20190112111648-celia-sanchez.jpg

 

sábado, 12 de enero de 2019
4:45:49 a.m. 

Un pueblo sin héroes es un pueblo muerto. Buscarlos en el pasado, traerlos al presente y mantenerlos vivos es una necesidad de los que se proponen continuar la obra humana, que llena de imperfecciones constituye al final, la construcción de todos y para todos. 

En esta casa grande que es la Patria, Celia Sánchez Manduley tiene un lugar de honor y sin manchas. Lo ganó con el trabajo, sin renunciar a la humildad —valor de cuna, no impuesto—, demostrando fidelidad y creyendo en la capacidad del hombre para transformar positivamente las cosas. 

Es posible que no exista un cubano que no recuerde con amor a la heroína que nació en Media Luna, actual provincia de Granma. De ella se desgranan un montón de anécdotas: las miles de cartas dirigidas a su persona pidiéndole ayuda para resolver un problema, el trato franco con la gente, las iniciativas a la hora de confeccionar uniformes, crear un zoológico, un parque, archivar todos los documentos del joven gobierno que triunfó en 1959. 


Celia se apartaba de todo tipo de homenajes o algo parecido, que recorría la Isla incansablemente, que no se le escapaba un solo detalle y que la madrugada podía sorprenderla en plena faena. 

El día de su muerte fue un trago amarguísimo para este pueblo que bien sabe de pérdidas y momentos duros. Como sucede involuntariamente ante varios procesos dolorosos, la negación atrapó a miles de personas que se resistían a la idea de que Celia Sánchez no estaría más entre nosotros. 

Aceptamos que en la construcción de una vivienda digna, en el amor del médico a su paciente o en el sudor de los hombres que trabajan de sol a sol, ella cobra vida. El once de enero de 1980 Celia Sánchez se transformó en una fuerza de resistencia, no fue el fin. 

(Fuente: HR/Cubadebate)