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Por Mercedes Rodríguez García

Para escribir sobre la celebración del 26 de Julio en Santa Clara decidí esperar unas 24 horas. No tanto por el válido propósito de sedimentar ideas y no repetir lo que refieren los cables noticiosos, sino para plotear en internet los reportes de las agencias de prensa, que imaginaba iban a centrar sus titulares en tres figuras: Fidel, Raúl y Chávez.

Como periodista de larga trayectoria, profesora adjunta de  la especialidad y «ratoncilla» de la red de redes, conozco bien aquello de «hay que marcar». Pero, ¿a «costilla» de qué?

Aunque los cubanos lo deseábamos, Fidel no estuvo. Razones de salud y seguridad, con algún grado de certeza, troncharon su (el nuestro) deseo. Yo misma imaginé que volvería a colocarse los grados de Comandante en Jefe sobre  los hombros, en la camisa verde olivo que lució el pasado sábado 24  en la mañana, cuando acudió al Mausoleo a los Mártires de Artemisa a rendirles tributo a los revolucionarios caídos en la memorable acción.

¿Raúl? Así, simplemente. Recién llegaba de la I Cumbre Presidencial Cuba-Venezuela, donde pronunció un sucinto discurso de clausura. Su parquedad es harto conocida. ¿Chávez? En Venezuela. El ambiente andaba bien caldeado. ¿Cómo «abandonarla» en medio de las amenazas de agresión? Y los que no tenemos ni un pelo de tonto, sabemos que es real.

Por supuesto, mi ciudad, Santa Clara, se preparó.  Y el acto tuvo su «look» ¡Ah!, ¿qué no era el que ansiaban los «acreditados»? Pues, miren: no quedó mal. Yo no sé la cantidad exacta de santaclareños que se congregaron por metro cuadrado. No creo mucho en las estadísticas porque siempre los matemáticos entran en conflicto con los humanistas, que vemos más el alma que los números. ¿Sobraron sillas? ¡No!, nada de eso, los más prefieren escuchar sentados, y se sentaron.

Miren, les cuento. El día amaneció precioso y el acto comenzó temprano. El sol no calentó demasiado. Mis paisanos fueron vestidos normalmente. Aunque predominaron los pullovers y camisas rojos, blancos, azules, y anaranjados. Este último color que —en «contubernio» con el béisbol— puede que algún día llegue a idenficar a la Villa de Marta Abreu, señora patriarcal sobre la cual se dice no «soportaba los rojos impuros», y sobre el cual les les advierto no me consta tal «impureza».

Bueno, volviendo al tema. Ya sabía que los detractores enfocarían su catalejo a las ausencias presentes. Sobre Cuba, les digo algo: ¡Quien no la vive, no la conocerá jamás!

En mi país puede que todo no ande bien, pero no tan mal ni tan «excelentemente» como en otros. (Y el mundo se muestra bien jorobado.)

Déjense de titulares estridentes y ayuden a mejorar las relaciones. Permitan que cada cual piense distinto, o a su manera, de acuerdo con las circunstancias y con las realidades. Los cambios no tienen que venir como cada cual quiera. Aquí serán bien pensados.

Quienes pretendan «arreglar» el  mundo, que lo hagan a partir de lo que decía Benito Juárez: El derecho al respeto ajeno, es la paz.

Decía que no valen titulares escandalosos. Nada de lo que he leído, se ajusta a la realidad. Tal vez ni la de nosotros. Mas, existe una verdad. Cuba es de los cubanos. Y si quieren negociar, sean sensatos, inteligentes. Llevo bastante tiempo entre «papeles» para no confiar en quienes dudan, y menos en quienes exageran.

El 26 en Santa Clara, fue como pudo ser ser. (¿Cómo sería mejor?) ¡Por favor, escribánme y dénme sus opiniones!

Aunque  no estuve en la cobertura. Aunque... ¡lo deseara de todo corazón!