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LA TECLA CON CAFÉ

Ya mide seis kilómetros la mancha de combustible del barco ruso hundido en Canarias

Ya mide seis kilómetros la mancha de combustible del barco ruso hundido en Canarias

 

6:44:21 a.m. 

El hundimiento del pesquero ruso Oleg Naydenov en aguas de las Islas Canarias ha provocado una sucesión de manchas de fuel que ya se extienden en una franja de al menos seis kilómetros de longitud y dos de ancho, según confirmó hoy Salvamento Marítimo. 

El barco, que llevaba en su interior 1.409 toneladas de fuel, 30 de gasoil y 65 de lubricante, comenzó a arder el pasado sábado cuando se encontraba atracado en el muelle Reina Sofía del puerto de La Luz y Las Palmas. 

Posteriormente, se trasladó fuera del puerto ante el riesgo de que virase, y finalmente se hundió el pasado martes a 15 millas, unos 24 kilómetros al sur de Maspalomas, en la isla de Gran Canaria, según confirmó a Sputnik Novosti Salvamento Marítimo. 

El Ministerio de Fomento hasta el momento sólo ha activado el primer nivel de emergencia por el pesquero, que se encuentra a 2.400 metros de profundidad. 

Sin embargo, la Capitanía Marítima ya activó los procedimientos de actuación para este tipo de incidentes de contaminación y se ha establecido un programa de vigilancia para realizar un seguimiento de las manchas de combustible mediante unidades aéreas y marítimas. 

En la zona ya trabaja el avión Sasemar 101, de Salvamento Marítimo, destinado también a controlar la contaminación marina, y el buque Miguel de Cervantes, que vigila la evolución de la mancha de hidrocarburos. 

La organización ecologista Greenpeace criticó en declaraciones a Sputnik Nóvosti la gestión realizada por las autoridades con el pesquero ruso. 

Critica la decisión de remolcarlo a alta mar, dado que esta decisión "complica las operaciones" para recuperar el fuel y hace más costosos los trabajos de limpieza, explicó su portavoz Julio Barea a esta agencia. 

(Fuente: MSN)

 

 

Retirada Cuba de lista de países terroristas

Retirada Cuba de lista de países terroristas


4:39:06 a.m.

En la tarde del martes 14 de abril de 2015 se conoció que el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, emitió la “Certificación de rescisión de la designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo”. A continuación la Declaración de la Directora General de EE.UU. del Ministerio de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal Ferreiro.

Mediante esta acción, el presidente Obama ha decidido excluir a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo internacional y notificar a estos efectos al Congreso de los Estados Unidos, el cual tendrá un plazo de 45 días para pronunciarse.

El Gobierno de Cuba reconoce la justa decisión tomada por el Presidente de los Estados Unidos de eliminar a Cuba de una lista en la que nunca debió ser incluida, ya que nuestro país ha sido víctima de centenares de actos terroristas, que han costado la vida a 3 478 personas y han incapacitado a 2 099 ciudadanos cubanos.

Como el gobierno cubano ha reiterado en múltiples ocasiones, Cuba rechaza y condena todos los actos de terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, así como cualquier acción que tenga por objeto alentar, apoyar, financiar o encubrir actos terroristas.

La Habana, 14 de abril de 2015.

(Fuente: Granma)

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Obama anuncia que retira a Cuba de lista de países terroristas

Las relaciones económicas entre Cuba y EEUU en un nuevo escenario (IV)

Las relaciones económicas entre Cuba y EEUU en un nuevo escenario (IV)

 

5:35:56 a.m. 

Por José Luis Rodríguez* 

La reactivación de relaciones comerciales y financieras entre Cuba y Estados Unidos muestra escenarios a corto y largo plazos en los que se pueden apreciar diferentes alternativas, aunque siempre corresponderá a los norteamericanos una mayor incidencia, tomando en cuenta las restricciones que han establecido a lo largo de los años en estas relaciones. 

En ese contexto, entre finales de enero y principios de febrero de este año se plantearon tres proyectos de ley en el Congreso de EE.UU. Se trata de iniciativas presentadas en el Senado (la S-299 “Freedom to Travel to Cuba Act of 2015” y la S-491 “Freedom to Export to Cuba Act of 2015”) y una promovida en la Cámara de Representantes (HR-635 “Promoting American Agriculture and Medical Exports to Cuba”). 

Estos proyectos de ley se encaminan a desmontar parcialmente disposiciones hoy vigentes del cuerpo legal que norma el bloqueo a Cuba con vistas a impulsar el establecimiento gradual de relaciones comerciales entre los dos países. 

En tal sentido, vale la pena recordar que desde 2001 Cuba ha venido realizando compras a empresas agrícolas norteamericanas de pollo, maíz, soya, trigo y pienso animal, las cuales alcanzaron su punto más alto en 2008 y totalizaron 4 689 millones de dólares hasta 2013. 

Para tener una idea de su connotación, baste señalar que en este último año las compras de pollo se realizaron en un 72,3% en el mercado norteamericano. Por otra parte, como ya se apuntó en otra parte de este trabajo, las visitas de residentes de Estados Unidos a Cuba crecieron alrededor de 2,5 veces desde 2006. 

Tomando estos elementos en cuenta, es explicable que los sectores de mayor interés a corto plazo para los hombres de negocio del país vecino sean precisamente el turismo, la hostelería y los servicios de viaje; el transporte marítimo, las telecomunicaciones, la industria de los materiales de construcción y la agricultura. En este punto se destaca la presión que vienen ejerciendo los operadores de cruceros, que en sus visitas a Cuba pueden brindar una importante capacidad de alojamiento inmediata a bordo sin necesidad de nuevas inversiones. 

Junto a estas consideraciones no debe perderse de vista el declarado interés del gobierno estadounidense por impulsar el sector privado en Cuba, para lo cual se ha aprobado la exportación de un conjunto de bienes y equipos, incluidos dispositivos de comunicaciones que solo se venderían a ese sector y no a las empresas estatales cubanas. Desde luego, la política a adoptar en este sentido por la parte cubana es un elemento a considerar. 

Por parte de Cuba, existe un conjunto de potencialidades de negocio también a corto plazo, que en parte coincide con los intereses de Estados Unidos. 

Se trata, en primer lugar, de las telecomunicaciones, donde ya se firmó en febrero un primer acuerdo entre ETECSA y la firma norteamericana IDT, que permitirá la comunicación directa entre ambos países. 

En el ámbito del turismo resulta evidente la necesidad de ampliar la capacidad de alojamiento en ciudades como La Habana, incluyendo nuevas inversiones para la recepción de cruceros —tal y como viene haciendo la Oficina del Historiador en la bahía capitalina—, así como nuevos emprendimientos que permitan desarrollar rápidamente la industria de la cultura y el entretenimiento. 

Merece especial atención el hecho de que Cuba tiene una gran ventaja competitiva para el turismo de salud y de la tercera edad, particularmente valorando que —según datos del investigador José Luis Perelló— casi el 24% de los visitantes en el último quinquenio son mayores de 60 años. 

También hay que tomar en cuenta que la administración Obama autorizó que los visitantes norteamericanos puedan importar productos cubanos por 400 dólares, de ellos 100 dólares en alcohol y tabaco. 

Particularmente se destaca la potencialidad del mercado Premium del tabaco en Estados Unidos, donde se ha señalado que Cuba pudiera cubrir ventas por unos 270 millones de dólares al año, un 30% del mercado. 

En el caso de las bebidas, Estados Unidos absorbe el 40% del segmento mundial de alta calidad, donde el ron cubano tiene un espacio asegurado, con ventas de seis millones de cajas en 125 mercados. No obstante, está pendiente una nueva revisión en el litigio sobre la marca Havana Club, que fue otorgada por un tribunal estadounidense a la firma Bacardí. Si se mantuviera el fallo contrario a Cuba, se piensa vender el mismo ron cubano de alta calidad bajo la marca Havanista, que ya está registrada de forma exclusiva para Estados Unidos. 

Otras potencialidades a considerar por Cuba se refieren a los productos farmacéuticos de la biotecnología, así como al trabajo de elaboración de software en las TICS y la posibilidad de desarrollar exportaciones agrícolas de alta calidad para el mercado estadounidense, entre otros renglones. 

No se debe dejar de apuntar que estos nuevos escenarios enfrentarán también importantes obstáculos. El primero de ellos es la resistencia dentro de EE.UU. al levantamiento total del bloqueo, que algunos analistas consideran que solo se producirá dentro de cuatro o cinco años. 

Igualmente, las reclamaciones producto de las nacionalizaciones de propiedades norteamericanas en Cuba —por unos 7 000 millones de dólares— son un tema a tomar en cuenta, aunque su solución deberá verse en el contexto de la respuesta a la demanda cubana por daños económicos del bloqueo, cifrados en 121 000 millones de dólares, que los tribunales cubanos aprobaron en 2000, considerando —además— su actualización. 

Finalmente, cabe suponer que el nuevo escenario brindará importantes oportunidades para Cuba, las que se irán concretando gradualmente en la misma medida en que se eliminen las restricciones establecidas, comenzando en lo inmediato con la salida de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo (en la que se le incluye desde 1982), algo que también tiene significativas repercusiones comerciales y financieras. 

De igual modo, se presentan importantes desafíos para nuestro país, no solo económicos, sino también políticos y sociales, que deben ser enfrentados con la sabiduría que suponen más de 50 años de enfrentamiento a fuerzas que no renuncian a sus propósitos de cambiar el orden político en Cuba. 

 (Fuente: CC) 

* El autor es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial

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Cuba y Estados Unidos: Lentamente, pero hacia adelante

Cuba y Estados Unidos: Lentamente, pero hacia adelante


4:29:48 a.m. 

Cuba y Estados Unidos, Raúl Castro y Barack Obama, fueron el centro de la Cumbre de las Américas. En términos cinematográficos, aportaron interés previo —teasers incluidos— y una línea argumental definida al encuentro hemisférico, y aun cuando no hubo el gran anuncio, el gran paso adelante que se esperaba, mucho —e importante— ocurrió. 

Por encima de temas candentes y de rutina que estaban en la mesa de la séptima Cumbre de las Américas, desde varias semanas antes era aguardado en medios políticos y de prensa el encuentro de los dos mandatarios, envuelto en el suspenso por el posible retiro de Cuba de la Lista de estados patrocinadores del terrorismo y anticipado por la conversación telefónica que sostuvieron ambos el miércoles y el largo diálogo (más de dos horas) entre el canciller Bruno Rodríguez y el secretario de Estado John Kerry el jueves en Panamá. 

¿Hubo algún avance en la capital panameña o todo siguió como antes? 

Desde finales de la década de 1950 no había un encuentro formal entre presidentes de Cuba y Estados Unidos. Si se atiende al discurso del mandatario cubano en la reunión (el detallado recorrido por la política y los actos anticubanos de diez administraciones estadounidenses, del que excluyó a la de Obama, a quien consideró un hombre honesto), a los varios apretones de manos y lo hablado por ambos, se pudiera concluir que Panamá fue el segundo paso estratégico luego del anuncio del 19D. Un paso de consolidación. En el istmo, Raúl y Obama refrendaron lo hecho hasta ahora y coincidieron en que sus equipos negociadores sigan adelante. 

“¿Cuántos presidentes hemos tenido? Diez antes que él, todos tienen deuda con nosotros, menos el presidente Obama”, dijo el mandatario cubano. A su turno, Obama afirmó que EE.UU. “no será prisionero del pasado” con Cuba ni con la región, y se mostró  convencido de que si continúa el diálogo bilateral habrá progresos pese a las “diferencias”. “No estoy interesado en disputas que, francamente, empezaron antes de que yo naciera”, dijo. 

El mandatario cubano reiteró a Obama la disposición de Cuba al “diálogo respetuoso y a la convivencia civilizada” con Estados Unidos “dentro de nuestras profundas diferencias”. Más tarde, en su histórico encuentro en un salón del centro de convenciones que acogió la Cumbre, Obama señaló que “estamos en condiciones de avanzar en el camino hacia el futuro (…) Con el tiempo es posible que podamos pasar página y desarrollar una nueva relación entre nuestros dos países (...) En algunas cosas estaremos de acuerdo y en otras no”. 

“Puede ser que nos convenzamos de algunas cosas, pero de otras no (...) Tenemos muchas diferencias y una historia compleja, pero estamos dispuestos a avanzar en las reuniones para establecer relaciones diplomáticas. Lo fundamental es que estamos dispuestos a discutir de todo, incluso sobre derechos humanos y libertad de prensa. De esas y de otras cuestiones, de Cuba y también de Estados Unidos”, indicó por su parte Raúl Castro e insistió en que deberá hacerse con “paciencia”. 

Al igual que otros países hallaron fórmulas para zanjar diferendos o brechas en sus relaciones, Cuba y Estados Unidos parecen apostar en esta nueva fase por “el acuerdo sobre el desacuerdo” y la voluntad de reconstruir los vínculos pese a las diferencias y a todos los “ruidos” que rodean el proceso. Relación civilizada, basada en el respeto mutuo —han aclarado ambas partes—, cimentada en el convencimiento de que otro rumbo sería irracional en esta época. 

Poco después de su encuentro el sábado con el presidente cubano, el jefe de la Casa Blanca dijo a reporteros que “la Guerra fría ha terminado… Cuba no es una amenaza para los Estados Unidos”. Algo más tarde, tras arribar a Washington y ya bajo fuego republicano por su encuentro y apretón de manos con Castro, Obama “reincidió” al declarar que su conversación con Raúl fue “franca y fructífera”. 

El domingo -una vez más defendiendo la nueva política del presidente-, el secretario de Estado Kerry recalcó a ABC que Obama “ha decidido valientemente cambiar una política que no ha funcionado” y calificó de “buena” su reunión con el canciller cubano, subrayando que habrá “un proceso de transformación”. 

Kerry confirmó, además, que Obama decidirá en “los próximos días” si se retira a Cuba de la Lista de estados patrocinadores del terrorismo, en la que ha sido incluida desde 1982. Según dijeron funcionarios de la administración a CNN la pasada semana, el Departamento de Estado ha recomendado excluir a la Isla. 

Una vez emitido el presumible visto bueno del mandatario a la retirada de Cuba de esa lista, estaría más libre de obstáculos el camino para la reapertura de embajadas en Washington y La Habana y el restablecimiento de relaciones diplomáticas, un hito que implica un peldaño superior en el diálogo y la institucionalidad bilaterales y que sin dudas generará —tal vez a un ritmo más rápido— nuevos desarrollos. 

Ese paso, además, podría destrabar para Cuba ciertos cerrojos que obstaculizan sus relaciones y operaciones financieras internacionales, e incluso desbrozar reticencias de países e inversionistas cuando la Isla necesita unos 2 500 millones de dólares anuales en IED para concretar sus perspectivas y urgencias de crecimiento económico. 

Todo esto era impensable el 16 de diciembre de 2014 y una quimera en diciembre de 2013, cuando aquel saludo breve entre Raúl Castro y Barack Obama en los funerales de Mandela generó reacciones e hipótesis de todo tipo en momentos en que avanzaba ya el hermético proceso de acercamiento que desembocó en el anuncio del 17 de diciembre. Desde esa fecha, ya conocida como 17D, han pasado menos de cuatro meses. 

En ese corto espacio de tiempo hemos visto a delegaciones -presididas por mujeres- celebrar tres rondas de conversaciones para el restablecimiento de relaciones diplomáticas; otra ronda sobre derechos humanos; contactos en áreas como la de telecomunicaciones; el encuentro entre los responsables de Relaciones Exteriores y los presidentes, y los cambios al régimen de restricciones emitidos a mediados de enero por el Departamento del Tesoro. 

Hemos sabido sobre el restablecimiento de la comunicación telefónica directa; empresas que han iniciado aperturas hacia Cuba como Mastercard o Airbnb —en este caso, con innovaciones que sortean los obstáculos vigentes—, y muchas otras que han expresado interés en hacerlo; delegaciones legislativas y empresariales estadounidenses de alto nivel visitando La Habana, mientras en Estados Unidos se analizan las oportunidades que ofrece el país caribeño en foros como la reciente Cuba Opportunity Summit, en Nueva York. 

En esa cita, según CNN, Frank Del Rio, CEO de Norwegian Cruise Lines, uno de los pesos pesados del sector de cruceros, dijo que “Cuba presenta probablemente la mayor oportunidad —fuera de China— para hacer crecer nuestra industria”. 

Alana Tummino, director de política en la entidad empresarial Council of the Americas, consideró que el retiro de Cuba de la Lista de estados patrocinadores del terrorismo “será el primer paso en una serie de pasos que harán que sea más fácil para las empresas estadounidenses hacer negocios allí”. 

El interés va más allá de Estados Unidos, y alcanza a la Unión Europea -que no quiere quedarse atrás y pone mayor acento en sus conversaciones con Cuba mientras llegan a la Isla o se anuncian visitas de alto nivel-, e incluso a países tan lejanos como Japón y Australia, que aprecian un entorno más confiable para los negocios en el actual escenario. 

Se mueve el proceso entre Cuba y Estados Unidos, aunque quizá no tan rápido como se esperaba tras el 17D, y de paso se refleja en las relaciones de la Isla con el resto del mundo. En Panamá, los presidentes de los dos países acaban de doblar la apuesta. Un movimiento pragmático al que deben seguir otros -con el apoyo mayoritario de cubanos, cubanoamericanos y estadounidenses, según encuestas en los dos países- en un entorno no exento de obstáculos. 

(Fuente: CC / Darío Carrazana)

La política de EEUU, Cuba y la disidencia: ¿aliada o impedimenta?

La política de EEUU, Cuba y la disidencia: ¿aliada o impedimenta?


4:33:28 a.m. 

Imaginemos a un partido en EEUU que promoviera el cambio hacia un sistema político, económico y social similar al de la República Popular China. Que ese partido, o conglomerado de grupos, careciera de un liderazgo estable o definido, de una ideología coherente, salvo oponerse al orden prevaleciente en EEUU y abrazar el modelo de la RPCh; y que se autodefiniera como la genuina representación de la sociedad norteamericana, aunque no  expresara el interés real de ningún sector social en particular. 

Supongamos que el gobierno chino, como parte de su presupuesto oficial, le otorgara a ese conglomerado cientos de millones de yuanes, para fomentar lo que aquel llamaría un proyecto de “evolución pacífica” hacia un modelo de país que conllevara una relación íntima con China.

Finalmente, pongamos por caso que la República Popular estuviera donde hoy queda Canadá, con una población 30 veces mayor y una economía 233 veces más potente que los EEUU, tuviera medio siglo de muy malas relaciones con este país, y que su presidente insistiera en retratarse con los líderes de tal conglomerado.

¿Cómo reaccionaría el gobierno de EEUU? ¿Recluiría a este grupo en la base naval de Guantánamo, sin derecho a juicio o protección legal? ¿Lo consideraría un movimiento pacífico, por el hecho de no incitar a una rebelión armada? ¿Quizás se limitaría a presentarle cargos por colaborar con una potencia extranjera, exponiéndolo solo a varias cadenas perpetuas? ¿O sería posible que lo identificara como oposición legítima, dedicada a ejercer sus derechos civiles, a disentir del orden establecido, a cultivar el librepensamiento y a comportarse como buenos ciudadanos? ¿Aparecerían ante los norteamericanos como defensores de la democracia y el pluralismo, capaces de practicar el diálogo y el respeto hacia los que no comparten sus ideas? ¿O abanderados de la libertad de expresión, mediante medios de difusión no partidistas ni consagrados a negar el sistema, sino a jugar un rol informativo balanceado e independiente de ninguna corriente política? ¿Reconocería entre ellos a líderes políticos e intelectuales, capaces de conducir al país por el camino del desarrollo humano, la independencia, y la democracia ciudadana?

Si se aprecia serenamente todo lo anterior, se apreciará que, incluso si no se aprueba la reacción cubana ante los disidentes, esta no se reduce a simple impulso ideológico, ineptitud para lidiar con el disentimiento, cerrazón mental o pura maldad.

Tampoco se podría explicar, naturalmente, por la magnitud de amenaza real que estos representan por sí mismos para la seguridad nacional cubana. El problema no son ellos, sino la política norteamericana que los auspicia, enunciada aún hoy como “traer la democracia y los derechos humanos a Cuba”, y dirigida no a objetivos puntuales, a “los Castros” o la “exportación de la revolución”, sino a transformar el orden social, económico y político del país a su imagen y semejanza (“promote our values”, dijo Obama el 17D).

Desde la Brigada 2506 hasta hoy, el exilio político cubano se ha percibido en la isla como una función de la política norteamericana frente a la revolución. El 17D demostró que, en esa función, no es la cola la que mueve al perro, sino, en última instancia, el perro el que decide.

En términos de realpolitik, la pregunta post-17D va más allá de aplicarle a la disidencia los medios con que se enfrenta la subversión (o sea, ponerlos presos); o de hacerlo para poder contar con una pieza de cambio a  la hora de negociar con EEUU (quien exige cosas a cambio siempre, por ejemplo, para devolver la base de Guantánamo); o de aplicarles todo el peso de la ley cubana actual, lo que termina convirtiéndolos en víctimas, y mediante cierta prensa continental, en héroes.

La pregunta ahora es si esta disidencia le resulta realmente funcional a la política inaugurada por Obama el 17D.

Es necesario entender que esa política se monta ya sobre otra lógica, la del diálogo y la negociación, que no excluye la presión, la confrontación ideológica o la coacción, pero articulándolas de manera distinta.

La prensa en la isla repite sin descanso que EEUU no ha renunciado a sus objetivos, remachándoles a los cubanos una verdad obvia: no deben confiarse de ese poderoso vecino, que sigue tan imperialista como siempre, y solo ha “cambiado los medios”. Ahora bien, si se examina detenidamente esto de “los medios” cambiados, la nueva política contiene implicaciones de mayor escala.

En efecto, como alternativa a medio siglo de fuerza bruta ineficaz, la formulación estratégica del 17D se dirige a abrir una carretera que comunique con el corazón del sistema político cubano.

De influir, por ejemplo, sobre los jóvenes, no tanto los grupos de hip hop (que en ninguna parte han desatado revoluciones), sino el liderazgo de los gobiernos y direcciones provinciales del Partido Comunista, las fuerzas armadas y la seguridad, la tecnocracia y las instituciones científicas, educativas, culturales. De comunicarse con la economía naciente de las reformas de Raúl Castro, no solo empleados de paladares y agromercados, sino la ancha capa de empresarios al mando del nuevo sector público, ansiosos de conseguir la eficiencia en la producción y los negocios.

De alcanzar no solo a artistas y cineastas que hacen obras provocadoras, sino a los miles de comunicadores sociales y periodistas que trabajan en los medios gubernamentales, más diestros en internet de lo que se dice, quienes se quejan con razón por el poco acceso a la banda ancha y el free wifi, y hasta admiran (en casos connotados) a la CNN como modelo.

¿Se encuentra la entrada a esta carretera en manos de los disidentes, más bien  opuestos en muchos casos a la política del 17D? ¿Son los socios de los congresistas cubano-americanos, famosos en EEUU por su catadura ultraconservadora, y padrinos de la disidencia en la isla, el puente entre los emprendedores cubanos de ambas orillas? ¿O las damas que dejan colgada de la brocha de la mediación a la propia iglesia católica?

Por muy despistados que estén sobre la real sociedad civil y política cubanas, resulta increíble que los asesores del presidente de EEUU consideren emisarios viables para el diálogo sobre democracia y libertad en Cuba a la delegación de provocadores que descendió sobre Panamá en el entorno de la Cumbre de las Américas.

No hay que olvidar, sin embargo, que la política, en buena medida, es un extraño gran teatro. Solía decir Martí que en esa puesta en escena, lo más real es lo que no se ve.

No en balde un antiguo jefe de la Sección de Intereses, en la intimidad de un informe al Departamento de Estado, comentaba que “there are few if any dissidents who have a political vision that could be applied to future governance……it is unlikely that they will play any significant role in whatever government succeeds the Castro brothers.”

No sería esta la primera vez que sus caminos, el del gobierno norteamericano y esta peculiar oposición cubana, se bifurcan. Todavía caliente la Crisis de los Misiles, Jacqueline Kennedy recibiría la bandera de la Brigada 2506, prometiéndole que se la devolvería cuando entrara triunfalmente en una “free Havana”.

Más de 52 años después del discurso de Jacqueline en el estadio Orange Bowl, los descendientes de aquellos brigadistas, junto a otros cubano-americanos estimados en 300 mil el año pasado, siguen llegando a la isla–aunque no precisamente en son de guerra.

Esos cubanos comunes, que se abrazan con sus primos en la Terminal 2 de La Habana, no montan en el furgón de los disidentes ni enarbolan hoy aquella bandera (guardada por los Kennedy en un almacén), sino la del retorno al país natal, a La Habana que renace poco a poco, y a una playa para el retiro, que la promesa de la normalización ha hecho flotar sobre Cuba. 

(Fuente: Cubadebate /Rafael Hernández/La Vanguardia, España)

 

 

 

Casa de las Américas rendirá homenaje a Eduardo Galeano

Casa de las Américas rendirá homenaje a Eduardo Galeano


10:30:46 p.m.

El próximo miércoles 22 de abril a las tres de la tarde, tendrá lugar en la Casa de las Américas el Homenaje de la América Latina y el Caribe a Eduardo Galeano

“Fe de erratas. Donde dice: 12 de octubre de 1492, debe decir: 28 de abril de 1959. En ese día de abril fue fundada, en Cuba, la Casa que más nos ha ayudado a descubrir América y las muchas Américas que América contiene. […] Esta Casa es mi casa…”

Así dejaba inaugurada la edición 53 del Premio Literario Casa de las Américas en enero de 2012: el mismo certamen que había reconocido un año antes su libro Espejos. Una historia casi universal, con el Premio de narrativa José María Arguedas, y que había marcado el recorrido continental y universal de su obra más conocida, Las venas abiertas de América Latina.

Desde que vino por primera vez como jurado de Cuento (1970), Galeano dejó una profunda huella en escritores, artistas, lectores de todas las generaciones; dio charlas, presentó libros, estuvo en exposiciones y conferencias, participó una vez más como jurado e hizo una última y afectuosa visita familiar —“…mis nietos tenían que ver esto”, dijo cuando estuvieron frente a la Che Guevara, en el tercer piso.

En esa misma sala, el próximo miércoles 22 de abril, será el homenaje del Continente. 

(Fuente: Cubadebate)

 

 

Regresó Raúl a Cuba

Regresó Raúl a Cuba

 

7:03:48 a.m.

En la tarde de este domingo, regresó a Cuba el General de Ejército Raúl Castro Ruz, luego de participar en las dos fructíferas jornadas de la VII Cumbre de las Américas, realizada en la Ciudad de Panamá.

Al arribar a La Habana fue recibido por los miembros del Buró Político Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, y el general de cuerpo de ejército Abelardo Colomé Ibarra, ministro del Interior.

Con anterioridad, el presidente panameño Juan Carlos Varela había ido hasta el aeropuerto Panamá Pacífico para despedir a Raúl, con quien estuvo dialogando sobre los resultados de la histórica cita y la participación en ella de la delegación cubana.

(Fuente: Cubadebate)

 

América latina después de la Cumbre

América latina después de la Cumbre


7:09:26 a.m.

Por: Juan Manuel Karg

Primera conclusión: el bloque de 33 países que  componen la Celac —Comunidad de Estados  Latinoamericanos y Caribeños— quedó fortalecido  tras la reunión de Panamá. 

Una imagen puede dar  cuenta de esto: tras escuchar a Raúl Castro, y  antes de que hablaran Cristina Fernández de  Kirchner y Nicolás Maduro, Obama se retiró de la  plenaria de Jefes de Estado, en una actitud muy  cuestionable. 

Esta imagen, que algunos analistas  conservadores buscaron hacer pasar como una  derrota de los países de la Unasur, supone más  bien lo contrario: EE.UU. no puede dirigir un  espacio que creó con ese fin, allá por 1994, lo que  queda graficado con claridad en la salida de Obama  del recinto. 

Así, el país que en décadas previas fue  “amo y señor” de este tipo de encuentros, ni  siquiera escuchó los discursos de buena parte de  los presidentes de la región, en una actitud  arrogante pero también defensiva.

Segunda conclusión: si alguien esperaba un  discurso “light” de Castro en Panamá, producto del  restablecimiento de relaciones diplomáticas con  Washington, se equivocó.

El cubano fue  contundente en su explicación sobre la política de  Washington de cara a la isla, a nivel histórico, más  allá de los recortes malintencionados que luego  intentaron diversos medios hegemónicos de la  región. Recordó que en la guerra de la  independencia los EE.UU. “entraron como aliados, y  se apoderaron del país como ocupantes”. Luego  manifestó que las penurias que produjo el bloqueo  provocaron un mayor apoyo al modelo político,  económico y social vigente en la isla desde 1959. 

Así, dijo que “el 77 por ciento de los cubanos nació  bajo el bloqueo. Pero el hostigamiento trajo más  revolución”. Por último, dio cuenta de la derrota del  ALCA, la propuesta de libre comercio cuyo desarrollo se pergeñó precisamente en la Cumbre de  las Américas, al afirmar que “el ALCA naufragó en  2005 en Mar del Plata bajo el liderazgo de Chávez,  Kirchner y Lula”.

Tercera conclusión: la crítica a la orden ejecutiva  proclamada por Obama, considerando a Venezuela  una amenaza para Washington, se apoderó de  buena parte de las intervenciones. Es decir: trastrocó una reunión cuyo punto esencial iba a ser  la foto Obama-Castro. Cristina Fernández de  Kirchner fue contundente: “Lo primero que hice fue  reírme. ¿Una amenaza? Es inverosímil”, dijo  primero, para después afirmar que “es una pena  que esta cumbre se vea ensombrecida por esa  decisión. Ese decreto debe ser dejado de lado”. 

Luego fue el propio Nicolás Maduro, quien llevó 11  millones de firmas al encuentro, el que sentenció  que “este decreto se mete en la vida interna de  Venezuela”. Tras ello, Maduro clarificó que busca  una resolución diplomática del tema, al decir: “Le  tiendo la mano, presidente Obama, para que  resolvamos el tema sin intervención en asuntos  internos”.

Cuarta conclusión: la ausencia de una declaración  final marca el descontento de EE.UU. y Canadá con  los ejes centrales de la reunión, algo similar a lo  que sucedió en Cartagena de Indias, Colombia,  durante 2012. Si bien Obama logró la foto que  quería junto a Raúl Castro, y aprovechó los días  previos para reunirse con los países del Caribe nucleados en Caricom  —en vías a intentar debilitar  la hegemonía venezolana en la zona a través de Petrocaribe—,  podemos decir que el hecho de que  no exista un documento final marca las  divergencias entre el bloque Celac y los países de  América del Norte, que se opusieron a posicionarse  sobre el decreto ejecutivo contra Venezuela.

Dos  cumbres consecutivas sin posicionamiento conjunto  demuestran los límites de una instancia tan abarcadora, con países muy divergentes en  términos de orientación política y económica.

Diversos interrogantes quedan planteados luego  del cónclave panameño, rumbo a la reunión de  Perú 2018: ¿hasta qué punto la Cumbre de las Américas marcará el pulso de las discusiones  regionales, visto y considerando que el bloque  Celac ya arriba a dichas reuniones con consensos  previos?; ¿de qué forma cambiará el escenario  regional, plagado en la actualidad de un conjunto  de gobiernos posneoliberales, de cara a la próxima  Cumbre de las Américas?; ¿podrá EE.UU. lograr  una mayor afinidad con los países del Caribe, a  través de Caricom?

Como sea, aun luego de cambiar una política de  histórica hostilidad con Cuba, el escenario regional  sigue siendo muy complejo para EE.UU. Al fin y al  cabo, tras la aparición de nuevas herramientas  integracionistas —como Unasur, Celac y  ALBA/Petrocaribe— la Cumbre de las Américas sigue  siendo heredera de una etapa previa de la región: aquella del “Consenso de Washington”, derrotado  precisamente diez años atrás en Mar del Plata. De  modificar (o no) ese formato depende buena parte  de la supervivencia de esta instancia, que parece  haber quedado atrapada en un cambio de época de  América latina.

(Fuente: Cubadebate /(Tomado de Página 12)