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05/04/2012 22:43:41

 

En 1965, cuatro músicos melenudos recibieron la medalla de Miembro del Imperio Británico (MBE) de manos de Su Majestad. Ante semejante honor, que los miembros del grupo no compartieron de la misma manera, ¿los Beatles fumaron un porro de marihuana escondidos en cuarto de baño para reafirmar su condición de rebeldes antes de encontrarse con la reina? 


 
Harold Wilson, político del Partido Laborista, ganó las elecciones celebradas en el Reino Unido en el año 1964. Pero las ganó por muy poca diferencia. Por ello, ante las elecciones que tendrían lugar en el año 1966, si Wilson quería ganar con una diferencia más grande y mantener su puesto como primer ministro, debía conseguir un golpe de efecto para meterse en el bolsillo a un mayor número de electores.

En 1965, Brian Epstein, el mánager de los Beatles, se presentó en el Estudio Twickenham de Londres, donde se encontraban reunidos los cuatro músicos. Brian estaba emocionado, iba a darles una buena noticia, y los llevó hasta un camerino para comunicársela: el primer ministro y la reina les habían concedido un MBE. Ante semejante buena nueva, los Beatles respondieron: «¿Qué es eso?». A lo que Epstein contestó: «Una medalla».

Ringo Starr pensó que recibir la Cruz de Miembro del Imperio Británico y conocer a la reina era algo «fabuloso» y Paul McCartney también se sintió halagado. John Lennon no estaba de acuerdo. De hecho, se planteaba rechazar su condecoración:

«Cuando me llegó un sobre con el membrete OHMS (On Her Majesty Service), creí que me llamaban a filas… Antes de que te concedan un MBE, el Palacio te escribe preguntándote si vas a aceptarlo, porque no puedes rechazarlo públicamente y primero te sondean. Puse la carta con el correo de mis fans, hasta que Brian me preguntó si la tenía. Él y algunos otros me habían persuadido de que nos interesaba aceptar. Me resultaba violento. Brian dijo: ‘Si no la aceptas, nadie sabrá que la has rechazado’». Así que ante semejante dicotomía, a John no le quedó más remedio que agachar la cabeza.

El 12 de junio tuvo lugar la rueda de prensa para anunciar la condecoración de los cuatro de Liverpool. Para seguir defendiendo su postura, Lennon llegó una hora tarde, y llegó porque el mánager había le había dado un tirón de orejas en forma de coche que le pasó a recoger. A John le avergonzaba el premio. ¿En qué cabeza cabía? «Para mí, aceptar la Cruz de Miembro del Imperio Británico fue como venderme. Era uno de los mayores chistes de la historia de Gran Bretaña», declaró Lennon más adelante. 

Pero John Lennon no fue el único que se disgustó por la solemne medalla. Los miembros de la Cámara de los Lores y los veteranos de guerra pusieron el grito en el cielo. ¿Cómo era posible que esos cuatro melenudos que estaban desbaratando a la juventud británica fueran condecorados con semejante reconocimiento? Por eso, el día 26 de octubre de 1965, cuando los Beatles se presentaron en el palacio de Buckingham las opiniones estaban divididas y, como siempre, John tenía buenas palabras para todos:

«Muchos de los que se oponían a que nos concedieran el MBE habían recibido el suyo por sus acciones de guerra. Los nuestros eran premios civiles. Los ganaron matando gente. Nosotros nos merecemos el nuestro por no matar a nadie. Si te dan una medalla por matar, es evidente que tendrían que dártela por cantar y mantener la economía británica en alza».

Aunque el Beatle tuvo que hacer de tripas corazón para aceptar la medalla, también había algo de protesta en el hecho: «Aceptamos con la intención de molestar un poco más a la gente que ya se había sentido molesta. Queríamos meternos con la gente que sí creía en esas cosas».

Antes de recibir a Su Majestad, los cuatro músicos habían sido instruidos para comportarse debidamente delante de la reina, como recordó Paul McCartney:

«Un súbdito de la reina, un oficial del cuerpo de guardia, nos enseñó lo que teníamos que hacer: ‘Acérquese a Su Majestad así, y nunca le den la espalda ni le hablen a no ser que ella lo haga’. Todo eso. Para cuatro mozalbetes de Liverpool, era ‘demasié’. Fue divertido».

La visita al palacio y toda la parafernalia impresionó hasta al impasible John Lennon: «Aunque no somos partidarios de la familia real, no puedes evitar que te impresione estar en Palacio, saber que te hallas ante la reina. Aquello era como un sueño. Era hermoso. Tocaban música, yo miraba el techo —no estaba mal, el techo—. Era histórico. Como estar en un museo. Había un soldado de la guardia real que nos decía cómo debíamos andar, cuántos pasos, y cómo inclinarnos ante la Reina. Adelantar el pie izquierdo. Cada vez que leía nuestros nombres y llegaba a Ringo Starr, se echaba a reír».

Y es que antes de encontrarse con la reina, los Beatles no hacían otra cosa más que reír. ¿Se debía al carácter amable y juguetón que los Fab Four acostumbraban a ofrecer de cara al público? ¿Eran los nervios al pensar que iban estar cara a cara con la soberana del Reino Unido? Lennon tenía la respuesta: 

«Sonreíamos como tontos porque acabábamos de fumarnos un porro en los lavabos del palacio de Buckingham, estábamos nerviosísimos. No sabíamos qué decir. La reina estaba sentada en una cosa muy grande. Dijo algo así como: ‘Oh, ah, bla, bla’, no lo acabamos de entender».

El propio John fue el causante de que se extendiera la leyenda que decía que los Beatles habían fumado marihuana cuando recibieron la Cruz de Miembro del Imperio Británico. Sin embargo, George Harrison no estuvo de acuerdo con este relato:

«En la investidura no fumamos marihuana. Lo que ocurrió es que había una cola larguísima con centenares de personas esperando y estábamos tan nerviosos que fuimos al lavabo. Y allí nos fumamos un cigarrillo. Todos fumábamos en aquella época». Harrison también decía saber la razón por la que Lennon extendió el rumor: 

«Años más tarde, estoy seguro de que John, al pensar en ello, recordó: ‘Oh, sí, fuimos al lavabo a fumar’, y el cigarrillo se convirtió en un canuto. Porque, ¿qué es lo peor que puedes hacer antes de conocer a la reina? ¡Fumarte un canuto! Pero no lo hicimos».

Ringo Starr no lo tuvo tan claro: «No estoy seguro de si habíamos fumado un porro. De todas formas, el palacio es un sitio rarísimo para estar».