20191029095404-camilo-germinado-la-tecla-con-cafe.jpg


sábado, 26 de octubre de 2019
26/10/2019 18:23:25 

Por Mercedes Rodríguez García

Fue su destino ir, sin un regreso. Fue duro, muy duro, tristísimo. Pero como hay hombres que la historia resguarda, ampara, defiende y abriga, lo veo a cada rato como debió haberse ido, risueño y severo, explosivo y alegre. (Foto: Ramón Barreras) 

¿Perdido? ¿Caído? ¿Hundido?

¡Qué cosa! Lo he soñado: presidiendo actos, inaugurando una escuela, recorriendo una fábrica; compartiendo en un taller con las mujeres; con los muchachos, en una secundaria; atravesando parques, desandando calles, sentado en la sala de mi casa…

No trae sombrero, ni gorra, ni casco. ¡Se ve muy bien! Pelado varonil, la barba arregladita, camisa arremangada. ¿De dónde vendrá tan guapo? ¿Del mar? ¿Del viento? ¿De la bruma? ¿De alguna nube habitada?

Por él no ha corrido el tiempo. No han querido los años marcarle con arrugas ni la luna puntearle con sus rayos los cabellos. Veterano sí. Curtido de la guerra rebelde, y de la otra, la última que se llevó consigo. Conspiración contrarrevolucionaria, conjura, traición. ¿Cuántos viajes Habana-Camagüey-Habana?

¿Se pierde? ¿Cae? ¿Se hunde?

No queda cuadrante de mar ni cayo donde buscarle. Francés, Palomo, Anguila, Blanquizal. ¡Nada! La enorme Ciénaga. ¡Tampoco! Ni una mancha de aceite; ni un pedazo de ala, de la cola, del tren de aterrizaje. ¿Error humano, magia, misterio, cuestión de atmósfera? Hipótesis sobran, también lucubraciones perversas.

Pero ¡no! Yo sé que esquivó el viento, la luz desconocida que intentó atraerlo a la constelación más grande, y evitó el fondo para entrar en los sueños y propagarse. «Por los campos se escuchan cantos bonitos, cuando pasan cantando los Camilitos».

Lo sé. Ha vuelto. Y no creo pueda demostrar de dónde. Ni el porte ni el rostro me lo dicen, aunque lo veo con un fusil Winchester de juguete, y de su cuerpo emana el incienso serrano y la resina del llano. ¿O es perfume del ajetreado combate? La Plata, Arroyo del Infierno, Altos de Espinosa, Pino del Agua, Mar Verde, Seibabo, Venegas, Zulueta, General Carrillo, Jarahueca, Iguará, Meneses, Mayajigua, Yaguajay.

Tal vez venga de Sagua, de Isabela, del caney de La Punta, dentro del agua, sobre pilotes, donde firmaba autógrafos y abanicos, y un día le puso su sombrero a una joven. O del parque La Libertad, en la calle Martí, que allí habló en apoyo a la Reforma Agraria. O del cementerio, donde discursó en honor de los mártires del 9 de abril.

Quizá se me revela desde la terraza norte del Palacio Presidencial, porque veo la estrella solitaria en su frente —la del triunfo y la lealtad, la del amigo sincero—, y un espectro tricolor que le circunda: Si deshecha en menudos pedazos / llega a ser mi bandera algún día / nuestros muertos alzando los brazos / la sabrán defender todavía.

Pero muerto, no. Muerto él no viene. Y no es mito ni milagro solamente de octubre. Sobre un caballo de fuego monta «en julio como en enero».

Por eso le cuento cómo en el pasado siglo —sí que ha llovido— suspiraron y lloraron por él mi abuela, mis tías y mi madre; cómo le amaron, encendieron velas y dispusieron altares mis vecinas; cómo yo, mi prima y mis amigas —pese a la angustia y el dolor de toda Cuba— continuamos danzando arroz con leche se quiere casar… ¿Cómo iba a desaparecer nuestro Rey Mago, el más barbudo de todos los barbudos?

Por eso, 60 años después, puedo pintárselo a mi nieta, contarle sus hazañas, y a veces, bajo rocío, el mismo 28, buscarle flores en los patios y modestos jardines del reparto: mariposas, jazmines, clavellinas, marpacíficos —«abuela, son grandes y se quedan flotando»—, vicarias, rosas, orquídeas, girasoles. «No importa, abuela, si no hay, las dibujo y recorto».

Por eso soy capaz de verle entre su pueblo y de permanecer atenta al disparo de su rifle promisorio que me alerta de nuevas ofensivas imperiales, batallas más ingentes por ganar y otras posibles escaramuzas locales. «Vivo estará en la pelea, tu brazo de guerrillero, si por el patrio sendero, asoma una mala idea».

¡Y nada!, que ya no te buscamos, Camilo, seguros de que estás. Definitivamente encontrado, germinado, igual de fiel, de bravo y de bonito.