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14/01/2013 19:06:05

 

En un año cuando los largometrajes de ficción cubanos se comprometieron con los rigores de la experimentación, o se aplicaron a géneros de muy difícil integración en nuestro medio, apareció la agradable sorpresa que significó La película de Ana, dirigida por Daniel Díaz Torres, quien cuenta con amplia experiencia, sobre todo en la comedia, a partir de realizaciones como Alicia en el pueblo de maravillasKleines TropicanaHacerse el sueco y Lisanka.

 

La más reciente película de Díaz Torres cumple con tres de las expectativas siempre latentes en cualquiera de los aficionados tradicionales del cine cubano: combinación dosificada de melodrama y comedia de costumbres, fuerte contenido contextual contemporáneo, y capacidad de seducción, sugestión e identificación de los personajes, las acciones y la trama. Dicho de otra manera: todo parece que La película de Ana se inserta entre las mejores producciones del ICAIC últimamente.

La Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica la seleccionó como el mejor largometraje del año, poco después de que el filme obtuviera sendos galardones en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano: mejor guion para Eduardo del Llano, y mejor actuación femenina para Laura de la Uz.

 


Pocos días antes de que se dieran a conocer tales lauros, escribió Rolando Pérez Betancourt en el periódico Granma: «Durante mucho tiempo se recordarán esos primeros 30-40 minutos de La película de Ana (…) historia de una actriz de poco talento que se ve precisada a disfrazarse de prostituta para cumplir los requisitos de unos documentalistas europeos, interesados en captar durezas del oficio en esta orilla nuestra. (…) Primer tiempo fílmico durante el cual cabe imaginarse que La película de Ana va camino de coronar la cima de esas comedias trascendentes, capaces de reírse y de hacer reír desde las realidades más dolorosas».

Entre las «realidades dolorosas» que alude el cronista, probablemente se localice el empeño de muchos extranjeros por espectacularizar, o mostrar con cinismo, nuestros problemas y dificultades. Los personajes que interpretan el actor austríaco Michael Ostrowski y el alemán Tobias Langhoff representan al extranjero dispuesto, más que a mostrar la realidad, a imponerle a la realidad el punto de vista dictado por sus prejuicios. Y la realidad de la prostitución es compleja, y los desborda, tanto a los cineastas extranjeros como a los cubanos habituados a que el tema se presente desde la sociología barata o desde el melodrama sin redención.


De los comentarios aparecidos en Internet, luego del estreno de la película en el Festival, destaca también el de PL: «Una mirada alegre, optimista, profunda y bien criolla a la Cuba de hoy ofrece La película de Ana. (…) La prostitución como pretexto, sirve de hilo conductor para hurgar en otros temas sociales medulares como la familia, la realización personal y profesional de los individuos, las escaseces económicas y materiales; pero, sobre todo, la dignidad del ser humano y su voluntad de enfrentar las dificultades sin perder la alegría de vivir». 

Más adelante, escribe la crítica de PL que «inspirada en hechos reales, Díaz Torres no solo ofrece una mirada diferente hacia la prostitución, sino también todo el ambiente y los por qué de este fenómeno. Pero lo más interesante de la propuesta cinematográfica, y a la vez su principal éxito, radica en mostrar este flagelo más allá del simple placer del sexo, en tanto refleja una realidad social compleja matizada por la profundidad de sus diálogos (el guion fue escrito de conjunto entre Eduardo del Llano y el director), el humor criollo y el optimismo».

La película de Ana significa también la confirmación de la versatilidad omnímoda de Laura de la Uz y la creciente competencia de Yuliet Cruz en el género de la comedia. Reconocida en nuestro medio sobre todo por sus papeles para Fernando Pérez en Madagascar Hello Hemingway, la actriz ha declarado a Prensa Latina su agrado por una historia que «trata temas muy vulnerables asociados a la mujer como el maltrato y la realización personal y profesional.


A esto se suma la calidad del guion, el cual realmente me encantó, pues está escrito con mucho humor, pero a la vez con un grado muy alto de reflexión sobre temas puntuales de la sociedad cubana actual. En lo particular, me fascina la comedia porque es un género con el cual me divierto mucho y me relajo, por eso la disfruto. Ana me dio la posibilidad de improvisar y poner algunos ingredientes de mi historia personal de una manera natural y fluida, sobre todo pasajes asociados a los difíciles momentos vividos durante el llamado periodo especial en la década de los 90, un tema poco tratado en el cine cubano».

Entre las sorpresas histriónicas se cuenta también el desempeño de Yuliet Cruz, quien, además de aceptar el reto de compartir toda la trama y los conflictos con el personaje de Laura de la Uz, asumió con incuestionable gracia un personaje de mujer ligera y resuelta, muy similar al que encarnó en Habana Eva y en Se vende. Espontaneidad, inteligente gestualidad, irradiación y coherencia en la composición exterior del personaje, son algunas de las características que despliega la joven actriz, quien deberá prestar extrema atención para que su ascendente carrera se aparte del encasillamiento.

«Intentamos —ha dicho Díaz Torres al periódico Juventud Rebelde— que la película no se quedara solamente en los marcos de la llamada comedia de costumbres o que fuera una película cubana más sobre la realidad contemporánea. Este trabajo versa más bien sobre la autenticidad propia del individuo. El concepto de prostitución aquí no tiene que ver solamente con pagar intercambios sexuales, sino que abarca también otras cosas que alguien tiene que hacer y que no le gustan, a cambio de obtener algún beneficio determinado. Eso, de alguna manera, también es prostituirse, y lo quisimos reflejar en La película de Ana».

A partir del 17 de enero, y durante el transcurso de este mes, se exhibirá en la Capital, y luego en provincias, La película de Ana, esta historia de una actriz amenazada por tensiones laborales, o por el imperativo de tener que actuar más allá del set televisivo habitual, y de comprender la inmediatez de los medios de expresión vinculada a la franqueza y la trascendencia.

 

(Fuente: La Jiribilla / Joel del Río )