20091005035917-4ac565af9c394-400-.jpg

 

Cuando hace unos días escribí en este espacio la crónica «Alfonsina, poéticamente suicida» situé a la poetisa argentina como una de las leyendas de la literatura hispanoamericana que con más fuerza retumban en la memoria colectiva, acrecentada por la canción de Ariel Ramírez y Félix Luna que le ha dado la vuelta al mundo en la voz de Mercedes Sosa, recién fallecida.  Y como no tengo ganas de exprimirme de nuevo el corazón luego de la reciente muerte de Cintio Vitier, prefiero publicar esta crónica que acabo de recibir por email con la firma Jorge Jorge González, director del Proyecto Coloreando mi Barrio, en La Habana. Cierto, amigo, como La Negra nadie nos cantará ninguna canción, mucho menos la de Alfonsina. Ella era única. Pero reconfortémonos: Los poetas que mueren nunca callan. Se van sobre caballos marinos, por la blanca arena, por caminos de las algas y de coral, cubiertos de perlas, con angustias y dolores viejos, en busca de poemas nuevos y voces antiguas, como en sueños, vestidos de mar...

¿QUIÉN ME CANTARÁ AHORA ALFONSINA Y EL MAR?

Por Jorge Jorge González

Quiero cantar alguna estrofa de «Alfonsina y el Mar» pero, no puedo...un nudo en la garganta sólo me deja aliento para recordar aquella figura de ojos oblicuos que estremece cada día los rincones de mi casa, que sale fuera a recorrer las calles como un volcán , porque Mercedes Sosa, La Negra tucumana, es ahora cuando comienza su  concierto gigante entre los humildes, entre los parias olvidados que la recuerdan a ella porque fue su voz en los años de la dictadura, cuando entonaban sus canciones como un rifle, no importa si ella no  ocupaba las plazas  vedadas a las multitudes, siempre estaba presente en las calles, porque era imposible silenciar su voz tremenda.

Cuba la recuerda bien, cuando hace más de tres décadas la vimos majestuosa en el antiguo teatro "Amadeo Roldán...Aun no preciso  cómo  obtuve una entrada para el concierto pero, sí como me  convirtió en un fanático de su obra después de oírle desgranar decenas de joyas  que caían sobre nosotros como un aluvión , sin respiro y queríamos más y más hasta que hubo un final....la esperé fuera más de una hora y, cuando apareció en su  sencillez inmensa, no sé tampoco cómo, me acerqué a ella y le di un beso en sus dos manos; ella me miró sorprendida y me abrazó, juntó las manos mías y me replicó aquel gesto....entonces fui yo el que no comprendí nada y fui a refugiarme en la noche, donde le dije a las estrellas que una diosa me había besado y lo dije a la luna para que fuera a Tucumán a contarlo a su gente y creo que lo oyeron, porque desde entonces esos coterráneos suyos me han dejado sus nuevos discos, sus noticias, sus alegrías y tristezas, porque  pasó a formar parte de mi familia y de mi hogar , no como un objeto que se olvida, si no de  aquellos que alimentan el alma y el espíritu y te abrazan cuando  amanece y te besan cuando  el sueño te alcanza y vas a cerrar los ojos.

La Negra, junto a Joan Manuel Serrat o Silvio Rodríguez, son de esos seres superiores que no abundan, que se aman o se odian con la misma fuerza y a mi me tocó amarlos, porque han cantado lo que quería oír en mi juventud y quiero seguir escuchando ahora, porque son de esos bardos que dicen más allá de  modas, de tiempos breves, que quedan para siempre atrapados en las multitudes y que pueden repetirse una y otra vez hasta el cansancio conociendo que éste no llegará jamás. ¿Quién dijo que todo está perdido?, te he  escuchado decir miles de veces, ofreciendo tu corazón para hacer las cosas mejores, como todos necesitamos en estos tiempos dolorosos y frágiles; como olvidar la  arena y  la espuma, las angustias, la caracola marina y el fondo del mar, si vivo rodeado de agua y de  náufragos y naufragios, si vivo vestido de mar, con sirenas y caballos fosforescentes dándome cobertura en  mis sueños; sé que el  tiempo pasa , que nos vamos poniendo viejos pero tu, Mercedes, no lo sabes y ahí sigues,  como ayer, diciendo que sí y no negando las razones; Pedro el canoero y su corazón de arcilla nos llegó profundo, como tu guitarra que es tu tierra, que siembra en la oscuridad y es tu pueblo.

Déjame decirte que también yo sueño con serpientes, con serpientes de mar ,  también las mato y aparece una mayor, pero este es un tiempo de vivir, aun con las venas abiertas y nacerá un nuevo tiempo  latinoamericano, es más, está naciendo  con una fuerza  telúrica y cada día se expande, no como un desierto, sino como prado verde de la esperanza...tu estarás ahí, porque la reseca muerte no te encontrará y tu Dios no permitirá que el monstruo pise la inocencia de la gente y no estaría de acuerdo en que todo se perdió  y, sí, volverás, porque no es lo mismo que vivir, honrar la vida, algo que has hecho siempre y te agradecemos.

Hoy Argentina y Tucumán hacen que las campanas hagan música porque La Negra se despide, pero campanadas se oyen en toda América, los pueblos originarios cantan con la voz que siempre le entregaste y no es un homenaje, es parte del amor que regalaste a canastos llenos en carnavales de ausencia., aunque los arenales te harán quedar mal y no taparán tu huella, eso no será posible esta vez, aunque lo pidas.

María va, porque tu lograste que sintiéramos el olor a calle regada de su pueblo y nos bebimos el sol que huele a duende, porque el cantor no callará, pues si se calla, se quedan solos los humildes y eso no lo permitirías, ¿quién alzaría entonces la voz en las tribunas si miles de guitarras no desangran una inmortal canción al infinito? ¿Quién dijo que todo está perdido, si no has muerto más que como materia? La cuna de los pobres siempre estará abierta, te irás tranquila, te irás despacio, mientras yo seguiré oyendo tu música y seguiré besándote las manos que el amor conserva eternas en mi mente pero, no sé quién me cantará al oído «Alfonsina y el mar».

La Habana, Octubre del 2009