&dd&ping LA TECLA CON CAFÉ

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La crónica regresará a los periódicos

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30/12/2011 0:16:46

 

La tendencia a abreviar todo en información en línea le ha pegado a la crónica en muchos medios noticiosos, criticó el periodista y escritor mexicano Juan Villoro, para quien este género regresará a los diarios cuando éstos recuerden que su fuerza también depende de contar historias.


Entrevistado en ocasión de la promoción de la publicación de «8.8: El miedo en el espejo», una vertiginosa crónica sobre su experiencia en el terremoto que sacudió a Chile en febrero pasado, Villoro refirió que actualmente la realidad entrega historias que pueden ser tocadas desde la crónica, que es la mejor manera de unir lo social con un destino individual; la información con emoción.

Lo paradójico, dijo, es que al mismo tiempo los medios escritos han perdido confianza respecto a sus recursos y piden textos cada vez más cortos. «Mientras los periodistas engordan (porque cada vez salen menos a la calle) los periódicos adelgazan», señaló.

Entonces, aunque ahí están los temas que entrega la realidad, sin que puedan ser soslayados, la crónica ha emigrado a las revistas y a los libros.

No obstante, el género volverá a los periódicos, «cuando éstos recuerden que su fuerza también depende de contar historias», confió el experimentado cronista, admirador del recientemente fallecido Carlos Monsiváis. 

Sobre cómo hacer una crónica de una situación dramática en la que el propio periodista es protagonista o víctima, aclaró que él no sabía que su experiencia en Chile acabaría siendo relatada en una crónica y que todo lo que recabó de información en ese momento no se debió a apuntes como tal.

Lo que pasa, señaló, es que no hay mejor proceso nemotécnico que el miedo. «Si alguien te dice algo en una situación extrema, lo recuerdas para siempre».

«En Tirant lo Blanc, el gran clásico de la novela de caballerías, que tanto admiró Cervantes, un padre le da una bofetada a su hijo sin motivo alguno. El hijo le pregunta por qué lo golpeó.
Para que nunca olvides este momento, le contesta».

Y es que las bofetadas fijan la memoria, considera Villoro, para quien cuando las cosas importan todo se te graba. «Venimos de Homero, es cronista de guerra que nunca tomó apuntes», explicó el autor, quien se encuentra en Barcelona, España, donde da clases en la Universidad Pompeu Fabra.

Hay veces, añadió, que se escribe desde la perplejidad y la ignorancia, por ejemplo, acotó, el sismo de Chile le demostró que «ante la tierra, todos somos discípulos y uno se limita a tomar apuntes».

Por eso, comentó, en algunos pasajes de su texto habla desde la ignorancia del que no sabe si va a vivir o no, en otros toma la palabra el coleccionista de sismos en que ya parece haberse convertido, por el sólo hecho de ser mexicano, o incluso el lector que ha tenido curiosidad por buscar sobre esos temas.

El secreto de una crónica, puntualizó, no depende de saber muchas cosas, sino de usar datos que no se habían combinado antes y que permiten entender la realidad de otro modo. 

Lo demás es estilo, técnica y la experiencia en el periodismo y la lectura de grandes maestros, que durante años de oficio han ido perfilando su peculiar estilo, ése que le ha valido ser considerado «un periodista de amplios recursos, capaz de interpretar realidades complejas».

 

 

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La nueva crónica periodística

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30/12/2011 0:05:13

 

El grito de guerra del nuevo periodismo contemporáneo es volver a las historias.

 

No existe otro modo de competir con el mundo de la imagen, Internet, la radio, el video y la televisión que no pase por jerarquizar —con renovado instrumental— el antiguo oficio de la narración.

El arte de contar el mundo desde adentro —recortándolo con énfasis desde la subjetividad— parte de admitir que hay tantas realidades como puntos de vista.

Se trata de un nuevo abordaje del género, que incluye la utilización de técnicas literarias (y también de otros aportes provenientes del amplio campo de la comunicación visual y textual) en función de enriquecer los relatos periodísticos con un plus de sensibilidad, mirada singular, diálogos reveladores, estilo por momentos fragmentario, uso eventual de la primera persona y un desarrollo a fondo del discurso narrativo.

Escriba usted crónicas de vida, amor y muerte... Aprenda a mostrar más que a decir o adjetivar. Ponerle palabras justas al silencio impuesto en los hechos por la prensa convencional. 

 

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Gütemberg y McLuhan en la aldea global

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05/08/2011 8:37:24 PM

 

 

McLuhan fue un visionario que allá por los años 60 profetizó que la llegada de los medios electrónicos de comunicación implicaría el fin de «la galaxia Gütemberg»: el fin de la tipografía y de la letra impresa.

 

Decía McLuhan que la «civilización tipográfica» era reflexiva, analítica, introvertida e individualista. El nuevo orden electrónico, en cambio, es sensorial e interdependiente, social y gregario. El fue el primero que acuñó el término «aldea global», treinta años antes de internet.

¿Será el final del análisis de Prensa, del artículo de fondo, del escrito sesudo, del kilométrico reportaje, de la pormenorizada radiografía de la actualidad leída en una intimidad reflexiva e individualizada? ¿Se impondrá internet y su lectura fragmentaria, veloz, sensorial, intuitiva, refractaria al análisis sesudo y al reportaje kilométrico, pero comentada y compartida en múltiples redes sociales? ¿No ha invadido ya el nuevo orden tecnológico la vetusta mansión de la Prensa escrita?

McLuhan provocaba rechinar de dientes entre los venerables patriarcas de la Galaxia Gütemberg. ¡Jeremiadas!, decían. Y con razón. En la aldea global hoy se imprimen más libros que nunca. Y resiste la Prensa escrita y el lector de toda la vida. Por potente que sea el nuevo orden tecnológico, siempre habrá un lector que necesite pararse a meditar lentamente la lectura mientras acaricia las páginas de un periódico y se forma un criterio introvertido del mundo alrededor.

 

 

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El contenido en internet, responsabilidad de los profesionales

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05/03/2011 7:53:50

 

El contenido generado en las redes sociales vuelve a ser un tema de debate en el I Congreso Iberoamericano de Redes Sociales de Burgos. La relación de amor-odio que se establece entre los profesionales de los medios y las redes sociales, difusoras de su contenido ha sido analizada por ambas partes: de un lado, Laura Gómez, gerente de internacionalización de Twitter, e Ícaro Moyano, director de comunicación de Tuenti; y del otro Juan Andrés Muñoz, senior interactive producer de CNN en Español, y David Varona, coordinador de redes sociales de RTVE. Es

 

Por parte de la gran compañía estadounidense, Gómez se ha apresurado en aclarar que Twitter no es una red social «porque no hay interacción, no implica tener relación entre los usuarios». Para ella, «es una herramienta de información» muy útil para periodistas, cuya labor reside en este momento en «verificar toda esa información».

Es precisamente la información la que se ha configurado como la base de una compañía que en cinco años ha logrado que haya 200 millones de cuentas registradas. A pesar de tal impresionante número de cuentas (que no usuarios, aclara la gerente de internacionalización), «importa más el consumo de información que la creación de “tuits”».

En este sentido, Ícaro Moyano ha destacado la importancia de la segmentación de la información en los medios para que el consumo adquiera una mayor calidad. Para ello, ha querido establecer una comparación con el «ganadero que ahora se convierte en carnicero». Es decir, «el valor es mayor si compramos en vez de toda la vaca la parte que nos interese». El hecho de controlar qué es lo que realmente la audiencia quiere y qué le interesa permite «poner un precio a la información».

Una vez más, redes sociales y medios de comunicación se convierten en tema de debate en Burgos. Aun a pesar de una difícil relación y un panorama cambiante, Juan Andrés Muñoz asegura que «cuando uno crea contenido en Internet tiene que crearlo como siempre se ha hecho: tiene que ser fiable, rápido... Son las características que definen el buen periodismo». Para el responsable de CNN, la solución al modelo de negocio en este panorama reside en crear «contenido que a la gente le interesa y que éste sea de calidad».

El futuro de la creación de contenido, según David Varona, está en la geolocalización: «decir dónde estamos y qué estamos haciendo es tan importante como decir quién soy». Así, decir «estoy viendo esto ahora» es muy importante para un medio como RTVE.es, y es más no cree que esto vaya a parar, «estamos empezando».

(Fuente: Navegante, España)

 

 

 

 

 

 

 

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Los planes de estudios en la enseñanza del Periodismo

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 16/02/2011 1:48:09

 

Se trata de algunas reflexiones del profesor Alfred Hermida, quien tiene un interesante blog  (Reportr.net) en el cual registra los cambios en la formación del periodista y en el ejercicio de la profesión. Aunque no comparto enteramente sus planteamientos,  plasmados en una entrevista concedida a Sofia Pichihua, una colega española, sí creo resultan muy útiles para reflexionar al respeto desde la óptica de la enseñanza de esta especialidad en las universidades cubanas. Se los dejo a mis alumnos y compañeros  redactores y reporteros de prensa para saquen sus propias conclusiones.

 

«La educación periodística —dice Hermida—está en proceso de transformación, reflejando los cambios que enfrenta el periodismo. El modo en el que el periodismo está siendo enseñado está evolucionando, aunque hay dos distintos enfoques. El primero asume que el periodismo es lo mismo de  siempre, excepto que se ha convertido en más “tecnológico”. Esto se evidencia en los centros de estudios que añaden las clases de multimedia en un plan de estudios establecido.

«La otra perspectiva está basada en la premisa que el ambiente mediático es significativamente diferente hoy en día debido al desarrollo y a la adopción de estar conectado, las tecnologías digitales, las nuevas prácticas y los acuerdos sociales asociados a estas últimas. Para las escuelas de periodismo, eso significa que tienen que reconocer que la profesión está bajo un periodo de cambios fundamentales como resultado de la imaginación de las personas y de la exploración de nuevos caminos para hacer las cosas y para ser. En realidad no es tan simple como añadir clases de multimedia al currículo, hay que replantear el plan de estudios».

Según este docente que ejerce en The University of British Columbia (UBC), «el rol de la educación periodística es preparar a los estudiantes para hacer periodismo mañana, no solo para participar en las redacciones de hoy».

Desarrollar su propia voz como periodistas

«Tenemos un curso específico sobre blogs en el primer año del programa de periodismo. Discutimos sobre blogs con la intención de desarrollar una identidad personal y profesional del estudiante. Para la materia, los estudiantes tienen que mantener un blog sobre un área en el que estén especializados, proveer análisis y comentarios en un estilo informal y conversacional, interactuando con sus lectores. Con un blog, los estudiantes desarrollan su propia voz como periodistas, y establecen sus conocimientos sobre determinada área.

«Cada periodista debe aspirar a poseer su nombre en línea. El primer paso es comprar un dominio con tu nombre y empezar un blog o una web. Pero eso significa que debes establecer una presencia en otras plataformas como LinkedIn, Facebook y Twitter. Los periodistas veteranos también deberían colaborar en otros sitios, dejar comentarios informados e integrarse en la conversación. Estar involucrados en las redes sociales no debe ser visto como una actividad extra, sino como una actividad central en el trabajo periodístico».

Sacar ventaja de las redes sociales

«Los nuevos medios, como Twitter y las redes sociales en general, pueden ayudar a hacer mejor periodismo, pero… ¿los periodistas aprovechan todo su potencial?

«Estos sitios permiten a los periodistas conectarse con las audiencias. Los comunicadores necesitan entender que deben estar donde sus lectores están, más que esperar que ellos se les acerquen. Por ejemplo, permitir a otros que inserten tus videos no solo distribuye el contenido, también el alcance de tu trabajo.

«Twitter permite distribuir contenido periodístico, pero es mucho más que un medio de difusión. Para tener ventaja de esta red de microblogging, los periodistas necesitan escuchar los que los demás dicen y mantener conversaciones.

«Para mí, Twitter es como el periodismo ambiental. Lo que quiero decir es que el hacer periodismo está tomando lugar en Twitter todo el tiempo. Evidentemente no todos los tweets son periodísticos, pero el volumen y la velocidad de los mensajes hacen que sea complicado para un periodista navegar entre el contenido e identificar información valiosa.

«Estamos viendo más herramientas sofisticadas y nuevas técnicas que nos sirven para navegar en el mundo de Twitter –desde las listas hasta servicios como Twitter Analyzer, que ayudan a explorar el gráfico social de un twittero.

Las redes internas en los medios

«Una red interna puede ser de importancia para los medios porque de esta manera pueden tener información demográfica y de otro tipo sobre sus lectores. Puede ser una manera de vincular a los usuarios con la marca más estrechamente, en un momento en el que la audiencia es «promiscua» en relación a sus hábitos para informarse».

«No conozco mucho sobre Eskup (El País), pero The Telegraph tiene una iniciativa similar. No es una red social propiamente dicha, pero incorpora algunos elementos para que los lectores se conecten con otros y participen en discusiones. Al mismo tiempo, las organizaciones de noticias necesitan mantenerse en las redes sociales existentes, como Facebook y Twitter. Algunos usuarios no van a querer crear una cuenta adicional con cada medio.

Nota: El profesor Hermida publicó la entrevista realizada originalmente en inglés» en su blog.

 

(Fuente: Clases de Periodismo)

 

Enlaces relacionados

 

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¿Por qué la política norteamericana y la sociedad están a punto de cambiar para mal? (V Final)

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26/01/2011 13:19:54

(Traducción: Jairo Echeverri García, Coordinador editorial, FNPI) 

 

Esto nos lleva una vez más al problema central. Si los diarios ya no son capaces de llevar a cabo subsidios cruzados para el periodismo de servicio público y si las formas de colaboración descentralizadas ya no pueden proveer un substituto adecuado, ¿cómo van a pagar ese trabajo? La respuesta, en la medida que haya una, es que necesitaremos mucha más ayuda filantrópica de la que jamás hayamos tenido en los Estados Unidos para el periodismo.

Cuando una sociedad requiere de bienes públicos, la solución a menudo es usar al gobierno para subsidiarlos o producirlos directamente. Pero si queremos a una prensa escrita que sea independiente del control político, no podemos permitir que el gobierno patrocine o saque de apuros a diarios específicos.

A finales de los siglos XVIII y XIX, además de usar contratos para subvencionar a partidos políticos favorecidos, el gobierno federal apoyaba a la prensa sin ataduras de contenido –a través de tasas postales baratas disponibles para todos los diarios‐.Desde 1960 los gobiernos federales y estatales han contribuido a la radiodifusión pública, lo que ha convertido a la televisión y las estaciones de radio públicas en importantes fuentes de noticias. Las estaciones de radio públicas han sido un especial éxito. En un periodo en el cual las estaciones de radio comerciales han abandonado todo menos las noticias titulares, la Radio Pública Nacional se ha convertido en el último refugio del reportaje original existente.

Charles Lewis, un estudioso del reportaje investigativo apuntó en el Columbia Journalism Review que las estaciones de radio públicas, a pesar de su trabajo excelente, no han realizado muchas noticias investigativas. La dependencia de muchas estaciones locales de la financiación del gobierno estatal las vuelve vulnerables a las presiones políticas y es improbable que llenen el vacío dejado por la reducción en el cubrimiento de los estados realizado por los diarios. Prácticamente cualquier petición por parte de la prensa para subsidios gubernamentales fracasaría hoy por estos motivos: la financiación por el gobierno federal o los estados es susceptible a la manipulación política.

En otros lugares los gobiernos están subsidiando a la prensa. En un esfuerzo para apoyar a los diarios en Francia, el presidente Nicolás Sarkozy anunció recientemente un programa basado en otorgarles a individuos de 18 años un año entero de suscripción gratis al diario de su escogencia. En los Estados Unidos esto sería considerado un chiste, aunque dependiendo de cuantos adolescentes escogieran uno de nuestros diarios amarillitas, podría dar un significado agregado al concepto «paquete de estímulo.»

El otro medio estándar para apoyar la producción de bienes públicos es a través de organizaciones privadas sin ánimo de lucro. De hecho, el apoyo al periodismo por parte de organizaciones sin ánimo de lucro ha aumentado. Pero muchas de las discusiones en torno al periodismo sin ánimo de lucro no han reconocido que puede significar por lo menos tres cosas diferentes. La primera, aunque no necesariamente la más relevante, es la conversión de los diarios de comerciales a «sin ánimo de lucro», como forma de preservar su rol de servicio público.

El St. Petersburg Times de Florida, de la cual es propietario el Poynter Institute, una escuela de periodismo, es a menudo citado como un modelo de este enfoque. De hecho el mismo Times ha sido manejado con ganancias que han sido usadas para convertir al Poynter Institute en un centro importante para el entrenamiento en periodismo. No obstante, hoy la cuestión no gira en torno a si se usan los lucrativos diarios para apoyar a la filantropía, sino si las organizaciones sin ánimo de lucro pueden sostener a los diarios que pierden dinero.

El Guardian Media Group, cuyo propietario es el Fondo de Inversiones Scott, se acerca más a las demandas actuales. El fondo usa las ganancias de sus filiales lucrativos para asegurar la supervivencia del diario Guardian, que ha perdido dinero en los años recientes. Pero el modelo de Guardian depende de tener filiales lucrativos para compensar las pérdidas de un diario.

Antes de detener la imprenta por última vez, los dueños de algunos de los diarios decadentes pueden tratar de convertirlos en organizaciones sin ánimo de lucro con la esperanza de generar contribuciones para mantenerlos operando. No me sorprendería si algunos diarios tienen un núcleo de lectores devotos que estarían dispuestos a dar más en contribuciones deducibles de impuestos de lo que actualmente pagan en suscripciones.

Sin embargo ningún diario ha probado si esta opción puede generar suficiente dinero para continuar en el negocio. Además de la operación sin ánimo de lucro de un diario, un segundo enfoque es el apoyo caritativo a ciertos tipos de periodismo, disponibles a través de múltiples puntos, sean comerciales o sin ánimo de lucro. El mejor ejemplo de esta solución es ProPublica que se describe a sí misma como «una sala de prensa independiente, sin ánimo de lucro, que produce periodismo investigativo con base en el interés del público».

Publicando «en línea» desde junio pasado, ProPublica también trabaja en sociedad con diarios como el New York Times para algunas noticias. Las sociedades permiten a los diarios rebajar los costos de las noticias investigativas, y le otorgan a ProPublica acceso a la distribución masiva como también controles de calidad.

De manera similar, la Kaiser Family Foundation, que se enfoca en políticas de salud, anunció el otoño pasado que comenzaría a emplear a reporteros directamente para crear un servicio de noticias sobre políticas de salud. De acuerdo a Drew Altman, el presidente de la fundación, además de hacer disponibles gratuitamente algunas noticias «en línea» y para los diarios, el servicio noticioso establecerá sociedades con los diarios para noticias específicas y los diarios tendrán el derecho de la primicia sobre estas.

Otras fundaciones que se enfocan en áreas de políticas específicas pueden seguir este enfoque como una manera de promover la sensibilización pública de sus preocupaciones. Tanto la operación de diarios sin ánimo de lucro y la ayuda filantrópica de tipos particulares de reportajes tienen como objetivo el fomento de formas de periodismo de servicio público que de otra manera estarían amenazadas.

Financiar nuevos modelos de periodismo en el entorno online es incluso un tercer uso de las organizaciones sin ánimo de lucro. Un buen ejemplo de esta propuesta es el Center for Independent Media, que de acuerdo a su director David Bennahum, recibe alrededor de USD millones por parte de 70 financiadores para apoyar sitios de noticias políticas «en línea» en cinco estados, así como uno para noticias nacionales con The Washington Independent.

Bennahum afirma que «la voz narrativa utilizada por los diarios no es lo que los lectores (de internet) quieren» y que los sitios que su centro financia están haciendo en su lugar un tipo de periodismo que invita a los lectores al diálogo. La noción de que el medio digital requiere una relación más inclusiva con «las personas antiguamente llamadas audiencias» es un tema común entre periodistas de internet.

Joshua Micah Marshall, el fundador de TalkingPointsMemo.com, que opera sobre una base comercial, dice que muchas de las historias en su sitio surgen a partir de ideas y sugerencias suministradas por lectores en miles de correos electrónicos diarios. Cualquier actividad de noticias implica que haya información fluyendo, una publicación «en línea» puede abrir este proceso de manera productiva a cualquiera que sea capaz y esté dispuesto a ayudar.

Las noticias se desarrollan en internet de manera incrementada, a menudo a través de la participación en una red colaborativa, en lugar de ser escritas entre bastidores y publicadas sólo después de ser revisadas y terminadas. Esto es completamente diferente al «periodismo ciudadano» y tiene el potencial de tener la misma rigurosidad que las prácticas periodísticas tradicionales.

En ciudades alrededor del país, los periodistas experimentan con una variedad de estrategias para construir sitios de noticias únicamente en internet para compensar por la disminución de las salas de redacción en los diarios locales. MinnPost.com en Minneapolis y Saint Paul, la más substancial de estas empresas, espera atraer a un amplio rango de lectores y patrocinadores con un cubrimiento de noticias de alcance relativamente extenso de acuerdo a su Director Ejecutivo y editor Joel Kramer.

Pero su presupuesto anual de USD .3 millones, no puede soportar una operación con la escala de un diario metropolitano; con sólo 7 empleados de tiempo completo, MinnPost.com depende principalmente de trabajadores independientes, muchos de ellos periodistas que se han retirado del Pioneer Press de Saint Paul o del Star Tribune de Minneapolis (que en noviembre presentó una petición de protección por bancarrota a pesar de haber recortado su personal editorial un 25%).

VoiceofSanDiego.org, otro sitio noticioso metropolitano «en línea» sin ánimo de lucro, se desarrolló como respuesta a escándalos en la ciudad y tiene noticias investigativas especializadas. Como las estaciones de radio públicas, estas empresas recaudan fondos a través de contribuciones de membresías individuales y subvenciones de fundaciones locales, aunque no del gobierno.

Dudosos de poder lograr alguna vez la escala de los grandes diarios metropolitanos, Rosentiel compara a los sitios noticiosos a nivel de ciudad «en línea» con las revistas agresivas también a nivel de ciudad. Si una de las preocupaciones primarias gira en torno a que el gobierno continúe rindiendo cuentas, ese tipo de reportaje agresivo es ciertamente una función valiosa y digna de apoyo. Pero debido a su base económica más limitada, es probable que los sitios

noticiosos sin ánimo de lucro no sean capaces de ofrecer la cobertura o ejercer la influencia de un diario leído por la mitad de las personas de una ciudad.

Los grandes diarios metropolitanos no emergieron sólo porque las ciudades necesitaban de los diarios para informar a los ciudadanos, después de todo, las ciudades necesitaban de muchas cosas que nunca se desarrollaron.

Los diarios prosperaron al nivel metropolitano porque su rol como intermediarios en el mercado les permitía generar publicidad sustancial, así como ingresos por circulación, haciendo que en efecto se tornaran fuertes e independientes. Sitios noticiosos sin ánimo de lucro que carecen de una fuerte base de publicidad dependen de donantes para su supervivencia y se encuentran en riego de ser destruidas por tan sólo una demanda.

Por lo tanto, es improbable que igualen al poder tradicional de la prensa. Muchos han estado esperando que los sucesores de los diarios surjan en internet. Pero puede que no haya ningún sucesor, por lo menos ninguno como los diarios que hemos conocido. El diario metropolitano puede ser una invención histórica peculiar cuya época está caducando. Podríamos estarnos avecinando no al final de los diarios, pero al final de la era de los diarios.

La larga fase en la historia en la cual los diarios publicaban en ciudades principales alrededor de los Estados Unidos ha sido central para tanto la producción de noticias como para la vida misma de sus regiones metropolitanas. Los diarios metropolitanos han dominado la recolección de noticias, han establecido la agenda pública, servido como el punto focal de la controversia y se presentaban convincentemente como reflejo y voz de las ciudades cuyos nombres portaban.

Han intentado ser la fuente de noticias de todos, atrayendo a través del espectro ideológico y, para ser detallado, otorgándoles a sus lectores todo aquello que fuera de su diario interés. Algunos diarios, un número menor que el existente actualmente, sobrevivirán la transición al internet pero probablemente no tendrán la centralidad, esfera de acción o la voz de autoridad, mucho menos los monopolios sobre la publicidad metropolitana que los periódicos han tenido. 

Es probable que si los medios noticiosos emergen en el entorno digital estarían más concentrados en algunos aspectos y más fragmentados en otros. El número de lectores ya se está concentrando en una prensa nacional. Diarios como The New York Times, The Wall Street Journal y The Washington Post parecen bien posicionados para capitalizar el abandono de los diarios regionales con respecto a la cobertura internacional, nacional y cultural. El probable cierre de algunos diarios, o su transformación de diarios a semanarios seguramente intensificará este cambio. En Europa, la prensa ha sido dominada por los diarios nacionales hace mucho tiempo; ahora los diarios norteamericanos se están moviendo en esa dirección.

Otra forma probable de concentración de los medios noticiosos no tiene precedente ni paralelo. En internet, las viejas divisiones entre tipos de medios se están desmoronando. En lugar de sólo ofrecer texto, los diarios han comenzado a proveer audio y video.

Por otro lado, a pesar de las regulaciones federales que limitan la inversión en diferentes tipos de medios masivos en un mercado, parece cuestión de tiempo antes de que haya combinaciones entre los diarios y las divisiones de noticias de las redes y estaciones de radiodifusión. Aunque llamemos a algunas de estas combinaciones «diarios» en realidad serán una especie completamente diferente.

No obstante, es plausible que los medios noticiosos emergentes también se tornen más fragmentados debido al interés y al partidismo. Así como la prensa nacional en países europeos está dividida típicamente a lo largo de líneas ideológicas, también nuestros medios nacionales emergentes están adoptando perfiles ideológicos distintos. Como muchas de las funciones tradicionales de los diarios se están transfiriendo a sitios especializados, más de las noticias que leemos serán producto de redes descentralizadas en lugar de organizaciones únicas a gran escala.

Para aquellos con las habilidades y el interés de sacar ventaja de este nuevo mundo de noticias, debe haber mucho con lo que complacerse. En vez de limitarse a un diario local, los lectores ya disfrutan del acceso a un rango, más amplio que nunca, de publicaciones y discusiones. Pero sin un diario local o incluso con uno reducido, muchas personas aprenderán menos acerca de lo que sucede en el mundo.

Actualmente, además, ninguna fuente en cualquier medio parece estar dispuesto ni ser capaz de pagar por el periodismo de interés general que los diarios están abandonando. La filantropía puede ayudar a compensar algunos de estos recortes, pero es improbable que contrarresten totalmente lo que se está perdiendo.

La cobertura de noticias no es lo único que los diarios nos han brindado, también le han dado al público un poderoso medio de influencia sobre el Estado que ahora está ahora en riesgo. Si tomamos en serio la noción de los diarios como un cuarto Estado o una cuarta rama del gobierno, el fin de la era de los periódicos implica un cambio en nuestro sistema político mismo.

Los diarios han ayudado a controlar las tendencias corruptas tanto en el gobierno como en los negocios. Si hemos de evadir una nueva era de la corrupción, tendremos que evocar a ese poder de otras maneras. Nuestras nuevas tecnologías no retiran nuestras viejas responsabilidades.

 

*Paul Starr es profesor de comunicaciones y asuntos públicos en el Woodrow Wilson School en la Universidad de Princeton. Su más reciente libro se titula Freedom’s Power (Editorial Basic Books).

 

 

 

 

 

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ENTRE LAS CRÓNICAS, LAS DE VIAJE…

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23/01/2011 21:16:01

 

Por la Dr. Miriam Rodríguez Betancourt

Profesora Titular de la Facultad de Comunicación

Universidad de La Habana

 

(Especial para La Tecla con Café)


Como se sabe, la crónica no es un género propio del Periodismo.  Nace en y con la Literatura y de ahí «salta» a las páginas de los periódicos y va adquiriendo modos de hacer específicos, nuevos temas y enfoques, aunque siempre conservará, sobre todo en el lenguaje y tal vez en lo más íntimo del tono, aquella herencia.  Así también respetará la otra herencia, la histórica, pues en la Edad Media solía llamárseles cronistas a los historiadores.

El oficio periodístico impondrá al género acogido determinadas características como el  empleo de procedimientos literarios en su elaboración, entendiendo por ellos mayor libertad metafórica  y recursos expresivos derivados de los géneros de ficción; prevalencia del criterio personal, —«la crónica comienza siendo el más personal de los géneros» —acota Luis Sexto (1)—; selección de tema singular,  atractivo, diferente; y comprensión de que este género requiere de un receptor especial: el lector de crónicas.

Me parece necesario, antes de proseguir, hacer una  aclaración una en cuanto a qué queremos decir con criterio personal y con receptor especial.

Cuando aludo a criterio personal en este género, me refiero a la proximidad que el  cronista tenga con el tema o asunto en cuestión,  a esa aprehensión de la intimidad humana de un hecho que sólo se logra por la vía de las emociones, de los sentimientos, y que luego emerge, digámoslo de una vez, mediante la poesía. «El cronista es sólo el pretexto para delinear lo más humano de un acontecimiento o un proceso. Y para  reflejarlo intenta convertirse en el espejo que refracte los valores sensibles de la noticia» (2).

En cuanto a receptor especial, pienso en ese alguien dispuesto a  acercarse  a un género que no pretende revelarle un acontecimiento de última hora, ni explicarle  las causas últimas de un problema, sino que sólo le invita a compartir las rutas de un camino áspero o amable, intrincado o llano, para compartir un descubrimiento de esencias. Y para esa invitación, es necesario un lector especial capaz de comprender desde los primeros pasos, a qué lo convocan.

Hablar entre nosotros de crónica es recordar al cronista José Martí,    considerado uno  de los cultivadores mayores de este género en América, uno de los  pioneros en la revolución artística de la prosa (3). Sus «Escenas Norteamericanas» sentaron cátedra  entre las crónicas. Ellas se distinguen,  como puntualiza el Dr. Pedro Pablo Rodríguez, por los siguientes rasgos: «la narración de sucesos por cierto no contemplados  directamente por el cronista, el  encabalgamiento, el colorido, la peculiar puntuación, el   lenguaje metafórico ilimitado, el atrevido y castizo neologismo y el juicio moral»(4).

La lectura y relectura de sus crónicas depara muchas lecciones, de todo tipo, pero hay una reflexión de ellas derivada que tiene particular importancia para quienes nos interesa y cultivamos este género periodístico, y es que gracias a los procedimientos literarios empleados por Martí en las crónicas norteamericanas, ellas permanecen en nuestros días cuando ya los sucesos referidos han perdido su valor periodístico, como señala tan acertadamente el Dr. Rodríguez. (5).

En relación con las definiciones, clasificaciones y tipologías  de crónica, ya advertíamos las dificultades que suponen tratar de «explicar» qué es este género, a lo que se añade, decíamos, «la imposibilidad de entenderla igual en cualquier ámbito geográfico o práctica periodística» (6).

Pudiéramos relacionar un amplio número de definiciones y clasificaciones; ellas revelarán, sobre todo, las diversas opiniones, a veces diametralmente opuestas, que en este sentido expresan  los estudiosos de la materia. Quizás lo más útil a los fines de nuestro  encuentro sería anotar aquellos aspectos que concitan mayores acuerdos y obviar los disensos que, en definitiva, confirmarán la aversión del género respecto a las etiquetas.

Hay consenso en el apego al orden temporal si se trata de sucesos; la subjetividad del autor, el comentario vinculado a la información; la relatividad en cuanto a la actualidad, y el estilo literario.

En materia de clasificación, unos atribuyen la crónica al periodismo informativo, otros al periodismo de opinión. Pero en materia de tipologías no hay opiniones antagónicas, todo lo contrario: unanimidad de infinitas diversidades tanto por su enfoque como por su tema y por el lugar de emisión.

Un somero recorrido: por su enfoque: general, especializada, analítica, sentimental, humorística, histórica. Por su tema: parlamentaria, judicial, de espectáculos, de sucesos, de viajes, de interés humano, de sociedad, taurina, deportiva, costumbrista, local…

En los manuales recibe especial mención la CRÓNICA DE VIAJES, quizás  porque ella está en la raíz misma del género y por la popularidad y frecuente empleo de ellas en las épocas de los descubrimientos cuando marinos  como Magallanes y Bernal Díaz del Castillo relataban los maravillosos hallazgos de aquellas aventuras Viajar tiene una especial significación para los seres humanos.  Veamos cómo lo  aprecia la periodista y profesora tinerfeña Olga Alvarez de Armas: 

«Escribió Cervantes que dijo Don Quijote: El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos». Como siempre tiene toda la razón el  hidalgo caballero. Viajar nos hace más discretos. Conocer a otras gentes, ver qué hacen los otros, qué tienen, cómo viven. Eso nos hará mucho más discretos porque si sabemos algo más de lo que hay fuera de nosotros ya habrá al menos alguien quien piense que a lo mejor no somos el centro del universo, podremos al menos poner en duda que a lo mejor hay otras ciudades, otras cosas, otras personas tan buenas, o mejores que las nuestras y no por eso dejamos de amar nuestra tierra.

Por el contrario, sólo creceremos como personas y como ciudadanos desde la autocrítica, la auto-complacencia sólo sirve para conducirnos a la vulgaridad.  Tener eso presente  «nos evitará hacer el ridículo y lo que es peor: sentir vergüenza ajena». (Crónicas Viajeras /6  Argentina, Buenos Aires, Olga Alvarez de Armas, Diario de Tenerife 28-8-10)

Se me ocurre pensar que los especialistas distinguen especialmente a la crónica de viajes porque, en definitiva, qué es el periodista sino un viajero, un impenitente caminante que observa, conoce gentes y lugares, traslada y disemina sus vivencias,  y si es una buena persona, como debe serlo—porque como decía Kapuscinsky, «los cínicos no  sirven para este oficio»—comprende que él no es el ombligo del mundo.

De modo que a la crónica de viajes nos vamos a referir de ahora en lo adelante, porque de ella están necesitados nuestros medios, porque constantemente estamos recorriendo los caminos, y no es necesario cruzar el Atlántico para escribir una crónica viajera y descubrir «nuevas voces, nuevos ámbitos»; porque mediante este tipo de crónica  iluminamos espacios escondidos para otros, no tan privilegiados como nosotros; porque compartimos y confrontamos experiencias.

Una breve referencia a sus características y algunos comentarios antes de observar ejemplos de buenas crónicas, de buenos cronistas, que nos permitan intercambiar criterios.

El relato puede partir de un hecho o asunto inscrito en la actualidad más inmediata o en el pasado, es decir, de un viaje que hayamos hecho ayer u hoy, hablando en términos cronológicos.

La crónica de viajes se caracteriza por su carácter testimonial, por su sentido evocador y por cierto aire de nostalgia que los recuerdos siempre arrastran, desde el yo protagónico del relator, desde nuestra subjetividad. 

No se puede hablar de crónica de viajes sin la develación de detalles singulares, anécdotas, y sin carga informativa e histórica, ligera o densa de acuerdo con el lugar, el tiempo, el tema, las circunstancias, la novedad…y el espacio de que dispongamos.

Para ello, los buenos cronistas no escatiman recursos expresivos, inclusión de otros géneros si es preciso —el comentario, la entrevista…—; y nunca, nunca,  olvidan el acabado literario.

En los siguientes ejemplos, reparemos en cómo los autores revelan las cualidades básicas de un cronista: poder de observación, sensibilidad, preparación cultural, capacidad de síntesis y buena pluma para, desde Cienfuegos hasta París, pasando por La Habana y El Cairo, mostrarnos una visión personal de la múltiple realidad.

Me limitaré a destacar algún aspecto en cada uno de los fragmentos que seleccioné como ejemplos:

MUELLE

Entre las mordidas del salitre, los zarpazos del tiempo y las heridas de la desidia, agoniza un símbolo de Cienfuegos: el Muelle Real.

Una de estas noches, cuando el calor y el apagón me empujaron a la calle, busqué refugio en el viejo andén marítimo, donde la brisa del Sur es una bendición. (Muelle,  Francisco G. Navarro, Gajos del Oficio, Ediciones Mecenas, Cienfuegos, 2006)

¿Cuántas veces han estado ustedes en el Muelle Real, disfrutando de esa misma brisa del Sur? ¿Cuántas veces se han asomado al lugar y han seguido de largo?

Navarro no dejó pasar la ocasión, y convirtió al viejo muelle cienfueguero  en objeto de una hermosa crónica, en la que, además de la añoranza, aflora la crítica.

ESPAÑA: LA NOSTALGIA DE LA NOSTALGIA

Encontré que, en efecto, (…) los campos de Soria eran áridos y fríos, con sierras calvas y cerros cenicientos donde la primavera dejaba entre la hierba un rastro perfumado de margaritas blancas.

Reconocí los pueblos de Andalucía, que parecen dibujados a pluma, y sentí al atardecer los cencerros de los corderos y el olor del tomillo estrangulado por el tropel del rebaño. (España: la nostalgia de la nostalgia.  Gabriel García Márquez.  (G. G. Márquez, La soledad de América Latina, Ed. Arte y Literatura, La Habana, 1986).

Es evidente el aliento poético de este fragmento, como de García Márquez.  Lenguaje  literario, perfectamente asequible, comprensible.  ¿Por qué no periodístico?

BELICEÑOS

El país tiene etnias de todos los colores: mujeres de cobre, hombres de ébano,     latinos de bronce, y hasta blancos de sol.  Cada uno aquí tiene su cultura, sus ritos y cantos, su ropa y olor.  Cada uno convive con sus dioses y hasta con brujos llegado de otras tierras que, cual deidades romanas, vacilan e intervienen, deciden y transforman, en la mente de muchos, su dolor. (Beliceños. Enrique Milanés León. (Crónicas raras y otras redundancias. Editorial Ácana. Camagüey, 2006)

Nuestro colega Milanés, mediante el contraste, acude a los detalles singulares de ese singular país que es Belice.  En la última línea asoma un elemento que llama la atención del lector.

EN LA HABANA

Si en lugar de ver las paredes descascarilladas y sin pintar desde hace ni se sabe el tiempo, cambiaran esa imagen al fin y al cabo convencional (…)

Si fueran capaces de mirar La Habana con una visión no convencional sino culta, se enamorarían de esa ciudad. (Crónicas Viajeras/5, En La Habana, Olga Alvarez de Armas, Diario de Tenerife, 21-8-10)

Olga Alvarez de Armas publicó una serie de crónicas que bajo el rubro «Crónicas Viajeras» aparecieron  en el Diario de Tenerife.  En esta,  invita al lector a encontrar otro ángulo para rebasar una visión superficial.

OTRA CRÓNICA DE LUANDA

Para los ojos de una sola mirada trascender la visión inmediata de la ciudad es un esfuerzo inútil. «Ni en diez siglos podrán cambiar las cosas», me dice un portugués que regresa porque perdió el empleo en su patria. (…) (Otra crónica de Luanda, Miriam Rodríguez, Acerca de la crónica periodística Editorial Pablo, 2008)

Coincide en intención con el texto de su colega tinerfeña. Ahora se trata de la ciudad de Luanda.

ARGENTINA, BUENOS AIRES

Cómo no volver a una ciudad que tiene tantas librerías y muchas de ellas abiertas las 24 horas del día.  Qué maravilla.  Tiene la librería más bonita que   puedan imaginarse.  Se llama El Ateneo Gran Splendid porque ocupa el teatro-cine de ese nombre Gran Splendi, de 1860, que fue tan importante en Buenos Aires.    

Esta de Buenos Aires es, según el periódico británico The Guardian, la segunda de las diez mejores librerías del mundo.  Y es que para comprender esa proliferación de librerías, no debemos olvidar que Argentina fue la mayor industria editorial en lengua española y una de las industrias editoriales más importantes del mundo durante el siglo xx. (Crónicas viajeras/6 Argentina, Buenos Aires, Olga Alvarez de Armas. Diario de Tenerife, Islas Canarias, 28-8-10)

Esta crónica, evocadora e informativa. Obsérvese el tono coloquial.

LA VIDA INTELECTUAL

Una muchacha francesa amiga mía, de paso por Caracas, me preguntaba la otra tarde cuál era la impresión más neta que llevaba yo de mi estancia en esta tierra. Sin pensarlo mucho le respondí que, en el orden sentimental, la de que los venezolanos son gentes de extremada cordialidad y simpatía, cuyo carácter abierto mucho se parece al de mis compatriotas... (La vida intelectual, Nicolás Guillén, Prosa de Prisa 1919-1972, Tomo I Editorial Arte y Literatura, 1975)

De un cronista mayor, una impresión personal.

EN LA RUTA

El disparo resonó en el malecón de Baracoa y la Vuelta arrancó.  La Farola se erguía delante como la loma inicial de estos argonautas que desamarraban sus piernas en busca del vellocino de la gloria.  Subimos.  Yo viajaba al lado del conductor del yip. Nos acompañaba el periodista mexicano Francisco Javier Carmona. Empezamos a bajar.  Y de pronto, los frenos tocaron el piso sin que el vehículo aminorara su vértigo (…). Carmona, con una serenidad que le atribuí a su sangre aborigen, me preguntó qué íbamos a hacer. Esperar a que un obstáculo o el plano nos paren. «Y si nos matamos, arguyó». Nos morimos, qué otra cosa. Pero moriremos como ruteros.  En el camino. (En la ruta. Luis Sexto. Con Judy Garland en un cine de La Habana y otras crónicas de la ciudad, Editorial Pablo de la Torriente, 2OO6)

Una anécdota como hilo conductor. ¿Siempre es admisible?

EL CAIRO, NAGUIB MAHFUZ

Ya a punto de irme le digo si seria capaz de describirse a sí mismo.  Lo piensa un poco y dice: «Pues soy un egipcio medio, jubilado de la función  pública que ama pasearse por las mañanas por los viejos barrios de El Cairo, que comienza a leer los periódicos por las páginas necrológicas y que no va al cine… ya no sé los años». (El Cairo, Naguib Mahfuz. Olga Alvarez de Armas. Diario de Tenerife l4-8-10)

Olga Alvarez de Armas incluye ahora una entrevista en su crónica viajera.  

CHE: SU PASO POR LA TIERRA.

Un pueblo como tantos, sumido en un aburrimiento vegetal porque se fueron los soldados con sus trajes camouflageados, el ruido de sus camionetas y sus marchas, los periodistas con sus cámaras y sus máquinas portátiles; porque han muerto los guerrilleros. Y del que sin embargo se sigue hablando. Vallegrande, se seguirá hablando porque allí está el hospital «Señor de Malta» donde tendieron el cadáver aún tibio del Che y desfiló todo el pueblo (…) porque ahí está el cementerio donde, hay quien dice, que enterraron en secreto a algún guerrillero, porque algo más poderoso que el silencio, la rutina, la tristeza, sobrevive en el aire de Vallegrande. (Che: su paso por la tierra Ernesto González Bermejo, Revista Cuba Internacional, 1973)

Crónica o reportaje cronicado. En todo caso, se hizo necesaria la fusión de géneros.

INTRODUCCION AL CONOCIMIENTO DE BRUSELAS

(...) Debe confesarse, por otra parte, que si bien el municipio de Bruselas ha tenido el buen cuidado de conservar celosamente esta plaza, su respeto por la tradición no llegó al grado de impedir el arraigo de comercios antiestéticos en sus históricos edificios. (Introducción al conocimiento de Bruselas, Alejo Carpentier, Crónicas Vol. II, Editorial Arte y Literatura, 1973)

Título curioso en una crónica del gran novelista.  Inclusión de comentario.

A modo de conclusión:

La variedad y diversidad de temas y asuntos mostrados en los ejemplos anteriores confirma una vez más  la  generosidad de este género para admitir atmósferas, situaciones,  asuntos, personas.  La crónica,  lo decía el escritor cubano Leovigildo Díaz de la Nuez, « (…) deambula por todos los rumbos y capta los variados matices del  humano acontecer». (7).

Confirma también este registro de autores de distintas experiencias, medios y localidades,  la universalidad de los modos de abordar y elaborar la crónica periodística, sobre todo en el escenario hispanoparlante.

La muestra evidencia, por último, que con independencia del tema, y el estilo de cada autor, es el lenguaje literario, el juego de las imágenes y las metáforas, el común denominador de sus crónicas.

 

Notas:

(1) Sexto, Luis. Asunto de opinión, Editorial Pablo 2009, p.96

(2) Ibídem p.97

(3) Serna, Mercedes.  Anthopos. Revista de Documentación Científica de la Cultura, Barcelona. No. 169. nov.dic.1995

(4) Rodríguez, Pedro Pablo. Ojeada al periodista José Martí en El Periodismo como misión. Editorial Pablo de la Torriente, 2002, p.20.

(5) Ibídem, p.23

(6) Rodríguez Betancourt, Miriam  Acerca de la crónica periodística. Editorial Pablo de la Torriente, 1999 p.8

(7) Ibídem, p.55

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿Por qué la política norteamericana y la sociedad están a punto de cambiar para mal? (IV)

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23/01/2011 20:53:00

                      

(Traducción: Jairo Echeverri García, Coordinador editorial, FNPI) 

Después de que cientos de industrias «puntocom» cayeron en bancarrota entre el año 2000 y 2002, toda la charla efusiva acerca de la revolución informativa pasó de moda. Pero la transformación social en curso —no hay ninguna duda de que efectivamente hay una en curso está desintegrando a los viejos monopolios de comunicación y poder y creando nuevas posibilidades para la libre expresión y políticas democráticas.

Como en cualquier trastorno, algunos efectos son impredecibles y no todos son positivos. El hecho de que lo bueno y lo malo a menudo están entrelazados es tal vez lo más confuso. Al incrementar ampliamente las opciones de información y entretenimiento, el internet ha extendido el proceso que ya había comenzado cuando las compañías de televisión por cable incrementaron el número de canales de televisión.

Si el científico político Markus Prior tiene la razón, esa expansión de la elección es responsable en parte por una de las tendencias más preocupantes en la vida norteamericana: atención disminuida hacía las noticias y participación reducida en la vida cívica entre una parte significativa del público.

Como nos recuerda Prior en su libro PostBroadcast Democracy, en las épocas iniciales de la televisión (y hasta 1970), los tres canales tenían virtualmente a un público cautivo cuando transmitían las noticias de la tarde a la misma hora. Aunque muchas de la personas llegando a casa desde el trabajo hubieran preferido

canales de entretenimiento, aprendían algo acerca de política y asuntos mundiales al ver las noticias nacionales con Walter Cronkite o Chet Huntley y David Brinkley.

Sin embargo, a medida que se desarrollaron la televisión por cable y eventualmente la satelital, los televidentes tenían más posibilidad de hacer elecciones más acordes con sus preferencias. De acuerdo a Prior, un grupo grande —tal vez tres de cada 10 televidentes— cambió las noticias por programas de entretenimiento. Un grupo más pequeño —tal vez uno de cada 10— empezó a ver más noticias y discusiones políticas ahora que tenían acceso a Fox News, CNN y MSNBC. Los datos de Prior muestran que ha habido una gran discrepancia en los conocimientos políticos entre aquellos que abandonaron las noticias y aquellos aficionados a ellas.

Además, el carácter del público cambió. Los televidentes que renunciaron a las noticias por el entretenimiento tendían a tener poca o ninguna relación con los partidos políticos, mientras que los aficionados a las noticias tendían a ser fuertes partidarios —la audiencia de las noticias se ha vuelto más partidaria de lo que solía ser—. Los programas de noticias por cable con fuertes inclinaciones ideológicas han respondido a este cambio y tal vez contribuido a él.

El declive de los diarios y el crecimiento de internet como fuente de noticias pueden tener un impacto parecido. Por una parte, es probable que haya menos aprendizaje incidental entre las personas con bajo interés político.

Como los televidentes orientados hacia el entretenimiento que aprendían del mundo por no tener otra alternativa además de sentarse a ver las noticias de los canales nacionales, muchos que han comprado el diario por los deportes, las recetas, las tiras cómicas o los crucigramas han, en todo caso, aprendido algo del mundo al ojear por lo menos la portada. Haciendo un contraste con el internet, sus usuarios no ven necesariamente lo que sería noticia de primera plana del diario de su ciudad y por eso es probable que estén menos informados acerca de noticias de la política a medida que la lectura de los diarios impresos decae.

Por otra parte, así como más televidentes partidistas tienen más opciones en la televisión por cable que en las cadenas nacionales, también tienen más para leer y discutir «en línea» que en el diario típico local. Como resultado, en la medida en que el internet reemplace a los diarios como fuente de noticias, puede sumarle a las tendencias que Prior ha identificado: mayores disparidades de conocimiento entre los que abandonaron las noticias y aquellos aficionados a ellas, así como más polarización ideológica en el público atento a las noticias y los medios noticiosos mismos. Hay otras perspectivas.

Como argumenta Yochai Benkler en su brillante libro The Wealth of Networks: How Social Production Transforms Markets and Freedom, la nueva «economía de información en redes» tiene algunas ventajas críticas para realizar valores democráticos. El viejo modelo industrial de los medios masivos requería grandes inversiones de capital y otorgaba, a una relativamente pequeña cantidad de gente, una plataforma para hablar al público.

Ahora los menores costos de computadoras y la comunicación han «puesto los recursos materiales de la información y la producción cultural en manos de una fracción significante de la población mundial. Alrededor de un billón de personas alrededor del globo». En lugar de limitarse a un papel pasivo, la gente común y corriente puede hablar con los medios de comunicación o eludirlos por completo y entrar en una conversación pública.

Desde el punto de vista de Benkler, la esfera pública también está desarrollando mecanismos para filtrar la información y crear más confiabilidad y relevancia al organizarla en rutas de navegación más fáciles y elevarla a mejores niveles de debate público. Todo esto es contrario a críticos que se han preocupado de que el internet se convirtiera en una Babel caótica o en un sistema polarizado de «cámaras de eco». (como Cass Sunstein argumentaba en su libro Republic.com).

A diferencia de los viejos medios masivos, el nuevo entorno digital facilita una acción individual y cooperativa descentralizada, a menudo organizada en forma abierta y voluntaria. Benkler invierte una gran cantidad de esperanza en este tipo de producción colaborativa que ha generado nuevos medios sociales como Wikipedia, que sorprendentemente, a pesar de ser una enciclopedia, también se ha convertido en un importante medio de noticias por lo rápido que es actualizado. Por supuesto, muchas de estas innovaciones son bendiciones mixtas: ahora la gente puede compartir tanto su desinformación como su sabiduría.

Las cadenas de correos electrónicos, Twitter y sitios de redes sociales pueden servir para esparcir rumores y malicia a través de canales ocultos de la opinión pública y al margen de las críticas. Benkler tiene la razón acerca de las muchas ganancias importantes por las nuevas tecnologías, pero no balancea adecuadamente las ganancias con respecto a las pérdidas que la economía de redes emergente está trayendo.

Entre ellos los problemas que Prior identifica tales como la disminución del porcentaje de la población haciéndole seguimiento a las noticias, y tal vez más importante aún, el daño a las instituciones del periodismo profesional. Hasta hace poco el internet parecía ser primordialmente aditivo, agrandando las oportunidades para la auto expresión y el debate público.

Al mismo tiempo los diarios y otros viejos medios continuaron llevando a cabo sus antiguas funciones como financiar la gran cantidad de reportajes originales para el público. La hipótesis de una complementariedad feliz se acabó. Al suspender el rol de los diarios como intermediarios en el mercado local, el internet ha socavado los fundamentos económicos de la prensa. No hay duda de que esto es una ganancia en eficiencia porque los anunciantes ya no tienen que pagar precios de monopolio a los diarios. Ahora pueden usar alternativas más baratas como anuncios gratis en Craigslist.

Pero también hay un costo para los valores democráticos. Mientras los diarios pierden su habilidad de llevar a cabo subvenciones cruzadas para el periodismo de servicio público, los exuberantes beneficios que les permitían producir noticias como un bien público están desapareciendo. Las noticias distribuidas a las audiencias son un bien público en dos aspectos.

En primer lugar, desde un punto de vista político, las noticias contribuyen al buen funcionamiento de la sociedad en la medida que posibilitan al público controlar el desempeño del gobierno y otras instituciones. En segundo lugar, las noticias son un bien público desde el sentido en el cual los economistas usan ese concepto. Cuando alguien consume una caja de chocolates, nadie más la puede consumir, pero no es lo mismo con las noticias. Las noticias en realidad nunca se «consumen» y es por eso que cualquiera puede pasar las noticias a aquellos que no han pagado por ellas. En el entorno digital, la información es pasada tan fácil e instantáneamente que las noticias son, de una forma u otra, hoy más que nunca, un bien público. —Los derechos de autor protegen sólo la forma de expresión, no la información en si—. Los mercados producen los bienes públicos por debajo de los niveles de demanda porque los incentivos privados no alcanzan para producir la misma cantidad de bienes que habría si los usuarios pudieran pagar el costo real de esos bienes.

Sin embargo, por mucho tiempo y gracias en gran parte a su rol como intermediarios en el mercado, los diarios han sido capaces de producir este bien público particular —información confiable, necesaria para hacer exigir la responsabilidad del gobierno— sobre una base comercial. Sin embargo, esa forma de evadir el problema de financiar las noticias para el público está llegando a su fin.

Las redes colaborativas del internet que celebra Benkler representan una manera alternativa de producir información como un bien público. Antes de que fuera creada Wikipedia, nadie supuso que funcionaría tan bien como lo ha hecho. No obstante, tiene limitaciones severas como fuente de información. Sus entradas, incluyendo noticias, están re escritas de otras fuentes y no pretende ofrecer investigaciones o reportajes originales.

Las blogosferas y agregadores de noticias también son altamente parasitarias: se alimentan de los medios noticiosos convencionales. Los periodistas ciudadanos contribuyen con reportes de las escenas de eventos remotos, pero estos reportes pueden sólo ser la propaganda de partes interesadas.

Las redes voluntarias no pueden duplicar fácilmente ciertas ventajas críticas que los medios ejecutados profesionalmente y a gran escala han tenido; por ejemplo, los recursos financieros para invertir en reporteros y editores entrenados, asignarlos a áreas de especialización y largos proyectos, y un sistema bien establecido de normas profesionales que han sido fuente de motivación concienzuda y moderación en el reportaje de las noticias.

Los nuevos medios sociales aportan valor cuando son un suplemento del periodismo profesional. En la medida que lo usurpe, el frenesí del rumor y la malicia será más difícil de controlar. Hace aproximadamente un siglo en su libro Liberty and the News, Walter Lippman escribió:

«La noticia del día mientras llega a la oficina de prensa es una increíble mezcla de hechos, propaganda, rumores, sospechas, indicios, esperanzas y temores. La tarea de seleccionar y ordenar esas noticias es uno de los oficios verdaderamente sagrados en una democracia. Los diarios son la Biblia de la democracia con toda literalidad, el libro por el cual las personas determinan su conducta. Es el único libro serio que la mayoría de las personas lee y el único que leen cada día».

Por supuesto, los días en los cuales cualquiera hubiera afirmado que los diarios son la Biblia de la democracia o que sus editores cumplen un papel sacerdotal se han desvanecido. Pero el trabajo de separar los hechos de los rumores permanece igual de vital que siempre. Aunque el periodismo pueda estar perdiendo sus fundamentos económicos, no ha perdido su razón de ser.

*Paul Starr es profesor de comunicaciones y asuntos públicos en el Woodrow Wilson School en la Universidad de Princeton. Su más reciente libro se titula Freedom’s Power (Editorial Basic Books).

 


 

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¿Por qué la política norteamericana y la sociedad están a punto de cambiar para mal? (III)

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18/01/2011 19:53:59

(Traducción: Jairo Echeverri García, Coordinador editorial, FNPI) 

Por supuesto, un medio el cual el 40% del público aún dice leer, no debe darse por muerto todavía. La situación es un poco más complicada y hay más esperanza de lo que estas tendencias sugieren. Probablemente la lectura total de noticias originadas en medios de noticias impresas se ha por lo menos estabilizado.

En internet muchas personas leen noticias a través de blogs u otros sitios que copian artículos de la prensa. Los «aficionados a las noticias» ahora leen más noticias de más diarios que antes de que internet hiciera tan fácil la reproducción de múltiples

publicaciones. Por una parte, muchos diarios están claramente logrando un alcance mayor en internet. Ahora que están disponibles para lectores alrededor de los Estados Unidos y el mundo, los principales diarios nacionales como The New York Times son más leídos que nunca. Aunque no han resuelto como sacar ganancias del aumento de lectores, por lo menos tienen la posibilidad de sobrevivir la transición al internet.

Al otro extremo de la balanza, algunos diarios de pequeñas comunidades también están relativamente en buen estado principalmente porque los medios de noticias impresas aún derivan ganancias de los anuncios de pequeñas empresas dirigidas a un determinado público local. Los diarios que parecen estar más vulnerables debido a las tendencias actuales son aquellos en la mitad.

Diarios metropolitanos que no poseen grandes números de lectores por fuera de sus regiones. Algunos han disminuido la circulación con una asombrosa tasa de 10% en el último año y de acuerdo a un estudio por el Shorenstein Center at Harvard´s Kennedy School of Government, el tráfico en muchos de sus portales «en línea» ha sido plano.

Sin embargo, con todos sus problemas, la mayoría de diarios impresos continuó generando dinero este último año. En los primeros nueve meses de 2008 los márgenes de beneficio operativo de los medios de noticias impresas eran de 11,5%., de acuerdo con John Morton del American Journalism Review’s. Ha habido un descenso de un máximo de 22,3% en 2002, no obstante las ganancias son respetables.

Algunos críticos de las compañías se preguntan por qué estas no pueden ajustarse a menores ganancias y proseguir normalmente las operaciones. El problema es que es probable que las caídas en circulación y publicidad continúen y si los diarios intentan mantener el tamaño y alcance de sus operaciones, probablemente no sean capaces de tener ningún beneficio, incluso cuando la recesión haya terminado.

Tampoco es claro que puedan recortar con suficiente rapidez y profundidad y al mismo tiempo retener suficientes lectores para ser rentables. Poco satisfechos con las respuestas de la industria, en este último año los inversionistas disminuyeron los valores de las acciones de las entidades de prensa más de 80% en promedio. En algunos casos la administración tiene gran parte de la culpa ya que a pesar de los indicios de futuros problemas los diarios continuaron endeudándose fuertemente para llevar a cabo adquisiciones.

Ciertamente hay algunos villanos hechos a la medida: el magnate inmobiliario Sam Zell compró y quebró el Tribune Company en muy poco tiempo. Pero el colapso se extiende a través de toda la industria y muchos diarios están ahora a la venta a precios muy bajos y sin ningún comprador a la vista. Entre muchos periodistas e inversionistas, la esperanza de que los periódicos como los hemos conocido puedan realizar la transición a un mundo híbrido de publicaciones impresas y «en línea» ha desaparecido.

Del mismo modo que las noticias de cadenas televisivas y revistas semanales, los diarios han estado viviendo de audiencias envejecidas que adquirieron sus hábitos en torno a los medios en décadas recientes. Hace unos años parecía que podrían contar con esos viejos lectores hasta que comenzaran a florecer las ganancias del internet.

Sin embargo, los anuncios en internet todavía representan sólo 8% de las ventas por anuncios y su crecimiento se ha estancado justo cuando los ingresos de los diarios caen. El resultado es que los diarios se están reduciendo no sólo físicamente o en fuerza laboral, sino también en su dimensión más importante: la misión editorial. La respuesta predominante de la industria frente a las presiones financieras ha sido concentrar los recursos editoriales cerca de casa.

En muchos diarios, la cobertura extranjera fue de los primeros elementos en irse: el número de corresponsales de diarios norteamericanos en el extranjero cayó un 30% entre el año 2002 y el 2006.

En 2004, un estudio del Pew Project on Excellence in Journalism concluyó que las noticias de primera plana sobre asuntos internacionales representaron «el total más bajo en cualquier año que hayamos estudiado.» En un nuevo estudio del Pew en 2008, basado en una gran encuesta a ejecutivos de noticias, dos tercios dijeron que sus diarios redujeron espacio para la cobertura extranjera en los tres años previos.

En ese mismo periodo, The Philadelphia Inquirer, The Baltimore Sun, y The Boston Globe cerraron sus últimas oficinas en el extranjero. Mientras tanto, algunas secciones de cadenas de noticias televisivas también han cerrado oficinas en el extranjero —CBS, que antes tenía 24 oficinas en el extranjero ahora tiene 6— disminuyendo aún más el número de fuentes norteamericanas para noticias del exterior.

Algunos dicen no preocuparse. Después de todo, incluso mientras los diarios norteamericanos y cadenas televisivas eliminan corresponsales, el internet provee fácil acceso a medios de noticias extranjeras como la BBC y portales de organizaciones internacionales.

Pero disponibilidad no es equivalente a exposición. El lector promedio que puede haberse enterado de eventos internacionales a través de un diario local o las noticias de la noche, probablemente no buscará fuentes de noticias extranjeras en internet.

No puede ser una buena señal que en tiempos en los cuales los intereses en economía y seguridad de Norteamérica están tan intrincados con el resto del mundo, los medios norteamericanos se estén retirando de él. Diarios alrededor de los Estados Unidos también están descartando su cubrimiento en Washington.

Las oficinas de Newhouse y Copley se han cerrado, y Tribune Company redujo a dos tercios al personal editorial cuando combinó las oficinas en Washington de Los Angeles Times, Chicago Tribune y sus otros diarios. La compañía Cox Newspapers, que solía tener a 30 reporteros en la capital para The Atlanta Journal Constitution y sus otros 16 diarios, cerrará sus oficinas de Washington en abril .

Así como hay otras fuentes para noticias internacionales, también hay otras fuentes de cubrimiento en Washington. No obstante los periodistas de diarios regionales al monitorear a sus representantes en el Congreso y reportar acerca de programas federales desde un punto de vista local, llevan a cabo un servicio especial para sus lectores.

Reporteros en Washington para The San Diego Union-Tribune ganaron un Premio Pulitzer en 2006 por exponer la corrupción del Republicano Randall («Duke») Cunningham. Actualmente esa oficina está cerrada.El rol de vigilancia de la prensa regional está aún más en riesgo a nivel estatal, donde es improbable que alguien más decida intervenir en el momento en que la prensa haga recortes. Consideren mi estado natal New Jersey.

Con 13 reporteros de tiempo completo en Trenton, la capital del estado, el diario Newark’s Star Ledger tenía la sede de estado más grande en todo el país. Ese compromiso con los recursos reflejaba la estrategia de consolidación de circulación del diario y cumplía una misión de servicio público.

Jim Willse, el editor del diario dijo al American Journalism Review en el año 2000: «nos parecía o me parecía a mí que supervisar cómo se gasta el dinero público y cómo los departamentos estaban funcionando era un rol muy importante porque nadie más lo estaba haciendo».

Sin embargo, tras el recorte del 45% del personal el pasado octubre, The Star Ledger ya no contaba con 13 reporteros en Trenton sino con cuatro Varias semanas después la compañía Gannett, que tiene seis diarios en Nueva Jersey, redujo sus reporteros en capitales de estado de seis a dos. El New York Times ya había eliminado su oficina de tres personas en Trenton.

En total, según la oficina del gobernador, el número de reporteros de tiempo completo en la capital del estado de Nueva Jersey se ha reducido de más de cincuenta a quince en la última década. Esos son muchos ojos menos vigilando a las agencias del estado. Otros estados han visto la misma tendencia. En los anales de corrupción, Illinois le ha dado fuerte competencia últimamente a Nueva Jersey.

De acuerdo con Tom Massey, secretario del Capitol Press Room en Springfield, el número de reporteros en Illinois ha bajado de 32 a 24 en los últimos 3 años. Una encuesta nacional en 2000 contó a 543 reporteros de tiempo completo que cubrían gobiernos estatales.

De acuerdo a Capitolbeat, la asociación de reporteros del Capitolio Estatal, para 2007 ese número se había reducido a 407 y será más bajo aún en una encuesta que está actualmente en proceso, Tiffany Shackelford, Directora ejecutiva de Capitolbeat predice: «estoy preparada para lo peor. De los 14 miembros de la Junta tres han perdido sus trabajos en los últimos tres meses.»

Tampoco es probable que portales de noticias con ánimo de lucro en internet llenen pronto el vacío de la cobertura en asuntos de interés público en las capitales de estado. La red Politicker de sitios de noticias estatales fue cerrada por su propietario Jared Kushner´s Observer Media Group entre diciembre y enero.

La preocupación en torno a la cobertura en capitales estatales y el recorte de los diarios en general no es únicamente la disminución en número de reporteros, también el deterioro de la calidad del periodismo.

Entre más recortes hay de puestos editoriales, más se sacrifican los chequeos internos con respecto a la precisión. Mientras reporteros con años de experiencia están siendo despedidos, los diarios pierden el conocimiento local y las relaciones con fuentes confiables que esos reporteros habían construido para exponer noticias importantes.

De los reporteros despedidos en The Star Ledger, Dunstan McNichol estaba trabajando en revelar una malversación en la agencia financiera encargada de la construcción de la escuela estatal. También en una escuela de medicina del estado y en la privatización del sistema de inspección de vehículos.

En noviembre hablaba con un grupo de jueces estatales acerca de las potenciales ramificaciones de la crisis de la prensa y uno de ellos comentó cómo tristemente una reportera de The Star Ledger que había cubierto las cortes por dos décadas y logrado un excelente trabajo, había aceptado terminar el contrato.

«Sabe dónde están enterrados todos los cuerpos» dijo el juez metafóricamente, aunque en algunos lugares de Nueva Jersey habría que pensarlo dos veces antes de hacer una interpretación literal. Además de recortar el cubrimiento extranjero, nacional y del estado, los diarios también están reduciendo el espacio dedicado a la ciencia y las artes y en efecto despidiendo a reporteros de ciencia y medicina, críticos de música y de libros. Hay un tipo de cobertura que los diarios han tratado de proteger, por lo menos en las primeras fases de los recortes.

De acuerdo al estudio realizado a ejecutivos de noticias por Pew en 2008, es visible que los diarios han entregado más recursos a las noticias locales. El caso del «hiperlocalismo», como se le conoce, se refiere a que los diarios gozan de ventajas comparativas como fuentes de información acerca de sus comunidades inmediatas. Pero esa estrategia puede no funcionar comercialmente si significa bajar de categoría en el mercado. Entre menos cubrimiento del resto del mundo y la vida cultural haya, más lectores pierden entre los relativamente acomodados que tienen esos intereses y menos atractivos se vuelven para los anunciantes.

El hiperlocalismo puede ser sólo un pequeño paso del ahuecamiento de las salas de prensa hasta el punto en que la mayoría de los diarios se parezcan más a los tabloides gratuitos distribuidos en los supermercados en lugar de los diarios del pasado.

Los diarios siguen adoptando medidas desesperadas, a pesar de que muchas han resultado contraproducentes y han acelerado sus ciclos de caída En una movida altamente publicitada, los dos diarios de Detroit que operaban conjuntamente disminuyeron las entregas a domicilio a sólo jueves, viernes y domingos. En los otros cuatro días de la semana, además de estar «en línea», los diarios ahora aparecen en una edición reducida disponible sólo en los puestos de diarios.

Esta parece ser una buena forma para empujar a los suscriptores de la prensa hacia el internet por las noticias. Allí encontrarán alternativas a los diarios locales y tal vez nunca vuelvan. A los anunciantes también se les dará un empujón para que usen otras alternativas. Es posible que otros diarios detengan sus publicaciones en papel y el fin de semana sea el último espacio para la prensa impresa. Tal vez es un indicio el hecho de que The New York Times esté promoviendo una suscripción casera sólo para el fin de semana.

Para casi todos los diarios, eliminar las ediciones impresas completamente y aparecer únicamente «en línea» sería un suicidio en este momento. De acuerdo a los cálculos de Rosentiel del Pew, se ahorrarían 40% de sus costos, pero perderían más del 90% de sus ingresos. Como último recurso algunos podrían dejar de publicar en los medios impresos y mantener una presencia básica en internet. No obstante, por sus fuertes deudas, obligaciones de pensión y otros costos de legado, la mayoría probablemente no puede tomar este paso, a menos que se declaren en bancarrota.

Un diario, The Christian Science Monitor anunció que retirará su edición impresa diaria y con la excepción de su producto semanal impreso, sólo estará disponible en internet. El Monitor es un caso especial ya que no tiene mercado local y es financiado por la Iglesia.

El cierre de diarios en el siglo XX dejó monopolios ciudad tras ciudad. En algunas áreas metropolitanas todavía hay otros diarios además del principal. Pero es probable que el proceso se repita. En Denver, por ejemplo, se espera que Rocky Mountain News cierre esta primavera, y en Seattle, es de esperarse que el Seattle Post-Intelligencer tenga próximamente su publicación final.

Los sitios que se desarrollan en internet probablemente no serán como los «gruesos» diarios metropolitanos que han conglomerado tantos intereses en una sola publicación. Es más probable que una variedad de sitios especializados «en línea» atiendan estos intereses. Si no hay ningún sucesor en línea para el tradicional diario, tal vez los sitios de internet para la televisión local o estaciones de radio proveerán las noticias generales para la comunidad.

Sin embargo, esos portales probablemente no tendrán la cobertura extensiva o el público tan amplio que solía tener la prensa. Es probable que este proceso se repita en ciudades en donde los diarios sobreviven pero ya no pueden operar en su antigua escala o extensión. Muchas de las funciones reunidas en los diarios ahora se están separando «en línea». Pero si el entorno de medios emergentes favorece al periodismo de nicho, ¿cómo podrá el periodismo de servicio al público alcanzar e influir al amplio público que los diarios han tenido?

Las cosas ya no son como antes. Si van a florecer medios noticiosos independientes capaces de hacer rendir cuentas al gobierno, lo tendrán que hacer en el nuevo mundo de las noticias, no el antiguo.

 

*Paul Starr es profesor de comunicaciones y asuntos públicos en el Woodrow Wilson School en la Universidad de Princeton. Su más reciente libro se titula Freedom’s Power (Editorial Basic Books).

 

 

 

 

 

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¿Por qué la política norteamericana y la sociedad están a punto de cambiar para mal? (II)

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13/01/2011 0:00:15

(Traducción: Jairo Echeverri García, Coordinador editorial, FNPI)

 

Si las formas habituales que sostenían al periodismo profesional son insuficientes, ¿qué modelos hay para auspiciar las funciones públicas vitales que la prensa ha llevado a cabo tradicionalmente? ¿Cómo caben esas alternativas en el nuevo entorno digital?

Para responder a estas preguntas es necesario primero reflexionar. Junto con la demás tecnología de vanguardia, se suponía que el internet nos traería una abundancia de información y en muchos aspectos lo ha hecho. Pero si uno de sus efectos es el detrimento de las noticias elaboradas de forma profesional, tal vez necesitamos entender de otra manera el nuevo marco de la sociedad post industrial.

En los últimos tres siglos la prensa ha sido capaz de desarrollarse y florecer en parte porque sus lectores casi nunca han pagado el costo completo de la producción. Desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, muchos diarios eran subsidiados políticamente; directamente por los gobiernos o a través de los partidos políticos.

Después, mientras el mercado de consumidores se expandía, los periódicos vendían no sólo las noticias a los lectores, sino también los lectores a los publicistas. Entre más empresas publicitarias adquirían, menos dependiente se volvía de una sola de ellas.

La clave del surgimiento de diarios independientes y poderosos en los Estados Unidos a principios del siglo XIX fue su rol como intermediarios en el mercado, es decir, conectar un gran número de vendedores (anunciantes) con compradores en un área local. Ese rol requería cambios en el contenido, lenguaje y diseño para poder atraer a un público más amplio que incluyera a mujeres, la clase trabajadora y lectores inmigrantes. En vez de estrictamente centrarse en la política y los negocios, la prensa escrita tenía interés en presentar una serie de historias más variadas.

El resultado fue la sucesión de innovaciones editoriales en la cobertura de los deportes, la delincuencia, el entretenimiento, la vida en comunidad, y la suma de elementos como entrevistas, cómics y columnas de chismes. El cubrimiento de las noticias políticas y de negocios también cambió a medida que los diarios presentaban más color, contexto y análisis, en lugar de copiar largos discursos políticos o simplemente narrar eventos. Este cambio se intensificó una vez la radio y después la televisión se hiciera cargo del negocio de las noticias de última hora. Aunque el aumento del periodismo radial y televisivo cambió el negocio de los periódicos, no lo acabó porque los diarios mantuvieron sus ventajas locales en el suministro de la información a los lectores, además de continuar conectando a los anunciantes y consumidores en una ciudad. En una industria diversa y altamente competitiva a principios del siglo XIX, los diarios se lograron consolidar a mediados del siglo XX. Aunque muchos diarios desaparecieron, los sobrevivientes se tornaron altamente lucrativos.

Nadie ha explicado mejor el hecho de que los periódicos se volvieran tan lucrativos que el inversionista Warren Buffett. En su

carta anual a los accionistas de Berkshire Hathaway en 2006, Buffet escribió que «hasta el surgimiento del internet, los diarios habían sido la manera más fácil para generar altos rendimientos en América».

Como dijo un no muy brillante editor alguna vez, «Debo mi fortuna a dos grandes instituciones norteamericanas: el monopolio y el nepotismo». Ningún diario en una ciudad de un solo diario, sin importar la mala calidad del producto o una torpe administración podía evitar ganancias enormes. Los asombrosos rendimientos de la industria pueden ser explicados de manera simple.

Durante gran parte del siglo XX, los diarios eran la principal fuente de información del público norteamericano. Sin importar si el tema era deportes, finanzas o política, los diarios reinaban. Igual de importante era el hecho de que sus anuncios eran la manera más fácil de encontrar oportunidades laborales o de conocer el precio de los productos en el supermercado.

La mayoría de las familias sentían la necesidad de un periódico diario, pero comprensiblemente muchas no deseaban pagar dos. Los anunciantes preferían al diario con más circulación y los lectores optaban por el diario con más anuncios y páginas noticiosas. Este círculo vicioso dio pie a la ley de la selva en la prensa: la supervivencia del más gordo.

Así, cuando dos o más diarios existían un una ciudad importante (que era casi siempre el caso hace un siglo) aquel que iba adelante usualmente surgía como único ganador. Después de desaparecida la competencia, se incrementaban los precios tanto en los anuncios como en la circulación.

Las tasas para los anunciantes y los lectores normalmente aumentaban cada año y las ganancias entraban a dos manos. Para los propietarios esto era un paraíso económico. Si hay un factor detrás de la actual crisis financiera de la prensa es simplemente que el internet ha socavado el papel de la prensa escrita como intermediario en el mercado. Los anunciantes no necesitan de las noticias para llegar a los consumidores, y los consumidores tienen otros métodos para enterarse de productos y descuentos.

Los periódicos tampoco pueden de ninguna manera duplicar «en línea» el monopolio del que habían venido gozando en décadas recientes como únicos diarios sobrevivientes de su área metropolitana. Por lo tanto, ya no poseen el poder de fijar precios para los anuncios que Buffett describe como «paraíso económico».

Portales como Craigslist o eBay, entre otros, proveen alternativas y ninguno de estos supone costos de producción de noticias. En efecto, para leer las noticias en internet, los consumidores no necesitan pagarlas. Los periódicos han sido capaces de ganar dinero por ambas partes, cobrándole a los anunciantes por un público objetivo, y cobrándole al público objetivo mismo.

Pero «en línea» hay otras fuentes de noticias tales como portales dirigidos por estaciones de radio y televisión que nunca han cobrado a sus públicos. Entonces para los diarios impresos… ahí se van los ingresos por circulación y anuncios. Para asegurarse, más portales de noticias en internet podrían seguir el ejemplo de The Wall Street Journal y cobrar por contenidos exclusivos. Pero las fuentes de

noticias financieras siempre han podido establecer precios más altos que otros medios de noticias debido al valor que los lectores de negocios encuentran en su información confiable y actualizada.

El problema para la mayoría de diarios es que un acceso restringido a sus portales no sólo les costaría ganancias por publicidad, también permitiría que otras organizaciones noticiosas se apoderaran de su rol «en línea». De cualquier forma, regalando su contenido o limitando el acceso, pueden estar cavando sus propias tumbas. Las implicaciones de estos acontecimientos para la función pública de los diarios son nefastas. Piense en el diario como una colección de diferentes líneas de negocio representado por sus diversas secciones, desde las páginas de noticias hasta los clasificados.

En la medida que los diarios han mantenido una visión de servicio al público, han participado en subvenciones cruzadas, usando sus líneas de negocios rentables —como los clasificados— para pagar por cubrimiento de noticias que probablemente hubiera sido difícil de justificar desde un punto de vista más estricto de retorno de la inversión. Especialmente en décadas recientes, cuando los diarios eran máquinas de hacer dinero, a los dueños les alcanzaba para ejercer periodismo de servicio público y algunos hasta lo hacían —otros sólo exprimían sus diarios impresos por todo lo que podían—.

La ley de la selva en la prensa de Buffet favorecía una amplia concepción del alcance de los diarios impresos, atenta a una variedad de intereses humanos. Ahora, los incentivos están trabajando en la dirección opuesta, incitando a una visión del papel de la prensa más limitada. Como si estas tendencias no fueran lo suficientemente malas, los diarios han estado en medio de una acelerada baja de circulación y lectores.

Durante el pasado medio siglo la cantidad de público que le hace seguimiento a las noticias ha caído y la prensa escrita ha recibido un golpe especialmente duro. El porcentaje de norteamericanos que compra un diario impreso es la mitad de lo que era en 1945 y el número total de diarios vendidos ha estado decayendo desde mediados de 1980.

De acuerdo a la Oficina de Auditoría de Circulaciones, tras caer cerca del 2% anual, la circulación de la prensa escrita a mediados de 2008 estaba por debajo casi 5% comparado con el año anterior. Un estudio llevado a cabo por el Pew Research Center for People and Press encuentra que de 2006 a 2008 la proporción de norteamericanos que afirmaba haber leído la prensa el día anterior en la versión impresa (o tanto impresas como «en línea») cayó bruscamente de 38% a 30%.

Los lectores que exclusivamente leían internet no compensaban la diferencia. El público de lectores cayó de 43% a 40%, incluso juntando a los lectores de prensa escrita con los de prensa en internet.

*Paul Starr es profesor de comunicaciones y asuntos públicos en el Woodrow Wilson School en la Universidad de Princeton. Su más reciente libro se titula Freedom’s Power (Editorial Basic Books).

 

 

 

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¿Por qué la política norteamericana y la sociedad están a punto de cambiar para mal? (I)

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12/01/2011 4:25:36

(Traducción: Jairo Echeverri García, Coordinador editorial, FNPI) 

En el ensayo «Adiós a la era de los periódicos (se inicia una nueva era de corrupción)», del profesor Paul Starr*, podemos encontrar la respuesta. Originalmente publicado en la revista The New Republic el 4 de marzo de 2009. Gracias a la autorización de su autor, la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) publica la versión en español de este análisis sobre la actualidad de la prensa norteamericana.

Hemos tomado a la prensa escrita como algo garantizado. Ha sido una parte tan integral de la vida diaria en Norteamérica, tan central en asuntos políticos, la cultura y los negocios, y tan poderosa y rentable por derecho propio, que es fácil olvidar cuan extraordinaria invención histórica es. Los bienes públicos son notoriamente producidos por debajo del nivel de demanda en el mercado, y las noticias son un bien público.

Aun así, desde mediados del siglo XIX, la prensa escrita ha producido noticias en abundancia, a un bajo precio para los lectores y sin necesidad de subsidios directos. Más que cualquier otro medio, la prensa escrita ha servido como sistema de alarma ciudadana, además de vigilar al Estado y controlar los abusos privados.

Es verdad que en muchas ocasiones no ha realizado esas tareas tan bien como era debido. Pero hoy lo que está en duda es si en el futuro podrá continuar cumpliendo esas funciones. Antes de la recesión económica, la industria de la prensa escrita ya afrontaba una amenaza mortal debido al surgimiento de internet, la caída de la circulación, los ingresos por publicidad y la disminución del hábito de comprar el diario.

La recesión ha intensificado estas dificultades, ocasionando una caída en picada de la cual muchos periódicos no se recuperarán y otros se levantarán tan sólo como una sombra de lo que solían ser. La devastación ya es sustancial.

El diario Los Angeles Times ha reducido su sala de redacción a la mitad y eso fue antes de que su compañía matriz, Tribune, se declarara en bancarrota. Otra empresa agobiada por la deuda, la cadena McClatchy, que incluye The Sacramento Bee, The Miami Herald y otros 28 diarios, ha despedido un 17% de su fuerza laboral en el último año. Pero las empresas altamente apalancadas no son las únicas reduciendo nómina.

En el diario más grande de New Jersey, The Star Ledger, el 45% del personal editorial aceptó negociar su salida cuando el propietario, Advance Publications, amenazó con vender el diario si las metas de recortes no se cumplían. Los diarios también están disminuyendo el número de páginas, la cobertura de noticias, varios suplementos y la entrega a domicilio de ediciones impresas.

Por toda Norteamérica, mientras los ingresos de los diarios caen en picada —a finales de 2008 las ventas de anuncios disminuyeron un 25% comparado con hace tres anos— los editores no parecen despojarse de los redactores, reporteros, y las secciones de sus diarios con la suficiente rapidez. Y hay más por venir.

De acuerdo al pronóstico de diciembre de Barclays Capital, las ganancias por publicidad disminuirán otro 17% en 2009 y 7.5% más en el 2010. Ni siquiera el New York Times escapa de la contracción masiva que se acelera en la industria. Recientemente ha visto caer sus reservas de dinero y se han profundizado sus deudas. ¿Nos debería importar?

Algunos observadores, confiados en las bendiciones de la tecnología, se rehúsan a derramar lágrimas por los tradicionales gigantes del periodismo. Se basan en que esos problemas son de su propia creación y tienen poca incidencia en el bien común.

Desde ese punto de vista, independientemente de si la prensa escrita logre adaptarse exitosamente al internet o no, continuarán surgiendo nuevas y mejores fuentes de noticias en la web y llenarán cualquier vacío que dejen los diarios. Además, hay quienes están tan enfadados con los medios de comunicación tradicionales que toman la miseria económica de la prensa como un merecido castigo. ¡Qué sufran los bastardos!

Estas reacciones no tienen en cuenta las realidades inmediatas ni todos los aspectos de la crisis que afectan a la prensa escrita. De ninguna manera es hora de jactarse con el éxito del internet, hay mucho en riesgo. Casi todos los demás medios de comunicación también se están reduciendo con la excepción de las noticias en línea. Particularmente, en los niveles metropolitanos, regionales y de estado, el crecimiento «en línea» no compensa el declive en los otros sectores.

A pesar del desarrollo de otros medios, lo cierto es que la prensa escrita ha continuado realizando verdadera reportería y produciendo la mayoría de las historias originales. Con base en estudios conducidos por el Pew Research Center´s Project for Excellence in Journalism, Tom Rosentiel, el director del proyecto, afirma que en 2006 un diario metropolitano típico publicaba 70 noticias diarias contando la sección nacional, local y de negocios (sumando las de deportes y moda serían un total aproximado de 100).

Por su parte, media hora de noticias por televisión incluía sólo de 10 a 12 noticias. Mientras la televisión local se enfoca principalmente en el crimen, los incendios y el tráfico, la prensa escrita provee la mayoría de la cobertura original de los asuntos públicos. Estudios acerca del periodismo escrito y televisivo muestran constantemente que las noticias televisivas emulan la agenda de los diarios escritos, muchas veces repitiendo las mismas noticias pero con menor profundidad.

Sin duda en internet hay abundancia de opiniones, pero hay escasez de reporteria y aún menos información sujeta a la rigurosidad investigativa o al escrutinio editorial. A excepción de agregadores de noticias como Google News —que enlaza hacia artículos de publicaciones que aún obtienen sus ganancias de los medios impresos— los nuevos portales de noticias en línea más exitosos están dirigidos a audiencias especializadas.

Hasta ahora ninguna compañía de internet ha generado los ingresos suficientes para realizar un periodismo con historias originales para el público general de la misma forma en que lo hacen los periódicos.

Sería inútil predecir si internet apoyará al periodismo de interés general de la misma forma en que lo ha hecho la prensa escrita.

La realidad es que los recursos del periodismo se están desapareciendo de los viejos medios más rápido de lo que los nuevos medios pueden desarrollarlos. Asimismo, la crisis financiera de la prensa puede agravar su crisis de legitimidad. Ya bajo el feroz ataque tanto de la derecha como de la izquierda por múltiples pecados, reales e imaginados, a la prensa se le hará aún más difícil su trabajo bajo presiones económicas.

Mientras la prensa se reduce en tiempos de dificultades económicas, Rosentiel dice, «gran parte de la vida norteamericana quedará en las sombras, nunca sabremos de qué no nos estaremos enterando». Uno de los peligros de la reducción en la cobertura de noticias es la disminución de la integridad gubernamental. Decir que la corrupción brota más fácil cuando los que tienen el poder no le temen a quedar expuestos no es una simple especulación. Cada año, el Banco Mundial publica un índice de corrupción política alrededor del planeta basado en encuestas a negociantes de cada país.

En un estudio publicado en 2003 en el The Journal of Law, Economics, and Organization, Alicia Adsera, Carles Boix y Mark Payne examinaron la relación entre la corrupción y la libre circulación de los diarios impresos por persona (una medida de tanto la circulación de noticias como de la libertad de prensa).

Teniendo en cuenta el desarrollo económico, el tipo de sistema legal y otros factores, encontraron una fuerte relación: entre menos circulación de diarios hay, mayor es el índice de corrupción. Haciendo uso de diferentes medidas, también encontraron una relación similar en los estados dentro de los Estados Unidos: entre menos circulación de noticias hay, más se incrementa la corrupción.

Otro análisis publicado en 2006, un reporte histórico de los economistas Matthew Gentzkow, Edward L. Glaeser y Claudia Goldin, sugiere que el desarrollo de una prensa orientada hacia la información puede haber sido un factor en la reducción de la corrupción gubernamental en los Estados Unidos entre la Edad Dorada y la Era Progresiva.

Dichos estudios no pueden comprobar una conexión causal o predecir los efectos de una cobertura de noticias disminuida en el futuro, y hay más motivos de preocupación. Los diarios están recortando oficinas y personal que permite al público supervisar al gobierno así como a las empresas. Algunos incluso han despedido a reporteros veteranos que han sacado a la luz los grandes escándalos.

Cuando eran financieramente fuertes, los diarios tenían más capacidad no sólo para invertir en proyectos investigativos a largo plazo, también para encarar la presión política y de las industrias cuando pretendían suprimir noticias desfavorables para ellos. Con todo y sus imperfecciones, los periódicos han sido las principales instituciones que sostienen los valores del periodismo profesional.

Es más probable que una prensa con problemas financieros se vea involucrada en problemas éticos. Mientras el nuevo ambiente digital es más abierto al «periodismo ciudadano» y a la libre expresión de opiniones, también está más abierto a la parcialidad y al periodismo comprado. En internet no se distingue claramente entre los blogs y otros portales financiados para promover un particular punto de vista y los portales de noticias operados independientemente que acatan las reglas de la reportería profesional.

Entonces el peligro no es sólo más corrupción del gobierno y las industrias, también más corrupción de parte del periodismo en sí. Estas novedades generan preguntas prácticas para cualquiera interesado en el futuro de la democracia norteamericana.


*Paul Starr es profesor de comunicaciones y asuntos públicos en el Woodrow Wilson School en la Universidad de Princeton. Su más reciente libro se titula Freedom’s Power (Editorial Basic Books).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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CUBA: VULNERABILIDAD A LOS EVENTOS SÍSMICOS

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Como todo el archipiélago antillano la isla de Cuba pertenece a la faja sísmica que en América Central y se une a la gran zona sísmica del Océano Pacífico.La ocurrencia de terremotos son de dos tipos diferentes: el llamado de «entre placas», que se presenta en los mares de la región suroriental y se identifica por una alta frecuencia de ocurrencia de eventos, incluyendo los de mayores magnitudes.

Cuba forma parte de la placa norteamericana y su región suroriental se encuentra en la frontera con la placa del Caribe, donde acaecen movimientos relativos con velocidades de hasta dos centímetros/ año.

El segundo tipo de sacudidas, se identifica como de «interior de placa», y tiene lugar en el resto del territorio. Lo caracteriza una baja frecuencia de ocurrencia de eventos con magnitudes máximas inferiores a los del tipo anterior, y se asocian a desplazamientos de estructuras tectónicas de menor orden, que generalmente suceden en sus intersecciones.

Según las estadísticas los sismos de magnitudes mayores o iguales a 6 grados en la escala Richter, tienen un estado de recurrencia aproximado de 50 años. Otros movimientos sísmicos de menores magnitudes acaecen en un período de tiempo de dos años.

Otros fenómenos geológicos identificados para el país son los deslizamientos de tierra, hundimientos y alteraciones físicas del relieve, con una influencia local, que pueden ser extremadamente dañinos. Estos ocurren principalmente en áreas de relieve accidentado, con influencias cársicas y aguas subterráneas poco profundas, asociados a movimientos sísmicos y fenómenos meteorológicos extremos.

Vulnerabilidad del territorio nacional

El estado de la vulnerabilidad en Cuba se ha reducido considerablemente en las últimas tres décadas. Las causas principales son las siguientes:

  • La creación de un sistema de medidas para la protección de la población, la economía y el medio ambiente contra los efectos de los fenómenos potencialmente destructivos.
  • La incorporación de medidas preventivas y de mitigación de desastres en el proceso de planificación del desarrollo y de las inversiones.
  • El desarrollo de un cuerpo legislativo para el uso de la tierra, ordenación de las aguas y las prácticas de construcción.
  • Realización de medidas estructurales tales como; la construcción de embalses para asegurar el consumo de agua a la población, su uso en la industria y la agricultura y con carácter regulador de averías                                                                                                                                                                            súbitas.
  • La creación y el desarrollo ulterior de sistemas de vigilancia y alerta a los principales peligros que inciden en el país, así como el fortalecimiento de las instituciones científicas.
  • El mejoramiento de las condiciones de vida de la población en general y de los indicadores sociales y de salud.

Vulnerabilidad de los asentamientos humanos por fenómenos geológicos. (Sismos y deslizamientos de tierra)

En dos cuartes partes del territorio nacional, pueden ocurrir sismos con intensidad entre 6 y 9 grados en la escala MSK de 1978. Residen en él unos 4 millones 500 mil personas (40% aproximadamente de la población cubana).Tal consideración, parte de la ubicación de la infraestructura (viviendas, escuelas, empresas y otras) en zonas de peligro sísmico, el estado de la misma, así como otros factores como con su diseño sismo resistente. De tal modo se considera que la población vulnerable alcanza a más 471 mil ciudadanos, pues no obstante esfuerzos constructivos estatales y particulares en los últimos años, aún es apreciable un deterioro habitacional, principalmente en ciudades en las que no pocas viviendas datan de hasta finales del siglo XIX.

En los últimos 455 años, el total de movimientos telúricos de trascendencia económica fue de 60. Cinco han afectado considerablemente la provincia de Santiago de Cuba, dos de ellos a su ciudad capital.

Otras evaluaciones de vulnerabilidad se realizan para peligros de menor escala, pero con un significado a nivel local.

Tal es el caso de las áreas expuestas a deslizamientos de tierra en las cuales residen unas 60 mil pronas (0.55%), de ellos el 75% (45 mil) se encuentran en áreas muy peligrosas (zonas montañosas donde la causa del corrimiento tiene su origen en fenómenos sismológicos o meteorológicos extremos.)

Mapa de Riesgo Sísmico de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Este mapa de riesgo geológico de escala 1:100 000, con el análisis de taludes y obras en condiciones geológicas desfavorables, incluye edificios, puentes, carreteras y redes soterradas.

Existe una base de datos automatizados que contiene todas las características del área de estudio para realizar evaluaciones en correspondencia con las condiciones geofísicas geológicas y sismológicas de la misma.

El mapa físico sísmico de la Ciudad de Santiago de Cuba es el resultado final, y consiste en un análisis que incluye la evaluación de los posibles daños esperados en la ciudad, atendiendo a la densidad poblacional, el costo, tipo y uso de las edificaciones.

Existe una base de datos automatizada y el análisis de vulnerabilidad, aunque debido a serias dificultades con las estaciones de monitoreo para el seguimiento sismológica, la tecnología no ha podido ser modernizada en su totalidad.

Se han dado algunos pasos para establecer la cooperación internacional con varios países interesados, pero sin resultados significativos.

Aspectos que requieren mejorarse

Aunque los terremotos que afectan el territorio nacional no se han caracterizado por la gran intensidad, existen predicciones científicas de la ocurrencia de los sismos en la porción oriental del país.

En los últimos 35 años, el terremoto de mayor consideración ocurrió el 25 de mayo de 1992, con un epicentro cercano a Cabo Cruz, provincia Granma y una magnitud de 6,3 grados en la escala de Richter, según datos iniciales. Fue perceptible en más de la mitad del país y afectó numerosas viviendas en particular en este territorio.

En los años 1992 y 1993 el promedio de movimientos sísmicos registrados fue de unos 2 mil 500. Solo 39 de ellos fueron percibidos por la población.

Los estudios de vulnerabilidad solo se han realizado para la ciudad de Santiago de Cuba y para algunas obras industriales, y no se tienen noticias de que se haya llevado a cabo algún trabajo de evaluación del riesgo sísmico.




 


 

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Pitágoras y la era digital

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Una colaboración de Antonio Rodríguez Salvador, La Calle del Medio

A veinticinco siglos de la muerte de Pitágoras está ocurriendo una nueva revolución numérica. El cuatro -el tetractys- símbolo de la justicia entre los pitagóricos, de pronto ha dado paso al dos -el bit- unidad de información básica digital que, entre otros adelantos, hace posible la Internet.

Para los pitagóricos eran cuatro las virtudes: prudencia, fortaleza, templanza y justicia; cuatro los elementos: tierra, agua, aire y fuego; cuatro las facultades del hombre: inteligencia, conocimiento, opinión y sensación; pero ahora, tras la creación del hombre virtual, estamos de regreso a la filosofía de Mani, el babilonio, promotor del dualismo divino; aquel que postulaba un origen para el bien, y otro para el mal. De pronto son dos las clases de personas: ganadores y perdedores, dos las formas de gobiernos: tiránicos o democráticos, dos los tipos de países: angélicos o demoníacos. Siempre de acuerdo con el ojo binario que nos mira desde el "paraíso americano".

Las cuatro virtudes pitagóricas equivalían a lo bueno y lo bello, hasta que llegó Platón a situar la belleza en lo divino. Y lo divino terminó siendo Yahvé. Un Dios blanco, varón, homofóbico, y que ve con malos ojos la fornicación por el mero disfrute de fornicar. Así, la humanidad ha visto cómo durante miles de años han sido discriminados por defectuosos o inferiores las mujeres, los negros y los homosexuales. Así, la palabra placer terminó proclamando en su significación tanto escándalo, que todavía tenemos que acompañarla de algún conjuro que nos proteja de su impudicia. Decimos honestos placeres, sanos placeres, sencillos placeres, porque cualquier placer a secas -y que no aligeremos con determinados contrapesos lingüísticos- resulta vergonzoso.

Ahora, sin embargo, todo ha cambiando. Lo bello -lo bueno- es norteamericano, y a todo aquel que se aparte del canon, se les cuelga el sambenito de populista, retórico, antiestético, arcaico... Lo feo -el mal- es todo aquello que no entra por el aro; toda voz que disienta de ese coro. Por eso la nueva revolución numérica, donde sonido, imagen y texto viajan en un mismo paquete a la velocidad de la luz, hace que tanto en Viena, como en Kinshasa o Bangkok, la gente vista, coma, y tenga pesadillas con el sueño americano. Aunque Dios creó el mundo, Estados Unidos creó Internet. Por eso los Estados Unidos pueden adoctrinar a muchas más personas que la Iglesia. No importa que en Estados Unidos 1,5 millones de niños carezcan de vivienda, y deban soñar su inocencia en moteles baratos, tiendas de campaña o simplemente bajo las estrellas. El sueño americano no se enterará de eso, porque todos sus íconos digitales duermen en sábanas de raso.

Según el modelo pitagórico, la opinión es más justa cuando el hombre es más inteligente, más sabio, más sensible. Sin embargo, ahora lo justo es lo que emana de esos íconos digitales. No importa que dicho icono sea, por ejemplo, Jack Bauer, el personaje de la serie televisiva "24 Horas", un agente que no duda en emplear la tortura para ayudar al presidente en su lucha contra el terrorismo. No importa que sea Hellboy, el Gran Investigador de lo Paranormal; y que, según su leyenda, fuera creado por los demonios nazis para dominar el mundo, pues en definitiva ya fue convertido en hombre de bien por los dioses norteamericanos... Para dominar el mundo.

Un día los pitagóricos descubrieron un quinto cuerpo regular: el dodecaedro. Esto, sin embargo, no entró en contradicción con el tetractys, pues ese quinto elemento representaba lo desconocido, lo sinérgico: un concepto que explica la manera en que dos y dos pueden sumar cinco. Sinergia es la capacidad creativa del hombre, es el fruto de su imaginación hecho realidad. Sin embargo, dentro de la realidad virtual lo creativo de pronto se reduce a una fórmula distinta, donde dos más dos suman uno: Estados Unidos.

Llegado aquí, confieso que el pie para escribir este artículo me lo brindó René González Sehwerert, uno de los cinco héroes cubanos prisioneros en Estados Unidos, en carta publicada en páginas de La Calle del Medio. Refiriéndose a la televisión norteamericana, escribió René: "Todos esos productos, hasta el más inocente, están diseñados con sumo cuidado para difundir algún estereotipo, valores, reacciones personales o colectivas; o para implantar ciertos reflejos o actitudes. En algunos casos esos elementos se incorporan al subconsciente colectivo norteamericano en complejos de superioridad, sentimientos de excepcionalismo, posiciones mesiánicas o la convicción falsa de ser la sociedad paradigmática, digna de imitar"

Y yo me pregunto si no será esa la razón por la cual no escandaliza la paradoja de un "País de la Libertad" donde hay 3 millones de presos, y 9 millones en libertad condicional; un "País del Bienestar", donde 46 millones de personas no tienen seguro médico, y 45 mil mueren cada año por esta causa. Un "País del Goce", donde el 35 % de los trabajadores no sale de vacaciones por temor a perder su empleo. Un "País de las Oportunidades", donde 40 millones de personas viven con menos de 1,25 dólar al día, y comen gracias a que reciben cupones de alimentación.

Perdón por los tantos números, pero ya avisé de Pitágoras en el título de este artículo. De modo que, en el "País de la Democracia", el 62 % de los ciudadanos aceptaría pagar más impuestos para que todos puedan disfrutar de seguros médicos, y un 72 % está absolutamente en contra de la guerra en Irak, pero esa inmensa mayoría no significa nada, porque entonces se perjudicarían los intereses de unos cuantos ricos. En el "País de los Derechos Humanos", 250 mil niños de primaria son golpeados cada año por sus maestros, y 80 mil son víctima de abusos sexuales. En el "País de los Milagros", el 12 % de la población negra aporta el 40 % de las prostitutas, y 1 400 mujeres son asesinadas a golpes por sus maridos. En el "País de la Justicia", un par de terroristas confesos, autores entre otros crímenes de la voladura en pleno vuelo de un avión civil cubano con 73 pasajeros a bordo, caminan libres por las calles de Miami, mientras los tribunales de esa misma ciudad castigan con penas arbitrarias a cinco luchadores antiterroristas cubanos.

Según los Evangelios, en el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios (San Juan 1:1,3); pero hoy, los que manejan el 75 % de la información mundial, de mil maneras distintas cada día nos dicen: en el principio existían los Estados Unidos, y los Estados Unidos estaban con Dios, y Estados Unidos era Dios. Por eso palabras como libertad, bienestar, oportunidades, justicia, disfrute y milagro, han terminado significando más que la realidad, aunque solo sean espejismos virtuales. Por eso el presidente W. Bush pudo conversar con Dios antes de atacar a Irak; y quizá también por eso los billetes de dólar rezan: In God We Trust (En Dios Confiamos).

Y naturalmente, todo eso también explica por qué el presidente Barack Obama ha ganado un Premio Nóbel de la palabra. Perdón, quise decir de la paz... virtual.


 

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Periodismo: «Democracia de los oídos y opinión responsable».

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Con esta ponencia no pretendo persuadir a nadie, ni establecer criterios. Aspiro a dialogar con humildad pero con firmeza sobre achaques de nuestro discurso periodístico y propongo asumirlos desde nuestro aquí y ahora, desde nuestra singularidad, desde una postura ajena a los deslumbramientos de los seducidos por realidades otras»

(Texto íntegro de la Ponencia presentada al Encuentro de Cronistas Miguel Ángel de la Torre, en Cienfuegos, por Osmar Álvarez Clavel, profesor de la Universidad de Oriente)

Identificamos el papel de nuestro periodismo en la batalla de ideas con un verbo: participar. Entendemos esa participación como presencia de un periodismo más revolucionario en todos los órdenes: el informativo, el reflexivo, el discursivo; un hacer periodístico donde se fundan temas y problemas claves con modos creativos de abordarlos sustentados en un lenguaje capaz de asumir conscientemente su coedición de protagonista, de participar con argumentos y de exponerlos con inteligencia y elegancia. Nuestro periodismo es oficio de infinitivos: sirve para informar, para investigar, para opinar; sirve, ante todo, para servir

Esta ponencia resume una investigación colectiva que tuve la suerte de dirigir y de la cual nació un libro para la docencia. Revisamos todos los números publicados por los tres periódicos nacionales durante el último trimestre del 2003 y del 2004 y por los semanarios de las provincias orientales en el primer semestre del 2005. Quisiera compartir los resultados básicos de la pesquisa (1).

A juzgar por las valoraciones expresadas por estudiosos del discurso periodístico cubano, por los ejemplos negativos referidos, de los cuales nuestra indagación da fe, en vez de hablar de la construcción del discurso podríamos hablar de su destrucción. Mas, es justo consignar que en nuestro recorrido no hallamos disparates. Eso si, tropezamos con esquemas e inelegancias de todo tipo: frases que poco aportan, descoyuntadas, redundancias, ambigüedades, discordancias, sujetos excesivamente largos, generalizaciones inoperantes, el inventario de problemas asociados con el lenguaje es significativo.

Hay una tendencia que por sus implicaciones merece un estudio aparte. Me refiero a la copia de patrones léxicos de los grandes medios especializados en la manipulación la cual se ejerce, tambien, desde la palabra .Una sola consideración. La palabra periodística debe estar semánticamente cargada porque es ideológica por esencia. Es ideológica porque es intencional. Discutir sobre su neutralidad es asunto apropiado para personas a quienes les sobra tiempo. La palabra es fuente y recipiente, portadora de significado y creadora de sentido y de lenguaje: como sistema carece de la posibilidad de ser neutral. El lenguaje es clave para la creación del sentido de cualquier texto, aunque el sentido sea subterráneo. Las buenas intenciones y los excelentes temas no bastan, se precisa un lenguaje capaz de hacer que las palabras certifiquen lo que necesitamos que ellas digan. Con palabras construimos la realidad de cada día y nuestras intenciones sobre esa realidad porque, en tantos seres humanos, somos también palabra.

Detengámonos en los achaques que nuestra investigación revela, en sus síntomas:

Primero. Exceso de seriedad.

Parece que sí, que nuestro discurso periodístico padece de   exceso de severidad, de formalidad y formulismo. Esta aseveración excluye a las páginas humorísticas, claro; pero incluye un problema medular: la recurrencia estoica a los mismos temas y al mismo modo de abordarlos, forma de hacer periodismo distante de la idiosincrasia de la mayoría de los individuos a quienes se supone esa producción está dirigida. La palabra que me viene a la mente cuando repaso una y otra vez los textos es un calificativo: aburrido.

Nuestros periódicos tienen mil usos. Sirven, en principio para leer. Pero son útiles también para envolver o cubrirse del sol   -por eso el papel es fuerte-, y hay quienes lo utilizan para otras contingencias excesivamente conocidas y para las cuales los inconformes de siempre reclaman un papel más suave. Ninguno de los usos señalados u omitidos es nocivo, siempre que primero se lea el periódico. Después, ya se sabe. Pero, hay una posibilidad alarmante. Digámoslo con franqueza: nuestros periódicos sirven, muchas veces, para aburrirse.

¿Qué le sucede a muchos de nuestros periodistas?

A las dos características básicas del discurso periodístico: claridad y concisión, Luís Sexto añade una tercera: la imaginación. (2) ¿Tendrá razón Luís? : ¿Habrá que dar un curso de postgrado de imaginación para periodistas en activo?

Segundo síntoma. Títulos demacrados.

Nos atacan constantemente. Basta abrir el periódico para cerciorase. El inventario es considerable. Ante tanto desastre cabe la posibilidad de editar los trabajos sin títulos; opción que generaría numerosos inconvenientes administrativos, pero tendría la ventaja adicional del misterio, ese que el desarrollo científico y la manipulación internacional amenazan con dejar cesante.

El dominio de los esquemas tiene grietas. En la revisión de las fuentes hallamos una significativa variedad de títulos que cumplen las exigencias planteadas por García Luís para quien el título debe condensar la imaginación, la capacidad de síntesis y el sentido artístico del periodista y a la vez llamar la atención sobre el asunto, adelantar el contenido, reforzar la tesis y el sentido total del texto (3).

Hallamos títulos excelentes, más sugerentes que explicativos, capaces de atraer al lector, meta clave pues, como sabemos, lectores hay que del periódico solo leen el título. Disfrutamos títulos imaginativos, funcionales en el contexto donde se inscriben como: «Piñas con parto inducido», «Yo me fajo ¿y usted?», «No aterriza la indemnización», «Cero carreras, cero estadio» «Otro martillazo al bloqueo», «Reguetón o cubatón?: el perro, la moda y el olvido» , «El que no puede quedar ciego es el país»... Aun en la página deportiva encontramos títulos creativos, hecho que cuestiona el supuesto de que en esta temática la codificación constituye premisa: para el título original no hay temática vedada.

Lamentablemente la influencia de los malos títulos parece ser mayor que la de los buenos. Los malos títulos comportan riesgos: pérdida de la vocación orientadora, capacidad para decirnos la totalidad del contenido y por ende supresión de la necesidad de su lectura, o esa exquisita irrelevancia que nos induce a cerrar el periódico. Una manera para conjurar tales peligros consiste en crear titulares a partir de frases hechas, de citas y alusiones reorganizadas creadoramente.

Tercer síntoma. Comienzos tradicionales.

En la decisión de lectura el comienzo rivaliza con el título. Si logramos que el receptor traspase la barrera del título, éste deberá afrontar un nuevo obstáculo, el del inicio. El párrafo inicial funciona como un semáforo: invita a pasar o a detenerse. Y si el lector se detiene es posible que deje la lectura para después, y lo que para después se deja...

Entonces, si sabemos de la significación del comienzo por qué nos empecinamos en aplicar las mismas fórmulas. Un solo dato, en la muestra -más de 700 textos explicativos o interpretativos, aquí excluimos los trabajos puramente informativos y los instrumentales- predomina la terca recurrencia a los comienzos tradicionales. Si embargo, en el análisis de las mismas fuentes encontramos más de 20 maneras de empezar un texto, desde las más utilizadas (informaciones, comentarios, datos concretos, descripciones y narraciones) hasta otras menos frecuentes pero tan efectivas como las anteriores, como los inicios basados en   metáforas e imágenes, prolepsis y analepsis, conjeturas, ironías, caracterización de personajes o situaciones. Y así, hasta llegar a 22 modos posibles de iniciar un texto.

Cuarto síntoma. El lado más amable de la realidad.

Nos detuvimos en la expresión de la opinión. Hallamos como tendencias : la exclusión del análisis de zonas sensibles para la opinión pública nacional o asunción de sus lados menos polémicos; el  predominio del contenido propagandístico y distanciamiento  critico de modo que entre el periodista y la realidad se establece una suerte de luna de miel;  la visión  didáctica o edificante  en tal grado que algunos periodistas nos tratan como si fuéramos adultos menores de edad; la  preferencia por temas de la realidad internacional en detrimento de la nacional en la cual se privilegian solo áreas como el arte,  la cultura y el deporte y la utilización mayoritaria de géneros como el comentario, el artículo o el reportaje y excepcionalmente del ensayo.

La revisión de los textos opináticos convoca a la sensación de que producir opinión, en especial si está marcada críticamente, produce temor. Claro, el ejercicio de la opinión, específicamente de la crítica comporta riesgos y conduce con frecuencia a incomprensiones.. Casi todos queremos la crítica: unos la queremos bien, porque confiamos en su capacidad para mejorar lo que somos; otros la quieren a su manera y no faltan los ilusos que quieren matarla. Abundan las personas no entrenadas para asimilarla. Hay quienes interpretan el señalamiento más leve como un asunto personal, y si a todo esto le sumamos el hecho de que no siempre hacemos la crítica adecuada, profunda en su contenido y elegante en su discurso, entonces se comprenderá el origen de ronchas y rasguños. Probablemente quienes rechazan la crítica que habitualmente hacemos, serían más receptivos ante criterios ofrecidos de manera más elaborada.

Pero, resquemores aparte, la opinión crítica en nuestro contexto es un imperativo. Nuestros periódicos están obligados a proponer criterios sobre temas vitales, pues como apunta Odalys Riquenes, serán juzgados tanto por lo que dicen como por lo que omiten. Lo que omitimos son las respuestas que le debemos a la comunidad. Desde luego, este anhelo es más fácil de expresar que de cumplir. En ocasiones resulta difícil orientarse en la maraña de temas y problemas que la realidad ofrece u oculta.  A esta situación compleja hay que sumarle la manipulación mediática internacional y la tendencia moderna a la especialización. Y, desde luego, la censura, sus veleidades y sus disfraces. Pero, no hay opción: tenemos que orientar la brújula y afrontar los riesgos de la opinión. Hay que buscar zonas compartidas con el lector para poder influir sobre él, apoyarse en criterios sustentados y persuasivos porque no siempre un razonamiento veraz resulta convincente: a la verdad hay que enseñarle el camino de la persuasión.

Creo que ganaríamos un trecho si admitimos que nuestro periodismo tiende a concentrase en las zonas más amables de la realidad y que en las discusiones sublimamos el debate en detrimento del diálogo.

 Último síntoma. Precariedad del ensayo.

Los resultados de la búsqueda de ensayos fueron magros. Solo hallamos 12: 6 en Juventud Rebelde, y 3 en Granma y Trabajadores respectivamente. La frecuencia es uno mensual. (Aclaro que este fenómeno no es privativo del periodismo impreso cubano, es una tendencia presente en otras latitudes donde el ensayo, uno de los géneros claves del periodismo desde sus inicios se cultiva poco a pesar de sus ventajas. El ensayo no está sometido a la inmediatez, dispone de una amplia libertad temática y estructural, acepta los más variados lenguajes y sobre todo permite expresar libremente la opinión, proponer, estimular la participación. El argumento mas utilizado para explicar la precariedad de su presencia es la falta de espacio.

Pero, el análisis de las páginas digitales de las fuentes valoradas revela lo contrario: no encontramos ningún ensayo. Y allí no falta espacio, lo que falta es ensayo. Y tal exclusión es una paradoja porque en el mundo de la globalización neoliberal, donde el pensamiento único pretende que cada vez más pensemos cada vez menos, el ensayo periodístico constituye una alternativa legítima para la batalla de las ideas.

El ensayo vive en otros géneros, el estilo ensayístico trasciende al ensayo. Textos hay que sin ser ensayos asumen su estilo. Eso lo saben periodistas como Luís Sexto, Rosa Miriam o José Alejando, para solo citar tres profesionales de un solo órgano que sabe ser fiel a su nombre. Aunque la prensa escrita es el hábitat natural del ensayo, el estilo ensayístico trasciende al periódico, los comentarios de Dimas en la TV o del colectivo de Hablando Claro, en la radio, son ejemplos ilustrativos al respecto.

Parece que ninguno de los mil usos del noni puede ayudarnos a lidiar con los achaques de nuestro discurso periodístico, qué los tiene.

El deambular por zonas conflictivas de nuestro hacer periodístico, obliga a preguntarse qué hacer, porque siempre hay algo que hacer. Claro, respuestas a problemas como los referidos demandan del razonamiento colectivo para que sean asuntos compartidos.

No obstante, permítanme concluir con una propuesta que se reduce a los medios nacionales y consiste en trabajar para invertir la correlación actual entre información y reflexión, para cambiar el balance genérico dominante en nuestros medios.

En nuestro aquí y ahora el periodismo impreso no puede competir con la televisión ni la radio en inmediatez, ni en crear la sensación de objetividad.  Si sabemos que los lectores tienen la posibilidad de informarse primero de lo que sucede dentro y fuera a través de la TV y de la radio; y al mismo tiempo reconocemos que el periódico continúa siendo un medio más fácil de conservar, más apropiado para la relectura y la reflexión; ¿por qué en vez de privilegiar la información como actualmente hacemos, no priorizamos la reflexión, la investigación, la opinión?

Y, si esta propuesta tiene alguna coherencia, es hora de que nuestros periódicos rescaten decididamente la sólida tradición ensayística nacional. El esfuerzo por mejorar el periodismo cubano actual no puede darse el lujo de soslayar al ensayo, género que por sus características resulta especialmente apropiado para opinar, para participar.

El ensayo periodístico como género y el periodismo de creación como discurso favorecen la expresión de la opinión responsable y el ejercicio de la crítica. La opinión responsable también ha de ser ejercida desde y hacia las ciencias a través del tipo de ensayo que denominamos de vocación científica. La seriedad plástica del ensayo, su libertad de movimientos, le permite acudir a un discurso que sin transgredir lo científico, puede ser atractivo y hacer de la ciencia conocimiento posible de ser entendido y extendido, un tipo de texto que funcione como una forma de estimular a democracia de los oídos.

Quizás nuestro noni implique comenzar por corregir el balance genérico dominante en nuestros periódicos nacionales y por asumir las bondades del periodismo de creación.

Asimilar el periodismo de creación como un modo de hacer periodístico- no el único, desde luego- supone reconocer el protagonismo del lenguaje (la palabra y sus técnicas), validar la subjetividad del periodista, insistir en el enfoque humano del texto, pensar que si hay un periodismo para hoy hay otro que, como la literatura, se legitima en la trascendencia y, sobre todo, demanda cosechar lectores activos, participantes.

Creo que dialogar con claridad sobre este asunto es tarea inaplazable que concierne a muchos de los aquí presentes, a personas como ustedes y como este servidor. Y es bueno que lo hagamos porque como dice Paulo Freyre: «los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión».

Notas.

1. En mi libro El ensayo periodístico cubano de hoy. Propuesta para dialogar, doy cuenta de las búsquedas y ofrezco detalles valorativos de los resultados.

2. Ver Cuestión de estilo. Editorial Pablo de la Torriente B, La Habana, 2003. p. 20 y ss.

3. Ver Géneros de opinión. Editorial Pablo de la Torriente B, La Habana, 2001. p. 217 y ss.



 

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Prensa tradicional e Internet ¿enemigos o confidentes?

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Por Mercedes Rodríguez García

Ante la opinión pública, "los perjudicados son los medios tradicionales y el rey, lógicamente, es Internet". Expresiones como estas recorren hoy el mundo como consecuencia del vaivén económico que experimentan los medios ante el cambio de las tendencias de ocio de los jóvenes, y los no tan jóvenes.

Los más conservadores introducen la red como instrumento de primera mano para informarse al tiempo que le declaran la guerra, en lugar de aunar esfuerzos, en favor de la cultura. Sin embargo varios analistas insisten en la necesidad de replantear algunas de las posturas enraizadas, en referencia a su carácter jerárquico y endogámico. (Martínez: 2003)

Editores, ejecutivos y periodistas asumen con recelo la sombra de la decadencia de la prensa diaria. Sin embargo, parece ser un hecho: la sociedad de la información vive en la era de la abundancia y los periódicos pierden su fuerza, a pesar de sus potentes redacciones, sus recursos profesionales y su competitivo mercado.

Gran parte de la población reserva su nueva dieta informativa a la televisión -único medio de masas-; los diarios gratuitos por ser "cómodos, rápidos de leer, útiles y libres"; e Internet  por brindar información actualizada, personalizada y abierta a la participación.

El crecimiento de la gratuidad y la fragmentación de la publicidad atentan contra la rentabilidad de la información, por lo que Internet y los diarios gratuitos -también conocidos como la nueva prensa popular- constituyen actualmente los grandes desafíos para la prensa de pago, convertida ahora en un producto elitista.

Les urge a los periodistas aumentar la calidad del producto en aras de garantizar los altos índices de ventas históricamente alcanzados por el formato tradicional. No olvidemos que aún cuando la diferencia entre el periodista "digital" y el "convencional" radica en las rutinas productivas que desarrolla, la función social de la prensa sigue siendo un denominador común. Por lo tanto, el público y sus preferencias y necesidades constituyen para ambos la principal prioridad.

En la actualidad, las audiencias se despojan de las obligaciones y los hábitos informativos de antaño y prefieren la fusión de la información, el entretenimiento y la comunicación interpersonal, lo que genera desatención a los soportes tradicionales. No obstante, los medios tradicionales presentes en Internet tienen ya una audiencia definida que cambia o amplía su forma de asomarse a los contenidos del medio. Además, su desarrollo virtual parte de unos contenidos ya elaborados por una redacción según una idea editorial y de negocio que ha demostrado ser exitosa en el mundo real. (Edo, 2002)

Como señalan varios especialistas, los cambios experimentados con la aparición de la Red engendran nuevos paradigmas para comprender los procesos de comunicación pública en medios masivos aunque, más que un cambio, aparecen como una mutación de los paradigmas tradicionales.

Algunos rasgos apuntan al fin: el descenso de la difusión de los productos genera la caída de la venta de los diarios; disminuye la audiencia como resultado de la fragmentación; decrecen las inversiones; los medios producen muy poca información propia. Aislados intentos cambian esa tendencia como las decisiones de The Guardian, The New York Times, Financial Times o The Times de unificar sus redacciones y comenzar a publicar la información en la Web sin esperar a las ediciones impresas.

El desarrollo comercial de Internet resulta lento, incluso cuando  la información se libera del soporte. Las inversiones publicitarias en Internet distan muchísimo de las necesidades de los medios, aunque muchos ciberdiarios comienzan a ofrecer resultados operativos positivos.

Lastradas por escasos ingresos, las redacciones digitales producen poca información propia y continúan viviendo de los contenidos de las ediciones impresas y de los despachos de agencia. No obstante, siempre encuentran argumentos para renovar licencias, como la BBC que alega estar inmersa en una gran operación de convergencia digital (televisión, radio, Internet). Los editores británicos creen que la publicidad digital suma y no resta a la de papel.

Por otro lado la aparición del periodismo ciudadano resulta el fenómeno más relevante y revolucionario de los últimos tiempos. Los lectores crean contenidos a través de herramientas digitales como los blogs, los foros, los wikis o los llamados medios hiperlocales. Con su participación, el público hace de la comunicación una conversación, convertido en creador, transformador y distribuidor del mensaje informativo. Cambia para siempre a los medios y al periodismo.

Walter Lippmann, teórico del periodismo objetivo, ya decía que "noticias y verdad no son la misma cosa y deben ser claramente distinguidas. La función de las noticias es resaltar un acontecimiento, la función de la verdad es traer a la luz los hechos ocultos". Se derrumba la autoridad ante la pérdida del pacto implícito entre emisores y receptores. El fundamento: la traición de quienes publican a su audiencia.

Los diarios no poseen futuro entre los jóvenes, principalmente por la crisis de lectura que enfrenta el mundo globalizado, por lo que el enfoque debería estar en el fomento de la información a través de los soportes y medios más accesibles y atractivos. La información está amenazada por el sectarismo, la confusión entre opinión e información, el infotainment, la inhibición del trabajo de investigación y reporterismo a favor de una excesiva confianza en el acceso regular a las fuentes.

El periodismo cambia. La prensa también. Pero el buen periodismo persistirá más allá de su soporte y su modelo de negocio. A pesar del clima de crisis, nunca ha habido tanta audiencia, tantos medios y tantos emprendedores. No es mala señal.

<< Se trata de que todos: editores de prensa, periodistas, sociedad civil y esfera pública seamos conscientes de la necesidad que tenemos de que el periodismo no sólo no muera, como pronostican muchos apocalípticos, sino que se convierta, de una vez y para siempre, en el instrumento de control público al servicio de los ciudadanos que dice ser.>> (Martínez, 2003)

Bibliografía:

Edo, Concha: Las incertidumbres del periodismo en Internet, http://www.saladeprensa.org, Nº 44, junio 2002, Año IV, Vol.2.

Martínez Juan, Alicia: Los retos del periodismo local en la red: hacia una definición del espacio local en la Era global, http://www.saladeprensa.org/art483.htm, No.59, septiembre de 2003, Año V, Vol. 2.

 

 

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El Weblog como género periodístico.

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Un acercamiento a las dificultades que presenta la necesidad por definir y ajustar lo que es un weblog (blog o bitácora) y su relación con los géneros periodísticos partiendo de la mezcla de características literarias además de informativas que presenta su modelo de comunicación. En primer lugar, ofrecemos un acercamiento a la definición de weblog para introducirnos a continuación en el centro del problema y abordar la relación que con los géneros periodísticos tradicionales mantiene este formato de nueva creación. A partir de ese punto intentamos dilucidar si los webblogs pueden considerarse un nuevo género periodístico y llegamos a la conclusión de que existen numerosos indicios que niegan esa posibilidad. Palabras clave: blog, weblog, bitácora, periodismo digital, géneros periodísticos.

Nadie duda que las ciencias sociales han evolucionado enormemente en las últimas décadas ni tampoco que lo han hecho de forma evidente las que tienen como objeto de estudio la información. No obstante, aún parece pronto para estudiar con una metodología eficiente algunos fenómenos informativos que por su caracterización especial, en constante evolución, no permiten el empleo de técnicas que se han manifestado enormemente prácticas al acercarse al estudio de los medios de comunicación de masas.

Las novedades que Internet está produciendo en el ámbito informativo se suceden con tal velocidad que hacen imposibles acercamientos estables a la estructura de algunos fenómenos que nos advierten realmente de su trascendencia futura pero al mismo tiempo nos impiden analizar sus aportaciones con la frialdad que permite la distancia. Algunas propuestas, que como ya hemos dichos en otros trabajos "se nos apuntan tan destacadas como revolucionarias en aspectos que van de lo meramente informativo a las características poliédricas de esta red de redes en constante expansión", presentan enormes dificultades para ser estudiadas de forma conveniente sobre todo en lo que a su estructura se refiere.

Como afirmábamos en "Un acercamiento crítico y optimista al weblog/bitácora como fenómeno innovador del ejercicio del periodismo", en el V Congreso de Periodismo Digital de Huesca 2004, venimos asistiendo a una intuición que hace prever que ese elemento al que hacemos referencia puede traer para el periodismo digital, el ciberperiodismo, una gran revolución en la forma en que se crea, difunde y recibe la información:

"Por ahora son sólo estremecimientos que la intuición hace asociar con grandes cosas por venir. Pero el tiempo vuela y ese algo al que nos referimos amenaza con dotar a nuestras vidas de mayor riqueza informativa de la que jamás hubiéramos soñado. Ese algo, hasta ahora innombrado en esta comunicación, como innombrable resulta en los círculos del periodismo tradicional salvo riesgo de cometer herejía, es la irrupción de los weblogs, de las bitácoras, de los blogs en cualquiera de sus variaciones y mutaciones crecientes. Algo que hasta ahora se ha asociado al fenómeno de la muerte del periodismo, a la desaparición del periodista por el proceso simple de conversión de todos cuantos escriben en la red con la periodicidad descrita en una bitácora (sea cual sea, pero con una linealidad cronológica irrenunciable) en intermediarios de información. Pero esa asociación responde sin duda a un error de planteamiento, porque el periodismo en la Red hace ya tiempo que no responde a las clasificaciones del periodismo tradicional, poniendo en cuestión verdades como la pirámide invertida o la clasificación en géneros más o menos estables y de contornos muy definidos que hasta ahora nadie había puesto en duda durante muchas décadas. Y por tanto, la figura de un periodista, entendido como intermediario de una información (adquirida en forma presencial la mayoría de las veces) ha dejado paso hace ya tiempo a la figura del periodista/editor, que deja de ser el "observador" del hecho que después narra empleando el género más adecuado (crónica, reportaje, entrevista...) para pasar a suplantar al editor/corrector, que selecciona y escoge contenidos para además proceder a continuación a darles la forma apropiada (no necesariamente ortográfica y gramaticalmente hablando, pero también) que será aquella a la que acceda el destinatario final de esa información, de esos contenidos.

"El problema que nos plantea la irrupción de los weblogs a quienes ejercemos la profesión periodística tiene más que ver, por tanto, con la consideración del fenómeno como una amenaza por los estamentos profesionales más asentados que con las aportaciones que está ya ofreciendo el fenómeno a campos como la evolución de los géneros en el ámbito del periodismo digital o la irrupción de nuevas técnicas de interrelación informativa o de interactividad con el receptor de la información. Y mientras ese problema se acentúa, la dificultad primaria de acotar la materia de investigación se muestra ingente en esta ocasión por la anárquica creación y desarrollo que está teniendo el fenómeno y por el hecho incluso de la tradicional dificultad hispana por traducir a nuestro idioma con urgencia y acierto terminologías anglosajonas, al estilo de nuestros vecinos galos, en lugar de aceptar sin miramientos el término extranjero sin por ello tener que rasgarnos las vestiduras."

Weblog es una palabra compuesta que nos habla de un fichero (log) donde se acumulan las entradas a un servidor para consultar un sitio web determinado y de la Red de redes basada en el estándar "html" como lenguaje. Y ha pasado a designar un sitio web propiamente dicho que viene a ser el "log" de nuestra actividad en la red, recogiendo entradas que recopilan nuestra visita a otras páginas o simples acontecimientos de la vida cotidiana o profesional por nosotros redactados o surgidos de reflexiones más o menos profundas. Aunque si se trata de conseguir una definición verdaderamente ajustada podemos participar antes en auténticos debates sobre este extremo partiendo de todo tipo de consideraciones (teóricas, personales, históricas, socioeconómicas, tecnoculturales, etc..), que recuerdan a las soflamas tan habituales en los inicios de Internet y aún persistentes en los foros y grupos de noticias.

Ese es uno de los principales problemas de partida: La dificultad en poner de acuerdo a los propios "bloggers", a los propios usuarios de esta herramienta, de este formato, sobre lo que realmente están haciendo, cómo lo están haciendo, las características que lo definen y su alcance social y mediático. Lo más fácil y socorrido en ámbitos cibernéticos para acotar la definición de "weblog" es acudir a la versión hispana de la Wikipedia (un proyecto de enciclopedia "libre" surgida en mayo de 2001 a partir de un proyecto internacional anterior administrado por voluntarios).

La definición por la que opta nuestra hispana Wikipedia es la que nos lleva a denominar como weblog a un "sitio web donde se recopilan cronológicamente mensajes de uno o varios autores, sobre una temática o a modo de diario personal". Los weblogs comparten elementos comunes, como una lista de enlaces a otros weblogs, un archivo de entradas anteriores, enlaces permanentes para que se pueda citar una anotación o una función para añadir comentarios".

Pero mejor aún parece ser acercarse a la definición de blog propuesta por la propia comunidad de internautas como la propuesta por samizdata.net:

1. nombre. Weblog, forma de escritura en línea caracterizada en su formato por una única columna de texto en orden cronológico inverso (lo más reciente arriba) con la habilidad de enlazar a artículos individuales. Usualmente acompañado de una barra que ofrece enlaces y cuyo contenido es actualizado frecuentemente. También: Warblog, Journal blog, Pundit blog, Tech blog, Group blog.

Escribir un artículo.

La mayoría de los blogs son amateur y originados por autores individualmente, aunque también perviven formas de blog colectivo que quedan a medio camino entre el "diario personal" y el "diario periodístico". Y parece claro que el elemento diferenciador de un blog con otros formatos digitales (foros, wikis, etc.) es que los artículos principales, en oposición a los comentarios que se añadiendo en el hilo creado con cada uno de ellos, son escritos por el propietario del blog y no por el público en general.

Y finalmente, hay una característica que se ha impulsado desde 2004 y que no es otra que la obligación de que, para considerarse a un sitio web como un weblog, además de todo lo dicho, esas páginas deben ser accesibles por la blogosfera: si los artículos no pueden ser enlazados por separado por un "permalink" el sitio no es un blog.

Esto significa que algunos ostensibles blogs no lo son en realidad, más bien se envuelven en una apariencia de blog, como luego veremos con mayor profundidad. Por ejemplo, The Guardian, tiene 2 "blogs": Online Blog, dedicado a la tecnología es realmente un blog, pero el blog principal, llamado simplemente The Weblog, no era hasta el 2004, cuando se convirtió en Newsblog, una verdadera bitácora, puesto que no pertenecía a la blogosfera, no podía participarse desde ella.

En definitiva, el blog parece caminar entre su carácter de "log" de nuestra actividad en la red, recogiendo entradas que recopilan nuestra visita a otras páginas o simples acontecimientos de la vida cotidiana, profesional o informativa (general o especializada) redactados por colectivos o individuos con intenciones literarias o informativas y su apariencia de formato de escritura en línea caracterizado por una única columna de texto en orden cronológico inverso con la habilidad de enlazar a artículos y además, usualmente, acompañado de una barra que ofrece enlaces y cuyo contenido es actualizado frecuentemente, pero sin periodicidad fija.

Comunicación literaria y comunicación periodística

En general son escasas las aproximaciones desde el ámbito académico al weblog y casi todas insisten en caracterizar de forma directa o velada a los weblogs como género. Así parece desprenderse de afirmaciones como la de Ramón Salaverría en su reciente "Redacción Periodística en Internet" cuando afirma que "no en vano, weblogs y crónicas -y también otros géneros periodísticos de autor que analizaremos más adelante, como las columnas de opinión- comparten algunos rasgos comunes". Salaverría no se implica en caracterizar de forma contundente a los weblogs como un nuevo género periodístico, pero reúne numerosas opiniones sobre este extremo. Por un lado el autor dice coincidir de forma clara con la postura de Rebeca Blood quien encuentra complementariedad entre los weblogs y los géneros periodísticos informativos pero manteniéndolos a una notable distancia. Pero por otro lado asegura que "en todo caso, nos interesa reseñar las importantes similitudes que existen entre escribir weblogs y redactar crónicas. Ambos géneros comparten una aproximación retórica similar, a medio camino entre lo informativo y lo interpretativo". (Salaverría, 2005: 155-157).

En este sentido, parece que nos encontramos en numerosos autores expertos en el tratamiento del periodismo digital o del ciberperiodismo, como algunos de ellos prefieren denominarlo, con dudas constantes que se manifiestan en su redacción sobre el carácter de género periodístico y sobre la forma de emplear la teoría de géneros cuando navegamos por la blogosfera.

Pero el conflicto surge desde la caracterización misma del weblog. Algunos autores no tienen ninguna duda en caracterizarlo como un formato como hace Rebeca Blood de forma clara e indiscutible:

"Journalism begins with reporting: all of the other functions associated with the practice have been developed in support of this one essential objective. The weblog format is optimized for filtering and dissemination, but to make a case in case in those terms for weblogs as journalism is to confuse journalism with influence". (Blood, 2202:19).

Y otros prefieren acercarse a la conceptualización de los mismos como nuevo género, incluso trastocando o confundiendo en ocasiones el concepto de género en su respuesta como hace la periodista que traduce las palabras de José Luís Orihuela en una entrevista concedida al PC World:

"-¿Existen tipos de weblogs? ¿Cuáles son los más conocidos?
"-Los principales géneros son: Personales (autobiográficos), Tecnología, Política, Metablogs, Artes y Humor, Economía y Negocios, Medios, Periodismo y Noticias, Educación, Ciencia, Viajes, Diseño y Usabilidad".

Y, finalmente, la noción de género está clara en autores que conocen y han estudiado el periodismo digital y la tipología hipertextual de su lenguaje:

"El punto de partida y de llegada es la pirámide invertida. La pirámide invertida es la técnica de escritura necesaria para cualquier periodista, la mejor forma de contar algo rápido y bien. Con ella se aprende a comunicar eficazmente y a tener criterio periodístico: lo más importante al principio. Ya lo decía Warren (Warren, 1979: 97): ’La noticia correcta comienza por el clímax’. El enfoque periodístico se aprende y se hace con la pirámide invertida. También en los géneros de opinión, que deben exponer, aunque sea brevemente, el hecho noticioso del que parten." (María José Cantalapiedra, 2004).

En todo caso, parece obvio que como Ana Torresi anticipaba en 1995 los géneros vienen contaminándose por cuestiones que tienen que ver con los soportes, los temas y por supuesto las tecnologías:

"... es innegable que los géneros se contaminan, es decir, toman algunas características de otros géneros. En el caso de los géneros periodísticos, esa contaminación es por lo demás evidente: la identidad de los soportes materiales, la proximidad de los temas abordados, las imágenes que se construyen del locutor y del destinatario, entre muchas otras consideraciones, revelan algunas de las tantas vías de contaminación." (Torresi, 1995:40)

Pero es evidente que eso no debería hacernos caer en la confusión entre formato y género.

El problema principal probablemente parta previamente de otra contaminación, o mejor confusión: la que existe en distinguir con claridad y separar comunicación literaria y comunicación periodística. El lenguaje periodístico nace del literario, aunque busque una comunicación distinta para transmitir su mensaje informativo. Entre otras cosas porque busca una comunicación distinta de la del lenguaje hablado, pero también de la del literario o poético. Y es verdad asumida que la responsabilidad del profesional de la información está directamente relacionada con la actualidad y utilidad de lo que comunica y la verificación de los datos.

Pero si bien parece aceptable considerar que la actualidad y utilidad de lo que se comunica está fuera de toda duda en los weblogs que tienen una orientación marcadamente informativa o periodística, el segundo supuesto plantea numerosas dudas. Por un lado por la dificultad misma de verificar datos en un canal como Internet con la rapidez que demanda el formato del weblog. Y por otro lado por el carácter de comunicación literaria que finalmente impregna a todos los weblogs, incluyendo los inequívocamente periodísticos:

"El discurso informativo habla de algo, habla del mundo; el literario hace el mundo. El discurso informativo se juzga por la relación entre conocimiento y hecho; el literario, sólo por la necesidad interna de la obra. En el informativo, la selección y valoración de lo comunicado se realiza con criterios prácticos, pensando en el público; en el literario no. El informativo es un acto de responsabilidad pública; el literario no se propone jamás la utilidad pública en cuanto a literatura." (Diezhandino, 1994)

Y es aquí justamente donde parece que podemos encontrar la dificultad primera y principal que nos impide considerar a los weblogs como un género periodístico propiamente dicho, salvo que ampliemos la acotación del concepto o definición de género hasta el infinito. Porque, sin duda de ningún tipo, el weblog elude generalmente la responsabilidad pública o la reviste de pelajes que nos alejan irremediablemente de ella. Pero aún más, el weblog no piensa en el público, piensa en el autor. De hecho comparte con la comunicación literaria su principal particularidad: "la necesidad interna de la obra".

La definición de género nos llega desde la Teoría Literaria, anterior a la Teoría de los Géneros Periodísticos, de la mano de René Wellek y Austin Warren, quienes entienden éste como un "concepto regulativo, estructura subyacente y como convención que es real y efectiva porque moldea textos concretos en un momento determinado". Para estos autores, "la teoría de los géneros y de los estilos literarios es un principio de orden: no clasifica la literatura y la historia literaria por el tiempo y el lugar, sino por los tipos de organización o estructura específicamente literarias". Lo dicho por Wellek y Warren para los géneros literarios puede ser aplicable a los géneros periodísticos. José Luís Martínez Albertos defiende esta idea cuando afirma que "por similitud a los géneros literarios, tópicos en toda Perceptiva Literaria, los estudiosos del periodismo han señalado igualmente la existencia de determinados géneros periodísticos" (1983: 272)

Pero aún más que los géneros mismos nos interesa también el lenguaje y, más concretamente las seis características de las distintas manifestaciones del lenguaje periodístico escrito, (Martínez Albertos, 1991: 203): corrección, concisión, claridad, captación del receptor, lenguaje de producción colectiva (porque intervienen distintos coautores con responsabilidad diferente en el texto final) y lenguaje mixto ("en el que las series lingüística, paralingüística y no lingüística se influyen entre sí para llegar al producto periodístico definitivo que van a recibir los lectores").

Y esto nos lleva a preguntarnos si es periodístico el lenguaje de los blogs. La respuesta es tan obvia como puede intuirse: Tendremos blogs periodísticos si el lenguaje empleado es periodístico, con independencia de que lo sea su apariencia formal o su apariencia hipertextual (el uso de enlaces con criterios periodísticos). Y tendremos blogs periodísticos si los textos "periodísticos" en ellos recogidos han sido creados expresamente para publicarse con este formato o han sido adaptados expresamente desde su concepción original a las características del formato que nos ocupa.

Si se denomina género a cada una de las distintas clases en que se puede ordenar la información periodística, esto es a la forma particular de tratar una información periodística, no nos costará concluir que los weblogs son ejemplos de un nuevo formato en que la comunicación literaria se superpone en demasiadas ocasiones a la informativa. El blog no es tampoco un medio informativo, en sentido estricto, porque no es, ni pretende ser, un acto de responsabilidad pública; es por ahora un medio literario, plenamente literario, que se aprovecha de elementos propios de la comunicación periodística, de modelos informativos, pero sin proponerse jamás la utilidad pública como objetivo principal. Y que en ocasiones consigue alcanzar un equilibrio entre la comunicación literaria y la periodística que le permiten navegar entre esas dos aguas, pero probablemente no de forma suficiente como para caracterizarlo ni como un género periodístico, ni como un género literario.

¿Quiere decir esto que no existen weblogs periodísticos? Desde luego que no. Pero considerar que todos los weblogs son en esencia periodísticos y que conforman un nuevo género a partir de esa consideración parece cuanto menos en extremo arriesgado. Otra cosa sería considerar las posibilidades que este formato presenta para la creación de nuevos géneros que impongan fórmulas de relación entre emisor y receptor que aprovechen todas las capacidades interactivas que el weblog presenta y que sin duda llevarán en un futuro no muy lejano a creaciones entre las que puede que encontremos algún nuevo género.

En este sentido, nuestra conclusión apunta a las enormes posibilidades que el weblog como formato tiene de convertirse en género en el momento en que se apliquen a informaciones de actualidad sus características que permiten agrupar elementos interactivos con géneros tradicionales y combinarlos de formas diversas. En una de esas combinaciones se construirá probablemente, en un futuro próximo, una sólida base para edificar un género periodístico.

Pero la argamasa aún no parece haber comenzado a mezclarse.

Referencias Bibliográficas:

Casasús, J. M. y Núñez Ladevéze, L. (1991): Estilo y géneros periodísticos. Barcelona: Ariel.
Díaz Noci, J.; Salaverría, R. (Coords.) (2003). Manual de Redacción Ciberperiodística. Barcelona: Ariel Comunicación.
Diezhandino, P. (1994). El quehacer informativo. Bilbao. Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco.
Echevarría, M. C. (1999), "Periódico electrónico: proceso de producción y estrategias discursivas", Latina, 1999, Tenerife, pp. 1-8.
Gomis, L. (1989): "Gèneres literaris y gèneres periodístics", Periodística, 1989, Barcelona, pp. 129-141.
López Pan, F. y Sánchez, J. F. (1998),"Tipologías de géneros periodísticos en España. Hacia un nuevo paradigma", Comunicación y Sociedad, 1998, Pamplona, pp.15-36.
Martínez Albertos, J. L. (1974): Curso general de redacción periodística. Barcelona: Mitre.
Martínez Albertos, J. L. (1996): "Lo primero, aprender a informar", La Voz de la Escuela, 1996, Madrid, p. 2.
Orihuela, J.L. (2004): PC World Perú: Bitácoras web. La revolución de la comunicación personal en Internet (Melisa Osores Montero, febrero de 2004), consultable en el siguiente URL: http://www.ecuaderno.com/archives/000187.php
Saavedra, I. (1996),"Los géneros periodísticos", La Voz de la Escuela, 1996, Madrid, p.2.
Salaverría, R. (2005): Redacción periodística en Internet. Pamplona: Universidad de Navarra.
Santamaría, L. (1991): "Géneros literarios y géneros periodísticos", Periodística, 1991, Barcelona.
Tascón, M. (1998): "Nuevas tecnologías y géneros periodísticos", Comunicación y Estudios Universitarios, 1998, Valencia, pp. 61-66.
Torresi, A. (1995): Los géneros periodísticos. Antología. Buenos Aires: Colihue.
Welle, R.; Warren, A. (1982). Teoría Literaria. Madrid: Gredos.


El autor de este artículo, Próspero Morán es periodista asturiano y profesor de la Universidad Carlos III, en Madrid, España. Esta es una colaboración suya para Sala de Prensa.

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El reto del Periodismo Especializado en los medios de prensa

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La posmodernidad se impone, cala por entre los intersticios de este mundo cada vez más fragmentado y heterogéneo. Bajo sus influjos, el hombre revierte concepciones homogeneizantes de la cultura de masas, en un intento por erigirse en único responsable de sus decisiones mediáticas.

Es la era de la Red de redes: al alcance de un clic se hallan los más disímiles contenidos. Sin embargo, la "superabundancia" informativa no se traduce en calidad del conocimiento. De ahí que haya tomado, en los últimos años, un enorme auge la especialización como vía para suplir los vacíos gnoseológicos emanados de la saturación de los mensajes. 

Según el investigador español Francisco Javier Fernández Obregón, esta tendencia del periodismo contemporáneo es hoy el nuevo paradigma comunicativo de la actual sociedad interactiva, marcada por la impronta creciente de los nuevos medios electrónicos, que buscan audiencias selectivas, específicas e individualizadas.[1] 

Perfilando la teoría 

Varios autores han tratado de conceptualizar este tipo de periodismo. Entre ellos, Martínez Albertos señala: La prensa especializada está constituida por aquellas publicaciones con o sin periodicidad fija, que van dirigidas a profesionales concretos, especialistas en una determinada actividad científica, técnica o industrial; el periodismo especializado se dirige (...) a un público teóricamente tan amplio como puede ser la audiencia concreta de cada periódico.[2] 

Con una visión aún más acabada, Fernández Del Moral lo clasifica como la estructura informativa que analiza la realidad de un área determinada de la actualidad a través de las distintas especialidades del saber, profundiza en sus motivaciones, la coloca en un contexto amplio que ofrezca una visión global al destinatario y elabora un mensaje periodístico que acomode el código al nivel propio de la audiencia atendiendo a sus intereses y necesidades.[3] 

Y es que la oferta especializada permite operar sobre segmentos socioeconómicos y culturales muy definidos e independientes del lugar geográfico en el que se encuentran.

Más allá de la diversidad de soportes, resulta imposible encontrar en cada uno de ellos, productos comunicativos de periodismo especializado. El diarismo de los periódicos y de los informativos de radio y televisión, así como el inexcusable compromiso de acudir a la cita con la audiencia, favorecen el tratamiento epidérmico a la mayoría de los temas. 

Queda, entonces, reservada a las revistas y a algunas publicaciones digitales, la misión de satisfacer las necesidades de los receptores. Sus páginas devienen espacios idóneos para ahondar en diversas esferas de la realidad social: ciencia, literatura, filosofía, economía, política, historia, arte, deporte, salud, humor, informática, naturaleza, familia, música, cine...

En tiempos de monotonía discursiva, este tipo de periodismo destierra la estandarización de los contenidos,  pues profundiza en los fenómenos actuales y relaciona la información con el devenir social.

 Otro de los aspectos medulares de esta tendencia contemporánea consiste en servir de vínculo entre especialistas y públicos, a la vez que les posibilita un mayor caudal de conocimientos sobre la complejidad del mundo.

¿Reportero o Especialista?

Al cierre, el periodista trae la nota precisa. Frente al ordenador, el crítico de arte redacta las últimas líneas de su columna especializada en cine. Ambos resultan imprescindibles. Los "generalistas", dispuestos a cubrir e informar sobre cualquier noticia, y los especializados en una temática concreta, conviven en las redacciones de cualquier medio.

Amén de las apocalípticas opiniones de algunos estudiosos sobre la "extinción" de los reporteros "todo-terrenos", la práctica demuestra que siguen siendo necesarios, a pesar de la tendencia contemporánea a realizar un periodismo más reflexivo.

Sin embargo, aun cuando los profesionales de la palabra deban poseer un conocimiento general de la realidad en la que se desenvuelven, esto basta únicamente para mantener informado al receptor. Solo quien domine a fondo determinado tema, podrá educar y ofrecer argumentos a lectores mucho más exigentes.

Al decir de Carlos Alberto González, el periodista especializado tiene que concebirse como aquel profesional que logra conocer un área temática específica, y que realiza su trabajo con una actitud investigativa y de opinión. Por lo tanto, conseguirá un estatus de reconocimiento, gracias a su dominio amplio y profundo de los temas objeto de su especialización.[4] 

En busca de la exhaustividad anhelada por las audiencias, las redacciones se debaten en torno a otra interrogante: ¿Quiénes beneficiarían más al medio, periodistas especializados, o expertos que ejerzan la profesión?

Pese a que los colaboradores constituyen el recurso de algunos medios de prensa, no resulta esta la vía ideal para lograr la especialización.  De sus respectivas ramas dominan cada pormenor, pero en ocasiones carecen de instrumentos teóricos para enfrentarse al hecho comunicativo. Los expertos deberían tener una función complementaria, pero no protagónica.

Solo el redactor especializado combina su experiencia profesional y el amplio conocimiento en su área, con las técnicas periodísticas generales que le permiten informar al público de manera eficaz.

De ahí que se torne indispensable la formación del profesional de la prensa mediante un proceso simultáneo de aprendizaje. Las universidades han de garantizar la preparación en un determinado campo del saber a los futuros egresados, a la vez que los provean de las armas precisas para el logro de una comunicación efectiva.

Y es que el periodismo especializado se impone en nuestras realidades, a pesar de quienes lo consideran un fraccionamiento innecesario. De hecho, el investigador Pedro Ortiz Simarro, lo concibe como un valor añadido al saber profesional periodístico.[5] 

Nota final:

Asistimos hoy a la segmentación de los contenidos. El mundo contemporáneo ofrece visiones parciales de los fenómenos; y corresponde al hombre posmoderno, unir esos fragmentos para crear su realidad.

Al periodismo especializado atañe, entonces, el compromiso de reflejar, en productos comunicativos más profundos, los pormenores de cada ámbito del saber. Solo así el individuo logrará configurar su propio mundo, ese que se oculta tras las marismas de la heterogeneidad. 

Bibliografía

 

Ávila Bermúdez, Rodrigo: "La especialización del  periodismo a partir de una perspectiva social".  Disponible en la siguiente URL:http://www.cddiputados.gob.mx/POLEMEX/DGCS/conferencias/foroperiodismo/Acat/10.html.

Edo, Concha:"Las revistas e Internet como soportes del periodismo especializado y la divulgación"  en    Universidad Complutense de Madrid, Madrid.  Disponible en la siguiente URL: http://www.ucm.es/info/emp/Numer05/5-3-Estu/5-3-4.htm

Fernández Del Moral, J. y Francisco Estévez Ramírez: Fundamentos de la información periodística        especializada, Síntesis, Madrid, 1993.

Fernández Obregón, Francisco Javier: "Especialización: futuro del Periodismo", Revista Latina de     Comunicación Social, No. 7, julio de 1998, La Laguna,  Tenerife, Disponible en la siguiente URL:      http://www.lazarillo.com/latina/a/70obr.htm.

González García, Carlos Alberto: "Especialización en el  periodismo, una tendencia en el mundo de hoy", en

Miriam Rodríguez Betancourt, "Tendencias del   periodismo contemporáneo (Selección de lecturas)",Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2005.

Ortiz Simarro, Pedro: "La formación dual del periodista Especializado", Estudios sobre Información   Periodística Especializada, CEU, San Pablo, Valencia, 1997.

Ramírez De La Piscina, Txema: "Realidad y utopía de la especialización en el periodismo" en     Revista Zer, España, disponible en la siguiente URL:     http://www.ehu.es/zer/13txema.htm.

(Sin autor): "El periodismo especializado", en la siguiente  URL: ttp://html.rincondelvago.com/periodismo-especializado.html

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

[1] Fernández Obregón, Francisco Javier: "Especialización: futuro del periodismo", Revista Latina de Comunicación Social, disponible en la siguiente URL: http://www.lazarillo.com/latina/a/70obr.htm

[2] Martínez Albertos en Fernández Obregón, Francisco Javier: "Especialización: futuro del periodismo", Revista Latina de Comunicación Social, disponible en la siguiente URL: http://www.lazarillo.com/latina/a/70obr.htm

[3] Fernández Del Moral, J y Francisco Estévez Ramírez: "Fundamentos de la información periodística especializada", Síntesis, Madrid, 1993

[4] González García, Carlos Alberto: "Especialización en el periodismo, una tendencia en el mundo de hoy" en Miriam Rodríguez Betancourt: "Tendencias del Periodismo Contemporáneo (Selección de lecturas)", Editorial Pablo de la Torriente, La Habana, 2005

[5] Ortiz Simarro, Pedro: "La formación dual del periodista especializado", Estudios sobre Información Periodística Especializada, CEU, San Pablo, Valencia, 1997

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La entrevista periodística: seis respuestas y una anécdota

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Por Mercedes Rodríguez García

Se trata de preguntas que con mayor frecuencia hacen en clases mis alumnos de la carrera de Periodismo en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas, donde ejerzo como profesora titular adjunta. Ahora las comparto con mis colegas y las pongo a su consideración.  Les advierto que respondo a partir únicamente de mi experiencia a lo largo de 35 años de ejercicio profesional como redactora reportera en el medio de prensa escrita Vanguardia, de Villa Clara.

Profesora, ¿la entrevista es un género fácil o difícil?

Partamos de que no hay modelo de mueble difícil para un buen ebanista. Lo que puede ser mejor o peor, propia o impropia, es la madera. Toca pues, al elaborador, saber distinguirla para escogerla acertadamente, lo que implica conocer de antes el árbol, desde la raíz hasta las ramas, sin obviar, en este caso, las flores y los frutos que lo coronan.

Valga el símil para todo género periodístico. Lo que sucede con la entrevista es que el acto comunicativo debe transcurrir sin que nada  -o casi nada- nos sorprenda o vaya a interferir esa especie de comunión, de intimidad, de empatía que, a mi juicio, resulta muy importante.

Tener bien claros los objetivos, conocer de antemano y lo más posible sobre nuestro entrevistado, nos adelantará poco menos que la mitad del camino, es decir, conocer el árbol que, obligatoriamente, hemos de echar abajo.

Pero el mueble, ¡el mueble es otra cosa! Sin herramientas poco haría el ebanista experto, quien, en última instancia, solo podría prescindir de la cinta métrica. Tal ha de ser su ojo que, de simple observación del listón, acierte  la medida. Y aún, si fuese ciego, bastaría que sus manos recorrieran la superficie para adivinar las  más mínimas cicatrices.

Quiero decir que mucho va también en el periodista quien, además de cualidades muy personales -dotes de comunicador-  urgirán conocimientos del género, básicamente, domina modelos, cuestión que puede  aprender en textos de la especialidad pero, mucho más, leyendo buenas y variadas entrevistas.

Sufro más redactándolos que enfrentando  a los entrevistados. Debo confesarlo: algunas veces, delante del  teclado, me han sobrevenido tremendas cefaleas, menopaúsicas sudoraciones y hasta nauseas de mujer grávida. Tal ha sido la fuerza de la emoción -no como pudieran creer debido a enredos gramaticales, escaramuzas sintácticas o traiciones lexicales -, que también me ha sacado del paso.

Pero basta. Que estoy cayendo en juicios salomónicos y siempre me ha asistido fama de radical. Sí. La entrevista, como género, es difícil. Allá quien crea lo contrario.

¿Y por qué,  profe, no es  un género literario?

No me gustan lo encasillamientos ni las conjeturas bizantinas. Amo la naturaleza porque es amplia y diversa. En ella todo cabe. De tan vieja, a esta discusión, no le caben más arrugas. ¡Y por suerte!, quebrada su osamenta, anquilosada su mente, ciega, sorda y muda, -más temprano que tarde- espero su sepelio.

Pudiera citar a muchos que no le quieren conceder al periodismo en general rango de literatura, y otros que, se devanan las molleras tratando de encontrarle similitudes y diferencias a dos hijos de la misma madre.

Literatos, ensayistas, poetas, periodistas y hasta lingüistas y semióticos, crean a diario cientos de artículos  tratando cada cual de persuadir o imponer sus bien elaboradas hipótesis. Solo que, en muchos casos, se fuerza  la investigación para afirmarla.

Y perdóname si me dilato en lo de literatura  y periodismo, y no aterrizo en la pregunta. Claro, clarísimo, estoy en lo de género:"la entrevista es un género, tiene sus  características que la definen y son únicas y exclusivamente de ella. El periodismo y  la literatura, también.

Mas, en la Naturaleza, todo yace de un bando o de otro: hay frío y calor, hay nieve y lava, hay sol y luna, hay ríos y mares. Pues bien. ¿A quién le molesta que haya periodismo y literatura? ¿Por qué verlos como fuerzas opuestas, antagónicas, polarizadas?

Para mí, que llegué hace 35 años al periodismo procedente de un ambiente literario, incluso, mi título universitario  es de licenciada en Lengua y Literatura Hispanoamericana  y Cubana, nunca me ha preocupado si desde lo que entonces escribo y yace en montones de periódicos y revistas, constituye lo uno o lo otro.

Creo que fue Octavio Paz quien afirmó  en un texto muy maduro que la buena poesía moderna está  impregnada  de  periodismo, y  posteriormente, en  una  conferencia,  asestó  el golpe de gracia al expresar que le gustaría dejar algunos pocos poemas  con la ligerea, el magnetismo y el poder de convicción de un buen artículo de periódico...  y un puñado de artículos con la espontaneidad, la concisión y la transparencia de un poema.

Por años por el medio, otro Premio Nobel de Literatura, Gabriel  García Márquez, al ser interrogado -por alguien a quien tampoco recuerdo- respondió al respecto que ideal seria que la poesía fuera cada vez más informativa y el periodismo cada vez más poético.

¡Ciento por ciento suscribo lo de ambos! Si no, lea a los buenos creadores del periodismo moderno.

¿Acaso los lectores cuando disfrutan un buen texto, sea cual fuera el soporte, -incluso Internet - se preguntan si el que lo escribió ¿es periodista o literato? ¿Se cuestionan si se trata de un folletín por entrega, de un relato, un reportaje, un cuento, un artículo o una entrevista?

Si bien los géneros constituyen una especie de pacto con los lectores, ¿quién suelta al galope la pluma pensando en tal o más cual género?

Claro, el periodista desde su profesión de «pan ganar» ha de ajustarse a las normativas del medio. Quienes no dependen del medio para su alimento, ofertan. Lo tomas o lo dejas. Me pagas o no me pagas. El favor del público tiene la última palabra. Después de todo, ¿para quien se escribe? ¡Ah! Si todos los editores tuvieran en  cuenta esto último... otro sería el periodismo, y otra sería la literatura pues, de hecho, hay que aceptar distingos en cuanto al modo de asumirlos con el camisón metodológico y lo zapatones mesiánicos -no de Mesías, sino del MES- que son cuestiones bien diferentes.

Respecto a la entrevista periodística, creo que tiene de periodística el modo en que se asume, mejor, la fugacidad con que se pide y se hace. Y no es que la literatura sea perdurable y el periodismo no, ¡qué va! Mucho menos que lo literario se halle solo en los libros y el periodismo en los periódicos.

La razón básica es el punto de vista, los esquematismos a la hora de asumir el género. Las carencias de herramientas de y de talento. Yo diría que a la entrevista periodística solo le falta el color para que sea literatura. Porque eso sí, tan plebeya puede ser la musa de un periodista como la de un literato. El periodismo será pseudo  literatura en al medida que lo que se haga sea pseudo periodismo... Y eso no lo digo yo.

¡Y mira que se publican pseudo entrevistas, pseudo crónicas, pseudo reportajes, pseudo comentarios! Del mismo modo, ¡mira qué he leído pseudo poemas, pseudo cuentos, pseudo novelas!

Para mí, redondeando la idea, el periodista,  el literato - no digo escritor

¿Quién puede negar que todos los periodistas escribimos, incluso, los de radio y televisión?- se integran en una única personalidad.

Poco me importan los detractores del periodismo por considerarlo como subliteratura. Mucho menos, quienes se empeñan en ahondar la zanja "culiatornillados" frente a la máquina tratando de decir distinto lo que ya tantos han dicho. Yo escribo entrevistas y trato de navegar con maestría en sus aguas profundas. Yo hago periodismo y la entrevista me sale como periodismo. Pero tengo mi alma de poetiza y mis neuronas de narradora inconsciente...

¡Y basta!, que sería mucho mejor hacer esta pregunta a los ya mencionados famosos, y a nuestro Martí, o a Vargas Llosa, Truman Capote, Tom Wolf, Orianna Falacci, Ryszard Kapuscinsky, Arturo Pérez Reverte. Con "estos autores de dos agua", ¿quién dijo que naufraga una entrevista?

—¿Y cómo usted asume la preparación de la entrevista?

Imprescindible, básica, fundamental. Es el hilo de Ariadna que nos guiará todo el tiempo en el laberinto que vamos a atravesar.

Ya hablé del ebanista que sabe escoger con acierto la madera porque antes conoce el árbol de procedencia, desde la raíz hasta las ramas. He aquí la importancia de saber también sobre las flores y el fruto, que en el caso de la entrevista constituirán aquellos detalles íntimos y sutiles que le darán el éxito completo. Ellos revelarán al sujeto por dentro (en el caso de la entrevista de personalidad.) Y eso no es cuestión fácil, por mucho que una se documente sobre la vida y obra de quien se trate, porque no siempre se escoge a ese hombre o mujer que vamos a desnudar y a radiografiar hasta verles el tuétano, esa especie de fluido o de ¿materia? Volátil que Karel Čapek logró en su "Fábrica de lo Absoluto." Desde luego, ciencia-ficción, pero ciencia al fin. ¿Acaso negar que desde la realidad puede construirse la ficción, en la que caben la prosa divertida, el humor, la parodia, las alucinaciones.

Lograr que nuestro entrevistado se sienta cómodo, identificado hasta olvidarse de que tiene enfrente a alguien deseoso de conocerle desde los pies a la cabeza, dependerá en mucho de esa preparación. Es más, estará en relación directa con las capacidades y habilidades del buen comunicador.

Existen demasiadas recetas en demasiados manuales. No creo que aun sabiéndolas todas, podamos garantizar que aflore el "Absoluto" del entrevistado que, como la libido, es preciso despertar con mañas de viejo experto.

Nadie si no las flores y los frutos nos descubrirá a Dios o al Diablo -o a ambos- que todos llevamos dentro. Ningún amigo por íntimo o cercano que sea, ningún familiar de los más allegados, ninguna fuente viva consultada, ningún documento, ningún libro, nos revelará la textura, los matices, el sabor y el color, el perfume de esa persona.

De ahí que repita en muchas partes que, además de juez, fiscal y policía, el periodista deberá estar asistido de una especie de omnisciencia que le permita adivinar qué hay detrás de un gesto, de una voz que cambia constantemente la entonación, de aquellas raras orejas que se mueven cuando el sujeto habla, de unos párpados dormidos, de un chasquido de lengua contra la encía; de la camisa abotonada hasta el cuello o del desgarbo al vestir, del tacón gastado del zapato izquierdo... Atento todo el tiempo para cambiar el curso del cuestionario previo que se supone había elaborado o, al menos, esbozado mentalmente. Soplo así evitaremos que nuestro interlocutor nos sorprenda.

Creo que el conocido "cara a cara" o "frente a frente" constituye el paso más difícil. Y para que fluya es preciso lograr la empatía, con honestidad, revelándonos también nosotros un poco. Porque, en realidad, aunque alguno se lo crea, nos somos dioses y, en este caso, prefiero bajar la cabeza y arrodillarme todo el tiempo que dure el intercambio.

Cuando doy en clases la entrevista le digo a los muchachos que en esta faceta nada logra más que la autenticidad y las dotes persuasivas del periodista. Siempre lo tengo presente. Al salir de la redacción para encontrarme con mi entrevistado voy a darlo todo con la esperanza de recibir todo. Me siento la máxima responsable de ahí en lo adelante, y no me gustan los sustos. Así que antes, como en la vida, me lo imagino todo. Nada del comportamiento humano me es ajeno.

Solo de ese modo puedo llegar a sentir el silencioso paso de la sangre oscura por las venas, rumbo al corazón. Y luego, escucharlo también, oxigenada y roja, como trota por las arterias e irriga, vital, el cuerpo y el cerebro.

—¿Por qué se publican malas entrevistas, profesora?

Ya esto resulta harina de otro costal. La máxima responsabilidad cabría a los directores. No obstante, mi personalísimo y atrevido juicio se atreve a aseverar que son varias las causas, en primer lugar la ausencia de buenas entrevistas. Se publica lo que se entrega, sin mayores exigencias al periodista, quien tampoco se esfuerza mucho en la vorágine por cumplir un plan más cuantitativo que cualitativo, pues no se trabaja pensando en géneros. Prima la temática y la dinámica del "muerde y huye". El periodista entrega a como puede, lo que menos esfuerzo le cueste o lo más le guste, o lo que menos complejo resulte. Si el producto comunicativo es deficiente, no se le entrega de nuevo para que lo reelabore, de algún modo esa carga la asume el jefe de redacción.

Otras veces el redactor-reportero no está capacitado para enfrentar, con todo el rigor que requiere, una entrevista decorosa. En otro caso, tal vez no tenga tiempo de prepararse previamente. Porque se desgasta   -o lo desgastan- en trabajos insignificantes que, si existiera una caracterización del profesional, podría asumir un reportero menos experto.

También ocurre que el periodista caza un buen personaje, se esmera redactando un producto de excelencia y, bien porque no se le ha solicitado o porque se le «ha ido la mano» en extensión, su entrevista pasa a engrosar los «fondos raros y valiosos» de la jefatura correspondiente.

Una buena entrevista necesita «pista» para despegar, sobre todo cuando se aborda a través de la personalidad del sujeto. Y estas, desgraciadamente, brillan por su ausencia. Si acaso, tres o cuatro párrafos biográficos con algo de descripción al comienzo y, en lo adelante, preguntas y preguntas, desdibujadas unas, mal enfocadas otras. Al final derivan en pura información con un poco de opinión, una especie de collage naif.

Existe conformismo en la sociedad y la prensa es reflejo de esta. Los directores tienen que colocar a las redacciones en el primer punto de su orden del día. A veces parecen administradores de periódicos, deben agilizar las cosas, extraer el jugo a la vida con estilo, saber lo que cada cuál está escribiendo, relacionarse más con sus redactores y reporteros, sacarlos de las redacciones cuando no tienen nada que hacer para que nazcan reportajes y entrevistas más intensos. Preocuparse y ocuparse para que los lectores reciban lo que quieren y necesitan (no consentida si se hace con integridad.).

También existe lo que yo llamo matrimonio por contrato, maridaje del reportero con un género específico. No importa el tema: lo que sabe hacer es comentario, y comentario le piden. O ciertos esquemas que imponen añejos criterios debido a la desactualización de conocimientos que sufren algunos directivos. Imbuidos en misiones administrativas o burocráticas que le restan prioridad al trabajo de la redacción, no tienen tiempo para confrontar el periodismo que se hace en otras publicaciones foráneas, y en las cuales la entrevista ocupa espacio privilegiado .

Como leí hace poco en la revista Hora de Cierre (del Instituto de Prensa de la SIP), nada más y nada menos que en boca Ben Bradler, exeditor del Washington Post. Más o menos así: Se trata de que los jefes de la salas de redacción aligeren la burocracia  para permitir el florecimiento de una mayor creatividad (...) La sala de redacción es la primera prioridad y todo lo demás se somete a este hecho.

Pero bueno, con estos bueyes parece que seguiremos arando. Eso sí, a mí la  collera no me la enganchan ¡ni muerta!                  

—Profesora ¿qué tipo es la mejor: la informativa, la de personalidad, la de actualidad, etc.?

El periodismo es oportunidad, así que considero mejor aquella que más se ajuste al momento y, por supuesto, al perfil del medio. Las he hecho de todo tipo, pero confieso mi predilección por las de personalidad. Ahora, sucede que, como los géneros en la actualidad, no existe una tipología pura, y puede ser que se  mezclen en un solo cuerpo lo  informativo y lo opinativo, creo que, en la práctica es lo que más abunda. Y, si se matiza con narraciones, descripciones y diálogos, el producto mejora ostensiblemente. Al final, según lo que predomine, hablaremos de una o de otra clasificación. Me gusta mucho la entrevista, la sufro y la disfruto.

¿Tienes usted, profe, un método específico  para realizar entrevistas?

Como dice el refrán «Cada maestrico tiene su librito». Mas, pienso que existen cuestiones elementales y universales que no deben obviarse y que vienen en casi todos los manuales de periodismo. No voy a repetir lo ya sabido ni a dar consejos que la teoría, junto a los años de ejercicio periodístico, se ocupan de dictar.

Creo que en alguna pregunta anterior esbocé, muy metafóricamente, algo de esta respuesta. Vale mucho la información, el conocimiento previo del tema y del entrevistado, aunque, si la ocasión llega inesperadamente, hay que estar muy seguro de cómo enfrentarla. De joven sobran bríos para acometer cualquier empresa y muchos novatos se lanzan al abordaje sin medir las consecuencias. Válido si el personaje no es de esos a quien hay que arrancarles las palabras de la boca. Mucho aprecio la habilidad, el tacto, la finura, la delicadeza, la inteligencia que se observen desde el comienzo, al pactar el encuentro y hasta en el espíritu del cuestionario, si es que se decide -si conviene- hacerlo llegar previamente.

¿Refiéranos alguna anécdota, profesora?

En mi caso particular he salido airosa hasta de casualidad, te cuento una anécdota.

A finales de los años 1980, en ocasión de un premio que recibí, me encontraba en el Museo de la Lucha contra Bandidos, en Trinidad. Como acostumbro invariablemente a salir siempre que pueda con mi cámara y mi grabadora, aproveché el tiempo sobrante en pasar revista a las vitrinas. En esas andaba cuando observo que a su vez estaba siendo observada por un señor mayor, acompañado de dos militares jóvenes.

Sigo mi recorrido. Luego, ya en la oficina del director, recogí el premio en metálico, no sí  el diploma que debería pasar más tarde a recogerlo. «Es que tengo esperando a un visitante muy importante, amigo de Raúl Castro.»

Yo, que tengo fama de conversadora, no paraba de contarle al ejecutivo cómo había conseguido el testimonio galardonado. Pese a su apuro primaba en el interés de realizar varios reportajes sobre la contrarrevolución en las lomas del Escambray, y él, como nadie, podría ayudarme en llegar hasta los protagonistas y testimoniantes de ese capítulo de la Cuba de los años 60. Y sin miedo a pecar de impertinente le pedí me tendiera solo unos minuticos más. «Te voy a ayudar».

¡Y ahí mismo me puse la bota izquierda! Porque la derecha vendría algo más tarde.

«Ese visitante que te dije fue uno de los pocos asesores extranjeros que tuvieron las FAR; ayudó a Tomasevich y al propio Fidel en la concepción del Plan Jaula, donde se capturaron los últimos bandidos. Es español, militar de escuela, luchó por la República y luego en la Guerra Patria Soviética.»

Y con aquella explicación se deshizo de mí. Y yo de él. Ya tenía la presa al alcance de mi mano y no se me podía escapar. Pero, ¡mala suerte!, el personaje ya no andaba  por todo aquello. Así que con los 100 pesos de premio me fui, junto con mi esposo, a almorzar en Las Cuevas, un vistoso y confortable motel desde el cual se divisa la añeja villa.

Y allí, a unas dos mesas de la mía, sorbiendo una tras otras cuchardas de sopa, lo descubro. De más está decir que en segundos ya estaba sentada junto a él. Me bastó un: «Permiso, buenas tardes, soy periodista, ¿puedo hacerle un pregunta al señor?» «Puede,joven, siéntese». Mi corazón andaba acelarado, pero mi cabeza tranquila. Tuve suerte. Me invitó  a sentarme y me pidió una cerveza.

No sabía ni como se llamaba, así que lo arriesgué todo a esa primera interrogante anunciada, «¿Es cierto que usted colaboró con las FAR durante la Lucha contra Bandidos, aquí en Trinidad?» «Y algo más...», dijo sin dejar de llevarse el cubierto a la boca, por lo que decidí darle tiempo hasta que tragara tres o cuatro bocados más.

En esos instantes de silencio, siento que me tocan los pies por debajo de la mesa. Uno de los miltares me está haciendo guiños. Le miro fijamente, su boca articula sin sonido: «Pregúntale por Pablo». Solo unos segundos para que en mi cerebro se formara la idea de quién podía tratarse. Y esta vez el disparo a quemarropa: «¿También estuvo con Pablo?» «Si, yo recogí su cadáver, aún tibio, bajo la música de la guerra, en Majadahonda. Pero eso ya lo he contado otras veces». «No importa, vuelva  contármelo, pero con música de las estrellas.»

Todo me lo contó y todo lo grabé Terminada la entrevista, quedaba la foto. Durante la despedida, a salida del motel, accedió. De más está decir que no almorcé casi. Lo que llevaba para mi periódico no me llenaría el estómago, pero el alma, ¡esa sí que iba repleta!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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DESDE UN MARTÍ PRECURSOR: LA CRÓNICA, ESE HÍBRIDO

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Texto íntegro de la conferencia ofrecida por Mercedes Rodríguez García, Profesora Titular Adjunta de la Universidad Central de Las Villas, en la III Taller sobre Periodismo y Comunicación Social, efectuada en la ciudad de Camagüey. febrero 2006.

Quiero comenzar esta conferencia tomando como punto de referencia una sola definición —de las decenas que existen— sobre la crónica,  género al que algunos autores como Vivaldi, García Luis, Martínez Albertos, Gargurevich, por citar a algunos, le reconocen afinidades con otras naturalezas periodísticos; es decir, admiten su carácter híbrido, y la asocian especialmente con la información, el reportaje y el comentario. 

Hasta dónde es y no es así, lo veremos más adelante, aunque, desde mi particular experiencia profesional tal ambivalencia constituye  una característica del periodismo contemporáneo,  del que no escapan la generalidad de los textos que publican nuestros medios de prensa.  Lo que sí debo dejar sentado desde el inicio es que la crónica, no importan subclasificaciones, se articula en torno a un eje narrativo y relata en la misma medida que comenta. 

Veamos como la definió José Martí, a quien ciertos editores y lectores detractores le objetaban a su prosa el «fastuoso vuelo retórico» y  cierta «lengua parlera», amén de  la prolongada extensión de los escritos, algo que puede ser cierto pero discutible durante  sus primeras incursiones en el verdadero ambiente de la prensa, cuando se muestra demasiado esteticista, cuestión muy frecuente entre los literatos de la época, que se refugiaron en el periodismo.

Para Martí «La crónica es la novela de la historia».  Novela —pienso— en cuanto a la búsqueda de novedades y a esa cierta dosis de ficción que exige la recreación de ambientes y de hechos sin apartarse de la realidad, ni de la posible verdad, pero matizado el relato por las muchas ideas y sensaciones que, desde el «yo» de quien escribe, afloran narradas, descritas y juzgadas de manera elegante y amena. Historia en cuanto a que, en la crónica —más que en cualquier otro género periodístico—, han de latir el tiempo y sus acontecimientos.

De ahí que al ser la historia referencia a todo,  la crónica también lo sea al mostrar lo pasado, pero vivo y activo en lo presente; y lo presente, juzgado, valorado, por quien lo protagoniza, directa  o indirectamente, pero siempre de manera intensa.  Y ¿saben ustedes cómo trabajaba nuestro Apóstol? Martí adquiría los principales periódicos y revista de Nueva York y de otros estados, y se entregaba a su concentrada lectura.

Con sumo cuidado seleccionaba los temas de mayor trascendencia, los hechos de mayor actualidad.  Así escribió las crónicas para La Nación, de Buenos Aires. Pensemos solo en una, en aquella sobre la inundación en Johnstown, Pensylvania, ocurrida el 31 de mayo de 1889, pero reflejada por él nueve días después.  La cobertura que dio la prensa a la tragedia que costó la vida a 2 mil 200 personas y pérdidas materiales por más de 10 millones de dólares, fue copiosa.

Así que a Martí no le faltaron, desde su mesa en Nueva York, detalles noticiosos que le permitieron enmarcar el texto dentro de un pensamiento filosófico trascendente, y, a diferencia de otras Escenas Norteamericanas en las que agrupaba y sintetizaba numerosas y variadas noticias bajo un denominador común, en la antes referida crónica el proceso ocurrió a la inversa, es decir, el hecho de la inundación se expandió por todo el texto, tal como correspondía a la magnitud de la catástrofe. 

Veamos ahora, según cuenta a su amigo Manuel Mercado vez, cómo era su método de escritura: «Peso cada palabra y le doy vueltas y no la dejo por acuñada hasta que creo que no lleva nada de perniciosa o indiscreta [...] Entre un mundo de papeles le pongo estas líneas. Se reiría de mí si me viera. De un lado a otro, un rimero de libros políticos, para que ni una de las afirmaciones de la Historia de la Campaña vaya sin sentimiento sólido. Del otro, Historias italianas, para refrescar recuerdos de Garibaldi, sobre quien tuve que hablar ayer. Al codo Darwines y Antropologías, porque ahora hay aquí un Congreso Antropológico. Y Cuba en el corazón, pidiéndome mis mejores pensamientos...» 

Ya en este punto, pudiéramos adentrarnos en algunas valoraciones sobre la crónica, sobre todo para que aprecien como el término alcanza un grado de ensanchamiento al punto de sobrepasar los límites de su más estricto significado dentro del periodismo, hasta considerar, bajo la generalización del término, los más diversos escritos, ya sean informaciones cablegráficas de corresponsales, narraciones de sucesos políticos, sociales, noticias literarias, reseñas de espectáculos, secciones financieras, tribunales, relatos, anécdotas, etc., etc. 

Sin hacer la historia de su evolución en el tiempo, lo cierto es que el término crónica llegó a calzarse con tanta fuerza en los sistemas de comunicación, que no resulta nada extraño que existan infinidad de novelas, poemas, reportajes cinematográficos titulados: Crónicas de aquello...  Crónicas sobre esto... Crónicas para lo otro..., etc. 

El diccionario de la Enciclopedia Encarta define el término crónica como: Historia en que se observa el orden de los tiempos. Artículo periodístico o información radiofónica o televisiva sobre temas de actualidad. 

Como ven, vuelven a reiterarse los términoshistoria y actualidad. Por lo tanto no podría llamarse crónica a ninguna obra que no cuente una historia actual. Pero no basta esta sencilla definición. Para una ideal más cabal y conceptualizadora del género en nuestros tiempos, cuando el vertiginoso flujo de las telecomunicaciones vía satélite y la utilización de las llamadas Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación (NTIC) obligan a repensar todo el periodismo, resulta muy difícil esclarecer si lo que se escribe y se lee pertenece a uno u a otro género.  Se trata de una mezcolanza tremenda.

Más, en tales circunstancias, la crónica puede salir ganando gracias a la ductibilidad, interés humano y estilo personal que la distinguen. No importa si el cronista trata un asunto pasado o actual; si su lenguaje es de alto vuelo poético o de rasante dimensión informativa. Lo que describa y comente, lo que traslade y cómo lo traslade al lector, será siempre su visión íntima. Al decir de Juan Gargurevich, salido  «del pincel del pintor que interpreta la naturaleza, prestándole un acusado matiz subjetivo». 

Yo pienso que como nunca antes la crónica afianza su carácter híbrido entre la nota informativa (que dada su actualidad pasará a la historia); el reportaje (que es una historia contada con sentido de actualidad); y el comentario, que no carece de ninguno de los atributos señalados. Entonces, ¿qué rasgos básicos distinguen a la crónica del resto de los géneros?  

Según Hugo Rius Blein, «la crónica es un relato informativo de actualidad que de preferencia se ciñe al orden cronológico del tiempo, escrito con vuelo literario en el que el autor describe con vivos colores, emplea imágenes, puede desatar con cierta libertad su imaginación y se propone transmitir impresiones y puntos de vista personales con la intención de provocar emociones y reflexiones». Si la comparamos con la nota informativa, cuya estructura se basa estrictamente en los hechos objetivos más significativos, el primer elemento distintivo sería todo lo contrario, es decir, el carácter subjetivo de la crónica, en tanto que recoge únicamente los elementos que más impresionaron e interesaron al autor para sus propósitos, por supuesto, también informativos.  Con respecto al reportaje, donde el hecho es una constante, en la crónica el hecho constituye el punto de partida.

En el reportaje el material se halla en el terreno de los hechos, e invariablemente hasta ese lugar se traslada el periodista, cuestión que en la crónica no es absolutamente necesario,—ya lo veíamos en Martí— pues el escritor partirá indefectiblemente de sus impresiones y el material yacerá en su propio pensamiento.  En el reportaje el hecho es la causa misma, en la crónica, la motivación. El reportaje implica una circunstancia de actualidad con referencia a un propósito de originalidad para ofrecer las seis caras de ese  dado que es la noticia; la crónica, un propósito artístico, una obra de creación estética con referencia a una circunstancia de actualidad donde las caras las escoge el cronista. El reportaje explica, interpreta, analiza.

La crónica, fundamentalmente, propone, imagina.  Si graficáramos el asunto un tanto a lo Gargurevich, diríamos que el reportaje sería una fotografía fidedigna, y la crónica, una personalísima pintura impresionista. ¿Y con respecto al comentario? Bien, según Julio García Luis, el comentario puede apelar eventualmente y para su bien, a la imaginación del su autor, a cierto desenfado y toques coloridos, pero para triunfar en su empeño tendrá que recurrir a una gruesa y certera batería de argumentos persuasivos. 

¿Y la  entrevista? ¿Podríamos prescindir de ella, ya no como género, sino como un recurso más para redactar una buena crónica?  A mi juicio la entrevista constituye un ingrediente previo —a veces imprescindible— para la elaboración de una crónica, concebida esta última a partir del protagonismo visible de personajes que se mueven en torno a la acción, a la historia de que se trata. Ya no el editorial, que si bien trata de abarcar un problema dado con la mayor amplitud y universalidad posible, no admite alejamientos de la idea central, se escribe desde la primera personal del plural, su estructura es más estable que la del artículo, amén de su contenido político inobjetable. 

Nos quedaría la comparación con el artículo de fondo o artículo general. Pues también son marcadas las diferencias respecto a la crónica, cuya estructura es flexible en extremo, y su transcurrir no tan lógico, lento, y reflexivo como en el artículo.  Concretemos, a partir del criterio de varios autores, los rasgos distintivos de la crónica: La crónica constituye «un puente directo entre el lector y el periodista a través de historias, evocaciones, recuerdos, personajes, lugares, hechos o situaciones, trabajados con la acentuación del relato, ese fluir narrativo que desplaza imperceptiblemente las acciones frente a los ojos y la imaginación del ciudadano consciente», dice Hugo Rius. 

En la crónica el periodista hace uso de las técnicas propias de la literatura, y fundamentalmente, de una prosa exquisita que es, a la larga, «lo que permitirá la adicción del lector a aquellos detalles que desfilan como una sucesión de escenas que despiertan los más disímiles sentimientos», según A. Benítez. De ahí que la crónica plantee un mayor grado de exigencia, pues su materialización requiere varios pasos de envergadura, entre ellos, el trabajo de reportería. La crónica es sinónimo de autosuficiencia, en el sentido que debe sostenerse por sí misma, mantener cautivo al lector y permitir su «liberación» solo al final del relato, cuando la historia ya ha sido degustada y asimilada a través de la multiplicidad de sus detalles. 

Para la crónica, a diferencia de la noticia, solo es válido una de las seis interrogantes básicas: ¿Por qué?, pero no en el sentido propio de la noticia pura, sino visto en la perspectiva del cúmulo de preguntas que se plantea el cronista en su etapa previa de escritura.  Digamos que es la disyuntiva del cronista: un ¿Por qué?, de gran tamaño, un tema rigurosamente delimitado que nos acerca al tipo ideal de crónica, algo así como un primer plano o aproximación de la cámara hasta los blancos buscados u objetivos perseguidos.  

La crónica es como una obra de teatro donde los personajes cobran vida y se mueven con entera libertad en medio de un eje que permitiría constituir el corazón de la historia. De ahí su carácter de intemporalidad, ya que, el placer gratificante lo otorga su lectura hoy o la que se haga dentro de diez años. ¿No es acaso esto último lo que sucede con las crónicas de José Martí? La crónica se perpetúa a través de los años, prevalece y logra salir indemne frente a los estragos del tiempo.  

No hay temas malos y temas buenos, sino buenos o malos cronistas. Aún aquellos temas considerados intrascendentes o agotados, pueden cobrar vida si existe vida dentro del cronista, si se imponen la fuerza de su narrativa y la manera peculiar de abordar el tema, el hecho, la circunstancia, el lugar.  Solo se escribe lo que se siente bien. Por eso las crónicas no se deben forzar. Si las ideas no acuden es porque el asunto no está lo suficientemente maduro o porque nos encontramos desmotivados. Si no le salen, abandone la idea y pásesela a otro colega. 

Dice Martín Alonso: «La crónica es semejante a esas copas de cristal de Bohemia, delicadísimas, de fina transparencia y leve como las plumas. Antes de lograr una perfecta, se quiebran y rompen muchas entre las manos del más hábil obrero.»  En la crónica hay una frontera que no se puede traspasar, so pena de caer en una fosa pestilente, y es el límite que separa lo sublime de lo ridículo, al decir de  Rolando Pérez Betancourt. ¿Fórmulas para hacer una buena crónica? No las tengo. Y es que posiblemente no haya un género tan subjetivo en términos absolutos como la crónica, de ahí su variedad e infructuosos intentos de clasificación. En mi caso, cuando decido escribirla ya antes la he sentido. Cuando tecleo, lo hago poseída por todos los demonios, santos y espíritus existentes en el cielo y en la tierra.  Sin  embargo aconsejo estudiar y leer mucho el género.

La excesiva confianza en lo intuitivo, daña y nos atrasa. No olvidemos el sabio consejo que Nicolás Guillén dio a un a impetuoso joven,  poeta genial en ciernes: «Joven, comprendo su desesperación y prisa. Pero creo que para deshacer un sonetoLo anterior es hacerlo.»  Valgan entonces estas recomendaciones, que en realidad constituyen cualidades del buen periodista: Sea buen observador.

El periodista, cada vez que se encuentra con un personaje tiene que saber meterse dentro de él, darle un poco la vuelta y mostrar lo más recóndito. Tiene que captar detalles que para otros pasan inadvertidos.  Si utiliza el diálogo, la primera condición es que sea significativo, que diga algo. No reproducir sino lo que sea psicológicamente revelador.El contexto tiene gran interés para la narración porque sitúa a los hechos en su escenario propio para que el lector los perciba con más facilidad. 

Tenga en cuenta siempre estos tres elementos: acción, tipos y ambientes, que no siempre tienen que ir o estar equilibrados en el corpus del relato, sino que predominará siempre uno de ellos, según la narración y el narrador, porque no hay nada más cierto que el «estilo es el hombre».  Una última recomendación sería permanecer informado acerca de todo lo que acontece; leer mucho y bueno; escuchar radio; ver mucho cine y televisión de calidas; viajar; compartir con nuestros semejantes.  

Mucho ayudan el dominio de las técnicas narrativas y de algunos recursos propios de la dramaturgia. Y, por supuesto, el conocimiento de las herramientas del oficio, que, en cierto sentido, pueden suplir al talento.  Sin duda, lo que más falta hace para escribir una buena crónica  —inspiración aparte—, es cultura,  conocimiento, autenticidad, sinceridad, sensibilidad, y una cuestión más difícil sobre la cual escribí hace unos días. Y me autocito:  «algo que no se puede explicar, pero que debe ser lo mismo que aguza el ojo al águila, excita el olfato al tigre y activa el oído a la gacela». 

Eso mismo, una especie de sexto, séptimo y octavo sentidos, para que el resultado final no resulte forzado, ni absurdo, ni improvisado, ni enclenque, ni cursi, ni sensiblero. Raras veces se pueden escribir crónicas todos los días como podría hacerse con las notas informativas. Hay pues que pensar y repensar el tema y solo cuando estemos en estado de ebullición, sentarnos a escribir. Luego es cuando llega el verbo, la palabra exacta, el adjetivo preciso para contar y describir, para sacar de la cabeza lo que se ha empollado en el pecho. El caso de nuestro Martí es único.

El poseía dotes poco comunes para habérselas con asuntos difíciles. Sus crónicas no podían ser superficiales porque él no lo era. (Jamás escribió una crónica de sociedad.) Su preparación asombrosa en muchas ramas del saber, su poderoso impulso de divulgar el conocimiento, lo empujaban a escribir incesantemente.  Martí conocía de pintura, de teatro, de literatura, de arte, de política, de religión, de jurisprudencia, de historia, de geografía... Pero sobre todo tenía la costumbre del color, y la fuerza del dolor; el ansia de libertad, el vuelo artístico del espíritu, y creo que todo junto  guiaba su poderosa y fabulosa pluma.  

¿Era Martí demasiado bueno, demasiado noble, demasiado honesto; demasiado escritor, demasiado periodista, demasiado revolucionario; demasiado hombre, demasiado amigo, demasiado hijo, demasiado padre, demasiado hermano?  ¿Fue demasiado radical en la forma y ello no se avenía  con el espíritu de esas publicaciones? No lo juzguemos, leámoslo y aprendamos de él. No por gusto se enfrentó a directores, editores y redactores de algunos de los periódicos donde publicó. Cruzó con ellos espadas del más temible acero epistolar. Unas veces ganó, otras, salió deprimido. 

Más de 400 crónicas salieron de su pluma. Solo las llamadas españolas revelan que el autor se movió en algunos entornos referidos; en el resto, nunca estuvo presente en los hechos que explicaba, lo que prueba su capacidad descriptiva y narrativa. Los procedimientos literarios empleados por Martí en las crónicas norteamericanas «constituyen la clave de su permanencia en nuestros días, cuando ya los sucesos referidos han perdido su valor periodístico.  Leámoslas, estudiémoslas y aprendamos de ellas. 

Bibliografía ·         Acerca de la crónica, Miriam Rodríguez Betancourt, pp. 7/30.·        

Géneros periodísticos, Julio García Luis, pp. 119/147.·        

Géneros periodísticos, Juan Gargurevich, pp.59/75.·       

  La crónica, ese jíbaro, de Rolando Pérez Betancourt, pp. 24/24.·        

El periodismo como misión, compilación y prólogo de Pedro Pablo Rodríguez, editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2002, pp. 322/336.·        

El periodista, un cronista de su tiempo, de Alejo Carpentier, editorial Letras Cubanas, colección Mínima, octubre 2004, pp.1/22.       

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¿Leer o interpretar al mundo?

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Por Mercedes Rodríguez García

Texto de la disertación ofrecida por la autora a colegas periodistas de Santiago de Cuba y Camagüey, en los respectivos Festivales de la Prensa escrita, el pasado año.  

 

Permítanme que para comenzar esta disertación pida prestada unas palabras a un genial pensador español.

Dice Ortega y Gasset:  «La técnica, cuya misión es resolverle al hombre todos los problemas, se ha convertido de pronto en un nuevo y gigantesco problema», mensaje que ilustra con bastante exactitud el estado de cosas que ha devenido hoy el complejo y multifacético ámbito de la relación tecnología-sociedad. De ahí que el denominado «progreso tecnológico» se nos revele, cada vez más, como un proceso en extremo ambivalente y contradictorio.No suman pocos quienes —haciendo gala de un optimismo acrítico, triunfalista, desmesurado—, ven en la tecnología la solución a todos los males; otros, en cambio, pierden el sueño con las terribles secuelas y dificultades que va dejando tras de sí el uso indiscriminado y anárquico de los avances científico-técnicos.  ¿De qué lado figuramos los periodistas en esta ambivalente andanada de impactos sociales de la tecnología? Confieso la preocupación que me asiste en torno a las aristas socio-humanísticas de la tecnología en lo que al periodismo compete, y reparo sobre todo en el hecho de que las PCs están reforzando una clara tendencia a poner énfasis en los aspectos formales del pensamiento, a identificar «pensamiento» con «pensamiento procesal», lo que resulta muy negativo en cuanto puede generalizarse el convencimiento de que «pensar» es, en esencia, una cuestión de procesar información, y no de formular ideas críticas.Lo que más me interesa de ese «mundo feliz» de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC), pudiera concretarlo en lo relacionado con la obtención de información, a la cual  podemos acceder gracias a los computadores que, enlazados en una polifémica y minotaúrica red, nos muestran los más asombrosos asombros, las más adorables mentiras y las más virtuales realidades. Entonces, ¿cómo abrir, adentrarnos, leer, sustraer, nutrirnos —sin confundirnos— en esas infinitas páginas de la World Wide Web, equiparable solo con el milagro gestado por Gutenberg a mediados del siglo XV? No hablaré de amenazas y oportunidades de las NTIC. Supongo que más o menos mis colegas las conozcan, y en determinados momentos se hayan valido de ellas. Aunque, a decir verdad, no siempre aprovechan sus bondades respecto a los medios tradicionales, y —sin que haya que cuestionarlos del todo—se comportan como usuarios delfines al saltar aleatoreamente de un enlace a otro, o como pirañas devoradoras de datos  que, en última instancia, desaprovechan por falta de procesamiento cerebral. O sea, han «adquirido» lo que yo llamo información fatua, documentación que ni a corto ni a mediano plazo se revierte en productos comunicativos sustentables, con enfoques contrastados y novedosos. 

¡Grave! ¡Muy grave!  Porque lo que en un principio se consideró instrumento tecnológico para la comunicación militar y científica, con su desarrollo y divulgación se ha convertido en un medio masivo y conformador de un nuevo escenario para el encuentro, el diálogo y la confrontación.

Me refiero a Internet, medio integrador por excelencia —un metamedium—, pues, desde el punto de vista técnico en él confluyen todas las demás formas de comunicación tradicional: correo (e-mail o correo electrónico y transferencia de archivos); teléfono (webphone); prensa (periódicos y revistas digitales en la Web); radio (Radio Net); cine (mercadeo digital); publicidad (banners y websides); comunicación cara a cara (videoconferencias), entre otros, pero además con nuevos matices innovadores como «la interactividad». Todo ello —no es el caso cubano— a contrapelo de la populosa televisión, cuya avalancha de información e indiscutible protagonismo de las cámaras,  pone en contacto al receptor —menos próximo por cuestiones de recursos materiales a los sistemas multimedias— con el acontecimiento, que fluye a las pantallas a la velocidad de la luz, en vivo y en directo, con texto, imagen y sonido, sin necesidad de mediador alguno. Conscientes de que existen todos estos problemas en una profesión que exige un enorme trabajo, pero además: 
  • Porque los ciudadanos han dejado de ser simples receptores de medios de comunicación.
  • Porque informarse también quiere decir saber cambiar las fuentes, resistirse a ellas si resultan fáciles.
  • Porque todas estas cuestiones aluden más que a la radio y a la televisión a los medios de prensa escrita... 
No queda otra alternativa, que dejar de presentarse simplemente como un ojo que mira y que no puede verse porque no se trata ya de un periscopio privilegiado, al decir de Ignacio Ramonet. «Nosotros vemos al mundo, pero el mundo nos ve a nosotros», argumenta el director de Le Monde Diplomatic. De ahí la exigencia, no tanto en cantidad como en calidad respecto a la factura de los productos comunicativos impresos. Entonces, dos preguntas más de suma importancia: 1. ¿Cuál camino debemos recorrer ante el impacto de la televisión —con la cual resulta imposible competir en términos de choque visual—,  y de la radio —idem en cuestiones de velocidad—? Claro, si uno está viendo un partido de fútbol on line... ¡nos comió el león! 2. ¿Cuáles medidas debemos emprender frente al incremento del flujo de información y su internacionalización  y el propio desarrollo conceptual y técnico del periodismo? Como punto de partida se impone redefinir el papel de los medios, tanto en el concurso de la sociedad como dentro del medio en sí mismo. Poco sirve hablar hoy de los medios como un todo si queremos avanzar. Me refiero de modo particular a la prensa escrita. No encuentro mejor remedio que cambiar el lenguaje, ir más hacia la interpretación con el fin de proporcionar al lector —esté donde esté— suficientes elementos de análisis, sin imponerles nuestras propias opiniones.Y no hablo de un nuevo género —aunque este estilo se aviene mejor a los reportajes de investigación (o precisión) y entrevistas 6588 de profundidad—, sino de un enfoque que irradie a todo el periodismo escrito y también, en alguna medida, al reporterismo radial y televisivo. Créanme que no veo otra forma de hacer periodismo en nuestra época. Así que el periodismo está obligado a potenciar sus propias fortalezas con las que ofrece Internet, y las que sigue manteniendo en las condiciones de saturación audiovisual actuales:  (Y vuelvo a los porqué)
  • Porque ni la radio ni la televisión pueden analizar y profundizar en los temas como lo hacen los periódicos y revistas.
  • Porque los medios electrónicos requieren de la presencia del oyente o el televidente a la transmisión, mientras que la prensa el lector la lleva consigo y la lee cuando quiere y puede.
  • Porque el mensaje de la radio y la televisión transita en una sola dirección, mientras que el lector puede volver sobre lo escrito cuantas veces quiera para comprenderlo y saciar su interés.    
  •  Porque el formato de la radio y de la televisión eluden textos largos, mientras que la psicología de la prensa escrita es otra y admite textos de longitud y complejidad variables...
Estamos obligados a evolucionar en los llamados géneros periodísticos, ya que la radio y la televisión hace rato nos arrebataron el qué, el quién, el cuándo y el dónde. (Y si no andamos ligeros sucederá igual con el cómo,  el por qué, y el para qué). Ha de importarnos, sobre todo, exponer el significado de lo que sucedió;  incorporar el contexto y el sentido de las cosas a nuestros escritos. A la prensa plana le asiste esa posibilidad. Un ejemplo: subieron los precios del petróleo, bien. Pero lo que me interesa como lector es que me hablen acerca del impacto del alza en la vida cotidiana. Ahora, bien. ¿Qué ambiente adverso nos rodea y nos impide desarrollar un periodismo interpretativo?Cuestión de cultura. Cultura periodística y cultura de lectores, estos últimos siempre escasos de tiempo y predispuestos a la información audiovisual. En la situación particular de Cuba, acostumbrados a contender con fuentes muy similares por la naturaleza del mensaje, los contextos y los lenguajes, que no varían mucho más allá de los que exige la propia técnica del medio en cuestión. (Si quiere no acepte esta hipótesis, quiero decir, la de receptores poco entrenados. Hagamos la prueba y constate que apenas si repasan los titulares y los dos primeros párrafos de una nota. La situación empeora si a ello añadimos el cómo se ha redactado.) En cuanto a cultura de los periodistas me refiero, tanto a las técnicas de la profesión como a las propiamente llamadas culturales. Sobre las técnicas periodísticas existe un poco de confusión  hacia dónde debe apuntar el periodismo. Y vinculo técnica, con cuestiones de género y de estética. De estética de la redacción, a favor de un producto ameno, leíble. ¿Por qué olvidamos que cuando un periodista se sienta a escribir ha de llevar al papel  —o al display—  algo más que datos recientes, casi siempre apuntados en cualquier reunión, plenaria, asamblea, incluso, durante la visita a una fábrica, a una escuela, a un hospital...? ¿Por qué, en ese momento de íntima creación, no acordarnos una y otra vez de nuestros venerable lectores, a quienes nos debemos en última instancia? Relatar —exponer, narrar, describir— requiere palabras, sensaciones, ideas que no caen del cielo ni pueden encontrarse en ningún software o programa específico, pero que sí es posible almacenar en el disco duro de su computadora cerebral, a lo largo de vivencias o mediante todo un proceso de aprehensión bibliográfica. Requiere, dicho de otra forma: bagaje cultural a partir del cual  puedan mostrarse el contexto y el antecedente adecuados, de modo coherente y jerárquico. También, urge al periodismo en su función interpretativa de la realidad lidiar con herramientas multidisciplinarias, como puede ser la metodología de la investigación. Caminar hacia delante, sin miedo a mezclar un género con otro, aunque la «dura» de la película continúe siendo la noticia, lo que el mexicano Raymundo Riva Palacio, prefiere amalgamar en el término noticia-crónica, bajo el cual —dice— «pueden contarse historias sin perder la estructura de la pirámide invertida». Del mismo modo se impone la evolución de la opinión, no como género, sino como el análisis de la noticia. O sea, lo que en la práctica se expresa en una información deberá ser tratado con mayor integralidad y profundidad en una opinión menos doctrinal, a la vez que más argumentativa y reflexiva. Porque —de paso— no resulta absolutamente cierto que la opinión constituya ideología y la información y la interpretación no, conceptos tan bien manipulados por el periodismo norteamericano, y que puede «sonar» subversivo cuando en realidad tanto la información como la interpretación y la opinión, implican posiciones e intenciones políticas. ¿Por qué acudir siempre a las fuentes tradicionales? ¿Por qué «manosear» siempre los mismos datos si en la actualidad el empleo de las tecnologías de computación y la disponibilidad de bases de datos y correo electrónico agilizan y nos acercan el camino de los periodistas a nuevas fuentes activas y pasivas? Acceder por la red de redes a cuantas fuentes y datos se desee no es solo cuestión de querer, sino de saber y poder, lo que resulta tan importante como ser capaz de discriminar la información de entre esa avalancha —humana y divina— que nos llega —hipotéticamente on line— las 24 horas. Claro, la discriminación yace en todo proceso de la Comunicación Social, pues solo una pequeñísima parte de los acontecimientos trasciende a los medios. Y ello está ligado a idea de comunicación como construcción de la realidad, de una realidad ideal en el terreno de lo político, económico, social y cultural. La comunicación, y en particular la prensa, reconstruye, reproduce día a día un modelo de valores, de organización de la sociedad, de criterios éticos sobre lo deseable y lo no deseable, lo correcto y lo incorrecto, que deciden la noticiabilidad de lo que ocurre. El acceso de los periodistas a las fuentes, a esas interminables páginas navegables, es un derecho que obliga:
  • A desprenderse del esquematismo, la contundencia o enfoque superficial.
  • A un cierto relajamiento, a la gracia, a la habilidad con que se expresan las ideas que se desean transmitir, al diálogo, a la controversia a propósito de un tema conflictivo, según convenga, y en defensa de sus respectivas opiniones.
  • Al análisis que intenta explicar desde el conocimiento técnico, profundo, la complejidad de un tema actual...
  • Al reportaje dotado de solidez, cargado de datos ciertos y de opiniones solventes, que informa, explica y, consecuentemente con ello, orienta a la opinión. 
Cuando la documentación ocupe el lugar que se le exige, podrán articularse sus aportaciones de muchas maneras, los datos que proceden de este servicio, infinito en la red, serán introducidos en el cuerpo de las informaciones o serán presentados como un despiece, un añadido aparte al bloque informativo que se ofrece. Hay que leer, confrontar, concertar, discriminar e interpretar al mundo. Y hoy ese mundo desfila —con pelos y señales— en las infinitas páginas virtuales de la WWW, y de sus hermanas legítimas Intranet y Extranet. El gigantesco problema reseñado por Ortega y Gasset, no puede constituir el gigantesco problema de nuestro periodismo, aunque en ello no deje de haber cierta dosis de verdad, y ya he dado suficientes argumentos al respecto. Ni optimismo acrítico, triunfalista y desmesurado; ni más ética que no sea la responsabilidad y compromiso social de los profesionales de la prensa. En la medida en que los periodistas no nos limitemos a proveer de información en bruto a los receptores, sino que seleccionemos los hechos, relatemos fidedignamente lo acontecido a través del lenguaje apropiado y de los géneros que convengan a los fines, continuará existiendo el periodismo. «Aunque el producto final —como dice Ramonet—se parezca poco al que disfrutamos ahora.» Solo que hay que aprender a leer… y a beber, selectivamente el mundo. El mundo de Internet, que no es tan virtual como piensan muchos ni de pensamiento procesal como, equivocadamente, nos tratan de inculcar. Minotáurico y Polifémico, en cuanto a laberíntico y ciclópeo, hay que andar y desandar ese mundo… Pero con el hilo de Ariadna en una mano, y la habilidad de Ulises, puesta en su ojo único. Bibliografía 1.      Díaz Caballero, José Ricardo: “Tecnología y Sociedad”. Colectivo de autores GEST. Editorial Félix Varela, La Habana, 1999. 2.      García Luis, Julio: Notas de clases. Diplomado en Periodismo, Facultad de Comunicación Social, Universidad de La Habana, 2001. 3.      Ramonet, Ignacio: Conferencia “¿Desaparecerán los periodistas?”, VII Encuentro Iberoamericano de Periodistas, noviembre de 1999, Ciudad Habana. 4.      Ortega y Gasset, J: “Meditación de la técnica y otros ensayos sobre Ciencia y Filosofía”.Revista Occidente, Alianza Editorial, Madrid, 1982. 5.      Vargas, José Rafael:  Conferencia “Nuevo siglo. El valor de la información en un mundo globalizado y regionalizado”.. VIII Congreso de la FELPA, noviembre 1999, Ciudad Habana. 

6.      Venegas, Asalia: “Las comunicaciones hacia el III Milenio: desarrollo y tendencias”. Edición conmemorativa 50 Aniversario de la escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1996.

http://www.latecla.cu

             

 

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Decálogo para hacer una Weblog de excelencia

20060828222808-ag00004-.gif1. Escoge un sitio que posea una herramienta de actualización que sea  sencilla de usar. Prueba con varios servicios. Los hay gratuitos y otros  cuestan algo de dinero, pero no te comprometas con ellos hasta haberlos  probado con detenimiento. Escoge aquella que se ajuste mejor a tus  intereses. Puedes empezar por ejemplo con www.blogger.com, es una weblog  bastante sencilla y fácil de usar, hasta permite incorporar fotografías al  publicar tu trabajo.  2. Determina el objetivo de tu página personal. Las bitácoras se pueden  utilizar para brindar información, compartir noticias, establecer  relaciones entre profesionales, fomentar el cambio social y reflexionar  sobre cualquier tema o simplemente para filosofar sobre el sentido de la  vida contemporánea. Si sabes con precisión lo que quieres conseguir con tu  bitácora, podrás comenzar de un modo más exacto.  3. Conoce a tu público potencial desde el inicio. Te comportarás de un  modo diferente cuando dominas al auditorio con el que te comunicas, ya que  con extraños la relación es diferente. Saber para quién estás escribiendo  te permitirá escoger el tema apropiado.  4. Sé conciso. Incluso una bitácora profesional puede ser atractiva. Evita  el estilo retórico. Habla con naturalidad acerca de cosas reales.  5. Escribe acerca de lo que conoces y amas. Una bitácora es el lugar para  opiniones contundentes, ya sean acerca de política, asuntos sociales o  sobre tu profesión. Cuanto más implicado estés en los temas, más  interesante será tu página personal.  6. Actualiza con frecuencia. Los lectores interesados regresarán a tu  sitio solamente si es probable que encuentren algo nuevo. No necesitas  actualizar diariamente, pero procura al menos publicar varios trabajos a  la semana.  7. Construye con credibilidad. Esfuérzate por ser sincero. Respeta a tu  público y a tus colegas. Comprende que en Internet, tus palabras pueden  permanecer para siempre, tanto las que has publicado tú, como las que han  sido archivadas en otro sitio. Reflexiona sobre tus propios estándares y  sé coherente con ellos. Respeta las normas de ética de Internet.  8. Enlaza tus trabajos con sus fuentes originales. Cita a los autores en  tus referencias bibliográficas. La Web permite una transparencia que  ningún otro medio puede igualar. Cuando enlazas una noticia, un ensayo, un  documento oficial, un discurso o un artículo de otro autor, dar acceso a  tus lectores con tus fuentes primarias fortalece tu argumentación,  permitiéndoles realizar juicios exactos y documentados sobre el tema  tratado.  9. Enlaza a otras páginas personales. Tus lectores pueden agradecer que  les presentes aquellas bitácoras que más disfrutas leyendo. La Web es un  medio democrático y los bloguers amplifican las voces de cada uno cuando  se enlazan entre sí. Si enlazas generosamente a otras Weblog, extiendes  las bases de la red de información y contactos sociales que estamos  creando juntos en la Web.  10. Sé paciente. La mayor parte de las audiencias de las bitácoras es  pequeña, pero con el tiempo y actualizaciones periódicas tu audiencia  comenzará a crecer. Es posible que te demores un tiempo en alcanzar tus  primeros centenares de lectores, pero recuerda que la gente que regrese a  tu sitio regularmente lo hará porque está interesada en lo que tienes que  decir, y esto es lo importante.  ¡Diviértete mientras trabajas! Tanto si tu página personal es un  entretenimiento como si pretendes convertirla en una publicación de  comunicación profesional, te dará mayores satisfacciones si experimentas  un poco. Incluso una bitácora temática mejora con un poco de originalidad  donde incorpores adecuadamente la creatividad y la fantasía de vez en  cuando. 

 Bibliografía:

 Rebecca Blood: Página personal de Rebecca Blood en:  Http://www.rebeccablood.net/archive/index.html  Rebecca Blood: http://www.wams.de trabajo publicado el  22 de marzo de 2003 en versión española de José Luis  Orihuela  Rebecca Blood: Normas éticas para Internet en  http://www.rebeccablood.net/handbook/ y en  http://www.rebeccablood.net/handbook/excerpts/weblog_ethics.html (1999) 
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