Por Mercedes Rodríguez García

(Yo sé porqué en estos tiempos la tengo tan presente, encuentren la razón en su poema)

 Vulgaridad, vulgaridad me acosa.

Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.

Hazme tener tu cólera sin nombre:Y

a me fatiga esta misión de rosa.

 

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,

Me falta el aire y donde falta quedo,

Quisiera no entender, pero no puedo:

Es la vulgaridad que me envenena.

(A.S)



Alfonsina Storni constituye una de las leyendas de la literatura hispanoamericana que con más fuerza retumban en la memoria colectiva, acrecentada por la canción de Ariel Ramírez y Félix Luna que le ha dado la vuelta al mundo en la voz de Mercedes Sosa.

¿Cómo murió la Storni? La canción misma habla de una mujer que sufre y que decide marcharse «vestida de mar», que caminó aguas adentro hasta ahogarse, víctima de una depresión amorosa. No. Ahora sabemos por un artículo de Guzmán Urrero Peña que desde años antes la corroía el cáncer.

Su muerte en el mar fue real, pero diferente a lo que se cuenta la canción.  Alfonsina se lanzó desde un espigón de la playa La Perla, en Mar del Plata, y su cuerpo fue hallado a la mañana siguiente. En el lugar le han erigido un monumento. Hasta allí, cada 25 de octubre, se acercan cientos de personas para honrar su memoria.

Yo la prefiero poéticamente suicida. Como yo, Alfonsina odiaba la mediocridad, la hipocresía, la vulgaridad. ¿Qué importancia tiene saber la verdad, o las verdades, sobre Alfonsina Storni? Seguramente ninguna. Solemos preferir los mitos porque en ellos podemos moldear nuestra imagen del mundo, y «arrancarle cierta costra de roñosa realidad que lo reviste.»