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18 de diciembre de 2016
8:27:59 a.m.
 

“A mí me interesaba mucho que esta película iniciara en Cuba”, dijo Lester Hamlet en el Pabellón Cuba, mientras respondía una pregunta de la periodista Magda Resik, en ocasión de la 38 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. A pesar de los éxitos obtenidos en películas anteriores, Ya no es antes yacía desde hace mucho en los anhelos del cineasta. 

“A pesar de ser la más joven —es más vieja que Casa Vieja Fábula—, llevo siete años intentándola; siete años para que me dijeran ese «sí», para finalmente iniciar la película. Ya me la sabía de memoria, sabía cómo quería el set. Era la película que quería hacer, pero nunca me imaginé la espiritualidad que le iban a impregnar los actores”, confiesa el realizador.

  

Un filme con Isabel Santos y Luis Alberto García atrae público de todas las generaciones. De jóvenes, fueron la pareja rebelde y clandestina, separada por la dictadura en aquellos días de gran épica revolucionaria que volteó al país. Esta vez, representan un amor quebrado, pero no muerto, por los conflictos y contradicciones típicos de la sociedad contemporánea cubana. Un amor signado por la emigración.

A decir de Lester Hamlet —cuando la periodista Magda Resik le inquiere sobre la emigración como una constante en su obra, así como la vida de los cubanos—: “La insularidad marca la posibilidad de la partida. Algunos podrán decir: «de nuevo con eso», y no es que vuelva a eso, es de lo que estoy hecho, y como cineasta me gusta hablar de lo que sé.

“Esta película lucha por pensar que cualquier tiempo futuro puede ser mejor o, al menos, mejor que el presente. Habla de la capacidad que tenemos para darnos un abrazo de bienvenida. Las divisiones familiares causadas por la emigración ya han variado un poco, pero todavía marcan la vida de los cubanos.

 “Lo que más nos distingue nos es el lugar donde nacimos, sino nuestra manera de sentir las cosas, la forma en que nuestro cerebro y nuestro corazón nos ofrecen una visión de lo que nos rodea”.

Por eso, ahí donde muchos podrían argüir que su obra es cliché, o demasiado “sentimentaloide”, Hamlet devuelve autenticidad y esperanza, la autenticidad de una lista de tópicos que no son los únicos en nuestra agenda, pero sí nos han distinguido durante más de medio siglo.

 “Los que ya vieron alguna de mis películas saben que soy un romántico”, afirma el cineasta.

En este sentido Luis Alberto e Isabel vuelven a punzar el alma de Cuba, ahora en un contexto más abierto y dinámico que décadas anteriores, con un amor que puede ser también el de cientos de cubanos dentro y fuera de la Isla, en cualquier lugar del mundo.

“Ellos llenaron la película de vidas que conocían, en el caso de Luis Alberto, se inspiró en él mismo. A mí me emocionó mucho cuando dijo en el estreno que esta película se la dedicaba a sus hijas, pues ellas sirvieron de inspiración para muchas de las actuaciones. Él solicitó tener en el set una foto con ellas que pudiese observar.

“No hicimos grandes ensayos, ni trabajo de mesa, los protagonistas tuvieron el guion seis días antes de que empezáramos a filmar. Yo me sabía la película, pero el encanto que tuvo para mí como director fue descubrirla de nuevo a través de los actores. Recuerdo un momento en que me acerco a Isabel para preguntarle si ella entiende una escena, y respondió: «yo entiendo perfectamente, tú tranquilo»”, confiesa Hamlet.

A diferencia de las primeras realizaciones del cineasta, Ya no es antes, está realizada con los mínimos recursos posibles. Una locación, dos personajes, y el reto de mantener al público emocionado hasta el final. En este sentido, el filme, para el director de Casa Vieja, representa, valga la redundancia “un antes y un después”.

“Uno está frente a esos personajes durante 92 minutos sin aparente truco, lo cual es muy difícil debido al sostenimiento de la atención. Un mal peinado, un mal maquillaje, podían arruinar todo el filme, así que tuvimos que estar muy pendientes de la continuidad dramática de los personajes.

“Es realmente un logro de la dirección de arte y de la dirección de fotografía, Raúl Pérez Ureta hizo que aquel entorno cerrado se convirtiese en una locación nueva cada noche. La música de Harold López-Nussa tuvo, además, un papel importantísimo en la cinta.

“No tengo hijos, pero con las películas, me sucede lo mismo que a los padres, se quedan temerosos cuando los hijos crecen y se le van. Las películas son mis hijos, y siempre estoy muy temeroso cuando salen finalmente al público”, señala Hamlet.

En el horizonte del cineasta está ahora una biografía sobre Bola de Nieve, pero cualquier otro filme que venga, lo asumirá un Lester Hamlet diferente.

Ya no es antes significa un antes y un después para mí. Me permitió evitar recursos externos. Me ha devuelto la confianza en los intérpretes. Me ha demostrado la importancia del guion. Este filme me ha permitido ir a lo esencial. Hay muchos estados de ánimo que yo pretendía recorrer de la mano de los espectadores y estoy muy feliz porque creo que eso se logró”, concluye.

(Fuente: HR/Magda Resik)