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sábado, 28 de marzo de 2020
9:10:29 am 

Por Mercedes Rodríguez García 

El combate de Cuba ahora es contra un enemigo de toda la humanidad, que se propaga de persona a persona y se extiende con celeridad por todo el mundo.

Vivimos días muy tensos contra un enemigo común que se propaga de persona a persona y se extiende con celeridad por todo el planeta: la COVID-19.

 La enfermedad, convertida en pandemia, invade grandes capitales, ciudades, pueblos y localidades de los cinco continentes dispersando su aliento letal que acelera, desacelera y estanca las vidas social y económica; contagiando, enfermando y llevándose a diario miles de víctimas.

Contra él, muy poco han podido hacer políticos y políticas que desconocen la salud y el bienestar humanos como centro y nervio de toda actividad, y como cualquier mercancía, se le juzga y atiende.        

La plaga del nuevo coronavirus —aseguran muchos— es la mayor crisis que ha vivido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.

En su inexorable marcha —y en algún momento detenible— ha puesto a prueba a científicos y técnicos, militares y policías, cultos y religiones, conjuros y rezos, haciendo que afloren pasiones, bajezas y rabias; pero también, sentimientos y gestos solidarios, que bien conocemos y practicamos los cubanos. 

La nuestra es una sociedad organizada, donde las decisiones las toman, de forma consensuada, personas bien preparadas. Y aunque en materia de salud no abunden los recursos materiales, bien delimitadas las prioridades, aun en medio del acrecentado y sostenido asedio por la nación más poderosa del mundo, existen la experiencia y el capital humano para detener la cadena, que no será tan letal si cumplimos al pie de la letra las orientaciones y instrucciones del Ministerio de Salud Pública, así como las recomendaciones del Presidente de la República y disposiciones del Consejo de Ministros.  

Los consejos de defensa están activados; las medidas, tomadas, proyectadas y dirigidas en una estrategia para la acción que incluye a las organizaciones de masas, judiciales y policiales a lo largo y ancho del país, con el fin de coordinar esfuerzos, administrar óptimamente los recursos, y hacer cumplir leyes, decretos resoluciones y reglamentaciones coyunturales. 

Se trata de acciones muy estudiadas para alcanzar ventajas sobre el tenebroso adversario. 

Solamente conteniendo el riesgo de diseminación del nuevo coronavirus en el territorio nacional, y disminuyendo sus efectos negativos en la salud de la población y su impacto en la esfera económica-social del país, ganaremos esta guerra, que es también una contienda política, pero, sobre todo, una batalla donde la unidad es vital. Ella, que ha sido y será nuestra principal arma, nos acercará a una victoria más, y acrecentará la confianza y el respeto nacional e internacional en los médicos y científicos cubanos. 

En la actualidad no existe una vacuna que proteja contra la COVID-19. La mejor manera de prevenir infecciones es tomar medidas preventivas cotidianas, como evitar el contacto cercano con personas enfermas. 

Hay que atender, en todos los soportes y plataformas digitales, a nuestros medios de prensa, responsabilizados con difundir orientaciones y brindar información actualizada, oficial, objetiva y veraz a toda la población. 

Al nuevo coronavirus, enemigo común de la humanidad, hay que cortarle el camino ¡ya!, cueste lo que cueste. 

No se escatimarán acciones, medidas y recursos. Están en juego la vida de nuestros ancianos, hombres, mujeres y niños. 

No pueden ocurrir desobediencias ni violaciones. 

Es hora de salvarnos y de salvar. ¡Podemos!