño. Los delitos con violencia se han disparado: ha habido más de 60.000 homicidios cada año en los dos últimos. La presidenta Dilma Rousseff, sucesora de da Silva nombrada por él mismo, fue destituida en 2016. Da Silva fue condenado por lavado de dinero en 2017 y encarcelado en 2018; Temer se ha librado por poco de ir a juicio por acusaciones de sobornos.

En comparación con sus homólogos del resto de Latinoamérica, los brasileños siempre han demostrado un nivel bajo de apoyo a la democracia. Ese apoyo se ha debilitado aún más durante las crisis: en 2017, sólo el 32% de los brasileños respondió positivamente cuando el Latinobarómetro, que lleva a cabo sondeos en la región, les preguntó si estaban de acuerdo en que "la democracia puede tener problemas, pero es el mejor sistema de gobierno". Ninguna nación latinoamericana más mostró tan poco apoyo a la democracia, mientras que otros sondeos desvelaron que casi dos tercios de los brasileños habían perdido su fe en los partidos políticos, en la presidencia y en el Congreso. Más de la mitad de los brasileños dice que apoyaría un estilo de gobierno más autoritario si "solucionara problemas".

"Si preguntas a la gente de la calle si les preocupa lo que Bolsonaro puede significar para la democracia, no es que estén particularmente inquietos", afirma Oliver Stuenkel, experto en ciencias políticas de la Fundación Getúlio Vargas de São Paulo.

"La democracia no ha cumplido con lo que muchos esperábamos", dice.

Gran parte de la culpa por el clamor popular que ha aupado a Bolsonaro ha recaído sobre el Partido de los Trabajadores (PT). Y una buena parte de ese criticismo es legítimo: da Silva y el PT llegaron al poder por algo parecido a una esperanza revolucionaria, por la creencia de "que podrían usar su poder en Brasil para beneficiar a los pobres, sin dañar a (de hecho, con ayuda de) los ricos", como escribió en 2016 el ensayista británico Perry Anderson.

Cuando Rousseff fue destituida en 2016, para alegría sobre todo de millones de brasileños de clase media y alta que marcharon en las calles pidiendo su salida, el partido ya había adoptado una política de austeridad económica y se había metido en ese tipo de corrupción que alienó a muchos de sus simpatizantes de clase obrera.

Además de su habitual base de élites, la contrarrevolución en Brasil podría contar ahora con ganar algo de apoyo de los votantes naturales del PT. Bolsonaro atrajo apoyos de todo el espectro político y social, incluso de los votantes pobres y negros, algunos de los cuales se verían afectados por sus políticas más represivas. Los sondeos antes de las elecciones daban la victoria a Bolsonaro por delante de Haddad entre los votantes negros y mestizos y entre las mujeres ―y también se llevó una parte sorprendentemente amplia de los votos de los brasileños LGBTQ― pese a su racismo, a su sexismo y a su homofobia.

"Aunque fuera racista, seguiría votando por él", comentó al HuffPost Brasil antes de las elecciones Marcelo Amador Pereira, un hombre negro que vive en São Paulo y perdió su trabajo durante el Gobierno de Rousseff. "Porque él va en contra del PT, y no aceptaré de ningún modo lo que el PT hizo a Brasil".

El fracaso de la élite, y la aquiescencia

 

Pero hay un problema si se explica el auge de Bolsonaro simplemente como una revuelta populista, ya que su principal fuente de apoyos no viene precisamente de los pobres y las clases trabajadoras que antes apoyaban con devoción al Partido de los Trabajadores, sino de las mismas élites contra las que el propio Bolsonaro se manfiestó, que no han asumido en absoluto la responsabilidad de crear las circunstancias propicias que hicieron posible su ascenso.

La salud de una democracia depende del apoyo mutuo a una serie de reglas básicas, pero después de las elecciones de 2014, el establishment brasileño de centroderecha empezó a ignorar este antiguo consenso. El Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) cuestionó los resultados de la ajustada reelección de Rousseff, dando oxígeno a las teorías de la conspiración de algunos sectores en redes que decían que la presidenta del Partido de los Trabajadores se había beneficiado de un fraude electoral.

Dos años después, los partidos centristas trataron de destituirla a través de un impeachment que parecía, más que una forma de responsabilizar a Rousseff, una oportunidad para el establishment brasileño de hacerse con el poder a través de una cruzada bastante loca que en las urnas no podrían ganar, y una oportunidad para protegerse del escrutinio público y judicial mientras tanto. Para otros derechistas, entre ellos Bolsonaro, era simplemente una oportunidad de librar a Brasil de un Gobierno de izquierdas que, según ellos, había programado una guerra contra "Dios, la familia y el pueblo brasileño".


La operación Lava Jato se vio desde el principio como un avance positivo para la democracia brasileña, como un esfuerzo para eliminar del sistema político la corrupción que campa a sus anchas. Pero ahora resulta innegable, incluso para los defensores de la investigación, que también tuvo un papel a la hora de debilitar la democracia en vez de fortalecerla.

"Uno de los resultados no deseados del caso Lava Jato, de esta confrontación a la corrupción, es una polarización extrema del debate público en Brasil", sostiene Bruno Brandão, director de Transparencia Internacional en Brasil. "También desacreditó al sistema y a la clase política. Y, aún más preocupante, desacreditó al propio sistema democrático".

La polarización no es sólo consecuencia de la investigación sobre corrupción; tanto a izquierdas como a derechas, los partidos con políticos implicados llevan años tratando de desautorizar la investigación. Temer trató continuamente de frenarla; el Congreso intentó parar una nueva legislación anticorrupción en mitad de la noche; da Silva y el PT la tacharon de intento de la élite por destruir a la izquierda, lo cual no es completamente cierto, dado que un buen número de políticos de otros partidos también fueron a la cárcel por este caso.

Pero los propios investigadores también contribuyeron a socavar la credibilidad de su causa y, por extensión, de la democracia. El juez Sergio Moro, que encabezó la investigación Lava Jato, fue responsable de la condena de da Silva, que iba liderando los sondeos presidenciales antes de que se le impidiera presentarse por el caso de corrupción.

Moro se considera desde hace años apolítico, pero su persecución de da Silva adquirió un cariz de fanatismo. La condena fue criticada por descuidada y legalmente cuestionable por expertos legales brasileños, y el momento en el que Moro reveló ciertos datos —llamadas telefónicas pinchadas entre Rousseff y da Silva, publicadas en 2016 en mitad de su impeachment; testimonios de acusación a da Silva, Haddad y al PT por trapicheos, desvelados la víspera de las elecciones— da indicios de que el juez inclinó la balanza de la investigación y, quizás, de las elecciones. (En noviembre, Moro aceptó el puesto de ministro de Justicia con Bolsonaro.)

En los dos últimos años, los observadores políticos han asegurado no sólo que Bolsonaro no ganaría, sino que no podía ganar. Cuando no lo ignoraban directamente, lo trataban como una atracción de feria.

Mientras tanto, las élites y los medios brasileños subestimaron la fuerza del auge anti-establishment que estaba teniendo lugar, o la dinámica que empezaba a supurar. En los dos últimos años, varios observadores y periodistas políticos brasileños me garantizaron no sólo que Bolsonaro no ganaría, sino que no podía. Cuando no lo ignoraban directamente, lo trataban como una atracción de feria; estaban seguros de que sus peores y más provocativas declaraciones serían suficientes para convencer a los brasileños de que era demasiado radical y reaccionario.

Bajo la superficie, Bolsonaro y sus simpatizantes se aprovecharon de las redes sociales, ampliando su mensaje a través de Facebook, Twitter y WhatsApp ―la red social más popular en Brasil―, explotando la existente desconfianza de los principales medios de Brasil y la utilidad de esas redes sociales para difundir noticias sin base y fabricadas de la nada.

Los miembros de la élite mediática y política estaban seguros de que, con da Silva y el PT aparentemente desacreditados, surgiría una figura del establishment moderada, de centroizquierda o centroderecha. Pero los brasileños dejaron claro su hartazgo del establishment centrista: mientras que el PT ganó más escaños que ningún otro partido en las elecciones al Congreso, el centroderecha se llevó un chasco en la primera vuelta de la votación. El cinismo, la corrupción y la defensa de políticas económicas impopulares con Temer habían dejado un vacío en la derecha, y entonces vino Bolsonaro a llenar ese vacío.

Bolsonaro hizo uso de la corrupción como una porra contra el PT desde el principio, convirtiendo sus vínculos con Lava Jato en un ataque sin cuartel contra su legitimidad y su derecho a existir. La izquierda, según sugería Bolsonaro en su web, quería "importar ideologías que destruyen nuestra identidad" como brasileños. Con esto apelaba a los movimientos evangélicos y conservadores (cada vez mayores), así como a segmentos de las clases medias que se oponían al liberalismo social de la izquierda, y que influyeron (para mal) en el esfuerzo por avanzar en los derechos civiles de brasileños pobres, LGBTQ y negros.

Que Bolsonaro había adoptado una postura anticorrupción meramente como una táctica de campaña —como hizo Trump— era evidente antes incluso de que llegara al poder. El hijo de Bolsonaro, Flávio, ya está siendo cuestionado por un posible caso de corrupción y pese a prometer que entre sus ministros no habría ningún condenado por corrupción, Bolsonaro ha nombrado al menos a siete personas que han estado o están implicadas en estos escándalos, según The Intercept. Entre ellos, su jefe de gabinete y ministro de finanzas, Paulo Guedes, un economista educado en la Universidad de Chicago defensor del mercado libre, cuyos vínculos con Bolsonaro durante la campaña dieron a las élites empresarias las garantías que necesitaban para adular a ese supuesto "populista".

Como en el caso de Trump, el ataque de Bolsonaro a la corrupción iba más allá de la hipocresía. Era un llamamiento a la raza superior o Herrenvolk —ventajas para la clase dominante, con prohibición o marginación del resto— y la oratoria demagógica sobre corrupción se adaptó a otros temas más amplios, como la contaminación de la identidad brasileña por las clases más bajas del país.

A lo largo de la historia, como escribió Hannah Arendt, los totalitaristas han dependido de una coalición entre la élite y la muchedumbre. En Brasil, como en el resto del mundo, el auge de un nuevo autoritarismo requería el consentimiento de una clase aristocrática reticente a aceptar la culpa de cualquiera de los males sistémicos a los que se enfrentaba el país. Y aunque la mayoría de los medios fueron generosos con la atención que prestaron a la gente normal que apoyaba a Bolsonaro, resulta más significativo el hecho de que sus niveles de apoyo aumenten a medida que se sube la escalera de ingresos, gracias a las élites que comparten con él su rechazo a la izquierda y que han apoyado de buen grado a un fascista con tal de frustrarla.

En cualquier caso, los peores males que Bolsonaro puede infligir estarán reservados para la población más vulnerable de Brasil. Las élites, como siempre, están exentas del dolor que pueden causar.

’Bolsonaro puede hacer cosas que Trump no puede’

Si te parece que todo esto se parece sorprendentemente a lo que ocurrió en Estados Unidos, no es casualidad. Para su ascenso al poder, Bolsonaro se ha fijado en la subida de Trump, cuya victoria se construyó sobre años de erosión democrática.

Trump también fue, simplemente, un síntoma de una enfermedad mayor, producto de la menguante fe de los americanos en sus instituciones democráticas. Y Bolsonaro adoptó muchas de las estrategias de Trump: él también incitó a la violencia contra los críticos, apeló a miedos nativistas y racistas y sugirió que si perdía, sería por culpa de los chanchullos de sus rivales políticos. También pidió la encarcelación no sólo de su oponente, sino de activistas que trabajaban en la izquierda. Apuntó a la sociedad civil, sugiriendo que las organizaciones no gubernamentales y grupos de derechos humanos deberían ser suprimidos. Prometió dar incluso más manga ancha a las fuerzas policiales para matar con más libertad y tachó a los medios de agentes de las fake news que se dedican a proteger al establishment corrupto.

La campaña de Bolsonaro, como la de Trump, se basó en lanzar ideas cada vez más absurdas y antidemocráticas, a menudo filtradas a través de su hijo Flávio, un congresista que actuó de facto como el gurú en redes sociales de Bolsonaro. Flávio y el candidato a vicepresidente, el general Antonio Hamilton Mourão, aludieron a ideas a cuál más radical —como, por ejemplo, cerrar el Congreso si era necesario—, que iban seguidas de una suavización por parte de Bolsonaro padre si un periodista le preguntaba por las mismas o si generaban demasiado escrutinio.

Esta estrategia, deliberadamente o no, tiene el efecto de hacer que Bolsonaro parezca más moderado de lo que lo es, desplazando los temas importantes por los que está siendo evaluado. Un Bolsonaro que hace todo salvo cerrar el Congreso, reescribir la Constitución o restablecer el régimen militar empieza a parecer un demócrata comprometido.

Para su ascenso al poder, Bolsonaro se ha fijado en la subida de Trump, cuya victoria se construyó sobre años de erosión democrática.

 Pero hay una diferencia clave entre Bolsonaro y Trump, y es que la peor versión del primero tendrá efectos mucho más dañinos sobre la democracia brasileña en comparación con lo que Trump ha hecho, o podría hacer, en Estados Unidos.

"Bolsonaro puede hacer cosas en Brasil, potencialmente, que Trump no puede", asegura Levitsky, "porque las instituciones brasileñas no son ni de lejos tan fuertes como las de Estados Unidos".

Los nombramientos de ministros de Bolsonaro incluyen a más ex oficiales militares que cualquier otro gobierno civil desde el final de la dictadura. Ha nombrado a ministros que usan la misma retórica paranoide y "antiglobalista" que se hizo habitual desde los primeros días del Gobierno de Trump.

Bolsonaro y su ministro de Educación, Ricardo Vélez Rodríguez, apoyan el movimiento Escolas sem Partido (Escuelas sin partido), un método antiguo radical para evitar que las escuelas públicas y universidades "adoctrinen" a estudiantes con ideologías políticas de izquierdas. Unos días después de las elecciones se informó de que algunas universidades habían sufrido redadas para sacar todos los libros sobre fascismo, y de que los profesores y otros académicos que se habían opuesto al nuevo presidente y lo habían descrito como fascista estaban siendo acosados.

Bolsonaro también ha enviado señales de que seguirá con sus amenazas de incautar tierras indígenas para abrirlas a intereses mineros y agrarios; ha dihco que Brasil debería "integrar" a sus tribus indígenas —incluso a las que viven en reservas protegidas y a los pueblos aislados— en la sociedad brasileña en contra de su voluntad.

Incluso en el mejor de los casos, el Brasil de Bolsonaro se convertirá en un lugar todavía menos democrático para quienes sufren más violencia y opresión.

Es posible que Bolsonaro gobierne como un verdadero autócrata, que podría aprovecharse de cualquier pequeña crisis para consolidar el poder y apartar la democracia en un solo acto. Podría cerrar el Congreso; podría criminalizar al Partido de los Trabajadores y a otros partidos y movimientos de izquierdas; podría criminalizar a los que disienten, a los que protestan y a la prensa libre.

Lo más probable es que gobierne de una forma similar a Trump, atacando a la prensa, a los oponentes políticos y a las instituciones democráticas con una descarga constante de criticismo que erosione aún más la credibilidad de sus simpatizantes y del público en general, y que tenga un efecto escalofriante sobre la oposición legítima. Bolsonaro se refiere a casi toda la izquierda política como "comunismo", y ha dicho que su movimiento pretende impedir que las "ideologías extranjeras" se abran paso en Brasil. Más que una dictadura pura y dura, el régimen de Bolsonaro podría llegar a parecerse a la purga anti-izquierdas más fea de la historia estadounidense.

"Suena a macartismo", comenta Alexandre Padilha, miembro de alto rango del Partido de los Trabajadores que trabajó para el Gobierno de da Silva. Bolsonaro "odia todo lo que es izquierda en Brasil, y cree que, básicamente, debería ser eliminado".

La derecha utiliza estos miedos y la retórica que les ha inspirado como una fuente de humor. El día antes de la investidura, Carlos Bolsonaro ―concejal de Río e hijo del presidente― publicó en Twitter un vídeo de su padre celebrando los asesinatos policiales y llamando "maricas" a sus oponentes.

"La izquierda está llorando", dijo con sorna.

En los Estados Unidos, los continuos ataques de Trump han tenido efectos negativos en cómo los estadounidenses ven sus decisiones, la prensa y otras instituciones democráticas, y su retórica ha envalentonado a racistas y ultranacionalistas blancos y ha contribuido de forma potencial al aumento de los delitos violentos contra minorías raciales, étnicas y religiosas.

La violencia política ya es sorprendentemente común en Brasil: en 2018, la edil de Río de Janeiro Marielle Franco fue asesinada cuando salía de un acto político, y 28 candidatos fueron asesinados sólo durante el periodo electoral de 2016. La insistencia de Bolsonaro en que sus partidararios ataquen a los políticos del PT podría tener consecuencias mortales.

Su gente ya ha pillado la idea: en los días antes de las elecciones, los votantes de Bolsonaro destruyeron con orgullo homenajes a Marielle Franco en Río y en los mítines del entonces candidato empezaron a surgir símbolos del ultranacionalismo americano, entre ellos la bandera de Kekistan, el país mítico creado y adorado por los tipos de la alt-right en foros de internet. La noche de las elecciones, sus seguidores ondearon banderitas para conmemorar al ex coronel del ejército que llevó a cabo el programa de tortura de la dictadura militar.

Los brasileños LGBTQ, que ya sufren altos índices de violencia, también temen que la oposición agresiva de Bolsonaro a sus derechos dé a sus simpatizantes licencia para aumentar aún más los ataques contra ellos. La retórica de Bolsonaro sobre la policía y la seguridad pública ya ha envalentonado a algunos de los oficiales más estrictos de las fuerzas policiales de Brasil, según cuentan los locales.

En São Paulo, un joven escritor negro que vive en una favela a las afueras de la ciudad me dijo que había sido detenido por la Policía cinco veces en las tres primeras semanas después de las elecciones, normalmente cuando volvía del trabajo a su casa, por su barrio. En Río, el mes pasado circularon vídeos de dos hombres tumbados en la calle, muertos a disparos, antes de que los agentes de Policía que los habían matado tiraran sus cuerpos a la parte trasera de una camioneta. La Policía de Brasil mató a más de 4200 personas el año pasado y sólo en el estado de Río fueron responsables de uno de cada cinco homicidios. Es probable que Bolsonaro haga a las fuerzas policiales incluso más mortíferas.

En esto, tendrá aliados tanto dentro como fuera de la política. Los brasileños apoyan abrumadoramente la acción agresiva de la Policía y, en medio de una epidemia de crímenes violentos, cada vez más políticos adoptan también estas posturas radicales. Wilson Witzel, próximo gobernador de Río de Janeiro, ha dicho que el estado "cavará tumbas" para los cadáveres de los presuntos delincuentes que mate la Policía. El recién elegido gobernador de São Paulo, João Doria, un político que se unió a Bolsonaro durante la campaña, ha adoptado una retórica similar en lo que se refiere a proteger a los agentes acusados de asesinato.

Las instituciones brasileñas pueden proteger su democracia como conjunto. Pero incluso en el mejor de los casos, el Brasil de Bolsonaro se convertirá casi seguro en un lugar todavía menos democrático para quienes sufren más violencia y opresión, ya sea por parte del estado o no.

Un modelo del ’iliberalismo más atroz’

  

"¿De dónde eres?", me preguntó una mujer en São Paulo cuando el ascensor de nuestro hotel llegó a la segunda planta.

Cuando le respondí que vivía en Washington, D.C., sonrió y se giró hacia su hijo. En portugués, le dijo que era del mismo sitio que Trump.

"Todo el mundo de aquí quiere irse allí", comentó. "Todos dicen cosas malas de él, pero todo el mundo quiere irse allí".

Para muchos brasileños que apoyan a Bolsonaro, el caos que ha sembrado Trump y las amenazas que plantea a los principios de la democracia de Estados Unidos no son nada de lo que preocuparse. Al fin y al cabo, la economía de Estados Unidos va bien y Trump es, según ellos, responsable de esto. Es un outsider que entró en escena para agitar el sistema, pero el establishment todavía no ha aprendido a lidiar con él.

Últimamente han ido apareciendo otras figuras similares a Bolsonaro. En Uruguay ya hay un candidato presidencial advenedizo que se presenta como la versión de Bolsonaro en su país; en Argentina, que se enfrenta a los mismos problemas económicos y de corrupción que asolan Brasil, pronto podrían surgir candidatos parecidos.

"La derecha política no lo ha hecho bien en Latinoamérica en las últimas décadas", opina Levitsky. "Así que los políticos de derecha están buscando una nueva fórmula, y puede que esta sea la fórmula, la del iliberalismo más atroz. Si aparentemente resulta exitosa, se reproducirá una y otra vez".

Bolsonaro no es el primer político autoritario de derechas que pone en riesgo una nación democrática. Y tampoco será el último.

"Tenemos a Bolsonaro porque tenemos a Trump", señala Stuenkel. "No habríamos visto la misma dinámica aquí si en Estados Unidos no hubiera ocurrido lo que ocurrió en 2016. Creo que ha inspirado a mucha gente que básicamente ha aprendido de Trump".

"Y, del mismo modo", prosigue, "creo que los países vecinos de Latinoamérica también aprenderán de Bolsonaro".

Nota: Este artículo fue escrito por Travis Waldron, y publicado originalmente en el HuffPost EE.UU., y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano/ Diego Iraheta, del HuffPost Brasil, ha colaborado en este reportaje.

 

 

Estar sentado mata

Estar sentado mata

 

martes, 08 de enero de 2019
3:33:57 p.m.
 

¿Qué cree usted que causa más muertes en nuestra sociedad? Más que el tabaco, la contaminación, la delincuencia, los suicidios y los accidentes de tráfico… ¡Estar sentado! 

Ya sea frente a la pantalla del ordenador, de la televisión, ante el plato, en el coche o en el sofá, su cuerpo sufre  y su esperanza de vida disminuye. Y el fenómeno se está convirtiendo en una epidemia con la generalización de los ordenadores en el trabajo. 

La introducción de la informática en nuestras oficinas, nuestros hogares, los lugares públicos e incluso en los medios de transporte, ha supuesto aumentos de la productividad fabulosos. Sin embargo, ahora nos damos cuenta de que estos beneficios corren el riesgo de ser anulados o incluso superados por la catástrofe de salud pública a gran escala que resulta de nuestra nueva forma de "trabajar": sentados en una silla durante ocho horas al día, o incluso más. 

Enfermedades del corazón, diabetes, obesidad e incluso cáncer, los efectos perjudiciales sobre nuestra salud que trae consigo pasarse el día sentado están superando las peores expectativas de los médicos. 

La peor amenaza para el hombre moderno 


En otros tiempos, la mayor parte de nuestras vidas transcurría de pie. Pero con la llegada de la máquina de escribir, la televisión y, finalmente, del ordenador, hoy pasamos más tiempo sentados que nunca antes en la historia de la humanidad: 9,3 horas al día, es decir, más que en nuestra cama (7,22 horas diarias). Y una gran parte de ese tiempo que estamos sentados lo pasamos delante de la televisión: algo más de cuatro horas al día de media en 2012.

Nuestros cuerpos no fueron “diseñados” para esto. Y sus dramáticas consecuencias empiezan a manifestarse.  

Riesgo de muerte: + 40%: Si usted pasa más de 6 horas al día sentado, su riesgo de morir en los próximos 15 años es un 40% mayor que el de alguien que se sienta menos de 3 horas al día. Y esto es así independientemente de que usted haga o no deporte. 

En nuestra sociedad, aparte de dormir, una persona pasa por término medio 9,3 horas sentada, tumbada o medio tumbada, casi 7 horas realizando actividades físicas de baja intensidad, de pie o caminando, y algo más de media hora realizando una actividad física de fuerte intensidad (corriendo, haciendo deporte). 

La primera consecuencia para nuestra salud es, obviamente, la obesidadentre 1980 y 2000, el tiempo que dedicamos a hacer deporte no ha variado, sigue siendo el mismo; sin embargo, el tiempo que pasamos sentados ha aumentado en un 8%. En cuanto a la tasa de obesidad, se ha duplicado. 

Se explica por el hecho de que estar sentado no supone prácticamente ningún consumo energético. Fíjese en el consumo que suponen las siguientes actividades en comparación con estar simplemente sentado:  

  • Usted consume un 10% más de calorías simplemente estando de pié.
  • Usted consume un 15% más de calorías al masticar chicle.
  • Usted consume un 150% más de calorías al caminar.
  • Usted consume un 220% más de calorías al subir escaleras. 

Pero los efectos negativos sobre su salud de estar sentado no sólo se manifiestan a largo plazo. Su cuerpo comienza a desestructurarse tan pronto como se sienta. 
 

Cómo le destruye el estar sentado 

Tan pronto como usted se sienta:  

  • La actividad eléctrica en las piernas se detiene.
  • Su consumo de energía baja a 1 caloría por minuto.
  • Las enzimas que ayudan a descomponer las moléculas de grasa disminuyen un 90%. 

Después de dos horas: 

  • Su nivel de colesterol HDL, lo que muchos médicos llaman “colesterol bueno”, disminuye en un 20%.

Después de 24 horas de total sedentarismo: 

  • La eficacia de la insulina disminuye en un 24% y aumenta el riesgo de diabetes.

En las personas que hacen trabajo de oficina o cualquier otro que implique estar sentado, el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular se multiplica por dos. 

Cómo salir de su silla vivo 


Para la mayoría de nosotros, estar en una mesa delante de un ordenador 8 horas al día es inevitable. 

Y los 30 minutos de ejercicio diario recomendado no compensan las ocho horas sentado. Por lo tanto, en el trabajo tendrá que poner en marcha pequeños gestos como los siguientes: 

  • Si tiene un teléfono fijo inalámbrico, o cuando hable por el móvil, aproveche para caminar por la oficina.
  • Siempre utilice las escaleras en vez del ascensor.
  • Si tiene una reunión con otra persona en la que no va a ser imprescindible tomar notas, ¿por qué no proponer a su colega pasear mientras hablan? Además de los beneficios para su salud, caminar permite hablar estando lado a lado en lugar de frente a frente, lo que facilita la comunicación. Se crean lazos de confianza, se favorece la sinceridad, la reflexión y la claridad al exponer, al estar el cerebro mejor oxigenado.
  • Si va a comer fuera de la oficina, aproveche para ir dando un paseo. Si escoge un lugar que está algo más alejando, el paseo será más largo.
  • No se limite a estirar el brazo o arrastrar la silla para alcanzar algo que está un poco alejado. ¡Levántese y ande!
  • Por muy concentrado que esté realizando un trabajo, oblíguese a levantarse cada hora y media.
  • Aprenda a realizar sencillos ejercicios que pueden hacerse incluso en la misma silla (de movilidad, flexibilidad y respiración), que añadirán algo de movimiento a su jornada de trabajo. Incluso hágase con una pelota antiestrés para mover las manos de vez en cuando.
  • Si va al trabajo en transporte público y hace buen día, bájese una parada antes del autobús o del metro y vaya andando el resto hasta su destino. Y si va en coche, aparque un poco lejos de su oficina.
  • Opte por acercarse hasta la mesa de su compañero y hablar en persona en lugar de tantos e-mails.
  • Plantéese organizar con los compañeros de trabajo alguna actividad deportiva común. Además de hacer ejercicio, servirá para estrechar lazos entre colegas y hacer equipo.

¡Apague la tele! 


Las personas que pasan 3 horas o más al día mirando la televisión tienen un 64% más de riesgo de morir por un problema cardíaco. 

Y atención a esta terrible noticia: entre las personas que ven la televisión 3 horas al día o más, el nivel de sobrepeso y obesidad es exactamente el mismo, tanto si hacen deporte como si no lo hacen. 

Así que ya sabe: levántese del sofá. Cada hora adicional que pasa viendo la televisión aumenta el riesgo de muerte en un 11%. 

Abrir el corazón a Jesús como los Reyes Magos…

Abrir el corazón a Jesús como los Reyes Magos…


domingo, 06 de enero de 2019
8:15:16 p.m. 

En sus palabras previas al rezo del Ángelus, el Papa Francisco invitó a los fieles a seguir el ejemplo de los Reyes Magos que abrieron sus corazones a la novedad del Dios hecho hombre, y no como Herodes se cerró por temor a perder su poder, o los escribas de Jerusalén que no supieron mirar más allá de sus propias certezas.

El Santo Padre presidió el rezo de la oración de mariana desde el balcón del Palacio Apostólico, luego de haber celebrado en la Basílica de San Pedro la Misa por la Solemnidad de la Epifanía del Señor.

Ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, Francisco explicó que esta solemnidad “es la fiesta de la manifestación de Jesús, simbolizada por la luz.

Francisco aseguró que “Jesús, nacido en Belén, ciudad de David, vino a traer la salvación a los cercanos y alejados”.

En ese sentido, “el evangelista Mateo muestra diversos modos con los cuales se puede encontrar a Cristo y responder a su presencia. Herodes y los escribas de Jerusalén tienen un corazón duro, que se obstina y rechaza la visita de ese Niño. Es una posibilidad: cerrarse a la luz”.

 “Los Magos eran abiertos a la ‘novedad’, y a ellos se revela la más grande y sorprendente novedad de la historia: Dios hecho hombre. Los Magos se postran delante de Jesús y le ofrecen dones simbólicos: oro, incienso y mirra; porque la búsqueda del Señor no solo implica la perseverancia en el camino, sino también la generosidad del corazón. Y finalmente, retornan ‘a sus países’. Y dice el evangelio que retornaron por otro camino”, señaló Francisco.


En ese sentido, el Papa aseguró que “cada vez que un hombre o una mujer encuentra a Jesús, cambia el camino, regresa a la vida de un modo diferente, regresa renovado, pero en otro camino”.

Los Reyes Magos, continuó el Pontífice, regresaron a sus países “llevando dentro de sí el misterio de aquel Rey humilde y pobre; y podemos imaginar que relataron a todos la experiencia vivida: la salvación ofrecida por Dios en Cristo es para todos los hombres, cercanos y alejados. No es posible ‘apoderarse’ de aquel Niño: Él es un regalo para todos”.

“También nosotros —invitó el Santo Padre—, dejémonos iluminar por la luz de Cristo que proviene de Belén. No permitamos que nuestros temores nos cierren el corazón, sino tengamos el coraje de abrirnos a esta luz suave y discreta”.

El Papa aseguró que “entonces, como los Magos, proveeremos ‘una alegría grandísima’ que no podremos tener para nosotros”. “Nos sostenga en nuestro camino la Virgen María, estrella que nos conduce a Jesús y Madre que hace ver a Cristo a los Magos y todos los que se acercan a ella”, concluyó.

(Fuente: ACI)