miércoles, 30 de septiembre de 2020
9:45:10 pm 

La familia dijo que su muerte se produce por "razones propias de la edad y derivaciones de su salud de este último tiempo". 

El dibujante argentino Joaquín Salvador Lavado, conocido como "Quino" y popular por ser el creador de Mafalda, falleció este miércoles en Mendoza, su ciudad natal, a los 88 años, confirmaron fuentes del entorno del autor.

Hijo de españoles y poseedor de galardones como el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades y la Medalla de la Orden y las Letras de Francia, Quino desarrolló las aventuras de su personaje más popular entre 1964 a 1973, aunque las historias de la icónica niña se han replicado en todo el mundo hasta la actualidad.

Desde hace unos años, el autor, que se había mudado a Mendoza desde Buenos Aires a finales de 2017, tras quedarse viudo, sufría problemas de salud y se trasladaba en silla de ruedas, aunque siguió asistiendo a diversos homenajes a su obra. 

Presidente de Argentina despide a Quino

El presidente argentino, Alberto Fernández, se unió hoy a los múltiples mensajes de dolor por la muerte del gran dibujante Joaquín Lavado, conocido mundialmente como Quino, a quien consideró uno de los más grandes de la historia cultural de este país.


“Se nos fue Quino, uno de los artistas más grandes de la historia de nuestro país. Nos hizo reír, nos hizo pensar y nos convocó siempre a reflexionar sobre la Argentina, con la que estuvo comprometido como pocos. Hasta siempre, maestro”, subrayó el mandatario en un emotivo mensaje difundido en Twitter.

En Argentina todos lloran al padre de Mafalda y también del otro lado del atlántico, donde el maestro de las viñetas dejó profundas huellas.


El ministro de Cultura, Tristán Bauer, también expresó a la radio de la agencia Télam su conmoción por la pérdida de un hombre al que calificó de excepcional, con una obra que recorre toda la vida de los argentinos.

Cuántas generaciones marcadas por Mafalda y sus personajes y su particular mirada hacia el mundo. Quino fue una persona valorada en el mundo entero, respetada, admirada, con ese candor humano tan particular que tenía. Son de esos esenciales que se van pero que quedan para siempre, señaló Bauer.


Muestras de cariño y amor se sienten en diversos portales de internet, mientras la televisión, los medios de prensa y la radio rememoran toda la trayectoria de uno de los más importantes artistas nacidos en esta tierra austral, quien con su pincel agudo y sin cortapisas legó para siempre profundas reflexiones que permanecen hoy más vigentes que nunca a través de su niña traviesa.

 

 

“Yo le tengo mucho cariño a Mafalda por todo lo que me ha dado, la alegría que me ha dado, el reconocimiento de la gente, todo, pero a los demás personajes míos aunque aparecían nada más que un día, una semana nada más, les tengo el mismo cariño”, dijo en una de sus varias entrevistas el destacado creador. 

Mafalda o la vocera de las mayorías

Por Jorge R. Bermúdez, ensayista, poeta y crítico de arte 

Un día después de celebrar el ámbito gráfico latinoamericano el 56 aniversario de la aparición de Mafalda, el 29 de septiembre de 1964, el mundo conoció del fallecimiento de su autor, el humorista y caricaturista Joaquín Salvador Lavado, internacionalmente conocido con el seudónimo profesional de Quino. El gran artista gráfico contaba al morir ochenta y ocho años. 


Nacido en Mendoza, Argentina, de padre andaluz ―tenía que ser― y republicano, Quino estudió Bellas Artes, carrera que abandonó para dedicarse por entero al humor gráfico. Su obra maestra, la niña Mafalda, en un principio fue concebida para promocionar un producto comercial. Y como no hay mal que por bien no venga, al no ser aprobado el personajillo, devino el personaje infantil más notorio de los sesenta y setenta en Latinoamérica y el mundo.


De hecho, la celebridad de Mafalda, a nuestro entender, responde a dos hechos esenciales: el contexto sociopolítico de una América Latina que se ponía de pie frente a la injusticia social y las tiranías nacionales apañadas por el imperialismo, y ser un personaje infantil para un público adulto, por más señas, inteligente y progresista.

Con su enorme frente poblada por un cerquillo igual de enorme, la muy “petisa” se convirtió pronto en la conciencia crítica de su pueblo. Nada le fue ajeno, excepto el desinterés. A los globos de su decir, el lector iba de inmediato en busca de la respuesta precisa e inesperada, a veces, entre irónica y contestaría, que le hiciera airear su espíritu e inteligencia con una sonrisa o carcajada. Ella fue la voz de la clase media de nuestros pueblos, así como de su estudiantado y juventud más radical. Con su gordito rostro de “yo no fui”, no se le escapaba una. Su manera de reflexionar y responder a las complejas situaciones que el diario acontecer de su pueblo y el mundo le imponían a su cuasi condición de “vocera” de las mayorías, finalmente, le granjearon la simpatía internacional.

Esto explica que Mafalda se llegara a publicar en más de treinta idiomas. No es casual, que Umberto Eco, al prologar su publicación en Italia, confesara “amarla muchísimo”.  A fin de cuentas, quién con más razón que ella, para meterse su dedito índice en la boca, en claro gesto de preocupación ante una esfera del globo terráqueo, en cuya cartela aún se lee: “¡Cuidado! ¡Irresponsables trabajando!”.

Quino, Morir es seguir viaje, escribió nuestro José Martí. ¡Mafalda vive! ¡Se queda con nosotros!

(Fuentes: prensalatina/cubaperiodistas)