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Por Mercedes Rodríguez García

 Si Bernard D. Meltzer, quien juzgó a los jerarcas nazis de la Segunda Guerra Mundial, no hubiera fallecido hace poco, de seguro hubiera protestado del juicio –y posterior ejecución- seguido contra Saddam Hussein. http://www.lanacion.com.ar/exterior/nota.asp?nota_id=872859

Pero el mundo se queda callado, sumido en la modorra del caos y la incertidumbre postmodernas. ¡Hosanna en las alturas!, Saddan ríe… y Bernard se queja de tanta improvisación y odio norteamericanos.¡Pobre Hussein! No porque fuera bueno, que de santo no tenía un pelo. Nadie es todo bueno… ¡Ni malo! Pero a Saddam, en última instancia, debía haberlo juzgado su pueblo, que ahora, de tanto hábito peregrinacional, puede convertirlo en mito.Lo otro será historia.

Fidel estuvo siempre claro. A  Hussein había que conminarlo para que cambiara su posición respecto a la guerra de Kuwait, una guerra que pudo ser evitada, y que resultó sumamente destructora, tal y como le previera Fidel Castro en alguna de la correspondencia sostenida con el líder irakí a principios de los años 90. http://www.granma.co.cu/secciones/cartas_a_saddam_hussein/index.html

Bernard murió de cáncer de próstata. A Bernard le sobreviven su esposa, dos hijas, un hijo y seis nietos. Hussein fue ejecutado por las muertes de 148 chiítas en la aldea de Duyail en 1982.

Los oficios fúnebres del exfiscal se realizaron en la intimidad. El cuerpo de Saddam Hussein fue sepultado al día siguiente en la aldea de Awja, en la ciudad de Tikrit, donde nació. Según informó la cadena de TV CNN, en el entierro estuvieron presentes cerca de 100 personas y se realizó en el mismo cementerio en que están los cuerpos de sus hijos Uday y Qusay, muertos en el 2003 durante el ataque de las tropas norteamericanas. www.terra.cl/noticias/index.cfm?id_cat=303&id_reg=723204