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29/12/2012 14:21:16

 

En algún momento de nuestras vidas hemos soñado sobrevolar el mundo y desde lo alto observar el panorama, sea en tierra firme o en el imponderable mar. Claro, si ello ocurre mientras dormimos es posible hacerlo planeando con nuestras propias alas. Pero si no, si ha ocurrido con los ojos bien abiertos, no existe otra posibilidad que remontarnos desde un avión y contemplar desde la ventanilla.

 

Quienes tenemos la experiencia de haber desafiado la gravedad dentro de una aeronave, sabemos que dentro de ella no vamos tan seguros como nos dice la azafata o promueve el ticket de la aerolínea. Pero es mejor no pensar en ello porque desafiar a la gravedad se vuelve en muchas ocasiones complicado. Sobre todo cuando las pistas de despegue y aterrizaje se construyen en lugares insólitos y al límite de las posibilidades entre la naturaleza y lo humano.

De ese modo se producen situaciones en las que los aviones tienen que sobrevolar las cabezas de turistas en la playa, despegar desde un asfalto congelado o aterrizar en un aeropuerto al filo de un acantilado, lo cual exige de pilotos expertos y naves dispendiosas.

Los peritos han confeccionado una lista con los aeropuertos más extravagantes, raros e incluso peligrosos que existen sobre la faz de la Tierra, ocupando el primer lugar el Princess Juliana, de Sint Maarten, situada aproximadamente a 240 km al este de Puerto Rico. A tan solo 25 metros sobre el suelo vuelan los aviones cuyo destino es el calor y el sol de esa isla.

Para poder aterrizar o despegar, han de pasar por una playa llena de turistas. Precisamente, aquí reside su atractivo. Y es que, posiblemente, resulta el único lugar del mundo donde se puede ver a los aviones (incluidos los de pasajeros de gran porte como el Boeing 747) cómo se aventuran o regresan de su destino justo debajo del mismo. Sin embargo, el gobierno local advierte que acercarse demasiado «puede provocar lesiones serias o incluso la muerte» al correr el riesgo de ser succionado por una turbina o enviado hacia el mar con gran fuerza. Aunque esto no evita que la playa colapse de ojos atónitos y cámaras fotográficas.

Le sigue la terminal aérea Juancho E. Yrausquin, Saba (Caribe). Se podría pensar que un acantilado y una pista de aterrizaje no es la mezcla más sensata para la seguridad. Sin embargo para desafiar los imposibles como éste, está el aeropuerto de Saba, también en el Caribe. Está considerado como la pista comercialmente útil más corta del mundo, ya que apenas supera los 400 metros de longitud, cuando lo habitual es que sean de, al menos, 2,5 kilómetros. Cierto es que ningún avión comercial ni de pasajeros puede ir hasta allí, aunque sí los aviones más pequeños o los helicópteros. Por suerte, ningún incidente grave ha ocurrido hasta el momento.

El menos prototípico de todos es el aeropuerto de Gibraltar. Se trata de un promontorio monolítico de piedra caliza ubicado en el extremo suroeste de Europa en la península Ibérica. Su altura es de 426 metros. El peñón es propiedad de la corona del Reino Unido, y limita al norte con España.  Su carretera más transitada cruza transversalmente el aeropuerto, cuya construcción data de la II Guerra Mundial, por lo que debe cerrarse cada vez que pasa un avión. Por otra parte, la enormidad del hielo y nieve hace del aterrizar en un blanco infinito. El mayor riesgo es que por el movimiento o el peso del avión, éste quede atrapado en nieve blanda o que, por el contrario, el hielo se rompa. En este listado que publica el diario español ABC (versión digital) continúan los aeropuertos:

Funchal, Madeira (Portugal).  Su diseño arquitectónico y su ingeniosa ingeniería es lo que más llama la atención. De lejos, podría tratarse de una maqueta, y los pilares sobre los que se apoya, simples palillos. Pero no. 180 pilares de hormigón lo elevan hasta 70 metros por encima del mar. Este aeropuerto internacional en la isla de Madeira es recordado por un trágico accidente en el que murieron 131 personas, el del vuelo 425 de TAP Air Portugal, que en 1977 se salió de la pista y planeó sobre el mar hasta estrellarse contra un puente y quedar partido en dos.

Eso sí, aterrizar en ella es mucho más complicado que en otra, debido a las turbulencias ocasionadas cuando la velocidad del viento es superior a 15 nudos. Por ello, los pilotos que despeguen o aterricen aquí necesitan una licencia especial.

Kai Tak, (Hong Kong). Debido a los peligrosos aterrizajes este aeropuerto fue clausurado y sustituido en 1998 por otro luego de 73 años en servicio. Las peripecias que los pilotos tenían que realizar para poder tomar tierra eran de película. La pista daba directamente al mar, pero esa no era la principal dificultad: a pocos kilómetros, una cordillera impedía que los aviones pudieran acercarse en línea recta.

Suvarnabhumi, Bangkok (Tailandia)

Lo llamativo no es el aeropuerto en sí, sino su torre de control, que es la más alta del mundo. Nada más y nada menos que 132,2 metros de altura. Sólo cuenta con una terminal, pero es realmente grande. Tanto, que es la tercera más grande del mundo en un solo edificio con 563.000 metros cuadrados. Fue diseñado por el estudio Murphy/Jahn Architects, de Chicago, y actualmente es uno de los símbolos de la ciudad y del país.

Kansai, Bahía de Osaka (Japón)

Una isla que es todo un aeropuerto. Diseñada por el arquitecto Renzo Piano, el aeropuerto, de cinco kilómetros cuadrados, no cabía en Osaka, por lo que decidieron instalarlo en el mar. Eso sí, una carretera lo une con la ciudad, por lo que se puede llegar en barco, avión o coche. Lo más curioso es que la plataforma se asienta sobre una de las zonas sísmicas más activas del planeta, por lo que su construcción es, como se suele decir, «a prueba de bombas».

Courchevel, Alpes franceses 

El lugar donde más se practica esquí, los alpes franceses, también es un sitio donde aterrizan aviones. Es el aeropuerto de Courchevel, con una pista de aterrizaje de apenas 525 metros y una pendiente del 18,5%. Tan solo pasan por aquí pilotos especializados o helicópteros privados. Eso sí, es protagonista de películas como «El mañana nunca muere», de la saga de James Bond.

Paro, Bután

El país donde se mide la Felicidad Interior Bruta de los Habitantes, es una nación pequeña y montañosa del sur de Asia, localizada en el tramo oriental de la cordillera del Himalaya entre India (estado de Sikkim, que le separa de Nepal) y China (región del Tíbet). Bután, sólo posee un aeropuerto: el de Paro. Solo existen ocho pilotos en el mundo certificados para aterrizar aquí. Entrenan con simuladores 3D de alta tecnología que recrean las condiciones de vuelo de este aeropuerto. Y es que está situado a más de dos mil metros de altitud y rodeado de picos y montañas puntiagudas que emergen a cinco mil metros del suelo.