&wid LA TECLA CON CAFÉ

ESE MUNDO INMORAL DE POSADA CARRILES

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18/01/2011 9:28:07

Por Mercedes Rodríguez García

Luis Posada Carriles está siendo juzgado por unas cuantas frioleras a tenor con su larga y patibularia obra. Once cargos por perjurio, obstrucción de la justicia, fraude de naturalización, por acusaciones de mentir durante una entrevista de inmigración hace cinco años en El Paso, luego de ingresar furtivamente a los Estados Unidos.

Así que no esperemos del tribunal federal un veredicto que satisfaga, entre otras, a los familiares de las víctimas de su sangrienta historia de crímenes y torturas.

Sin dudas se trata de otra farsa judicial más. A pesar de la condena mundial y de los reclamos para que sea extraditado a Venezuela, el gobierno de los EEUU  ha montado el tinglado en El Paso, localidad perteneciente  a Texas, segundo estado más grande del país.

Al vejete Posada le debe resultar más fácil  mentir que idear planes terroríficos como el de la voladura del vuelo 455 de Cubana de Aviación o plantar bombas en hoteles habaneros. Ambos actos ejecutados por sus mercenarios, no cuentan. Increíblemente. No cuentan los 73 pasajeros y tripulantes muertos. No cuenta un turista italiano asesinado.

¡Qué vergüenza! Procesado por mentiroso y no por verdugo este zorro, ingeniero químico que durante uno de sus viajes entre Miami y La Habana fuera detenido por la Seguridad Cubana. Pero el muy ladino pudo escapar y asilarse en la Embajada de Argentina. Hasta abandonar la Isla vía México el 25 de febrero de 1961. 

Desde entonces ha ido engordando su maldad alimentada por odios viscerales y nostalgias infinitas e irrealizables a sus casi 83 años. También es obeso el  currículo de este agente de la CIA, auto-confesado terrorista en varias oportunidades, una de ellas hacen ya más de décadas.

Lo denunció entonces  la periodista venezolana Alicia Herrera en su libro «Pusimos la bomba… ¿y qué?», un testimonio donde muestra el descarnado cinismo de los autores del sabotaje del avión cubano frente a las costas de Barbados, el 6 de octubre de 1976, uno de los actos terroristas más crueles de la historia del hemisferio.

Años después, Herrera mostró públicamente en su país copia de una entrevista publicada en The New York Times (1998) donde Posada Carriles expresaba lo orgulloso que se sentía de haber cometido actos terroristas en los hoteles cubanos, con el propósito de ahuyentar a los turistas.

«Posada es un peligro para EEUU y sus ciudadanos; debe ser extraditado a Venezuela porque es un acto de justicia procesarlo aquí. (…) No hay que ir a Irak a cazar terroristas. Están en Miami»,  recalcó Herrera

¿Cuál es entonces el objetivo de celebrar el juicio a Posada en El Paso? Sin duda, entorpecer la solicitud de extradición a Caracas. Porque razones sobran, incluso se sabe que la Interpol tiene su nombre registrado como criminal, como asesino.

Sin embargo, muchos han sido los silencios a través de las sucesivas administraciones norteamericanas ante las pretensiones de Posada Carriles de «evadir» la justicia venezolana.

¿Cómo es posible que Posada Carriles viva en EEUU, cuyo gobierno ha hecho del combate contra el terrorismo el centro de su estrategia?

Tal vez la respuesta la hayan ofrecido los  veintidós exiliados cubanos, quienes congregados ante la Corte Federal mientras se seleccionaba el jurado para manifestaron su apoyo incondicional a Luis Posada Carriles.

Los allí reunidos, en su mayoría integrantes de una organización denominada Junta Patriótica Cubana, con sede en el estado de California, llegaron a bordo de un autobús, procedentes de la ciudad de Los  Ángeles y asentamientos vecinos.

«Vinimos para defender la inocencia de Posada Carriles», dijo Yoel Borges, presidente de la iniciativa. Y agregó con cinismo: «Es increíble que un exiliado cubano haya realizado un hecho de esa naturaleza pues en nada nos beneficia».

Según Borges, el atentado terrorista perpetrado en 1976 a una aeronave de Cubana de Aviación en costas de Barbados, donde murieron 73 personas «fue hecho por Fidel Castro y sus asalariados para desacreditar al exilio cubano».

Según relata El Diario de Delicias (México) la comitiva isleña anticubana se posicionó en uno de los laterales del edificio federal ubicado en el número 525 de la calle Magoffing, en el centro de El Paso.

Mas, a escasos metros,  otro grupo más numeroso, clamaba por la verdadera justicia. Lo conforman miembros de la Coalición ANSWER, el Comité Nacional para la Liberación de los Cinco Cubanos, la Comunidad Universalista Unitaria de El Paso, la Red Nacional sobre Cuba, y otras organizaciones.

Dentro de ellos se encontraba el ex Fiscal de los Estados Unidos Ramsey Clark, quien, en entrevista con ese rotativo dijo que Posada Carriles debería estar preso, y los estadounidenses «ponernos de acuerdo y pelear por las cosas justas». Y, posteriormente explicó:

«Los cinco cubanos deben ser liberados, merecen estar afuera, ellos vinieron a prevenir el terrorismo contra su país, porque quieren la paz para su gente». Clark refirió que Antonio Guerrero Rodríguez, René González Sehwerert, Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar y Fernando González Llort, están enfrentando condenas de 15 años y hasta cadenas perpetuas, y «ellos no mataron a nadie, al contrario, evitaron hechos terroristas».

Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pese a la evidencia que Cuba le ha entregado al gobierno de los Estados Unidos, en dos ocasiones,  ese país  ha rehusado  encausar a Posada Carriles por asesinato y terrorismo, y ahora lo procesan por mentiroso.

Luego de varios años de espera, finalmente, Luis Faustino Clemente Posada Carriles regresó a El Paso, Texas, para enfrentar un proceso, pero no por los cargos de asesinato que muchos le imputan, difusas violaciones para este Goliat  de la estulticia, vejete de mente retorcida, ahijado predilecto de la CIA. ¡Qué vergüenza, señores, qué vergüenza!

A quien le pagaron para mentir, ahora lo enjuician por lo mismo. Como agente de la CIA en la década de 1960, ese fue parte de su trabajo para el gobierno de Estados Unidos.

Sabe mucho el viejo Bambi-Posada. Por eso cuando un juez federal de inmigración falló en el 2005 para que fuera deportado, aclaró que no podía ser enviado a Cuba, donde nació, ni a Venezuela, donde es ciudadano por naturalización, debido a «temores de que pudiera ser torturado».  

Ahora,  ¿lo extraditarán o le darán la libertad sin cargos? Todo puede suceder… Y será un horror más. Un horror entre los horrores del mundo inmoral de Posada Carriles.

 

 

 


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