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LA TECLA CON CAFÉ

Policías robóticos para Dubai en 2017

Policías robóticos para Dubai en 2017

 

6:22:52 a.m. 

Medios de prensa británicos se hicieron eco del anuncio sobre el uso de robots policías en la ciudad de Dubai, Emiratos Árabes Unidos, a partir de 2017. 

La emisora Metro detalló que en dos años robots inteligentes capaces de interactuar con los ciudadanos patrullarán las calles de la ciudad emiratí, y se convertirán en una unidad más integrada en las filas policiales de esa urbe. 

El diario Daily Mail explicó por su parte que los' nuevos oficiales' rendirán servicio a la ciudadanía de Dubái, no estarán armados y serán capaces de moverse con rapidez. 

Los robots hablarán hasta seis idiomas y bromearán con sus interlocutores para hacer las conversaciones más amables; estarán ubicados en parques públicos, centros comerciales y zonas donde la tasa de criminalidad sea baja, de acuerdo con la plataforma informativa británica Unilad. 

La principal función de esas máquinas será la de asistir a ciudadanos y turistas con información relevante; en caso de que se produzca una situación crítica, se pondrán en contacto a los individuos que requieran sus servicios con las autoridades policiales mediante pantallas y micrófonos. 

Se estima que los primeros prototipos estén disponibles en 2017 aunque los dispositivos finales no entrarán en funcionamiento hasta 2020. 

(Fuente: PL)

Regulador ruso amenaza con sanciones a Facebook, Twitter y Google

Regulador ruso amenaza con sanciones a Facebook, Twitter y Google


6:17:25 a.m.

El regulador federal de medios de Rusia, Roskomnadzor, podrá sancionar a las compañías Facebook, Twitter y Google si siguen incumpliendo la legislación rusa, advirtió el jefe del organismo, Alexandr Zhárov, citado hoy por el periódico Izvestia.

Zhárov envió el lunes las cartas con sus pretensiones a varios altos cargos de esos gigantes mediáticos, precisa el diario.

"Considerando la necesidad de tomar las medidas mencionadas de acuerdo a la legislación rusa, les pido comunicar lo más pronto posible su posición sobre los problemas indicados", escribió Zhárov.

El portavoz de Roskomnadzor, Vadim Ampelonski, confirmó el envío de las cartas correspondientes y dijo que ya se han convertido en una práctica regular.

"Las cartas de este tipo marcan con regularidad nuestra comunicación con las compañías de internet extranjeras. Normalmente tales mensajes contribuyen a avances", dijo Ampelonski.

A comienzos de este mes el regulador ruso ya acusó a las tres empresas de incumplir la llamada ley de blogueros después de que no respondieran a la solicitud de presentar datos sobre las visitas diarias de cuentas.

Una ley promulgada en mayo de 2014 obliga a los blogueros rusos que acumulan más de 3.000 visitas al día a acatar los mismos requisitos que se plantean ante los medios de comunicación convencionales. Las redes sociales, buscadores y foros de discusión también deben notificar el inicio de sus actividades a Roskomnadzor, así como almacenar los datos durante seis meses, bajo pena de multas de hasta 500.000 rublos (unos 10.167 dólares al cambio actual).

Un miembro del comité del Parlamento ruso para la seguridad y contra la corrupción, Ilyá Kostunov, afirmó a Izvestia que hay que castigar a los infractores en primer lugar con multas y como medida extrema cerrar los servidores.

(Fuente: MSN)

 




El "Schindler inglés" cumplió 106 años

El "Schindler inglés" cumplió 106 años


6:12:16 a.m.

Nicholas Winton, una leyenda viviente considerado como el "Oskar Schindler inglés" que salvó a 669 niños —en su mayoría judíos— de los nazis, cumplió 106 años.

A lo largo de su vida, Winton recibió numerosos honores por haber organizado los "trenes de la vida", entre el este de Europa y Gran Bretaña.

Ex agente de Bolsa, fue definido por el presidente checo Milos Zeman como "un ejemplo de humanidad, de altruismo, coraje y modestia".

Antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, emprendió un viaje a Praga, en la entonces Checoslovaquia: allí comprendió los riesgos para los refugiados procedentes de la zona de los Sudetes, recién anexada a Alemania, y comenzó a planificar la evacuación.

Todo comenzó durante unas vacaciones en Suiza, cuando recibió el llamado de un amigo que le explicó la situación de los judíos en Praga. Winton viajó de inmediato, y comenzó a ayudar a las familias en los campos de refugiados, donde se vivía a menudo en condiciones infrahumanas.

Desde el hotel donde se alojaba organizó los traslados de los niños, para salvarles la vida consiguiéndoles alojamiento en otros países.

Winton trabajó en dos frentes: por un lado organizó ocho trenes persuadiendo a los alemanes de no bloquear la operación, y por otra se activó con anuncios en los diarios ingleses buscando voluntarios que pudieran albergar a los niños y pagar los costos exigidos por el gobierno para recibirlos.

Al volver a Londres, siguió con su misión, interrumpiéndola sólo con el comienzo de la guerra en septiembre de 1939.

La historia del Schindler británico salió a la luz por primera vez hace 50 años, cuando su esposa Greta halló en el techo de su vivienda un álbum fotográfico que se remontaba al período en que su marido estaba en Praga.

Al conocer la historia, la mujer se puso en contacto con una experta en el Holocausto, que dio a conocer la obra de Winton.

En el mundo viven unas seis mil personas —entre ellas muchos descendientes de las personas salvadas— que deben su vida precisamente al heroísmo de Winton.

En 2009 se realizó una emotiva ceremonia para el 70 aniversario de su histórica empresa, cuando los niños de Winton —ya convertidos en adultos— hicieron junto con sus familiares el viaje desde la estación de Praga, llegando a Londres sobre un tren a vapor, para abrazar allí a su benefactor.

(Fuente: ANSA)

Cuba rindió tributo a José Martí

Cuba rindió tributo a José Martí


6:00:17 a.m.

El acto nacional en conmemoración de los 120 años de la muerte en combate del Héroe Nacional cubano José Martí, tuvo lugar ante el obelisco que en el municipio oriental de Jiguaní señala el lugar exacto donde cayó abatido por el fuego enemigo el Apóstol de la independencia.

El tributo comenzó con la Guardia de Honor especial asumida en la histórica fecha por cadetes de la Escuela Interarmas de las FAR Mayor General José Maceo, Orden Antonio Maceo, y alumnos de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos. 

 “Murió un hombre y nació un símbolo para los cubanos de todos los tiempos”, expresó en alusión a la fecha el miembro del Buró Político del Comité Central del Partido, Salvador Valdés Mesa, quien exaltó además las cualidades del Apóstol como intelectual excelso, humanista profundo y estratega visionario, “guía, aliento y referente de cuantos han luchado por una Cuba mejor en diferentes momentos de nuestra historia”.

En Santa Ifigenia

El tributo comenzó con la Guardia de Honor especial asumida en la histórica fecha por cadetes de la Escuela Interarmas de las FAR Mayor General José Maceo, Orden An­tonio Maceo, y alumnos de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, de la provincia de Cien­fuegos.

A Martí lo recordamos hoy —dijo al intervenir el presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, Reinaldo García Zapata—, más que por su muerte heroica, por la obra de su vida, por su ejemplo y sus enseñanzas, por su prédica, su modo de decir y hacer, que forman parte de nuestra doctrina revolucionaria.

Ofrendas florales a nombre del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y del General de Ejército Raúl Castro Ruz, fueron depositadas en homenaje al Héroe Nacional José Martí, ante el mausoleo que guarda sus restos en el cementerio de Santa Ifigenia.

Trasladado días después de su caída frente a fuerzas españolas en los campos de Dos Ríos hacia la necrópolis santiaguera, el ca­dáver de Martí fue objeto de varios entierros hasta que en respuesta a un anhelo popular recibiera digna sepultura, en este imponente monumento funerario el 30 de junio de 1951.

(Fuente: Granma)

 

Los cinco entierros de José Martí

Los cinco entierros de José Martí


2:44:57 p.m.

Para todos los que de una manera u otra nos hemos acercado o dedicado al estudio de la vida y la obra de José Martí, una invariable interrogante nos vemos obligados a responder a quienes participan en un recorrido por una de las instalaciones martianas, cuando impartimos una clase, o dictamos una conferencia: ¿Es verdad que a Martí lo enterraron cinco veces?

El solo hecho de la formulación de la pregunta, en la mayor parte de los casos, se desplaza desde un hecho que resulta insólito para muchos, hasta algo que parece un insulto a la memoria del Apóstol, para otros. Acerca del tema se han escrito diversos artículos, y elaborado pequeños folletos como el confeccionado por el profesor Francisco Javier Ibarra Martínez, quien fuera tesorero de la Comisión Por una Tumba digna de José Martí, en Santiago de Cuba, que a pesar de tener algunas apreciaciones incorrectas en su contenido, resulta hasta hoy el que con mayor cientificidad lo aborda, y el que a pesar de su modesta tirada, es popularmente conocido.

No se encuentra el asunto que nos ocupa, entre los temas de interés investigativo al cual nos hemos dedicado; preferimos estudiar y promover el ideario martiano y todo aquello que contribuya a la formación de valores, y a perfeccionar el trabajo docente educativo con las nuevas generaciones de cubanos. Sin embargo, nos parece un deber ineludible esclarecer algunos aspectos que ayuden a desmitificar estos cinco entierros y posibilitar que puedan ser correctamente valorados por nuestro pueblo.

PRIMER ENTIERRO

Este tiene lugar en el cementerio de Remanganagua el día 20 de mayo en horas de la tarde; el cadáver de Martí es arrojado, sin ataúd, a una fosa de tierra, lo que para muchos resulta una muestra del desprecio del coronel Ximénez de Sandoval, jefe de la columna española que dio muerte al Delegado del PRC.

En nuestra opinión, si bien Sandoval hace evidente ese desprecio en carta enviada a sus superiores días después, resulta imprescindible valorar que el eufórico coronel conocía del interés mostrado por las tropas del generalísimo Máximo Gómez por rescatar al Maestro, vivo, o muerto; que habían transcurrido poco más de 24 horas del combate de Dos Ríos, y que por presentar su cuerpo tres heridas de bala y los traumatismos ocasionados por su caída del caballo y su traslado hasta ese lugar, su inanimado cuerpo podía haber comenzado a descomponerse y esto imponía proceder a su inmediato enterramiento, sin esperar que un residente del poblado, algo alejado del cementerio, pudiera construir un rústico ataúd.

SEGUNDO ENTIERRO

Al percatarse de la trascendencia política que tendría la caída en combate del Apóstol, el mando español decidió comprobar con certeza, si el occiso realmente era José Martí, y decidió exhumarlo para hacer la autopsia. El 23 de mayo el doctor Pablo Aurelio Valencia Forns, realizó el examen médico forense, acondicionó su cuerpo para trasladarlo a Santiago de Cuba, y los restos mortales fueron depositados en un rústico ataúd de madera construido por un campesino de Remanganagua. De inmediato la columna española se puso en camino hacia la ciudad, donde su cuerpo sería exhibido públicamente, para que la población apreciara cómo terminarían los cabecillas insurrectos, práctica usual del ejército español desde la guerra iniciada en 1868.

Cumplidas ambas ordenanzas militares, el 27 de mayo de 1895, en el nicho 134 de la galería sur, del cementerio de Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, se ordenó proceder a su enterramiento. En esta ocasión, el propio coronel Ximénez de Sandoval, con todo respeto, pronunció la oración fúnebre, luego de percatarse que no se encontraba allí presente ningún amigo o familiar de José Martí.

Tal comportamiento, si bien cumplía sus fines propagandísticos para intentar atemorizar a los patriotas y resaltar la superioridad de las tropas españolas, posibilitó identificar el cadáver del mayor general José Martí, obtener una primera versión médica de las heridas que le causaron la muerte, y que sus restos pudiesen preservarse para la posteridad, pues al ser depositados en uno de los nichos de la necrópolis de la ciudad de Santiago de Cuba, se hacía mucho más difícil que los mismos pudieran desaparecer, como ocurrió con los del mayor Ignacio Agramonte.

TERCER ENTIERRO

Ataúd en que fueron depositados sus restos luego de la exhumación en Remanganagua (23/5/1895).Este tendría lugar el 24 de febrero de 1907, mientras la Patria se encontraba ocupada militarmente, por segunda vez, por el gobierno imperialista de los Estados Unidos. El Ayuntamiento de Santiago de Cuba había decidido de acuerdo con una disposición sanitaria, demoler los nueve nichos de la galería sur del Cementerio General, dado su avanzado estado de deterioro, y entre ellos el identificado con el número 134 contenía los restos de Martí.

En atención a ello el coronel del Ejército Libertador Federico Pérez Carbó, gobernador civil de esa localidad, concibió y promovió la idea de respetar aquel nicho y construir en el lugar un modesto monumento hasta que pasasen los aciagos días que vivía la República y su pueblo agradecido pudiese erigirle un mausoleo digno a su memoria.

Para acometer dicha obra debía procederse a la exhumación de su cuerpo para depositar su osamenta en una urna metálica que la conservaría a perpetuidad. Quienes asistieran al cortejo podrían observar los remanentes de su organismo, contenido en el ataúd y serían testigos del más solemne y emotivo homenaje en su memoria.

Ante la más valiosa reliquia del patrimonio martiano y de la nación, los hijos de su tierra amada le rendían el homenaje que se le debía desde aquel 19 de mayo de 1895, y procedían a depositar sus restos en la caja de plomo, junto a una copia del acta escrita en pergamino que, aislada dentro de un tubo de cristal con la leyenda “MARTÍ”, quedaron sellados herméticamente y depositados luego dentro de un arca de caoba con igual inscripción.

A partir de aquella fecha y hasta el 21 de octubre de ese propio año, se levantaría alrededor del nicho 134, el primer monumento ante su tumba. El modesto mausoleo de estilo jónico, combinaría el aspecto sencillo y elegante, que en su interior llevaría como póstumo recuerdo un ramo de flores y una bandera.Templete edificado alrededor del nicho 134 donde depositaron nuevamente los restos del Maestro tras ser ubicados en un osario.

CUARTO ENTIERRO

Retablo de los Héroes, en Santa Ifigenia. En éste sitio histórico fueron depositados provisionalmente los restos del ApóstolLa inconformidad de un pueblo expresado en la voluntad de un selectivo grupo de martianos, por tan modesto monumento erigido al Maestro al pie de sus restos mortales, y los daños ocasionados por las intensas lluvias al panteón donde estos descansaban, dio lugar a que en 1947 se constituyera el Comité: Por una Tumba Digna del Apóstol Martí, promovido por el Club Rotario de Santiago de Cuba.

Ante la necesidad de erigir dicho obelisco, preservando el lugar exacto donde se encontraban depositados los restos, se impuso la necesidad de trasladar provisionalmente el osario hacia el Retablo de los Héroes, lugar donde descansan los mayores generales Moncada, José Maceo y Flor Crombet, entre otros heroicos mambises.

Con la solemnidad correspondiente a su alto rango y de manera sencilla, el 8 de septiembre de 1947 eran depositados en aquel lugar, hasta tanto culminaran las obras del nuevo monumento.

QUINTO ENTIERRO

Urna que guarda hasta la actualidad los restos de Martí, vista interior de la cripta y general del Mausoleo dedicado a Martí en el cementerio de Santa Ifigenia.Culminadas las obras en Santa Ifigenia, a las dos de la tarde del 29 de junio de 1951 era extraído el osario con los restos de José Martí, del Retablo de los Héroes. Luego de la comprobación de rigor, fueron transferidos de la vieja caja donde habían sido colocados en 1907 y depositados en el interior de una urna de bronce, elaborada al efecto, y, ante el público asistente, fue sellada con una soldadura autógena para que se conservaran a perpetuidad.

Terminado dicho acto, en reverente peregrinación, sus restos fueron trasladados al Salón del Gobierno Provincial de Oriente, donde colmado de coronas de flores se le rendirían Guardias de Honor por las más altas figuras de la nación, sin distinción de credo o filiación política, desde las dos de la tarde del día 29 hasta el día 30, a las tres de la tarde, cuando se trasladaría la urna cubierta con la enseña nacional en un armón de artillería, hasta su definitiva tumba erigida en Santa Ifigenia.

Una solemne y emotiva ceremonia encabezada por el Presidente de la República, doctor Carlos Prío Socarrás, marchaba detrás del armón, acompañado por Hortensia, Alia y Aquiles, hijos de Amelia Martí Pérez, hermana del Apóstol, y otros integrantes del Gobierno, seguidos de unas cincuenta mil personas, mientras las mujeres santiagueras colocadas en ambas aceras, desde el Gobierno Provincial hasta Santa Ifigenia, arrojaban pétalos de rosas al paso de los restos del más grande de los cubanos.

En medio de un silencio sepulcral, una batería colocada a la entrada de la necrópolis santiaguera, disparaba una salva de 21 cañonazos, en honor al Mayor General y Delegado del Partido Revolucionario Cubano, muerto en campaña, mientras en brazos del Presidente de la nación, el tesoro más valioso del patrimonio martiano, era depositado en una hermosa cripta en la que descansaría para siempre.

(Fuente: Tribuna de La Habana/ Carlos Manuel Marchante Castellanos, Profesor U.H. Museo Fragua Martiana)

 

El pensamiento a caballo

El pensamiento a caballo


2:25:37 p.m.

Especulaciones y distorsiones históricas ignoran que al caer abatido en Dos Ríos, el recién ascendido Mayor General José Martí montaba con destreza innegable y muy seguro de sí mismo en el potente y brioso caballo Baconao.

En realidad poco se ha hablado del jinete José Martí. En su Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos, anotó: «De La Esperanza, a marcha y galope, con pocos descansos, llegamos a Santiago de Los Caballeros, en cinco horas». Y añadió: «Vuelvo riendas, sobre la tienda azul, a que el potro repose unos minutos».

Con solo cuatro años, en 1857, en Valencia, España, lo imaginamos por los campos, de aprendiz de jinete, de la mano cuidadosa de su padre don Mariano. Después en Santa Cruz de Tenerife, tierra de doña Leonor Pérez, lo evocamos en su sagaz aprendizaje de alegre y precoz jinete —también de manos de su progenitor—, cuando estuvo por un tiempo el matrimonio español en Islas Canarias para que la familia materna conociera a su primer hijo. 

En abril de 1862 don Mariano es nombrado capitán juez pedáneo de Caimito de Hanábana, jurisdicción de Nueva Bermeja, en la Alcaldía Mayor de Colón, al sudeste de Matanzas. Allí el niño, de su puño y letra, con rasgos increíblemente bellos para su corta edad, se declaró jinete.

Con solo nueve años, perfeccionó por sí mismo sus anteriores pininos sobre el lomo de una bestia, regalo de un entrañable amigo de la familia. Y a solas pudo entonces hacer de las suyas el inteligente muchacho, que se vio feliz con el corcel. 

En su primera y reveladora carta conocida, escribió: «A mi señora madre Dña. Leonor Pérez… Hanábana… Octubre 23 de 1862: (…) ya todo mi cuidado se pone en cuidar mucho mi caballo y engordarlo como un puerco cebón, ahora lo estoy enseñando a caminar enfrenado para que marche bonito, todas las tardes lo monto y paseo con él, cada día cría más brío...». 

A CABALLO POR SANTO DOMINGO 

Adulto ya, Martí anduvo a caballo por Santo Domingo en 1892, 1893 y 1895. Quizá recordara los tiempos de aprendiz sobre su cabalgadura. Pero lo cierto es que fue esa la última tierra que cabalgó antes de viajar a Cuba en son de la guerra que llamó «necesaria», ataviado del noble propósito de construir una república «con todos y para el bien de todos». 

El 31 de agosto de 1892, con 39 años, partió hacia ese país por primera vez, desde Nueva York, con escalas en Gonaives y Cabo Haitiano —en Haití— y en Dajabón y en Montecristi, República Dominicana. 

De Montecristi a La Reforma (finca de Máximo Gómez), 20 leguas de caminos desconocidos los recorrió Martí sobre su corcel, el 11 de septiembre de 1892. Se detuvo en la casa del cubano Santiago I. Massenet.

En la finca La Reforma habló con el general Gómez. Los dos cabalgaron hacia Santiago de Los Caballeros y llegaron el 13 de septiembre. Y el 19 fue a visitar Martí sobre su noble bruto la vivienda del Ministro de Relaciones Exteriores de Santo Domingo, quien le comentó: «Señor Martí, ¡usted se mata! Tenga más cuidado con su persona». Le hablaba a un jinete con tanta ansiedad como el sudoroso animal que llenaba su bocado de blanca espuma. El Apóstol afirmó: «Esto es solo (…) un ensayo, pues estoy obligado a viajar por meses y años de esta y de peor manera».

El día 24, tras una larga cabalgata, el Maestro arribó a Puerto Príncipe, capital haitiana, donde estuvo diez días y luego partió hacia Jamaica.

El 30 de enero de 1895 volvió a República Dominicana. Del primero al 5 de marzo hizo un recorrido por Dajabón, en Santo Domingo. Después por Ounaminthe, Fort Liberté, Cabo Haitiano; y retornó a Montecristi: ¡todo el trayecto a caballo!

Uno de sus amigos de Santo Domingo, Augusto Franco Bidó, lo vio de esta manera: «Hace tres años se presentó en mi humilde residencia un hombre joven, de regular estatura, de tez blanca y ojos, pelo y bigote negros, altivo, diligente y cariñoso (…) Venía de jinete».

En Barahona y en distintos sitios de Santo Domingo —según escribió Carlos Motta— anduvo primero Martí sobre un arisco mulo, y en un vigoroso caballo después, con unas espuelas finas de plata que el propio Motta le prestó.

La tarde del 19 de febrero de 1895 llegó a la casa de Nicolás Ramírez, montado en una joven yegua alazana de casi siete cuartas de alzada, luego de transitar un buen tramo, hasta Santiago de Los Caballeros. Solo de Montecristi a esa ciudad lo separaba un largo tramo de irregular camino. Buen ensayo: ¡36 leguas a caballo!

El primero de marzo de 1895, por la mañana bien temprano, salió Martí también a caballo, rumbo a Cabo Haitiano, acompañado por Panchito Gómez Toro, el hijo del Generalísimo. Y luego, sobre un asustadizo potro moro azul, atravesó la frontera durante tres días de azarosa marcha.

Antes de llegar, arregló su pasaporte en la localidad de Ounaminthe. El día 2, en Dajabón, le dijo a Panchito que regresara y continuó él solo su peregrinaje, hasta que arribó a su destino, el día 3 a las cinco de la tarde, ya «graduado» de jinete que llevaba un evidente apuro…

SOBRE BACONAO EN SON DE GUERRA 

El 12 de mayo de 1895 llegaron Martí y sus compañeros a La Bija, en los campos de Dos Ríos, donde establecieron improvisado campamento. Allí pronunció el Apóstol un elocuente discurso. Contaron quienes lo oyeron ese día que de pie, sobre los estribos de su caballo, arengó a las tropas.

Al otro día, el 13 de mayo, el Maestro —según lo cuenta en su Diario— con el coronel Francisco Blanco, «Bellito», en buenos caballos, dio un breve recorrido por las cercanías y anotó: «Voy aquietando: a Bellito, a Pacheco, y a la vez impidiendo que me muestren demasiado cariño. Recorremos de vuelta los potreros de ayer...».

Martí luego montó sobre «el caballo bayo claro, casi blanco, de crines rubias, de seis y media cuartas de alzada, gallardo y muy brioso, regalo del general José Maceo», según refirió el comandante Rafael Gutiérrez en su trabajo La Heroica Acción de Dos Ríos.

Él mismo dijo que después de la muerte del Maestro, el corcel que montaba se quedó en la finca Sabanilla, con la prohibición absoluta de Gómez de que nadie lo montara, en recuerdo prácticamente sagrado del prócer caído.

Las versiones posteriores han pretendido distorsionar los hechos, al señalar que aquella bestia obsequiada al Apóstol por el hermano del Titán de Bronce, fue escogida especialmente porque el Maestro no era un avezado jinete. Y hasta se ha sugerido lo contrario: que murió porque su bestia era tan rebelde y briosa, de tanta «clase», que por su inexperiencia a caballo, no pudo dominarla y lo llevó, sin control, a la fuerza y en contra de su voluntad, ante el enemigo, aquel 19 de mayo de 1895.

¡Nada más alejado de la realidad! José Maceo le obsequió su bestia en Arroyo Hondo. Es cierto. Pero un animal excepcionalmente inquieto e hipersensible a las espuelas como aquel, se entrega solo a un diestro jinete cuya maestría la propia bestia detecta enseguida en su vigoroso lomo, sobre todo la que está acostumbrada a una destreza y un coraje como los de José, el de temperamento más bravo de los hermanos del Titán.

Eugenio Deschamps, un dominicano respetuoso e ilustre, dejó escrito que Martí en su estancia en Santo Domingo, en 1895, le recordó: «Cuando entré a caballo a la capital de usted, no hace dos años, en un peñón de las Antillas, donde nos juntó por unas horas la suerte, me saludó Manuel de Jesús Galván, su compatriota, con esta extraña exclamación: “¡He aquí lo que le faltó a la América, hasta ahora, el pensamiento a caballo!”».

Y al caer abatido en Dos Ríos, el recién ascendido Mayor General José Martí montaba con destreza innegable y muy seguro de sí mismo —la rienda en la mano izquierda y el revólver en la derecha— en el potente, brioso y guerrero caballo Baconao.

(Fuente: JR/ Luis Hernández Serrano)

Bibliografía consultada por el autor: Diario de Montecristi a Cabo Haitiano, José Martí; La ruta de Martí. De Playitas a Dos Ríos, Rafael Lubián Arias, Mined, 1953; Martí en Santo Domingo, Emilio Rodríguez Demorizi, 1949; José Martí, Jorge Mañach, Tomo II, Editorial Mundo Nuevo, 1960; Semblanza biográfica y Cronología mínima, Roberto Fernández Retamar e Ibrahim Hidalgo Paz, Centro de Estudios Martianos, Editorial Pueblo y Educación, 1990; Caballos famosos por sus jinetes, Bohemia, 13 de julio 1990; Epistolario, Luis García Pascual, Tomo I, Editorial de Ciencias Sociales, 1993 y Granma, 18 de marzo 2007. 

Muerte de Martí: La obra más vilipendiada de Esteban Valderrama

Muerte de Martí: La obra más vilipendiada de Esteban Valderrama


2:18:56 p.m.

Adscrita a la tendencia academicista de asunto histórico, La muerte de Martí en Dos Ríos fue concebida por Esteban Valderrama en el primer semestre de 1917. La obra fue blanco de la crítica, señalándole inexactitudes históricas y defectos de composición que poco o nada le restaban al lienzo. Tal fue la insistencia de la crítica, que el amor propio del joven pintor se sintió herido, lo suficiente, como para destruir la tela. Al correr de los años, ¿quién le iba  a decir a Valderrama que su obra más vilipendiada sería la más recordada? 

Entusiasmado, quizás, por la acogida que había tenido años atrás La muerte de Antonio Maceo (1908), del ya consagrado artista académico Armando Menocal, Valderrama se propuso reeditar el hecho, ahora con el tema de la muerte del Apóstol.

Sin referente visual alguno, como casi todas las obras académicas que abordaron el asunto histórico a inicios de la República, en esta su autor también partió del testimonio oral y escrito. Pero no tuvo igual suerte.

La obra fue blanco de la crítica, señalándole inexactitudes históricas y defectos de composición que poco o nada le restaban al lienzo. Tal fue la insistencia de la crítica, que el amor propio del joven pintor se sintió herido, lo suficiente, como para destruir la tela.

No obstante, quedaron tres imágenes de la pintura: una en blanco y negro aparecida en la portada de El Fígaro (3 de febrero de 1918), foto que se reimprimió semanas después en el número correspondiente al 24 de febrero, para ilustrar la entrevista que le hiciera el periodista Franco Varona al pintor, y una tricromía que reprodujo en su portada la revista Bohemia, de igual data que la anterior.

Desde entonces y durante todo el siglo, cuantas veces se quiso ilustrar en los más diversos medios de comunicación visual y audiovisual la caída en combate del Apóstol, se recurrió a la citada foto en blanco y negro de la obra de Valderrama. En cambio, muy pocas veces se reprodujo a color. La tricromía, en este caso, por ser la única versión a color de dicha pintura, no reflejaba con la calidad requerida la obra en cuestión, ya que la impresión con esta tecnología todavía se hacía a partir de una foto en blanco y negro; situación que sólo vino a superarse en la década del treinta, cuando se introdujo la transparencia o diapositiva a color.

Arturo Carricarte, quien vio la obra in situ, anotó: “No puede apreciarse en ella (en la tricromía) sino muy imperfectamente los méritos del original” (1). Habría, pues, que esperar la imagen digitalizada, para que la obra más señalada de este pintor académico, se pudiera rehacer para la historia del arte cubano, así como para la iconografía de asunto martiano.

Esta situación empezó a hacerse realidad a partir de 2002, cuando el que escribe estas líneas, llevado por la necesidad de reproducir a color el citado cuadro para su Antología visual: José Martí en la plástica cubana (Editorial Letras Cubanas, 2004), recurrió al fotógrafo y artista digital Guillermo Bello, quien de inmediato se entusiasmó con la idea.

Luego de digitalizar la comentada tricromía, surgieron las primeras dudas. La primera de todas, por ser la más evidente —y que sirvió de introducción a las restantes—, fue el color rosado con que aparecían representadas las nubes. Según la hora de la muerte de Martí: una de la tarde, aproximadamente, y de la fidelidad del artista al hecho histórico en cuestión, dicho color no debía de ser el del original.

El testimonio de Carricarte, aunque era de tener en cuenta, no explicaba las razones que lo habían llevado a sostener criterio tan rotundo sobre la imperfección de la tricromía. De ahí la importancia de la mencionada entrevista de El Fígaro. En ella, Valderrama precisa:

“Los asuntos históricos, si han de hacerse a conciencia, si han de ajustarse a la verdad, tal cual ella sea, no dan margen al artista para componer a su antojo. Pero como no es posible confundir una obra histórica con una puramente decorativa, en la que el pintor puede hacer gala de su fantasía, no me descorazonaba y seguía laborando” (2). “¿Y los obstáculos?”, pregunta el periodista. “El primero y más poderoso ha sido la sencillez del asunto —responde Valderrama—, por el número tan reducido de personajes y por el poco aparato —por decirlo así— del mismo suceso, tal como me lo narraron los testigos más autorizados que estuvieron en la acción memorable (ya que nadie, salvo Ángel de la Guardia, muerto hace algunos años, pudo ver morir a Martí).

Y prosigue el pintor: “Para hacer mi cuadro me documenté todo cuanto me fue posible. Fui al mismo lugar donde cayó el héroe. Fui a Bayamo recomendado debidamente al coronel Lores, quien puso a mi disposición dos hombres para que me acompañaran a caballo desde Jiguaní hasta Dos Ríos. La travesía fue penosa, pues estuvimos tres o cuatro horas galopando sin cesar. Por fin, atravesamos el Contramaestre, por el mismo lugar que lo hiciera Martí... Al andar yo por aquellos lugares históricos me llenaba el pecho de emoción... Llegamos. Estudié el paisaje; hice un apunte del lugar y procuré clavar en la memoria toda la sencillez de aquel emocionante panorama. En todo el paisaje que sirvió de fondo a la tragedia, no hay un detalle que salve al artista y le dé un motivo ‘pictórico’; todo es sencillo, vago, de color humilde, sin grandes contrastes, sin rarezas ni extravagancias efectistas de tanta necesidad para la pintura moderna decorativa. Y fiel al aspecto de la naturaleza en aquellos lugares, la sentí y la trasladé al lienzo sin la vana pretensión de “corregirla” ni la idea del recurso siempre falso de ‘contrastarla’” (3) (4) 

Lo expuesto por Valderrama se verifica en una de las fotografías que ilustran la entrevista, donde se le ve con capote militar sobre su cabalgadura en medio de una vegetación rala, poco atractiva, incapaz de darle un motivo “pictórico” —como bien él dice—, tal cual la representó en la pintura.

Otro testimonio de interés es el de Billiken (seudónimo de Félix Callejas), en su sección “Arreglando el mundo”, del periódico El Mundo, en el que si bien se presenta como un periodista no especializado en arte, fue lo suficientemente sagaz como para advertir el propósito del pintor, cuando afirma: “Todo parece indicar que estas (las críticas) giraron en torno a que el artista, devoto de la realidad, no buscó precisamente el efecto agradable y fácil, sino que, sacrificando tal vez su propio gusto artístico, presentó el personaje de su obra tal como su mente analítica lo concibió en el momento enorme y doloroso de darle a Cuba la ofrenda de su vida”. (5)

En un momento de la entrevista hecha al pintor, este afirma, “de lo sencillo en lo natural se prescinde y se desprecia” (6). Y, justamente, esto fue lo que no hizo Valderrama, ni prescindió ni despreció la sencillez de la naturaleza de Dos Ríos.

Su obra, por ser de reconstrucción histórica, más dictada por el cerebro que por la sensibilidad, fue demasiado verista para los criterios dominantes en la pintura cubana del momento. Esto explica que ni siquiera un crítico poco conservador como Bernardo G. Barros, pasara por alto este aspecto de la pintura, al señalarle “poco horizonte, naturaleza bravía pero mal interpretada en lo que a la perspectiva se refiere y que por ello hace el efecto de un telón cercano —demasiado cercano— a las figuras del drama”. (7)

El cuerpo de Martí impactado, ya sin control de la cabalgadura, debió ser una imagen molesta para una crítica y un público que aspiraba a ver algo más “clásico”, esto es, más idealizado, en correspondencia con el “supuesto” respeto que hacia la imagen del Apóstol debía de tenerse en el primer óleo que abordaba el tema. (Compárese si no, con el estatismo que rige en La muerte de Maceo, de Armando Menocal, cuya composición, dicho sea al paso, es una apropiación del Descendimiento de Cristo, del Tiziano.) A lo que se sumó, cual colofón de los prejuicios dominantes en el género, el tratamiento de la cabeza del Apóstol, y el ademán elegido por el artista para representar el trágico momento. “Cabeza de caja de fósforos”, fue uno de los tantos calificativos que recibió. Mientras Barros definía la mano en el pecho, como una actitud “de ópera lírica” (8).

A simple vista, es evidente que la cabeza de Martí se ve un tanto más grande que lo normal en relación con el cuerpo sedente; pero, a nuestro juicio, ello está dado por el gran formato y el referente elegido por el pintor para su representación. El formato, superior a los dos por dos metros y medio, obligó a Valderrama a darle una dimensión un poco mayor de la que reclamaba la escala, para que resaltara lo que, a todas luces, era el centro visual del cuadro: la frente de un hombre que en versos proféticos había querido morir “de cara al sol”. En cuanto al referente: la única foto de Martí, solo y de cuerpo entero (Jamaica, 1892), se aprecia parecida desproporción. Las otras obras de asunto martiano del autor que siguieron a La muerte de Martí en Dos Ríos, a saber, los retratos para el Palacio Nacional de México y el Liceo de Guanabacoa, ambos de 1945, y el de 1951 (en la actualidad en el Centro de Estudios Martianos de La Habana), también tuvieron por referente la comentada foto. Sólo que, en estos tres últimos retratos, Valderrama representó al Apóstol de medio cuerpo y recontextualizado en ámbitos nada dramáticos: los dos primeros, bajo un palmar; el tercero, al lado de un escritorio.

Por último, es de destacar la omisión del rostro de Ángel de la Guardia, la cual se justifica con su caída del caballo. Es de inferir que Valderrama no poseía testimonio visual alguno sobre el joven mambí, como ya se dijo, muerto poco antes de la investigación que realizara el pintor con vista al proyectado óleo, por lo que este recurso le ahorró cualquier interpretación al respecto, así como el riesgo de faltarle a la verdad histórica que se propuso en relación con el hecho recreado.

Si tenemos presente que por estos años la norma culta de la visualidad de la población cubana y mundial se relacionaba con las obras de la pintura renacentista, barroca y neoclásica, con las de una fotografía en su mayor parte posada y no menos idealizada, y con las imágenes grabadas (xilografías, calcografías, litografías, fotograbados), que, a manera de transcripciones de los modelos brindados por la pintura y la fotografía, eran reproducidas por las publicaciones periódicas y las revistas de arte y literatura, está claro que el lienzo de Valderrama no se aviniera con la cultura visual del momento.

Amén del tema como tal, donde la imagen de Martí —idealizada por el pueblo— nunca se había concebido en postura tan dramática. Téngase presente, además, que hoy día nacemos con un legado visual y audiovisual en demasía enriquecido por el cine, la televisión y el video, en los cuales posturas como la concebida por nuestro artista para representar la muerte de Martí, se dan a diario por decenas, sin que por ello se sienta rechazo alguno, debido a la evolución que ha operado en la sensibilidad de los receptores, como consecuencia de tales condicionamientos mediáticos. Pero a principios del siglo pasado no sucedía así.

Incluso, los filmes silentes que por entonces abordaron la temática del oeste norteamericano —generalmente, considerados los más violentos de la época—, tenían por regla que sus actores, heridos o muertos, cayeran con cierta “elegancia”. Y treinta años atrás, cuando la fotografía experimental captó las primeras imágenes de personas caminando, nadie daba crédito que la planta del pie, en un momento de la marcha, quedara casi de frente, luego de decenas de siglos de representaciones pictóricas donde se plasmaba visto de perfil (Egipto, Mesopotamia) o desde arriba.

Pero si el “verismo” de Valderrama, por llamarlo de alguna forma, le atrajo el ataque de la crítica y de una parte del público conocedor, ese mismo verismo contribuyó a que años más tarde esta obra deviniera emblemática del hecho histórico apuntado. A lo que no menos contribuyó la foto en blanco y negro de la portada de El Fígaro. El valor testimonial de la fotografía, por entonces, en pleno auge, hizo de su imagen criterio último de la verdad.

A falta de un testimonio fotográfico de la caída en combate de Martí, el fotograbado en blanco y negro de la obra de Valderrama, reproducido en periódicos, revistas y libros de texto, terminó por identificarse como la foto del señalado hecho.

Parece que el pintor no llegó a reponerse del ataque o concluyó por darle la razón a la crítica —con criterios estéticos parecidos a los de él—, ya que nunca más abordó el tema de la muerte del Apóstol. A partir de entonces, cada vez que volvió a interpretar el icono, lo hizo como retrato pictórico, género en el que sus contemporáneos siempre lo reconocieron como un virtuoso.

Tan es así, que en un artículo sobre el Salón de Bellas Artes de 1920, aparecido en la revista Social de febrero del mismo año, y que firman varios, se lee: “Valderrama se presenta con Dura Tierra, cuya tela nos parece muy inferior a sus admirables retratos al pastel. A pesar de esto, creemos que Dura Tierra es un paso de avance del artista, si recordamos su infortunada Muerte del Apóstol”. Sin comentarios.

El trabajo de reconstrucción digital aún no ha concluido. Pero lo hecho hasta hoy, permite augurar un feliz término. ¿Quién le iba a decir a Esteban Valderrama, que su obra más vilipendiada fuera la más recordada?

Pero, sobre todo, que ella se empiece a recuperar para la cultura visual cubana a partir de una tecnología que ni en sueños pudo imaginar su conservadora imaginación. Dos buenas paradojas en una, para que La muerte de Martí en Dos Ríos, sea un cuadro para recordar.

 * El presente trabajo es parte de uno mayor correspondiente al libro Martí, comunicador visual, en proceso de edición.

Notas:

 (1) Arturo Carricarte. Ob. cit. lám. 49.

(2) Franco M. Varona. “La génesis de un cuadro notable”, El Fígaro, La Habana, 24 de febrero de 1918, p.240, que se reproduce en este mismo número en la sección Entrevista.

(3) El subrayado es del autor.

(4) Ibíd.

(5) Félix Callejas (Billiken). “Arreglando el mundo”. El Mundo, febrero de 1918.

(6) Franco M. Varona. Ob. cit., p. 241.

(7) Bernardo G. Barros. “Salón de Bellas Artes de 1918”. Revista de Bellas Artes, La Habana, eneromarzo, 1918, p. 12.

(8) Ibíd. En 1945, el pintor Jorge Arche concibió su retrato de Martí, en el que lo representó de guayabera y con la mano en el pecho, presumiblemente, inspirado en el óleo El caballero de la mano en el pecho, de El Greco. Sobre el ademán que le da título a este cuadro, mucho se ha escrito desde su realización en 1578 hasta la fecha. Aquí, sólo recogemos dos versiones: una religiosa y otra profana. La primera lo relaciona con un pasaje de los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola: “Cada vez que caemos en pecado […] llevar la mano al pecho”; la segunda, en cambio, cree ver una personificación de la caballerosidad castellana de su tiempo. Es probable, que el referente primero por el cual Arche llegó a reparar en la citada obra de El Greco, fuera el estudiado cuadro de Valderrama, aun con la crítica adversa que le hizo Barros. (N. del A.)

(Fuente: librinsulaPor Jorge R. Bermúdez*)

 

 

 

MARTI, EL HÉROE

MARTI, EL HÉROE

 

5:33:30 a.m.

Por Mercedes RodrÍguez García 

«La muerte engrandece cuanto se acerca a ella; y jamás vuelven a ser enteramente pequeños los que la han desafiado».

José Martí, Obras completas, tomo XIII, p. 306  

Un verano, empezando el siglo XXI, lloré a Martí. Fue en Santiago de Cuba, un mediodía terrible de luz. Desde hacía ratos ya sentía ganas. No llanto numeroso, apenas un nublarse de los ojos. Desde el lucenario de la tumba más gloriosa de esta Isla, la vida entera del Apóstol cobró escenario en mi cabeza. Tres disparos; dos mortales en el cuello y en el pecho —por donde corren arterias mayores — y en el muslo. Lo vi caer mientras cabalgaba. Terminaba el drama de su vida. A nadie se le da la vida hecha.

La historia se ha contado muchas veces. ¿Cuántos le dispararon? ¿Desde dónde? ¿Cayó con vida? ¿Fue rematado? ¿Suicidio? Abundan las versiones. En un final su muerte fue divina, celeste, encandilada. Tal vez apetecida. De cualquier modo, muerte indócil, muerte osada. En Dos Ríos, ya se sabe.

VALOR MARTIANO

«Quienes fundan una teoría suicida solo piensan en vituperarlo», me respondió en 1978, Raúl García Martí, uno de los 18 sobrinos de nuestro Héroe Nacional, hijo de Rita Amelia, la quinta hermana del Apóstol, único descendiente directo residente en Cuba por aquel entonces, y autor del libro Biografía familiar de José Martí.

«Yo me adhiero a lo que contó Máximo Gómez en su diario. Él estuvo a su lado hasta poco antes de su caída. […]  Enrique Collazo, quien termina embarcándose con mi tío hacia Quisqueya, fue muy injurioso al tildarlo de Capitán Araña, y decirle que al volver a encenderse la guerra, continuaría predicando la acción, pero sin ir al combate. Ahí está la respuesta a esa misiva, que le llegó como una daga en su exilio neoyorquino, cuando ya había logrado unificar los distintos clubes y estaba a punto de fundar el Partido Revolucionario Cubano».

Y citó de casi de memoria, con intrascendentes pausas hilvanadoras la respuesta dada por José Martí: «Creo, señor Collazo, que he dado a mi tierra, desde que conocí la dulzura de su amor, cuanto hombre puede dar. Creo que he puesto a sus pies muchas veces fortuna y honores. Creo que ya no me falta, el valor necesario para morir en su defensa».

CONJETURAS

Por decir, se ha dicho y conjeturado bastante durante todo un siglo, incluso, que Martí pudo haber sido rescatado y salvado; que su caballo se desbocó y se lanzó hacia los españoles; que Martí cabalgó deliberadamente hacia las tropas enemigas para hacerse matar «de cara al sol», como él mismo lo había vaticinado; que por qué creerle a Gómez cuyas relaciones con el Delegado estuvieron bastante tensas, antes y después de entrar en la manigua…

Y no hablemos de los abundante artículos plagados de retórica literaria y fraseología sentimental, entorno a un hombre que nada tiene de incomprensible si se le estudia y proyecta en su tiempo, sin extrapolaciones ni descontextualizaciones, como sucede y ha sucedido; sin sobreponer el dato privado e insustancial a la órbita biográfica, independientemente de que la apreciación de un hecho o experiencia cualquiera dependerá siempre del punto de vista del que ve y juzga.

NO HAY UNA SOLA VERDAD

«A caballo y con el sol en la frente» se titula el libro donde el Dr. Rolando Rodríguez García explica, con detalles, la caída en combate de José Martí y reproduce los documentos que el Apóstol llevaba encima cuando fue abatido. (Editorial Capiro, Santa Clara, 2013)

El abogado, filósofo e historiador villaclareño (Santa Clara, 1940, Hijo Ilustre de esta ciudad, tiene fama de  imparcial y de decir la verdad, aunque para él, incansable rastreador de archivos en Cuba y otros lugares del mundo, «nunca hay una sola verdad», y esa idea «debería estar ya superada», como también, la de «imparcialidad y despolitización». Eso sí, ha afirmado: «Jamás digo algo que sea de mi invención; siempre tiene que haber una base, algo en lo que pueda apoyarme, un documento o un testimonio, pero todo lo que digo tengo que poder demostrarlo».

MARTI, FIDEL Y ROLANDO

Urgida por incertidumbres particulares, más que otras planteadas por estudiosos de la obra martiana, incluyendo la de quienes ponderan —por encima de toda emoción— al estratega General en Jefe de las tropas revolucionarias cubanas en la Guerra del 95, Máximo Gómez Báez, contacto vía telefónica con el Premio Nacional de Ciencias Sociales, 2007 y de Historia 2008. La llamada se cortó, pero en su móvil quedó mi número. A la media hora me localizó.

—Tengo enfrente su libro  «A caballo y con…», que me ha servido para aclarar muchas dudas sobre la muerte del Apóstol, algunas mías y otras de la historia. ¿Me autoriza Ud. a responderlas en forma de entrevista? ¿Alguna nueva investigación que pueda variar lo planteado o asumido al respecto? ¿Incertidumbres que no haya podido despejar aún?

—Todo se mantiene, la única duda que me queda es sobre cómo iba vestido nuestro Héroe Nacional, y que Gómez describe «de saco negro, pantalón claro, sombrero negro de castor y borceguíes negros», en lugar del sombrero de paja y la chamarra de dril ruso que llevara por aquellos días y describe el propio Martí.

—Bueno, eso sería un pormenor menor, le digo en un rejuego de palabras tratando de aliviar la presión que, contra el cierre de la edición, nos asalta a los periodistas.

—No le resto importancia, pero sabrás que esa duda se la plantee en una oportunidad al Comandante en Jefe, y con esa mirada pícara que él tiene me respondió: «A lo mejor, con lo limpio y escrupuloso que era, Martí mandó a lavar la ropa de tantos días…» Y no deja de tener razón, es una posibilidad.

CON EL SOL EN LA FRENTE

En el capitulo III del mencionado texto, el profesor titular de Historia de Cuba de la Universidad de La Habana, miembro de número de la Academia de la Historia de Cuba, fiel a los documentos consultados escribe: por fin, el 19.  Gómez retornó al campamento. Apareció en el lugar tarde en la mañana. […] El encuentro derivó en un pase de revista a las tropas agrupadas en el lugar […] desde su cabalgadura, habló Martí, quien dijo: por Cuba estaba dispuesto a dejarse clavar en la cruz. Con la Revolución triunfará la verdadera república y el decoro del hombre. Con la Revolución —aseguró  Martí— «triunfará la verdadera república y el decoro del hombre.

La Revolución triunfará por la abnegación y el valor de Cuba, por su capacidad de sacrificio y decoro de modo que el sacrificio no parezca inútil, ni el decoro de un solo cubano quede lastimado. La Revolución trabaja para la República fraternal del porvenir. Sobre las filas heroicas la bandera de Cuba abatirá al opresor».

—Combate «rudo y mal preparado», escribió Gómez sobre Dos Ríos.

—… Quien también instruyó al Apóstol que volviera a la retaguardia, porque aquel no era su lugar. Bien sabía que su compañero, rebosante de voluntad de lucha, no era uno de aquellos centauros capaz de batir al enemigo con tajos poderosos de su machete o disparar el Remington de manera certera desde la montura de su cabalgadura.

—Pero no creo radicara solo en esto la preocupación del Generalísimo.

—Claro, había algo mucho más determinante: el valor trascendente para la revolución de aquella vida que, de hecho, tenía confiada y que, por tanto, debía preservar a toda costa, pero no lo hizo, lo dejó solo. Debió hacerlo acompañar de 20 hombres.

—No era Martí hombre que por temperamento aceptara, como usted bien escribe, tal determinación, viniera de quien viniera.

—¿Acaso en Santo Domingo, cuando quisieron impedirle que se incorporara al campo de batalla, no había demostrado su decisión de enfrentar sobre el terreno el lance bélico y, en La Mejorana, cuando le plantearon que su puesto estaba en el exterior, no anunció que no abandonaría la manigua sin antes haber presenciado uno o dos combates? ¿Y, acaso, venir a Cuba no era participar en la lucha? ¿Acaso presenciar refriegas bélicas no excluía la posibilidad de quedarse en el campamento, de estar lejos del mosconeo de las balas?

A CABALLO


—Ya Ud. lo ha dicho,  señalarle  a Martí que estuviera ausente del peligro, resultaba exigirle en demasía a aquel hombre de nervio entero.

—En realidad, todo sugiere que Martí, después de la indicación imperativa de Gómez de que retrocediera, no se marchó del lugar. Seguramente, mientras se producía el primer choque contra la avanzada española, debió quedar a la derecha de la ruta que tomaba curso paralelo al Contramaestre, y a menos de 150 metros de la margen del río. A su izquierda, hacia el centro del lance bélico y batido por la defensa española, bregaba Gómez con sus fuerzas.

«Posiblemente, Martí merodeó por el entorno en busca de la manera de aproximarse al escenario inmediato de lucha. Hasta que al fin, y sin que nadie se percatara, acompañado de Ángel de la Guardia, de quien se dice pasó a su lado después de cumplir una misión encomendada por Masó, y al que invitó a marchar con él a la carga, en arranque ardoroso se lanzó al galope en pos del olor a pólvora y el zumbido de los plomos.

—Sin duda, un blanco magnífico.

«Estaban a unos 50 metros a la derecha y delante del general en jefe de las armas cubanas cuando, sin saberlo, presentaron un blanco excelente a la avanzada española, que estaba envuelta por los yerbazales del campo de batalla. En la mano Martí solo llevaba, aquel mediodía, su revólver colt con empuñadura de chapas de nácar, regalo de Panchito Gómez Toro. Al pasar entre un dagame seco y un fustete corpulento caído, los disparos de los emboscados dieron en el cuerpo del Maestro. La luz cenital lo bañó, soltó las bridas del corcel, y su cuerpo aflojado fue a yacer sobre la amada tierra cubana. Había acontecido la catástrofe de dos Ríos.

—¿Cree que todavía tenía vida?

—No, dos de los disparos fueron mortales. Su arrojo lo conduce a una situación en el campo de batalla donde la intensidad del combate es superior y, por tanto, las probabilidades de ser impactado por los proyectiles enemigos es mayor. Trágicamente Martí fue la única baja cubana en ese momento.

—Y ¿no disparó Martí ni una sola vez su revólver?

—De su revólver, atado al cuello por un cordón, no faltaba ni un cartucho.

¿Y de Baconao, su caballo? Gómez hizo residir la causa del arranque de Martí en «su valor temerario y la fogosidad de su caballo».

—En cuanto a la fogosidad del caballo, aunque no debe ser la razón del avance impetuoso, resulta de interés conocer numerosos testimonios que reiteran el carácter brioso e incontrolable del corcel.

Si bien algunos aseguran que la bestia procedía de las ocupadas a las fuerzas del coronel Copello, en Jobito, otra versión afirma que procedía de una recría de la zona de Guantánamo, y el año anterior, un primitivo comprador del caballo lo había devuelto a su propietario, «porque padecía el mal de asustarse y desbocarse».Este propietario se incorporó después a las huestes mambisas con sus corceles.

—¿Pero no creo que Martí fuera un experto jinete?

—Si bien Martí no era un jinete consumado tampoco era un inexperto. Desde su niñez había galopado y, de nuevo, durante sus viajes, lo había hecho muchas veces. Además, sobre todo, hay que pensar que de habérsele desbocado el caballo hubiese llegado antes a las filas españolas y, en efecto,  por los disparos recibidos por Martí y por el corcel de Ángel de la Guardia, se evidencia que Martí  marchaba delante y detrás Ángel de la Guardia. 

—¿Qué fue de Baconao?, alguien me dijo que lo habían embalsamado?

—A Baconao, una bala le hirió en el vientre y le salió por el anca. Sobrevivió y Gómez ordenó soltarlo en la finca Sabanilla, con la prohibición expresa de que nadie más lo montara. Era un tributo de respeto y cariño hacia Martí. Gómez lo mando buscar para su entrada en La Habana.

SIN UTOPÍAS

—¿Qué piensa de un posible suicidio de Martí?

—Hablar de la búsqueda deliberada de la muerte por parte de José Martí solo evidencia desconocimiento de su carácter, afiliarse a esa tesis únicamente puede conducir a pensar que lo suyo —y lo de todo revolucionario auténtico— consistía en utopías y que en él todo emergía de una veta romántica. Después de la acción de Dos Ríos solo quedaría un arrebato hijo de la frustración, de la obcecación, de la desilusión, porque lo hacían salir de la manigua. Se desconocería u olvidaría que Martí era un político depurado que sabía de litigios, ataques injustos y hasta de humillaciones, sin que esto lo condujera nunca a depresiones: por la sencilla razón de que no podía permitírselas.

—De hecho, nunca se le vio flaquear.

—Fue un luchador que se enfrentó, sin lirismo alguno, con temple y nervio, a la adversidad y cuando se impuso la tarea de independizar a Cuba, sabía que su ruta se repletaría más de zarzas que de flores.

— Existen unos croquis del coronel  Ximénez de Sandoval sobre la defensa del campamento, el combate y la retirada…

—En uno se aprecia con una línea de pequeñas cruces, a la orilla del bosque y frente a la 2ª compañía del batallón 2° Peninsular, lo que debió ser la cerca de cuatro hilos. Y, también, entre esta y la compañía, tres pequeños rectángulos a la izquierda, sobre el camino y a la derecha cerca del bosque, que representan las avanzadas. La dislocada sobre el camino, debe ser la macheteada por Gómez y la situada más a la izquierda, cercana a la margen del Contramaestre, la que disparó contra Martí. Resulta muy probable que este haya avanzado paralelamente al camino y en la inmediatez de la sección española.

—¿Y entonces?

—Entonces, se escuchó la desflagración de unas armas que todavía resuenan en la historia de Cuba, y el Apóstol cayó.

—Terminaba el drama de su vida. ¿Ha llorado usted a Martí?

—Sí, cuando encontré en el archivo militar de Madrid las cartas que recibió. Entonces sentí que se me aguaban los ojos.