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8:21:23 a.m.

Por Mercedes Rodríguez García

Enero de 1960. En el entorno de la Reforma Agraria, Fidel y un grupo de intelectuales de diferentes nacionalidades recorren la isla. ¿Cómo entender tanta eclosión a solo un año del triunfo, la magnitud del cambio, el entierro del determinismo geográfico, el parto del dirigente más atrayente y locuaz de la época contemporánea? (Foto: Fidel, Sartre, Simone y Celia Sánchez, en la Ciénaga de Zapata. Aparece sentado y armado, como parte de la escolta, el traductor y escritor cubano, Juan Arocha, ya fallecido. Archivo personal de Enrique Ubieta Gómez).

El viaje dura varias semanas. Fidel quiere mostrarles a los invitados la compleja realidad humana, social, económica y política de la Cuba revolucionaria, ya amenazada y calumniada por la contrarrevolución y la política anticomunista del presidente norteamericano Eisenhower.

Por Corralillo se adentran en Las Villas. Cruzan el central Australia y avanzan por el terraplén hacia el sur. En cada parada la gente se aglomera, le solicitan a Fidel más tierras, tractores, subsidios, escuelas. Las demandas sobrepasan la capacidad del Estado para compensarlas. La revolución había despertado las necesidades latentes desde mucho tiempo antes, pero no disponía de recursos para calmar tanto apetito.

PREGUNTAS EN LA LAGUNA

Lisandro Otero  —el periodista que los acompaña— refiere en su libro «Cuba Z.D.A: Zona de Desarrollo Agrario» una pregunta que al respecto le hiciera a Fidel, el filósofo, novelista y activista político francés, Jean-Paul Sartr , a quien acompaña su esposa, la también escritora, Simone de Beauvoir. El histórico encuentro tiene lugar en la Laguna del Tesoro.

—¿Y si le pidieran la luna?

Fidel mira por la ventana abierta hacia la neblina en el estanque y responde: «Si me pidieran la luna es que estaban necesitándola y habría que dársela. Todo lo que piden, sea lo que sea, tienen derecho a obtenerlo».

El famoso intelectual no desaprovecha la oportunidad y pasa a un tema difícil. Luego de un preámbulo en el que cita a Robespierre, Saint Just, Maquiavelo, Trotski,  se refiere a la violencia como recurso  para mantener el poder cuando este comienza a debilitarse, fenómeno que se produce en algunas revoluciones ante el temor, el hambre y la desconfianza, situación que podía darse en entonces como consecuencia de las acciones contrarrevolucionarias y de la propaganda manipuladora sobre opinión pública.

—¿Cómo podía evitarse en Cuba?

Fidel le refiere su rechazo a los procedimientos coactivos y su fe en los persuasivos: «La mejor manera de entenderse con el pueblo es usando la razón y la lógica».

Tal vez por eso lo extenso de sus discursos. Fidel confiaba en un aumento de la cultura popular de modo que, con el cursar de los años, crecería  la capacidad de comprensión de las masas y se lograrían mejores resultados de los objetivos planteados por  la Revolución sin recurrir a imposiciones, dilucida Lisandro.

Finalmente Sartre indaga sobre la probabilidad de una agresión y los diversos aspectos que esta pudiera adoptar. Fidel le expone las posibilidades y las medidas que se han estudiado.

«La voluntad de resistir es nuestra mejor arma», afirma, no sin lamentarse «por la amargura que le invade al ver tantas casas, obras, proyectos, y pensar que pudieran ser bombardeados, que pudieran ser destruidos». Y reitera: «Puede usted tener la seguridad, señor Sartre, que nuestra resistencia contra una agresión será total y a muerte».

El 31de diciembre de ese año, Fidel declaró la movilización general de la Milicia Nacional Revolucionaria y el Ejército Rebelde. Duró 20 días. Se prepararon miles de kilómetros de trincheras. En su pensamiento estratégico tenía la certeza de lo inevitable y preparaba al país para la defensa. Había mucha acción enemiga contra Cuba: infiltraciones de espías y armas, actividades diplomáticas en todos los sentidos.

LA GRAN VERDAD

A más de medio siglo de los hechos, la justicia norteamericana continúa dirimiendo la posibilidad de dar a conocer todos los detalles de la participación de la CIA en la conspiración anticubana, y en cuyas manos —se sabe—  radicó toda la actividad contrarrevolucionaria, interna y externa, anterior y posterior a la invasión por Playa Larga y Playa Girón.  

Pero no hace falta ninguna historia oficial para que una verdad

 —absoluta y gigantesca— despeñe posibles verdades —pírricas y relativas— sostenidas sobre una pirámide de ideas tendenciosas con la intención de justificar lo injustificable. Esa verdad es ya historia: la invasión resultó un rotundo fracaso, el mayor  fiasco militar y político de EE.UU en el siglo XX.

Los integrantes de la Brigada 2506 abandonan la flotilla y ocupan las lanchas que los conducirán hasta Playa Girón. Detrás de ellos, y en cantidades considerables, tanques, camiones, ametralladoras, morteros, cañones sin retroceso, cohetes aire-tierra, bazucas, lanzallamas, fusiles, carabinas, explosivos, equipos de comunicaciones, municiones,  combustible, remolques… 

«La Operación Pluto, el proyecto más poderoso jamás organizado por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos en estrecha colaboración y con la aprobación del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, estaba en marcha. 

Un ejército de exiliados con marina y fuerza área había sido reclutado, entrenado y equipado; organizado un frente político, y encontrada una justificación teórica para liquidar a la Revolución Cubana, sin develar detrás la mano del poderoso y prepotente imperialismo yanqui. 

Nada quedó al azar Todo lo que tenía que hacer la Brigada 2506 era ocupar una cabeza de playa y sostenerla. «Los hombres llevaban un buen suministro», diría más tarde el general Maxwell Taylor, al analizar las causas de la derrota.

¿QUÉ FALLÓ?

A estas alturas, nadie lo pone en duda. La respuesta la ofrece el general de división (r) José Ramón Fernández  en el prólogo de la obra «Girón. La batalla inevitable», del escritor Juan Carlos Rodríguez « […] la población cubana vivía en total clímax revolucionario y mantenía una incuestionable cohesión de ideas políticas con Fidel (…) Para los cubanos se trataba de enfrentar, rechazar y derrotar una invasión extranjera. Y existe una fuerza más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad de los hombres». 

Para «El Gallego», Fernández,  Girón significó mostrar mediante decisiones prácticas, su compromiso con la defensa de la Revolución, como manifestara en marzo de 2001, durante la Conferencia Científico Académica: Girón 40 años después. 

«Fidel y Raúl, (…) siempre estuvieron convencidos de que seríamos invadidos, por ello debíamos prepararnos para luchar con convicciones, conocimientos y fusiles. La conciencia y el convencimiento de que defendían la más justa de las causas para el pueblo de Cuba, motivaba el sólido espíritu combativo».

Bajo su dirección se creó la Escuela de Responsables de Milicias. El primer curso comenzó el 7 de octubre de 1960. De ella salieron los batallones que combatieron en Girón. Él mismo comandó una de las agrupaciones principales en la lucha contra el desembarco mercenario, hasta tomar Girón el día 19 de abril de 1961.

En entrevista publicada on line en el sitio web Cubadefensa, el 6 de agosto de 2015, el Héroe de la República de Cuba, reconoce «la victoria, las posibilidades, los éxitos «a la existencia de Fidel, por encender la chispa, y al camino único tomado bajo la dirección de Raúl. Sin la vocación de orden y disciplina del General de Ejército, su carácter amable, cortés, chistoso, comprensivo, vocación para el adiestramiento de cuadros, y su poder como negociador hábil, discreto y valiente, hoy no habría Revolución exitosa».

LECCIÓN PERMANENTE

La victoria, pero también el dramatismo y la heroicidad del enfrentamiento militar, la batalla en sí para ocupar Playa Larga y Playa Girón, las acciones de neutralización de los planes de la Agencia Central de Inteligencia y el apoyo popular a la movilización militar y política en todo el país, cambiaron no solo el curso de la historia de Cuba y de los Estados Unidos, sino también de América Latina.

La victoria, pero también el dramatismo y la heroicidad del enfrentamiento militar, la batalla en sí para ocupar Playa Larga y Playa Girón, las acciones de neutralización de los planes de la Agencia Central de Inteligencia y el apoyo popular a la movilización militar y política en todo el país, cambiaron no solo el curso de la historia de Cuba y de los Estados Unidos, sino también de América Latina.

En «Cien horas con Fidel», entrevista realizada por Ignacio Ramonet a principios de 2003 y mediados de 2005, el Comandante en Jefe analiza:

«Kennedy propuso después de aquella derrota, la Alianza para el Progreso, los Cuerpos de Paz. (…) se vio obligado a lanzar iniciativas de tipo político. Tuvo que plantear la necesidad de reformas en América Latina porque entendía que los factores objetivos, sociales y económicos, podían dar lugar a una revolución radical en este continente (…)».

Y de una u otra forma, las revoluciones llegaron.

Transcurridos 55 años, la epopeya de abril de 1961 continúa aleccionando a los cubanos y al mundo. No existe enemigo —por poderoso y al parecer invencible—, que no se estrelle contra la voluntad y los sueños de un pueblo. Aquella coyuntura adversa, ofreció la oportunidad de probar fuerzas, vencer obstáculos para revolucionar el futuro y crecer.

Playa Girón continúa siendo por sobre todas las cosas, un acto de responsabilidad histórica con quienes fraguaron la nacionalidad cubana y desde los días en la manigua han opuesto ante la injerencia extraña, la vocación patriótica, el mandato constitucional de hacer irrevocable el socialismo que lleva en su esencia el espíritu de tal proeza.

Girón no dejará de avivar y habitar nuestra memoria.