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8:28:01 a.m. 

En septiembre el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció una multimillonaria intervención de su país para contener la expansión de la crisis, que comenzó en marzo de 2014 y ya mató a más de 3.000 personas, principalmente en Guinea, Liberia y Sierra Leona. 

El paquete de asistencia de Washington incluye el despliegue de 3.000 soldados estadounidenses a Liberia, donde el Comando en África de Estados Unidos (Africom) establecerá una base de operaciones que funcionará como un centro de logística y capacitación para la respuesta médica. 

El blog político Think Progress calcula que este número representa “casi dos tercios de los 4.800 efectivos asignados a Africom”, que coordinarán con las organizaciones civiles para distribuir suministros y construir un máximo de 17 centros de tratamiento. 

Según el gobierno de Obama, la intervención fue solicitada directamente por la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf. Cabe destacar que Liberia fue el único país africano que se ofreció para alojar la sede de Africom en 2008, pero esta finalmente decidió instalarse en Alemania. 

Pocas personas se opondrían a una sólida respuesta de Estados Unidos a la crisis del ébola, pero la naturaleza militarizada del plan de la Casa Blanca se presenta en el contexto de una militarización más extensa liderada por Washington en la región. 

Los soldados en Liberia, después de todo, no serán las únicas tropas que Estados Unidos tiene en el continente africano. En los seis años de existencia de Africom, la presencia militar estadounidense se consolidó de manera constante y en silencio en el continente, con bases de drones o aviones no tripulados y la colaboración con las fuerzas armadas locales. 

El nuevo statu quo se caracteriza por ataques aéreos desde drones, la colaboración para entrenar y equipar a las fuerzas africanas, incluidas aquellas con antecedentes problemáticos en materia de derechos humanos, misiones de reconocimiento y operaciones de entrenamiento multinacionales. 

Para consolidar las relaciones públicas de sus ejercicios militares, Africom recurre a tácticas de poder blando, como las páginas en las redes sociales de Internet, conferencias académicas y programas humanitarios. 

Pero este humanitarismo militarizado, como la construcción de escuelas y hospitales y las intervenciones ante el brote de enfermedades, también cumple con un objetivo más estratégico y práctico: permite al personal militar entrenarse en nuevos entornos, acumular experiencia local y datos tácticos, y construir relaciones diplomáticas con los países y las comunidades de acogida. 

Fuentes expertas advierten que la prestación de asistencia humanitaria por parte de soldados uniformados podría tener consecuencias peligrosas y desestabilizantes, sobre todo en países con una historia de conflictos civiles, como Liberia y Sierra Leona. 

Al comienzo de la epidemia, por ejemplo, las fuerzas armadas de Liberia intentaron poner en cuarentena a los habitantes de West Point, en Monrovia, lo que provocó mortales enfrentamientos. La presencia de tropas armadas extranjeras podría provocar incidentes similares, temen fuentes de la salud. 

La operación de Washington en Liberia plantea muchas preguntas. ¿Se utilizarán empresas militares en la construcción de las instalaciones y la ejecución de los programas? ¿Los centros de tratamiento construidos por Estados Unidos serán temporarios o permanentes? ¿Se utilizarán también como laboratorios de investigación? ¿Cuál es el plazo para salir del país? ¿La base de operaciones de Liberia será una plataforma para actividades militares no relacionadas con el ébola? 

El uso de los militares de Estados Unidos en esta misión debe llamar la atención de la opinión pública estadounidense. Después de todo, que las fuerzas armadas sean la institución estatal mejor equipada para manejar este brote dice mucho sobre el estado de abandono de los programas civiles, en Estados Unidos y en el exterior. 

(Fuente: wanafrica / Joeva Rock)