20201007085521-lateclaconcafe-larramendi-eusebio.jpg

 

miércoles, 07 de octubre de 2020
2:57:33 am

A Eusebio Leal Spengler no le gustaban las cámaras, le costaba posar para ellas; pero eso no impedía regalarles una foto a sus admiradores o tener entre sus amigos y colaboradores a un equipo de excelentes fotógrafos. Entre ellos, el artista Julio Larramendi, quien es considerado entre los 100 mejores fotógrafos cubanos del siglo XX, según la Revista Cuba-Foto.

En esta entrevista de la joven colega Rachell Cowan Canino, nos acercamos a Larramendi, quien nos habla de su relación con el Doctor Leal, y de las múltiples oportunidades que tuvo para plasmar en una imagen la esencia del eterno novio de La Habana.

 

¿Qué significó para usted fotografiar a Eusebio durante muchos años? 

—Conocí a Leal en la época en que empujando una carretilla llena de escombros se empeñaba en la restauración del Palacio de los Capitanes Generales. Un Leal jovencísimo y con una vitalidad extraodinaria. Lo que entonces más me sorprendió, fue el respeto con que le trataban los Maestros alarifes, carpinteros, yeseros y todos los que él había convocado para utilizar las técnicas constructivas originales. Todos eran mucho mayores que él, pero lo reconocían como el líder del proyecto.

"De igual forma, se había rodeado de un grupo de jóvenes que creyeron en su sueño y siguieron su ejemplo. Desde entonces y hasta las últimas fotografías que le tomé durante la visita de los Reyes de España, en ese mismo lugar que él reconstruyó literalmente con sus manos y convirtió en el Museo de la Ciudad, tuve la enorme fortuna de estar presente y poder dejar constancia de algunos de esos momentos". 

 

—¿Cuáles fueron los momentos más importantes que pudo compartir con él?

 —Compartir con Leal siempre fue un placer y una enseñanza, en un acto público o conversando en la calle con alguien del pueblo. A todos trataba con respeto y prestaba atención a inquietudes de los pobladores, explicando causas, limitaciones, sin promesas vanas, siempre con la verdad. Y lo interesante es que todos quedaban satisfechos con la respuesta, sabiendo que, cuando fuera posible, se resolvería su problema.

"También lo vi y escuché dar una refriega por un problema no resuelto. Entonces, las pocas palabras ríspidas, pero sobre todo, la actitud, auguraban una solución inmediata. Y una lección inolvidable para el receptor. En los actos públicos su oratoria era contundente y, lo confieso, varias veces me sacó las lágrimas.

“Recuerdo, en particular, en una Feria del Libro en La Cabaña, cuando habló de la comida cubana de cada región, como algo a mostrar al turismo; o el discurso en la celebración del 500 aniversario de Baracoa. Leal te hacía sentir orgulloso de ser cubano. Tuve el honor increíble de que escribiera el prólogo a varios de nuestros libros y hacer su presentación, así como textos para catálogos de exposiciones e inaugurar algunas de esas muestras fotográficas”. 

—¿Qué fotografía suya sobre Leal considera la más fiel a las cualidades del Historiador?

—Primero, debo aclarar que no me considero “su fotógrafo”. Algunos excelentes colegas como Néstor Martí y Alexis Rodríguez, estuvieron más cerca y de forma sistemática. Ellos tomaron imágenes increíblemente hermosas de Leal y estoy seguro que en algún momento próximo se publicará un libro donde aparezcan esas fotografías.

“En mi caso, algunas instantáneas que le tomé reflejan su relación con jóvenes y niños, visitas de amigos y estudiantes de Estados Unidos, a quienes atendía con cordialidad y, finalmente, en los últimos meses de su vida, en actividades como el homenaje que le realizó la Academia Cubana de la Historia en el Aula Magna de San Gerónimo, la presentación de la campaña publicitaria por el 500 aniversario de la fundación de La Habana, realizada en el antiguo Convento de Santa Clara y, por último, las ya mencionadas visita de los Reyes de España, en el Museo de la Ciudad.

  

 “Sin embargo, a mi juicio la que mejor refleja su personalidad es aquella, tomada durante la entrega de los Premios Nacionales de Conservación y Restauración, en el 2015, en el Teatro Martí. Como un reconocimiento a su obra, el Ministerio de Cultura decidió entregarle una bandera cubana. La fotografía recoge el momento único en que, con un gesto íntimo, besa ese símbolo de la Patria. Fue muy rápido y tuve la enorme suerte de poder captarlo. Técnicamente no es una buena fotografía, pues la iluminación no era la mejor, estaba bastante lejos del escenario y es un recorte de la imagen original, donde aparecen muchas más personas. Para mí, ese es Eusebio Leal: un humilde y fiel servidor a la Patria”.

—Pudiera decirnos cuáles son los aspectos teóricos a tener en cuenta para fotografiar personalidades.

—El retrato es uno de los géneros fotográficos que mayores retos presenta, sobre todo, fuera de un estudio. Primero, porque intentas captar el carácter, la personalidad del fotografiado, al menos en ese momento, y dispones de muy poco tiempo para tomar la imagen; segundo, porque no puedes tener control del entorno y las luces y; tercero y quizás lo más dificil, tienes que adaptarte a lo que está sucediendo.

“En el caso de Leal, no era dado a ‘posar’ para los fotógrafos y su forma de hablar, lleno de pasión, hacía que su rostro y hasta el cuerpo, vibraran con su discurso, lo que hacía más difícil tomar una buena foto. El conocer al ‘sujeto’ te permite predecir cuál es el momento preciso. Por supuesto, debes estar técnicamente preparado para ese instante, quizás único”.

—¿Cómo valora la colaboración con la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana (OHCH) y, en su momento, con el propio Eusebio?

—La colaboración con la Oficina del Historiador de La Habana comenzó hace muchos años, cuando junto con Alberto Masvidal, ese excelente artista, Premio Nacional de Diseño, hacíamos las primeras campañas publicitarias de Habaguanex y de la misma OHCH. De allí salieron plegables de hoteles y restaurantes, calendarios, carteles y otros medios.

Algunas fotos mías aparecen en los primeros tomos de los extraordinarios volúmenes Para no olvidar y, más cerca en el tiempo, he colaborado en varias obras de la Editorial Boloña, con la cual también hemos realizado coediciones con Ediciones Polymita.

“En el año 2003 con su aprobación, la gerencia del Hostal Conde de Villanueva me entregó el espacio del patio central, donde hasta hoy funciona una Galería de Arte, un espacio para exposiciones, fundamentalmente fotográficas, y que ha sido testigo de inauguraciones con la presencia de Eusebio. Por último, recuerdo su texto para mi primer catálogo, hace muchos años. Aquellas palabras me llenaron de emoción y sirvieron de acicate y guía. Su obra inagotable, su ejemplo de constancia y entrega me impusieron compromiso y deber”.

(Fuente: HR/Rachell Cowan Canino)