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22/10/2012 7:45:39

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

No tenía nada nuevo que decirle al pueblo porque desde antes había estado «inaugurando fábricas iguales» por todo el país y consideraba «acabado el repertorio ya». Así que —de sincero como era— el entonces Ministro de Industrias optó referirse a algunos problemas de la planta y hacerles a sus trabajadores ciertas recomendaciones para «el trabajo de todos los días».

 

Por ello Francisco (Paquito) Echemendía Cárdenas no puede olvidar aquel 19 de julio de 1964, cuando con solo 17 años vio «por primera vez y de cerca» al legendario Comandante Ernesto Che Guevara, «que vino a inaugurar la fábrica de bicicletas de Caibarién, todo un suceso en un pueblo de pescadores».

Dice este experto ajustador de herramientas que no recuerda muchos detalles, pero sí que al Che se le veía intranquilo, agitado. «Cuando entró a la fábrica, todos los obreros, de completo uniforme y con los medios de protección debidos, les esperábamos en nuestro puesto de trabajo, deseosos y ansiosos porque se detuviera a preguntarnos algo».

Cuenta que Che pasó por todos los talleres, muy interesado por el  proceso productivo y por las condiciones de trabajo; que aquel día conversó con varios obreros, pero que a él «no le tocó esa suerte». No obstante, evoca cierto pasaje del discurso referido a la mala ubicada en Caibarién.

En realidad se refirió a lo que algunos compañeros le habían señalado, «ya que debía haber puesto la fábrica de bujías aquí y ésta allá en Sagua, porque los sagüeros son los consumidores de bicicletas más grandes de Cuba. Pero, de todas maneras, hubo un cambio ahí, una falta de planificación y la fábrica quedó aquí».

«Aquellas bicicletas eran muy bonitas y muy fuertes. Ese año solo fabricamos 5 mil, pero llegamos a producir unas 20 mil bicicletas. Claro por nuestra poca base técnica, la fábrica tenía cantidad de piezas de importación que dijo habría que hacer luego en Cuba, en colaboración con una serie de fábricas que ya se iban inaugurando, y así poder desarrollar nuestra industria mecánica de acuerdo con las necesidades del país».

De entonces a la fecha diferentes artículos han salido de los talleres de la actual empresa Heriberto Mederos, como el sillón de ruedas que comenzó a elaborarse a finales de1960, y se mantuvo hasta los años 90 del pasado siglo, cuando la fabricación de estas sillas fue reubicada en el oriente cubano. Fue por esa época que tuvieron lugar inversiones, como creación de los talleres de niquelado y decapado, y la ampliación de la planta de tratamiento de residuales, entre otras que elevaron el número de trabajadores hasta casi 400.

 

A finales del año 1992 y principios de 1993 retoma la manufacturación de sillones de ruedas, manteniéndose la de muebles clínicos, y la de bicicletas, que dejaron de fabricarse comenzado el  nuevo siglo. En 2001 la «Heriberto Mederos» dio paso a la fabricación, con destino a las ventas en moneda nacional y en divisas, para organismos como el MINTUR, MININT, MINFAR, MINED y el programa de la vivienda.

—Francisco, ¿algo nuevo en planes?

—Por primera vez produciremos el aro del bidón, es decir, el sello de las tapas de tanques de mieles y pulpas de frutas con destino a la exportación, lo cual representa un considerable ahorro para el país, ya que este tipo de sello se cotiza en el mercado internacional con un valor de 5 USD y a partir de ahora se hará por solo 28 centavos. También queremos abrir una línea de lacado, que en estos momentos se hace solo en La Habana. 

Javier Fernández Brito, el director de la fábrica valora la experiencia del colectivo laboral, integrado por 137 hombres y mujeres, pero necesitado de mayor cantidad de jóvenes: «Muchas personas inician su vida laboral aquí, pero luego se van para otros puestos. Hay quienes solo ven el trabajo en este lugar como un trampolín para insertarse más tarde en otras ocupaciones», comentó.

Javier aprecia mucho la fuerza del ejemplo, que, en hombres como Francisco, «lo prestigia y avala ante sus compañeros, y cuyo compromiso con el Che lo ha mantenido apegado a la fábrica que considera su primera casa y su vida»…

Con su medio centenar innovaciones e inventivas Francisco puede considerarse un verdadero galeno de máquinas y herramientas, muchas de las cuales se mantienen activas «por el cariño que les tengo y lo mucho que las conozco, porque son como mis brazos y mis piernas, una prolongación de mis manos, de mi corazón y de mi cerebro, aun cuando pueda tener alguna que otra insatisfacción. Me siento bien porque sé que me necesitan y soy útil», afirma.

—Porque si el Che viviera, Francisco…

—Bueno, a veces me pongo a especular sobre eso, y creo que nos hubiera criticado y sancionado por muchas barbaridades cometidas, llámense improvisación, despilfarro, chapucería… Pero también pienso que el Che no ha muerto, que vive en hombres y mujeres y en fábricas cómo la nuestra, que no se han rendido, que han sabido capear el temporal y salir adelante. Hoy andamos caminos más objetivos, aunque no menos difíciles por lo complicado de la economía mundial. Pero si trabajamos, bien y con la productividad, calidad y exigencia que él Che requería, no dude que será la mejor manera de honrarlo, de saberlo  y sentirlo vivo de verdad.