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13/03/2011 4:54:22

 

Por Mercedes Rodríguez García

 

14 de Marzo: Día de la Prensa Cubana 


Cuántas veces a lo largo y ancho del ejercicio periodístico —centro y epicentro de mi vida— he escuchado repetidamente, con más o menos razón, con más o menos florituras, con más o menos conciencia de lo dicho y en las más variadas tribunas, estas palabras dirigidas a los profesionales de la prensa: «estamos llamados a hacer un periodismo distinto».  

¿Distinto cómo…?«Periodismo distinto» llamó Juan Marinello al que hizo José Martí, quien jamás calentó una mesa de redacción pero cuyo oficio ocupó prácticamente la mitad de su obra. Periodismo asiduo y devoto. Periodismo de  viajero impenitente, siempre del brazo del exilio obligado. Martí inquieto, rebelde, en trasiego revolucionario constante. 

¿Distinto porque…? Nada intrascendente brotó jamás de su pluma Porque hasta de las notas más simples salieron pensamientos originales; y de las crónicas y artículos, emociones, color, ritmo, perfume. Porque todavía su letra entintada mueve y conmueve. Por que su cultura, talento y compromiso, ensancharon su visión extraordinaria del mundo y de los seres humanos. 

¿Distinto para…? Luchar por la dignidad y la libertad plena del hombre.  Para la verdad y por la verdad del que vive para servirla, verdad dicha de la manera más hermosa, que llega siempre más lejos. Para alcanzar el gran empeño  de reunir todo lo que pudiera interesar a un hombre culto. Para posibilitar el debate político, la participación ciudadana y la independencia intelectual. 

Necesitamos, sí, un periodismo distinto, que tenga mucho de martiano, pero también mucho de cada uno de quienes lo ejercemos a diario. Personalizado. Que sin violentar su esencia normativa de acuerdo a los diferentes lenguajes y soportes, resulte espejo y prisma de la realidad. Oportuno, anticipador, provocador, inquietante, cuestionador y cuestionable. Si no, ¿para qué? ¿Para llenar cómoda, tranquila y rutinariamente un espacio, páginas, minutos de radio o televisión?  

Porque es profesión difícil, compleja y a veces peligrosa, muchos la respetan y otros le temen. Y los hay para quien pasa inadvertida. O lo que es peor, los que intentan «renovarla», sin conocerla ni amarla, ni saberla, ni haberla ni tenerla. Y también los que no saben perdonar la «imperfección» del «día a día» y que un tanto limita —por la contingencia del propio fenómeno— cualquier forma de perfeccionamiento científico. 

Cambia el mundo, cambian las circunstancias, cambian las tecnologías. Aumenta la necesidad de información de los ciudadanos. La gran audiencia quiere tener acceso a los hechos, participar de la historia, decidir sobre su rumbo, alterarlo, cambiarlo, transformarlo. Es la sociodinámica del conocimiento. ¿Cómo entonces dejar de reflexionar sobre esta realidad latente donde el periodista actúa como vaso comunicante? 

Ningún periodista consciente de su papel social podrá ejercer en lo adelante su función sin dominio de un lenguaje tan socializado como se suponen los contenidos de que es portador,  cuestiones tan importantes como la periodicidad y la actualidad. De ahí la necesidad de evolucionar también las técnicas de trabajo. Un periodismo distinto. 

¿Distinto cómo…? La propia estructura de pensamiento, ajena a modelos convencionales  empobrecida en un vocabulario limitado y en una estructura de pensamiento rudimentaria, o estrecha, contenida en determinado lenguaje. ¿Por qué no un artículo particularizado en lugar de una noticia o un reportaje? ¿Por qué una entrevista prefijada  y no un reportaje dinámico que capte los rasgos visuales del contexto, sea con la fotografía o con un filme o con sonidos  que complementan el mensaje exclusivamente verbal. (Y no voy a hablar e multimedialidad). 

¿Distinto porque…? La agilidad y desempeño profesionales se vuelven más colectivos y menos individualizados. Porque la ausencia de esa agilidad técnica no puede ser suplida por «buenas intenciones. Es tal la urgencia de información —consumible en un día— que la preparación del profesional pudiera compararse con la de un atleta de alto rendimiento.

¿Distinto para qué…? Para no fragmentar los repertorios intelectuales y tener a un periodista superespecializado, indescifrable para el público. Para que la especialización signifique herramientas de trabajo de amplio alcance y no el retroceso a parcelas cerradas, incomunicadas con la mayoría de los estratos sociales. Para abandonar la retórica, el sermoneo, el tono doctrinal. Para poder contar con una edición del material informativo y no la anárquica yuxtaposición de noticias, géneros, temáticas y estilos. Para que la polémica —percibida como una confrontación de hechos objetivos y no como un conflicto subjetivo entre personas— genere ideas, soluciones. 

Distinto sobre todo porque resulta imposible potenciar los procesos de desarrollo humano sin la ampliación de la conectividad, sin la extensión social a gran escala de las redes tecnológicas. Porque los escenarios mediáticos surgidos con el desarrollo de las tecnologías de la informática y las telecomunicaciones, posibilitan generar y diseminar contenidos con nuevas connotaciones, y el periodista ha de reforzar su desempeño ético y responsabilidad profesional en la creación, selección y difusión de los crecientes flujos de información interactiva. 

Distinto porque como nunca antes se expanden las mentiras sobre la patria del Apóstol, en franca violación de los preceptos del periodismo. Porque se distorsionan hechos sobre la realidad cubana, sobre sus líderes históricos. Porque se oculta la verdad de los Cinco Héroes cubanos, presos injustamente por defender al pueblo cubano de los planes terroristas, coordinados por organizaciones anticubanas en el estado de La Florida.

Afirma  Martí que «no hay tormento mayor que escribir contra el alma o sin ella». Y si de escribir con el alma se trata, nada deberá ocultarse consustancial a la naturaleza del socialismo para la solución de las dificultades. 

En diálogo con Ignacio Ramonet , Fidel se refiere  al tema: «[…] Sabemos que hay inconvenientes, pero queremos una crítica responsable. A pesar de las posibles consecuencias, todo es mejor que la ausencia de críticas. Claro está que hay que ser sumamente responsable en el manejo de los temas y no ofrecer al enemigo información sensible que pueda ser útil a sus planes de destruir la Revolución. De ahí lo difícil de la tarea de un revolucionario».

Del periodista revolucionario. Ese que, al decir de García Márquez, ejerce «el mejor oficio del mundo». Mejor, por el ánimo de indagar, informar, educar, repartir verdades, fundamentar conceptos, juicios y apostar por el progreso y la justicia social. Como herramienta política al servicio de una causa noble. 

Todo esto y más es el periodismo distinto. Y no difiere en su esencia al del  fundador del periódico «Patria», el 14 de marzo de 1892. 

No existe mejor lugar para sembrar, hacer crecer y defender ideas que la tribuna diaria de la prensa. Pero sin juicios apresurados ni propósitos infundados que puedan valer  como pretexto a terceros; con seriedad y reflexión; sin improvisar ni trasplantar ni extrapolar pensamientos. Con emocionada reacción personal ante lo que se relata. Con gracia, picardía e intención, con dulzura y cariño, según el caso. Exteriorizando, explicando; privilegiando la deseada perfectibilidad del futuro en lugar del presente imperfecto; contando la historia que vamos viviendo junto al pueblo. 

«Estamos llamados a hacer un periodismo distinto». Es la hora de los hornos. Está clara la misión… ¡Y ha de verse la luz!